Nasty, naugthy boy

Resumen: En vípera de Navidad Berlín sufre una cruda tormenta. Nick no comprende por que eso molesta tanto a Val.

«Basorexia» Capítulo especial

Nasty, naugthy boy

-25 de diciembre-

1:15 am.

«Come here Big boy»

Nick deseó fervientemente que sus oídos le estuvieran jugando una mala pasada, que aquella canción realmente no fuera AQUELLA CANCIÓN.

Pero esos bronces eran indefectibles.

Avergonzado, excitado y tentado de risa al mismo tiempo finalmente no supo cómo reaccionar y permaneció paralizado en su sitio, sin preocuparle si se le había quedado la boca abierta o puesto cara de bobo.

Val se hallaba en medio de la enorme suite, subido sobre el piano y vistiendo un revelador atuendo de perlas que guardaba un sospechoso parecido con aquel que usó Christina en la película Burlesque.

No podía ser casual, Val era obsesivo por los detalles.

¡Oh! ¡Cómo amaba Nick que Val fuese obsesivo por los detalles!

Debió pasar saliva, su garganta no tardó en resecarse. Val no sólo había montado un espectáculo de Burlesque para su disfrute particular, sino que había escogido para ello el tema más erótico sin lugar a dudas de su cantante preferida. El cómo esa información llegó a oídos de su pareja no tenía la menor relevancia en esas circunstancias.

Val le sonreía y guiñaba con sobreactuada coquetería mientras se contorneaba y estiraba sus largas piernas sobre el instrumento con sensualidad, como si llevara una vida sobre el escenario entre plumas y lentejuelas, todo ello sin fallar una sola nota.

Nick se hubiera conformado con que hubiera realizado lipsync.

¡Dioses! ¡Nick se hubiera conformado con un sweater!

Nick pensaba que el mejor regalo de Navidad que pudo recibir fue encontrar a Val en su cama tres días atrás…

Hasta ahora.

Por si no bastase la extremadamente explícita letra, Val descendió del piano en mitad del tema, despojándose de parte de sus perlas en el camino.

«I’m gonna give you what you deserve» ronroneó, un brazo rodeándole el hombro, largos dedos jugueteando sobre su cinturón, sin llegar a tocarlo.

Nick había estado entrenando. Cada sesión, cada castigo, cada orden impuesta lo habían convertido en un amante disciplinado que podía aguardar cuánto Val estuviese determinado a hacerlo esperar.

-24 de diciembre-

Aquél día había comenzado con el pie izquierdo. A poco de abandonar el edificio se percató de los estragos dejados por la nevada caída la noche anterior. Una breve llamada a Natalie confirmó lo inevitable, entre las rutas obstruidas se encontraban los alrededores de la clínica. Ambos se repartieron los pacientes del día, para cancelar las citas y dejarlas pendientes hasta que el tiempo fuera más propicio.

De regreso en el penthouse esperaba que Val lo recibiera con mimos y entusiasmo —después de todo, iban a disponer de unas horas extra para estar juntos. Se preguntó si aún estaba a tiempo de unírseles en el visionado del Grinch—pero se llevó una gran decepción. En la sala solo se encontraban los chicos siguiendo la cobertura de la tormenta en el noticiero, por boca de ellos supo que su amado había corrido a encerrarse —móvil en mano— a su estudio tras recibir una llamada de emergencia.

No hay de qué preocuparse, sólo era Markus avisando que permanecerá en casa de su novia hasta que las barredoras despejen el camino.

Tom no se veía preocupado en lo más mínimo por la suerte del guardaespaldas, de hecho hasta parecía contento por el contratiempo sufrido por el otro hombre. Nick nunca acabó de comprender de donde provenía la evidente animadversión que esos dos se profesaban.

Inquieto por la demora de su pareja subió a la biblioteca en su busca, de todas maneras no aguantaba permanecer en la sala, las imágenes de la tormenta le crispaban los nervios.

Él no era cotilla, sólo un poco curioso, el fragmento de conversación que pescó al abrir la puerta —»…er una alternativa. Soborna a Robert de ser precis… ¡Por Dior! ¡Entonces alquila un helicóptero!»— disparó su imaginación. El que su pareja colgara disimuladamente no bien verlo aumentó sus sospechas de que ahí ocurría algo subrepticiamente.

¿Todo bien?

No, nada está bien. Pero lo solucionaré. —agregó Val, con poco convencimiento.

El modelo dejó su IPhone sobre el escritorio y fue a su encuentro, dándole el abrazo que Nick tanto anhelaba.

¿Co-dependiente? ¿Él? ¡Tonterías!

¿Te puedo ser de ayuda?

Si, mucho. No hagas preguntas Meine Liebe. —agregó, sin levantar la cabeza de su hombro.

Si Nick poseía algo aún más grande que su curiosidad, eso era la confianza plena en su pareja. La última vez que este le ocultó algo, Nick fue despertado por la sensación de unos labios cubriendo su mandíbula con besos de mariposa, mientras Val le canturreaba bajito «Santa Baby».

Nick había tenido que aceptar que su novio gustaba de hacer ciertas cosas a sus espaldas, el día que asumió que ellas nunca buscaban dañarlo fue el día en que dejó de lado la paranoia.

¿Vas a castigarme por ello? —Nick no supo si Val lo estaba tentando o sólo se burlaba de él. Su sweater amortiguaba el sonido de su voz y no podía leer bien sus intenciones.

¿Quieres que lo haga? —preguntó, esperanzado.

~*~

El humor volátil de Val impidió que pudieran sesionar, su cerebro estaba en otro sitio ese día. Nick lo aceptó con resignación, el hecho de que los chicos estuvieran virtualmente obligados a permanecer en casa tampoco ayudó.

Val se mantuvo expectante, saltando de su asiento cada vez que sonaba su teléfono. Nick podía apostar que del otro lado de la línea se encontraba una increíblemente estresada Isabella, no le hubiera gustado estar en los zapatos de esa mujer, aunque Valentino compensaba generosamente su devoción por el trabajo.

Cerca de las tres de la tarde Val puso término al misterioso asunto mediante un categórico: «Lo dejo todo en tus manos».

Isabella tenía pasta de santa, probablemente, pero por lo que Nick había oído del esposo de la mujer, este debía estar más que cabreado por endilgarle semejante dolor de cabeza la víspera de Navidad. Nick no culpaba al hombre, él en su lugar haría lo mismo.

Sea lo que fuere, su pareja se desconectó completamente de aquel problema para encerrarse en la cocina con Tom y Hitomi a preparar la cena de Nochebuena.

Su hermano pequeño no cabía en sí de la emoción, Val había prometido enseñarle la receta del Christstollen* de Charlotte.

Sutilmente discriminado por su carencia de habilidades culinarias, fue relegado a la sala por el resto de la tarde, en donde Bill veía con hastío la última parte del maratón navideño.

~*~

A la hora de la cena Val —con un semblante radiante, que no se le había visto en todo el día, indicativo de que de alguna forma el problema se había solucionado— anunció que en honor a los nuevos miembros de la familia ese año instauraban una nueva tradición: Cenar en la terraza.

Días más tarde, Tom no se contuvo y le confesó que aquella idea provino de un inocente comentario suyo: «Es una lástima que teniendo la cúpula se desperdicie ese hermoso panorama».

Las vistas de la ciudad que se tenían desde lo alto del edificio eran alucinantes, máxime luego de la tormenta, Berlín parecía una postal que había cobrado vida.

Puntualmente al atardecer sonó la campanilla anunciando la llegada de Weihnachtsmann**.

Tom se puso el gorro de Santa que Bill le había dado días atrás y lo cogió de la muñeca, guiándolo escaleras abajo con entusiasmo infantil.

Se veía tan contento que Nick pidió a las deidades que estuvieran disponibles que le dieran una tregua a su hermanito, era un buen chico y merecía disfrutar de la felicidad por la que había luchado tan arduamente.

Val lo tomó del antebrazo y con sus ojos brillando de picardía preguntó: «¿bajamos?».

~*~

La silbatina y los comentarios procaces de ambos adolescentes los acompañaron desde la sala hasta las puertas del ascensor.

No había forma en que se libraran de ello, dado el diseño modernista del apartamento realizar una escapada sigilosa era virtualmente imposible. Desde luego, Val sólo empeoró la situación al declarar sin ambages que no los esperaran despiertos.

Incluso Bill osó enviar al modelo un mensaje de WhatsApp conteniendo un gif más que explícito.

Nick enrojeció hasta las orejas, no sabía cómo haría frente a los chicos al día siguiente.

Val lo jaló de su bufanda, sin decir palabras, sus besos eran el método más efectivo que conocía para calmar sus nervios.

Un batallón de mariposas acampó en su estómago. Nick no podía evitarlo, por mucho que se esforzara, iban camino a la sorpresa que Val había preparado para él, aquello que lo tuvo tan irascible todo el día. Su regalo de Navidad, uno tan especial que requería ser entregado lejos de casa, a salvo de ojos y oídos curiosos.

~*~

Había comenzado a nevar hacía poco rato, Nick agradeció que alguien hubiera encendido el aire acondicionado antes de su llegada.

La estancia permanecía a una temperatura agradable, lo bastante como para que él se atreviera a dejar atrás cualquier reparo y permitir que Val le quitara alegremente la ropa mientras se oían los últimos acordes de «Nasty, Naugthy boy».

Hazlo. —jadeó el modelo, precariamente arrimado sobre la tapa del teclado.

En medio de una sesión las órdenes de Val nunca flaqueaban, su voz siempre era enérgica e implacable, sin espacio a dudas ni interpretaciones. Pero no hubo juego esa noche, eran sólo Val y Nick, la posesión del control diluyéndose a cada momento, pasando de uno a otro, guiados únicamente por sus impulsos.

Nick obedeció, desgarrando la parte inferior del traje de Val, desperdigando las perlas en todas direcciones. El pecho de Val — húmedo ya de sudor— subía y bajaba denotando su agitación, había alcanzado el punto de no retorno. Con una mirada turbia de pupilas dilatadas hizo aparecer —Nick no supo de donde— una botellita de lubricante.

Con manos torpes por la excitación, Nick derramó la mitad del contenido sobre el piano y los muslos de Val arrancándole una risita. Su pareja meneó la cabeza y, tras un beso corto, tomó su mano con firmeza y guió sus dedos pringosos tierra adentro, dilatándose con ellos.

El sexo a distancia nunca podría compararse a la sensación del cuerpo caliente y resbaloso de Val palpitando en sus manos. Sus encuentros reales habían sido escasos por lo que atesoraban cada nueva ocasión.

Nick no se había deshecho por completo de los nervios y la inseguridad, estos permanecían omnipresentes en la alcoba, pero el fortalecimiento de la comunicación y la confianza entre ellos lo había ayudado a hacerles frente cada vez.

Apretó los párpados cuando una mano de Val retiró los dedos de su interior, mientras que la otra cogió su miembro endurecido con un movimiento resoluto y lo empujó dentro de su propio cuerpo, tomándolo íntegro de una sola vez.

Se detuvieron a tomar un respiro mientras sus cuerpos se ajustaban entre si, fue apenas un instante pero bastó para que Nick se perdiera en los brillantes ojos almendrados de Val.

El no era un experto ni tenía gran experiencia en el tema, lo único que sabía era que lo encontraba en esos ojos iba mucho más allá que la calentura por un simple encuentro carnal.

Como era usual, el movimiento ondulante de las caderas de Val marcó el inicio y la frecuencia de sus embestidas. Nick sólo se dejaba llevar, otorgándole lo que Val de forma bastante vocal requería. —»¡Mas fuerte! ¡Más adentro! ¡Pellízcame!».

Val era un mandón, aquél era una de sus principales características, obedecerle era uno de los mayores placeres de Nick.

A la voz de —¡Vente conmigo!— dejó de aguantar y se corrió dentro de Val. Este hizo otro tanto entre sus vientres, dejando un desastre sobre el piano.

Su cuerpo entero palpitaba, sin querer separarse aun, pese a las extremidades entumecidas por la posición forzada y la necesidad creciente de darse un baño.

Gracias—susurró, desfalleciente. Val sonrió, acariciando el pecho en donde tenía apoyada su mano. —. Quiero decir… Es un… me encantó tu regalo.

Más te vale, casi te quedas sin el por culpa de la tormenta.

Mi cumpleaños es en verano, ¿Sabes? — comentó, consciente de que se estaba volviendo un descarado y se sentía muy bien.

¿Algo en particular que desees?

Sorpréndeme.

F I N

*Christstollen (pan navideño). El Stollen o también conocido como Christstollen en alemán, es un pan dulce navideño cuya forma representa un niño recién nacido envuelto en una manta.

**En Alemania son dos personajes los encargados de entregar los regalos, dependiendo la religión que se profese y la región de Alemania en que se viva.

Por un lado está Weihnachtsmann, que es la versión germana de Papa Noel y por otro tenemos al Christkind (niño de Cristo o niño Jesús) que es quién pone los regalos en el árbol.

He decidido de forma arbitraria fundir las dos, dado que los Trumper son cosmopolitas y (así como Val ha incorporado la costumbre francesa de saludar con dos besos), han adaptado el resto de las tradiciones a su propia conveniencia.

por Haruxita

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!