«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

After Lesson 7

Bill despertó entre unos delgados, musculosos, bronceados y muy cálidos brazos, que lo abrazaban con dulzura por la espalda. Se giró con cuidado quedando frente a frente con Tom y una sonrisa tonta se dibujó en su rostro.

Habían pasado casi tres meses desde que eran novios y el pelinegro aun no creía cien por ciento lo que sucedía. Le parecía tan irreal, pera magníficamente irreal. Observó un rato a Tom y estuvo tentado a despertarlo cuando algo le alarmó.

« ¡TOM NO ME PUEDE VER ASÍ!… DEBO ESTAR DESPEINADO Y CON LAGAÑAS… Y… Y… ¡NO ME HE CEPILLADO LOS DIENTES!»

Pasó de su estado de alteración física y con delicadeza retiró las manos de Tom de su delgada cintura. Con movimientos imperceptibles salió de la cama, de puntitas se dirigió a su equipaje y tomó su neceser, para luego dirigirse al baño.

Tom sonrió al escuchar ese click que le indicaba que la puerta ya estaba cerrada e imitó los silenciosos movimientos de su novio, dirigiéndose rápidamente fuera de la habitación y yendo a uno de los baños de uso común de su hogar.

Nunca durmió con alguien hasta el punto de amanecer juntos, ni siquiera con Sara, así que estaba inseguro, no sabía que debía hacer o como debía presentarse.

Estuvo a punto de ir al baño cuando el menor se removió en sus brazos y se adelantó, así que tenía poco tiempo para hacer lo propio.

Hizo lo que necesitaba, lavó sus dientes, sus manos, su cara, recogió mejor sus rastas y volvió a la habitación sorprendido de que Bill aun siguiera encerrado en el baño.

Se acostó nuevamente en la cama y cuando sintió que la puerta la abrían se hizo el dormido, otra vez.

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Terminó de peinar su cabello y se aplicó un poco de colonia en el cuello, intentando que no fuera demasiado obvio. Observó su reflejo en el espejo y pensó que no sería mala idea si creaba un ligero toque de rubor en sus mejillas, así que las palmeó y pellizcó hasta que se tornaron rosas.

«Y tal vez un poco de manteca de cacao» pensó, lo hizo y sonrió complacido. Se veía bastante lindo y natural.

Cuando salió del lugar se encontró con Tom aun durmiendo, así que dejó su neceser en su puesto y, sonriendo como un niño que acaba de engañar a su mamá, entró nuevamente a la cama, acercándose al cálido cuerpo del rubio y colocando sus manos en su cintura, como estaban anteriormente, y descansó su cabeza en el pecho del contrario cerrando sus ojos.

Tom aprovechó que Bill no se percató de que no dormía y lo acercó aún más a él. El ligero peso del pelinegro le permitió hacerlo y enredó sus piernas con las de él.

Escuchó un sonido de sorpresa por parte del más delgado quien simplemente se dejó abrazar como si fuera el osito de un niño y luego sintió como Tom buscaba en su cuello un lugar para su rostro y agradeció mentalmente haberse colocado fragancia.

Bill olía muy bien y se sentía perfectamente entre sus brazos. Su cuerpo era tan menudo y liviano que en algunos momentos sentía que lo debía tratar como un cristal, pero luego parecía acoplarse perfectamente a cualquier movimiento que hiciera y podía asegurar que sus labios también se acoplarían bien en ese níveo cuello.

Con la necesidad a mil de besarlo, decidió despertar.

—Buenos días.− besó suavemente su cuello y luego unió sus frentes besando la punta de la nariz del menor, quien lo miraba totalmente sonrojado por tanto enredo de extremidades y cercanía.

—Hola.− le saludó con una pequeña sonrisa.

— ¿Cómo dormiste? – cuestionó y Bill sintió una aliento fresco que le pareció muy agradable.

—Muy bien, ¿y tú?

—Bien.− besó castamente los labios contrarios. — Muy bien.− lo besó nuevamente, iniciando esta vez un beso más profundo, pero suave y delicado. — ¿Qué quieres desayunar? – le preguntó sintiendo los dedos de Bill acariciar su mejilla.

— ¿Qué sabes preparar? – rió contra los labios del rastudo a sabiendas de su nula capacidad culinaria.

—Tenía pensado ir a un café cercano.− le contestó besándolo nuevamente.

Tenía muchas ganas de los labios de su novio y las iba a saciar.

Se aferró a su cintura inclinándose un poco sobre el cuerpo del menor y, mientras este enredaba sus dedos en su cuello, el bajó hasta su cadera desnuda y trepó dentro de su camiseta para llegar nuevamente a su curvilínea cintura.

—Tus dedos están fríos.− dijo estremecido y sonrojado por las caricias de Tom.

—Lo siento.− se disculpó retirando sus manos de la piel de Bill.

—No, está bien.− sonrió contra los labios contrarios y Tom volvió a colocar su mano donde la sentía perfecta.

Bajó la mirada para ver si ese contacto se veía tan bien como se sentía y Bill se sonrojó siguiendo la mirada de Tom.

—Tienes…– el rubio atraído por esa marquita descendió un poco el cuerpo para poder observarla más de cerca. — Es un corazón.− sonrió al descubrir la forma.

— ¿Qué cosa? – preguntó confundido Bill.

El rastudo se retiró de encima de Bill y buscó un espejo.

—Mira.− se sentó a su lado y subió un poco más la camiseta de Bill, colocando el espejo inclinado, para que se reflejara la pequeña y clara pequita en forma de corazón que se lucia coquetamente sobre el pequeño ombliguito del menor.

El pelinegro al notarla frotó el área pensando que se quitaría, pero no fue así.

—No la había notado.− miró la diminuta marquita en un café muy muy claro, pero que sobresalía sobre su nívea piel. —Es linda.− murmuró sonriendo.

—Muy linda.− Tom la acarició y tentado la besó suavemente, obteniendo un estremecimiento por parte de Bill.

Bill sintió muchas cosquillitas en sus adentros, una cosa era que Tom lo acariciara, pero que lo besara en su vientre era una cosa diferente.

— ¿También tengo los labios fríos? – preguntó, sonriendo ante las mejillas rosas de Bill, quien negó suavemente contra la almohada. —Vamos a bañarnos y a desayunas ¿Si? – sugirió besando su frente.

—Está bien.− aceptó incorporándose con ayuda de Tom.

Tom le cedió su habitación para que se arreglara cómodamente y él lo hizo en otra.

Una de las cosas, por más tontas que fuera, que moría por hacer Bill era el dar un paseo tomado de la mano con Tom, así que, luego de que Bill le jurara al mayor que su tobillo estaba en perfecto estado, le rogó al mayor para que fuesen caminando hasta un café cercano y desayunaran a gusto.

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—Tomi… Tomi…– canturreó, mientras balanceaba su mano tomada con la de Tom y apoyaba su cabeza en su hombro.

—Bill… Bill…– contestó, mientras iba rumbo a casa.

— ¡Oye! Estuvo afinado.

—Sí, bueno, tú no eres el único que es buen cantante.

— ¿En serio? – detuvo su caminar y se colgó del cuello de Tom, sin importarle que estuvieran en medio parque.

—Si.− le robó un beso.

—Dedícame una canción.− pidió.

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— ¡Wow! Esto debería grabarlo o algo así, ¿cierto? – preguntó inquieto y emocionado, sentando en el mullido sofá al lado de Tom.

—No exageres.− contestó, dando los últimos afinamientos a la acústica que tenía entre el regazo y sus manos.

—Estoy nervioso. – confesó.

— ¿Por qué? Creo que quien debería estarlo soy yo. ¿No?

—Si… bueno, no se… ¿Qué cantaras?

—Es una sorpresa.− dijo. — Bien, aquí voy.

Suspiró y comenzó.

— “Todo cambio, cuando te vi…

Comenzó los primeros acordes y recordó cuando tuvo por primera vez a Bill entre brazos.

— De blanco y negro a color, me convertí…

Recordó como de un día a otro dejo de ser el capitán del equipo de futbol, el mujeriego, el player, y pasó a ser un chico que buscaba constantemente la sonrisa del menor.

— Y fue tan fácil, quererte tanto. Algo que no imaginaba. Fue entregarte mi amor con una mirada…

Tom miró a Bill y este último sintió que verdaderamente el rubio le estaba entregando su amor.

—Todo tembló, dentro de mí… El universo escribió que fueras para mí…

El menor se sintió sonrojado.

— Y fue tan fácil quererte tanto, algo que no imaginaba… Fue perderme en tu amor, simplemente pasó y todo tuyo ya soy… Antes que pase más tiempo contigo amor, tengo que decir que eres el amor de mi vida.

El corazón de Bill hacia descontrolados pum, y el de Tom también.

—Antes que te amé más, escucha por favor.

Le pidió su completa atención con la mirada.

— Déjame decir que todo te di…Y no hay como explicar, para menos, si tú no estás, simplemente así lo sentí. Cuando te vi…

La mirada de Tom se enfocó en el pelinegro, quien estaba con las mejillas imposiblemente rojas, los ojos brillantes y mordiéndose su labio inferior avergonzado. Sonrió ante la escena, eso tan adorable del menor era lo que lo envolvió desde el principio.

— Me sorprendió todo de ti…− continuó. — De blanco y negro a color me convertí… Sé que no es fácil decir: Te amo.

Bill lo miró sorprendido y luego se quiso hacer un ovillo en el sofá.

— Yo tampoco lo esperaba, pero así es el amor, simplemente paso y todo tuyo ya soy…. Cuando te vi…”− finalizó la canción.

Tom estuvo un poco aterrado durante esos segundos donde Bill no pronunciaba palabra alguna y simplemente jugaba con sus dedos y miraba la guitarra en su regazo.

— ¿Y qué tal?…− preguntó para romper el hielo.

—Dijiste que me amabas.− le miró rápidamente y luego una sonrisa de tonto enamorado se dibujó en su rostro.

—Bueno…– aclaró su garganta — Lo hago. – esa era una de las pocas veces donde Tom se sentía sin saber qué hacer. Totalmente avergonzado y podía jurar que sonrojado hasta las puntas de sus rastas.

— ¿En serio? ¿No es simplemente porque lo que decía la canción? – interrogó expectante.

—No. Realmente te amo.− quitó su guitarra de su regazo y se acercó un poco más a Bill tomando sus inquietas manos y uniéndolas con las suyas, para luego besar el dorso de una de ellas. — ¿Está bien que lo haga? – preguntó nervioso.

—Si…– murmuró bajito Bill. Levantó la mirada y la encontró con la de Tom. —Yo también te amo.− le aseguró con una tímida sonrisa.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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