Fic TOLL de Sira483

Capítulo 18

Se sentia como si un vacío estuviera consumiendo todo su interior.

Era como quedarse en medio del camino y no saber como continuar.

Dolia tanto…

Dolía estar de pie frente a aquellas personas. Dolía todas esas expresiones tristes y lastimeras. Dolía, incluso, que el sol brillara con tanta intensidad esa mañana.

En aquel lugar se escuchaban llantos y sollozos inconfundibles y es en ese momento cuando te das cuenta de los frágiles que somos, como de un día para el otro podemos dejar ser fuertes para rompernos como un delicado cristal.
La vida siempre se encarga de hacerte ver las cosas como son en realidad. Hasta el más minino dolor, el más mínimo vacío puede llegar a destrozarte.
No hay fortaleza…
No existe el orgullo…
No hay apariencias…
Simplemente, por esta vez, no hay nada.

Nada…

Vio a su hermano ahí, parado junto a él. Tenía los ojos rojos y se notaba que la quijada la tenía fuertemente apretada, evitando que saliera el llanto que ya bastante había soltado. Bill sostenía una rosa blanca entre sus manos, una rosa blanca que era apretada con mucha intensidad, hasta el punto de que algunos pétalos se hayan desprendido.
Tom retiro su vista de esa escena, Bill se veía tan masacrado, sus ojos estaban rojos, no había rastro de maquillaje en ellos, tenía ojeras, su piel se veía pálida, demasiado…

Su vista cayó en Georg y Gustav quienes tenían unos enormes lentes negros, había más personas ahí pero a Tom no les interesaba, no es que los creía inferiores, es solo que no podía importarle siendo que el ataúd donde estaba el cuerpo sin vida de Simone estaba siendo bajado en aquel pozo en la tierra.

Trago saliva, sintiendo como sus ojos se cristalizaban nuevamente.
Finalmente el ataúd toco fondo, las personas no tardaron en ir a depositar sus rosas sobre aquella madera. Algunos comenzaban a retirarse y otros permanecían solo para ser testigos del dolor ajeno, algunos hasta se atrevían a cuchichear entre ellos, otros permanecian en silencio, sintiendo aquel dolor, aquel abandono.

Bill avanzo unos pasos, miro la rosa destruida en sus manos y lo lanzo dentro de aquel hueco en la tierra.

Cerro los ojos fuertemente y con una voz quebrada suplicó en susurros — Por favor… — las lágrimas resbalaban — por favor.. Por favor..

Los abrió y nada cambió.
Seguía siendo el mismo paisaje muerto. La misma sensación de vacío, el mismo vacío en si…

¿Como lidiar con esto? ¿Como decir adiós? No estaban listos para dejarla ir, probablemente nunca lo estarían.

¿Quien se preocuparía por ellos? ¿Quien los regañaría cuando hicieran las cosas mal? ¿Quien estaría ahí…?

Nunca supieron apreciar esas cosas que parecían tan insignificantes, y que ahora tomaban tanto valor. Extrañarían hasta esas cosas que, antes incluso los llegaba a irritar…

Estaba claro que todo estaba mal y no parecía querer mejorar. No en ese momento. No para ellos…

Y no importaba cuantas veces cerrarán los ojos y suplicaran, esto no se volvía una simple pesadilla.

Tom se acercó a su hermano, lo rodeo con los brazos y lo alejó de aquel sitio…

No había nada para comparar lo que sentían. Él nudo en la garganta se intensificaba aún más.

Se miraron y fue como ver en el otro el mismo mundo en ruinas… de hecho, era el mismo mundo. Y lo que veían en el contrario era solo un reflejo.

—No es justo… — logro articular Tom, su voz sonó demasiado dolida — no hubo tiempo para nada, ni para un último adiós.

Bill negó con la cabeza y lo abrazo con todas sus fuerzas.

Un abrazo tan fuerte que se sentía tan necesitado. Ambos buscaban algo a que aferrarse. Querían un consuelo para sus almas, y no había en quien más refugiarse que en el otro.

Simone no había resistido la cirugía…

Los había abandonado.

Y simplemente no querían aceptarlo, no querían creerlo… no querían que fuera real.

Llegaron a casa, Katherine se acercó hasta ellos con la niña en brazos.

La niña estaba como siempre, ella no sabia que estaba pasando, era tan ajena al dolor, tan inocente… Bill la cargo queriendo sentir aquella inocencia, queriendo sentir aquella inmunidad.

—¿Como estan? — pegunto la que había sido enfermera de Simone, Katherine sabia que era algo estúpido preguntar aquello pero de todas formas lo hizo.

Tom negó con la cabeza y cerró la puerta. Bill solo se retiró disculpándose, con la niña en brazos, no tenía ánimos para nada.

—Podras imaginar lo mal que estamos… — dijo Tom despojandose de su chaqueta.

Ella asintió, suspiro y lo abrazo por un corto tiempo, luego se separó y fue por su maleta. Tom lo habia olvidado, ella se iba ese día.

—En estos días iré al banco… — intento explicar Tom, tenía que pagar los servicios de enfermera de la mujer.

—No hay apuro — Katherine sonrió calidamente, el trenzado asintió agradecido, no quería salir ni para ir a la esquina.

La mujer se despidió para luego marcharse. Ella también sentía la pérdida…

Tom fue a la sala donde se encontraba Bill, en el sillón con la niña en brazos. Se sentó junto a él y permanecieron en silencio.
Pensamientos tras pensamientos se agolpaban en sus mentes.

—Tom… — Bill fue el primero en hablar.

Paso varios segundos para que Tom contestara — ¿Si?

—Nunca me dejes…

El mayor frunció el ceño y lo encaro.

—Jamás te dejare, te lo prometo… — lo abrazo pendiente de no poner a Alice en una posición incomoda o poniéndola en riesgo de que se caiga.

Sabia que eso no podía prometerlo, porque era algo que no estaba bajo control. Podía salir en menos de una hora a la calle y ser atropllado o incluso asesinado.
Pero, a veces, mentir era la solución, hacer una promesa que no se podría cumplir del todo… era parte de la vida, de alguna manera, lo era.

Tom jamás lo dejaría, y si lo hiciera seria en contra de su voluntad, eso estaba claro.

&

Los días fueron pasando, las cosas aun seguían mal. La ausencia aún se sentia…

Las noches, en donde Tom y Bill dormían abrazados, eran como el bálsamo para aquellos tristes días, una recarga a sus sistemas. Sentir el calor del otro era una forma de sentirse completos, de sentirse enteros y reparados. Si fuera por ellos permanecerian en la cama todos los días hasta verdaderamente sentírse bien. Pero tenían que salir al exterior, fuera de aquellas sabanas, lejos de aquellas paredes que los ocultaban de la cruda realidad…

En esos días se fueron acostumbrando, se fueron memorizando y tratando de aceptar que su madre había fallecido. Era difícil, pero no tenían opción.

Ese día, dos semanas después del fallecimiento, Tom desperto primero, Bill y Alice aun dormían, cosa extraña en realidad pero no impotante. Tom no desperto a Bill, lo mejor era que descansará un poco más.

Bajo las escaleras y se encaminó a la puerta de entrada, para ver quien era el causante de que se haya despertado, puesto que habían tocado el timbre.

—¿Georg? — lo miro dudoso, no lo veía desde el entierro.

—Hola, Tom. ¿Puedo pasar? — éste asintió y le cedio el paso.

Se sentaron en los sillones y Tom pregunto el motivo de su visita.

—Bueno, pues, aquel día en el hospital se te cayó esto — le mostró un sobre.

Lo observó unos segundos — No es mio — dijo con simpleza. Nunca había visto aquel sobre.

—Simone lo puso en tu chaqueta la vez que te abrazo antes de ser llevada por las enfermeras…

Tom frunció el ceño, dolía recordar aquel día pero la curiosidad estaba presente.

—¿En serio?

—Asi es.. Vi el momento en el que te lo guardo en el bolsillo — comento — y luego lo encontré debajo del asiento que ocupaste.

Le extendió el sobre y Tom no dudo en agarrarlo y abrirlo de una vez, reconociendo al instante la letra de su madre.

Comenzó a leer aquella carta.

»Mis niños..
Ultimamente estoy algo agotada, cansada en realidad. Pero quisiera poder escribir algunas cosas en esta hoja de papel…
Lo primero antes que nada es, que los quiero y mucho, sé que ustedes ya lo saben pero de todas formas lo quería expresar…
¿Saben? Aún recuerdo esos días en donde se pelaban por ocupar el asiento en la punta de la mesa, luego del divorcio con su padre. Ambos querían ocupar su lugar, querían ser los ‘hombres’ de la casa.
Incluso recuerdo que una vez se metieron al baño que compartía con él, y se pusieron a afeitarse la cara, ayudándose entre ustedes. Tuvieron varios pequeños cortes, y Bill se habia puesto a llorar más porque creía que yo los regañaría, que por los mismos cortes.
Me habían causado tanta gracia y ternura, claro, después de que por poco me diera un infarto viéndoles con varios ensangrentados ‘parches’, si es que asi se le podía llamar a la cinta adhesiva que usaron, sobre la cara.

Tengo tantos buenos recuerdos con ustedes y me siento feliz por ello.

Sé que las cosas a veces son difíciles, hemos pasado por mucho en esta vida, mi divorcio con Jorg, la llegada de Gordon, el que sería como un ‘padre’ para ustedes, luego su repentino fallecimiento… Las varias adversidades que tuvimos que pasar, ya sea por nuestra economía en aquellos tiempos, los problemas que tenían en el colegio o por el poco tiempo que teníamos para vernos y varias cosas más…

Hemos y han atravesado muchas cosas, algunas con más importancia y otras no tanto.
Pero simpre fue juntos, los tres y también, a veces solo ustedes dos. Lo importante fue; siempre contar con alguien, ver que no estaban solos frente al problema. Saber que podrían sostenerse de alguien cuando flaquearan… cuando sientieran que el mundo se estaba derrumbando bajo sus pies…
Y en realidad nunca estarán solos, yo estaré con ustedes, al igual que sus buenos amigos y ustedes siempre se tendrán el uno al otro.

Quisiera que sepan, aunque probablemente ya estén enterados que, los seres humanos a veces cometemos errores y yo no soy la excepción y sé que ustedes tampoco lo son, ni lo serán nunca. Justamente, por eso deberán saber reconocer sus errores y tratar de solucionarlo aceptando las consecuencias.
Nunca me vi en la obligación de exigirles o pedirles algo con tanta urgencia pero por esta vez lo haré:

Nunca se abandonen.

Por más enojados que a veces podrían estar con el otro.
Por más decepcionados o humillados que se puedan sentir por alguna acción del contrario.
No olviden que ustedes dos se tendrán siempre. Quierán o no seguirán siendo hermanos. Y les guste o no estarán conectados por mucho más que un lazo de sangre…
Y al final solo pueden confiar, en su totalidad, en el otro, en nadie más.

Dos personas contra el mundo.
Dos hermanos comprometidos a nunca fallarse el uno al otro.
No sé alejen, permanezcan unidos, en contra de lo que se avecine, son más fuertes juntos. En caso de que se enojen, lo primordial es que sepan perdonarse, olviden el orgullo, cualquier cosa tiene solución y cualquier cosa es más importante que éste.

Apoyense…
Para eso están los hermanos.

Por que fueron y son hermanos antes de ser amantes… «

Tom abrió en sobremanera los ojos, ¿acaso había leído bien?
Leyó una y otra vez las últimas palabras de la carta.

«Por que fueron y son hermanos antes de ser amantes «

¿Ella lo sabia? Pero ¿como?

—¿Estas bien, Tom?

El trenzado lo miro alarmado — Tú.. ¿Tú leíste la carta? ¿La leíste? — estaba desesperado, y ni siquiera podía saber que pensaba Georg.

El no lo había leído ¿cierto?

—Georg… responde — pidió, estaba totalmente alarmado y con mucho miedo.

¿Que haria si es que su amigo, por pura curiosidad, había leída el contenido de aquel sobre?

—Tom… Yo no leí la carta — por un segundo Tom pudo respirar tranquilo. Por un segundo…. — No hizo falta porque yo estuve ahí cuando esa carta fue redactada. Yo estuve ahí escuchando una por una las palabras escritas en ese papel, y de la propia boca de tu madre.

Los sueños se rompen…
Las promesas se incumplen…
¿Cuantas veces se iba a romper el mismo mundo?

Tom se sentó, completamente aturdido por la información ¿por que todo se estaba volviendo en su contra? Se sujeto la cabeza con ambas manos, estaba tan cansado, tan desesperado ¡Ya no aguantaba tanta presión! Ya no…

—Tom…

—¿Ella te lo dijo? — lo interrumpió — ¿te lo conto todo?

Georg negó con la cabeza, aun de pie frente a él — Ella no me dijo nada… Si te refieres a la última oración. Yo me entere por mi propia cuenta.

—Entonces ¿como lo sabes…? — se puso de pie nuevamente, era hora de dar la cara — ¿como lo supo ella?

—Ella no me dijo nada, porque fui yo quien se lo conto, Tom — el nombrado parecía bastante abatido.

Trago saliva.

—¿Que…?

—Lo que escuchaste — esta vez fue Georg quien pareció abatido, suspiro para luego continuar — los vi, no importa cómo pero los vi, a tí y a Bill besándose, toqueteandose… Siendo algo más que tan solo hermanos.

Georg se mordió el labio inferior.
Ni siquiera sabía de donde había sacado las fuerzas para revelarle aquello. Y ya se estaba arrepentiendo…

Tom parecía tan devastado, según su punto de vista, que no estaba para nada lejos de la realidad.

—Tom, mírame — pidió cansado de verlo con la cabeza agachada, mirando fijamente el piso. El trenzado obedeció, levanto la cabeza y enfoco su vista en él — Yo no estoy aquí para juzgarte ni a tí, ni a Bill. Yo solo vine a entregarte ese sobre, nada más.

—Pero ¿que opinas respecto a… a ‘esto’? Lo mio… con Bill — pregunto indeciso, no sabiendo si era buena idea preguntar aquello.

—Lo que yo opine, no importa — se levantó — Solo les deseo suerte y… — suspiro no sabiendo que más decir — ..y mucha suerte.

Le sonrió gentilmente y se encaminó a la puerta de entrada. Tom lo siguió.

—Adiós, Georg. — se despidió el trenzado creyendo que no recibirá alguna contestación.

—Adiós, amigo — pronunció.

Cuando Georg abandono el lugar Tom subió junto a Bill. Al ingresar lo vio sentado en la cama restregandose los ojos.

—Veo que ya despertaste…

Bill sonrió — Pues, ves bien — se burlo — Por cierto ¿Adonde habías ido? y ¿que es eso que tienes ahí, eh? — pregunto refiriendose al sobre entre sus manos.

—Ahmm, pues, es una carta…. de mamá.

—¿¡Que!? ¡Déjame ver! — intento quitarselo de las manos pero Tom fue más rápido.

—¡No! Primero bajaras a desayunar, yo me encargare de Alice y luego te lo doy para que lo leas ¿vale?

—Eso no es justo. Quiero leerla ya — exigió.

—Primero vas a desayunar, que ya pareces solo hueso y piel.

—Igual te parezco sexy — Bill puso su mejor sonrisa seductora, aun sobre la cama.

—Pues, creo que mi definición de «sexy» esta muy por los suelos, últimamente.

El menor lo fulminó con la mirada.

—Bien, iré a desayunar. Tú encárgate de Alice… — dijo de mala gana.

Tom rió y puso los ojos en blanco.

El menor se levantó, con el cabello alborotado y con una pinta para nada favorecedora, aun así, a Tom le pareció muy tierno, Bill parecia un niño malcriado, con la ropa toda arrugada y quejándose por tener que levantarse. El de rastas se adentró al baño y Tom se quedo unos segundos observando la puerta, sonrió y se dirigió al cuarto de su hija, ella ya estaba despierta, mordiendo un juguete de goma. Cuando vio a su papá, la niña sonrió y enseguida intento ponerse de pie en la cuna.

Tom se le acercó y la cargo, le daría un buen baño.

—¿¡Georg lo sabe!?

El trenzado se lo habia contado todo, después de que leyera el escrito.

—Ya te dije que si. Él se lo conto a mamá — Tom le acomodo la gorra a su hija, quien estaba sobre la alfombra jugando con algunos de sus juguetes.

—¡Mierda! ¡Esto… esto se fue directo a la mierda, Tom!

¡Miegda! — grito la niña, Tom cerro los ojos aguantando las ganas de reprocharle a Bill por lo dicho de su hija.

Respiro profundo.

—Eso dependerá del tiempo, Bill.

Fue lo único que pudo decir, porque era verdad, solo con el tiempo sabrían si Georg podría guardar el secreto.

Ellos no sabían que le deparaba el futuro.

Bill asintió.

Y para aligerar el ambiente, Tom decidió reprocharle el vocabulario de su hija.

Era una forma de pasar el tiempo, de reír, de estar bien.

Y que con el tiempo se fue volviendo costumbre…

Continúa…

Gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

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