«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

Lesson 6

Martes, miércoles y hoy, jueves, día de entrenamiento, día en el que correspondía que Bill estuviese sentado en las gradas y animándolo con su presencia, así sea en el más mínimo y simple ejercicio o los pocos metros a correr, si Bill estaba allí el mayor lo hacía con más ganas.

Haciendo memoria, eran pocas las veces en la que Bill no asistía a observar la práctica. Se sorprendió al saber que todo eso lo guardaba en su inconsciente, pero hoy estaba consciente y hoy le hacía falta el pelinegro.

En los recesos no había una sonrisa reciproca a la que él le brindaba, a decir verdad eran pocas las veces que el pelinegro reparó en su presencia en los últimos tres días. Los mensajes enviados no eran respondidos y las llamadas ignoradas. Quería saber que le pasaba a su alumno y por qué estaba tan distanciado de él. Aunque ya tenía una ligera sospecha: Sara.

A Bill no le agradaba la líder de las porrista, y poniéndose en su lugar, a él tampoco le gustaría que alguien más estuviera con Bill, pero él no estaba seguro de intentar asumir un compromiso con el pelinegro y entregarse a la exclusividad.

Estaba consciente de que si quería, porque era lo que quería, mantener una relación sólida con alguien tendría que cambiar su pensar de: Hay Kaulitz para todos, pero le temía.

Nunca creó sentimientos de ese tipo por alguien y aunque no lo admitiera, tenía miedo a ser desilusionado y que le devolvieran su cariño en trazos. Y tenía miedo de Bill, a todo lo que generaba, a su tierna sonrisa y a sus suaves e inocentes labios que lo transportaron a otro mundo, a su simple presencia que lo llenaba de alegría.

Tenía miedo, fin. Y sabía que si estaba con Sara no se entregaría completamente a sus sentimientos por Bill y así no tendría riesgos de una desilusión.

— ¡Tom! − fue lo que escuchó antes de caer al suelo por un fuerte pelotazo.

— ¿Estas bien? – el capitán abría los ojos lentamente, siendo molestado por la fuerte luz del sol.

—Sí, solo fue un duro golpe.− sonrió antes de levantarse aún un poco aturdido.

—Joder que estabas en la luna, hombre. – le dijo un miembro del equipo.

—Estoy un poco distraído, lo siento. Continuemos.− pidió.

— ¿Seguro que estas bien? Fue un golpe fuerte.− le preguntó preocupado Claude.

—Sí, sí. Sigamos. Tenemos varios colegios que derrotar.− dijo animando al resto del equipo, aunque el mismo no podía animarse al ver las gradas y notar que aún no estaba ninguna cabellera negra.

Y Adam, amigo de años de Tom, lo notó. Observaba como siempre buscaba a alguien con la mirada y sabia de quien se trataba.

Le llamó mucho la atención aquel muchacho con destellos claros en el cabello que salió casi inmediatamente de la cafetería cuando Tom y Sara hicieron su reconciliación pública. También había notado las sonrisas tontas y cómplices que intercambiaba con su amigo rastudo y lo distantes que habían estado en los últimos días.

&

— ¿Por qué no hablas con él? – le preguntó Adam al de rastas cuando iban saliendo de los vestidores.

— ¿Con quién? – cuestionó confundido.

—Con el chico aquel, el blanquito que siempre está sonriendo y no se queda quieto en ningún momento. Aunque últimamente no le he visto mucho sonreír, y tampoco ha venido en los entrenamientos. – acotó — ¿No era el alumno de Georg, y que ahora es tu alumno?.

—Sí, ¿Por qué tendría que hablar con él? – claro que sabía porque tendrían que hablar con Bill, lo que no sabía era porque Adam le decía aquello.

—No sé, veo que lo buscas, pero al parecer el… – intentó buscar las palabras correctas — ¿Te rechaza?

—No me rechaza, solo está enojado.− corrigió Tom. No le gustaba como sonaba Bill y rechazar en la misma oración. Sin embargo, sabía que su amigo de ojos azules tenía razón.

— ¿Por qué está enojado?

— ¿Por qué te importa mi relación con ese niño?

—Por qué te está afectando en el juego.− dijo directamente.

—Deja de decir tonterías.− no eran tonterías y Tom lo sabía.

—Hoy recibiste el pelotazo por estar mirando a las gradas. Desde el martes tu rendimiento no es el mismo y creo, no, estoy seguro a que se debe al hecho de que no está él y su lindo amigo rubio por allí. Solo te sugiero que hables con él o que evites desconcentrarte. Vienen juegos importantes. – le aconsejó y se marchó.

Tom se quedó meditando unos momentos aquello. Tal vez Adam tenía razón y debía hablar con el pelinegro y pedirle que todo volviera a ser como antes y que siguiera yendo a sus entrenamientos.

«Todo por el equipo.»

Solo por ello ¿No?

Tenía pensado hacerlo el viernes en sus clases particulares, cuando un mensaje se llevó todas sus esperanzas.

“No podre tomar la clase de mañana. Retomamos las lecciones el lunes.

Bill”

Tom no pudo evitar comparar las palabras tan llenas de ternura de los mensajes anterior con las palabras tan específicas y sin intenciones de algo más que suspender un compromiso como las del que acaba de recibir y una indescifrable molestia se plantó en él.

&

Al ser consciente de que no podría hablar con Bill como tenía pensado, decidió buscarlo ese mismo día en el receso.

Se dio el valor a sí mismo, el que no creía necesitar, y se encaminó a la mesa donde estaba Bill con Andreas riendo y comiendo un pie de manzana. Nunca pudo pasar por alto el hecho de que el menor no desayunaba y que solo se dedicaba a comer dulces, no entendía como podría ser tan delgado. Tal vez más adelante hablaría con él y le exigiría que mejorara su alimentación para que estuviese saludable.

—Hola amigo de Bill.− saludó al llegar y sentarse al lado del platinado.

—Hola.− contestó bobamente el aludido.

—No es: amigo de Bill, se llama Andreas. – dijo el pelinegro.

—O sea, ¿Que no es tu amigo? – preguntó solo para molestar al menor. — Andreas, de ser tú estaría ofendido. Bill es un mal amigo, te niega.

—Solo dile Andreas, tiene nombre. Ahora dime, ¿Que deseas? – seguía cortante Bill ante un atónito platinado.

—No tienes que molestarte, no vine a hablar contigo. He venido por Andreas.

— ¿Por mí? – preguntó sorprendido.

—Sí, he venido para pedir tu autorización para tomar prestado a Bill un momento.− le dio una sonrisa pícara al menor quien solo la ignoró. — ¿Qué dices?

— ¿Bill? ¿Quieres? – preguntó dudoso mirando al pelinegro, pero Tom se adelantó a responder.

—Quiere.− sentenció. — Fue un placer conocerte, Andreas.− se despidió tomando al menor de la mano y llevándolo a un lugar apartado.

El pelinegro no opuso resistencia al notar que todos estaban mirando como el de rastas lo sacaba del lugar. Sin embargo, soltó sus manos para evitar más comentarios de los que se pudieran generar y se dispuso a seguirlo.

— ¿Qué tienes que hacer el viernes? – fue lo primero que le preguntó cuándo llegaron a un pasillo de la escuela que estaba vacío.

—Saldré.

— ¿A dónde?

—No es tu incumbencia.

— ¿Y el sábado? ¿Por qué esperar hasta el lunes para la lección? La semana pasada hicimos eso.

—Por qué no tengo ánimos. – le intentó poner fin.

— ¿Por qué ya no vas a los entrenamientos? − siguió con su interrogatorio.

—Tengo que estudiar.− mintió.

—Siempre has tenido que estudiar y aun así vas. – le discutió.

— ¿Por qué preguntas todo esto? – interrogó, ahora él confundido por la actitud de Tom.

—No contestas mis mensajes.

— ¿Y eso que tiene? ¿Había algo que responder?

—Bueno, no sé, dime tú. Te escribo diario deseándote un buen día en la mañana y dulces sueños en la noche y tú no me envías siquiera un mensaje en blanco por equivocación. Pudiste haber respondido al menos un: “Tú también, Tom”.

— ¿Todo esto es porque no respondo los mensajes y ya no asisto a tus entrenamientos?

—No.

— ¿Entonces? Porque no entiendo.

—Es por todo, ¡Joder! – dijo frustrado. — Pareciera que quisieras ignorarme.

—No es eso y lo sabes.

—No, no sé. Y me preocupa.

— ¿Qué tiene que no te responda un mensaje o te ignore?

—Es que no debes hacerlo.− le dijo autoritario.

—No lo estoy haciendo. Simplemente no tengo razones para acercarme a ti.

— No debes ignorarme. – le demandó.

— ¿Me estas exigiendo? ¿Con que razón? A mí no me tienes que exigir. En tal caso sería a tu porrista. – explotó Bill.

Estaba exasperado.

« ¿QUÉ SE CREE TOM PARA INTERFERIR ASÍ EN MI DESCANSO Y DE PASO REPROCHARME CUANDO NO TIENE NADA QUE REPROCHAR?»

— ¿Aun con eso? – preguntó, aunque en el fondo siempre supo que era por eso, por Sara.

—Es que no entiendo. – se sinceró un poco más calmado. — ¿Qué quieres? – preguntó esta vez sin elevar la voz.

—Solo quiero volvamos a estar como antes.

— ¿Cómo antes cuándo? ¿Cuándo éramos profesor y alumno o cuando ni siquiera hablamos?

—Como después. Cuando te gustaba, cuando me sonreías dulcemente desde el otro pasillo y te sonrojabas al leer mis mensajes, justo como ahora. – señaló y acarició una mejilla encendida del menor — O como aquel día en que nos besamos.

—Como antes…– murmuró un poco desilusionado. —Eso incluye tener que presenciar escenas como la del lunes luego que me besas ¿No es así? – dijo en un hilo de voz y dolido.

Nunca esperó que Tom tuviera tan poco respeto por él y le pidiera algo así.

Prácticamente le estaba pidiendo que le entregara sus ilusiones, pero ¿Qué le entregaría Tom? Si ni si quiera era capaz de cortar algo falso con esa chica.

El de rastas aún no quería abandonar aquel escudo y mucho menos ahora al verse prácticamente suplicando por la presencia del menor, así que simplemente guardó silencio y no pudo seguir mirando a Bill a los ojos.

—Está bien. Volvamos a lo de antes.− dijo luego de suspirar cansado y de segundos de silencio, ganándose la atención de Tom quien volvió a mirarlo. — Me voy, Andreas me espera.

— ¿Cuándo dices antes a que te refieres? – le detuvo.

— Nos vemos el lunes, profe.

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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