«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois
After Lesson 13
Su dedo se deslizó desde el borde de las sábanas tinto que arropaban la mitad de aquella blanca espalda y continuó su recorrido haciendo estremecer el cuerpo acariciado, sonrió al ver como esa figura buscaba apegarse más a su lado y al sentir un cálido suspiro hacer contacto con su cuello. Prosiguió con el camino que trazaba su dedo sobre aquella piel de nieve que la noche anterior marcó como suya, hasta toparse con sus largos cabellos azabaches y los acarició rememorando la noche anterior.
Cada beso, cada caricia, cada te quiero. Los suaves y tímidos gemidos de Bill contra su oído y como se aferró a su espalda en cada embestida; como sus manos viajaron por todo el cuerpo de Bill y como se sentían sus piernas enredadas en sus caderas, y su corazón latió descontroladamente por que amaba a Bill y por qué se sentía totalmente completo.
—Despierta… – susurró contra sus cabellos y Bill se removió. —Hey… – volvió a susurrar y acarició su delgado brazo desnudo. —Lindo… – besó su mejilla y Tom apreció como Bill sonrió. — Es hora de despertar. – le llamo besandó nuevamente su mejilla y trazando un camino de castos besos hasta sus labios.
—Aun no. – murmuró, aferrando las sabanas a su cuerpo y escondiéndose en el cuello de Tom, respirando su olor.
—Es mediodía. – le informó.
— ¿Medio día? – preguntó saliendo del cuello de Tom.
— ¿Tienes algo que hacer? – cuestionó al ver que Bill se alertó, él quería pasar el día con el menor, pero tal vez él tenía otros planes.
—No, no… – dijo sin poder evitar ese rubor en sus mejillas al saber que ambos estaban desnudos bajo las sabanas y que había en la habitación claridad suficiente como para observar al contrario. —No le dije a mis padres que pasaría la noche fuera. Deben estar preocupados. – se removió en la cama quedando de costado, sin embargo no pudo evitar contraer el ceño ante una molestia en su baja espalda.
— ¿Estas bien? – le preguntó rápidamente Tom, colando sobre la sabanas una mano en la zona donde sabía que Bill sentiría un poco de molestia.
El mayor movió los cabellos del menor despejando sus hombros y su mirada viajó rápidamente a la clavícula del menor para que luego sus dedos acariciaran allí casi con adoración.
Bill se sonrojó con furia cuando el mayor besó castamente la piel que cubría su clavícula y que la noche anterior fue víctima de los labios de Tom, dejando una marca en ella.
—Creo… creo que sí….Tengo que llamar a mis padres. – le comentó antes de que los labios de Tom apresaran los suyos.
—Lo sé. – Tom realmente quería eliminar esa tonta sonrisa de su cara y mantenerse algunos segundos sin tocar a Bill, porque posiblemente le estuviese incomodando, pero sencillamente no podía. —Pero no te vayas aun. – le pidió y besó el dorso de la mano del menor.
—Yo también quiero pasar el día contigo… – le confesó con sus adorables mejillas rosas. —Solo avisare. – Bill sonrió ante la actitud caprichosa de Tom y quiso llamar a sus padres lo más rápido posible para luego solo preocuparse de respirar mientras Tom le hacía cariños.
Enfocó sus pantalones tirados cerca de la puerta y supo que tal vez Tom la noche anterior los arrojó con demasiada emoción e inmediatamente aferró aún más las sabanas a su pecho al ser consciente de que tendría que caminar hasta allá por su celular, totalmente desnudo.
—Tom… Recu…
—Recuerda que no debes mirar… – completó Tom.
—Por favor.
—Está bien, pero no te molestes, iré por tu celular.
—Gracias. – sonrió el menor.
Sin más, Tom salió de la cama completamente, sin importarle su desnudez, y Bill ahogó un grito de asombro antes de cerrar sus ojos fuertemente para no ver algo indebido.
—Estás viendo, lo sé. – le picó Tom.
—Tom… – le regañó con sus mejillas encendidas.
&
Andreas siempre era una buena excusa, pero nunca mejor como en ese momento. Y luego de obtener la libertad para llegar tarde a casa, solo despejaron sus labios para tomar cada uno un baño rápido y para recibir la comida a domicilio.
Lo cierto es que los primeros minutos fueron torpes y cohibidos por parte de Bill, pero Tom hizo todo lo posible para que Bill entendiera que por haber hecho la noche anterior el amor no tenían que actuar diferente ante el otro. El menor solo fue consciente de ello cuando entre mimos dulces y risas por las bromas de Tom, este le confesaba que lo amaba y el pelinegro nunca había escuchado palabras de afecto más sinceras que las de Tom.
—Solo prométeme que seré el primero. – siguió Tom.
—Tom, ya… – le pidió el menor con un puchero.
Tom desde hace varios minutos le había estado pidiendo que le prometiera aquello. Aunque Bill no sabía que Tom no estaba bromeando y que hablaba completamente en serio.
—En caso de que no digas no, lo tomaré como un sí. No te pido que sea aún, pero si alguna vez piensas permitirlo, asegúrame que seré yo, de no ser así me sentiré celoso.
—Podemos hablar de eso más adelante. – realmente pidió, intentando buscar una roca y ocultarse bajo ella.
—Como quieras, pero que sepas que te lo advertí. El silencio otorga…
—Eres malo. – le dijo con un puchero.
—Supongo que acabas de prometerme que seré el primero en hacerte el amor con las luces encendidas.
Bill quiso objetar eso, pero supo que de nada serviría por que Tom tenía razón.
—No te pongas serio, sabes que te amo. – dijo yendo por los labios del menor y el menor tampoco objetó aquello.
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Se lanzó a su cama sonriendo y se preguntó si estaría bien tomar el teléfono y marcarle a Andreas, pero luego concluyó que lo más prudente seria contarle más adelante, cuando no sintiera el momento tan vivido y no quisiera derretirse al recordar cuando Tom lo hizo suyo.
Todo era jodidamente perfecto, tanto que si Bill no se encontrara en un cielo donde sobre cada nube de algodón había un Tom esperando por él, podría preguntarse sobre si era un sueño. O si acaso fue que aquel día hace meses, cuando su profesor le pidió que fuese por las pelotas, cayó realmente al piso y golpeó su cabeza y lo vivido al lado de Tom era producido por la inconciencia, y tal vez solo estaba viviendo un hermoso sueño.
Tanto amor no podía existir en su corazón, y estaba seguro que se rompería en miles de pedazos si Tom no estaba a su lado.
Su teléfono sonó y Bill supo que su corazón no tendría que ser reparado, porque al parecer Tom lo cuidaba como un tesoro.
“Mañana paso por ti para ir al instituto.
Tom.”
“¿Podrías mover tus influencias? No quiero hacer actividad física mañana ):
Bill.”
De pronto, el celular de Bill sonó indicando una llamada.
— ¿Aun estas adolorido?
—No… – dijo con mejillas rojas. — ¿Por qué lo preguntas?
—Por tu mensaje anterior.
—Oh, eso… Sabes que no me gusta hacer cosas relacionadas con Claude, sudor y movimiento.
—Lo olvidaba. – se burló Tom. —Duerme temprano. – le pidió.
—Ya iba a dormir. Tú también descansa.
—Te amo.
—Y yo más a ti hermoso.
—Por cierto… si serás el primero. – dijo rápidamente y colgó sintiéndose tonto.
Una risita tonta salió de sus labios, mientras rodaba por la cama suspirando al pensar en Tom.
&
Bill y Tom llegaron al instituto exactamente cuando faltaban minutos para que las clases comenzaran. El mayor tuvo problemas para estacionar, así que le pidió al pelinegro que se adentrara a la institución. Bill se quejó, porque el odiaba su primera clase, pero luego de revisar sus apuntes recordó que al ser la última semana de clases, Claude no daría clases prácticas, sino que se seria teórica y obviamente en el aula.
Atravesó el campus sintiendo extrañas miradas de todos los presentes, algunas eran de lastimas y en uno que otro alumno pudo reconocer gestos de apoyo, no faltaban los indiscretos que cuchicheaban con descaro y Bill se sintió completamente incómodo.
Como pudo y queriéndose devolver para buscar a Tom y que este lo dejara en el aula de clases, terminó de cruzar el enorme campus que conectaba el estacionamiento con las edificaciones. Abrió las puertas de la institución que lo llevaban a los pasillos repletos de casilleros y alumnos y apenas abrirla todos repararon en su presencia, así como todos los murmullos, provocados por un montón de hojas dispersas en el lugar, se silenciaron.
—Vámonos. – sintió que alguien tomaba su brazo y lo jalaba. Era Andreas y cuando Bill reparó en su rostro supo que no sucedía algo bueno.
— ¿Qué… que sucede? – le preguntó y, por cómo se mostraron sus ojos, Bill creyó que el platinado se echaría a llorar. —Andreas… – le llamó nuevamente y este volvió a tomar su mano. — ¿Puedes decirme que jodidamente sucede? – le preguntó cuando su amigo lo llevaba arrastrado hasta la salida.
—No le explicarás a tu amiguito. – les detuvo Sara, y Andreas instintivamente se puso ante Bill.
Todos los presentes estaban observando la escena, olvidándose de que tenían que ir a clases y solo interesados en lo que pasaría.
— ¿Andy…? – le llamó Bill.
—Está bien, rubiecito, nosotros lo haremos por ti. – le aseguró con fingida amabilidad Loan. —Tienes correo Bill… – dijo con burla y le entregó una de las tantas fotografías que contaminaban la escuela.
—No te derrumbes aquí. – fue el consejo desesperado de Andreas que le llegó en un susurro.
Observó el contenido de lo entregado y como estaba seguro, su corazón se destrozó en miles de pedacitos volviéndose cenizas.
Andreas se percató del temblor que comenzó por los dedos del menor y que inmediatamente se hizo notorio en sus rosados labios. Rápidamente le arrebató el papel al menor de las manos y Bill lo miró buscando respuestas y se encogió de hombros no sabiendo que decir.
Los ojos húmedos del menor se posaron en Sara, sin rencor, solo con dolor y dudas y la porrista le sonrió son superioridad.
—Entiende que no me llegas a los tobillos ni porque me quite los tacones.
—Claro que Bill jamás podría ser como tú, tú eres demasiado poca cosa. – habló Andreas al ver el estado de su amigo.
Tomó la mano de Bill y agradeció que Adams ese día le hubiese encargado las llaves de su camioneta y rápidamente lo dirigió al estacionamiento. Bill simplemente caminó por donde el platinado le indicaba como si estuviera en un trance asimilando todo.
—Andreas… – susurró cuando este le abrió la puerta del copiloto. —Es cierto – dijo en un hilo de voz y con silenciosas lágrimas negras.
—Todo estará bien. Solo vámonos, ¿De acuerdo? – le abrazó y limpió sus lágrimas.
Continúa…
Gracias por leer.