Notas: GRACIAS POR SU APOYO, en esta historia. Lo digo de corazón.

El próximo, el final. Disfruten.

«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

After Lesson 14

Tom logró estacionar en el lugar que más odiaba, en el estacionamiento subterráneo de la institución, y cuando iba camino al campus que lo llevaría hasta la infraestructura institucional observó la camioneta blanca de Adams retirándose del lugar a alta velocidad, lo que le pareció extraño y alarmante, así que sacó su celular rápidamente para comunicarse con su amigo.

—Mierda, Tom. Llevo minutos intentándome comunicar contigo. – fue la respuesta que obtuvo de su amigo de ojos azules.

—Estaba en el subterráneo y sabes cómo es la cobertura allí. ¿Qué sucede? ¿Por qué te fuiste? – preguntó divisando un alboroto a lo lejos.

—No fui yo, fue Andreas… se llevó a Bill. – le explicó. —Hermano, tienes que venir, aquí te explico.

Tom colgó y se dispuso a dirigirse lo más rápido que pudo a donde estaba su amigo. Alguien tenía que explicarle por qué Bill se fue, ya que lo estaba llamando insistentemente y el menor no respondía.

Los murmullos que antes incomodaron a Bill se acallaron totalmente por donde él pasaba y las miradas que intimidaron al menor se apaciguaron ante él, aun que de todos modos Tom no estaba prestando atención, estaba demasiado ocupado intentando comunicarse con Bill.

— ¿Qué mierda pasa? Bill no me responde y… – le dijo a sus amigos cuando llegó al lugar.

—Esto no te va a gustar. – respondió Adams tendiéndole una copia de la fotografía que le destrozó el corazón al pelinegro.

Tom inmediatamente se reconoció y, mientras observaba la foto, solo pudo pensar en Bill.

Identificó que la fotografía fue tomada el viernes anterior, exactamente luego de la fiesta de despedida organizada por el comité del campeonato realizado, una noche antes de que retornaran a la ciudad.

En su muñeca derecha tenía un brazalete con el nombre del club al que había ido, nombre que sabía Bill ya que le llamó antes de partir, pero no solo era eso. El torso de Tom estaba desnudo y la cadena de parejas que compartía con Bill reposaba dolorosamente sobre su pecho, exactamente al lado del rostro sereno de Sara, mientras ambos dormían abrazados.

— ¿Bill…. Bill la vio? – le preguntó a Adams.

El ojiazul asintió y se asustó ante la rabia que observó en los ojos del rastudo y como este inmediatamente la volcó contra el casillero más cercano. Adams podía asegurar que, por la magnitud del golpe que le dio a la estructura metálica, la mano del rastudo debería de doler horriblemente. Sin embargo, Tom estaba demasiado preocupado en pensar como resolvería todo con el pelinegro como para percibir el dolor.

—Esto tiene que ser una jodida broma. – dijo con rabia y dándole un último golpe al casillero de un alumno, quien pasando por ahí consideró que podría entrar a clases sin su libro de matemáticas.

—Tienes que explicarle que es un montaje. – dijo Adams para tranquilizarlo, y la mirada que le dio Tom lo llenó de dudas. — Porque… no es verdadera, ¿Cierto?

—No lo sé.

&

—Espero que estés feliz con lo que acabas de hacer. – le reclamó Claudia, quien acababa de llegar a la institución.

— ¿La verdad? Estoy jodidamente feliz. – le respondió terminado de pintar sus labios.

— ¿En serio crees que con esto él volverá contigo? Te debe estar odiando.

— ¿Y? No me importa. – sonrió con descaro. —Es solo una lección. Debe aprender que no debió rechazarme durante tantos meses.

Claudia abandonó rápidamente los vestuarios de las porristas pensando que podría hacer para ayudar a su amigo futbolista, estuvo a punto de salir completamente cuando su chaqueta favorita se enganchó con una de las puertas de los casilleros rojos de los vestuarios.

—Pero… Bill… él está triste. – dijo tímidamente Alice y llegó a los oídos de Claudia.

— ¿Y cuál es el problema? ¿Te duele? No verdad, entonces deja de lamentarte. Lo hecho, hecho esta. – le respondió Sara de forma cortante.

—Deberíamos… deberíamos decirle la verdad. Yo… yo no quiero ser parte de esto.

Claudia escuchó algunos ruidos extraños y un quejido, así que supo que posiblemente Sara estaba tirando del cabello de Alice. Siempre lo hacía cuando esta hacia o decía algo que la capitana consideraba que estuviese mal.

—Es mejor que dejes de querer eso, porque si llegas a decir algo de aquella noche te las veras feo. No creas que porque me gradúe este año no puedo hacer que los años que te queden aquí sean tan mierda como tú.

Claudia consiguió lo que necesitaba. Solamente tendría que sacarle todo a Alice.

&

No le importó si tenía que saltarse compromisos educativos, le importaba una jodida mierda todo aquello cuando su relación con Bill estaba peligrando. Llegó lo más rápido que pudo al estacionamiento e inmediatamente se dirigió a casa del pelinegro.

Por todo el camino su corazón lo sintió estrujado casi dolorosamente y el solo imaginar la cara de Bill cuando se vio traicionado le hacía querer gritar de frustración y lo peor de todo era que no sabía si Bill podía sentirse así o si había una explicación que justificara todo aquello en una confusión.

Se sintió totalmente aliviado al divisar, en la fachada de los Trümper, la camioneta blanca de su amigo. Estacionó casi derrapando y se bajó de su auto tan rápido como fuese posible para un ser humano.

—Maldición, tienes que dejarme entrar. – fue la súplica que le dio a Camila, quien tenía estrictas órdenes del joven Andreas de no dejar entrar a Tom a la habitación de Bill.

—Se lo repetiré por séptima vez, no puede ver al joven Bill. – volvió a negarse la joven mucama.

—Está bien. – dijo con fingida aceptación. — ¿Puedo dejarle un recado? – consultó desesperado.

—Por supuesto. – contestó aliviada de que el rastudo dejara de insistir tanto.

—Me gustaría dejarlo escrito. ¿Tienes algo en que anotar?

—Espere un momento. – le solicitó y la mucama volteó para buscar algo de papel.

Tom aprovechó cuando la Camila se distrajo y se dispuso a subir las escaleras, tan veloz como nunca lo hizo en su vida.

&

— ¡Joven Tom, no puede entrar! – fueron los gritos de la chica que se dejaban escuchar tras la puerta de la habitación del pelinegro, alertando a los dos presentes.

—Yo… yo no quiero verlo… – dijo entre sollozos el menor.

— ¿Estás seguro que no quieres siquiera escucharlo? – le preguntó Andreas limpiando las lágrimas del pelinegro y este negó con la cabeza. —Está bien, no dejaré que entre.

Fue tarde.

— ¡Bill, tienes que escucharme! – dijo el rastudo abriendo la puerta de la habitación de Bill, quien al verlo tuvo que ahogar un gemido de dolor.

—Joven Andreas yo intenté impedirlo, pero él…

—Es mejor que te vayas Tom, Bill no quiere verte y…

Como si fuese invisible, Tom pasó de Andreas y se dirigió inmediatamente a su novio quien lloraba en silencio en un rincón de la cama.

—Cariño… – se arrodilló ante el menor y este giró su rostro dejando que sus cabellos taparan su tristeza. Intentó despejar su rostro, pero Bill alejó su mano. —Bill… sobre lo que sucedió…. yo.

—No era… no era necesario aquello…– decía alejándose del mayor. —Si querías que termináramos…

—Bill, mierda, déjame explicar… – pidió caminado tras Bill.

—No quiero oírlo. – limpió sus mejillas con rabia. —Vete, por favor.

—Tom, ya escuchaste, Bill no te quiere aquí. – dijo el platinado cruzándose de brazos.

—Jódete Andreas, y que Adams me perdones, pero si no me dejas solo con Bill te sacaré a la fuerza.

—No te atrevas a hablarle así a Andreas en mi casa, solo vete. – le demandó Bill al rastudo y Tom pudo creer que el menor estaba realmente enojado de no ser por esos ojos tristes y labios temblorosos que delataban toda la tristeza que embargaba su corazón.

—Andreas, largo. – pidió sin despegar sus ojos de Bill.

—Bill…

—Se van ya… los dos. – demandó nuevamente.

El pelinegro miró indignado como los otros dos abandonaban la habitación y abofeteó con todas sus fuerzas a Tom.

— ¡No tienes derecho! – le gritó con la voz entrecortada por el llanto.

—Cálmate, por favor. – le pidió tomando la muñeca del menor que pretendía dejar ardor y rasgaduras en su otra mejilla.

—Suéltame. – le pidió y el mayor contrario a ello lo abrazó con fuerza.

—Bill, tienes que escucharme…

—No quiero saberlo. – se negó golpeando el pecho de Tom, mientras intentaba liberarse de sus brazos. —Tu eres malo… – golpeó esta vez con menos fuerzas, a la vez que sus lágrimas brotaban con más intensidad.

—Bill… – le abrazó más fuerte y el menor dejó de golpearle y simplemente se apoyó en su pecho dejándose arrastrar por las lágrimas.

A Tom se le desgarraba el corazón cada vez que Bill sollozaba y solo podía apegarlo con fuerzas a él.

— ¿Por qué? – le preguntó con un hilo de voz el menor. —Yo te di todo de mí. –murmuró contra su pecho. — ¿No fui suficiente? – cuestionó con largos caminos de lágrimas y sus rosados labios temblando.

— ¿Cómo puedes preguntar eso? – Tom apartó los cabellos de su rostro y lo levantó delicadamente por su mentón, sintiéndose inmediatamente aturdido por esos hermosos y grandes ojos avellanas totalmente cristalizados por las lágrimas. —Eres más que suficiente para mí.

—Dime que esa fotografía es falsa. – le suplicó aferrándose a la camiseta de Tom.

El menor sabía que esa imagen era totalmente cierta, Tom nunca dejaba a la vista la cadena que ambos compartían porque lo consideraba cursi, sin embargo la usaba a diario por Bill se lo pedía y para él era suficiente, por lo que sería imposible realizar un foto montaje y añadir ese accesorio. Aun así, si Tom decía que era falsa, él le creería, porque su corazón dolía mucho y el necesitaba aferrarse a algo.

—Bill… esa noche… – dudó al hablar y Bill se separó de él conteniendo un sollozo.

—Entonces puedes irte.

—No sé qué paso, estoy seguro que solo fui a la fiesta, no recordé haber vuelto a la habitación, pero a la mañana siguiente no había algo extraño, por lo que pensé que simplemente tomé de más y ya… No creo haber hecho algo… Nunca te traicionaría…. Bill, tienes que creerme. – le pidió.

—Pero… pero él de la foto eres tú.

—Lo sé, mierda… – suspiró resignado. —No puedo asegurarte algo. – dijo sincero y saladas gotas brotaron desmedidamente de los ojos del pelinegro.

—Yo… yo solo te pedí que lo hicieras bonito… – dijo dolido y ahogándose con sus sollozos entre los brazos de Tom cuando este fue a abrazarlo. —Te odio… No te hubieses esforzado tanto… – le reprochó mirando esos ojos que lo atrajeron desde hace años atrás. — Porque aquí está doliendo. – señaló su corazón. — Mucho…

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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