«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 17. ¿Decírselo, o no?
Los días habían pasado como agua entre mis manos. La sensación de un enorme vacío se había instalado en mi interior, sin abrir cabida a alguna otra emoción o sentimiento. Me estaba alejando de mis amigos, de las fiestas, de la diversión, de Andreas… Y eso era lo que más me dolía: Andreas.
Él se había portado conmigo mejor que nadie en el mundo, incluso me atrevía a decirlo, mejor que Sebastian, y ahora yo estaba pintando un margen imaginario en nuestra relación.
Era verdad que no lo amaba tanto como llegué a amar a Bill una vez, pero lo quería, lo quería mucho y no planeaba mandar todo al carajo por mis estúpidas conmociones y confusiones. Estaba harto de tener que hacer siempre lo correcto, lo que la gente esperaba de mí, lo que la sociedad tachaba de “bien”. Ahora solamente me guiaba por mi corazón, y parte de razón. Sí, también existía la razón en mis pensamientos, porque si no fuese por eso, estaría justamente ahora en la cama de Bill, entregándome en cuerpo y alma al único hombre que había amado (y seguía amando) en mi mísera vida.
Sin embargo, estaba con Andreas, abrazándolo por detrás, enterrando mi nariz en su cabello bicolor, olisqueando su dulce aroma, tratando de descifrar qué colonia había usado; si era la que le había regalado el año pasado, olor vainilla, o tal vez podría ser la que se había comprado escasos meses atrás olor frutas tropicales con un toque de coco y amaranto. Sí, lo sé, las lociones raras eran su fuerte.
Acariciaba su cabello, parte de su hombro, y con una de mis gruesas piernas rodeaba su cintura, haciendo que mi miembro flácido se restregara algunas veces con su espalda baja.
Me encantaba hacer eso, acariciarlo, besarlo, lamerlo… Justamente cuando él estaba dormido; así podía apreciar mejor cada célula de su cuerpo, cada centímetro de su piel. Era verdaderamente hermoso. Sus facciones incluso eran más afiladas y marcadas que las mías, aunque no tanto como las de Bill…
Suspiré, sintiendo repentinamente una oleada de calor por todo mi cuerpo.
Olvidé totalmente eso, concentrándome en lo que estaba haciendo. Seguí pasando mis delgados dedos por los mechones rubios del cabello de Andy, bajando lentamente por la piel de su cuello. Me incliné algunos centímetros para besarlo ahí, dejando un leve chupetón que se borraría con el tiempo. Sonreí. El verlo así, tan vulnerable, tan débil, tan frágil debajo, me hacía sentir unos pequeños revoloteos de mariposas en lo más profundo de mis entrañas. Era algo extraño, no sabía exactamente cómo explicarlo. Delineé su piel tersa y suave con mis uñas, arrancándole un par de suspiros al hermoso ángel que reposaba dormido todavía en la cama.
Su respiración era calmada y acompasada, su abdomen carente de grasa subía y bajaba al ritmo de los sonidos que emitía al estar procesando el aire en los pulmones y sacándolo después como dióxido de carbono. Lamí apenas su pezón derecho, haciendo que Andy se moviera un poco, dejándome ver más de la parte baja de su ingle. Era una vista hermosa, a decir verdad. Se notaban algunos débiles vellos castaños salir de la sábana, y algo abultado justo debajo de ellos. Relamí mis labios, recorriendo con cuidado la parte de la sábana que tapaba todavía su hombría. La quité completamente, y Andy encogió las piernas como en acto reflejo. Reí bajo, tratando de no despertarlo y me incorporé mejor, en medio de sus piernas, acariciándolas detenidamente, rasgándolas con la línea casi inerte de mis uñas. Él seguía tranquilamente dormido, con la cabeza de lado apoyada en la almohada. Un pequeño hilito de saliva salía de su boca, residiendo luego en la tela blanca del cojín. Volví a reír, encorvándome en esa dirección, sacando la punta de mi lengua en el acto, para lamer ese fino hilo de saliva desde sus labios hasta su mentón. Sabía delicioso, sabía a él.
Mi miembro flácido comenzaba a levantarse ante las caricias que yo mismo le daba a Andy, y es que no era fácil tener a tu placer a semejante tentación y no ponerse como piedra.
Bajé mis labios por toda su clavícula, hundiendo mis dientes en ella, sin llegar a lastimarlo. Sólo dio un saltito en la cama, sacando sonidos incoherentes propios del sueño.
¡Pero Dios, éste hombre sí que tenía el jodido sueño pesado!
Continué bajando mis carnosos labios por toda su piel, por su pecho, su ombligo… Hasta llegar a su pelvis, la cual levanté un poco, separando delicadamente sus piernas. Besé la punta de su pene después de haberlo tomado sobre mis manos suavemente. Acaricié sus testículos, presionando ligeramente contra mis dedos esa carne húmeda y lisa de su anatomía. Metí su miembro en la cavidad cálida de mi cara, cerrando mis ojos al disfrutar del contacto excitante que producía el pene de Andy contra mi garganta.
—Ahh, Tom… —Sentí unos dedos enredarse en mi bien trenzado cabello, jalándolo un poco hacia delante, marcando un suave ritmo.
Abrí más mi boca, sacando con delicadeza su miembro de mi boca, sin dejar de masturbarlo apenas con mis dos manos alrededor de su base. Repentinamente mi miembro vibraba, hallándose completamente erguido entre sus piernas, con la punta rojiza y supurando hilos de pre-semen, el sólo haberle hecho una mamada a Andreas ya me había puesto así.
Alcé mi cabeza, encontrándome con sus ojos abiertos de par en par mirándome divertido, como si no creyera lo que estaba haciendo con su intimidad.
— ¿Te gusta? —pregunté, agitando un poco más rápido su miembro delante de mí, sonriendo de lado, mientras él se apoyaba en sus codos, levantándose cuidadosamente del colchón, despegando su delicada espalda de la cama.
— ¿Qué haces? —Interrogó en un tono cantarín, seductor y cómico a la vez— ¿Así piensas despertarme de ahora en adelante? —Mordió su labio, reprimiendo un gemido proveniente desde el fondo de su garganta a causa de mis movimientos sobre su sexo.
—Si tú lo quieres… —Reí, enseñando mi perfecta dentadura blanca— Andy —gemí, enterrando apenas mis uñas sobre sus piernas, acostándome un poco sobre su cuerpo ya despierto. Su pene me rozaba el abdomen. Ya estaba completamente levantado, pidiendo atención, al igual que el mío.
—Amaneciste caliente, ¿eh? —se burló, apretándome contra él, mientras enroscaba sus delgadas piernas en mi cintura, pasando de igual manera sus brazos por mi cuello, aprisionando mis labios contra los suyos, fundiéndonos en un húmedo y efusivo beso pasional.
Cielos, comenzaba a ver las estrellas en ése momento. Estaba a punto de correrme con tan sólo haberlo tocado, lamido, acariciado… Sinceramente Andreas me provocaba mucho. ¿Cómo es que lo tuve todos estos años a mi lado y nunca me di cuenta de lo que podía ocasionar en mi cuerpo?
—Tú tienes la culpa —recriminé cuando dimos por finalizado el beso, dejando solamente las caricias mutuas que depositábamos en el cuerpo del contrario.
— ¿Yo? —Alzó una ceja— Yo dormía plácidamente cuando sentí unos hermosos, calientes labios rodearme el pene, así que —Acarició mis labios, riendo por lo bajo— no me culpes a mí, amor.
—Amo que me digas así —aseguré, sonriendo con dulzura, mirándolo directamente a los ojos.
—Lo sé, amor —recalcó esa última palabra, sacándome una breve risa cargada con picardía.
Andreas podía volverse sexy y sensual un segundo después de haber sido tierno y delicado. Era simplemente perfecto.
—Quiero algo —dije, mirándolo desde mi posición. Me alcé un poco más hacia él, abriendo ligeramente mis piernas por sobre sus muslos, rozando su pene duro en mi entrada, como en un vaivén.
La sola sensación de sentir eso duro rozar mis nalgas me daba escalofríos y calentones. Se sentía bien…
—Tom… —gimió cerca de mi boca, abriéndola ampliamente, mientras me tomaba de las caderas, dejando un leve rastro de las uñas contra mi piel.
—Házmelo, Andy —pedí jadeando, lamiendo sus labios, delineando esa suave y carnosa piel con el músculo que se encontraba dentro de mi boca—. Házmelo —repetí, restregando con más ahínco mi culo en su miembro ya sumamente excitado—. Fóllame —susurré en el beso que acabamos de profundizar, tomándolo por el cuello, apretando mis dedos en sus cervicales sin hacerle daño.
Andreas se quedó un momento sin decir nada, sólo siguiéndome el beso, y entonces supe que estaba algo desconcertado. Claramente mi petición lo había dejado de a seis, sin esperarse para nada que ésa simple palabra, pero bastante fuerte saliera de mis labios.
Pero tenía ganas. Tenía ganas de sentir su voluptuosa carne entrar en mi cavidad. Sentir todas y cada una de sus embestidas dar hasta el fondo de mi entrada, chocando mi próstata, haciéndome gemir como nunca. Extrañaba sentirme así, extrañaba estar yo abajo y no al revés.
A lo largo de estos años, muchas personas habían pasado por mi cama. Mayormente mujeres; quería ocultar la sensación de sentirme sodomizado por un hombre, de sentirme como antes. Así que mejor optaba por follar yo y no que fuera al contrario. Pero ahora añoraba más que nunca esa sensación dentro de mí. Y es que no había llegado todavía nadie a quien yo deseara entregarle mi estrecha entrada. Pero aquí estaba Andy ahora, y quería, quería tanto hacerlo así con él…
— ¿Por qué no dices nada? —Murmuré contra sus labios entreabiertos una vez que interrumpimos el beso para respirar nuevamente— ¿Te comieron la lengua los ratones?
Negó. —Lo acabas de hacer tú —Rió, colocando sus manos en mi espalda baja, justo por arriba de mi trasero. Se estaba conteniendo de estrujármelo, estaba seguro.
—No evadas el tema, Hudec —reclamé con un tono divertido en la voz, al mismo tiempo que me alzaba un poco más en mis rodillas, ahora rozando mi miembro en su abdomen plano.
— ¿En serio quieres que yo…?
— ¿Me hagas el amor? Sí, eso quiero —recalqué, sacándole un largo suspiro a mi novio— Tú… ¿no quieres?
—No, no es eso, Tom —Negó repetidas veces, mirándome con esos hermosos ojos color pistache—. Es sólo que… Tengo miedo —musitó, enterrando su cabeza en mi cuello, apretándome entre sus brazos.
— ¿Miedo a qué?
—Nunca he hecho eso precisamente, y no sé… No quiero ser demasiado brusco, o demasiado blando. Simplemente no sé cómo hacerlo —susurró en mi cuello, besándolo reiteradas veces.
—No tengas miedo —dije con seguridad; quería que sintiera mi seguridad salir de las palabras que decía para que él pudiera sentirse confiado—. Todos lo tenemos la primera vez, y es normal —aseguré—. Pero yo estoy aquí, y nada pasará —Lo alejé lentamente de mi cuerpo, para enfocarlo mejor.
Sus facciones estaban un poco decaídas. Los ojos emanaban nerviosismo y miedo combinados, y yo no sabía, no entendía el por qué de su repentino temor.
—Amor… —lo llamé, haciendo que posara sus preciosos orbes en los míos— ¿Confías en mí? —pregunté, acariciando tiernamente sus mejillas.
La excitación de ambos había bajado, aunque no se había terminado del todo, estaba quieta, aguardando que alguna acción o movimiento la volviera a activar. Magnífico es el cuerpo humano, ¿no?
—Claro que sí —Asintió, mordiéndose ligeramente los labios por dentro—. Como en nadie.
— ¿Entonces me creerás si te digo que lo harás excelente? —Sonreí, depositando varios castos besos sobre la piel rosada de su boca— ¿Que será la mejor noche que hemos pasado? ¿Que…?
—Tom…
—Andy —insistí—, ¿en realidad te da tanto asco…?
— ¿Asco? No, no —Negó con fervor al notar mi cara. Mi plan había funcionado—. ¿Cómo podría darme asco eso? Es sólo…
—Shh —lo callé, poniendo dos dedos sobre sus labios—. Quiero que lo hagas —sentencié, mirándolo serio, frunciendo levemente el ceño, ante su atenta y nerviosa mirada.
— ¿Prometes no decepcionarte? —tanteó, apretando mi espalda, acariciando el escaso vello que se encontraba en esa zona en específica de mi cuerpo.
—Hey, no digas eso —reprendí, besando más veces su mentón, labios, pómulos—. No me decepcionarás. Confía en ti mismo, amor —pedí, oliendo su piel—. No estés tenso, eso no funcionará —Otro beso fue depositado en su mentón, dejando un rastro de saliva, que el aire quitó rápidamente.
—Está bien —aceptó, sonriendo un poco mejor de ánimo, acomodándose de espaldas en la cama, doblando sus piernas, tomando suavemente su miembro todavía despierto. Como decía, la excitación necesitaba de un par de acciones para volver a aparecer.
—Te amo —dije, besando fugazmente su boca, jalando conmigo el labio inferior de Andreas.
Él me brindó una cálida mirada y sonrisa, para cerrar después sus ojos, y volver a abrirlos en el acto.
—Yo también.
Ambos nos miramos por eternos segundos. Las palabras ya no hacían falta en ése momento. Sólo nos dejaríamos llevar. Lo necesitaba. Lo necesitaba tanto.
Me erguí en mi sitio, levantando un poco mis caderas, apoyándome con las rodillas sobre la cama. Tomé firmemente el pene de Andy, y me incliné hacia esa zona, tratando de abrir más mis piernas para encajar con él a la perfección. Con una mano guié su miembro completamente erecto hasta mi entrada, mientras me sostenía con las piernas, haciendo una ligera presión en mi estrecho agujero, mientras que con la otra, me sostenía de su pecho, dejando algunos rasguños a causa de la fuerza que hacía sobre éste.
— ¡Ah! Tom…
—Mmhg —gemí, apretando mis labios cuando sentí aquél duro pedazo de carne introducirse poco entre las paredes de mi cavidad totalmente apretada. No me había dilatado con anticipación, no había puesto lubricante, ni siquiera saliva, y sentía unas fuertes punzadas cruzarme desde el recto hasta la espina dorsal, como si una caliente cuchilla me estuviese partiendo por la mitad.
Apreté fervientemente mis ojos, tratando de acostumbrarme a la intromisión que ahora se encontraba en mi cuerpo.
— ¿Estás bien? —preguntó mi novio, a lo que yo únicamente asentí, pasando mi lengua por mis labios— Tom, si te estoy lastimando…
—No, no —Negué varias veces, sentándome totalmente en él, relajándome de sobremanera—. Estoy bien, no te preocupes, es normal. No estaba dilatado —expliqué, regulando mi respiración notablemente.
— ¿Seguro que quieres…?
—Sí —corté, destensando mi cuerpo sobre el de Andy, moviendo mis caderas en un ligero, pero marcado vaivén.
Andreas aferró sus manos en mi cintura, alzándome algunas veces, sin mucha fuerza.
Pronto, nuestros cuerpos comenzaron a sudar, nuestras inhalaciones y exhalaciones se volvieron más pesadas e irregulares y los movimientos y arremetidas que Andy daba contra mi cuerpo incrementaban.
— ¡Ammh! —solté un grito al sentir la punta húmeda de su miembro chocar fuertemente con ése punto que tanto placer daba una vez tocado. Era magnífico.
Seguí brincando de esa manera, enterrándolo cada vez más en mi interior. Sintiéndolo incluso palpitar mientras me embestía fuertemente. El mayor trabajo lo estaba haciendo yo, estando encima de él. Trataba de moverme rápido, pero también con cuidado para no lastimarme. A pesar de que él no hacía gran esfuerzo, levantaba sus caderas y nalgas para profundizar, mientras sus manos tocaban mi miembro, masturbándolo, dándome un placer indescriptible. Eché mi cabeza hacia atrás, acariciando sus pezones, moviéndome repentinamente más hacia arriba y dejándome caer con ímpetu.
Sentí la excitación colarse a cada rincón de mi cuerpo, olvidándome por completo del dolor e incomodidad que antes causaba. Ahora sólo sentía placer y satisfacción, nada más.
Brinqué un par de veces más, para después sacar el pene de Andy de mi interior, y me recosté a su lado, ante su atónita mirada.
— ¿No te gustó, no…?
—Shh —lo volví a callar, besándolo con extrema delicadeza, metiendo mi lengua en su boca húmeda—. Podemos probar otra posición más cómoda —sugerí, tomándolo por los hombros, haciendo que se quedara encima de mí, abriendo mis piernas en todo su esplendor, dejándole ver mis nalgas ya abiertas y mi entrada completamente dilatada—. ¿Quieres?
Andreas sonrió, acomodando su esbelto y tonificado cuerpo sobre el mío. Agarró ambas de mis piernas, apoyándolas en sus hombros, alzándolas levemente. Sonreí. Al menos se acordaba de cómo hacerlo, al parecer había puesto atención a cuando yo lo hacía. Él también me sonrió, inclinándose hacia adelante, metiendo nuevamente su tieso miembro en mí. Al principio creí que reventaría de excitación en cuanto sentí mi cavidad húmeda y llena de esa maravillosa sensación, pero de inmediato descarté la idea; no podía terminar, no aún, era demasiado perfecto para que terminase.
Arrugué los dedos de mis pies sobre los hombros de Andreas, mientras que él se movía de adelante hacia atrás, sacando y volviendo a meter su falo de entre mis nalgas. Apretó el agarre que mantenía en mis piernas, dándose más impulso. Se movía realmente bien. Tal vez me sentía en la gloria por haber esperado tanto tiempo a que alguien más me la metiese por atrás, pero ahora que volvía a vivir ésta experiencia, certeramente no sería la última. Se sentía bien ser el de abajo algunas veces, y no tener que llevar el control de la situación, simplemente dejarse llevar por lo que el otro proporcionaba. Y ésta vez Andy lo estaba haciendo maravillosamente.
Su respiración se mezcló con la mía una vez habiéndose inclinado más para rozar mis labios con los suyos. Abrió más mis piernas, tomando luego mi miembro nuevamente, jalándolo al mismo ritmo que marcaba en mi profundidad.
—Mierda, Tom, estás tan apretado… —susurró en mi boca, cerrando sus ojos. Un par de cabellos bicolor caían en mi rostro, creándome simples cosquillas en la nariz. Pegó su frente a mi pecho, besando mis pezones de vez en cuando— No aguantaré mucho —comentó, dando estocadas más rápidas, creando soniditos del choque de su pelvis y testículos contra mi entrada y nalgas. Se escuchaba chistoso y sexy a la vez, era un sonido que pocas veces me había detenido a escuchar, y ahora que lograba distinguirlo, había descubierto que me encantaba.
—Hazlo más rápido —pedí, aferrándome a su espalda, bajando mis piernas para rodear su cadera, ayudándolo a impulsarse con más fuerza dentro de mí—. Más fuerte, ¡ah! —murmuré, cerrando mis ojos, dejándome llevar por el sujeto que se encontraba encima.
— ¡Mmmh! —jadeó, robándome un par de besos, mordiendo también mis labios delicadamente.
De repente, sus embestidas se hicieron más rápidas, con mucha más velocidad de la que habían tenido en un principio. Mi miembro se masturbaba solo, restregándose entre nuestros pegados abdómenes.
— ¡Ah, ahhh! —Arqueé mi espalda, pegando mi cabeza en la caliente almohada. Sentía el orgasmo venir, y muy cerca.
—Tom, voltéate —pidió Andy, saliendo de mi interior, algo que me dejó un poco extrañado, pero sin embargo asentí sin rechistar o hacer algún comentario y me enderecé en la cama, volteándome, posicionando mis rodillas sobre las sábanas, apoyando de igual manera las palmas abiertas de mis manos ahí, agachando mi cabeza, dejando que las trenzas negras cayesen en cascada sobre mis hombros. Cerré mis ojos esperando a Andy, y después de no esperar mucho, por fin volvió a entrar, gimiendo alto—. ¡Oh, joder!
Tomó mis nalgas, abriéndolas más, dándome un manotazo en la derecha, haciéndome brincar en el acto. Reí brevemente ante eso. Pegué mi frente a la almohada, mojándola a causa del sudor que ésta emanaba. Alcé un poco más mi trasero, sintiendo ya el líquido pre-seminal inundar mi interior. Me impulsé con mis piernas, echándome con más fuerza hacia el miembro de mi novio. Apreté las sábanas entre mis dedos, deshaciéndome en gemidos. Era simplemente la mejor noche que había tenido en años.
—No te corras, Andy —supliqué—. Por favor, no quiero que termine, ¡ahh! —Mordí las sábanas con mis afilados dientes, sintiendo con fuerza mi culo romperse más de lo que ya estaba.
Andreas había arremetido contra mí más fuerte, causándome un ligero dolor, pero que me había encantado sentir. Tomó mi cabello, apretándolo a su antojo, jalándome hacia atrás, hasta que mi espalda pego con su mojado pecho carente de vello.
— ¿Te gusta, amor? —susurró en mi oreja, lamiéndola lascivamente.
—Me encanta —respondí, presionando la punta de mi miembro, aguantando un poco más lo inevitable. En cualquier momento me correría, pero no quería que sucediera, todavía no.
—Eres perfecto —mencionó, dando más embestidas.
Sus labios viajaron hasta mi nuca, echando mi cabeza ligeramente hacia adelante, para poder apoderarse de aquella zona. Mordió leve mi nuca, jalando con él la piel de ahí. Sentí escalofríos por el acto. Estaba más que excitado, estaba en la cumbre, estaba viendo estrellas, delirando incluso a causa del placer que Andy brindaba en mi cuerpo.
Y no lo pude contener por mucho más. Solté mi miembro cuando explotó en mi mano, manchándola con ésa sustancia espesa tan específica.
— ¡Aaahhh! —Apoyé mi cabeza con los ojos cerrados en el hombro de Andreas, exprimiendo más mi pene, para terminar el orgasmo como era debido— Oh…
Segundos después, sentí la misma sustancia pringar y llenar completamente mi entrada, salir por entre mis nalgas, y escurrirse por mis muslos, hasta llegar a descender a la tela de la cama.
—¡¡Aghhh!! —Andreas soltó un fuerte alarido, haciendo que incluso las paredes y cristales vibraran. Dio una última estocada, y salió lentamente, sacudiéndose el miembro, para terminar con esa satisfactoria sensación.
Besó mi espalda de arriba abajo, lamiendo algunas partes contadas veces. Sonreí como estúpido al sentirlo, y poco a poco me recosté boca abajo en el colchón, soltando un largo y cansado suspiro.
—Mierda, estoy hecho pedazos —admití, descansando mi cuerpo en la suave cama, sintiendo el pecho de Andy chocar con mi espalda todavía húmeda—. Pero en buena manera —corregí.
—Entonces… ¿No estuvo del todo mal?
—Estuvo increíble —regañé, dando un ligero manotazo en su brazo cuando me hubo abrazado por detrás, entrelazando nuestras piernas, dejando besitos en mi hombro, espalda, brazos, y demás—. No seas estúpido. ¿Crees que hubiera gemido así si no…?
—Muy cierto —interrumpió, pegándose a mi cuerpo totalmente. Sentía su respiración ya más calmada chocar en mi nuca, y una lengua traviesa recorrer mi cuello—. Sabes delicioso…
—Y tú lo haces delicioso —Ambos soltamos unas risitas, abrazándonos más con posesión. Apretó mi mano con la suya, acariciando mis dedos.
—Quiero estar siempre contigo, Tom —dijo, revoloteando sus largas pestañas, chocándolas contra mi oreja—. Te amo…
—Y yo a ti, te amo —dije, aunque no del todo convencido. Lo quería, lo quería mucho, pero amor… Ésa era una palabra muy fuerte. Sí lo amaba, pero como amigo… Como pareja solamente… Lo quería.
No me critiquen por favor, es difícil amar a alguien cuando ya amas a alguien más.
Suspiró felizmente, sin dejar de repartir besos por toda la piel de mi cuerpo que podía alcanzar.
Me senté exhausto en la silla giratoria del (ahora) mi nuevo despacho: La oficina de Sebastian.
Afortunadamente las cosas ya estaban más calmadas. Las emociones habían bajado, habíamos concebido un par de entrevistas a las revistas y programas más destacados y todos habían dejado el tema de la muerte de mi padre como algo nuevo. Agradecía eternamente eso, porque así yo mismo podía tomar un respiro, relajándome, y principalmente concentrándome en lo que debía de hacer: Mi trabajo.
Obviamente todos estábamos un poco tristes por el hecho de que Sebastian ya no estuviese con nosotros, pero de cada caída hay que levantarse, entonces simplemente tratamos de continuar con nuestra vida, de seguir adelante.
Tomé algunos sorbos del café espumeante delante de mí, y lo volví a depositar luego en el mismo lugar.
Escuché un par de toques a la puerta. Carraspeé ligeramente y contesté:
—Adelante.
Vi el pomo de metal de la puerta girar, y una sonrisa amplia, apareció frente a mí, acompañada de unos preciosos ojos marrones, ennegrecidos por la sombra alrededor de ellos.
—Hola, hermanito —saludó alegremente Bill, sentándose en la silla delante—. ¿Cómo amaneciste?
—Veo que tú de muy buen humor —comenté, riendo después. Cerré los papeles que tenía en las manos, dejándolos descansar en el escritorio.
—Así es —Asintió, arreglando su tan escultural rubio cabello.
—En una semana es la lectura del testamento —dije, levantándome de mi asiento, hasta posarme enfrente de él, con los brazos cruzados—. La verdad no sé por qué demonios tardaron tanto. Cameron dijo que tenían problemas para no se qué, y…
— ¿Y? ¿Hay algún problema? —Enarcó la ceja que tenía decorada con el piercing de bolita.
—Sólo tengo nervios —admití—. Firmé esos papeles sin saber exactamente qué estipulan, nunca me tomé la molestia de leerlos, pensando que la muerte de Seb… Mi padre —corregí— llegaría tan rápido —Suspiré pesado, agachando un poco mi mentón—. ¿Qué tal que dice algo que no me agrade del todo?
—No lo creo —respondió mi hermano—. Sebastian nunca haría algo para lastimarte, él siempre quiso tu bienestar por encima de todo.
— ¿Así lo crees?
—Sí —aseguró, mirándome con una gran sonrisa pintada en su cara—. Hablé muy poco con él, pero siempre fue claro: Tom es lo más importante en mi vida —imitó, poniendo semblante serio, parecido al de mi padre.
Reí con nostalgia, recordando la mirada tan cálida y amorosa que siempre me brindaba, sus palabras de aliento… Todo lo que él conllevaba.
—Tienes razón —Sonreí también, clisando mi mirada con la suya—. Y… cambiando de tema, ¿averiguaste algo? —pregunté ansioso, esperando que Bill respondiera en forma positiva.
—Sebastian se tenía todo bastante reservado, la verdad —admitió, haciendo que las pocas esperanzas formadas en mis entrañas, desaparecieran repentinamente.
— ¿Entonces no…?
—Estaba pensando —Se levantó también del asiento, comenzando a caminar alrededor de la oficina, con una mano en su mentón, rascándolo débilmente—. ¿No crees que lo más probable es que tenga todas las pruebas en tu casa?
¡Pero claro! ¿Cómo coño no se me había ocurrido antes?
Bill y yo teníamos la ligera sospecha de que Sebastian fuera mi padre biológico. Tal vez por eso Jörg me odiaba tanto, tal vez por eso nunca había recibido su amor completo. Existía una mínima posibilidad de que mi verdadero padre fuese Sebastian, y no Jörg, pero tenía que averiguarlo todavía, tenía que estar seguro de eso. ¿Para qué? No lo sé, simplemente quería saber. Ahora ya no estaba ni Simone ni él, y me era mucho más difícil encontrar respuestas a mis tan confusas preguntas, así que Bill me ayudaría a investigar todo el caso. ¡Y por supuesto! Seguramente en la mansión estarían los documentos, o algunos papeles que demostraran la verdad.
Habíamos buscado ya por toda la empresa, contactado a su abogado, habíamos preguntado a los empleados, incluso a amigos cercanos (aunque no fuesen muchos), pero nadie había dado una mera pista de mi verdadero origen, o de algún secreto que Sebastian estuviera guardado en un pasado.
—Sí, es muy cierto —Asentí contadas veces, mordiéndome los labios—. ¿Te parece que vayamos a buscar ésta misma noche? —indagué, mirando a Bill.
—No sé si sea buena idea teniendo a Andreas ahí metido.
—No estará metido. Él sabrá entender…
—Acordamos que esto se quedaría entre nosotros dos y ya, Tom —atacó, cruzando sus brazos, un poco molesto—. No quiero al zorrillo ahí metido.
Reí ante su berrinche, suspirando y aceptando después.
— ¿Qué propones entonces? ¿Que lo saque a patadas?
—Sería una buena…
—Bill… —corté en tono amenazante, alzando mi ceja izquierda.
—Bien, bien. Podrías sólo llevártelo y… —Volvió a rascar su mentón, pensativo— Yo podía buscar los papeles —concluyó, volviendo a sonreír ampliamente.
Algo no me olía muy bien. Sentía que algo estaba mal con aceptar ante la sugerencia de Bill, pero… Había acordado confiar en él, y aceptarlo única y exclusivamente como lo que era para mí: Mi hermano. Así que tenía que ver el lado bueno de las cosas, y no martirizarme con algo que no tenía sentido. Tampoco es como si Bill pudiese entrar a robar o algo por el estilo, ¿verdad?
— ¿Entonces? —interrogó.
—Está bien —acepté, regresando a mi lugar—. ¿Ésta noche?
—Ésta noche —reiteró. Me brindó una sonrisa nuevamente, y se retiró de mi oficina, cerrando después la puerta suavemente.
Nos estábamos llevando mejor. Por alguna razón sus ánimos estaban más blandos, y no se comportaba altanero como antes. Aunque también muchas veces me decía cosas que me dejaban sorprendido, como decirme que me seguía amando, que quería que terminara con Andreas para hacerme suyo, sin importarle lo demás y muchas cosas de ése tipo.
Pero yo me había prometido a mí mismo no volver a eso. Me había prometido olvidarlo y arrancarlo de mi corazón de una vez y para siempre, y enfocarme en amar a mi novio, a Andy. Cumpliría con esa promesa, aunque las tentaciones de Bill fuesen abrazadoras, estaba seguro.
Por Bill.
Mi plan había salido a la perfección. Tom había aceptado sin rechistar el dejarme completamente solo en la mansión, y mejor aún, con la excusa de buscar los papeles importantes. Era perfecto. Nadie que me viera buscando en la casa sospecharía de algo, porque simplemente tenía esa tarea encomendada. ¿No era genial?
Caminé hasta la oficina de Cameron; tenía que hablar con él.
— ¿Se puede? —Pregunté, internando medio cuerpo del otro lado de la puerta— Te tengo excelentes noticias —dije una vez vi el asentimiento de cabeza de Cam, indicando que podía entrar a su oficina.
—Por tu humor, creo que en verdad son excelentes —dijo, dejando de lado lo que estaba haciendo para centrar su completa atención en mi figura—. ¿Se puede saber qué es?
—Hoy, ésta noche —comencé, enarcando mis labios en una amplia y simétrica sonrisa—. Entraré a la mansión ésta noche. Sin forzar cerraduras, sin esconderme. Tengo la completa libertad en toda —recalqué la palabra— la casa. ¿No vas a felicitarme?
— ¡Caramba, Bill! ¿Hablas en serio? —Levantó su trasero del cómodo asiento, mirándome con los ojos muy abiertos.
—Y tú me acompañarás. Claro, llegarás más tarde, junto con Georg. Los estaré esperando —finalicé, sin dejar que pudiera decir o preguntar algo más, y me retiré del lugar, yendo directo a la sala de diseño. Algunos modelos y yo realizaríamos los primeros bocetos de la siguiente revista.
Llegué a la casa de Tom justo después de salir de la empresa. Quería terminar con la maldita encomienda cuanto antes.
Tom ya no se encontraba en la casa. Me había dejado las llaves para poder entrar a mis anchas y él se había llevado a Andreas quien sabe a dónde, lo cual agradecía grandemente.
Entré, revisando que el mayordomo y los demás empleados no estuvieran a la vista. Recorrí toda la planta baja, tratando de encontrar algún indicio o rastro de los documentos, pero no encontré nada. Caminé hasta el estudio (el último lugar al que iba) y me encontré con que la cerradura estaba bloqueada. Saqué las llaves que Tom había depositado en mis manos minutos atrás, y traté de buscar la llave adecuada. Una vez la hube encontrado, giré la llave, haciendo que la cerradura tronara en señal de haberse ya abierto. Sonreí y entré, rascándome un poco la nariz a causa del polvo que volaba en la habitación. ¿Qué nadie había entrado aquí en mucho tiempo? Sospechaba que Tom lo había cerrado luego de la muerte de Sebastian. Tal vez por eso no había pensado en buscar exclusivamente en ése lugar.
Inspeccioné los cajones, revisando uno a uno los papeles que se encontraban ahí alojados. Pero no encontré señal alguna del origen de Tom. ¿Estaría equivocado al pensar que Sebastian era realmente su padre?
Di por terminada esa búsqueda cuando escuché el timbre que indicaba la llegada de Cameron y Georg. Me apresuré hasta la puerta de entrada, abriéndola después, dejando pasar a los dos cuerpos que estaban ahí parados.
— ¿Has encontrado algo? —interrogó Cameron, seguido de los pasos de Georg.
—Aún no —respondí—. Casi acabo de llegar —mentí, siguiendo al par de colegas, después de cerrar la puerta—. Sería bueno que ustedes buscaran en el estudio —sugerí—. Yo iré a su habitación —Carraspeé, alisando mi cabello por detrás de mi oreja—, tal vez encuentre algo por ahí.
Ambos individuos asintieron sin dedicar palabra alguna. Entonces corrí hacia los escalones, saltando de dos en dos para llegar más rápido a la cima. Seguí el pasillo –que supuse serían de las habitaciones– y llegué al final, a una gran puerta. Seguramente sería la de Sebastian, así que la abrí, entrando lentamente al cuarto. No podía negar que me causaba cierto repelús el estar ahí, pero ignoré eso y di un par de pasos más, hasta llegar al centro de dicho lugar. Admiré la pieza, sintiendo un ligero calor en mi cuerpo. Sacudí levemente mi cabeza, y comencé a buscar en la habitación.
Realmente encontrar el testamento para cambiarlo a mi favor ya no me interesaba, ahora sólo quería saber la verdad.
Jalé los cajones de la cómoda al lado de su cama, pero obviamente no había nada. Observé un gran estante de libros, y un pequeño buró con candado. ¿Podría ser? Alcé mis hombros, dejándome llevar por mi instinto y me dirigí hasta el buró, buscando la llave correcta. Pero al parecer, Sebastian no lo había puesto tan fácil, ya que ninguna llave hacia girar la cerradura.
—Mierda… —musité, tallando mi cabeza con desesperación. ¿Cómo coño iba a abrir ese maldito candado? Busqué por toda la recámara, tratando de hallar dicha llave, pero no había seña de alguna pista. Joder, tenía que ingeniármelas—Por favor, funciona…
Retiré un pasador de entre mi cabello, quitándole las bolitas superiores, y doblándolo ligeramente para después lograr meterlo en la cerradura del candado. Hice changuitos con los dedos, rogando a toda la Corte Celestial que el maldito cerrojo abriera. Estuve alrededor de diez minutos moviendo, sacando, metiendo, girando y hasta doblando más el pasador en la cerradura, hasta que logré conseguirlo. ¡Bingo!
Alcé mis manos en señal de victoria, sonriendo ampliamente. Me sentiría extremadamente frustrado si el interior del buró estuviera vacío, así que esperé unos cuantos segundos, abriendo con lentitud la puerta luego de haber retirado el candado.
Mi mandíbula cayó hasta el suelo cuando vislumbré un montículo de papeles envueltos en sobres, apilados en desorden. Algunas orillas salían de las esquinas, y otras encajaban perfectamente entre sí. Decidí tomar la que estaba en la cima descansando. La saqué cuidadosamente, tratando de que las demás no cayesen y abrí el sobre (ya roto) para mirar su contenido. No tenía remitente y destinatario, pero se podía ver a simple vista que era una carta. Desdoblé el papel luego de estar fuera del sobre, y comencé a leer.
Querido Sebastian,
no contestaste mi última carta, y eso me preocupa. ¿Te encuentras bien? Sé que es difícil poder asimilar todo lo que platicamos en estos últimos meses, pero me agradaría que al menos contestaras un adiós, o algo parecido. Espero verte pronto, aunque sea para que conozcas a Tom. Claro, si así lo deseas. Su hermano Bill, mi otro hijo acaba de llegar a la casa y bueno, los ánimos no están del todo bien. Siento que Tom tiene un poco de celos por su hermano, y al parecer Bill intenta hacer lo mejor para entablar una relación con él, pero el chiquillo no quiere del todo, es algo tímido. Bien, creo que me salí del tema principal. Sé que he cometido errores, pero sabes muy bien que siempre te he amado y siempre te voy a amar.
Con amor, Simone.
Me quedé medio anonadado después de haber leído ese trozo de papel. ¿Entonces era cierto que Sebastian sí era el verdadero padre de Tom? Bueno, no decía nada sobre eso, pero no encontraba otra explicación.
Me dispuse a abrir todas las demás cartas que estaban guardadas en el interior del buró. Cogí la última de arriba abajo, la que reposaba al final de la torre, siendo aplastada por todas las demás, pero igual con extremo cuidado para no desparramar el resto. La abrí, intrigado a más no poder. Probablemente esa sería la primera carta que Sebastian había recibido de Simone. Así que desdoblé el papel como lo hice con la anterior, encontrándome con algunas letras corridas, tal vez por algunas manchas de lágrimas que hubiesen caído encima de ellas.
Querido Sebastian,
es posible que te desconcierte el por qué te envío ésta carta. Pero es necesario que sepas algo, algo que es muy importante tanto para ti, como para mí. Sé que nos distanciamos por injusticias de la vida. Mi padre no tenía derecho, y aún así logró su cometido, hizo que te alejaras de mi vida, y no sabes cómo me duele eso. Hizo que estuviera casada con un hombre al que no amaba, y cuando descubrió que nosotros seguíamos estando juntos a pesar de todo, te alejó, te alejó, y eso jamás se lo perdonaré, pero bueno, eso es algo que ya sabes. Sebastian, hay algo que no me atreví a decirte en su momento pero creo que es tiempo. Tenía miedo, miedo de que mi padre se enterara y te hiciera algo, pero ahora él ya no puede hacer absolutamente nada en contra de ti. Averigüé tu dirección gracias a Gordon. ¿Te acuerdas de él? Bueno, ya no estamos juntos. Él entendió que nuestro matrimonio había sido solamente gracias a mi padre, y que yo no lo amaba en realidad. Le conté de nuestro amorío en un pasado, y lo supo entender muy bien. ¿Te acuerdas también de Bill? Bueno, él ahora tiene diecisiete años y pronto vendrá a vivir conmigo y… Tom. Ahora te preguntarás quién es Tom, ¿no es así? Tom es mi hijo menor, un hijo que también es tuyo. Sí, Sebastian, el motivo de mi carta es para confesarte eso precisamente. Lamento no habértelo dicho en un pasado, pero preferí que no lo supieras por tu propia seguridad. Sabes que mi padre te hubiera buscado por mar y tierra y ni siquiera quiero imaginarme lo que hubiera podido hacerte. Sebastian… Tal vez esto sea precipitado, tal vez no creas en mis palabras, o simplemente tal vez no te interese saber que tienes un hijo de trece años, pero era algo que debía decirte. Espero puedas entenderme y algún día ayudarme a que Tom sepa la verdad. Él ahora piensa que alguien más es su padre. Yo inicié mi vida con otra persona, se llama Jörg y me aceptó con un niño en brazos. Es un buen hombre, comprensivo y amoroso, pero debo de admitir que a la única persona que siempre amaré, será a ti…
Con amor, Simone.
Terminé de leer la carta, tragando saliva en seco. Mierda y doble mierda, ¡entonces era verdad!
Tallé mis manos, guardando la carta enroscada en mi saco, importándome poco si se maltrataba.
Entonces Simone había mantenido una relación con Sebastian incluso antes de conocer a mi padre…
Todavía existían muchas dudas y cuestionamientos en mi cabeza, pero sabía de alguien en particular que podría aclarar todo perfectamente: Gordon, mi papá. Él lo sabía absolutamente todo, ¡joder que hasta había ayudado a Simone a encontrar de nuevo a Sebastian! Ahora entendía mejor algunas cosas… Mi madre se separó de él porque simplemente su matrimonio era arreglado. Aunque aún tenía muchas preguntas formuladas en mi cabeza sin alguna respuesta aparente.
Tenía que llamar a Gordon, tenía que explicarme todo con extrema claridad.
Vi otro sobre que llamó de sobremanera mi atención; tenía un color diferente al resto, y las enormes letras de URGENTE se hacían notar más de lo normal.
Lo tomé, todavía un poco shockeado por la carta que acaba de leer. Repetí la acción con la nueva carta que se encontraba en mis manos y nuevamente comencé a leer la tan clara letra de mi madre.
Querido Sebastian,
perdona la urgencia de enviarte ésta carta, pero estoy con algo que en verdad no puedo asimilar todavía. En cartas pasadas te conté acerca de la extraña relación que comenzaba a ver en mis hijos, de pronto se llevaban muy bien, así de la nada, cuando antes siquiera se miraban. Y hoy he descubierto el por qué…
Detuve mi lectura, respirando hondo. Estaba seguro que Simone le diría la verdad de la relación incestuosa que llevaba con mi hermano años atrás. Me ponía un poco incómodo leer las palabras –posiblemente de asco y rechazo– de mi madre, pero también moría de la curiosidad, así que después de debatirme internamente entre si seguir la lectura o no, decidí continuar.
Ellos… Es muy difícil decir esto, pero ellos… Nos confesaron que están manteniendo una relación amorosa. Sé que la notica podría llegar a impactarte, y por favor no los juzgues. El motivo urgente de ésta carta es para que apoyes a Tom, a tu hijo. Ya sé que hemos quedado en decirle la verdad a su debido tiempo, pero aunque no le digas la verdad ahora, es necesario que te hagas cargo de él. Mi marido… Jörg, los echó a ambos de la casa. Se puso fúrico cuando se enteró, y no me dio oportunidad de defenderlos. Estoy consciente de que hice mal, pero no tuve de otra. Tenía miedo, estaba desconcertada y sorprendida, pero sé que gracias a ti a Gordon (que se hará cargo de Bill), mis niños saldrán adelante. Incluso les grité, les dije cosas horribles y que no sentía para que se fueran. No supe criarlos, dejé a Bill solo cuando más me necesitaba, y eso jamás me lo perdonaré tampoco. No supe ser una buena madre, y si alguno de ellos se quedaba en la casa sería mucho peor, Jörg los mataría a palos, o algo mucho peor, por eso confío en que sabrás cuidar de mi pequeño tesoro, así como confío en que Gordon hará lo mismo con mi otro pequeño angelito. Confío en que ambos sabrán criarlos mejor que yo, y además, es mejor para ellos estar alejados uno del otro. Por favor, Sebastian. Busca a Tom, has lo posible porque él se mude contigo a Estados Unidos y pueda vivir una vida normal y tranquila a tu lado. Te dejaré la dirección de un amigo suyo (en el paquete de ropa y algunas cosas que te mandaré hoy mismo), del que estoy segura, irá ésta misma noche. Disculpa las molestias, y gracias de nuevo por todo tu apoyo. Espero poder volver a verte algún día.
Con amor, Simone.
Una lágrima escurridiza bajó por mis pómulos, perdiéndose en el arco de mi cuello.
Simone… Simone ¿se había sacrificado para que nosotros pudiéramos vivir alejados de Jörg?
Todo éste tiempo había pensado que nos había botado, en especial a Tom. Pero en realidad lo había enviado con su padre, y a mí con el mío.
Limpié rápidamente la próxima gota en salir de mis cuencas y sorbí mi nariz, apretando mis ojos, sintiendo repentinamente un terrible dolor en mi pecho.
Arrugué también esa carta y la metí junto con la otra al bolsillo delantero de mi saco.
Quería respuestas, y las tendría a como diera lugar. Pero ahora tenía la duda latente en mi interior, en el fondo de mi cerebro. ¿Qué haría con Tom? Yo debía… ¿Decírselo, o no?
Continúa…
Gracias por la visita.