«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 11. De acuerdo, o no
Saqué el papel tamaño oficio que horas antes, me había dado Sebastian. La verdad es que tenía mucha curiosidad por saber qué tipo de condiciones estaban estipuladas en el dichoso testamento para mí.
Lo pensé por un momento. ¿Sebastian en realidad me heredaría algo? ¿O sólo estaba protegiendo los intereses de mi Tomy dejándome fuera de la jugada?
Vamos, Bill, deja de suponer cosas, y abre el maldito papel.
Vale, vale.
Desdoblé cuidadosamente la hoja, y observé las no tan grandes letras que estaban plasmadas sobre esta.
Alcé brevemente ambas cejas, leyendo detenidamente todas las palabras. Joder, ¿estaba hablando en serio? ¿Por qué coño quería que yo hiciera eso? ¿Qué jodidos tenía yo que ver? Aunque, bueno… Pensándolo mejor, no sobaba tan malo cuando le veías el lado positivo. Incluso, si me ponía las pilas, y tramaba algo listo, podría salir perfectamente beneficiado con todo esto. No estaba del todo mal.
Boté un largo suspiro, terminando de leer la hoja, y la tiré en mi mesita de noche. Ya habría tiempo para firmarla después.
Ahora tenía que pensar fríamente las cosas. Sí, aceptaría. Aunque necesitaba la ayuda de alguien, alguien en quien poder depositar la confianza necesaria para llevar a cabo el plan que justamente ahora se estaba formando en mi tan desquiciada cabeza.
Bien, ahora se preguntarán: ¿¡Qué coño, Bill!? ¿Por qué no compartes con nosotros el contenido de la hoja? Bien, ahora aquí va mi respuesta: Porque no es de su incumbencia.
Vale, no.
Todo a su tiempo, queridos míos, todo a su tiempo.
Saqué mi celular del bolsillo, y marqué un número que nunca creí marcar en mi vida.
A veces, las personas que menos esperas, son las indicadas para sacarte de algún apuro, problema o circunstancia. Tal vez él podría ser de gran ayuda en este instante de mi vida.
— ¡Bill, que milagro!
—Sí, sí, Georg. ¿En dónde estás?
—Justo ahora en un club. ¿Pasa algo?
—Pasa todo. Necesito que vengas —dije, soltando el aire sigilosamente—, ahora.
— ¿Es algo malo? ¿Te sucedió algo? ¿Quieres que…?
— ¡Joder, Georg! Sólo ven, ¿quieres? —Colgué el teléfono, aventándolo hacia algún recóndito lugar.
Tenía que decirle todo esto a alguien. No podía quedarme callado con semejante cosa, y ¿a quién más contárselo si no a Georg? ¿A Cameron? Por supuesto que no, no le tenía la confianza suficiente. ¿A mi padre? Él solamente me daría por mi lugar, sin meterse a opinar. ¿Quién mejor que Georg Listing alias el mete su cuchara en todo? Nadie.
Llegó minutos más tarde, tocando desesperadamente la puerta. Joder, ¡que la iba a tirar!
— ¿Te quieres tranquilizar? No me estoy muriendo, idiota —Le abrí el camino para que se adentrara en la habitación. Respiraba agitadamente, y ponía una mano en su pecho, tratando de calmarse—. ¿Qué…?
—El elevador estaba lleno, subí corriendo las escaleras —respondió a la pregunta que ni siquiera había terminado de formular.
—Vaya, me siento halagado. ¿Estabas en un club? ¿De cuando a acá sales precisamente tú a fiestas, eh? —cuestioné, sentándome en uno de los sillones que reposaban en el fino suelo de la suite.
—Fui con una amiga, una de las modelos extras de la empresa. Tengo derecho a divertirme, Billy.
—No me llames así —amenacé, alcanzando a agitar los recuerdos que automáticamente se me habían venido a la cabeza al escuchar ese maldito diminutivo, mientras despeinaba un poco mi cabello.
Rió un poco, y dirigió su mirada hacia el balcón que daba a la calle principal.
—Supongo que necesitas hablar con alguien, y por eso me llamaste, ¿no es así? Porque si hubieses querido follar, le hubieras hablado a Cameron —dedujo—. Así que, bueno, aquí estoy, supuse que era algo importante. Además la modelucha puede esperar.
—Wooow. ¿Modelucha?
—No me interesa mucho, la verdad.
—Que considerado, Geo —Sonreí forzadamente, y me paré del sillón, caminando detrás de Georg, hasta el balcón.
Nos sentamos en una banca que ahí estaba, mirándonos frente a frente.
—Georg —Suspiré—, no eres mi amigo.
—Gracias —comentó irónicamente, soltando una pequeña risita.
—Lo que quiero decir es que… No quiero que pienses que te hablé porque te considero mi amigo, es sólo que necesito hablar con alguien sobre algo delicado, nada más, y creo que tú eres el indicado para ayudarme en este preciso momento. Tómalo como un trato, un negocio.
—Wow, Bill —Rascó ligeramente su cabeza, mirándome un tanto sorprendido—. ¿Y… por qué precisamente yo?
—Porque eres el único en el que puedo “confiar” aquí —Hice unas comillas, imitándolas con mis dedos—. Además, también te conviene.
— ¿Convenirme? Ya suéltalo, Bill —Se acomodó en la banca, mirándome expectante.
—Bien, comenzaré desde el principio. Sabes que Tom y yo somos hermanos, ¿no?
—Ajáhm.
—Pero… Digamos que nuestra relación no es del todo normal —Hice una pequeña mueca—. Hace años, él y yo mantuvimos una relación más cercana. Una relación —Ladeé mi cabeza— incestuosa.
Noté como Georg abría rápidamente sus ojos, posándolos sobre los míos.
— ¿¡Qué!? Joder, ¿hablas en serio, William?
—Muy en serio —admití—. Para no hacerte el cuento largo, lo dejé, le dije que nunca lo había amado, y bueno, el resto ya te lo imaginarás. Ambos nos fuimos de la casa, yo —Suspiré— comencé a trabajar en algo que es obvio, y Tom… Al parecer se vino junto con Andreas a Nueva York. El resto, ya te lo sabes.
—No me lo puedo creer —Desvió su mirada de la mía, y cruzó sus piernas sobre la banca—. ¿Por qué lo dejaste?
—Porque nunca lo amé, simple —Alcé mis hombros, restándole importancia—. Y bueno, ahora que nos reencontramos, digamos que se la ha pasado rechazándome. Al principio creí que volvería a caer fácilmente, pero me equivoqué.
— ¿Osea que quieres volver a…?
—Georg, déjame hablar.
—Lo siento.
—Bien, como decía… Me equivoqué, pero no pienso rendirme. Tengo que hacer que crea que estoy verdaderamente enamorado de él, ¿me explico?
—Pero Bill…
Le dirigí una mirada fulminante, y entendió, callándose completamente la boca.
—Así que ahí entras tú —Sonreí ampliamente, cruzando mis brazos, mientras lo miraba fijamente.
— ¿Yo? —Alzó ambas cejas, y me miró nuevamente.
—Así es, por lo que sé, te llevas muy bien con Andreas últimamente, ¿no?
—Pues… Un poco, no somos íntimos ni nada por el estilo.
—Tienes que ganarte su entera confianza, y después, ir por la confianza de Tom. ¿Captas?
— ¿Para qué…?
—Como ya dije, te conviene, Geo. Además, eso no es todo, ayer, Sebastian me dio algo muy importante que tengo que firmar, y también necesito que me ayudes con eso.
—Explícate.
—Bien, escucha muy bien —Sacudí un poco mi cabeza, aclarando mis ideas y planes que tenía formulados en mi mente desde hace rato—. Sebastian tiene un testamento, en el cual estoy agregado, eso fue lo que me dio ayer, una clausula en la que habla de cosas que tiene que cumplir Tom, pero —arrastré la palabra—, que también me incluye a mí.
—Entiendo. ¿Qué dice exactamente sobre ti?
—Verás, él está muy preocupado por el estado emocional de su querido hijito. Frecuentemente le dan ataques de ansiedad porque se estresa, o tiene distintas emociones entrelazadas, entonces… —canturreé— Quiere que yo me mantenga cerca de él como hermano, pero alejado como pareja, ¿comprendes?
—Suena lógico. ¿Qué dice en la clausula del testamento exactamente?
—Quiere que lo lleve a Alemania.
— ¿Alemania?
—Al parecer, allá hay muchas cosas que Tom necesita saber, allá encontrará respuestas a sus preguntas. Simone murió, y eso cambió algunos planes de Sebastian.
—Bill, no estoy entendiendo nada. ¿Quién coño es Simone?
— ¡Nuestra madre, estúpido!
—Ah, ah. Claro. ¿Y qué con que haya muerto?
—Estaba por decirle algo muy importante a Tom. Y Sebastian no quiere que él lo sepa hasta que… Muera —Torcí mis labios, como en gesto de desagrado.
— ¿Y tú…?
—Todo queda a la perfección, Georg. Si mi querido hermano quiere quedarse con todo lo que tiene ahora, debe de cumplir con dos simples cosas, ahí estipuladas.
— ¿Qué son…?
—Una: Ir a Alemania, conmigo. Dos: Entablar una relación amorosamente de hermanos, conmigo. Pero… ¿qué pasaría si cambiáramos el testamento?
— ¿Cómo? —Enarcó una de sus cejas, echando su espalda hacia atrás.
— ¿Qué pasaría si en vez de decir “amorosamente de hermanos”, sólo dejáramos el “amorosamente”?
—No lo sé. Tal vez Tom enloquecería. Pero, espera… ¿Quién coño lo va a cambiar?
—Ahí vuelves a entrar tú. ¿Estás entendiendo o es mucha información? —Sonreí altaneramente, mirándolo desafiante.
— ¿¡Qué!? ¿Estás loco, Bill? ¡Eso es un delito, joder!
—Nadie más que Sebastian y yo sabemos lo que habrá estipulado ahí, y es obvio que los muertos no hablan. Vamos, Georg. Es una gran oportunidad. Cambias el testamento, claro, temporalmente, Tom lo firmará, y luego… Lo reemplazas con el original, entonces…
—Tom no habrá cumplido con las clausulas estipuladas por Sebastian y…
—Lo perderá todo. ¡Bingo!
—Estás demente.
—Es muy simple, Georg. En este tiempo, tienes que lograr que primero, Andreas y Tom confíen en ti, y luego llegas a Sebastian, y por mi parte, tengo que hacer que Tomy crea que estoy perdidamente enamorado de él, para que cumpla con el falso testamento sin problemas.
—Yo no soy abogado, Kaulitz. ¿Cómo carajo…?
—Pero sí eres ingenioso —interrumpí, guiñándole un ojo después—. Encontrarás la forma, estoy seguro.
— ¿Y cómo carajo piensas que yo lograré ganarme su confianza?
—No lo sé, eso lo tienes que idear tú. Además, te digo, te conviene. Cuando Tom lo pierda todo, ¿quién crees que se quedará con eso? —Sonreí triunfante.
¡Eres un genio, Bill Kaulitz!
—No puedes estar hablando en serio.
— ¿Por qué no?
Georg soltó una ligera sonrisa, seguida de un asentimiento de cabeza.
—Eres increíble.
—Lo sé.
— ¿Cómo empezaremos entonces?
—Sabía que serías de gran ayuda, Listing.
Ambos sonreímos cómplices, estrechando la mano del contrario.
Teníamos que empezar cuanto antes. Sebastian no disponía de mucho tiempo, así que por consiguiente, tampoco nosotros. Todo tendría que estar previamente calculado, para que nada fallara, para que nadie sospechara.
Sí, definitivamente, yo reiría al último, hermanito.
Por Tom.
— ¿Cómo amanecieron? —preguntó Sebastian con una enorme sonrisa pintada en su rostro.
Al parecer estaba fascinado porque Andreas y yo estuviésemos viviendo en la mansión, y la verdad, nosotros estábamos igual.
— ¡Perfectos! ¿Verdad, Tom? —Andreas me sonrió, al mismo tiempo que me daba un ligero codazo, y luego se sentó a la derecha de Sebastian.
— ¡Sí, perfectos! —Reí bajito, y me senté al otro lado de mi padre— ¿No se nos nota? —Sonreí ampliamente, enseñando exageradamente mis dientes blancos.
— ¿Qué se traen, eh? —Nos miró divertido— Los noto demasiado entusiasmados.
—Nada —se apresuró a contestar Andy—. Es sólo que todo este cambio nos encanta, nos sentimos muy agradecidos contigo, Sebastian —Y sonrió, para después mirarme, y relamer un poco sus labios, cosa que sólo yo noté.
—Me alegra eso, chicos —Sebastian asintió, y comenzó a comer el delicioso platillo que descansaba enfrente de él desde hace minutos—. ¿Qué tal sus cuartos?
— ¡Asombrosos! —respondió mi amigo felizmente, mientras comía.
—Lo sé, ¡son geniales, papá! —Miré mi plato, y tomé los cubiertos— Y la guitarra… Uff —Tomé un pequeño bocado con el tenedor, y lo llevé hasta mis labios, abriéndolos después para dejar entrar el pedazo de carne.
—Me encanta escucharlos así de emocionados —Volvió a sonreír, mientras intercalaba miradas entre Andreas y yo.
Definitivamente había sido la mejor elección que pudimos hacer. Las cosas se estaban arreglando poco a poco, todo se estaba acomodando en su lugar.
—Tom… —Andy suspiró, mientras me miraba con esos hermosos ojos claros que tenía. Ambos estábamos sumergidos del cuello hacia abajo, en la gran alberca que ahora, podíamos disfrutar a nuestro antojo— ¿Crees que Sebastian sospeche algo? —preguntó, acercándose a mí, con las pequeñas olas transparentes chocando contra su cuerpo.
— ¿Sospechar? ¿A qué te refieres? —Alcé una ceja, mirándolo, y sentí sus piernas flotando, acariciando ligeramente las mías. Sonreí por el acto, y Andreas rió bajito.
—De… Nosotros. Ya sabes —Me dio un leve empujón por debajo del agua, y se acercó más centímetros hacia mí, rozando su abdomen contra el mío. Inevitablemente, toda acción conlleva a una reacción, ¿no es así? Así, que, como decía, inevitablemente, todos y cada uno de los poros de mi piel, se erizaron.
—Andy…
—Es decir, ¿tenemos algo, nosotros? —Pasó sus brazos por arriba de mis hombros, mientras me jalaba ligeramente por la nuca. Sonreía mientras lo hacía, y no se detuvo hasta que nuestras narices quedaron a escasos milímetros de distancia.
—No —contesté, y rápidamente noté como su mirada cambió, dejó de brillar por un momento, y me miró un poco desconcertado— todavía —terminé la corta frase, y entonces él volvió a sonreír.
—Eres un tonto.
Reí brevemente, y junté nuestros labios por unos segundos, para después abrazarlo por la cintura, apoyando mi mentón en su hombro derecho.
—Andy, quiero ser claro contigo, quiero que hablemos sobre esto —Cerré mis ojos, mientras ambos flotábamos en el agua, haciendo que nuestros cuerpos parecieran uno.
—Y yo quiero que lo seas, Tom —Suspiró nuevamente, abrazándose a mí más fuerte—. Yo sé que amas a Bill, eso no lo tienes que negar, ni mucho menos explicar, pero también sé que sientes rencor hacia él, que nunca podrás olvidar todo lo que te hizo, y con lo que ha pasado entre nosotros todos estos años, y más con lo que pasó ayer… También sé que tengo una oportunidad para hacerte feliz, sé que si me dejas… —Se despegó, y me miró directamente a los ojos, respirando cerca de mi boca— Podría hacer que olvidaras a Bill.
Procesé todas y cada una de las palabras que Andreas me había dicho. Y es que… Tenía razón en absolutamente todo. ¿Se nota que me conoce desde los nueve años?
Bill es como la persona más importante en mi vida. Es como esa persona que odias y amas, como si tu corazón se dividiera en exactamente dos partes, y esas dos partes las ocupara él por completo. ¿Me explico? ¿O no? Es como si… No soportara estar cerca de él, pero al mismo tiempo no pudiera vivir sin él. ¿Les ha pasado alguna vez? A mí sí, justo ahora.
—Yo…
—Tom, no tienes que decir nada ahora, ¿sí?
—Sí —pronuncié, y Andreas se quedó quieto, mirándome, como dudando por un momento.
— ¿H-hablas en serio? —Titubeó, abriendo más sus ojos— Tom… ¿¡Hablas en serio!?
—Sí —Reí brevemente, haciendo que Andy también lo hiciera, y se abalanzó contra mí, abrazándome fuertemente, casi expresando que nunca más me soltaría.
Cerré mis ojos, disfrutando de su tierno abrazo, y acaricié su nuca, pegando mi nariz a su cuello, respirando tranquilo.
Andreas me hacía estar así: Tranquilo.
Tenía tantas cosas en qué pensar. Ahora Andreas y yo estábamos en una especie de relación, creo. Pero por más que quisiera, no podía sacarme a Bill de la cabeza, no podía dejar de pensar en él ni siquiera un minuto. Dicen que en el corazón no se manda, y vaya que ahora entendía perfectamente el sentido de ese dicho.
Quería que mi mente se perdiera, que volara hacia algún otro lugar, y no pensar más en él, pero lamentablemente, no podía. No podía dejar de pensar y recordar todas las hermosas cosas que nos decíamos, todos los momentos tan llenos de amor que pasamos juntos. Y aunque todo haya sido una mentira, aunque todo nunca haya significado nada para él, era muy distinto conmigo, porque justo ahora, comenzaba a llorar, acurrucándome en mi cama, mientras abrazaba una almohada, pensando en todo, pensando en lo que hubiese pasado si Bill alguna vez me hubiera amado. Todo sería muy diferente, ¿no lo creen?
Tal vez ahora estaría aquí conmigo, abrazándome por detrás, entrelazando una de sus piernas con la mía, depositando besos en mi nuca, susurrando algunos te amo de vez en cuando. Justamente como lo hacía antes, después de habernos entregado completamente uno con el otro.
¿Por qué se tiene que sufrir en la vida? ¿Por qué amas a alguien que no te ama? ¿Por qué no puedes amar a alguien que te ha amado toda la vida? ¿Por qué?
Dejé que todas y cada una de las lágrimas que nublaban mi vista salieran, y mojaran la almohada a la cual me aferraba, como si mi vida dependiera de ella.
Ahora no podía hacer nada más que seguir con mi camino y dejar que el destino decidiera por sí solo. Porque al fin y al cabo, siempre lo hace, siempre decide sin preguntarte siquiera si estás de acuerdo, o no.
Continúa…
Gracias por la visita.