Fic TOLL de Sira483

Capítulo 8

Los días fueron pasando y lo que en un principio parecía todo un reto, termino en algo común y corriente.
No es que Bill, de la noche a la mañana, se haya convertido en todo un profesional en el cuidado de Alice, las cosas llevaron tiempo y paciencia. Esto último más para el hermano mayor, ya que era Tom, el que siempre tenía que lidiar con las interrupciones y preguntas de Bill. Anteriormente, el chico solia entrar al despacho, con la niña en brazos, a preguntar varias cosas:

¿Que; si le podía dar un caramelo a Alice?

¿Que; si podían tener un perro?

¿Que; si Alice podía ver la televisión?

¿Que; cómo darle agua a la niña?

¿Que; si podían tener un perro?

¿Que; si le podía ayudar a bañarla?

¿Que; si podían tener un perro? (Si, Bill ha estado insistiendo bastante con lo de tener un perro)
Tom le contestaba a sus preguntas, al principio de buena manera al ver que Bill ponía empeño en el trabajo, luego comenzó a molestarle que cada una hora, literalmente, viniera nada más a preguntar o disque porque «Alice extraña a su papi» que comenzo a echarlo del despacho y siempre le gritaba que dejara de molestar tanto, a lo que Bill solo le respondía con un «vete a la mierda, maldito gruñón» y finalizando con el dedo del medio en alto.
Si bien Tom, no quería que Bill dijera groserías frente a Alice, lo dejaba pasar ya que también se había cansado de reprocharle eso, pero claro que Bill no siempre tenía tanta suerte y al final, se ganaba el sermón del día.
Bill en menos de cuatro semanas, se acostumbro al ritmo de su nuevo trabajo, lo hacia bien, podria ser mejor, pero lo hacia bien.

Por otro lado, Tom volvia a la rutina de su trabajo, corregir borradores de futuros libros, añadirles algunas ideas o mejoras, incluso volvió a concentrarse en el libro que ha estado escribiendo, desde hace más de un año y en el cual no ha avanzado mucho, por falta de ideas o de tiempo y a veces ambos.

Los días se volvieron una, monótona, rutina…

Pero entonces llegaba la noche para salvar las horas restantes de el día, cuando Alice ya se dormía y cuando Tom decidía que del trabajo ya tenía suficiente.

Cuando los gemelos se desocupaban, cada quien, se dirigía a su habitacion y se daba un buen baño. Normalmente, Bill terminaba primero y esperaba a Tom en el pasillo de la segunda planta, cuando éste salia ambos bajaban y pedían algo para cenar de algún restaurante con entrega a domicilio o a veces Tom salia a comprar alguna comida rápida. Pero siempre cenaban en la comodidad de la casa, ya sea viendo una película con la luces apagadas o, simplemente, charlando.
Todo estaba bien..
Excepto por un pequeño, minúsculo, detalle;

¡Se estaban volviendo locos!

¡Si, locos!

Porque solo un loco podría despertarse a altas horas de la noche, con una erección.

Y no, no es normal, ni suele pasar. Porque esa erección deja de ser normal, cuando es provocado por algún sueño húmedo, donde está involucrado tu propio hermano gemelo y no en un buen término, por así decirlo.
Y es que ambos, se estaban volviendo unos dementes.

Soñar que estas besando a tu hermano, esta mal, muy, demasiado, mal.
¿Pero desear hacerlo realidad? Eso, señoras y señores, es una catástrofe, el apocalipsis incluso.
Y Bill y Tom lo sabian..

Pensar, imaginar, soñar y fantasear, de forma, casi, involuntaria, con una persona, más que, prohibida.

Prohibido pero tentador…

Amargo pero dulce…

Lo correcto y lo insano.

Y poco a poco cada limite se estaba volviendo pequeño, hasta llegar a nulo.

&

Luego de un agotador día, Tom ya se terminaba de vestir, después de haberse duchado, se puso una sudadera amarilla con unos vaqueros holgados. Salio de su habitación y como siempre ahí estaba Bill, apoyado en la pared. Tom no pudo evitar fijarse en la vestimenta de su hermano, traía puesto un pantalón negro (muy) pegado, junto con unas botas negras, una remera también negra, sin mangas y un poco grande, tanto como para que se deslizara de su hombro, debajo de esta tenía otra remera sin mangas, blanca y que le quedaba ajustada. Traía algunos collares, y estaba maquillado, como de costumbre.

—Hola — saludo Tom — te ves bien.

—Hola y gracias — el chico río, levemente, y ambos se sonrieron.
Bajaron justo cuando el timbre sonó. Tom fue a abrir ya sabiendo de quien se trataba.

—Hola, Señora Matthieu

—Hola, Tom. Espero no llegar tarde. — la mujer de unos 50 y pico de años, sonrió cuando Tom la dejo pasar y ya adentro saludo al chico de rastas blancas y negras, que correspondió al saludo.

—Oh, no, tranquila. Llega justo a tiempo.

—¿A tiempo? ¿para que? — pregunto Bill no sabiendo el por qué de la presencia de la señora.

—Ella cuidara a Alice por esta noche. Y nosotros comeremos fuera.

—¿Que? Pero ella no sabe como cuidarla…

—Oh, tranquilo. La he cuidado antes, y tengo experiencia de sobra con mis hijos. — la mujer le sonrió, tranquilizadoramente.

Bill parecía no ha gusto con ello, pero al final Tom logro convencerlo. Y en menos de dos minutos ambos chicos se dirigieron hacia el garage de la casa, se metieron al auto y partieron hacia un restaurante.

—Te mato si me vuelven a confundir, como tu esposa. — Tom río ante la amenaza de Bill, y de una forma, un tanto retorcida, el trenzado esperaba que si lo confundieran como su mujer.

Al entrar al restaurante, no tuvieron problemas por que a todos los que se le acercaba Bill como saludo decía un «es mi hermano » y señalaba a Tom, quien solo ponía los ojos en blanco. Cuando una de las meseras los atendió, Bill ponía una voz gruesa e intentaba actuar lo menos femenino que podía, la orden fue dada aclarando más de una vez que Tom era su hermano, iniciando con un;
Para mi, que soy el hermano de él, quiero una ensalada miñon con carne ahumada. Y no sé que quiera él, mi hermano, que aunque tengamos estilos diferentes y casi no nós parecemos, lo es. Él es mi hermano, yo no puedo decidir por él, soy el »menor» y bueno… tampoco es que estemos muy conectados, ni por más hermanos gemelos que seamos. Él, como mi hermano mayor, por diez minutos, puede decidir y no creó que quiera lo mismo que yo, porque de pequeños siendo hermanos, casi nunca coincidíamos en nada…

Al final el de trenzas, si pidió lo mismo, luego del gran monólogo de su… Hermano.
La mesera se había retirado con la palabra hermano grabada en su mente, de eso Tom estaba más que seguro.

—Exageraste, aclarando que soy tu hermano — dijo Tom — Hasta creo que le has lavado el cerebro a la muchacha…

—Es mejor prevenir, que lamentar..

—Como digas — dijo el mayor negando con la cabeza y riendo por lo bajo.

&

La cena había transcurrido de forma normal, charlaron de todo un poco y cuando ya eran las 9:47 pm. decidieron que ya era hora de regresar a casa. Pagaron la cuenta y se retiraron.

—Tom…  — murmuró por lo bajo acercándose al de trenzas — Tom… 

— ¿Que? — pregunto muy concentrado al frente, porque de una cosa estaba seguro esa noche, que si miraba una vez más a su hermano remojarse los labios mientras hablaba, él se tiraba del auto o.. bueno lo más fácil, a por los labios de su gemelo, que además justo esa noche decidió volver a usar ese labial con el aroma a fresas.

—Sabes que yo te quiero mucho ¿verdad? — el mayor rodó los ojos, sin mirarlo — Tomi.. Paremos a comprar un bote de helado, conozco un autoservicio de camino a casa donde lo venden, Por favooor — gimoteo sonando suplicante para si mismo, pero para el receptor de sus palabras parecían de lo más.. sugerentes…  — ¡vamos!  Yo sé que tú también me quieres, aunque sea un poquito… Por favor, Tom..

El mayor suspiro derrotado y asintió con pesar.
En pleno camino a casa Bill comenzó a gritar un «aquí es, aquí es» varias veces al divisar el autoservicio a poca distancia.

Al entrar en el local y preguntar donde quedaban los helados, ambos chicos se dirigieron hacia la sección que el gerente les había indicado.

—¿Cual quieres?

—Si fuera por mi, los quiero todos, pero por hoy me conformo con el helado de vainilla — contesto Bill abriendo el frigorífico y pegándose la mano con la pared, al hacerlo — ¡Mierda! — atrajo su mano hacia su pecho, dando pequeños saltos de impotencia.

—¿Que paso? — Tom agarro la mano, que protegía y apretaba, para tratar de aliviar el dolor pero Bill lo volvió a jalar hacia si.

—¡No! Me duele…

—Bill, no seas un quejica, dejame ver tu mano — Tom le volvío a agarrar y esta vez el chico si lo dejo.

—Pero ten cuidado, eh. — Bill se mordió, ligeramente, el labio inferior.

El de trenzas observaba los nudillos rojizos y raspados de la mano de Bill, entonces se percató de lo suave que era al tacto y del peculiar aroma a almendras, seguro una de las tantas cremas de Bill, pensó Tom.

Por otro lado, el menor, no podia dejar de mirar el rostro de su hermano y todos los detalles de éste, principalmente, sus labios con el piercing adornando el inferior. De un momento a otro ya no sentía ningún dolor, tal vez fue por la forma tan hipnotizante en la que observaba a Tom o por el simple hecho de que éste le había besado, delicadamente, la mano, en los nudillos, para ser exactos.
Ambos no podían apartar la mirada de los ojos del otro y en ese instante todo alrededor de ambos se volvio borroso y tranquilo. Como si se hubiesen metido en una burbuja para aislarse de todo el mundo, pero sin siquiera haberse dado cuenta de ello…

— ¡Esto es un asalto! ¡Arriba las manos! — se escucho una ruda voz hacia la entrada del local y fue cuando la burbuja exploto. Bill abrió, completamente, los ojos, congelándose del miedo que comenzaba a dominar su cuerpo. Mientras que Tom, con un poco más de razonamiento, al percatarse de que estaban en una zona un tanto alejada de donde provino la voz, jalo a Bill de la mano que sostenía, metiéndolo al baño con él.
Enseguida guió a Bill al último cubículo y se metieron dentro de este. Ambos con la respiración acelerada.

—Shhh… — Tom intentaba callar al de rastas, ya que este comenzaba a decir su nombre de forma desesperada — Shhh.. Bill, guarda silencio..

—Tom.. Tom.. Nós van a matar ¿verdad? — prontos los ojos de Bill comenzaron a humedecerse — Tom… Tom.. No me quiero morir..

—Bill, nadie se va a morir, así que tranquilízate.. Bill, ya. Tranquilízate… Bill, Shhh — el chico comenzaba a llorar y se movía de forma casi involuntaria, como si quisiese echarse a correr.
De pronto se escucharon voces.

«¡Maldito imbécil, te dije que vaciaras la caja! »

» Y más les vale que ninguno quiera hacerse el héroe, por que será lo último que haga »

»Tú, ve a revisar los pasillos y el baño. Yo me encargo del dinero»

Mierda…

—Shh.. Bill, cállate ahora. Bill.. No, no te muevas, solo tranquilízate. Todo va estar bien — Tom escucho algunos pasos que se dirigían hacia el baño — mierda, Bill. Tranquilizate por lo que más quieras.

El menor estaba en pánico, jamas en su vida había lidiado con algo como eso, no sabia que hacer, ni como comportarse, solo tenía una cosa en la mente: escapar.
Y la única cosa que, por ende, quería hacer es salir corriendo del baño y luego del local.
Solo que no estaba pensando con claridad, los sujetos afuera del baño tenían armas muy bien cargadas, y no dudarían en usarlas.

—Tom, déjame salir, por favor — ahora Bill se ponía a forcejear con Tom.

—Bill, ya… Detente.. — Tom lo sujeto de la muñecas con una sola mano mientra que con la otra le tapaba la boca, justo a tiempo porque uno de los maleantes acababa de entrar en el baño.

Se podía escuchar como es que pateaba las puertas de los cubículos, en total habían 9 y ellos estaban en el final.

Mierda..

Tom intentaba sujetar más a Bill..

El de trenzas aprisiono al menor, aplastandolo con su cuerpo.

Bill logro liberarse..
Tom tubo que destaparle la boca y con ambas manos sujetarle de las muñecas..

Se escucho un disparo..
Bill iba a gritar.

El cielo pero a la vez, el mismisimo infierno…

Continúa…

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