«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois
Lesson 5
Sara, la capitana de las animadoras, la chica más deseada de la escuela y la que ha estado con todos y con nadie.
Aunque no había amor, ni siquiera una pizca de interés al uno por el otro, había un estándar que no podía ser pasado por alto.
Populares, hermosos, y deseados, capitán de futbol y líder de porritas. Las series americanas crearon ese estándar en la juventud, que aunque fuera estúpido y frívolo, no se evitó implantar en la sociedad juvenil actual. Sencillamente la pareja perfecta y admirada. No eran novios, ni siquiera serian capaz de pensarlo, pero a toda la escuela le gustaba verlos juntos. Los chicos intelectuales e introvertidos quisieran ser como Tom para tener a una chica como Sara, y las estudiantes sin mucho interés en su apariencia física solo deseaban ser como Sara y estar con Tom.
Al capitán del equipo no le importaba mucho aquello, si Sara estuvo con el encargado de las toallas o con el árbitro le daba igual, realmente tampoco si eran la pareja ideal de la escuela o si la líder de las porristas no le dirigía la palabra de un momento a otro. Sin embargo no daba por ajeno lo que provocaban en los demás, menos ahora que estaban en campeonatos intercolegiales, y que los estudiantes iban más a ver a sus dos ídolos luciéndose en la cancha, que por el interés del deporte.
Sara no le daba relevancia si Tom estaba con todo el colegio y se tiró hasta a las profesoras, o si era una más en el montón que solo era útil para un calentón y para llenar las gradas en los eventos deportivos, solo le interesaba que siguiera siendo el capitán y que ante los ojos de la escuela ellos siguieran teniendo algo. Tom era el rey del colegio, y ella quería ser la reina.
Hace varios días que el de rastas no se preocupaba por cuidar esa imagen y se la mantenía sonriendo bobamente, o no le respondía los mensajes. Fiestas y salidas fueron rechazadas, como sucedió el viernes en la noche.
Se organizó una fiesta para celebrar la victoria del primer juego del campeonato intercolegial y Tom no asistió alegando que tendría que despertar temprano al día siguiente. Ese y otros pares de eventos sociales a los que asistió sola y no faltando las miradas y preguntas curiosas sobre Tom.
Todo el fin de semana no tuvieron contacto y Sara empezaba a preocuparse, y más cuando en los momentos de descanso del lunes el de rastas se ocupaba mirando y sonriendo a un chico de la cafetería. Toleraba que Tom coqueteara y besara a todo el mundo, pero no delante de todos y mucho menos delante de ella.
Debía actuar rápido. Besó al capitán al ver como aquel chico de tez blanca le regalaba una sonrisa y el de rastas apenas lo correspondió, más por compromiso que por deseo.
Finalizó el beso y sonrió victoriosa al mirar disimuladamente como el pelinegro borraba la sonrisa de su cara.
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Tom buscaba con esmero algo en la habitación que era de su hermana, quien ahora estaba cursando sus estudios universitarios en América.
— ¡Aquí esta! − exclamó victorioso al encontrar una caja en una gama de colores rosa y violeta. La metió en una mochila y tomó rumbo a casa de su pelinegro favorito.
Al llegar lo recibió Camila, la misma joven mucama del sábado, y dándole una deslúmbrate sonrisa le saludó.
— ¿Está en su habitación? − preguntó recibiendo un asentimiento. — Se el camino.− dijo encaminándose a las escaleras sin esperar respuesta de la joven.
La habitación estaba más ordenada que la vez pasada y la cama se mostraba totalmente hecha, su foto aún seguía en el espejo y el pelinegro estaba sentado en el sofá junto a su guitarra y hojas con canciones.
— ¿Estas sordo? – preguntó el de rastas sentándose a su lado.
— ¡Oh mierda! Se me va a salir el corazón. – exageró el menor apoyando su palma en su pecho asustado.
— ¿Qué haces que no me escuchaste entrar? − dijo observando el montón de papeles.
—Nada.− le informó tomando las hojas y guardándola en uno de sus cajones.
—He pensado algo.− decía girando su rostro para poder seguir con la mirada la silueta del pelinegro que caminaba organizando y acomodando las cosas de su habitación que no lo necesitaban. Simplemente quería evitar al de rastas.
— ¿Qué cosa? − preguntó intentando no aparentar mucho interés.
—No es como que te gusten mucho las lecciones, así que he traído un juego.− le propuso abriendo la mochila que traía.
—Eres mi profesor, primero enséñame lo que tengas que enseñarme y luego jugamos.− le cortó al mayor.
Tom se sorprendió por la reacción de su alumno, pero no dijo nada y se dedicó a analizar en comportamiento del menor.
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—No lo estás haciendo bien. Es así mira.− se situó tras el pelinegro y lo rodeó con sus brazos poniendo sus manos sobres las de Bill.
Bill se sintió desfallecer en la posición e inmediatamente se olvidó de que estaba enojado con Tom y se permitió sentir la respiración de su profesor en su cuello.
—Debes rasgar con suavidad y presionar firmemente las cuerdas.− Bill se dejaba hacer y mantenía sus dedos laxos bajó los de Tom que hacia las acciones según iba indicando. — Si lo haces muy fuerte e inadecuadamente te sucederá un accidente como el pasado. Y no lo queremos.− el pelinegro sin necesidad de verlo, sabía que Tom estaba sonriendo. — Perfecto. – dijo al finalizar una nota.
—Pero lo hiciste todo tú.− le informó el pelinegro.
—Es cierto. – le secundó.
Quitó la guitarra de los brazos de Bill y tomándolo suavemente de la cintura le hizo quedar frente a frente.
—Mejor tomemos un descanso.− propuso acercándose peligrosamente a los labios del menor.
—Ti…tienes razón. Mejor juguemos eso que trajiste.− dijo nervioso y sonrojado, rompiendo el agarre del mayor y dirigiéndose a la cajita colorida que llevó Tom.
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—Solo debes responderlas.
— ¿Y qué se hace con el tableros, las fichas y los dados?− cuestionó confundido al ver el resto de las cosas que quedaban en la caja.
—Nada, las dejas ahí y ya. – Tom solo quería aprovechar las preguntas que traía y así conocer más a su alumno.
— ¿Estás seguro? − preguntó aun desconfiado y pensando que Tom no jugaba de forma correcta aquel juego.
—Sí, es así, ya deja de preguntar.
— ¿Y qué es lo que hace interesante al juego? Es decir, cualquiera puede preguntar.− tomó una de las tarjetas de colores. — ¿Tienes mascota? – leyó lo que decía.
—No ¿Y tú? − respondió.
—No seas tonto, era un ejemplo. Si no gano algo, entonces no juego.− se negó cruzándose de brazos y haciendo un puchero.
—Está bien, está bien.− dijo cediendo, solo quería preguntar y que el menor respondiera. ¿Por qué era tan difícil? — Si te niegas a responder debes pagar cinco euros. ¿Feliz?
— ¡¿Qué?! Es mucho.
—Solo debes responder todo si no quieres perder dinero. Deja de quejarte y juguemos.
—Está bien.− aceptó aun dudoso.
—Yo comenzaré.− tomó una de las tarjetas y leyó. — ¿Qué edad tienes?
— ¿Dieciséis? − preguntó con obviedad. — Eso lo sabes.
—Las tarjetas no. Tu turno.
— ¿Cuántos hermanos tienes?
— Una. Mayor que yo.
— ¿En serio? ¿Cómo se llama? – preguntó curioso.
—No te diré, me toca preguntar a mí. Tal vez puedas hacerlo en el próximo turno.− dijo para molestar al menor. — Bien, ¿Cuál es tu fecha de nacimiento?
— ¿Me regalaras algo? – preguntó emocionado al mayor.
— ¿Por qué me contestas con otra pregunta? Solo responde.
Llevaban casi una hora jugando y Tom ya sabía el sabor favorito de helados de Bill, su fecha de nacimiento, que era hijo único, que no fumaba, no bebía, el tipo de música que le gustaba, que era un fracaso en los deportes y odiaba las matemáticas, que su color favorito era el blanco aunque la mayoría de su ropa era en colores oscuros y de pequeño tuvo una conejita a la que nombró Esmeralda. Así que, decidió hacer ciertas trampas y preguntarle cosas diferentes a Bill.
— ¿Cuándo fue tu primer beso? − preguntó en vez de: ¿Equipo favorito de basquetbol?, haciendo sonrojar al menor.
— ¿Cinco euros dijiste?
—Vamos, responde.− pidió.
—Fue un sábado.− murmuró y tomó rápidamente otra tarjeta. — ¿Signo?
—Virgo. ¿Te gusta alguien?
—Me arruinaré.− puso en el centro el pago de negarse a responder, para disgusto del mayor. — ¿Música preferida?
—Hip hop. ¿Cuánto dinero traes? − preguntó para saber sobre las oportunidades que tenía para llegar a la pregunta que realmente le interesaba.
—Diez euros. – contestó dejándole saber a Tom cuantas oportunidades tenia de molestarle, antes de peguntarle lo que realmente quería saber. — ¿A qué te dedicas?
—A ser sexy.− dijo jugando con su piercing — ¿Con quién fue tu primer beso?
— ¿Materia que más te gusta? − preguntó luego de despedirse de otro billete.
— Deportes. ¿Tu planeta favorito?
— La tierra, supongo. ¿Flor que más te gusta?
—No sé de plantas. ¿Eres virgen?
— ¿Por qué tus preguntas son tan diferentes a las mías? – se quejó luego de quedar en cero monetariamente y completamente sonrojado. — ¿Sabes manejar bicicleta?
— ¿Qué es eso? Yo a los cinco años ya manejaba autos. Las bicicletas son de tus tiempos.− decía arrogante.
— ¡Oye, que soy menor que tú!
— ¿Te gusto?
—Esto es raro, muéstrame la tarjeta.− exigió, aun con sus mejillas ardiendo. — Eres un mentiroso.− le acusó al leer la tarjeta que decía: ¿Nombre de tu primer peluche? — No jugare más y devuélveme mi dinero.
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— Entonces, ¿hasta mañana?− dijo en la puerta de la habitación del menor, a punto de salir.
—Sí. Adiós.
—Duerme bien. – se acercó dudoso al menor ya que fue rechazado varias veces al día — ¿Qué sucede? – preguntó al ver que el menor se alejaba nuevamente.
—Nada… solo.− beso la mejilla del mayor. — ¿Así está mejor?
—No es eso. Te has alejado de mí todo el día cuando intentó besarte. – dijo haciendo sonrojar al menor.
—Yo… Pensé que solo fue por aquel día.− contestó sinceramente.
Luego de ver que Tom se besaba en el cafetín con Sara le quedo claro que no eran algo especial.
—Claro que no.− le dio una tierna sonrisa y besó la punta de su nariz.
—Pero en el cafetín…
—Oh… ya entiendo. ¿Es por eso? – el menor asintió sin mirar a Tom. — ¿Te molesta que la bese?
—No – mintió. — O bueno, si… Si, si quieres besarme luego. – se explicó con timidez.
No era por el hecho que le molestara, porque aun si no se hubieran besado antes o tampoco hablaran también le hubiera molestado. El problema era que cuando se besaban él se sentía especial para Tom, pero luego él iba y le demostraba que no era así y su joven corazón dolía.
— Está bien. – dijo Tom luego de suspirar. Besó al menor en la frente y se marchó.
Continúa…
Gracias por leer.