«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 10. No quiero lastimarte
Era un día muy estresante en la empresa. Sebastian había formado una gran junta con todos los empleados de Noise, y nos había informado que se retiraría definitivamente, dejando así a Tom en su cargo.
Debo de aceptar que mi hermano se veía increíblemente bien en la silla del presidente de tan famosa revista, era todo un ícono ahora. Incluso, varias televisoras, y periódicos como el New York Times, habían llegado rápidamente a la empresa para hacer entrevistas exclusivas, apenas se supo la gran noticia. Los reporteros se peleaban por ser los primeros en entrevistar a Tom, y por supuesto este se pavoneaba por todo el lugar, haciéndose el importante, tratando de elegir al adecuado.
¿Qué tanto tenía que pensar? Era obvio que el New York Times tendría que ir primero, ¿no?
Aceptó a todos y cada uno de los reporteros de distintas televisoras y periódicos, dando demasiadas entrevistas, inclusive para mi gusto.
— ¿Sabes qué se me hace muy extraño? —preguntó Cameron a mi lado, cruzándose de brazos, mientras ambos mirábamos a Tom, el cual posaba alegremente en las fotos junto con Andreas y Sebastian.
— ¿Qué? —cuestioné con desdén, mirándolo de reojo, sin prestarle mucha atención; tenía algo mejor que ver.
—Que tu hermano no te invite a formar parte de tan importante acontecimiento —Soltó una pequeña risita, seguida de un leve codazo.
—No seas imbécil, Cam —contesté, chasqueando la lengua—. Es su vida, y aunque yo sea su hermano, no tiene por qué meterme en sus asuntos personales, ¿no lo crees?
—Digo, se está tomando fotos hasta con Andreas a su lado… —dijo cantarín.
— ¿Y? Andreas es también como su hermano, han pasado mucho tiempo juntos desde los nueve años, quiero decir, nunca se separan, es normal —dije, más para convencerme a mí mismo, que para darle explicaciones a Cameron.
—Y… ¿Ni siquiera le pedirás una explicación de por qué Andreas irá a vivir con él a la mansión, y tú no?
Me quedé boquiabierto, totalmente en blanco.
¿¡Qué coño!? ¿Cómo que se iría a vivir a la mansión ese zorrillo impertinente? ¡Joder!
Traté de no verme tan obvio, como si no me importara, y reí brevemente, ladeando mi cabeza.
—No me importa. Vuelvo a repetir: Es, su, vida —dije, separando largamente cada una de las palabras, dejándole en claro que estaba al margen de lo que Tom decidiera.
— ¿No estás celoso, Kaulitz? —interrogó, enarcando ligeramente una ceja, justo cuando dirigí mi mirada hacia él.
— ¡Qué va! —Reí ante la tontería que acababa de decir, y relamí lentamente mis labios, ahora sin despegar mi mirada de Thomas.
—Eres increíble, Bill —Cameron volvió a reír, y se plantó delante de mí, haciendo que lo mirara a los ojos, obstaculizando mi vista de un lugar en específico de Tomy.
—Cam… —Traté de apartarlo, pero él ni se movió, y posó sus brazos en mis hombros, nada disimuladamente— ¿Qué…?
— ¿Estarás libre esta noche? —Alzó nuevamente una ceja, y se acercó ligeros milímetros a mis labios, casi susurrando.
— ¿Qué planeas? —Sonreí, y decidí propinarle un pequeño empujón con mi cadera, directo a su entrepierna, él mordió su labio por el acto.
—Lo que quieras, Bill —respondió con un tono excitante. Realmente me gustaba este hombre.
Reí bajito, y me despegué completamente de él, dejándolo un poco ansioso.
—Por la noche en mi hotel, ¿quieres? La pasaremos bien —invité, guiñándole un ojo, y me dirigí hacia mi hermano, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Con que irás a vivirte a la mansión… —comencé, chocando uno de mis codos contra su brazo izquierdo. Ambos sonreíamos falsamente hacia las escasas cámaras que todavía quedaban— Y lo mejor de todo: ¡Con Andreas! —exclamé sarcásticamente, sin dejar de fingir la enorme sonrisa que pintaba en mi rostro.
—Oh, claro, seguro te fue con el chisme tu noviecito, ¿no? —preguntó con un dejo de molestia en la voz.
— ¿Noviecito? Nah, Tomy, yo no tengo novios —Sonreí para mis adentros, pegándome un poco más hacia él— Pero ese no es el punto…
—Entonces, supongo que el punto es… —dejó la frase en el aire para que yo terminara.
—Que sigo teniendo una duda que me mata de curiosidad, hermanito —finalicé, viéndolo por el rabillo del ojo—. Ahora que vivan juntos… ¿Sí te lo follarás? —Tom comenzó a toser estruendosamente, y yo no pude contener la risa floja. Le di unos leves golpecitos en la espalda, y lo jalé del antebrazo, hacia su oficina— Lo siento… Mi hermano no se siente bien —me disculpé con los fotógrafos y reporteros, y cerré finalmente la puerta.
—Bill… —Tosió por última vez, y se aclaró la garganta— ¿¡Por qué carajo haces esas preguntas enfrente de todos, joder!?
—Oh, vamos, no me digas que crees que alguien pudo escuchar —Volví a reír, cruzándome de brazos, y me acerqué a paso lento hasta su posición—. ¿Vas a contestar mi pregunta?
— ¿Quieres dejar de preguntar estupideces? —Se inclinó hacia atrás, dejando descansar parte de sus piernas y trasero en el borde del escritorio, poniendo su mano derecha sobre su pecho, tratando de calmarse.
—Es que… La verdad no te imagino con Andreas en la cama, es decir… Son tan maricas los dos que no me imagino quién podría ser el activo —Negué levemente, mirándolo con el ceño fruncido.
—Idiota —masculló, y arregló la tan elegante corbata que llevaba puesta.
—Por cierto, me debes algo… —recordé la noche anterior, inclinándome hacia su figura, rozando mis labios con los de él.
— ¿Cuándo dejarás de arrastrarte, Bill? —cuestionó, riendo, y le seguí el juego, riendo bajito junto con él, apretando sus piernas con mis manos.
—Cuando contestes mi pregunta, y… Aceptes que sigues loquito por mí.
—Bien —Asintió, sonriendo ampliamente—, no, no me acostaré con Andreas, él es como mi hermano, él es…
—Jajajajajaja —solté una risotada, agarrándome fuertemente el estómago, doblándome en el acto— Como si eso te lo impidiera —contesté—, creo que no eres exactamente el indicado para decir eso, Tomy.
Bufó exasperado, y se sentó completamente encima del escritorio, mirándome retador.
— ¿Qué quieres que te diga exactamente, Bill? ¿Por qué tanto interés en Andreas y yo? ¿Acaso estás celoso? Porque a como te dejé ayer… Diría que te mueres por estar nuevamente en mi cama, y como ahora Andy vivirá conmigo… Pues creo que él tiene muchas más posibilidades que tú, ¿no? ¿Es eso lo que tanto te molesta? —preguntó divertido, cruzando sus brazos en el acto.
Se le notaba tan seguro, sus palabras era certeras y sabían justamente en qué parte dar.
Maldito.
—No, no me molesta —mentí, y puse mis manos encima de sus piernas, para abrirlas un poco después. Me situé entre ellas, y él me jaló de la cadera con las mismas, enredándolas en mi cintura, apretándome ligeramente el trasero con sus pantorrillas.
—Mientes… —susurró cantarín, y se inclinó más hacia atrás, casi acostándose en el escritorio, apoyándose sobre sus brazos flexionados.
— ¿Estás seguro? —Sonreí, al mismo tiempo que relamía mis labios, y lo miraba con ojos seductores.
—Completamente —respondió, mirándome de la misma forma—. ¿Sabes qué pienso, Billy? —Arqueó una ceja, moviendo su cabeza hacia el otro lado, como inspeccionándome— Que eres tú —Hizo énfasis en esa palabra— el que está loco por mí. Si no, ¿cómo te explicarías que ayer estabas ofreciéndome el culo como una perra en potencia? —Siguió riendo, y se enderezó completamente en su lugar, apretándome más entre sus piernas.
Abrí mi boca en todo su esplendor, y le di una estruendosa cachetada en parte del labio y su mejilla.
¿¡Qué se creía este jodido maricón!?
— ¡Eres un imbécil! —le grité, y traté de zafarme de su agarre, pero no pude. Él mantenía sus piernas enredadas a mi cintura, apegándome más hacia su cuerpo. Se talló suavemente la zona afectada y me miró con los ojos enchinados, pero divertidos.
— ¿Es raro como los papeles cambian repentinamente, no? Antes era yo el que me arrastraba, y mírate Bill, ahora eres tú el que se vende por un poco de atención. Que bajo has caído, hermanito —Se rió en mi cara.
¡El muy estúpido se estaba descojonando en mis narices, y yo no hacía nada! O más bien… No podía hacer nada; él era el presidente de la revista, mi mayor jefe, y yo no podía perder el trabajo de modelo, era algo fundamental para mi carrera.
¡Joder!
—No cantes victoria —Fue lo único que pude decir en ese momento—; dicen que el que ríe al último, ríe mejor, Tomy…
—Sí lo sé, pero déjame recordarte que tú ya reíste una vez, Bill —Ensanchó su sonrisa, librándome finalmente del agarre que tenía en sus piernas, y por primera vez en mi vida, quise que no fuera así. Quise que se quedara aferrándome a su cuerpo, quise que no se despegara ni un centímetro de mi figura.
¿Cuándo se supone que habían cambiado los papeles en el juego?
—Eso ya lo veremos—Lo fulminé con la mirada, y acomodé mi camisa, echando mi cabello rubio hacia atrás.
Salí echando chispas de la oficina de mi hermano, y me dirigí apresuradamente hasta donde se supone que debería de estar: La sala de modelos.
Suspiré, mientras me quitaba la ropa y los accesorios de la sesión de fotos. El trabajo había estado relativamente pesado, tenía que hacer diferentes poses en diferentes escenarios, y todo muy rápido, ya que no teníamos el tiempo suficiente por todos los altercados que habían sucedido recientemente. Estábamos a escasos días de tener que presentar los diseños, para que Tom los aprobara, y así ponerse a trabajar con los artículos en cuestión.
Anteriormente pensaba que sacar una revista cada quince días era pan comido, pero ahora, no estoy tan seguro.
Terminé de desvestirme, y me puse mi ropa y accesorios ordinarios, arreglé mi cabello, y me miré pocos segundos al espejo, para después salir a la sala, en donde se encontraban todos alistándose para irse a sus respectivas casas.
Divisé a Cameron mientras se acercaba con paso apresurado. Traté de ignorarlo, pero se plantó delante de mí, mirándome con sus ojos brillantes.
—Entonces… ¿esta noche? ¿Me esperas en tu departamento? —Sonrió ampliamente, acariciando el borde del cuello de mi camisa.
—No tengo muchos ánimos, Cam —contesté sinceramente, frunciendo ligeramente mis labios—. Estoy algo cansado.
—Vamos, Bill, será divertido —me persuadió, acercando su rostro hacia el mío.
—Vale, te espero como en dos horas —Y dicho eso, retiré sus brazos de mi cuello, y me dispuse a salir de la empresa.
—Bill… —Escuché a mis espaldas, y cuando me giré vi a alguien que no me imaginaba.
—Hola, Sebastian —saludé, sonriendo tímidamente—. ¿Pasa algo?
—Quisiera platicar contigo, si no te importa —Apuntó con su mano extendida hacia su oficina, y suspiré internamente. Quería irme a descansar, no platicar con él.
—Claro —Asentí, formando una mueca de fastidio mental, y me dirigí detrás de él hasta su oficina.
—Tengo entendido que también estuviste con Simone cuando… Bueno, sucedió —comentó, con tacto, tratando de no sonar demasiado frío.
—Así es, estuve con Tom y con ella. Creo que sí sabes que somos hermanos, ¿no es cierto?
—Sí, Bill, lo sé —Asintió, inclinándose en el respaldo de su cómoda silla giratoria—. Es por eso precisamente que me atrevo a pedirte un gran favor —mencionó, mirándome directamente a los ojos.
¿Qué me podría pedir?
A veces notaba que Sebastian se preocupaba demasiado por Tom. ¿Por qué sería? Ni siquiera Jörg se había preocupado tanto como él. ¿Sería posible…?
Sacudí mi cabeza, quitando las extrañas ideas que comenzaba a formular. No podría ser. ¡Claro que no! Pensar que Sebastian podría ser el padre de Tomy era… Completamente absurdo, ¿no?
—Lo que quieras —aseguré, cruzando una de mis piernas sobre la otra.
—Estoy también enterado de que entre ustedes hubo algo —soltó, con la cara seria, no se encontraba molesto ni mucho menos, sólo serio.
Me puse completamente nervioso, sentí como si una corriente de aire helado me calcinara la piel, y apenas asentí, encogiéndome un poco. Sebastian es de esos hombres que imponen mucho, que te hacen sentir la autoridad digna de un padre.
—Nosotros…
—No hace falta que me des explicaciones. No se las pedí en su momento a Tom, y ahora no pienso hacerlo contigo. Solamente quisiera aclarar un par de cosas —sinceró, sacando una gran cantidad de papeles de debajo de su amplio escritorio. Me limité a observarlo, sin decir alguna palabra— Primero que nada, existe un testamento, que será leído el día que yo muera, como ya lo sabes, tengo una enfermedad que me deteriora día con día, pero bueno, eso es agua de otro vaso —Rió brevemente, haciendo que yo esbozara una escasa sonrisa, por cortesía más que nada—. Como decía, en dicho testamento estarán estipuladas ciertas clausulas que Tom deberá cumplir para poder recibir mi herencia, y demás cosas, como seguir siendo el presidente, y dueño de todo lo que a mis bienes concierne.
Joder, mi medio hermano sí que tenía suerte.
—Entiendo, Sebastian. Pero… ¿en dónde entro yo? —interrogué con la curiosidad latente.
—Ahí es a donde voy —contestó, tomando una hoja tamaño oficio, y me la extendió—. Quisiera que leyeras detenidamente esto, Bill. Es de suma importancia, ¿de acuerdo? Al final de la hoja, puedes firmar si es que estás de acuerdo con lo que ahí se estipula, es una de las clausulas del testamento.
— ¿Yo? ¿En tu testamento?
—Así es. Es muy pronto para que lo entiendas, y te pido extrema discreción con esto, por favor —pidió, guardando los demás papeles de donde los había sacado—. Mañana por la mañana te mandaré llamar, para ver esto, ¿si? Puedes irte ya.
Me quedé perplejo; me había soltado la información así como así, y de verdad no entendía una pizca de lo que me quería decir.
—Claro, y… ¿El favor que querías pedirme?
—Cierto —recordó, y me miró de una manera diferente, incluso tierna—. Quisiera que te mantuvieras cerca de Thomas. Sé que tu presencia lo incomoda un poco, pero eres su hermano Bill, y… Me encantaría que tuviera algún familiar en el cual apoyarse, ¿me explico? Sé también que han pasado por cosas muy duras, pero… Son hermanos, y estaría gustoso de que mantuvieran ese lazo.
— ¿Quieres decir que…?
—Sí, que sean eso, hermanos —enfatizó la palabra hermano, para dejarme en claro dicho término—. Sabes a lo que me refiero, ¿no es así?
—Sebastian, entre Tom y yo no existe otra relación que no sea fraternal, o del trabajo, te lo aseguro.
—No me asegures nada Bill, sólo quiero que me hagas el favor de mantenerte al margen en lo que a su relación amorosa se refiere.
—Pero…
—Tú y yo sabemos perfectamente que Tom siente amor por ti, ¿o me equivoco? —Negué— Y sabemos igualmente que tú no sientes lo mismo hacia él, ¿o me equivoco? —Volví a negar— Bien, dejando en claro eso, creo que tendremos en claro de igual manera el hecho de que por ningún motivo quiero que ustedes dos vuelvan a ser lo que eran, ¿me hago entender? —Asentí— ¡Excelente! —Sonrió gustoso, y asintió muy animado, más de lo que estaba anteriormente.
—Entonces mañana tendrás el papel firmado —aseguré, levantándome de mi lugar mientras guardaba el papel tamaño oficio en mi bolso, y caminé hasta la ancha puerta, girando el pomo.
—Bill —Volteé a verlo, con una ceja ligeramente enarcada—, no lo olvides.
Sonreí escasamente, y terminé por abrir la puerta, para luego salir por ella, y volver a cerrarla.
Estaba realmente confundido.
¿Por qué tanto interés en que me alejara de Tomy en lo que al ámbito amoroso y sexual concernía? Bueno, no había nombrado el ámbito sexual, pero estoy casi seguro de que no le agradaría que me follara a su hijo adoptivo, ¿no?
Aunque… No lo había mencionado, no sería como romper alguna de sus reglas, o como no hacerle el favor que me había pedido, ¿verdad?
Por un lado, me sentía obligado a cumplir con lo que Sebastian me había pedido, pero por otro lado, estaba inconforme con esa decisión. Tomy había sido y siempre será mi debilidad, figurativamente hablando. Siempre sería como ese fruto prohibido para Adán y Eva. Porque así era en realidad, era un fruto prohibido para mí, pero justamente como Eva y Adán, había caído en la tentación. ¿Podría volver a caer en eso? Pero la pregunta no era esa exactamente, la pregunta era… ¿Podría volver a caer él?
Durante estos días, había mostrado debilidad contra él, había dejado que me manejara a su antojo, había dejado que se riera de mí en mi propia cara. ¿Por qué? No lo sé. Pero por nada del mundo dejaría que eso volviese a pasar. ¿Yo estar sumiso hacia él? ¡Nunca! Él era el que siempre se había arrastrado, el que me buscaba, el que decía las palabras de amor primero, el que había sufrido a causa mía, nunca al revés, y así se tenía que quedar, no podía dejar que me manejara y que hiciera conmigo lo que él quisiera como yo lo había hecho en un pasado.
Las cosas habían cambiado, sí, pero a pesar de eso, a pesar de que estábamos más grandes, más maduros quizá, las cosas no iban a dar un giro tan radical.
Pero… Podía cambiar de táctica. Cierto.
Podría… Enamorarlo otra vez. Podría hacerle creer que el enamorado era yo, que los roles habían cambiado, y así él volvería a caer, ¿no? Pensaría que en realidad podría existir algo serio entre nosotros, y… Lograría mi objetivo.
Sonreí, imaginándome la escena.
Definitivamente la satisfacción de hace años no sería nada comparada con la que estaba a punto de experimentar.
Ahora sólo me faltaba leer el dichoso papelito que tendría que firmar después. Me pregunto… ¿De qué tratará? ¿Será algo realmente importante? Solamente esperaba que Sebastian no estipulara algo que ni yo, ni mi medio hermano pudiéramos cumplir.
Por Tom.
— ¡Joder, Tom! Todavía no puedo creer que estemos aquí, ¡es asombrosa! —Andreas miraba la mansión con los ojos sumamente abiertos, y las palmas de sus manos pegadas a su cabeza.
—Lo sé, creo que es mucho más grande de lo que recordaba —Reímos un poco, y volteamos a ver a Sebastian, quien se encontraba al pie de las grandes escaleras de mármol que conectaban ambas plantas de la enorme casa.
— ¿Y? ¿Qué esperan? ¡Suban! —nos exigió, apuntando con su mano extendida hacia arriba.
Mi amigo y yo no necesitamos pensarlo más, y subimos corriendo las escaleras como dos caballos desbocados. Llegamos a lo que pensamos era un amplio pasillo, decorado con cuadros de todos tipos, iban desde el estilo de la época medieval, hasta la época moderna, eran realmente bonitos. Los observamos por unos segundos, con la boca completamente abierta, y luego nos miramos entre nosotros.
— ¿Dónde crees que estén las habitaciones? —le pregunté, volteando hacia otro pasillo que daba a la derecha, y luego hacia otro que iba a la izquierda. Andy alzó sus hombros en señal de confusión, y miré detenidamente las dos direcciones— Podemos investigar.
Avancé, con Andreas casi pisándome los talones, hasta encontrarme con una amplia puerta. Habíamos tomado la dirección de la derecha.
— ¿Entramos? —preguntó Andy un poco dubitativo. Asentí mirándolo sonriente, y giré lentamente el pomo de la puerta, para después adentrarnos juntos en tan amplia habitación— Oh, Tom —jadeó ligeramente—. ¡Es hermosa! —Exclamó, echándose de boca hacia la cama— ¿Puedo quedarme yo aquí? —Rió un poco, y me miró expectante.
La habitación era muy amplia, tenía una cama tamaño King, y unas cortinas hermosas color blanco con azul adornaban las extensas ventanas, las cuales tenían vista al patio trasero, donde se encontraba una alberca de tamaño del mundo, y unas hermosas fuentes con flores coloridas a los alrededores. Era verdaderamente preciosa. Estaba también adornada de algunos pósters de grupos famosos, y en otra pared, se encontraban plasmados algunos cuadros con figuras raras, pero bonitas, eran bastante abstractas. Tenía una pequeña salita con una portátil descansando en uno de los sillones, y estaba alfombrada, era un sueño.
—Claro, Andy —Sonreí, y me senté a su lado, mirándolo con los ojos llenos de ternura.
Si así era esa recámara, ¿cómo sería la mía? Tenía entendido que era la contigua a esa, una un poco más espaciosa. Lo sabía porque Sebastian me había comentado que al entrar a mi cuarto me encontraría con un instrumento musical que en particular me encantaba. Y como esta recámara no contenía dicho instrumento, estaba seguro de que no era la mía.
Andreas me daba mucha ternura, hacía que mis sentidos de amor y protección se activaran rápidamente cuando me miraba como lo estaba haciendo en ese preciso momento.
— ¡Gracias, hermano! —agradeció, y me abrazó por la espalda, mientras se incorporaba, apoyando su cabeza sobre mi hombro derecho.
—No agradezcas —pedí, y acaricié suavemente parte de sus antebrazos.
—Es genial estar aquí, ¿no lo crees? La verdad jamás pensé que esto llegara a suceder, Tom. Es como tan surreal…
—Lo sé —confesé suspirando, dejándome caer hacia atrás. Él se apartó un poco, dejando que mi cabeza reposara en sus piernas cruzadas—. Es más de lo que puedo pedir —Sonreí ampliamente y él comenzó a acariciar mi cabello y parte de la frente.
—Tom… No quisiera sacar el tema justo ahora, pero… ¿Qué pasará cuando Sebastian ya no esté aquí? Sabes lo que quiero decir.
Me quedé pensando un rato. ¿Qué pasaría?
—La verdad… No sé, Andy —Suspiré y comencé a mover mis manos, una contra la otra—. Sé que es algo que tarde o temprano pasará, pero preferiría no pensar en eso.
—Yo lo sé, pero… Tienes que hacerlo —Suspiró sin dejar de acariciar mi cabellera trenzada—. Sabes que a partir de hoy nuestra vida va a cambiar, y yo estoy muy agradecido con él.
—Yo también —Sonreí apenas, y miré alrededor de la habitación—. Es mi padre.
—Hablando de eso… ¿Qué piensas al respecto?
—Creo que tampoco es algo que me tenga pensando.
— ¿Entonces no has pensado que tal vez podría ser tu verdadero padre?
—Andy, no lo sé. Ahora no quiero hacerme conjeturas en la cabeza, no quiero enredar las cosas e ilusionarme con que él podría ser mi padre. Yo crecí con Jörg, y aunque Sebastian haya sido mejor que él, no sé… Es conflictivo pensar que mi madre me hubiese engañado durante tanto tiempo. Sólo quiero estar tranquilo, así como estoy ahora —mencioné, y dejé de jugar con mis manos, dejándolas descansar en mi pecho.
—Creo que tienes razón, es más fácil dejar las cosas como están —Asintió, y soltó una breve risita divertida.
— ¿Qué pasa? —pregunté con curiosidad, mirándolo desde mi posición.
— ¿Recuerdas cuando éramos pequeños? ¿La primera vez que nos vimos?
—Jajaja ¡como no! —Reí, a lo que él correspondió, recordando viejos tiempos— Estabas casi cagándote del miedo por entrar a una nueva escuela jajajaja.
— ¡Y tú estabas igual, soquete! —me reprendió, dando un pequeño golpecito en mi pecho.
— ¿¡Yo!? ¡Claro que no, idiota! —Reí más, y acto seguido, me levanté de su regazo para mirarlo desafiante— Yo estaba muy seguro, hum —Me crucé de brazos, divertido.
—Uy, sí, ¡eras un teto de lo peor, Tom!
— ¡Obvio no! —Tomé una almohada y se la aventé, golpeándolo suavemente en la cabeza.
—Jajajaja eras un tetazo con brackets jajajaja —recordó, y comenzó a reírse de mí, agarrándose el estómago.
— ¡Cállate, que tú eras el nerd con lentes más feo de la escuela! —Reí igualmente, y fue entonces cuando me regresó el golpe de igual manera, con otra almohada.
Comenzamos una batalla campal, riéndonos mientras nos lanzábamos todas las almohadas y cojines que se cruzaban en nuestro paso.
— ¡Teto!
— ¡Nerdo!
— ¡Retrasado!
— ¡Pocos amigos!
— ¡Idiota!
— ¡Lame huevos! Jajajaja.
—Jajajaja, ¡estúpido!
Seguimos diciéndonos insultos con amor y cariño, y nos aventábamos más almohadas, hasta que quedaron botadas por todo el cuarto. Tomamos una cada uno y nos miramos desafiantes, enchinando ligeramente los ojos.
— ¡Me las pagarás, Miller! —amenazó, avanzando hasta mí, y estampó la almohada justamente en mi cara.
— ¡Morirás, Hudec! —Reí y corrí hasta su figura, pegándole a muerte con la almohada.
— ¡Aahhh!
— ¡Muere, muere!
—Jajajaja, ¡quítate!
—Siempre fuiste un perdedor, Kaulitz. Já, perdón; Miller.
Seguimos riendo, tirándonos encima de la cama, con las almohadas en nuestras manos todavía.
—Eres un tonto, jajajaja —Traté de regular mi respiración, con una mano extendida en mi pecho.
—Sabes que es la verdad —Andreas rió, y se alzó sobre uno de sus codos, para después mirarme.
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— ¿Tú nunca te has enamorado? —pregunté de la nada, dejando el tema de las risas a un lado, y volteé mi mirada hacia la de él.
—Tom… —Andy clisó su mirada con la mía, y apoyó su mano libre en mi abdomen, inclinándose ligeramente hacia mí. Me sentí un poco tenso, no me incomodaba la situación, pero sí me ponía algo nervioso— Sólo de ti —mencionó, y sonrió para después inclinarse los centímetros que le faltaban para llegar a juntar nuestros labios.
Abrí completamente mis ojos, y traté de apartarlo como un acto reflejo, pero algo en mí me lo impidió, algo dentro de mí, dejó que ese roce siguiera, que sus labios se abrieran más contra los míos, y dejara pasar una dulce lengua, hasta entrelazarse contra la mía.
—Andy… —susurré en el beso, pasando una de mis manos por su nuca, haciendo que el beso se profundizara.
Se sentía bien, realmente bien. No eran los labios de Bill, no era la lengua de Bill, y definitivamente no eran las manos de Bill que acariciaban mi abdomen, pero tengo que admitir, que se sentía bien.
Nos seguimos besando, perdiéndonos uno en el otro, haciendo que nuestras respiraciones incrementaran de ritmo poco a poco. Andreas se situó a horcadas sobre mí, apoyándose con sus manos arriba de mi cabeza, y sus piernas a los costados de mi cintura. Acaricié esa zona, subiendo y bajando las palmas de mis manos a todo lo largo de sus muslos, y después pasé hasta la parte baja de su espalda. No era el cuerpo, ni las largas piernas de Bill, pero estaban bien formadas, y eran excitantes de tocar.
Comenzó un tortuoso vaivén sobre mi cuerpo, haciendo que nuestros sexos todavía cubiertos se rozaran algunas veces.
Jadeé en el beso, Andy metió sus dedos en mis pantalones, bajándolos un poco, para después comenzar a desabrocharlos. Me los bajó poco a poco, después de apartarse de mis labios, y erguirse todavía encima de mí.
Lo miré aún estando acostado, y sonreí, a lo que él correspondió.
Subí lentamente mis manos hasta su ombligo, y jalé la playera que traía, hacia arriba, él me ayudó a quitársela, alzando sus brazos, y luego la aventó hacia atrás, dejándola caer en el piso alfombrado de la habitación.
Observé como se sonrojaba débilmente cuando me quité completamente la tela que cubría mis piernas. Él hizo lo mismo, apoyándose en sus rodillas para mayor soporte. Se los quitó totalmente y se mordió el labio inferior después de ensalivarlo brevemente. Dirigí rápidamente mi mirada hacia su torso, era fino, de piel blanca y delicada, se parecía a Bill.
Sonreí, y sin dejar que él continuara con algún movimiento, me senté en la cama, jalándolo de la cadera hacia mí, estampando suavemente su plano abdomen contra mis labios. Besé lentamente la zona, sacando mi lengua de vez en cuando, metiéndola algunas veces dentro de su ombligo, haciendo que salieran repetidos jadeos de sus cuerdas vocales.
Me aparté después, y volvió a acostarse encima de mi cuerpo, con nuestras respiraciones mucho más agitadas. Me miró directamente a los ojos, y sonrió, para después ir a por mi cuello, dejando besos suaves contra este.
Dijo que estaba enamorado de mí, pero entonces… ¿Por qué nunca lo había mencionado? ¿Cómo le había hecho para ocultarlo por tanto tiempo?
— ¿Por qué nunca lo dijiste? —pregunté, cuando se incorporó, quedando sentado en mi abdomen, y volteó a verme, para después suspirar profundamente.
—No sé, creo que porque Bill siempre fue una sombra para mí, él siempre… Acaparó toda tu atención, Tom, y yo… Me sentía tan poca cosa a su lado, siempre me sentí muy pequeño junto a él. ¿Cómo me ibas a siquiera mirar cuando estabas perdidamente enamorado de él? Por eso nunca te dije nada, porque sabía que no me harías caso —Me miró con los ojos un poco cristalinos, la boca le temblaba ligeramente.
Sentí una parte de mi corazón quebrarse, como si una parte de mí mismo se rompiera.
¿Era normal sentir eso?
Andreas había pasado toda su vida pensando que yo prefería a Bill sobre todas las cosas, incluso sobre él. Y… yo le había dado los motivos suficientes para que creyera eso, porque cometí el error de siempre defender a mi hermano con uñas y dientes, siempre lo puse en primer lugar, me despertaba y me dormía con William en mis pensamientos. Y no me daba cuenta que en realidad estaba lastimando a mi mejor amigo, haciendo que se sintiera alejado, rechazado. Y acaso ahora que volvía a tener cerca a Bill, ¿estaba haciendo lo mismo?
Suspiré internamente, golpeándome el cerebro, para dejar de pensar en eso.
Me reincorporé sobre mis muslos, con él todavía encima de mi figura, y llevé una de mis manos hasta su cabello, lo acaricié cuando nuestros rostros se encontraron muy cerca y sonreí. Él soltó una tímida risa.
—Nunca pensé que te estuviera pasando eso conmigo, Andy —mencioné, y él sólo asintió, pasando sus brazos por mis hombros.
—Ahora ya lo sabes —Guiñó divertidamente un ojo—. Creo que me siento aliviado por habértelo dicho, algún día tenía que hacerlo, ¿no? —Reímos bajito al mismo tiempo, y comencé a dejar leves caricias en su cintura.
—Que bueno que lo hiciste ahora —acepté.
Ambos nos quedamos mirando así por unos segundos, y luego hizo amago de querer besarme nuevamente, pero a diferencia de hace unos minutos, me aparté unos cuantos centímetros ante su mirada atónita.
— ¿Qué pasa? —Preguntó, acercándose más a mí, recargando su mentón en mi hombro— ¿Ya no quieres porque te acordaste de que no soy Bill? —Suspiró en mi cuello.
—No es eso —susurré, alejándolo un poco para mirarlo a los ojos.
— ¿Entonces? —Me miró con ojos suplicantes, como si me pidieran que fuera completamente honesto con él— ¿No… te gusto? —cuestionó incluso con algo de miedo.
Reí brevemente, y deposité un rápido beso en la comisura de sus labios. —Me encantas —admití, y logré ver como su rostro se iluminaba notablemente.
— ¿Qué te lo impide entonces, Tom? —interrogó suspirando, al mismo tiempo que ladeaba su cabeza, mirándome directamente a las pupilas.
—No es el momento, Andy. Y yo… —Solté un gran suspiro, acariciando suavemente cada facción de su cara— No quiero lastimarte.
Continúa…
Gracias por la visita.