«My Guitar Teacher» Fic de LadyScriptois

Lesson 8

—Creo que Georg estará orgulloso. – halagó cuando Bill finalizó la última nota de aquella pieza musical.

— Sí, creo que sí. – contestó con nostalgia.

La última lección con Tom.

Las últimas semanas ignoraba prácticamente al de rastas en la escuela, pero logró hacerlo solo por el hecho de que estaría con él el lunes y viernes, o los sábados, pero estarían juntos. Ahora no sería así.

El domingo luego del partido Georg se comunicó con los chicos anunciando que volvía. Así que esta sería la última vez que estarían junto como profesor y alumno.

Solo eran eso. A partir de eso momentos, ¿Serian nada? Era lo que se preguntaban ambos chicos.

—Joven Bill – le llamó una de las chicas de servicio de la casa. — ¿Tomará la cena aquí o en su habitación?

Bill vio el gran reloj de la sala y se sorprendió de la hora. Siete y media. Hora en la que Tom debía marcharse. No quería.

—No tengo apetito. – fue lo que le respondió y la joven se retiró.

Estaba seguro de que ni un bocado podría atravesar aquel nudo de nostalgia contenida que se estaba formando en su garganta. Ese nudo de tristeza y ansiedad que solo sería derribado si Tom estaba con él o si lloraba hasta quedar deshidratado.

—Me preocupas. – le confesó de pronto Tom. —Son muy pocas las veces que te veo comiendo comida de verdad, siempre son dulces.

—No me gustan los vegetales. – le dijo al sentirse regañado y frunciendo el ceño.

—Eres como un niño. – rio y las mejillas de Bill se tiñeron.

La palabra clave: niño. Porque Tom lo considero así, porque Bill no quiera que Tom lo viera así. Por eso era que estaban así.

Sorprendentemente, ambos se sentían como niños. Bill porque aún no dejaba su comportamiento infantil y terquedad, y Tom por que como tal y como lo hace un nene con su nuevo juguete, él jugó y jugó con los sentimientos de Bill y con los de él mismo.

Tom ahora no tendría de ninguna forma a Bill. Y había estado tan cerca de tenerlo con y solo para él, con la infinita oportunidad de besarlo hasta desgastar sus labios o de reclamarlo como suyo si alguien se atrevía siquiera a mirarlo de forma deseosa. Y quería tenerlo, deseaba tanto poder tenerlo de esa forma, pero no sería porque se comportó como un niño.

—Creo que se ha terminado tu horario de clases. – comentó al reparar en la hora que marcaba su reloj de muñeca.

—Fuiste un buen profesor. – le dijo al mayor.

—Tú aprendes rápido. Eres un grandioso alumno. – le dijo con una sonrisa un poco forzada.

—Gracias. – dijo mirando sus dedos sin atreverse a posar su mirada en Tom.

—Entonces, creo que me voy. – dijo recogiendo sus cosas, mientras Bill lo observaba involuntariamente.

— ¿Por qué no te quedas a la cena? – preguntó de repente, actuando por impulso.

—Dijiste que no cenarías.

.

—Bueno, podemos tomar un helado…. Si quieres, claro.

— ¿Por qué no? – aceptó controlando la sonrisa que quería dibujarse en su rostro.

&

Al final cenaron, ya que llegaron los padres de Bill y le pidieron a Tom que lo hicieran con ellos. Luego de la cena la mamá del menor les propuso tomar el postre en la habitación del pelinegro y eso era lo que hacían.

—Le caes bien a mis padres. – dijo el pelinegro cuando estaban en su habitación.

—Ellos a mí también. Sobre todo tú mamá.

—Ella dice que eres un buen chico. – dijo recordando lo que le había dicho cuando conoció al de rastas.

—También piensa que soy un buen partido, lo sé – dijo para bromear y relajar más el ambiente, pero solo logró que Bill se tiñera de sonrojo.

¿Qué debía decirle a eso?

Tom notó que no recibiría respuesta e hizo una pregunta que le interesaba.

— ¿Has botado la fotografía? – cuestionó refiriéndose a la imagen que hace tiempo no estaba en el espejo del pelinegro.

Bill tampoco sabía que responder a eso.

— No. – dijo sincero.

— ¿La ocultaste para no verla más?

—Tampoco. Solo la guardé.

El mayor estaba torturado por los minutos de silencio que se formaron entre ambos y supo que era ese momento o nunca.

— Bill… nosotros.

—Somos los de antes. ¿Recuerdas? – le cortó.

—Lo sé, pero antes tú también tenías sentimientos hacia mí. – realmente quería saber y no estaba seguro si tendría una nueva oportunidad así que decidió arriesgarse. — ¿Aun es como antes?

El sonar de su celular inundó la estancia antes de que Bill pudiera responder.

—Pensé que lo habías cortado con Sara. – le informó al de rastas al ver el nombre que se leía en el móvil sobre la mesita ratona y Tom lo miró confundido por un momento. — Yo llevaré esto a la cocina. – dijo recogiendo las copas de helado vacías y saliendo de su habitación.

No se supone que debió decir eso, pero no lo pudo controlar. En serio no podía creer lo que era Tom, supuestamente queriendo luchar por alguien, pero sin soltar realmente a la porrista. Y lo que menos podía creer es que aun así su corazón latiera por él.

Tom en esos momentos pensó que la porrista nunca en su vida fue tan inoportuna.

&

Estaban en las afueras de la casa. Bill nunca lo había hecho, pero este día sintió la necesidad de acompañar a Tom hasta su auto y si de él dependiera lo acompañaría hasta su casa. Simplemente no quería alejarse de Tom.

Tal vez sería la última oportunidad de dirigirle la palabra. Luego de eso, ¿Con que razón? Su profesor seria Georg y Tom tenía a alguien más, bueno, dos más y a varias si quisiera.

Quería preguntarle nuevamente a Bill lo de hace momentos, pero era obvio que no le respondería. No luego que se hubiera manifestado Sara y con ello todo lo que su simple nombre traía.

—Debes irte. Se hará tarde. – le pidió el pelinegro.

El mayor dudó sobre si ir a abrazar al menor, pero de igual forma lo hizo, sorprendiendo a Bill y luego sorprendiéndose él cuando el pelinegro le correspondió el abrazo con fuerza.

—Tienes razón. – se separó del cuerpo del menor con pesar y fijándose en la humedad de los ojos contrarios. — Extrañaré las merengadas de Camila. – comentó, solo porque no quería marcharse aun.

—Creo que Camila también extrañara verte. – se refirió a la joven mucama. Eso hizo sonreír a Tom y también al pelinegro.

Una sonrisa superficial. El menor esperaba un: te extrañaré, y Tom un: yo también.

Su motivo, había llegado a su fin. Ya no habría más razones para tener que hablar, no más razones para que Tom fuera a su casa, para tener acercamientos. No más motivos para enviarle mensajes a su alumno recordándole que tenía que practicar cuando lo único que quería era saber de Bill.

Las cosas volverían a la normalidad, donde el capitán de futbol seguía siendo un imposible para Bill y el pelinegro seguía siendo otro más en la escuela que gustaba del de rastas. Aun que realmente todo cambió.

Ahora Bill recordaría que en un momento los labios del mayor se apoderaron de los suyos siendo quien lo besó por primera vez, de las veces sinceras que rio con él, de su cálido aliento y de lo suave de su tacto. Recordaría esas veces en las que a su ex profesor le preocupaba mucho de que se lastimara, o los mensajes deseando dulces sueños. Ahora con todo eso en su mente debía seguir como antes, viendo a Tom como otros miles de pares de ojos. Nada más.

Tom tampoco pensaba que sería igual, ¿Cómo después que Bill pasó por su vida? Que se acostumbró a que su día se alegrara con el sonreír del menor, que era una forma de vida el saber cómo se encontraba el pelinegro. Su ex alumno era tan torpe e inocente, siempre necesitaría alguien que lo protegiera, y él quería ser ese alguien.

¿Georg cuidaría de que Bill no estropeara sus delicadas manos por rasgar mal las cuerdas? Él quería ser quien velara por eso.

¿La foto de quien ocuparía el lugar en el espejo que antes había sido suyo? ¿Quién más probaría los labios que el tomó por primera vez?

Continúa… 

Gracias por leer.

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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