«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

Lesson 3

Viernes. El mejor y peor viernes para el pelinegro. No había visto a su joven profesor de rastas en todo el día. La razón: ese día, nuevamente se despertó tarde. Siempre que le sucedía el pelinegro de igual forma iba a la escuela, solo para ver a Tom.

Sin embargo, las cosas ese día fueron diferentes. El menor estaba realmente cansado, estuvo practicando hasta altas horas de la noche los acordes, porque al siguiente día tendría clases de nuevo con el dueño de su joven corazón. Así que como de igual forma lo vería ese día en la tarde, decidió seguir durmiendo.

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Cinco de la tarde. ¡Las jodidas cinco de la tarde! Y el de rastas no mostraba ni la sombra por la residencia de los Trümper.

El pelinegro se despertó al mediodía, almorzó y se arregló lo mejor posible para su profesor. Repasó una y otra vez los acordes. Tomó la merienda y retocó su maquillaje por tercera vez en la tarde, pero ni rastros de Tom.

Una hora más y el pelinegro estaba ansioso y preocupado ¿Y si a su Tom le sucedió algo?

— ¡¿Por qué no tengo su número?! – se quejaba Bill, mientras hablaba por teléfono con Andreas.

Un cuarto pasadas las siete y simplemente estaba triste. Y bueno, sí, también muy enojado. Se resignó a que el de rastas lo olvidó.

«Tanto practicar para nada. »

Cuarenta minutos después bajó a tomar la cena con sus padres, subió nuevamente a su habitación y miró a su guitarra con odio.

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Eran casi las ocho de la noche cuando el de rastas llegó a su casa, totalmente exhausto y preocupado.

El jueves en la noche le informaron que en la tarde del día siguiente tendrían un partido contra otra escuela. Por lo tanto y a su pesar, no podría cumplir con el pelinegro.

Esperaba poder verlo ese día en la escuela, informarle e incluso pedirle que lo acompañara en el juego, pero no fue así. Nunca lo vio.

Pensó en pedirle su número a Andreas, pero luego recordó que en la información que Georg le dio estaba el número de la casa de su alumno, así que buscó en su cartera aquel papelito. Intentó varias veces hasta que respondieron en el hogar Grelf.

«Tonto Georg y su número mal dado.»

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Se despertó muy temprano, sin importar lo adolorido que estuviera y las ganas de permanecer en su cama todo el día.

Compartió el desayuno con sus padres y apenas acabar salió de su casa. Iría a la de Bill.

Cuando llegó lo recibió una muy agradable chica, le pidió que por favor le aguardara unos segundos, que el joven Bill aún estaba durmiendo.

Pasaron varios minutos y bajó las escaleras la joven mucama informándole que aún no podía despertar al pelinegro.

— ¿No le gustaría volver más luego? – preguntó temerosa.

— ¿Podría yo intentar despertarlo? – propuso el de rastas dándole una sonrisa coqueta a la chica.

—Solo un momento. – aceptó embobada. —Sígame.

Llegaron a una gran habitación bien decorada; en el centro y el fondo de la estancia, una enorme cama donde se veía un pequeño montoncito rodeado por varios cojines y almohadas.

— ¿Podrías dejarme solo con él? – le interrogó a quien lo acompañaba.

—Sí. – aceptó deslumbrada ante la reluciente sonrisa de Tom. — Cualquier cosa, estaré abajo. – finalizó para retirarse.

Tom analizó un poco la habitación, siendo su mirada atraída por una foto que decoraba el espejo del pelinegro.

Era una foto de él con varios corazones de colores.

A Tom le gustó mucho eso, así que sonrió ampliamente. No solo porque su alumno conservara una foto de su persona, sino que era una clara evidencia de que los rumores eran ciertos.

Siguió observando la habitación y vio en un rincón la guitarra tirada en el suelo junto a algunas hojas con acordes y anotaciones. Curioso, bajó flexionando sus rodillas para observar de cerca los papeles.

—Así que estuvo practicando. – comentó para sí mismo volviendo a sonreír.

Tomó algunos de las hojas con anotaciones frunciendo el ceño

— Tomto. Estúpido rastitas. TE ODIO. – leyó en voz alta lo que decía en una de las esquina de la hoja que tenía en mano. — Ja, y que tonto. Solo admite que te gusto.

Dejó las hojas nuevamente en su lugar y se irguió para dirigirse a la cama donde reposaba ajeno a todo Bill.

— ¡Bill! – le llamó. — ¡Bill, despierta! ­

—Uhg, no quiero, Camila. – murmuró somnoliento aferrándose a la almohada donde escondía su cara.

«¿Quién es Camila?» Se preguntó el mayor con el ceño fruncido.

—No soy Camila. Vamos, no hagas esperar a tu profesor. – le siguió llamando, mientras lo movía un poco más.

—No quie… ¿Profesor? – cuestionó despertando.

—He llegado hace minutos.

— ¿Uhg?… – Bill salió de su escondiste y vio la figura que lo miraba atentamente. — ¡¿Qué haces aquí?! – preguntó luego de reaccionar que Tom, el amor de su vida, su profesor ¡Estaba en su habitación!

—Tenemos clases. – decía con simpleza el de rastas.

—Hoy no quiero. – respondió bajando de la cama enojado y dirigiéndose a la puerta. —Largo. – le ordenó.

—No. Ve a ducharte, pareces un leoncito. Te esperaré. – dijo tomando asiento en un sofá de la habitación. Ignorando totalmente a Bill.

— ¿Qué te crees? Hoy no quiero ver clases. Es más, te despido. Largo de mi habitación. – contestó furioso Bill, paseándose por su habitación en su pijama de ositos.

—Linda pijama. Niñito.

— ¡Ah! – gritó frustrado el menor. — Cuando salga no te quiero ver aquí. – le advirtió tomando ropa de su closet y dirigiéndose al baño.

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—Creí haberte dicho que no quería verte cuando saliera. – le reprochó el pelinegro a su profesor al salir del baño, totalmente vestido y maquillado.

—Y yo que te esperaría. Bien, comencemos.

—No veré clases hoy. Puedes irte ahora mismo o en estos momentos. Estas libre de elegir. – le propuso indiferente el menor.

« ¿QUÉ SE CREE TOM? FALTA A SU COMPROMISO AYER Y HOY SE APARECE AQUÍ COMO SI NADA. Y ME VIO EN ESAS FACHAS. ¡DIOS MÍO!» Se lamentó mentalmente, mientras se sonrojaba.

—No seas caprichoso. – le pidió acercándose al menor.

—Y tú no seas tan irresponsable. – lo encaró.

—En serio fue una emergencia. Tuve un juego inesperado al que no podía faltar y te quería avisar, pero no asististe a clases. – trató explicarse el mayor.

—No me interesa lo que tengas que decir. – Bill estaba realmente furioso.

—Eso es muy infantil – Tom pensó que como Bill se encontraba no le creería ni escucharía, pero es Tom Kaulitz así que decidió probar un poco cual sería el límite del menor.

— ¡Deja de decirme a toda hora que soy un niño! ¡Ya soy grandecito!

— ¿Seguro? – el mayor se acercó más.

—Si… – respondió dificultoso al ver como Tom lo acorralaba — ¿Qué… que haces?

—Entonces, ¿No eres un niño? – le susurró al oído sosteniéndole las caderas. Se alejó para acercar sus rostros nuevamente, mirando tentativamente los labios del menor.

Sus alientos se mezclaban entre sí de la cercanía y Tom sonreía al ver como el pelinegro se sonrojaba y cerraba sus ojos esperando ser besado.

— Claro que lo eres – confirmó alejándose un poco y provocando que el pelinegro abriera los ojos sorprendido.

—No… no lo soy. – murmuró Bill cuando pudo reaccionar, con sus mejillas casi neón.

—Oh, sí que lo eres. Esperabas que te besara ¿No es así? Totalmente ingenuo.

Bill estaba harto de que Tom lo viera de esa forma, y esa era su oportunidad perfecta.

… BILL PENSÓ QUE TAL VEZ UN BESO ERA LA CLAVE…

Acortó la pequeña distancia que había entre ellos y rozó sus labios con los de Tom momentáneamente en un corto beso. Se intentó alejar, expectante a la reacción que tuviese el de rastas cuando le cayó la ficha de lo que acababa de hacer. No logró alejarse completamente cuando el de rastas presionando más sus cuerpos.

— Un lindo niñito. – susurró contra los labios de Bill antes de unirlos con los suyos.

Bill gimió de la sorpresa antes de entregarse al beso.

Tom comenzó a mover delicadamente sus labios sobre los contrarios hasta que el menor se unió a aquel magnifico roce. Acarició con la punta de su lengua levemente el labio inferior del pelinegro, ganado acceso para poder saborear y disfrutar la boca de su alumno en toda plenitud.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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