«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois
After Lesson 10
Tom ese día despertó más temprano de lo normal, con pereza salió de la cama y se dirigió al baño para hacer todo lo necesario rápidamente. Bill se incorporaría a clases, así que el mayor tenía que salir antes de su casa para pasar por el pelinegro y poder llegar a tiempo a la escuela.
Al principio el padre del pelinegro aseguró que solo sería una molestia para el rastudo el tener que pasar cada mañana por su hijo, pero luego en una charla que el capitán de futbol denominó de hombre a hombre, pudo lograr que el señor Trümper le permitiera encargarse de Bill.
De alguna manera, el rastudo pensaba que era cien por ciento aprobado por el papá de Bill.
Cuando estuvo completamente listo, tomó las llaves de su Audi y partió a la residencia Trumper.
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Bill no estaba seguro sobre si podría mirarlo o como actuaria ante Tom a partir de lo que le preguntó, es decir, fue tan tonto, y se riñó varias veces cuando se vio deseando que las llantas del auto del mayor se estropearan y no pudiera ir por él.
Terminó de maquillarse e hizo un triste puchero antes de dejarse caer nuevamente sobre la cama, tapó su rostro con sus manos y emitió un pequeño gemido de vergüenza.
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—Hola, hermoso. – le besó una de sus mejillas encendidas al menor y tomó su bolso para la escuela.
—Hola. – murmuró bajito.
—Tom, buenos días, querido. – le saludó la señora Trumper.
—Buenos días, señora. – correspondió Tom con una encantadora sonrisa.
—He colocado entre las cosas de Billi analgésicos por si llega a sentir algún dolor.
—No se preocupe. – aseguró, y luego recordó lo que le comentó el día de ayer Bill. — ¿También hay medicinas para el estómago? – preguntó atento y la madre del menor le miró confundida.
— ¿Medicinas para el dolor… de qué?
—De nada. – cortó ruborizado el de pelo con destellos claros. — Nos vamos mamá, se nos hace tarde. – se excusó y haló del brazo del rastudo. —Vámonos.
Tom, confundido, siguió las instrucciones del menor y estuvo a su lado en el trayecto que duró el llegar hasta el auto del mayor, cuidando de que Bill no se cayera, debido a que no era muy bueno andando con muletas.
— ¿Por qué tanto apuro? – le preguntó a su novio antes de presionar el acelerador.
—Andreas me está esperando. – mintió.
—Eso es genial. – concedió el rastudo. —Así no me preocuparé de dejarte solo por si tengo que irme.
Bill, durante todo el tiempo que les llevó llegar a la escuela, estuvo hecho un ovillo y mirando de reojo a Tom, rogando por que el mayor olvidara su pregunta y excusa de ayer.
Unas calles antes de la institución había un choque entre dos autos, por lo que el traficó estuvo lento unos minutos y cuando llegaron a su destino las clases de ambos ya habían empezado. Con la rapidez que pudieron, apenas cinco minutos de comenzada la clase de matemáticas de Bill, la pareja se encontraba cerca de llegar a la puerta roja del aula de clases.
Tom estuvo dudoso acerca de si podría obtener un beso del pelinegro antes de irse, ya que el menor había estado todo raro ante él. Sin embargo, cuando Bill se desprendió del agarre en su cintura y le sonrió tímidamente antes de adentrarse al salón, supo que el beso que le alegraría el día no le seria dado.
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— Y… ¿Te quedaras al partido? – continuó preguntando Andreas.
— Ya puedes preguntar cómo me fue con Tom. – dijo el pelinegro poniendo los ojos en blanco.
Se encontraban en el descaso, se suponía que Tom y Adam estarían con ellos, pero tuvieron una reunión de urgencia con Claude a causa del juego de la tarde, así que, el platinado mejor amigo de Bill quiso aprovechar la privacidad para preguntarle a Bill sobre lo acordado, pero se estaba yendo por las ramas y eso tenía impaciente al pelinegro.
— Entonces…– le animó Andreas. — ¿Duele o no?
— Tom dijo que depende de ambos. Si la parte pasiva no se relaja dolerá y si el activo no tiene cuidado también habrá dolor. – simplificó lo que le explicó Tom, aunque no sirvió de nada, porque Andreas le mató a preguntas como si él ya lo supiera completamente todo.
— ¿Y no fue incómodo preguntarle eso a Tom?
Bill gimió bajito ocultando su rostro con sus manos, y luego asistió frenéticamente.
—Quería salir corriendo. – murmuró mostrándole, entre sus finos dedos, solamente sus ojos a Andreas. — Pero luego yo y mi enorme bocota. –frunció el ceño. — Y terminé preguntándole si él seria cuidadoso conmigo. – confesó atropellándose con sus propias palabras y el platinado lo miró con enormes ojos algunos segundos.
— ¿Y qué te dijo? – cuestionó expectante.
—Él… bueno… no dijo… yo… ¡Es tan vergonzoso!
— ¿Qué jodidos te dijo?
—Cree que tengo diarrea. – explicó ruborizado hasta casi botar fuego por sus mejillas.
—Tom…– susurró escondido desde el cuello del mayor. — ¿Tu serias sutil conmigo?
Hubo silencio por largos segundos, donde Tom intentaba asimilar lo que le preguntó el pelinegro. Quiso decir un jodido si, y su mente empezó a maquinar las miles de cosas que le haría a Bill para demostrarle cuanto lo amaba mientras le hacia el amor y, ante la duda de decir algo indebido, sus labios quedaron sellados.
Bill deseó salir corriendo por lo que acababa de preguntar. Oyó como el mayor tragaba grueso y observó como la nuez de su garganta bajó y subió ante la acción y eso fue suficiente para hacerlo colapsar.
—Debes irte. Creo que tengo diarrea. – dijo la primera excusa que pasó por su cabeza.
Tom lo miró extrañados algunos segundos, preguntándose si a eso se debían las mejillas escarlatas del menor, y luego asintió.
El menor deseaba con todo su corazón que la tierra se abriera y lo tragara cuando Tom lo condujo hasta el baño, y susurrando un: adiós, cerró la blanca puerta y un rastudo desconcertado se marchó de la residencia de los Trümper.
Andreas se acercó a Bill y acarició la punta de sus cabellos negros de forma lastimera.
—Tú sí que sabes cómo excitar a Tom. – le dijo con fingido apoyo y luego estalló en carcajadas.
—Es tu jodida culpa. – le acusó, se giró un poco dándole la espalda al rubio y cruzó sus brazos.
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—Has estado extraño durante todo el día. – le comentó, mientras lo ayudaba a subir los escalones para llegar a su habitación.
Bill simplemente lo ignoró.
—Ayer, ¿Hice algo malo? – preguntó realmente preocupado.
Tom abrió la puerta de la habitación y entró luego del menor, dejando el bolso del último en el sofá.
—No. – dijo bajito Bill. Tom se veía tan preocupado que el menor se empezaba a sentir mal por su repentino alejamiento.
Tom le vio intenciones de dirigirse a su cama, pero Bill había dejado las muletas apoyadas en la pared de la puerta, así que decidió cargarlo hasta depositarlo en la mullida superficie y dejarlo sentado contra las almohadas. Tomó un enorme cojín con rayas de colores y lo colocó bajo la pierna enyesada de su novio.
— Está bien, solo sentí que algo estaba extraño. Supongo que debe ser por tu malestar. Olvídalo. – se disculpó besando la frente del menor.
—Yo no tengo… eso. – explicó bajando la mirada y jugando con sus dedos cuando el mayor tomó asiento a su lado. — Me dio vergüenza lo que te pregunté y me sentí muy apenado ante ti. – prosiguió, haciendo sonreír a Tom.
—Entonces, no tienes eso. – sonrió. — Eso es genial. – acarició la mejilla del contrario mejilla. —Por otra parte… – levantó con sutileza el mentón de Bill, haciendo que este lo mirara. —No tienes que avergonzarte por eso. – le pidió. —Puede que siempre nos dé un poco de timidez, pero para eso somos pareja, y me alegra que hayas tenido esa duda y decidieras preguntarme, eso está bien, porque significa que confías en mí. – le comentó y pegó sus frentes, dándole un juguetón besito de esquimal que hizo sonreír a Bill.
— Gracias por entenderme. – le agradeció y se colgó del cuello de Tom, mientras este estrechaba su cuerpo entre sus fuertes brazos.
Tom buscó los labios de Bill y, mientras se daban ese dulce beso, pensó que el haber esperado todo el día valió la pena.
—Te…– besó castamente a Bill. –… amo. – y conectó nuevamente sus labios de forma inocente.
Bill le sonrió a Tom y acarició las mejillas del otro, estuvo tentado a callarlo, pero la confianza que tenía con el rastudo le impulsó a decirlo.
— Cuando me entregue a ti, sé que me trataras bien. – le confesó con esas mejillas que habían pasado todo el día ardiendo.
Continúa…
Gracias por leer.