
«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 12. Podría ser cierto
Los días por fin habían pasado. La revista saldría a la venta en unas cuantas horas, y yo estaba más nervioso que una adolescente esperando la respuesta de su prueba de embarazo.
Sería como mi lanzamiento en los Estados Unidos. No era para menos, ¿verdad?
Respiré profundo, tratando de relajar los nervios de punta que me cargaba, y me dispuse a reunirme con los demás en la sala de juntas.
Al entrar, noté como Tom y Andreas se sentaban uno muy cerca del otro.
¿Qué coño?
Digo, sí se sentaban juntos en la mayoría de las juntas, pero esta vez… Había algo extraño. Últimamente habían estado muy pegados. Se comportaban un tanto… ¿Amorosos?
Joder, y eso me purgaba. Ellos nunca se habían comportado de esa manera. ¿Por qué justo ahora lo estaban haciendo? Y ni siquiera eran discretos. Justo ahora, Andreas le susurraba algo en el oído a mi hermano, y éste reía como estúpido.
Bufé mentalmente, y me senté a un lado de Cam, de mal humor. Los estresantes nervios se me habían quitado, y los había remplazado un malestar en mi estómago, que crecía a cada segundo.
—Bill —Desvié mi mirada de aquel par, y volteé hacia mi derecha, cuando escuché a alguien llamarme. Era Cam.
Últimamente, y a diferencia de los tortolos que tenía enfrente, nosotros nos habíamos alejado un poco.
— ¿Sí?
—Cuando termine la junta, ¿podemos hablar? —Me miró un tanto suplicante, con los ojos brillosos. Juraría que internamente, estaba deseando con todo su corazón que mi respuesta fuera un “Oh, claro, Cam. Sí quieres puedo pasar a tu casa, hablamos, y después terminamos follando como conejos”
Eso no pasaría.
— ¿Sobre qué?
—Sobre nosotros —afirmó, inclinándose un poco más hacia mi rostro, para que la plática quedara solamente entre nosotros—. Te he extrañado, ¿sabes?
—Cam… No es el momento de hablar de eso —susurré, al mismo tiempo que Tom se paraba de su asiento, el cual anteriormente, era de Sebastian. Pero como recordarán, ahora el presidente era mi pequeño hermano.
Cameron bufó ligeramente, y me dio la espalda, acomodándose en su asiento, para ver mejor a mi hermano.
Negué divertido, y crucé mis brazos, mirándolo también. Se veía tan sexy de jefe. Mi jefe.
Se aclaró un poco la garganta, y acomodó elegantemente su corbata. —Bien, como todos sabemos, hoy saldrá la nueva revista —Hizo una breve pausa, y nos miró a todos y cada uno—. Y quiero que estemos listos para todo lo que se venga. Es un cambio verdaderamente radical, y no todas las opiniones serán positivas, obviamente —Torció un poco la boca—. Así que, Cam —Miró al sujeto que se encontraba sentado a mi lado—, prepara las cosas con la prensa, por favor. No dudo en que en unas horas estarán afuera de la empresa parados como buitres. Blake —Miró luego a mi segundo jefe—, encárgate de que el trabajo en la empresa no se pare, Cam estará ocupado, así que tú te quedarás a cargo mientras.
— ¿Y Andreas? —pregunté, mirándolo desafiante.
¿Por qué jodidos le decía a Cameron que dejara su puesto para calmar a la prensa? Se supone que ese es el trabajo de Andreas, no de Cameron.
— ¿Disculpa? —preguntó mi hermano, mirándome desde su posición, con una ceja perfectamente enarcada.
—Si no mal recuerdo, ese es el trabajo de Andreas, mantener calmada a la prensa cuando este tipo de cosas pasan. ¿Por qué entonces mandas a Cameron? —solté, importándome poco las caras de desconcierto que me digirieron los demás, e incluso el propio Andreas.
— ¿Tengo que darte explicaciones a ti? —contrarrestó, cruzándose de brazos después.
No estaba molesto, no. Estaba mirándome divertido, como si todo ese tema le gustara. Mierda, Tom.
—Tal vez.
—Bill, escucha —Se inclinó ligeramente hacia delante—, no tengo ánimos ni tiempo para esto, ¿si? ¿Puedes por favor simplemente hacer caso?
Enchuequé la boca, quitando mi mirada de la de él, y pude adivinar que sonrió triunfante al dejarme sin replicar.
Me paré molesto del asiento, y me dirigí a pasos agigantados hasta la puerta, tomé el pomo, y abrí, para luego cerrarla fuertemente. No iba a estar aguantando sus estupideces ni un segundo más.
— ¿Qué se traían esos dos? —preguntó Georg, mientras ambos nos sentábamos en la mesa de aquella cafetería a la que habíamos ido cuando terminamos nuestro trabajo.
Ahora teníamos cosas más importantes para planear, que vernos en el espejo, o hacernos tratamientos y mascarillas.
— ¿Andreas y Tom? No lo sé —contesté con sinceridad—. Pero lo voy a averiguar. Me estaban tocando los huevos.
—Lo noté, Bill —rió por lo bajo, mirando el menú que nos habían traído minutos atrás—. No puedes disimular ni un poco, ¿eh?
—No —solté cortante—. Crees…
— ¿Qué estén saliendo como algo más que amigos? —preguntó el sujeto que tenía enfrente, mirándome con una ceja levantada— Puede ser. Digo, han estado casi toda su vida juntos; sería normal que ahora tuvieran una relación, ¿no suena lógico?
—No para mí —respondí un tanto molesto, cruzando mis brazos, por encima de la mesa—. Yo tengo que averiguar qué coño se traen esos dos. No me gusta nada lo que está pasando.
—Bill, creí que vendríamos a hablar de otras cosas, no de tus celos por los amoríos de tu hermano —reprendió, mirándome, para después virar los ojos.
—Vale, ya, volvamos al tema. ¿Cuál será tu primer paso, Listing?
— ¿Listos para ordenar? —interrumpió la mesera, mirándonos intercaladamente.
Bufé mentalmente.
—Un café solo por favor —dije sin mirarla, jalándome un par de dedos, para que tronaran.
—Un cappuccino —dijo Georg. Y miré como la mesera giraba sobre sus talones después de haber anotado la orden en la pequeña libreta que tenía, y se perdía en el interior de la cocina.
—Bien, ¿en qué estábamos? —Regresé mi mirada a la de Georg.
—Mi siguiente paso —contestó, entrelazando los dedos de sus manos, mientras las ponía sobre la mesa.
—Oh, sí. Continúa —Hice una seña para que siguiera hablando, al mismo tiempo que me recargaba sobre la silla.
—Me acercaré más a Andreas. Ya sabes, trataré de apoyarlo en el trabajo y esas cosas. Tengo que hacer que me lleve un día de estos a la mansión, como tú no puedes aparecerte ahí nada más porque sí… Pensé que yo sería el mejor para hacerlo. Además, no levantarías sospechas.
—Buen punto —asentí, mientras sonreía. Este muchacho sí que pensaba.
— ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer?
Reí brevemente, mordiendo apenas mi labio inferior. —Tengo planeado algo que no podrá fracasar, querido socio.
— ¿Qué es…?
—Hablaré con Sebastian esta misma noche.
— ¿Ya le entregaste el papel firmado, cierto?
—No —dije cantarín, con una gran sonrisa plasmada en mi rostro.
—Bill, ¿¡pero qué…!?
—Precisamente por eso iré hoy. Tengo todo bajo control, viejo. No te preocupes —guiñé un ojo, y acomodé mi saco, tomando un poco del café que nos habían traído finalmente.
No podía dejar que alguien sospechara de mis planes. Todo saldría tal como lo estaba planeando; Bill Kaulitz nunca pierde.
Hablaría con Sebastian, por primera vez en mi vida haría como si alguien que yo no fuera yo, me importara. Claro, todo sería fingido, pero me saldría per-fec-to. Gracias a Dios que tomé el curso intensivo de actuación hace un par de años atrás. Debía de hacerle creer que estaba realmente enamorado de Tom.
— ¿Qué haces aquí, Bill? —preguntó mi hermano menor cuando se asomaba por la reja de metal que separaba la gran mansión de la calle.
—Vengo a hablar con tu padre —dije un poco cabizbajo. Tenía que verme diferente a como siempre estaba, mi actuación estaba a punto de empezar.
— ¿Con Sebastian? ¿Para qué…?
—Tom, por favor, es importante —dije, tragando saliva para después carraspear un poco.
— ¿Te encuentras bien? —Noté como dirigía una mirada de preocupación hacia mí— Te siento algo extraño.
—No es nada, sólo necesito hablar con Sebastian —dije ya más seguro, cruzando mis brazos, zapateando uno de mis pies sobre el pavimento—. ¿Me dejarás pasar o tendré que saltarme la reja? —pregunté un tanto divertido, quitándole una pizca de tensión a la situación. Tampoco quería verme tan débil, quería confundirlo.
Él soltó una breve risita, y activó el botón de seguridad para que las puertas de la reja se abrieran, dejándome total camino hasta la casa iluminada que se alzaba frente a mis ojos.
— ¿Él sabe que vienes?
—Le avisé hace unos minutos, probablemente por eso no te dijo nada —intuí, mirándolo de reojo, después de que él activara nuevamente el seguro.
—Ya veo —Asintió, caminando luego a mi paso.
—He pensado en cambiarme el look, no sé, hacerme algo más jovial. ¿Tú que piensas?
Tomy giró su mirada hacia mí, analizándome de pies a cabeza, y se centró en mi cabello.
—Tu cabello, definitivamente.
Reí al oírlo decir eso, y me toqué el cabello rubio, desarreglándolo un poco. — ¿Qué tiene?
—Es… Raro verte de rubio —Alzó sus hombros—. Se te ve… Extraño, es todo.
—Es raro verte de moreno, ¿sabes? Tus rastitas rubias me ponían mucho.
—Jajajajaja.
—Un tiempo tuve rastas —comenté, mordiéndome el labio—, sólo que eran negras. Me pajeaba pensando en ti, tocándomelas y así parecía que eras tú —solté con descaro, dejando sonar una risa divertida.
Rápidamente noté como Tom se ponía rojo hasta la raíz del cabello, y guardaba las manos en sus bolsillos, mirando hacia sus pies.
— ¿Ah sí?
—Sí, después me aburrí de tenerlas, y me las corté, me pinté el cabello de rubio, y así también me parecía a ti. Mis looks han sido pensados en ti, Tomy —Mierda. Podría jurar que se estaba excitando nada más de oírme hablar así. Reí internamente— Podrías ayudarme en el próximo cambio.
—Bill…
— ¿Y tú… cómo estás? No hemos tenido tiempo para… Platicar —Cambié totalmente el tema, mientras seguíamos caminando a pasos lentos por el camino de piedra hasta la puerta.
— ¿Platicar?
—Ya sabes, esas cosas que hacen los hermanos normales —respondí con sarcasmo, alzando levemente mis hombros.
—Bill…
—Bill, Bill, Bill —dije con cansancio, ladeando mi cabeza de un lado al otro—. Sólo quiero saber cómo estás después de lo de Simone. Sé que te afectó, Tomy, y… Me preocupa eso.
— ¿Tú? —Detuvo su andar, mirándome fijamente, incluso un tanto sorprendido— ¿Tú preocuparte por mí? Vaya, Bill, ¿supones que en serio me creeré eso?
Lo miré, mordiéndome el labio, y retrocedí los escasos pasos que nos separaban. — ¿Y por qué no?
— ¿Cuándo entenderás que ya no soy el mismo niño de trece años?
—Cuando lo entiendas tú, osea… Nunca —Sonreí, rozando apenas mis labios con los suyos.
—No volveré a caer.
—Sigue diciéndotelo hasta que te lo creas.
Touché.
—Empiezo a creer que eres tú el que está enamorado de mí. ¿Por qué me sigues buscando si no?
—Buen punto —Asentí, mirando ansioso sus labios—. Creo que empiezo a creer lo mismo que tú.
— ¿Qué…? —Y lo besé. Junté fuertemente nuestros labios, acercándolo a mí poniendo una de mis manos en su espalda baja. Al principio, luchó un poco por soltarse de mi agarre, casi empujándome con ambas manos el pecho, pero después no pudo resistirse a los recuerdos de mis besos, y en vez de empujar, me tomó de la camisa, estrujándola con sus dedos. Sonreí en el beso, mordiendo suavemente sus labios, metiendo mis manos por debajo de su playera— Bill, por favor… —suplicó en un susurro contra mis labios, cuando nos separamos para tomar aire— No… No me hagas esto —Negó, cerrando fuertemente sus ojos—. No aquí.
— ¿Me amas? —Pregunté, sin soltarlo todavía, acariciando su mejilla— Tomy, dime que me amas.
—No, no puedo, yo… No puedo ahora —murmuró, abriendo nuevamente sus ojos, y me tomó de las manos, sacándolas de debajo de su playera.
— ¿Estás con Andreas, cierto? —Alcé mi ceja derecha.
— ¿Te importa? —contestó, alejándose un paso de mí.
Suspiré. —Más de lo que te imaginas —Y dicho eso, di media vuelta, y caminé hasta la puerta de la casa para entrar por ella, dejando a un atónito Tom.
¡Bingo! William Kaulitz, mereces un Óscar.
Sí, sabía que lo había confundido, sabía que seguía ahí afuera parado, preguntándose en si volver a confiar en mí o no, sabía que lo había dejado pensando y recordando muchas cosas. Sus reacciones eran fáciles de adivinar, y por más que lo negara, mi pequeño hermano seguía siendo ese niño de trece años que tanto me gustaba.
Entré a la casa, mirando a mí alrededor, y divisé una amplia puerta al fondo de un pasillo a mano derecha. Seguramente el estudio de Sebastian. Me dirigí hasta ese lugar, y toqué tres veces para avisar de mi llegada.
—Adelante —escuché en el interior, y me dispuse a abrir la puerta.
—Permiso —Entré completamente, para después cerrar la puerta de madera justo detrás de mí.
—Que gusto verte, Bill —Sonrió, y luego se paró de la silla en la que se encontraba para estirar su brazo hasta mí, extendiendo su mano, la cual estreché cálidamente.
—Lo mismo digo —Sonreí forzadamente, sentándome frente a él. Él imitó mi acto, dejándose caer elegantemente sobre la suya—. Ya te tengo una respuesta, Sebastian —pronuncié, sacando el papel que días antes me había proporcionado.
—Te escucho.
—Bien —contesté, dejando el papel encima del escritorio.
Sebastian lo tomó para leerlo, y abrió ampliamente sus ojos, mirándome extrañado, al notar que no tenía mi firma plasmada— ¿No?
—No —crucé mis manos, pegándolas en mi pecho.
—No lo entiendo, Bill. ¿Por qué?
—No puedo —Solté un suspiro al terminar la frase y lo miré directamente a los ojos—. No puedo hacerlo. Si firmo, significaría que tendría que renunciar a Tom, y no puedo.
—A ver, no te sigo. ¿Renunciar a Tom? —Me miró atentamente, frunciendo ligeramente el ceño— ¿A qué te refieres precisamente con renunciar?
—Lo amo —solté sin más, sosteniéndole la mirada; no podía dejar que cualquier torpe movimiento me delatara—. En estos días estuve pensando, estuve leyendo y leyendo lo que me pedías en la clausula, y no puedo hacerlo, Sebastian. Lo siento, pero no pienso alejarme de él, ahora que me di cuenta que lo amo en verdad.
—Vaya… —Rascó brevemente su mentón, enchinando un poco los ojos. No confiaba en mí del todo, lo sabía— ¿Qué te hizo cambiar de opinión? Porque si no mal recuerdo, hace unos días me dijiste que…
—Sé lo que dije… —Reí tontamente, negando al mismo tiempo— Sólo que me di cuenta de mis sentimientos por él cuando sentí que lo perdía. Creo que todo este tiempo he estado negando el hecho de que me enamoré de él para no herirme, para no herirlo más a él. Sebastian… Yo lo dejé porque tenía miedo de que todos nos criticaran, de que nos miraran por debajo, de que Tom se obsesionara con la relación y no siguiera sus sueños. Fue lo mejor que pude haber hecho por él. Míralo, ahora aquí está, siendo el dueño de la revista más importante de Nueva York, siendo tú hijo… —Hice que la voz se me quebrara, y bajé la mirada— Si se hubiera quedado conmigo, estoy seguro de que no seríamos los que somos ahora.
Sebastian se quedó con la mirada clisada en la mía. Tal vez pensando en si creerme o no, tal vez pensando en si confiar en mí, o no. Y finalmente respondió: —Nunca imaginé que tú precisamente dirías esto, Bill. Me dejas estupefacto, sin saber qué pensar.
—Siempre me quise ver como el desinteresado, y más cuando nos volvimos a ver. Sabía que si le decía que lo amaba, sabía que si le explicaba el motivo de mis acciones, él regresaría conmigo, y yo no quería que eso pasara, no quería que… —Tragué saliva, y una lágrima escurridiza se me escapó de las cuencas.
Mierda, ¿¡estaba llorando!?
La limpié rápidamente, sorprendiéndome un poco. Joder, sí que me estaba saliendo lo sentimental en ese momento.
—Bill… —Sebastian suspiró, y se paró nuevamente del asiento, caminó hasta llegar a mi posición y palmeó amablemente mi hombro— Tranquilo, hijo.
—Pero ahora no pienso volver a renunciar a él —aseguré, mirándolo desde mi posición—. Ya no —Limpié el resto de lágrimas que descendían silenciosamente por mis pómulos.
¿De dónde y cómo salía tanta agua de mí?
— ¿Quieres decir que lucharás por estar con él, nuevamente?
—Así es, Sebastian. Puede que suene egoísta, pero no me importa si la gente nos odia, o si ambos perdemos nuestro trabajo y fama, sólo me importa estar con él.
Mierda, Bill, ya cállate. Te la estás creyendo, imbécil.
—No sé qué decir.
—No hace falta que digas algo —Me paré de la silla, y lo miré serio—. No me alejaré de él. Lamento no poder ayudarte —Di media vuelta, dispuesto a salir del estudio, pero sentí una mano envolviendo mi brazo, y retrocedí, mirando al sujeto que había detenido mi salida.
—Bill, yo sólo quiero lo mejor para Tom. Y tú eres su hermano, eres su familia, no veo porque no podrías ayudarme, ayudarlo.
—Pero el testamento dice que…
—El testamento puede cambiar, ¿no es así?
— ¿Cómo? —Alcé una ceja, tallando un poco mi cara.
Oh, sí. Oh, sí.
Y aquí nombrarán al ganador del Óscar.
—Demostrándome que en verdad lucharás por él, que en verdad lo amas, que él estará mejor contigo que con alguien más.
Asentí, mordiéndome el labio. Lo tenía en donde quería.
— ¿Estás bromeando? Sebastian, Tom es el amor de mi vida, claro que estará mejor conmigo que con alguien más.
—Él tiene que decidir estar contigo —terminó, y volvió a su asiento anterior—. Sólo así podré cambiar la clausula.
Y el premio es para: ¡Bill Kaulitz!
—Perfecto —Sonreí felizmente—. Lo haré, les demostraré que puedo hacerlo feliz.
—Sólo recuerda que no queda mucho tiempo —Rió, tosiendo un poco, para luego carraspear—. Lo siento.
—No hay cuidado. Y créeme que lo tengo en cuenta.
—No tardes, entonces.
Me miraba de una manera un poco extraña. Se había tomado las cosas muy normales. Pero, sí me había creído, claro que sí. Tal vez sólo buscaba no verse totalmente cautivado por mi actuación.
—Creo que me voy, Sebastian. Ya terminé de decirte lo que tenía que decirte.
— ¿Estás seguro? ¿Estarás bien?
—Descuida, me las he visto peores —Traté de reír, rascando ligeramente mi nuca, y me levanté de la silla, dirigiéndome hasta la salida una vez más.
—Bill… —me llamó cuando giré el pomo de la puerta.
— ¿Sí?
—No me defraudes.
—No lo haré —Guiñé un ojo, y salí por donde mismo.
Le había dicho tantas cosas a Sebastian, joder, ¡hasta había llorado! Todo lo dije tan bien que cualquiera diría que eran palabras que habían salido desde lo más profundo de mi ser, y sobre todo que eran ciertas. Claro que me había creído, y claro que me apoyaría. Lo tenía completamente en la bolsa.
Play: http://www.youtube.com/watch?v=dhZUsNJ-LQU
Salí de la mansión con una enorme sonrisa pintada en mi rostro. Mi plan iba a funcionar a la perfección. Sólo faltaba que Georg actuara pronto.
Caminé unos cuantos pasos, bajando las escaleras, y logré escuchar un par de voces a mi derecha. Parecían… ¿Andreas y Tom?
Detuve mi andar, y me acerqué más hacia esa dirección. Me asomé detrás de unos arbustos, y pude ver a mi hermano con Andreas.
Mierda.
Andreas le rodeaba el cuello con los brazos, y Tom… ¿Tom tenía sus manos en la cintura del zorrillo? ¿Qué mier…?
—Sólo quiero que estés bien, Tom. Tú sabes lo mucho que Bill influye en ti, y no quisiera que te pusieras mal de nuevo por su culpa.
¿Mal por mi culpa? ¿¡Quién coño se creía este imbécil para decir eso!?
Estuve a punto de salir de entre los arbustos y arrastrarlo por todo el jardín trasero, pero me las aguanté al ver que Tom iba a hablar; tenía curiosidad, quería saber qué le diría él.
—Lo sé, yo tampoco quiero ponerme mal, pero… A veces no puedo evitarlo, Andy. Él sigue moviéndome muchas cosas.
Sonreí.
—Sí, me doy cuenta de eso —mencionó Andreas, bajando un poco la mirada, soltando sus brazos del cuello de Tomy.
¡Vaya, ya era hora!
—Hey —Tom pasó sus manos de su cintura a sus mejillas, haciendo que Andreas lo mirara nuevamente—. Estoy siendo sincero contigo. Era eso lo que querías, ¿no?
—Sí, y te lo agradezco, pero no puedo negarte que me duele.
—Escúchame —pidió mi hermano, clisando su mirada con la de Andreas, mientras le acariciaba tiernamente las mejillas.
Mierda. ¿Ese calor horrible lo sentía yo?
Comencé a sentir que el aire me faltaba, que en cualquier momento mi estómago estallaría del coraje. ¿Por qué diablos lo agarraba así? ¿Por qué coño estaban tan cerca? ¿Por qué estaban a punto de… besarse? ¿Besarse?
Estrujé fuertemente las hojas del arbusto que tenía enfrente de mí, mirándolos con los ojos muy abiertos. Joder, estaban demasiado cerca. Juraba que se besarían en cualquier momento.
—Lo sigues amando, Tom. No tienes que negarlo.
—Sí, pero… Bill no importa ahora, es contigo con quien quiero estar —Sonrió, y acto seguido, lo besó.
Sentí un fuerte nudo apretando mi garganta, me comenzó a faltar la respiración, y me costaba tragar. Nunca había sentido eso, nunca había sentido tantas ganas de ir hacia alguien y jalarlo para que dejara de besar a otra persona, nunca, y justo ahora, lo estaba sintiendo, justo ahora estaba queriendo ir por Tom, agarrarlo del brazo, llevarlo hasta mi recámara, y follármelo hasta que los sesos me reventaran.
Miraba como Andreas se apegaba a él, metiendo su asquerosa lengua en la boca de mi Tomy, esa boca que por muchos años había sido mía, totalmente mía.
—Tom… —jadeó contra sus labios, después de morderlos ligeramente, jalando uno— Vamos arriba —sugirió el maldito zorrillo.
Mierda, Tom, no. ¡Ni se te ocurra follártelo, joder!
Observé como mi hermano asentía, mirándolo con una amplia sonrisa, dejando un casto beso en la comisura de sus labios.
—Nunca olvidarás esta noche, Andy —pronunció con un tono seductor, y lo jaló del brazo.
Escuché como ambos reían por lo bajo, entrando por la puerta trasera de la mansión.
Blanco.
Mente nublada.
Blanco.
Odio.
Mucho odio.
Apreté mis puños, haciendo que mis uñas ya maltratadas, se encarnaran en mi piel.
¡Jódete, Thomas Kaulitz! ¡O Thomas Miller! ¡Me importa un carajo! ¡MIERDA!
Esto no estaba pasando, no.
Salí a paso apresurado del patio, reincorporándome a la entrada principal de la casa. Llegué rápidamente hasta la reja de metal, y un policía que anteriormente no estaba, me abrió la puerta, dejándome salir a la carretera.
¿Qué diablos era lo que estaba sintiendo?
Era la primera vez que sentía eso, la primera vez que sentía algo. ¿Por qué?
Me recargué en la pared más cercana, cerrando un poco mis ojos, tratando de tranquilizarme.
Comencé a recordar la primera vez que me besé con Tomy, a recordar la primera vez que sentí sus labios junto con los míos, su lengua inexperta acariciando la mía. Y ahora lo había visto con el idiota de Andreas, besándolo, besándolo como me había besado a mí muchas veces, diciéndole que pasaría la mejor noche de su vida, como yo se lo había dicho incontables veces.
Mierda, ¿eran celos? ¿O era otra cosa? ¿Otra cosa mucho más fuerte?
Diablos, ¡no! No podría ser cierto, yo NO estaba enamorado de él, él… Él es alguien a quien odio, él me ha arruinado la vida de todas las formas posibles, él… No, no podría estar así por haberlo visto con Andreas, no, no, no, no. Pero… ¿entonces por qué estaba así justo ahora? ¿Por qué había sentido mis ojos escocer cuando dijo “Bill no importa ahora, es contigo con quien quiero estar”? ¿Por qué había sentido un cúmulo de latigazos en todo mi cuerpo al verlo abrazarlo y besarlo? Esto… No, Bill, no puedes estar así por haber visto eso, no puedes. Porque… No puede ser cierto que estés pensando en estar enamorado. Eso jamás. Aunque…
Sacudí mi cabeza, entrando en el coche que había dejado estacionado metros adelante. Tenía que sacarme esa maldita imagen de la cabeza. No, no, no, amor, no. No podía estar pasándome esto a mí. Bill, vuelve, vuelve.
Aunque, tal vez… Sólo tal vez… Podría ser cierto.
Continúa…
Gracias por la visita.