«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 15. Muy lejos de ahí

La gran pasarela estaba a punto de comenzar, y me sentía más nervioso que una novia a punto de llegar al altar.

Sebastian estaba en primera fila, observando todo detenidamente, mientras que los demás espectadores platicaban entre ellos. Los modelos se preparaban, siendo arreglados y maquillados adecuadamente, y todo el personal encargado de dicho evento, terminaba por arreglar todo lo que no estuviese en su lugar.

Andreas se encontraba a mi lado, detrás de los vestidores, besándome lentamente el cuello, mientras yo metía mis manos por debajo de su camisa fajada, haciendo obviamente que ésta se desarreglara por completo. Sentí sus manos bajando por mi espalda baja, hasta posarse en mi trasero, el cual estrujó con fuerza, propinándome un ligero salto en mi posición. Ambos soltamos una ligera risa, y acto seguido, se inclinó un poco hacia mí, para besar mi pecho, ya descubierto.

—Crees… ah —Cerré mis ojos, disfrutando del contacto de los suaves labios de mi novio— ¿Crees que esto me quite el estrés?

—Claro que lo hará, amor —Rió un poco, y siguió besando mi piel, bajando poco a poco hasta mi abdomen.

Yo acaricié su cabello bicolor, contrayendo ligeramente mi abdomen, al sentir su lengua recorrer todo su esplendor. Sus dedos viajaron hasta el cierre de mi pantalón, el cual bajó rápidamente, para luego desabrochar el botón que obstaculizaba el camino hacia mi entrepierna. Solté un largo suspiro cuando Andreas metió una de sus manos a mis bóxers y me sacó el miembro ya duro y palpitante justo delante de su rostro. Abrí finalmente mis ojos, para mirar lo que haría a continuación. Lo tomó con firmeza, y llevó sus labios carnosos hasta esa parte más sensible de mi cuerpo. Envolvió toda la cabeza de mi pene en su boca, evitando que sus dientes me lastimaran, y acarició la base, haciendo rápidos movimientos.

—Mmh —Traté de callar los gemidos provenientes de mi garganta, mientras apretaba mis labios, dejando solamente salir pequeños sonidos a causa de lo que él hacía debajo de mí.

Siguió con su tarea, mientras cerraba sus hermosos ojos color pistache y apretaba ligeramente sus labios, con mi miembro ya completo metido en su boca. Logré sentir una oleada de placer recorrerme por todo el cuerpo, y me aferré a la mesa que chocaba con mi espalda, sin dejar de mirar a Andreas.

Nunca había siquiera imaginado que algún día esto pasaría. Nosotros, aquí, detrás de todo el espectáculo que estaba a punto de comenzar, con Andreas arrodillado, haciéndome gemir internamente de placer. Era muy surreal, la verdad.

Apreté apenas su cabello, jalándolo un poco, mientras él seguía con su hábil lengua y boca, recorriendo todo mi miembro, desde la base hasta la punta y viceversa.

Tengo que admitir que Andreas era muy bueno haciendo eso. ¿En dónde lo habrá aprendido? Es decir, para ser la primera vez que hace algo así, lo hace demasiado bien.

Dio una última lamida, cuando me corrí fuertemente dentro de su boca, soltando un gran gemido, echando mi cabeza hacia atrás, al mismo tiempo que encogía mis dedos de los pies, y cerraba mis ojos, hasta perderme en el placer que mi cuerpo estaba liberando en ese momento.

Dios, se sentía tan bien. El estrés se había ido completamente, los nervios volaban fuera de mi cuerpo, y todos los problemas mentales que tenía conformados anteriormente, se habían esfumado como por arte de magia.

—Ahmm —Jadeé, tratando que mi respiración se volviera regular nuevamente.

Andy se levantó, limpiando la comisura de sus labios, mientras sonreía ampliamente, y comenzaba a abrochar mi camisa y pantalones.

— ¿Liberaste el estrés? —preguntó, finalizando con los últimos botones de mi camisa Dior.

—Completamente. Eres maravilloso, ¿lo sabías? —Lo tomé de la cintura, acercándolo más hacia mí si se podía, y acaricié su mejilla izquierda, mirándolo a los ojos— Aunque… Tengo una duda existencial.

— ¿Cuál? —Enarcó levemente una ceja, sosteniéndome la mirada.

— ¿Cómo es que eres tan experto con la boca? ¿En realidad nunca habías estado con alguien? —Lo miré inquisidor, acomodando su camisa dentro de su pantalón de vestir, fajándola nuevamente.

—Mmh… Tengo mis secretos, Tomy —susurró, mordiendo divertidamente mi oreja.

Toda la piel de mi cuerpo de erizó, haciendo que recordara algo que no debía de haber hecho en ese instante.

Las palabras de Andreas habían sido exactas a las de Bill en un pasado.

Había recordado tanto a aquel experto Bill que me había enseñado todo lo que sé ahora. Había recordado sus juegos, sus poses, sus maneras de excitarme y seducirme. Había recordado todo perfectamente como si hubiese sido ayer.

Maldita sea. Ahora tenía que lidiar con más problemas y estrés del que tenía anteriormente.

Notablemente, mi cara cambió radicalmente. Mis ojos quedaron perdidos en algún lugar del fondo y mis manos se volvieron flácidas a cada lado de mi cuerpo.

Andreas se separó unos cuantos centímetros de mi cuerpo, y pude sentir que ahora el excitado era él.

—Andy, espera… —Miré unos momentos al suelo, y luego regresé nuevamente mis ojos marrones a los suyos.

— ¿Qué ocurre? —preguntó, con la respiración un poco entrecortada.

—Es que… Ya es tiempo de que vayamos a la pasarela. En cualquier momento comenzarán a salir los modelos y no quiero perderme eso.

—Mmh… —Frunció ligeramente los labios, formando un tierno puchero, y acomodó su traje, para después darme un dulce, pero profundo beso en los labios— Pero al rato no te escaparás —Rió, y propinó una leve mordida en mi labio inferior.

—Oh, ¿Andy el rudo se está destapando? —Reí con él, tomándolo de la cintura, tratando de olvidar lo dicho anteriormente, y lo besé una vez más, acariciando su nuca— Vamos… Se nos hace tarde —Le guiñé un ojo, arrastrándolo hacia afuera.

 

La pasarela finalmente había dado inicio. Yo me encontraba a un costado de mi padre, entrelazando mis dedos con los de Andreas, mientras él acariciaba tiernamente mi pierna izquierda.

Estaba relajado, primero saldrían los modelos que otras revistas nos habían hecho el favor de traer, para que se viera la colaboración que podíamos tener entre competencia. De hecho, Drake Zegers se encontraba justamente paralelo a mí, sonriendo cuando sus modelos salieron finalmente. Se veía contento, al igual que todos los espectadores sentados alrededor.

Después saldrían los modelos menos conocidos de Noise, como Georg, Cameron, quien estaba haciendo su debut, y otros más que no vale la pena mencionar, sinceramente. Y para cerrar con broche de oro el evento, saldría Bill. Mi hermano mayor tendría toda la atención del final, y debo admitir que eso es lo mejor, es como decir que eres al que más esperan ver todos, y así finalmente, después de verte, ya se pueden ir bien servidos. Exactamente eso era lo que yo quería plasmar con él. Era definitivamente el mejor modelo de Nueva York, y quería que todos lo notaran. Se lo merecía, a pesar de todo.

Bill era una figura la cual atraía la atención de todos a su alrededor, y precisamente eso es lo que buscan la mayoría de las revistas; un modelo que te enganche desde la portada, y así quieras comprar la revista o al menos hojearla para ver al modelo en cuestión. Muchos logran eso, pero después de haberlos visto, el encanto se pierde, y deciden dejarla nuevamente en el mostrador, sin llevársela a casa. Con Bill era totalmente diferente, atraía desde un principio, y una vez veías el interior, una vez que contemplabas todo su esplendor, quieres comprarlo y llevártelo a casa inmediatamente para poder tenerlo sólo para ti. Y eso en particular quería que pasara, que las personas disfrutaran de la revisa y pudieran comprarla, y tenerla en su casa como una especie de adoración, no solamente que la hojearan y depositaran nuevamente en el mostrador.

— ¿Estás emocionado? —susurró Andy, muy cerca de mi oído para ser el único receptor de sus palabras.

—Sí. Es el evento más grande del año aquí, y estoy seguro de que todo saldrá tal y como lo planeé.

—Verás que sí, amor —Me sonrió como sólo él lo sabe hacer, y luego apoyó ligeramente su cabeza en mi hombro, juntando un poco más nuestros cuerpos.

Me extrañaba un poco que los chupasangres de los paparazzi no se encontraran husmeando a nuestro alrededor como moscas en miel. Y principalmente cuando Andreas hacía demostraciones de cariño como esas. Tal vez las personas no se lo tomarían tan a mal después de todo.

—Te daré una sorpresa esta noche —dije en un tono cantarín, tratando de sonar divertido.

—Mmh… ¿Qué tipo de sorpresa? —Sonrió amplio, mordiendo su labio, mientras me miraba seductoramente.

Mierda Andreas, cálmate o te follaré aquí, enfrente de todos.

—No del que te estás imaginando —Reí por lo bajo, acariciando su mejilla derecha—. Será un poco más… Romántica. Por así decirlo.

—Aw, ¿en serio, Tom? —Su cara cambió radicalmente. Ahora me veía con ojos pizpiretos, acariciando mi mano mientras ésta seguía posada en su mejilla.

—Sí —contesté, mirando nuevamente hacia enfrente.

El organizador del evento, presentaba a los modelos, mientras éstos desfilaban por toda la gran pasarela, mostrando los atuendos que Noise había hecho en los últimos meses.

Todo se me hacía un poco surreal. Ya había estado en eventos como éstos, pero nunca había sido algo que yo planeara con anticipación. Estaba tranquilo, seguro, y animado por lo que pasaría ésta noche, pero también me encontraba un poco extraño, como si mi subconsciente supiera que algo no estaba bien del todo.

Suspiré por milésima vez en la noche, recargando mi cuerpo en el respaldo de mi asiento. Miré a Sebastian por el rabillo del ojo, intentando descifrar las reacciones que tendrían; era la primera vez que él no era el encargado de dicho evento, y no quería que se sintiera defraudado, o que sintiera que algo le había faltado. Al contrario, esperaba, deseaba que todo fuera de su total agrado. Aunque su cara estaba seria, también se encontraba atenta ante lo que estaba sucediendo frente a sus ojos. Entonces me relajé de sobremanera; si una cosa lo caracterizaba, era que si algo lograba dominar su atención, era digno de ver para él.

 

Por Bill.

Jamás en la vida me había sentido tan nervioso como ese momento. Mi corazón latía a mil por hora y sentía la sangre de mis venas fluir como una corriente de los ríos rápidos.

Estaba preparado, sí. Pero había algo dentro de mí, algo que no sabía descifrar totalmente, que hacía que mi estómago doliera y quisiera sacar los escasos alimentos que había ingerido horas atrás.

Pude sentir la mano de Cameron apretando con desgano mi hombro, mientras susurraba un casi inaudible “tranquilo” muy cerca de mi oído.

Asentí en señal de agradecimiento, y troné un par de dedos de mis manos para intentar relajarme. Observé como Cameron se juntaba con Georg y demás modelos de la revista para comenzar a salir, cuando el organizador iba mencionándolos a todos y cada uno.

Play: http://www.youtube.com/watch?v=jofNR_WkoCE

La música era muy buena. Hacía contraste con lo que se estaba presentado y quedaba realmente bien de fondo para ello.

Me dieron unas enormes ganas de asomarme por una de las cortinas, y así lo hice, muy discreto, obviamente, para que nadie pudiera notar mi presencia ahí. Pude vislumbrar a Tom sentado a la izquierda de Sebastian y al zorrillo también a su lado, tomándole fuertemente la mano, al mismo tiempo que propinaba pequeños cariñitos en la misma.

Joder, seguramente estaba tan ilusionado por su disque relación con mi hermano. Pero eso no le duraría mucho tiempo. Tom sólo había sentido amor una vez en su vida: Hacia mí. Y nunca más volvería a sentirlo. Todavía me amaba, se le notaba a leguas. Sus ojos seguían mirándome como lo hacían antes, su piel seguía deseándome como lo hacía antes, sus labios seguían soñando con algún día volver a besar los míos, y ese día llegarían pronto, muy pronto.

Observé la mirada de Sebastian. Se le notaba muy atento, pero también perdido entre tantas cámaras y luces, como si en realidad no estuviera ahí, como si se sintiera cansado. Definitivamente algo pasaba en su cuerpo, algo extraño.

Sacudí levemente mi cabeza, y seguí mirando alrededor. Los paparazzi estaban situados hasta enfrente, tomando todas las fotos que sus cámaras fotográficas alcanzaran. Los modelos posaban con sus mejores atuendos de marca, posando algunos sus manos en sus cinturas, y otros en las caderas. Los diseñadores estaban también muy cerca de la tarima, para poder observar sus estupendos trabajos, siendo resaltados con los preciosos cuerpos que ahí se veían.

Todo se veía relativamente bien. Todavía no había pasado ningún altercado y eso ya era ganancia; normalmente en los eventos de este tipo solían pasar cosas extrañas, o hasta ridículas, como que los modelos salieran con atuendos al revés, que las mujeres enseñaran más de lo debido, o hasta caídas y golpes de sueño. En serio, pasaban muchas cosas que truncaban algunas veces, la apariencia del diseñador o de la misma revista. Pero ese no había sido el caso hoy. Sólo esperaba que así siguiera, y no pasara algo desagradable más tarde.

Seguí ahí parado, medio asomado, cuando vi salir a Cameron llevando un saco largo, bien entallado, y con algunas rayas blancas adornando su fondo negro. Se veía realmente sexy con eso. Resaltaba sus afiladas caderas, y su estrecha cintura. Dios, me habían dado ganas de follármelo ahí mismo. Observé también cuando salía Georg después de él, y no puedo negar que también se veía bastante bien. Es cierto cuando dicen que la ropa de marca o de diseñador reconocido hace maravillas con la gente común.

Y estaba comenzando a ponerme nervioso. Ya faltaba mucho menos para mi salida a la pasarela, y no me hacía ninguna gracia que Tom y el zorrillo estuvieran dándose cariño enfrente de mí.

Tallé ligeramente mis manos, y me quité un momento de la cortina, para mirar hacia atrás. Los modelos próximos a salir ya se encontraban en la esquina, y los que estaban apenas entrando, respiraban tranquilamente, soltando todos los nervios que anteriormente los habían comido. Lo sé porque exactamente lo mismo me pasaba a mí al principio de mi carrera como modelo.

—Bill, tienes que estar al pendiente; en cualquier momento te nombrarán y tendrás que salir —comentó uno de los muchos organizadores que estaban encargados de los modelos.

Asentí con una sonrisa pintando mi cara. No quería que mis nervios salieran a relucir en ese preciso instante.

Respiré hondamente, expirando después todo el aire que había contenido, y me acerqué a la esquina de la que saldría para mi actuación. Me dispuse a esperar mi momento, tratando de relajar mi cuerpo entero.

—Y lo que todos esperamos ésta noche… —comenzó el anfitrión— Un modelo traído desde Europa, con un estilo andrógino, y totalmente innovador: ¡Bill Kaulitz!

Al momento de escuchar mi nombre y los aplausos seguidos de éste, una curva se formó en mis labios, y mis pies caminaron automáticamente hacia mi tan esperada entrada.

Crucé las cortinas que me separaban de todo el público, y caminé con mi pose de modelo profesional hasta posicionarme enfrente de todos. Era el centro de atención, los aplausos se seguían escuchando cada vez con más intensidad a cada paso que daba sobre la tarima. Sentía las luces de los flashes dar contra mi piel tersa, y las miradas penetrantes de todos, sin excepción, chocar en mi figura. Me sentía en el cielo, en la gloria, en la cima de todo Nueva York.

Incluso algunos paparazzi se peleaban por el ángulo en el que querían captar mi esencia en sus cámaras. Era todo un sueño, todo lo que siempre soñé, y ahora todo se lo debía a Tom.

Sí, Bill Kaulitz le agradece a su hermano-amante de un pasado, que ahora lo odia. Lo sé, es extraño viniendo de parte mía, ¿no es así? Pero pues… Supongo que algún día tendría que pasar el que me diera cuenta de las cosas y demás personas a mí alrededor y no sólo pensara que yo era el único importante ahí.

Y ahora me daba cuenta. Justo ahora que todas las cámaras estaban dirigidas a mí, justo ahora que mi hermano me miraba atento, ignorando las palabras de Andreas, justo ahora que la atención de absolutamente todos se concentraba en mi persona, justo ahora me daba cuenta de la realidad. No pregunten por qué, no pregunten por qué Bill Kaulitz está cambiando de repente, porque ni siquiera yo entiendo.

Traté de sacar mis pensamientos de mi cabeza, y concentrarme en lo que estaba haciendo. Recorrí la pasarela con pasos firmes y seguros, y di algunas medias vueltas para que pudieran observar y apreciar mejor el atuendo que Blake había hecho exclusivo para mí.

Logré mirar a Tom directamente a los ojos, y le regalé una discreta sonrisa, que estoy seguro, solamente él y el zorrillo pudieron notar. Perfecto.

Terminé con mí recorrido por la tarima, y segundos antes de desaparecer nuevamente por las cortinas, di otro giro, y me despedí guiñando un ojo hacia las personas que todavía admiraban mi andar. Sonreí después de perderme entre las cortinas, y al momento de entrar nuevamente a los vestidores que se encontraban en la parte de atrás, todos los modelos, incluidos a Georg y Cameron se lanzaron a abrazarme.

—Cielos, Bill, ¿cómo lo haces? Eres un Dios…

—Oh sí, eres el mejor de todo el mundo, sin duda.

—Sin duda.

Todos me halagaban, y al fondo, pude escuchar los últimos aplausos hacia mí por ésta noche.

Les sonreí a mis compañeros, y luego capté mi completa atención en Cameron. Ya se había quitado su traje de diseñador, y ahora portaba uno similar, pero mucho más casual, con unos jeans algo apretados, y un sombrero ladeado adornando su cabello.

—Te ves muy guapo esta noche, Cam —comenté, mientras lo miraba de arriba abajo, inspeccionándolo por completo.

— ¿Qué mosco te picó, Kaulitz? —Rió por lo bajo, mirándome un tanto sorprendido mientras cruzaba sus brazos y mordía ligeramente su labio menor.

Vaya, el joven Cameron estaba aprendiendo por fin.

—El mosco de la calentura, tal vez —bromeé, clisando mi fuerte mirada con la suya.

—Ah, claro. Olvidaba que tú sólo me buscas para… —Y lo besé, cortándole incluso la respiración. No se negó.

Cerró sus brazos contra mi cuello, ladeando un poco su cabeza, dejando que mis labios se juntaran todavía más con los suyos.

No me importaba la gente que nos estuviese viendo, sólo me importaba besarlo y quitarme las enormes ganas que le traía desde hace mucho.

Rompí el beso luego de un rato, mordiendo su curvatura, dejando un poco de saliva en la zona.

—No digas eso, Cami… —Reí— Eres mucho más que una simple follada, te lo puedo asegurar.

— ¿Cómo me lo aseguras? Yo no estaría tan confiado…

—Sólo cree. Tener fe es lo que nos ayuda en muchos sentidos, ¿no crees?

— ¿Tener fe en ti es viable?

—Puedes jugártela, y tomar al toro por los cuernos, o darte la media vuelta ahora mismo. Está en tus manos —Sonreí, moviendo mi cabeza de un lado a otro.

— ¿Crees que esté solamente en mis manos, o también podría estar en las manos de Tom?

Me helé al escuchar el nombre de Tom salir por los labios de Cameron.

¿Qué jodidos había querido decir con eso?

Lo miré interrogante, sin dar ninguna explicación o réplica al respecto.

— ¿Tom? —pregunté muy seguro, disimulando el pase de saliva por mi garganta.

—Tal vez tenga mucho que ver que hoy anunciará ante medio mundo su “compromiso” con Andreas. Es por eso que me estás buscando, ¿no es así? —cuestionó altaneramente, como si mereciera una explicación el muy idiota.

Play: http://www.youtube.com/watch?v=kn6-c223DUU

—Espera… ¿Que Tom hará qué? ¿Anunciar…? —Me volteé en dirección a la salida y comencé a hiperventilar cuando escuché la voz de mi hermano retumbar en el micrófono— Mierda…

—Tú… No lo sabías —Cameron se rió, poniendo una de sus manos en su mentón, observándome desde su posición, sin mover un músculo más.

Me acerqué a pasos lentos hasta la cortina, y me asomé como anteriormente lo había hecho. Tom y Andreas estaban situados en la tarima, a la vista de todos, con las cámaras y miles de personas a su alrededor.

¿En verdad lo diría? ¿En verdad les gritaría a todos que era gay y que además estaba en una relación con su mejor amigo de toda la vida? No lo creí capaz. ¡Estaba completamente fuera de sus sentidos!

Quise gritar, arrancar las cortinas, y abalanzarme contra quien fuese para impedir que Tomy, que MI Tomy hiciera una estupidez como esa, pero lamentablemente, era demasiado tarde.

—Y quiero anunciarles que Andreas Hudec, mi mano derecha, mejor amigo y confidente, ahora se vuelve oficialmente mi novio.

Pude notar como las caras de la gran mayoría se transformaban en una… ¿¡Sonrisa!?

¿¡Pero qué mierda!? ¡Se supone que todos deberían de estar en estado de shock! ¡Diciéndose entre ellos que eso no podía ser! ¡Que tenía que ser un maldito error! ¡Que no estaba pasando! Pero al perecer, yo era el único que pensaba así.

Se escucharon aplausos desde muchos lugares, y los que no estaban del todo de acuerdo con Tom, se limitaron a sonreír falsamente, y tomar sus cosas para luego retirarse sigilosamente.

— ¿Lo ves? Andreas es ahora la pareja oficial de tu hermano, Bill. Ya no hay nada que puedas hacer al respecto —dijo Cameron detrás de mí, susurrando casi en mi oído, mientras que yo agarraba fuertemente la pesada cortina entre mis dedos y la estrangulaba, pensando que era el asqueroso cuello del zorrillo.

—Eso está por verse —Y dicho eso, me quité de un empujón a Cameron de encima, y salí casi disparado al camerino de Tom.

Sabía que tendría uno, para ponerse su ropa y darse un pequeño retoque antes de salir. Y obviamente, tenía que regresar algún día para tomar de regreso sus cosas. Lo esperaría el tiempo que fuese necesario, y lo enfrentaría, me lo follaría ahí mismo, y lo convencería de terminar a Andreas definitivamente. Las cosas no podían salirse de mi control tan fácilmente.

Caminé apresuradamente hasta su camerino, y justo antes de entrar, vi que la puerta estaba entreabierta. Me asomé un centímetro para mirar que no hubiese alguien más adentro, y dos figuras, empotradas contra la pared y parte del buró, se besaban con intensidad, mientras que sus manos subían y bajaban de sus cuerpos intercaladamente.

Mierda otra vez.

Andreas tenía sus piernas enredadas en la cadera de Tom, y éste movía su pelvis en un impulsivo vaivén contra el cuerpo del contrario. Sus pantalones estaban casi hasta sus rodillas, y su camisa yacía abandonada a los pies de la encimera de junto.

Por un momento dudé. Quise irme, y tratar de borrar esa espantosa imagen de mi cabeza, pero en vez de hacer eso, me contuve y me recargué en el marco de la puerta, observando con detalle todos y cada uno de sus movimientos.

—Mierda, Tom, hazlo ya, hazlo ya —suplicaba como perra el maldito zorrillo, mientras mi hermano besaba su cuello, y se movía frenéticamente contra él.

—Te haré el amor como nunca, Andy —mencionó Tom, alejándose relativamente del cuerpo de Andreas, para después terminar de quitarse los pantalones, y quitarle también a él los suyos.

La escena me causaba asco, repulsión, coraje, tristeza…

Quería que en vez de estar Andreas tendido a su merced, estuviera yo. Quería que Tom me hiciera el amor, me follara, a mí, no a él. ¿Por qué justamente con él? ¿Por qué le hablaba de hacer el amor? No lo amaba. No lo amaba.

Crucé mis brazos, mirando como Tom finalizaba su tarea de desnudar por completo a Andreas y luego lo llevaba al sofá más cercano, para situarlo de rodillas contra éste. Lo agarró firmemente del trasero, y antes de que parpadeara nuevamente, ya tenía su miembro en el interior de Andreas.

— ¡Ahh, Tom! —gimió altamente, mordiendo sus labios, mientras que con sus manos se aferraba al sillón rojo, y con su cadera, hacía pequeños movimientos circular al mismo ritmo que Tom.

—Mmhh —Tom gemía también. Un  poco más ronco, y menos escandaloso, pero gemía, gemía a causa del placer que el estrecho culo de Andreas le estaba ofreciendo.

Sus manos se encontraban situadas en sus nalgas, apretándolas y contrayéndolas una que otra vez, y sus rodillas bien plantadas en la tela del sillón se movían ligeramente cuando su pene entraba y luego volvía a salir de la cavidad del estúpido zorrillo.

Por alguna extraña razón, mis pies no podían cambiarse de sitio, mis ojos no podían mirar a otra parte, y mi cabeza no podía pensar en otra cosa que no fuese en el pasado, en las cosas que había vivido con la persona que ahora le estaba dando placer a alguien más.

¿Celos? ¿Amor? ¿Arrepentimiento? No lo sé. Pero si en alguna milésima de segundo llegué a sentir algo parecido ésta noche, se había esfumado como el humo del cigarro se esfuma en el aire después de haber sido expulsado.

Ahora sólo sentía coraje, ira, ganas de vengarme, y de hacerles pagar todo lo que se merecían.

Apreté mis puños, hasta que éstos se pusieron blancos de la tensión, y vi la cara de Tom: Excitada. Se encontraba excitado, tan excitado como nunca antes lo había visto. Ni siquiera cuando se la metía y lo hacía gemir masturbándolo fuertemente. Definitivamente Andreas había logrado algo que ni yo sabía que Tom pudiese sentir.

Seguí mirando como propinaba duras embestidas en su cuerpo, hasta correrse.

—Mmmh ¡ah! —gimió Tom, al mismo tiempo que echaba su cabeza hacia atrás y cerraba fuertemente sus ojos. Supe que se había corrido porque hacía exactamente lo mismo que antes. El movimiento de cabeza y el cierre de ojos, era inconfundible en él.

— ¡Ah, Toooom! —Gritó, para después desplomarse en el sofá, todo cubierto de sudor— Te amo… —susurró.

—Te amo —repitió mi hermano, cuando besó la espalda de Andreas, delineando algunos lunares con su suave lengua.

Miré como se dejaba caer cuidadosamente a su lado, abrazándolo por la cintura, y luego salía de su interior, quitándose el condón usado, para aventarlo a los pies del sofá.

Bueno, al menos tomaba sus precauciones.

Tragué saliva pesadamente, y luego salí de ahí, dando media vuelta para regresar al evento más famoso y glamoroso del año.

 

Por Tom.

Escuché algunos gritos y pasos corriendo afuera. ¿Qué podría haber pasado para que todos se pusieran así?

Me levanté del sofá, ante la atenta mirada de Andreas, y me puse el pantalón, seguido de mi camisa y saco. Dejé la corbata a un lado y me dispuse a salir del camerino para ver qué era lo que sucedía.

Caminé por los pasillos de los vestidores, chocando con algunos modelos nerviosos que corrían de un lugar a otro. Los miré completamente extrañado, esperando que alguien se acercara a decirme lo que sucedía, pero nadie lo hacía. Entonces, comencé a preocuparme cuando vi a Cameron llorando y a Georg abrazándolo por los hombros, como brindándola apoyo.

Sentí un dolor en el estómago, un dolor profundo e insoportable.

Sebastian…

Un enorme miedo invadió todo mi cuerpo. Mi papá… Mi padre. ¿Dónde estaba Sebastian?

Quité de mi camino a todos los que me estorbaban y vislumbré la peor de las escenas que hubiese visto nunca.

Sebastian se encontraba en el suelo, con los ojos cerrados, la cabeza ladeada, y algunos paramédicos tratando de reanimarlo, de hacer que su cuerpo reaccionara nuevamente.

Las personas congregadas a su alrededor sólo se tapaban la boca, lloraban, otras se les veía con cara triste, y algunas más estaban cruzadas de brazos, esperando que los paramédicos dijeran algo.

Me abrí paso entre los demás que obstaculizaban mi camino, y fue cuando logré ver a Bill, con los ojos llenos de lágrimas, y sus manos apretadas alrededor de su cintura. Su mirada se juntó con la mía, y antes de que pudiera reaccionar, me encontraba entre sus brazos, hundiendo mi rostro entre su cuello y hombro, apretando mis manos en su saco.

Comencé a llorar a mares. Desvié mi vista del cuerpo de Sebastian; no quería verlo así. Me había acostumbrado tanto a mirarlo sano, fuerte, entero, que el verlo así, sólo lograba ponerme más mal de lo que estaba. Decidí cerrar mis ojos, aferrándome al cuerpo de mi hermano, sintiendo su apoyo sincero provenir desde lo más profundo de su ser. Porque ésta vez así lo sentía, sentía que estaba siendo honesto por primera vez en su vida.

—Bill… —logre articular— ¿Qué… qué pasó? —pregunté totalmente confundido.

Hace unos minutos mi padre se encontraba en perfecto estado de salud, y ahora estaba tirado, inconsciente, y posiblemente sin vida…

¿¡Qué mierda había pasado!?

Bill me abrazó con más fuerza. Situó sus suaves y tersos labios a un costado de mi oreja, y susurró: —No importa lo que haya sucedido, lo que importa es que ahora estoy yo aquí contigo.

Sus palabras, no sé por qué, pero me tranquilizaron de sobre manera. Bill siempre lograba tranquilizarme en momentos así. Pero, todavía tenía la duda. Me sentía tan culpable por no haber estado aquí al momento de que pasara, y haber estado cogiendo muy a gusto con Andreas en mi maldito camerino.

—Necesito saber —Soné lastimero, como si en verdad el saber que fue lo sucedido fuera una necesidad para que mi cuerpo siguiera con vida, sin desplomarse y quedar inerte como el de Sebastian.

—No es bueno que estés aquí, Tom —Se alejó centímetros de mi figura, y me dio un casto beso en los labios. Esperaba que nadie notara eso—. ¿Vienes conmigo? Y te prometo que te contaré, pero cuando estés más calmado —dijo muy seguro, sosteniendo fuertemente mis dos manos.

Asentí, dejándome llevar por él fuera de ahí. Pero antes desvié mi mirada hacia donde se encontraba Sebastian. Pude ver a Andreas llorando también, a su lado, cuando los paramédicos se lo llevaron en una camilla, directo a la ambulancia. Escuché que un señor alto, de poca barba, y con un traje parecido a doctor, dictaminaba algo que me puso realmente helado: —Hora de la muerte: 1:15 am.

Cerré mis ojos al mirar toda la escena. Ahora lo sabía con exactitud, Sebastian había muerto. Había fallecido en el evento más importante para la revista.

Bill sostuvo mi mano, entrelazando nuestros dedos, y me tomó también de la cintura, guiándome fuera del recinto. Yo sabía que tenía que irme. Ver el cuerpo de mi padre tendido en una ambulancia no era lo que mejor me agradaba, y no iba a dejar que yo mismo me desmoronara enfrente de todos. Tal vez para los demás se viera demasiado extraño, o incluso grosero que el hijo y nuevo heredero no estuviese tomando la mano Sebastian y llorando a mares como ahora Andreas y Cameron lo hacían ya dentro de la ambulancia, pero poco me importaba lo que pensara la demás gente. No podía estar ahí, no quería. Lo único que quería era irme con Bill, lejos, muy lejos de ahí.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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