«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois
Lesson 2
—Bien, ahora haz un Mi menor. – le pidió. — Eso es un Do, Bill.
— ¿Ahora?
—Si.
— ¿Si está bien? – preguntó entusiasmado Bill, por fin había podido hacer correctamente el acorde que su nuevo, y para el hermoso, profesor le pedía.
—No.
—Pero dijiste que sí. – dijo desilusionado el menor.
—O sea, lo que hiciste fue un Si. – Bill dirigió una mirada triste a su profesor.
— ¿Este está bien? – tocó un nuevo acorde.
—Sí.
— ¿Qué? Es imposible que sea un Si, cambie la posición de los dedos.
—Que si está bien. Felicidades, luego de media hora has podido hacerlo correcto. – le regaló una sonrisa, mientras ofrecía un sarcasmo.
—La culpa es de tu amiguito, es un mal profesor. – le mostró la lengua infantilmente.
—Y tú, un mal alumno.
—Claro que no. – se defendió — ¿Qué te hace creer eso?
—Intentaste extorsionarme con videojuegos apenas llegue. – le contestó Tom con una ceja enarcada.
—Pensé que eras Georg.
—Extorsionas a tus profesores con videojuegos ¿Qué haremos contigo Billi? – suspiró de forma exagerada. — Pero tranquilo, que conmigo eso no funciona.
—Yo no he hecho nada de lo que has dicho. – el pelinegro debía defender su posición, aunque sea mintiendo.
—Si lo has hecho y de paso eres infantil.
—Yo no…
—No se le replica al profesor, así que dame un La séptima.
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La clase terminó y Bill subió de inmediato a su habitación luego que vio partir la Cadillac negra de su profesor–amor.
Que Tom fuera su profesor le tomó definitivamente por sorpresa, realmente hasta olvidó que Georg le dijo que le asignaría un suplente, pero de igual forma, incluso si hubiese recordado eso, no se hubiera imaginado que el suplente seria su Tom.
Su nuevo profesor le asignó hacer ejercicios y practicar los acordes, y por primera vez Bill los hizo con esmero y entusiasmo, porque quería demostrarle a Tom que él era responsable y capaz, porque él ya estaba grandecito.
Aprovecharía esa oportunidad que tenia de acercarse a Tom y le demostraría que él no era un niño.
Con ese pensamiento practicó durante toda la noche hasta que fue vencido por el sueño.
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Saliendo de la ducha Tom enfocó su vista en una de sus guitarras acústica y sonrió recordando a su alumno. Encontraba muy interesante al joven pelinegro, presentía que sería divertido ser su profesor.
Haciendo memoria de todas las veces que había visto a Bill en el instituto concluyó que posiblemente estudiaba allí desde hace más o menos unos tres años.
Él no podía negarse a sí mismo que muchas veces le llamó la atención aquel chiquillo, siempre lo veía corriendo de un lado para otro con su amigo platinado o siempre estaba sentado en las gradas de la cancha observando la práctica del equipo de futbol.
Inmediatamente recordó esos rumores que escuchó varias veces sobre que su alumno estaba enamorado de él. Estaba acostumbrado a esos rumores, que de él gustaban muchas personas, sobre todo en el instituto, pero por ser tan constantes nunca les daba importancia. Sin embargo por primera vez quiso saber que tan ciertos podían ser esos rumores.
Ideando como comprobar la autenticidad de aquel rumor se quedó dormido.
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Ese jueves era día de práctica para el equipo de futbol, que capitaneado por Tom, a esas horas de la mañana, mientras todos estaban en hora libre o en receso, ellos estaban calentando.
Sin embargo, el capitán del equipo estaba más pendiente de quien entraba y estaba en las gradas de la cancha que del entrenamiento.
Esos últimos días buscaba constante y disimuladamente con la mirada al pelinegro en los momentos donde sabía que las horas libres de ambos cursos coincidían. Simplemente porque aceptó que le era magnifico verlo reír e ir de un lado a otro, y para Tom lo mejor de todo era cuando al encontrar sus miradas, al menor se le teñían las mejillas de carmesí al recibir una sonrisa ladina por parte de él.
Pero ese día no había visto al pelinegro, así que esperaba verlo como siempre durante el entrenamiento, pero el esperado chico aun no llegaba.
El profesor Claude se acercó a Tom para preguntarle el porqué de su distracción mientras entrenaban y le pidió que por favor se concentrara más. Tom así lo hizo, pero solo empezó a rendir y a liderar a su equipo como nunca cuando vio una cabellera negra y otra platinada entrar al lugar y recibir una tímida sonrisa por parte del pelinegro.
Por su parte, el pelinegro sentía un millón de mariposas y cosquilleo por todo el cuerpo al verse observado por Tom casi de manera constante en los últimos días y, aunque no cruzaron palabra alguna, solo sonrisas y miradas, para él esos insignificantes gestos que le brindaba su rastudo profesor eran capaces de llevarlo al paraíso.
Como siempre lo hacía, estaba observando la práctica de futbol. No era raro encontrar a Bill a esas horas todos los marte, miércoles y jueves en ese lugar.
Observaba con embelesamiento a Tom corriendo, haciendo flexiones, practicando con la pelota, sudando. ¡Oh… si!, sudando… Bill miraba con envidia esas gotitas saladas que recorrían libremente el delgado, atlético, y perfecto cuerpo bronceado de Tom.
Tras varios minutos, los miembros del equipo se encontraban bebiendo agua y descansando unos momentos cuando Bill dejó de mirar al rastudo y ver quien se aproximaba a él.
Era Sara, ella y Tom se traían algo, no eran novios, ni siquiera existían posibilidades de que lo fueran; primeramente porque Sara era de esas que estaba con todos, una semana con uno y la otra con otro, y finalmente porque si bien era cierto Tom no era mucho de estar de novios, cuando la tuviera o lo tuviera no quería a alguien tan social como ella. El buscaba más bien una relación donde hubiese amor y respeto, pero aun así, Tom creía que Sara estaba bien para las apariencias, un calentón o matar el rato, nada más.
Bill vio como Sara se acercaba a Tom y le dejaba un beso en los labios para luego dirigirse a las gradas y sentarse para ver las prácticas.
Tom estaba acostumbrados a esos besos dados por Sara, que para el significaban nada, porque para él, ella no significaba algo especial, pero como todo player no dejo de regalarle una mirada y sonrisa matadora para luego volver a entrenar.
El de cabellera con destellos vio la escena con amargura, aunque él ya había visto a Tom besarse con otras personas, esa vez la sintió más que el resto, sencillamente porque antes el rastudo y el no hablaban, pero ahora no era así.
Pero luego, por unas milésimas de segundo Bill analizó la mirada que Tom le dirigía a Sara luego que ella lo besara, él quería que Tom lo mirara de esa forma, como algo más, de forma coqueta, atractiva, no como a un niño. Y una loca idea pasó por su cabeza de forma fugaz…
Bill pensó que, tal vez, un beso era la clave.
Continúa…
Gracias por leer.