«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 13. ¿Parecido a hacer el amor?

No todos los días tenemos la oportunidad de arreglar los errores que alguna vez hicieron que nuestra vida cambiara. No todos los días tenemos la libertad de decir que no queremos algo que nos afecta. No todos los días somos tan valientes como para decidir por nosotros mismos sin que nos importen las opiniones de las demás personas. Entonces, cuando ese día llega, cuando te sientes libre, decidido, valiente, haces las cosas que menos imaginabas, te enfrentas a quien nunca creíste poder enfrentarte, defiendes tus creencias por encima de los demás, te vuelves un poco más aprensivo, un poco más maduro, y aprendes muchas cosas, principalmente, a pensar primero en las cosas que te afectan, y convertirlas o solucionarlas, pero sin afectar a los demás que también están en juego.

¿No les ha pasado que algunas veces buscamos tanto agradar a los demás que nunca terminamos agradándonos a nosotros mismos? ¿Nunca han sentido que por más que se esfuercen en conseguir la admiración de alguien, menos sucede? ¿Se han preguntado alguna vez por qué pasan estas cosas? Yo sí, queriendo siempre agradar a Bill, queriendo siempre ser el mejor para que se enamorara de mí completamente, queriendo siempre enorgullecer a mis padres, haciendo que dijeran que era un excelente hijo, queriendo que las demás personas me admiraran… ¿Y qué conseguí? El desprecio de Bill, el desprecio de mis padres, el desprecio de la gente.

Porque sí, la gente de mi ciudad me odiaba, tal vez no todos, pero aquellas personas que siempre me habían dicho que estarían apoyándome, que me ayudarían si llegaba a tener algún problema en mi casa, o personal, esas personas que se enaltecían diciendo que eran bondadosas, fueron las primeras que me dieron la espalda en cuanto se enteraron de la relación incestuosa que llevaba con Bill.

¿Cómo se enteraron? Fácil. Jörg se encargó de decirles a todos los conocidos, para que nos trataran como apestados, como si tuviéramos una terrible enfermedad viral terminal.

Esa es la razón por la cual Andreas y yo nos tuvimos que ir de Alemania. ¿Y cómo llegamos a Nueva York? Bueno, creo que eso lo contaré en otra ocasión, ya que me salí completamente del tema.

Bien, como decía, ahora había decidido ser valiente, arreglar esos errores que anteriormente me habían marcado, y enmendarlos. Y claramente, Andy era el primero con el que tenía que arreglarlo. Él siempre había permanecido conmigo, me había apoyado, y nunca se había quejado. En cambio yo, lo había tratado mal al principio, había ignorado olímpicamente sus sentimientos y solamente me había centrado en Bill. Pero ahora haría las cosas diferentes, ahora lo pondría a él en primer lugar, ahora era mi turno de demostrarle cuanto lo quería, lo agradecido que estaba, y sobre todo, demostrarle que de verdad me importaba.

—Andy… —susurré, mientras Andreas me jalaba escaleras arriba— Mierda, Sebastian se dará cuenta, nos descubrirá.

—No pasará nada, Tom —Rió brevemente, mirándome de reojo.

Mordí levemente mi labio inferior y sonreí un poco apenado después. ¿Apenado? ¿Yo?

Sí.

Me daba un poco de pena la situación. Es decir, no era algo fácil, no quería que así lo fuera, porque… Tenía que ser especial, tenía que ser especial para mí, pero sobre todo para Andy.

Aunque… Aún tenía una duda dudosa que me hacía dudar, rondándome la cabeza desde hacia unos días atrás.

¿Cuál?

¿Sería Andreas virgen?

Porque desde que tengo memoria, no le he conocido ningún novio o alguna novia. No he sabido, ni me ha contado que haya tenido experiencias sexuales. Esperen… ¿Cómo es posible que durante este tiempo no le haya prestado atención a eso? Presumía que Andreas era mi mejor amigo, pero… En realidad, no conocía al cien porciento su vida. Bien, Tom, que bonito.

Suspiré internamente, sintiéndome realmente mal por eso. ¿Por qué carajo nunca le había preguntado acerca del tema?

—Andy… —Jalé un poco su brazo, antes de que entráramos a su habitación.

— ¿Sí? —Me miró interrogante, con una de sus cejas alzada.

— ¿Podemos mejor ir a mi habitación?

—Claro —Sonrió mirándome directamente a los ojos, y sentí mi piel erizarse por ese simple contacto con mi vista—. Yo iré a donde tú quieras.

Mierda, Andreas.

Reí brevemente, y esta vez fui yo el que lo llevó casi corriendo hasta mi recámara.

Me había prendido con eso.

Al momento de girar el pomo de la puerta, sentí como todas las mariposas y luciérnagas que tenía tranquilas en el estómago, empezaron a hacer revoltijo en esa parte de mi anatomía. Me puse notablemente nervioso, y mis piernas se volvieron flanes. Claro, Andreas estaba demasiado emocionado para notar todo lo que me estaba pasando emocional y físicamente en ese preciso momento.

—Tom… —pronunció, y yo volteé mi mirada hacia él, mordiéndome el labio.

— ¿Sí?

—Quiero… —Tragó saliva, mirando la puerta que tenía detrás de mis espaldas— Quiero que cuando entremos, nos olvidemos de absolutamente todo lo que está aquí afuera, que nos olvidemos de todos, que… Solamente nos tengamos a nosotros ahí adentro —pidió, algo nervioso. Se le notaba en su mano, que seguía aferrada a la mía.

—Lo prometo —dije, y sin esperar a que él hiciera algún otro comentario, lo tomé de la nuca, terminando de abrir la puerta, y entramos lentamente a mi habitación, con nuestros labios juntos, y nuestros cuerpos rozándose sin querer, pero lo cual agradecí mentalmente.

Observé como Andy se separaba un poco de mí, y cerraba la puerta, para después echarle el pestillo. Me dedicó una dulce mirada y caminó los dos cortos pasos que faltaban para estar a mi distancia nuevamente.

Tomé sus mejillas, acariciándolas, y suspiré junto con él, a lo que después reímos al unísono.

—Esto es tan…

—Surreal —completé la frase que sabía, estaba a punto de decir mi mejor amigo.

—Vaya que lo es. Tom, ¿en realidad quieres hacer esto? —interrogó, mirándome a los ojos.

—Quiero —Asentí ante su mirada aprobatoria—. Quiero estar contigo esta noche, Andy.

Sentí una oleada de calor por todo mi cuerpo cuando terminé de pronunciar esas palabras.

¿Por qué?

Porque de verdad quería estar con él. Estaba siendo totalmente honesto y sincero al decir eso. Nunca había tenido tantas ganas de estar con alguien en mi vida. Bueno… Casi nunca.

—Yo llevo deseándolo toda mi vida —Rió por lo bajo, y me abrazó, depositando un tierno beso en mi hombro.

Suspiré, sintiendo los fuertes latidos de su corazón chocar contra mi pecho.

—Andy… —Me aparté, un poco para mirarlo mejor, y tomé su mano— ¿Tú…?

—Ya sé lo que preguntarás. Haz tenido esa duda siempre, ¿no? —Enarcó levemente su ceja derecha— Pues sí, soy… Soy virgen —murmuró.

¡Bingo! Ahora tenía esa pregunta con una respuesta: Sí, Andreas era virgen. Mí virgen.

—Me siento tan estúpido por no habértelo preguntado antes, pero es que…

—Hey, Tom —Negó, mirándome comprensivo—. Tú no tenías por qué habérmelo preguntado, no era tu deber.

—Soy tu amigo —declaré.

—Lo eres, pero… Yo nunca te conté nada, y tú no preguntaste, respetaste mi silencio, ¿no es así? Y te lo agradezco.

— ¿No sientes que… tal vez no te prestaba mucha atención?

—Y también te agradezco eso —Rió.

—Andy…

—Ya. Ya no quiero que digas nada, Tom. Sólo bésame, joder.

Soltamos una breve risa y me lancé a besarlo nuevamente, tomándolo de la nuca, mientras lo apegaba hacia mi figura. Metí lentamente mis manos por debajo de su camiseta, sintiendo la piel de su abdomen enchinarse un poco. Jalé la camisa hacia arriba, y él alzó los brazos para hacer más fácil la tarea de quitársela. Lo guié poco a poco a la cama, acostándolo delicadamente sobre ésta, sin dejar de besarlo.

Dios, Andreas me estaba provocando tantas cosas en ese momento. Estaba haciendo que mis deseos casi extintos regresaran, y eso ya era mucho.

Coloqué delicadamente su cabeza sobre la almohada que descansaba en la cama, y lo miré después de romper el beso, delineando cada parte de su cara con mi mano derecha, mientras él me miraba sonriente.

—Cuando… Cuando estabas con Bill… —Carraspeó un poco, haciendo una breve pausa, como esperando que yo dijera algo para callarlo, cosa que no sucedió— ¿Quién era el que…? Bueno, ya sabes —Logré ver como se sonrojaba levemente mientras me miraba.

— ¿Quién era el activo y quién el pasivo? —Pregunté con una sonrisa un tanto divertida— Bill, él siempre lo era.

—Oh… —Asintió, acariciando mis costados con sus pulgares— ¿Y tú alguna vez…?

— ¿He sido activo? —Reí un poco— Sí. Siempre. Solamente con Bill era al revés, no sé exactamente por qué. Tal vez el hecho de que era mayor influía mucho en aquel tiempo.

—Ya veo —Volvió a asentir, mordiendo nerviosamente su labio—. ¿Duele?

Play: http://www.youtube.com/watch?v=Qoo9pe84Lqw

 (Repetir hasta la sigu. canción)

Lo miré sin decir nada por unos segundos, y me incliné nuevamente hacia él, quedando a escasos centímetros de su rostro, haciendo que nuestras respiraciones se mezclaran.

—Un poco. Al principio —admití, ladeando mi cabeza—. Pero, después se pasa, y comienzas a sentir algo mucho mejor.

—Entiendo —Suspiró, soltando todo el dióxido de carbono que ya no le servía a su cuerpo.

—Relájate, no haré nada que tú no quieras, Andy —Besé su frente, brindándole confianza, y él cerró sus ojos.

—Sólo hazlo lento.

—Lo haré —Sonreí un poco enternecido, comenzando a besar su cuello, mientras bajaba lentamente mis manos por su plano abdomen, hasta llegar al borde de sus pantalones. Los desabroché lentamente, e inmiscuí una de mis manos en ellos, acariciando su miembro por encima del bóxer.

—Mmh Tom —jadeó en mi oído, haciéndome temblar y excitarme casi al momento.

Sentí como mi miembro comenzaba a doler al estar apretado entre mi ropa interior y los jeans, y llevé mi otra mano hasta estos, desabrochándolos también. Andreas aferró sus manos a mis hombros, apretándolos ligeramente mientras yo seguía acariciándole el miembro, haciendo que soltara ligeros suspiros. Sonreí al verlo con esa carita tan angelical y lujuriosa al mismo tiempo. Me recordaba a… Bill.

Joder, Tom. ¿En qué quedaste con Andreas? ¡No pienses en Bill!

Sacudí un poco mi cabeza para borrarme esa imagen de la cabeza, y concentrarme en Andreas. ¡Andreas, Andreas, Andreas!

Guié mis labios hasta su pecho, y fui bajando lentamente mientras Andy me acariciaba el cabello tiernamente. Mis labios llegaron hasta su ombligo, lo delineé con mi lengua, dándole una pequeña mordida después, y seguí bajando, tomé el borde de sus bóxers con mis dientes, y al mismo tiempo que mis manos bajaban sus pantalones cuidadosamente, mis dientes imitaban la tarea pero con sus bóxers. Me alcé un poco para mirarlo mejor, completamente desnudo.

Cielos, tenía un cuerpo de puta madre. ¿Por qué no se notaba eso con la ropa? Su torso un poco marcado, su abdomen bien definido, con los músculos de su ingle al igual. Las piernas torneadas y bien proporcionadas al resto de su cuerpo, sus brazos delgados, pero marcados, su miembro… Joder, una que otra ocasión se lo había visto por accidente, cuando a veces no teníamos opción y nos bañábamos juntos, o salía de bañarse y le quitaba la toalla de broma, pero… Nunca lo había visto detenidamente como ahora. Todo Andreas era hermoso. ¿Por qué diablos no pude darme cuenta antes?

— ¿Qué tanto me ves? —preguntó Andy, sacándome del embobamiento.

—Lo hermoso que eres, Andy —Sonreí, mordiendo mi labio y me incliné rápidamente antes de que pudiera replicar, para besarlo suavemente, al mismo tiempo que lo tomaba de las mejillas, acercándolo a mí.

Poco a poco, me fui quitando la playera que me estorbaba, irguiéndome para mayor facilidad. Andreas acarició mi abdomen, pasando sus delicadas y cuidadas uñas por esa zona en específico. Entonces, siguió bajando sus manos, y las metió a mi pantalón, bajándolo también. Le ayudé a quitármelo por completo, mientras él seguía tocándome por encima del bóxer. Me mordí levemente el labio, echando mi cabeza hacia atrás, disfrutando del toque de Andy. Terminó por quitarme el bóxer completamente, y se alzó un poco más, para estampar cuidadosamente su boca contra la piel de mi abdomen, lo lamió y besó repetidas veces mientras yo acariciaba su cabello bicolor. Reí brevemente cuando metió su lengua a mi ombligo, y luego me jaló, para quedarme acostado encima de su figura. Acaricié su mejilla mirándolo a los ojos, para besarlo nuevamente.

—Tom… —pronunció apenas, debido a su entrecortada respiración— Hazlo, por favor…

Sonreí y asentí, abrí un poco más sus piernas, y bajé más hasta ver mejor su entrada. Me incliné hasta esa parte íntima de Andreas, y le di una pequeña lamida.

—Ahh —Escuché un gemido provenir de su boca entreabierta, y entonces decidí hacer lo mismo varias veces.

Abrí un poco más sus nalgas, acariciando su entrada con mi lengua. Cerré mis ojos, dedicándome nada más a proporcionarle placer en esa delicada zona, pasaba mi lengua, haciendo círculos y luego la metía y sacaba un poco, obviamente sin llegar a penetrarlo con ese músculo de mi cuerpo. Alcé un poco más sus piernas, poniéndolas a mis costados, y metí un dedo en su interior, recibiendo un estremecimiento por parte de su cuerpo. Ensalivé otro de mis dedos y lo metí igualmente. Tenía que prepararlo primero para que no le doliera. De por si tener un pene clavado dolía, y si no lo dilataba primero, le iba a doler mucho más.

Seguí metiendo y sacando mis dedos, abriéndolos y cerrándolos en su interior, mientras Andreas se deshacía en jadeos al sentirme.

— ¿Estás listo?

—No lo sé, ¿lo estoy? —interrogó algo divertido, sin abrir todavía sus ojos.

— ¿Te sientes listo?

—Mmh —Asintió, frunciendo levemente el ceño.

Saqué mis dedos, acariciando sus piernas, y tomé mi miembro, guiándolo hasta su entrada, presioné ligeramente en ella, y fue cuando Andreas finalmente abrió sus ojos, para clisar su mirada con la mía.

No puedo describir exactamente la conexión que hicimos en ese momento, pero… Fue hermoso. Nunca me había pasado, ni siquiera con Bill. Era una conexión especial, ambos sabíamos lo que estaba a punto de pasar, y no podíamos negar que nos sentíamos nerviosos. Toda la vida habíamos sido amigos, amigos nada más, y ahora, todo había cambiado, estábamos a punto de unirnos de una forma más allá, estábamos a nada de ser uno mismo en cuerpo y alma.

¿Ustedes creen que podría amar a Andreas tanto o más de lo que amo a Bill? No sé lo que piensen, pero… Estoy empezando a creer que sí.

Sonreímos al mismo tiempo. Andy acarició mis brazos que estaban apoyados a cada lado de su cintura, y yo hice mayor presión para entrar en él. Noté como su cara cambiaba completamente. Frunció el ceño, arqueando ligeramente su espalda, y aferró más su agarre en mis extremidades.

—Relájate, eso ayudará.

Él asintió, haciéndome caso. Respiró profundamente, y relajó sus piernas y sus manos alrededor de mis brazos. Lo tomé suavemente de la cadera, empujando un poco más contra él, hasta lograr entrar completamente. Solté un jadeo al sentir su estrechez envolver mi miembro, y Andy apretó fuertemente sus ojos.

— ¡Aahh!

— ¿Estás bien?

—Sí, sí, sólo… Espera…

Asentí mirándolo con una sonrisa plasmada en mi cara. Volvió a respirar profundamente, esperando que su cuerpo se destensara totalmente, y se acostumbrara a la intromisión que yo le estaba proporcionando.

Empujé nuevamente, pero teniendo cuidado, y él ladeó su cabeza, para después abrir nuevamente los ojos. Me sonrió, y entendí que era una aprobación para seguir con mis movimientos. A partir de ahí, no necesitamos decir más, sabíamos exactamente que estábamos compartiendo un momento realmente especial para nosotros, y las palabras sobraban entonces.

Me incliné para besar su hombro, dejando saliva en la piel blanca de su cuerpo, al mismo tiempo que sacaba lentamente mi miembro de él, para después volver a meterlo un poco más rápido.

—Amh…

Me alcé un poco, y noté que Andreas me miraba, entonces volvimos a conectar nuestras miradas, disfrutando del mágico momento. Poco a poco, me dejé llevar por el ritmo que él mismo iba marcando en mí, haciendo que las embestidas se volvieran ligeramente más fuertes, pero sin llegar a serlo demasiado. Jadeé al sentir como apretaba más su entrada alrededor de mi miembro, y enredaba sus piernas en mi cintura, haciendo que me internara profundamente en él. Apreté las sábanas que se encontraban a cada costado de su cabeza, respirando agitadamente, mientras cerraba mis ojos, moviendo un poco más mi cadera.

Pronto nos vimos envueltos en mucho calor, el aire nos llegaba a faltar de vez en cuando, y nuestros cuerpos húmedos, bañados en sudor, se friccionaban entre sí. Todo era perfecto, lo único que mis oídos lograban escuchar era su respiración agitada, sus jadeos, sus gemidos tan excitantes que hacían que mi cuerpo se estremeciera y quisiera ir cada vez más rápido. Nada nos importaba ahora, si Sebastian tocaba o entraba, estoy seguro de que seguiríamos entregándonos uno con el otro como lo estábamos haciendo en ese preciso momento. No queríamos despegarnos, no queríamos que se acabara, porque lo estábamos disfrutando. Lo podía sentir.

Tomé fuertemente su miembro, acariciándolo desde la punta hasta la base y viceversa. Bajé mis labios hasta sus pezones, lamiéndolos de vez en cuando y mordiéndolos levemente otras. Sentí mi miembro duro palpitar en su interior, y el líquido pre-seminal salir del suyo.

Aumenté ligeramente la velocidad, haciendo que él separa más sus piernas, entonces las tomé y las puse en mis hombros, sacando y metiendo mi miembro repetidas veces, un poco más rápido de lo usual. Seguí con mis movimientos, hasta sentir la punta chocar contra lo más profundo de su interior, ese punto exacto en el cual se siente un placer indescriptible, un placer que desearías poder sentir siempre.

— ¡Ah, Tom! —Relamió sus labios, pasando sus manos por detrás de su cabeza, estrujando fuertemente la almohada blanca que adornaba su cama.

—Mmh, Andy…

Choqué nuevamente hasta el fondo, haciendo que Andreas se retorciera de placer debajo de mí, soltando sonoros gemidos, que luego yo me encargaba de callar, besándolo profundamente, entonces esos gemidos se ahogaban en el interior de mi boca, excitándome todavía más si se podía.

Estábamos a punto de llegar al colmo de la excitación. Sentía mis piernas temblar ligeramente, mientras mi vientre se contraía, y mi miembro dolía placenteramente en su interior. Era la mejor sensación del mundo, se los puedo jurar.

Seguí acariciando el miembro de mi mejor amigo, jalándolo rápidamente, estaba completamente duro, y la punta la tenía teñida ligeramente de rojo, haciendo notar que él al igual que yo, estaba a punto de llegar al clímax.

Quería que esa noche fuera la mejor de su vida, quería que siempre la recordara y que aunque estuviera con otras personas, no pudiera sacarse de la cabeza este instante, este momento conmigo. Quería hacerlo disfrutar como nunca más disfrutaría en su vida, quería hacerlo gemir, gritar mi nombre y que su voz resonara en mis pensamientos todos los días, quería olvidarme de esa otra voz que ocupaba casi todo el espacio en mi cerebro, ahora sólo quería que la voz de Andreas, que el cuerpo de Andreas estuviera en mi cabeza rondando todo el día.

—Ah, amh… —Movió fuertemente su cadera, haciendo que yo incrementara al igual mis movimientos.

Ladeó su cabeza, dejándome espacio para besar su cuello, y así lo hice, lo besé mientras metía y sacaba ahora con mayor fuerza y velocidad mi miembro de su interior. Logré pasar mis manos por debajo de su espalda, separándolo un poco de la cama, atrayéndolo más hacia mí. Andy se aferró a mi espalda, rasguñándola un poco, a lo cual di un ligero jadeo. El momento era digno de retratarse. Podría verse vulgar, incluso asqueroso para algunas personas, para la religión, o para otros en sí, pero para nosotros no, para nosotros era algo que quedaría grabado en nuestra cabeza y corazón por el resto de nuestros días, estoy seguro. Era su primera vez, y al contrario que a mí, su primera vez sí había sido bonita, sin que nadie lo obligara, sin que nadie lo forzara a hacerlo.

Sentí las gotas de sudor trazar un camino desde mi frente hasta mi clavícula, y fueron descendiendo poco a poco hasta mezclarse con las de Andreas. Embestí hasta el fondo de su cuerpo, dando una última vez en esa zona delicada de él, y me corrí fuertemente dentro, arrugando los dedos de mis pies, mientras mordía su cuello y parte de su hombro.

— ¡Mmhg! —Ahogué un gemido en su piel, masturbándolo rápidamente.

Logré sentir después toda su esencia empapar mi mano y parte del abdomen, mientras él encajaba más todavía sus uñas en mi piel y arqueaba notablemente su espalda, echando su cabeza impregnada de sudor hacia atrás.

Play: http://www.youtube.com/watch?v=3_0oIb4XPdE

— ¡Aaahhhh! —Logró gemir, destensando totalmente su cuerpo, dejándolo caer en la cama completamente, conmigo todavía encima de él.

Nuestras respiraciones se volvieron un poco más calmadas, y nuestros cuerpos se dejaron de rozar cuando me erguí sobre él, levantándome un poco con ayuda de mis piernas, saliendo suavemente de su interior. Andreas se movió un poco, haciendo que yo saliera con mayor facilidad y suspiró, cerrando luego sus ojos. Acaricié sus piernas, besándolas después, hasta llegar a su mentón. Besé después sus labios, sin llegar a profundizar, y nos fundimos en un cálido abrazo, con nuestros pechos calientes volviéndose a juntar.

—Fue perfecto, Tom —susurró contra mi oído, soltándome una sonrisa.

—Lo sé —Asentí, sin querer despegarme de él, y sólo me moví un poco hacia la derecha, para recostarme en el colchón, envolviendo en mis brazos el delicado y hermoso cuerpo de mi mejor amigo.

Cerré mis ojos, abrazándolo así, mientras él pegaba su cabeza a mi cuello y parte de mi hombro, y su espalda a mi pecho y parte de mi abdomen, acariciando mis brazos en pequeños círculos. Entrelazamos nuestras piernas, acariciando una contra la otra, y suspiramos al mismo tiempo.

—No pensé que esto sería así… —murmuró, moviéndose un poco junto a mí.

— ¿El que? —interrogué algo curioso, mientras besaba tiernamente su nuca y acariciaba su cabello, despejando su frente todavía húmeda.

—Mi primera vez —mencionó—. Pensé que sería…

— ¿Mejor? —me atreví a preguntar, con un poco de miedo a que fuera a acertar— ¿O con alguna chica?

— ¿Mejor? —Rió, dándome un ligero golpe en mi muñeca— No pensé que sería contigo, ¿entiendes? Y no pensé que me sentiría así.

— ¿Así cómo? —volví a preguntar, mientras mordía mis labios.

—Así de feliz, así de… Completo.

—Andy… —Suspiré, delineando los escasos músculos marcados de sus brazos— Quiero que así te sientas de ahora en adelante. Completo.

—Así me sentiré.

Pude adivinar que sonreía, y me acerqué un poco más a su oído para susurrarle con un tono algo seductor.

—Y por cierto… —Comencé— Eres increíble en la cama.

— ¡Tom! —Volvió a darme un manotazo en la muñeca, y rió brevemente. Seguramente también se sonrojó hasta la raíz de cabello bicolor.

Reí también, estrechándolo más contra mi cuerpo.

—Y estás buenísimo además. ¿Dónde escondes todo esto eh?

—Basta, jajaja. Eres un depravado.

—Oh, vamos, Hudec. ¿Depravado, yo?

—Además de pervertido, y…

—Tú eras el que gritaba cuando…

— ¡Calla! —Se tapó las orejas, haciendo que yo soltara una estrepitosa carcajada— No tienes por qué decirlo en voz alta, Miller.

—Pues tú sí gritabas en voz alta. Oh, Tom, ¡más, dame más! —Traté de imitar su voz, gimiéndole cerca del oído al mismo tiempo que seguía riendo.

—Yo nunca te dije eso, ¡mentiroso! —Se volteó, y me miró directamente a los ojos, con los labios curvados en una divertida sonrisa.

—Pero quisiste decirlo, acéptalo —Besé fugazmente sus labios, pasando uno de sus rubios mechones por detrás de su oreja.

—Puede ser… —Y volvió a reír, mirándome tiernamente— Tú también eres muy bueno en la cama —susurró contra mis labios, relamiéndolos después.

— ¿Ah, sí? ¿Demasiado?

—Mhh —Asintió varias veces para después reír—. No te puedo comparar con nadie, claro está. Pero… Me encantó.

— ¿Te dolió mucho? —Fruncí levemente mis labios, mirándolo con ambas cejas alzadas— ¿Fui brusco o…?

—Hey, calma —Volvió a reír ante mis preguntas de preocupación y acarició tiernamente mi mejilla izquierda— Fue perfecto, ¿no escuchaste?

— ¿Entonces soy increíble? —Mordí mi labio, dirigiéndole una felina mirada.

—Eres increíble —Aceptó, y me abrazó, hundiendo su cabeza en el hueco de mi cuello. Correspondí cariñosamente el abrazo, acariciando su espalda baja con mis manos.

No dijimos nada más, no hacía falta, todo lo habíamos dicho anteriormente, y lo que no, lo habíamos demostrado también anteriormente. Nos quedamos así, abrazados hasta que sentí su respiración calmada chocar en mi cuello, y su cuerpo relajado contra el mío. Se había quedado completamente dormido.

Sonreí al sentirlo así, tan frágil, tan delicado, tan confiado en quedarse dormido de esa manera conmigo. Acaricié delicadamente su torso, y luego su cabello, despeinando algunos mechones que tanto me gustaban. Besé su frente repetidas veces, y disfruté del delicioso aroma que desprendía.

Ahora me sentía sumergido en una inmensa paz. Andreas es tan… La verdad no sé cómo explicarlo exactamente, pero es de las pocas y escasas personas que con tan poco, logran mucho en mí, como ponerme feliz con solamente una sonrisa, como alegrarme el día entero con solamente decirme que me quiere. ¿No han sentido ese sentimiento (valga la redundancia) de querer estar siempre con esa persona? Precisamente ahora comenzaba a sentir eso por él.

Y más después de esta noche, esta noche en la cual me hizo sentir distintas emociones y sentimientos al mismo tiempo, mezclándose unas con otras. Me hizo sentir diferente, especial, no había sentido nada más placer, había sentido algo más en la profundidad de mi corazón, había sentido que algo despertaba, que algo resurgía desde adentro. Porque no sólo había sido sexo, no, de eso estoy completamente seguro, había sido algo mucho más fuerte, algo que no podía compararse con mis noches con otras putas, o con las noches de fiesta que terminaba follando con cualquiera, pero, tampoco podía compararse con las noches de amor que pasaba con Bill. Entonces si no había sido sexo, y no había sido hacer el amor… Había sido algo… ¿Parecido a hacer el amor?

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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