«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 1. Enfrentar el pasado

—Dios, que cara traes.

—Hudec, no estoy de humor.

—Ya me di cuenta; cuando me llamas por mi apellido, significa que estás mal en serio —Andreas se inclinó hacia mí, depositando la carpeta de diseños propuestos para el siguiente número de la revista—. El jefe quiere hablar contigo.

— ¿Ahora? —Hice una mueca de molestia, cansancio y todo lo que traía encima.

—Ahora.

— ¿Sabes de qué? —pregunté cuando ambos salíamos por la puerta de cristal que separaba mi oficina del corredor principal.

—No en realidad. Ya sabes que no da explicaciones.

Asentí dando por terminada la conversación y entré al enorme despacho de Sebastian: mi jefe.

—Andreas me dijo que quieres hablar conmigo —pronuncié una vez estuve con los dos pies bien plantados en la alfombra de su oficina.

—Así es, Tom. Siéntate, por favor —Apuntó con su mano la silla giratoria que se encontraba en frente del escritorio.

Me senté dispuesto a escucharlo, cruzando una pierna sobre la otra, dejando mis antebrazos reposar ahí.

—Dime.

—Tom, sabes muy bien que las cosas con mi salud no mejoran… —Asentí un poco triste. Sebastian era casi como un padre para mí, no me gustaba la idea de que estuviera así— Y necesito dejar a alguien en mi cargo.

— ¿Tan mal es?

—Desgraciadamente sí. Los doctores me han dicho que me queda poco tiempo.

—Oh… —Suspiré débilmente; la noticia me había caído como un balde de agua fría— Sebastian…

—Tom, déjame terminar, por favor —Me quedé callado, mirándolo expectante—. Quiero que tú seas mi sucesor.

¿¡Quéeeeee!?

Abrí completamente mis ojos, mi boca, mis oídos, todo. Pasé saliva por mi garganta, sintiendo como mis manos comenzaban a sudar.

— ¿Yo? Pero, ¿por qué yo? —pregunté incrédulo.

—Sabes que no tengo hijos, ni familia cercana en la que pueda confiar para dejarlos a cargo de tan importante empresa —Suspiró—. Tú eres el único que estoy seguro, va a poder con el paquete.

—Pero, Sebastian…

—No puedes negarte. Ya hice mi testamento y ahí mismo lo estipulé, si te niegas, lo perderías todo, el trabajo que tienes, la fama, el dinero…

— ¿Hablas en serio?

—Vamos, Tom —Se acercó a mí, palmeando mi espalda. Yo miraba hacia enfrente, perdiendo mi vista en el jarrón de flores que tenía sobre un estante—. ¡Lo harás mejor que yo!

—Imposible.

—Confío en que así será. Además, también quiero dejarte todos mis bienes.

Me giré completamente hasta mirarlo estupefacto. ¿Por qué hacía esto? ¿Dejarme a MÍ todos sus bienes, su empresa, su dinero, todo?

Pestañeé repetidas veces, sin poderlo creer todavía. Me levanté del asiento y comencé a caminar, dando vueltas por la oficina.

— ¿Me quieres dejar todo?

—Sí, Tom. Quiero que seas mi heredero universal. Pero hay ciertas estipulaciones en el testamento para que puedas recibir todo cuando yo muera.

— ¿¡Por qué hablas así, Sebastian!? ¡Lo dices tan a la ligera! ¿No te das cuenta de tus palabras? —Seguí caminando frenéticamente, sin mirar hacia ningún lado en especial, sentía como mis ojos escocían, amenazando con dejar salir las malditas lágrimas una vez más.

Sebastian era mi jefe sí, pero no podía evitar sentir una inmensa tristeza al escuchar eso; nuestra relación era más que laboral, era familiar.

—Soy realista. No puedo esperar a estar agonizando para decírtelo todo —Su voz era suave, paciente.

¡No sé cómo coño se tomaba así las cosas!

Por primera vez después de tanto tiempo, sentía que le importaba a alguien, que alguien verdaderamente se preocupaba por mí. Él estaba dejando de lado su maldita enfermedad, el sufrimiento que llevaba por dentro, sólo para brindarme estabilidad, para regalarme un poquito de paciencia. Algo que ni mi propio padre se había atrevido a hacer.

— ¿Puedo…?  —Tallé mis trenzas, recién hechas— ¿Puedo pensarlo?

—Está bien, piénsalo —Sonrió tiernamente, como un padre lo hace con su hijo.

—Gracias —Sonreí apenas, tratando de mostrarme fuerte. Giré sobre mis talones, tomando con fuerza el pomo de la puerta, lo giré y salí de la oficina de mi padre postizo.

 

— ¿Entonces… era eso?

—Sí, Andy. Está en las últimas.

—No sé qué decir, Tom. Sebastian es como un padre para ti, seguro te dejó totalmente descolocado lo que te dijo.

—Demasiado. No sé que voy a hacer.

— ¿A qué te refieres?

Estábamos en mi casa, Sebastian nos había dejado salir temprano, argumentando que necesitábamos descansar y que ya habíamos hecho mucho por hoy.

Tomé la cajetilla de cigarros, sacando uno, al igual que el mechero de mi otro bolsillo. Lo prendí rápidamente, y lo llevé a mis labios, para luego darle una profunda calada; me relajaba.

—Me dijo que quiere dejarme todo a mí.

— ¿¡Qué coño!?

—Lo que escuchas. Dijo incluso que ya había hecho el testamento, y me había nombrado heredero universal.

— ¡Cielos, Tom! No me lo puedo creer —Andy  se llevó su mano derecha a la boca, un tanto sorprendido—. Obviamente le agradeciste, ¿no? ¿Aceptaste, cierto?

—Andreas…

— ¡Joder, no puedes ser tan orgulloso! ¿No ves que él quiere lo mejor para ti?

—No sé si podré con todo.

— ¿Y entonces quién?

—Alguien más preparado.

Andreas bufó, se inclinó hacia mí y negó con la cabeza. Me quitó el cigarro, dándole una calada y se sentó sobre el borde del balcón. Yo seguía parado, no me importó que me quitara el cigarro y tomé otro, repitiendo la historia.

—Tú eres el más preparado. ¿O se te ocurre alguien más?

Lo pensé por un momento y llegué a la conclusión de que Andy tenía razón. ¿¡Por qué coño siempre tiene la razón!? Asentí suspirando. No podía negar que yo era el más capacitado para ocupar ese puesto. Pero había algo dentro de mí que me decía que no aceptara, una corazonada o un presentimiento, algo muy dentro que gritaba que no lo hiciera.

—Es verdad, Andy. Hablaré con Sebastian.

Obviamente, había ignorado por completo esa corazonada. Sólo esperaba no arrepentirme después.

—Así se habla.

Nos sonreímos, y volvimos a jalar por nuestra boca el tabaco del interior del cigarro, relajándonos, en aquel balcón.

 

— ¿Y cuáles son las clausulas?

— ¿Eso quiere decir que aceptas?

—Sí, Sebastian, acepto.

Mi jefe rodeó el escritorio para llegar hasta mí y abrazarme fuertemente con sus grandes brazos.

—Sabía que lo harías, hijo.

Hijo. Esa palabra que mi padre tanto me había dicho y que ahora, estaba completamente enterrada para él.

Sonreí alegre al escucharla de su voz. Estimaba mucho a Sebastian y estaba contento porque sabía que él también me quería a mí.

Nos abrazamos por unos segundos más y luego me tomó de los hombros, sonriendo ampliamente.

—Me iré tranquilo sabiendo que tú te quedarás al frente de todo.

—Sólo aceptaré con una condición…

— ¿Cuál?

—Que ya no menciones el tiempo que te queda de vida, ni nada por el estilo.

Él asintió, volviéndome a abrazar, y correspondí de la misma manera.

—En lo que concierne a las clausulas, Thomas… —dijo separándose de mi cuerpo, para luego sentarse nuevamente en la silla giratoria detrás de su gran escritorio.

Estaba seguro de que era algo serio; Sebastian nunca me llamaba así. Siempre utilizaba Tom o hijo, algunas veces me decía pequeño.

—Claro, ¿qué pasa?

—Es sobre algunas cosas que decidí incluir en el testamento —Sacó un pequeño manojo de papeles, envuelto en un fólder y lo dejó suavemente sobre la mesa—, no quiero que te lleves una sorpresa cuando lo lean.

— ¿Alguna sorpresa?

—Es para asegurarme que vas a empeñarte en crecer, en hacer crecer la revista y sobrellevarlo todo.

—Pues dime, soy todo oído.

—Bien —Abrió el fólder y sacó una hoja—, no quiero hacerte tedioso esto, así que lo diré lo más rápido y entendible que pueda.

Asentí, mientras él se colocaba las gafas y carraspeaba un poco.

—Estoy seguro que no es nada malo, ¿o si?

Ignoró mis palabras y comenzó a explicarme las clausulas estipuladas.

—Primero que nada —Me miró por unos segundos y luego regresó su mirada a la hoja—, debes cambiarte el apellido.

— ¿Qué? —Lo miré estupefacto. ¿Por qué coño debía cambiarme el apellido?

—Tom, sé que tu apellido no es algo de lo que tengas que jactarte —dijo suevamente. Tenía razón. Años atrás, había deseado no ser de la familia Kaulitz, habría dado todo lo que tenía por no apellidarme así—, y por otro lado, quiero dejar al menos algo en este mundo.

—Sebastian, dijimos que…

—Sí, lo sé, no mencionar nada acerca de que me estoy muriendo…

— ¡Seb…!

—Ya quedó claro, Tom. ¿Puedo terminar? —Bufé, haciendo un leve movimiento con mi cabeza, dejando que terminara— Gracias —Acomodó su saco de Hugo Boss y prosiguió—. Lo que quiero decir, es que me encantaría adoptarte, que llevaras mi apellido y así nadie te verá por el hombro, nadie se atreverá a decir que no eres nadie para estar al frente de la revista —Volví a asentir, sin dejar de mirarlo expectante—. Mi padre me dejó todo esto, y cuando murió, me dijo que así lo hiciera yo, quería que la revista mantuviera un presidente de la familia.

—Pero, yo no soy de la familia —lo interrumpí, casi como acto reflejo.

—Es como si lo fueras. Por eso mismo quiero que lleves mi apellido. Sé que lo harás mejor que yo, sé que la revista queda en excelentes manos.

Sebastian era un gran hombre, sin dudas. Día a día me sorprendía con sus increíbles actos de cariño y amabilidad.

—Bien —Rasqué mi cabeza, un tanto nervioso—. ¿Alguna otra cosa?

—Claro. La segunda cosa que quiero que hagas, es que dejes ese departamento en el que vives y vayas a vivir a la mansión.

¡Jodeeeer! ¿¡A la mansión!?

—No creo que haya problema…

— ¡Perfecto! Vamos avanzando —Sonrió felizmente, se le notaba en la mirada—. También quiero que te vayas por unos meses a Europa. Alemania, para ser más exactos.

Me quedé callado, como de piedra. Abrí mi boca para pronunciar algo, pero me arrepentí y preferí callar.

Regresar a Alemania me aterraba; allá había vivido todo ese maldito infierno y ahora ¿tendría que volver?

—Yo…

—Entiendo que es algo duro para ti, pero justo por eso es que quiero que lo hagas.

—No puedo —terminé la única frase que había podido salir de mis labios.

—Tienes tiempo para pensarlo, no mucho, es obvio —Soltó una pequeña risita, bromeando nuevamente sobre su enfermedad—, pero creo que harás lo correcto.

—No entiendes.

—Seguro que no, pero no siempre podemos huir de nuestro pasado.

¡Demonios! ¿Por qué carajos todo el mundo me decía eso? ¿Acaso se habían puesto de acuerdo para hacerme recordar todo lo que me había costado tanto enterrar y encadenar muy, muy abajo, en lo profundo de mi ser?

—No eres el primero que me lo dice…

—Entonces tengo razón, ¿no?

—Es probable. ¿Podemos seguir con las demás clausulas?

—Hay una herencia que quiero dejarte, un fideicomiso, por así decirlo, para asegurar tu futuro. Pero, nada en esta vida es fácil, ¿o sí? Antes de recibirlo tienes que cumplir algo…

—No me gusta eso, ¿qué tramas?

—Lo sabrás después —Sonrió ampliamente—. No te voy a decir todo, Tom.

Bufé nuevamente, rascando mi cabeza. Estaba comenzando a enfadarme tanto misterio.

—Si así lo quieres, bien.

—Por último, tienes que prometerme. Eso claro, no es una clausula del testamento.

—Menos mal.

—Tienes que prometerme que tendrás hijos.

Reí brevemente, pero al notar su seriedad, cerré completamente la boca, bajando un poco mi cabeza.

— ¿Hijos?

—Esta empresa tiene que quedar con un presidente después de ti. Eres joven sí, pero la juventud no es eterna, Tom.

—Lo sé —Lo miré nuevamente, con los labios fruncidos. En realidad nunca había pensado en tener hijos, en casarme y formar una familia, en enamorarme… Otra vez.

—Eso tampoco lo tienes que prometer ahorita, puedes pensarlo.

—Gracias, pa… —dejé la palabra en el aire, esperando que el resto saliera de mi boca, pero no pude. Carraspeé un poco, aclarándome la garganta— Gracias, Sebastian.

Salí de la oficina con una sonrisa que no pude clasificar bien de qué era, pero al fin y al cabo, era una sonrisa.

— ¿Cómo te fue?

—Andreas, ¿nunca dejas de hablar?

— ¡Ay! Que humorcito…

Solté una leve risa, sin dejar mi camino hacia la sala de diseños del lugar, seguido de mi mejor amigo. ¿Se notaba que la pasaba el día pegado a mí?

—Me fue bien —contesté con desdén. No quería darle detalles de la conversación.

— ¿Bien? ¿Nada más…, bien?

—Vale, ¡me fue estupendo!

—Tom, no te hagas el chistoso.

—Lo siento —Volví a reír ante la mirada amenazante de Andy.

— ¿Hablaron del testamento? ¿Te pidió algo como quitarte las trenzas y hacerte un corte de cabello formal? No, no… Tal vez, ¿casarte con alguna princesa de España para conservar el linaje? ¡Ya sé! ¿Quiere que te quedes como un amargado, sin esposa e hijos, ni siquiera un perro con el que compartir la fortuna que pronto tendrás?

—A veces me pregunto… ¿Cómo coño le haces para sacar tantas idioteces?

—Sólo decía… ¡Anda, Tom! ¿De qué hablaron?

—No seas impaciente. Pronto lo sabrás.

Y dicho esto, me adentré en la sala, dejando a un Andreas totalmente atónito. Se notaba a leguas que se moría por conocer santo y seña de todas las condiciones del testamento.

Entré en la sala, Andy se quedó afuera, la puerta se le cerró casi en las narices y sólo pude escuchar sus pasos alejándose. Me gustaba dejarlo con la duda.

La sala estaba completamente sola. Cosa que yo había ordenado; me gustaba preparar y montar algunos diseños sólo, sin que nadie estuviera viéndome o diciéndome lo que tenía que hacer. Sebastian había estado de acuerdo, y al ser editor en jefe, tenía toda la libertad de estar en esa sala sin que nada ni nadie me molestara. Es por eso que Andreas había dado media vuelta, en vez de entrar. Nadie podía entrar. Nadie.

Saqué algunos bocetos antiguos de los cajones, bocetos que yo mismo había hecho, pero no me habían agradado del todo. Los miré, tratando de encontrar alguna fuente de inspiración para crear otros, pero no había nada, nada que me inspirara en ese momento.

Suspiré, botando los bocetos a un lado y prendí la música, las bocinas comenzaron a hacer ruido, dejando escapar diversos acordes y notas que me encantaban. Me senté en el marco del gran ventanal, era una vista hermosa. Se podían ver muchas de las calles de Nueva York, los coches, las personas corriendo, algunas otras peleando, besándose…

Y fue cuando lo volví a recordar.

— ¿Por qué no te inspiras en mí?

— ¿En ti?

—Sí, en mí. Tal vez así salga algo.

— ¿Crees que funcione, Bill?

— ¿Por qué no? Solo inténtalo.

—De acuerdo.

Cerré mis ojos, dejándome llevar, recordando esa vez, tratando de encontrar inspiración en algún lugar.

Bill se recostó sobre la cama, con el cabello revuelto cayendo por sus hombros, la playera un tanto levantada, dejando ver ese hermoso tatuaje de estrella que se había hecho hace algún tiempo. Mamá no se lo había visto. Era una pena que sólo yo pudiera observar tan divina figura. Corrijo: una bendición para mí.

— ¿Así está bien? —preguntó sonriendo tímidamente, algo muy inusual en él. Siempre solía ser tan provocativo, tan sexy…

—Supongo —Sonreí algo nervioso, deseando lamer esa estrella adherida a su piel, delinear cada punta con mi lengua, como lo había hecho muchas, muchas veces.

Y entonces, comencé a dibujar, dejando que mi mente viajara, y que mis manos hicieran lo suyo con tan sólo recibir órdenes de mi cerebro.

— ¿Qué tal vas?

—Ya verás.

Seguí dibujando, plasmando su hermoso y perfecto rostro en aquel papel, detallando cada parte de su cuerpo, ese flequillo que caía en su frente, sus pequeñas luces en el cabello que lo hacían diferente, esos labios tan carnosos que muchas veces había besado…

Abrí mis ojos de golpe, buscando con desesperación mi equipo de trabajo entre los cajones. Saqué un boceto que había hecho meses atrás y comencé a dibujar encima, dejando que mis manos actuaran conforme a lo que mis pensamientos querían. Era increíble cómo con tan poquito, puedes lograr grandes cosas.

Dejé el boceto terminado sobre el escritorio, a un lado del portátil. Me senté rápidamente e inicié a editar el próximo número de la revista, definitivamente tenía que ser ése.

Irremediablemente, mi pasado estaba a punto de alcanzarme, lo sabía. Pero como había dicho Andy e incluso Sebastian, tal vez sea lo mejor, tal vez sea algo que necesito hacer: Enfrentar el pasado.

Continúa…

 *Importante: El Andreas que yo me imagino para estar historia no es el Andreas que conocen como mejor amigo de los Kaulitz, yo me lo imagino como el «Andreas Hudec» de Cinema Bizarre: Strify, para ser más exactos. Pero ustedes pueden imaginárselo como mejor les parezca.

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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