
Fic TOLL de Sira483
Capítulo 10
Hace una hora, aproximadamente, había llegado Katherine, la enfermera, una mujer de unos 25 años de edad, quien se hospedaba con mamá para poder atenderla mejor. Tenía el cabello de un castaño claro y sus ojos eran negros, era alta, delgada y de personalidad muy agradable. Y al parecer mamá ya se había encariñado con ella.
Por otro lado, yo evitaba a toda costa sentir… «celos» si es que así se le podría llamar a esto que siento. Y es que Gustav es solo un Amigo de Bill (y de mi) Nada más.. Solo eso. Un A-mi-go. Fin de la historia.
Pero como me molestaba que Bill se riera de los chistes sin gracia de Gustav.
¡Pfff! ¡Ni que fueran tan graciosos!
Okay, autocontrol, Tom.
Autocontrol.
&
Estábamos todos compartiendo en la sala, cuando decidimos que ya era hora de el almuerzo.
—Ire por la comida de Alice — me levante de mi puesto en la mesa y me fui a la cocina, abrí la heladera quitando un tupper que contenía un poco de puré de papas que mamá había hecho casi recién. Cuando ya puse un poco del puré en un plato de plástico me dispuse a volver a guardarlo en la heladera, justo cuando Georg entro.
—Vengo por agua — dijo y metió la mano en la heladera, mientras yo la tenía abierta, quitando una jarra de vidrio con agua, se lo sirvió en un baso y comenzó a beber. Yo termine de guardar el puré.
—¿Sabes? He notado que Bill esta muy.. bonito — ¿Que mierdas habia escuchado?
—¿Perdón? — definitivamente, algo andaba mal en mis oídos..
—Que Bill esta bonito.
¡Ya déjenme respirar en paz! Primero Gustav y ¿ahora Georg?
—¿En serio? — me hice el tonto, porque para mi mala suerte yo también lo había notado.
—Si — sonríe Tom, recuerda que Bill es tu hermano y por lo tanto no le puedes romper la cara a Georg… ¿O si? — ¿Sabes si a él le gustan los hombres?
—Bill no es gay — probablemente bisexual pero gay no, cosa que no le diría a Georg ni aunque mi vida dependiera de ello. ¿Que onda con éste? ¿No que era mi amigo?
—¡Hey! No me mal interpretes y no me mires así, eh — me apunto — yo no soy gay ¿okay?
—Aja — vete a rezarle el rosario a tu abuela, Georg — entonces ¿por que me preguntas si a Bill le gustan los hombres, después de haber dicho que está «bonito»?
—Simple curiosidad, hombre. Y que yo haya dicho eso no quiere decir que soy gay. Es solo que se debe ser ciego para no ver que Bill esta lindo. Y a mi no me avergüenza decirlo.
«Y a mi no me avergüenza decirlo»
No pude evitar que esa frase se me repitiera en la cabeza pero de una forma más ñoña y chillona.
—Quita esa cara, Tom, en serio.. No soy gay — poso una mano sobre mi hombro — y de todos modos; si lo fuera o si Bill lo fuera él jamas se fijaría en mi. Probablemente, no seria su tipo. ¡Es más! Hasta creo que tú tendrías más posibilidades que yo.
Metió la jarra de nuevo en su lugar y se fue.
Sé que lo dijo de forma burlona pero pensar en una mínima posibilidad de que yo..
¿De que yo, qué?
¡De que yo; nada!
Otra vez me ponia a delirar. Como si Bill no fuera mi gemelo. Como si él fuera un simple conocido. Como si algún día, de alguna forma retorcida, yo pudiera llamar suegra a mi propia madre.
¡Vamos, más ridículo no puedo ser!
Suspiré resignado y fui de nuevo junto a los demás llevando conmigo la comida de Alice.
Ya comenzábamos a comer cuando quite el tema de que mamá debia ir al medico. Ella, nuevamente, se negó y comenzó a decir que no hacia falta, tanto Katherine, los chicos y yo comenzábamos a insistir (claro que Georg y Gustav casi ni enterados de que iba el tema, pero todo con tal de no quedarse mirando con caras de estúpidos. Con todo el respeto de la palabra, claro está)
Pero no, no había modo de convencerla.
¡Ah! ¡Pero, esperen!
No todo estaba perdido.
Si nada más falto un par de suplicas por parte de Bill, para que mamá accediera. A estas alturas estaba pensado seriamente, en la posibilidad de que Bill fuera un hechicero o un manipulador de primera.
—¡Uy, Tom! Si a leguas se nota quien es el preferido de tu mamá — Georg y sus bromas.
—Ja-Ja-Ja muy gracioso, Georg -no pude evitar arrojarle la servilleta que impacto de lleno en su cara, la cual regreso de nuevo a mi, solo que yo la sostuve en el aire.
—No digas eso, Georg, yo quiero a Bill y a Tom por igual.
Mamá, que estaba cerca de mi, me acaricio la mejilla y deposito un beso sobre esta. Por alguna extraña razón sentí como si me estuviesen dando el premio de consolación, por ser un buen perdedor.
Por inercia mire a Bill, al hacerlo él me mostró su lengua y luego se carcajeo.
Si, eso había sido el premio de consolación.
&
Georg y Gustav se habían ido una ahora después del almuerzo, quedando que irían a mi casa al atardecer, para pasar un tiempo de amigos.
Katherine salió a recoger a su hermana en la parada de autobúses, según lo que dijo; era una muchacha de 15 años llamada Emma, se quedaría por un día con mamá y Katherine, según acordaron. Lo habían decidido hace algunos días, y claro que yo estaba enterado, ya que mamá había montado todo un plan alrededor de la llegada de Emma, confabulado con Katherine.
Y ese plan era que ya que estarían las tres, pues mamá me habia pedido que Alice se quedara por esta noche aqui, dado que las tres podrían cuidar de ella.
Mamá queria pagarle a Katherine por ello, pero la mujer había dicho que no hacia falta que Emma y ella encantadas la ayudarian a cuidarla ya que adoran a los bebés.
Todo estaba bien solo que yo no se lo había dicho a Bill. Y pues, mamá metio la pata…
—¡No! Ellas no saben como hacerlo — dijo Bill sosteniendo a Alice fuertemente contra sí.
—Pero, Bill, mamá ya me ayudo muchas veces a cuidarla..
—Si, pero las otras no saben hacerlo — mamá estaba sentada viendo todo el escándalo que montaba Bill, quien ahora se ponía a dar vueltas en la sala.
—Alice estará bien, Bill.
—Me niego a creer semejante locura, ademas quien sabe si la tal Emma no es una traficante de órganos o una secuestradora y ¿si le hace algo malo a Alice?— suspire frustrado ¿por que siempre tenía que exagerar las cosas?
—Basta, Bill. Alice se queda y punto — tenía que ser firme.
—No, no sé queda y ¡punto! — ¡argghh! ¡Denme paciencia!
—Que, si.
—Que, no.
—Que, si, Bill.
—Que, no, Tom
—Que, si.
—No.
—Si.
—No.
—Si.
—No.
—Si.
-No.
—Si.
—¡No!
—¡Si!
—¡No me grites!
—¡Tú empezaste!
—¡Eso es mentira!
—¡Claro que no!
—¿Que?
—Que, no.
Bill sonrió triunfal pero ¿por qué? — ¿Ves, mamá? Tom ya dijo que Alice no se queda y no es no — ¿Que? Lo mire confundido.
—¿Cuando dije eso?
—Bill, Alice se queda, Tom es el padre y él decide — mamá decidió darme la mano. ¡Por fin!
—¡Pero, mamá…!
—No seas infantil, Bill — dije.
—Tú, no seas infantil.
—¡Ambos, ya dejen de comportarse tan infantilmente! — Bill y yo miramos a mamá de forma sincronizada.
—Si, mamá — dijimos al unísono, agachando la cabeza.
&
—La ley del hielo ¿en serio, Bill?
Estábamos ambos sentados, esperando que Georg y Gustav llegaran, como lo habían prometido.
Hace ya horas que habíamos llegado en casa, dejando a Alice con mamá y las dos chicas, a las cuales Bill a penas y saludo cuando llegaron junto a mamá, desde entonces él no me dirigió la palabra. Se había ido a bañar, mientras yo veía la televisión, luego también me fui a dar una ducha, cuando baje a la sala él se encontraba viendo una película animada.
Y aquí estaba yo, haciendo lo posible para que abriera la boca y me hablara de una vez.
—Bill.. — le pinche y él se sacudió como si de una mosca se tratara — Bill.. — estuve varios minutos así pero; nada.
Por último, como había visto en cientos de películas románticas, recurrí al plan de las cosquillas.
—¡No, Tom! ¡Basta! ¡Eres un estúpido! — mi hermano se removia y se caracajeaba «involuntariamente» en el sofá tratando de sacarme de encima (en el buen sentido) — ¡Te odio! ¡Ya, déjame! ¡Eres un hijo de puta! ¡Aunque nuestra madre sea una santa! ¡Basta! ¡Ya, para! ¡Ahggh! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Basta!
—No, hasta que lo pidas bien — me reí, sin parar de hacerle cosquillas por todos lados, esquivando sus rodillazos, cachetadas, codazos y patadas.
—¡Nunca! ¡Ya, suelta! ¡Eres un inepto! ¡Me estoy enojando, Tom! ¡Ya déjame o te juro que te voy a pegar, eh! — solo sé, que debi de hacerle caso.
—¡Arhgh! ¡Mierda! — me separe de él y me apreté la entrepierna, Bill me había dado tremendo rodillazo y justo donde más duele.
—¡Ay, por todos los Dioses! No quise hacerlo, Tom. ¡Yo solo te quería pegar en el estomago no ahí! ¡Lo siento! ¿Te duele mucho? — No respondí. Bill trataba de consolarme frotando mi espalda, ya que estaba encorvado en el sofá — Tom, en serio no quise hacerlo.. Perdón..
—Esas películas nunca terminan así.. — me queje, por lo general las películas románticas en medio de las cosquillas terminan con un beso y no con un golpe en la entrepierna. Aunque es obvio que yo no pensaba que esto terminaría con un beso pero tampoco con tremendo dolor ahi abajo.
—¿Que películas?
—No, nada, Bill — apenas y podía hablar, literalmente, el dolor me estaba matando.
—Como digas pero, déjame ver el daño — lo mire con los ojos bien abiertos.
—Estas loco..
—Claro que no. Me preocupa. Tal vez se te incho o se puso morado — ¿en serio me estaba pidiendo que le mostrará mi pene?
—No, ya estoy bien — me senté correctamente y puse una sonrisa bastante fea al parecer, por la cara que puso Bill.
—Como digas — se sentó a lado mio, actuando muy raro, de repente sus dos manos viajaron a mis pantalones tratando de desabrocharmelos.
—¡Oye, no! — intente retirar sus manos, los sujetaba de momentos pero era bastante rápido, el condenado — Bill, que no. Sueltame.
—Dejame verte — me levante y él callo arrodillado frente a mi, sin parar de toquetearme los pantalones.
—¡Que no!
—No veré más de lo necesario, Tom. ¡Te lo juro!
—Que no. ¡Para! ¡Para! ¡Para, Bi..!
—Ehmm.. ¿Interrumpimos algo?
¡Lo que me faltaba!
Georg y Gustav en la entrada, viendo todo con una expresión de confusión y sorpresa.
¿Y como no? Si Bill estaba, completamente, despeinado, con la ropa desarreglada y se encontraba arrodillado frente a mi con sus manos en mi pantalon, ya desabrochado (pero aún bien sujeto a mi cadera, gracias a mis manos)
— Esto es incomodo.. — dijo Gustav
Bastante diría yo..
&
La explicación que le dimos a los chicos fue bastante cómica, y claro que no faltaron las burlas de estos, ya sea porque; no podre darle hermanitos a Alice o porque; por poco Bill me violaba.
Ellos habían entrado sin tocar porque a alguien (Bill) se le había olvidado cerrar bien la puerta.
—¡Oh! ¿Recuerdan cuando fueron por primera vez a la casa de Gustav? — pregunto Georg con una botella de cerveza en la mano, mientras se comía la última rebanada de pizza.
—Mi madre se los quedo mirando raro, uno iba con «serpientes» en la cabeza y el otro iba maquillado. El único «normal» según ella era Georg — nós reímos, a la madre de Gustav no le gustaba que él se juntara con Bill y conmigo disque porque eramos malas influencias para su retoño.
Casi toda la noche nós la pasamos contando anécdotas y recordando viejos tiempos hasta que Gustav sugirió que hagamos algo más.
—¿Y si vamos a algún bar? — pregunto Bill.
—¡Oh, no! Georg es un fastidio cuando se emborracha — comento Gustav.
—No es cierto.
—Georg, la última vez que te emborrachaste te tuve que sacar a rastras del departamento de mi vecino y le tuve que pedir más de cien disculpas porque vomitaste en la alfombra de su sala, la cual, también, tuve que pagar yo.
—Bien, ya entendí. No habrá bares por hoy — Gustav suspiro tranquilo — ¿Cuanto falta para media noche?
Todos reímos por la ocurrencia de Georg. Al final nós sentamos sobre la alfombra cada uno con una cerveza en mano o en el caso de Gustav solo con la botella vacía. Hasta que él sonrió mirándonos.
—¿Que? — pregunte.
—Que tal si jugamos al juego de la botella.
—¿Que? No, no podemos jugar eso, solo estamos puros hombres y Bill — en menos de un segundo mi hermano le arrojó a Georg la computadora de juegue de Alice, éste se quejó cuando el objeto impacto en su pecho.
—Agradece que no voy a partirte la cara — era gracioso ver la «violencia desatada » de Bill cuando apenas se había tragado dos botellas de cerveza como máximo — pero hablando en serio yo si quiero jugar — aplaudió y sonrío de oreja a oreja dejando la actitud seria y amenazante.
—Creo que será divertido ver como termina todo esto — dije apoyando a Gustav y a Bill.
—¡Oh, pero, vamos! No podríamos ponernos retos de desnudos o besos. Desgastariamos al pobre Bill.
Lo siguiente que tuvimos que hacer fue detener a Bill para que no le rompiera una botella en la cabeza a Georg. Y es que este ya se empezaba a pasar con la bebida.
Al final decidimos jugar al juego poniendos retos tontos, como que Georg tenía que simular «follarse» a una escoba, la cual luego tuvimos que alejar y esconderla del muchacho. Y que Gustav se tragara una cucharada entera de sal con mayonesa, un poco de azúcar, limón y una rodajita de ajo. O que Bill hiciera un baile «sensual» (a pedido de Georg) por suerte o desgracia, Bill no sabia bailar (en verdad que no) y al final el Baile Sensual le termino saliendo como si un pingüino lo bailara. Y muchas otras cosas más.
—Ire al baño — me levante y Gustav dijo algo que provocó la risas de todos, solo que yo no entendí que fue lo que dijo. Me metí en el baño y me puse a mear cuando termine me lave las manos y volvi junto a los demás quien estaban señalando a Bill.
—Tom, te toco pero como aún no venias seguimos jugando y le toco a Bill, así que harán los dos juntos un solo reto — dijo Georg, mientras yo me terminaba de sentar — ¡Y ya sé que harán!
—¿Que cosa? — pregunto Bill.
—Pero no se vale decir que no, ¿de acuerdo? — Bill y yo nós miramos y asentimos.
—Esta bien. ¿Que tenemos que hacer?
—Se darán un beso ¡Con lengua! Por lo menos cinco minutos — el mareo que había estado sintiendo se fue de repente.
Gustav y Georg se rieron y yo mire a Bill quien también me estaba mirando.
—¡Vamos! no se pueden negar, eh — grito Gustav.
Me levante tomando la iniciativa, tal vez fue por un arranque de valentía o por la cantidad de alcohol en mi sistema. Bill me imito dudando un poco. Nós acercamos algunos pasos.
—¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! — escuche que coreaban nuestros amigos.
Terminamos de acercarnos, yo rodee la cintura de Bill y sentí como él se estremecía ante eso. O tal vez era yo.
Por mi parte ya ni siquiera escuchaba lo que decían Gustav y Georg, estaba concentrado en la reparación agitada de Bill igual que la mia.
—Piensa que soy una chica — dijo Bill yo asentí a pesar de saber que hasta en mi mente lo estaría besando a él.
—No pienses que soy Henry — bromee, deseando que solo pensara en mi como yo pensaría solo en él.
Y entonces, lo bese.
Ya no soportando ni un segundo más.
Lo bese sin pensar en cuantas veces me había regañado a mi mismo por pensar en este momento. Cuantas veces me había dicho que estaba mal. Que algo andaba mal en mi. En que no podía hacerle esto a Bill ni a Simone, mi propia madre y la del mismo Bill.
Pero es que no importaba cuantas veces pensara en lo mal que estaba, si esto se sentía tan bien.
Deje de pensar y me concentre en lo suave que se sentía sus labios.
Me concentre en la fuerza de mi agarre en su cintura. En como trataba de aguantarme las ganas de acercarlo a mi, hasta el punto de no dejar ni un pequeño espacio entre nosotros.
Poco a poco percibí como su mano agarro mi brazo, de una forma delicada y lo apretaba levemente. Se sentia tan bien, era como estar en lugar lleno de luz y tranquilidad en donde nada ni nadie podria lastimarte o… abandonarte.
—…¡Ya, paren! — pero no todo era real y con tan solo ver la cara casi horrorizada de Gustav, lo supe…
Aunque cierre los ojos mil veces, al abrirlos, el panorama siempre sería el mismo…
Bill seguiria siendo mi hermano.
Y yo, yo ni siquiera podría hacer nada en contra de eso.
Nada…
Continúa…
Gracias por la visita.
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