«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 18. Descubriendo la verdad

Metí las tres cartas en mi saco, acomodándolas estratégicamente para que no se salieran y tampoco se vieran. Tomé una caja pequeña de zapatos y me dispuse a meter todas las demás cartas, que estaba seguro, Simone le había mandado a Sebastian anteriormente; quería leerlas detenidamente, sin estar con prisas o con los nervios dentro de mí a causa de que me fueran a descubrir.

Cuando hube terminado mi tarea, traté de acomodar el lugar, limpiarme la cara sin correr mucho mi ligero maquillaje, volver a cerrar el buró con el candado y salir de la recámara, lo más tranquilo que pude.

Bajé calmadamente las escaleras, internándome luego en el estudio que era de Sebastian, y que ahora ocupaban mis dos cómplices. Suspiré, mirándolos a ambos.

— ¿Encontraron algo? —pregunté un tanto cabizbajo, apretando apenas la caja que llevaba en mis brazos.

—Sí, aquí está —Cameron extendió un fólder bastante ancho, tamaño oficio, señalando que finalmente, tenía el testamento original de Sebastian en sus manos—. Hoy mismo llamaré a los abogados para decirles que pueden proseguir correctamente con los planes de la lectura, y que mañana mismo por la noche se hará.

— ¿Cómo los convenciste de que atrasaran el proceso? Tom me dijo…

—Sebastian me dejó a cargo de todo eso, así que fue demasiado fácil convencer  a los abogados —Alzó sus hombros, dejando descansar el fólder lleno de clausulas, en el escritorio.

—Ya veo —Asentí—. Confiaba mucho en ti, ¿no?

—Más de lo que te imaginas —aseguró Cameron, para luego desviar su vista hasta la caja debajo de mi mentón—. ¿Y eso?

—No es nada —Hice un gesto con la cabeza para restarle importancia, pero sin dejar de apretar la caja contra mi cuerpo—. Entonces… ¿cuál es el siguiente paso?

—Eso mismo te iba a preguntar, Bill —comentó Georg, parándose enfrente de mí—. ¿Te pasa algo? Estás un poco…

—Preparen todo. Mañana se lee el testamento. ¿Tienen el falso listo, no es así?

—Por supuesto —aclaró Cam, asintiendo, tomando nuevamente el fólder con un poco de aprehensión—. ¿No quisieras leer primero el testamento original?

— ¿Para qué? —cuestioné extrañado.

—No lo sé. Tal vez Sebastian…

—Déjame verlo —Asentí, extendiendo mi mano hacia los papeles, tomándolos después de que Cameron me los pasó—. Su tarea terminó aquí, chicos —dije, abriéndoles la puerta, incitando que salieran del lugar.

—Bien, nos vemos mañana temprano, Bill —dijo Cameron, tomando sus cosas, para luego salir rápidamente del estudio.

Georg imitó su acto, sin exclamar una sola palabra, asegurándose de cerrar la puerta una vez hubo salido del espacio.

Solté el cansado aire que tenía dentro de mi cuerpo, sustituyéndolo por otro más ligero.

Después de haber leído esas cartas, no tenía más ánimos para seguir con esto… No tenía sentido. Toda mi vida quise destruir a una persona que no era culpable, que en realidad ni siquiera sabía de mi existencia. Tom no era culpable de eso, sólo era culpable de haberme mentido, de seguirme mintiendo hasta ahora. Porque a pesar de que me amaba ahora, al principio sólo había buscado jugar conmigo, así que le salió el tiro por la culata.

Iba a hablar con Gordon para que me aclarara las cosas, para que me dijera absolutamente todo lo que sabía.

Tomé el testamento, sacando los primeros papeles. Sabía perfectamente que Sebastian no cambiaría el testamento, pero tenía todavía la mínima esperanza… En realidad no quería leerlo, sólo quería terminar con todo esto de una buena vez. Saqué una página, y comencé a leerla, pero me detuve después de haber leído que Sebastian había dejado estipulado que nuestra relación tendría que ser “de hermanos”.  Lo sabía, lo sabía.

Recordé con exactitud esa plática. Las palabras chocaban en mi cerebro repetidas veces, haciendo eco en mis oídos…

—Bill, yo sólo quiero lo mejor para Tom. Y tú eres su hermano, eres su familia, no veo por qué no podrías ayudarme, ayudarlo.

—Pero el testamento dice que…

—El testamento puede cambiar, ¿no es así?

— ¿Cómo?

—Demostrándome que en verdad lucharás por él, que en verdad lo amas, que él estará mejor contigo que con alguien más.

— ¿Estás bromeando? Sebastian, Tom es el amor de mi vida, claro que estará mejor conmigo que con alguien más.

—Él tiene que decidir estar contigo. Sólo así podré cambiar la clausula.

—Perfecto. Lo haré, les demostraré que puedo hacerlo feliz.

—Sólo recuerda que no queda mucho tiempo.

Claro que no lo cambiaría, él mismo me lo había dicho. Cerré los papeles, volviéndolos a guardar. No tenía ánimos de seguir leyendo algo que sabía exactamente qué diría. Maldito Sebastian… Cambié los planes que tenía para no arruinar la maldita pasarela y a pesar de todo, ¿así me pagas? Quise proteger a tu hijo, no hacerlo quedar mal, quise protegerte a ti, ¿y así respondes? ¡Maldita sea!

Guardé igualmente los papeles en el fólder y luego en la misma caja en donde llevaba las cartas y me dispuse a salir de la mansión. Quería irme al hotel, dormirme un rato, tal vez tomar antes un baño de burbujas…

—Sebastian, por favor… No creo que sea momento para hablar de esto —espeté, esperando que Sebastian entendiera y se diera la media vuelta, cosa que por supuesto no sucedió.

—Bill, yo sé que es algo que no te gusta del todo, pero no puedo cambiarlo. No es lo correcto. Tom acaba de anunciar que tiene una relación seria con Andreas. Si quisiera en verdad estar contigo, él no habría tomado esa decisión… ¿No lo crees? —interrogó, cruzando sus brazos por encima de su pecho.

Tenía toda la razón. Joder.

— ¿Y entonces qué más puedo hacer? Nada. ¿Puedes parar mejor? No quiero hablar de esto. Lo perdí, sí.

— ¿Piensas darte por vencido?

—Aunque no quiera, tú me estás obligando —aseguré con un dejo de reclamo—. ¿O me equivoco? Acabas de decir que no cambiarás la clausula. Tom y yo tendremos que entablar esa magnífica relación de hermanos —solté con sarcasmo— y fingir que nada sentimos más que cariño fraternal. Y si no, él lo perderá todo. Entonces, ¿cómo coño quieres que no me dé por vencido? —pregunté, ya molesto. Sí, me molestaba de sobremanera que Sebastian estuviera jugando conmigo de ésa forma. ¿Qué mierda quería que hiciera entonces?

—No lo has entendido, ¿cierto?

— ¿Entender qué? —Me crucé de brazos también, alzando una ceja. Me estaba cabreando en verdad y no esperaba soportar sus malditos sermones y palabrerías que no me conducirían a nada.

—Bill, el dinero, la fama, la fortuna, y todo lo materialista no es lo importante. Lo que en verdad importa es el amor —declaró muy seguro de sí mismo, con un tono suave en la voz, un tono que nunca nadie había usado conmigo, exceptuando a mi padre.

— ¿Quieres entonces que luche por él, y luego él lo pierda todo por amarme? No se me hace justo, no para  Tom al menos. Él tiene derecho a disfrutar lo que tú le dejaste, tiene derecho a ser feliz, cumpliendo sus sueños en la empresa y…

—A ser feliz contigo, si es lo que él quiere —concluyó, sonriendo triunfante.

— ¡Maldita sea, Sebastian! —Casi me jalo los cabellos rubios de mi cabeza de la desesperación, ¡y es que con éste hombre no se podía hablar! —¿Por qué no simplemente cambias o quitas la estúpida clausula y dejas que Tom decida lo que quiere sin estar entre la espada y la pared?

—Porque quiero que se pruebe a sí mismo. Quiero que él mismo decida qué es lo más importante: El dinero, o el amor.

—Entonces sí decide el amor se quedará como perro en la calle.

—No tan rápido, Bill —interrumpió el sujeto mayor enfrente de mí—. No has leído completo el testamento, ¿o sí? ¿Cómo sabes que no dirá algo más?

Me quedé callado; tal vez tenía razón. Tal vez sólo estaba probando a mi hermano y en realidad el testamento diría otra cosa (en letras pequeñas) o no sé. Sebastian me confundía mucho, no entendía en realidad a qué coño quería llegar o concluir con todo esto.

—Sigo sin entender —dije finalmente, después de tomarme unos minutos para analizar y tratar de comprender todo.

—Tranquilo. Sé que estoy haciendo lo correcto —Sonrió ampliamente, muy satisfecho, palmeó amablemente mi hombro y luego dio media vuelta, dirigiéndose hacia otro lugar, no supe exactamente cuál.

Debo aceptar que eso me había dejado más confundido y con muchas más dudas de las que antes tenía.

Minutos después, seguí recorriendo la pasarela, buscando a Sebastian. Quería verlo y hablar nuevamente con él. No podía darme por vencido, tenía que convencerlo para que cambiara la maldita clausula de una vez. Si tenía que llorar como la vez pasada, lo haría nuevamente.

Pero eso no fue necesario…

Llegué al centro del salón, donde muchas personas estaban congregadas, al parecer, bastante preocupadas. Miré detenidamente. Sebastian se encontraba recargado en una mesa, con la mano derecha apretando su pecho. Su cara estaba en muy mal estado, se notaba claramente que le faltaba el aire. La gente a su alrededor trataba de ayudarlo a sostenerse y que no fuera a caer. Drake Zegers lo sostenía de la cintura, Cameron le brindaba un poco de aire y apartaba con lentitud una copa, para depositarla luego en la mesita.

Miré todo lentamente. Incluso no pude creer cuando vi a Sebastian cerrar poco a poco sus ojos, después de toser brevemente y luego desvanecerse, escurrirse entre las manos de Drake y Cameron.

La escena era espantosa. ¿Qué mierda había pasado? Sebastian se había desmayado… ¿o había…?

Escuché gritos alrededor, sollozos por otras partes, y muchos murmullos. Divisé como Cameron marcaba a la ambulancia y todos los demás se movilizaban para tratar de calmar la situación. Me quedé parado por unos minutos, sin saber exactamente qué hacer o decir. No podía haber muerto, no así de la nada…

Sentí mi respiración temblar cuando vi a Tom salir de entre la gente y mirar a su padre tendido en el suelo. Mi primera reacción fue salir disparado hacia su figura, para estrecharlo entre mis brazos, brindándole mi apoyo y soporte.

Pobre Tomy… La vida se empeñaba en hacerlo sufrir hasta por los codos, justamente cuando comenzaba a sentir que las cosas se arreglaban poco a poco.

Y ahora que lo pensaba más detenidamente, ya sumergido hasta el cuello en el jacuzzi, tomando mi baño de burbujas, le encontraba un poco de más sentido a lo que me había dicho Sebastian. Moría de ganas por escuchar la lectura completa del testamento y poder escuchar también la decisión de Tom. Sólo quedaba una duda… ¿Cambiaría el testamento o no? La decisión principal era que sí, pero yo podía hacerla cambiar de último momento…

¿Qué haría?

Escuché mi celular sonar. Estaba relativamente cerca de mis largos dedos, así que decidí tomarlo y contestar luego.

— ¿Sí? —pregunté, acomodando ágilmente el móvil entre mi hombro y oreja, jugando el agua con mis manos.

—Buenas noches, joven Kaulitz —contestó el investigador del otro lado de la línea.

—Oh, buenas noches —respondí el saludo, enderezándome ligeramente en mi sitio mojado—. ¿Tiene algunas respuestas?

—Y muy importantes —declaró, carraspeando luego—. Es necesario que nos veamos para que pueda decirle todo lo que logré investigar.

— ¿No puede decirlo por teléfono? ¿Tan grave es?

—Un tanto… No tengo pruebas en sí que puedan culpar a alguien, pero sí tengo pruebas contundentes de que ése alguien envenenó al señor Miller —dijo muy seguro, con voz grave y escalofriante.

Me quedé callado unos instantes, en lo que mi cerebro lograba procesar la información que había recibido recientemente.

Después de la muerte de Sebastian, algo no había encajado correctamente. El médico de la familia había llegado al hospital y había tomado la batuta para atenderlo, haciéndose él mismo responsable de la autopsia y demás cosas, como el funeral y eso. Había declarado que la muerte había sido a causa de un infarto masivo gracias al grave grado de enfermedad que ya tenía. El cáncer se lo habían detectado años atrás y estaba finalmente en etapa terminal. Pero algo no concordaba… ¿Un infarto? Al parecer todos los demás estuvieron tranquilos  con lo que dijo el doctor y dejaron el tema de lado, pero… Yo no pude. Fue muy extraño, Sebastian se encontraba bien, o al menos eso dejaba ver. Se notaba agotado sí, pero para darle un infarto así nada más…

Así que decidí llamar a un investigador para corroborar que todo estuviera en su lugar y que el veredicto del doctor hubiese sido el correcto. Y ahora tenía respuestas, pero no muy buenas…

— ¿Envenenar? —Mi voz tembló. Mis manos dejaron de jugar en el agua.

—Utilizaron una sustancia muy extraña que en dosis grandes, puede causar infartos masivos de la nada, incluso si el sujeto no tiene complicaciones o problemas con el corazón. Por lo que logré investigar, lo diluyeron en Vino, es por eso que pudieron utilizar la extrema dosis sin que el señor Miller lo notara. Obviamente, el doctor es cómplice. Él realizó la autopsia y no declaró que dicha sustancia había estado alojada en su cuerpo.

—Entiendo —contesté asintiendo, tratando de calmar los nervios que comenzaban a galoparse en mi interior—. ¿Cómo descubrió todo esto sin autopsia?

—Encontré una copa con algo de Vino y la sustancia que fue utilizada para causar el infarto, junto con ADN del señor Miller en las instalaciones del salón. Usted dijo que todo quedara tal y como había estado en el momento de su muerte, así que estaba intacto. No había querido avisarle antes porque no tenía la certeza de que el ADN fuera del señor Miller ya que base a las circunstancias no tenía de dónde sacar una prueba, pero… —Pareció pensárselo un poco y luego vaciló— En realidad creo que deberíamos de hablarlo en persona.

—Sólo dígalo detective —murmuré, tratando de formular todas y cada unas de las pistas que ahora se acumulaban en mi mente.

Una copa, una copa…

—Me atreví a sacar ADN del cabello de su hermano: Thomas Miller, y… El ADN concordaba con el de la copa, así que por consiguiente el recipiente fue ocupado por el señor Sebastian. No hay duda —dijo más claro, con mucha fuerza en sus palabras—. El cabello lo saqué de uno de los cepillos que se encontraban en el camerino de su hermano —explicó.

Entonces sí, no era algo inventado por Simone, no era algo que ahora se podía negar. Tom era hijo biológico de Sebastian.

—Entonces… ¿Se atreve a decir que fue homicidio? —pregunté nervioso. Medio cuerpo ya salía de la bañera, yo sostenía fuertemente el teléfono en mis manos, mordiéndome consecutivamente los labios.

—Así es, joven Kaulitz —Pude incluso percibir como asentía el detective del otro lado de la línea—. Pero no podemos culpar a nadie todavía. La copa no tenía huellas de alguien más y eso me deja en la nube. ¿Conoce o sospecha de alguien que haya querido matar al señor Miller?

—Tengo a alguien en mente, pero… No, no podría ser… —susurré, tragando saliva pesadamente— No me haga caso, detective. Creo que son mis paranoias nada más.

—Cualquier pista, aunque sea mínima, puede ser de extrema importancia. Si tiene alguna por favor hágamela saber, es necesario.

—Tiene razón, es un asunto que debemos hablar en persona. ¿Puede mañana por la tarde?

 

Definitivamente las cosas se complicaban cada vez más. La muerte de Sebastian había sido algo duro para todos y si se sabía que había sido fruto de un homicidio, sería la gota que derramaría el vaso y todo en la empresa, y sobre todo en la vida de mi hermano, se vendría abajo. Y una vez más, la decisión de decirle o no, estaba en mis manos.

¿Por qué, joder? ¿¡Por qué yo tenía que decidir algo tan fuerte como eso!?

Iba a hablar con el investigador para aclarar todo. Pero primero tenía que ir a Alemania para hablar con Gordon. ¿Ven? ¡Todo recae sobre mí!

Salí del baño envuelto en una fría toalla, con el cabello húmedo sobre mi cabeza y mi piel enchinada a causa de las noticias que habían llegado a mi vida en pocas horas. Volví a sacar mi celular para marcar un número conocido.

—Bill, ¿cómo salió todo? ¿Encontraste…?

—Tom, salimos a Alemania ésta misma noche —corté, dejándolo sin habla por unos segundos.

— ¿A Alemania?

—Tengo que enseñarte algo —Había llegado a la conclusión de que Tom tenía que saber la verdad. Ya no era un niño de trece años al que tenían que proteger del frío porque si no se enfermaría. Era un hombre hecho y derecho y tenía el total derecho de saber que era hijo de Sebastian, no del estúpido de Jörg—. Te espero en el aeropuerto en una hora, compraré ahora mismo los boletos, no hay tiempo que perder. El testamento se lee mañana por la noche, acababa de confirmarme Cameron, así que tenemos que ir y venir en un día. No acepto excusas, te veo allá —Y sin decir más, o esperar una respuesta de su parte, terminé la llamada, aventando el celular a la cama.

Había hablado tan rápido para no dar lugar a arrepentirme o pensar las cosas.

Maldita sea, maldita sea, maldita sea Tom.

 

Llegamos a Alemania después de un largo camino en avión. Gracias al cambio de horario entre ambos países, llegamos a las 10 de la mañana, aproximadamente. Había visto el reloj, pero no recordaba con exactitud la hora.

Llevé a Tom primero a desayunar. No había comentado nada acerca de la carta; me daba un poco de angustia la reacción que mi hermano fuera a tener. Prefería mejor enseñársela cuando estuviéramos los dos en casa de Gordon. Mi padre ya sabía que iríamos, y nos estaba esperando de hecho, pero tampoco le había dicho acerca de que ya estaba enterado de lo que él, Simone y Sebastian nos habían estado ocultando por tanto tiempo.

Al llegar a la casa de Gordon, sentí un nudo alojarse en la parte baja de mi estómago. No quería que esto pasara… No quería, no quería, no quería, no quería, no…

— ¡Bill! Hijo, ¡cuánto tiempo! —Gordon se abalanzó sobre mí, enredándome entre sus grandes brazos, sacándome repentinamente el aire y dejándome un tanto adolorido por la fuerza que había ejercido sobre mi cuerpo.

—H-hola papá —Tosí estruendosamente cuando me hubo liberado de su agarre y aclaré mi garganta—. Que gusto verte.

—Buenos días, señor Trümper —saludó Tom, ligeramente tímido.

Ambos estrecharon sus manos, dedicándose sonrisas y miradas amenas y luego los tres entramos en mi hogar. Pocas veces había sentido ese lugar de esa manera. Era mi hogar. Siempre lo había sido y siempre lo será.

— ¿A qué debo el honor de su visita? —Preguntó amablemente mi padre, señalando los cómodos sillones recién nuevos que adornaban la sala, para que nosotros nos sentáramos— ¿Gustan un poco de agua? ¿Café? ¿Galletas?

—Papá —corté delicadamente, negando con la cabeza para que entendiera que la cosa era seria y no había necesidad de ponernos a comer café con galletitas.

—Mmh… —Talló su mentón, alzando levemente una ceja— ¿Es algo serio verdad? Tú siempre quieres galletas —bromeó, sentándose justo enfrente de Tom y yo.

—Lo es. Y mucho —declaré, cruzando mis piernas luego de haberme sentado también, seguido de mi hermano menor.

—Creo que nunca te había escuchado hablar así —aseguró mi padre—. ¿De qué trata, Bill? —preguntó calmado, acomodándose mejor en el sillón.

—Es sobre Tom… —dije un poco bajito, mirado a Tomy. Él carraspeó ligero mientras miraba a Gordon y luego a mí— Y estas cartas —dije, sacando finalmente las cartas que Simone le había enviado a Sebastian hace algunos años—. Yo sé que tú sabes perfectamente la historia completa y ya no quiero que me ocultes cosas. Gracias a eso cometí muchos errores y ya no quiero seguir.

Extendí las cartas hacia un consternado Gordon. No dijo nada mientras las leía, sólo estaba con la vista enfocada en el papel con tinta y las manos tomándolas firmemente.

—Bill, ¿qué está pasando? ¿De quién son esas cartas? ¿Por qué…? —escuché que me preguntaba mi hermano, después de haberse sentado a escasos centímetros lejos de mí.

—Shh —lo callé sin sonar grosero, poniendo tiernamente uno de mis dedos en sus suaves labios—. Pronto lo sabrás —Le sonreí, guiñándole un ojo luego. Tom sólo asintió, mordiéndose débilmente las uñas.

— ¿De dónde sacaste esto, Bill? —interrogó mi papá, señalando las cartas en sus manos.

—Quiero explicaciones. Ahora —aseveré—. Sé que lo sabes absolutamente todo y Tom tiene el total derecho de saberlo. ¿Por qué las mentiras?

—Todo tiene una razón de ser —dijo calmado, doblando y metiendo nuevamente los papeles dentro de los sobres—. Tom… —llamó a mi hermano y  el aludido volteó con rapidez su mirada hacia la de mi progenitor— ¿Sebastian nunca habló contigo acerca de Simone? ¿Acerca del pasado?

—No. Nunca. Dijo que todavía no era tiempo, que yo lo tendría que saber después —contestó mi hermano, frotando sus manos, una contra la otra.

—Ya veo —Gordon asintió, tratando de formular correctamente todas las cosas que tendría que decirle ahora a Tom—. ¿Podrías leerlas? —indagó, extendiendo ahora las cartas en su dirección.

Mi hermano volteó a verme interrogante, esperando que yo hiciera alguna seña negativa o positiva. Así que al recibir mi asentimiento, se paró del sillón, fue hasta mi padre y tomó finalmente las cartas en donde se explicaban la mayoría de las cosas que él tenía que saber.

Tom comenzó a leer detenidamente todas y cada una de las cartas que yo había llevado. Incluso habían unas más de las que yo había leído anteriormente. Algunas en las que Simone le preguntaba a Sebastian cómo estaba mi hermano, cómo la había pasado en ese tiempo, cómo se sentía, etc.

Observé como su rostro se tornaba tenso. Tragó saliva pesadamente, sus manos temblaban apenas, sus labios se fruncían al igual que su ceño y sus facciones se me hicieron más ásperas de un momento a otro.

¿Qué estaría pasando por su cabeza? ¿Estaría tranquilo, relajado, enojado, estresado, confundido, dolido?

Gordon y yo dejamos que él tomara el primer paso para hablar, o preguntar todo lo que quisiera.

— ¿Las encontraste en la mansión? —preguntó, dirigiendo su mirada hacia mí.

—Sí —Asentí, parándome igual del sofá, para después mirar a mi padre—. ¿Nos harías el favor de explicarnos?

Tom y yo esperamos que Gordon prosiguiera. Suspiró algunas veces, se aclaró la garganta y luego se levantó, comenzando a caminar en círculos por la sala.

—Hace algunos años, veintiséis aproximadamente, conocí a Simone. Mi madre era muy amiga de su padre, ambos crecieron juntos y prácticamente arreglaron nuestra boda desde que nosotros estábamos en los vientres de nuestras madres —comenzó, tallando sus manos entre sí—. Al principio, la convivencia no era muy buena, Simone estaba siempre de mal humor, y era muy cortante y seria, pero después de casarnos las cosas cambiaron un poco. Naciste tú Bill y eso hizo que ella se volviera más tierna, más cariñosa… Yo no sabía que ella mantenía una relación con Sebastian incluso antes de casarse conmigo. Ella nunca me lo dijo, nunca me tuvo la suficiente confianza para hacerlo. Tenía miedo de que yo fuera a criticarla o a acusarla con su padre —Suspiró, sin mirarnos directamente a los ojos—. Así que yo pensaba que nuestra relación era normal. Pero luego su padre descubrió que seguía con Sebastian y los separó. Poco tiempo después me confesó todo y yo me enojé mucho con ella, me decepcioné porque creía tontamente que ella comenzaba a quererme de verdad… pero no fue así. Luego de un tiempo supe entenderla. La amaba mucho, ¿saben? —Nos miró por fin, al mismo tiempo que se le quebraba ligeramente la voz— Luego me dijo que estaba embarazada, pero nosotros no habíamos tenido relaciones en mucho tiempo, entonces obviamente era de Sebastian —Miró a Tom, negando después—. Yo… Ella y yo ya habíamos terminado nuestra relación y la rechacé. No quería tener al hijo de alguien más viviendo conmigo —confesó, en tono bajo—. Perdóname, Tom. Estaba… Muy molesto con ella, por haberme engañado, porque nunca me amó. Y bueno, fue cuando ella se fue de la casa y tiempo después conoció a Jörg.

—Entonces… —interrumpí, mirando fijamente a mi padre— ¿Tú la corriste? ¿Ella no se fue? ¿No me dejó por irse con otro?

—No, Bill —aclaró, negando con la cabeza—. Simone te amaba, pero ya no podía estar conmigo, y yo me negué a que ella te llevara. Eres mi hijo y yo creí que te cuidaría mejor de lo que ella podía hacerlo. Además estaba sola, embarazada y no quería que estuviera más preocupada por tenerte a ti. No la corrí —corrigió—. Ella decidió irse porque yo estaba muy enojado y no quería al niño que venía en camino. Luego… Tom nació, ella te venía a ver de vez en cuando, pero al parecer tú no te acuerdas —Alzó una ceja, mirándome ahora a mí.

—No —dije, sentándome, cruzando mis piernas—. Ella…

—Un día le dije que no era necesario que viajara tanto sólo para verte, que con llamadas seria mejor, que tú estabas creciendo y no lo sentirías, pero me equivoqué, hijo. Le tuviste mucho rencor por eso, pero no fue su culpa. Ella siempre estaba al pendiente, pero cuando se casó con Jörg, él no dejaba que viniera porque sentía celos de mí —comentó, moviendo su cabeza—. Jörg siempre la manipuló mucho, siempre. Y después… Cuando ustedes, bueno… Iniciaron esa relación —Suspiró pesadamente—, y ellos se dieron cuenta, como ya saben, todo salió mal —recordó, sin dejar de caminar en círculos por el lugar. Tom seguía parado, escuchándolo con mucha atención—. Simone se arrepentía terriblemente por haberles dado la espalda, pero ella sólo buscó lo mejor para ustedes. Tenía miedo de que se lastimaran, de que tú Bill —Dirigió su mirada hasta mi figura— lastimaras a tu hermano, porque ella sabía que no lo querías como él a ti, porque tú mismo se lo confesaste esa noche.

Asentí, mordiendo mi labio, sintiéndome repentinamente culpable por eso.

— ¿Entonces todo fue planeado? Mi llegada a Nueva York con Andreas, la entrada a la revista, todo…

—Sí, Tom —Mi padre volvió a asentir, tragando rápidamente saliva—. Ella sabía que tú te irías con Andreas y entonces me mandó a hablar con sus padres. Les ofrecimos dinero para que mandaran a Andreas y a ti a Nueva York, y bueno, de lo demás se encargó Sebastian, tu papá —Sonrió cariñosamente, mirándolo con bastante ternura—. Simone me pidió que guardara el secreto, que no les dijera nunca esto.

— ¿Por qué? —Interrogué con confusión— ¿Por qué quiso quedarse como la mala siempre? ¿Por qué no quiso nunca hablar claramente conmigo? Mierda, todo lo que hice…

—Bill —interrumpió mi hermano, acariciando con suavidad mi hombro derecho—, nuestra madre siempre quiso lo mejor para nosotros. Y tú no tienes la culpa de nada. Ya pasó todo, ya…

— ¡Tom, joder! Te hice cosas horribles, me quise vengar, tenía tanto odio en mi interior que no sabía de qué manera sacarlo, hasta hace poco todavía quería… —Me quedé callado, tragándome las palabras que estaba a punto de escupir.

— ¿Querías qué?

—Ya no importa —Me volví a parar rápidamente del sofá, negando frenéticamente—. Ya nada importa. Y tú… ¿Por qué papá? ¿¡Por qué!? —grité, mirándolo— Sabías que estaba haciendo mal, sabías que estaba en lo incorrecto, ¿por qué nunca…?

—Yo te lo advertí, Bill —cortó, mirándome serio, cruzando sus brazos sobre su pecho—. Te dije que te arrepentirías…

—Pero nunca me dijiste el por qué…

—No podía, era una promesa. Simone quería aclararlo todo cuando el tiempo correcto llegara. Ella quería que Sebastian conociera a Tom, hablar con ambos y luego explicarte todo a ti —mencionó—. Pero la noticia de su relación lo cambió todo, todo.

—Entonces todo siempre fue mi culpa —acepté, bajando la cabeza, cerrando fuertemente mis ojos.

—Hey, no digas eso, Bill —Las manos de mi hermano acariciaron mis mejillas, levantando mi mentón para poder mirarme mejor—. Fueron las circunstancias las que…

—Basta, Tom —Negué con la cabeza, quitándome de su agarre. Solté el aire que había aguantado por cierto tiempo dentro de mis pulmones y miré las escaleras de la casa—. Necesito… Pensar algunas cosas —declaré, sin mirar a ninguno de los sujetos que se encontraban a mi lado, para irme a encerrar a mi cuarto. No quería saber nada más.

Mi cabeza daba muchas vueltas. Por un lado estaba arrepentido, sí escuchan bien, Bill Kaulitz arrepentido. Y eso me hacía sentir una mierda. En primer lugar, por haber rechazado a mi madre sin saber las exactas circunstancias en las que se había encontrado, y después por haber sido tan cruel con Tom. Lo cierto es que si yo hubiese sabido todo esto antes, no hubiera hecho nada en contra de él. Pero todavía había algo que me impedía pedirle disculpas y aceptar totalmente que la culpa de todas sus desgracias había sido mía y de nadie más, y esa cosa se llama Orgullo.

Siempre había sido fuerte, altanero, orgulloso, prejuicioso, egoísta, egocéntrico, y muchas otras cosas más, y eso no se me iba a quitar de la noche a la mañana. Sí, había aprendido de mis errores y sí, sabía que había que estaba mal en todo lo que había echo en un pasado, pero… No quería mirar atrás. Mi corazón siempre sería el mismo, sin sentimientos, sin vida. Y el William Kaulitz que todos conocen hasta ahora no cambiaría tan rápido. Estaba comenzando a creer que la coraza que me había puesto hace años, ahora sería imposible de removerse. Porque aunque yo quisiera quitarla, estaba tan incrustada en mi interior, que dudaba poder retirarla.

Entré a mi cuarto y me recosté en la cama, dejando que mi cabeza descansara en las suaves y confortables almohadas que adornaban mi cama. Después de un par de minutos, sentí el hundimiento en mi colchón avisando que alguien se había sentado a mi lado. Bufé desesperado y me di media vuela, dispuesto a correr a quien sea que estuviese interrumpiendo mi desconecte emocional.

—No estoy de humor para…

—Bill, Tom te necesita más que a nadie, más que nunca —interrumpió mi padre, mirándome serio, con el ceño fruncido y sus pupilas penetrando intensamente las mías—. No puedes simplemente dar la media vuelta y dejarlo así.

—Gordon, no quiero hablar —dije, tapando mi cabeza con una almohada luego de haberme acostado otra vez—. Estoy cansado de toda esta mierda. Sé que le hice daño, sé que hice mal, pero ya está hecho, nada puedo hacer para cambiarlo y además… —Suspiré contra la almohada— No quiero. Mi consciencia puede no estar muy tranquila, pero no me importa ya.

—Bill…

—Tom ni siquiera me quiere de verdad —aseguré, en un tono bastante bajo, pero que mi padre logró escuchar con claridad.

— ¿De qué estás hablando? —Cuestionó severamente, quitándome la almohada de mis ojos— Bill, ¿estás escuchándote?

— ¡Es la verdad! —grité fuertemente, incluso haciéndome daño en la garganta— Él sólo… ¡ahhg! —Aventé una almohada lejos. Haciendo añicos unos cuantos jarrones de decoración, encima de unas repisas— Yo lo sé, yo, yo lo escuché.

— ¿A qué te refieres con…?

—Cuando empezamos nuestra relación. Hace años. Yo lo escuché Gordon, él se lo dijo a Andreas.

—No te entiendo —Mi padre negó repetidas veces, arrugando notablemente su frente.

Recordé todo como si hubiese sido ayer. Recordé las palabras exactas de la conversación que había escuchado por error entre Tomy y Andreas. Pero… ¿estaría bien decírselo a Gordon? Bien, ¿por qué no?

Salí de mi habitación tranquilamente. Había dormido prácticamente todo el día y ahora quería ir a ver a mi hermano para divertirme con él un rato. Caminé lentamente y sin hacer ruido hasta su pieza, para después asomarme escasos centímetros en el marco, gracias a que la puerta se encontraba abierta.

Andreas y Tomy estaban sentados en la gran cama, cruzados de piernas, hablando de algo bastante interesante…

Me quedé ahí escuchando, pegando delicadamente mi atento oído en la puerta, agarrándome de la manija, sin hacer algún ruido, para que ellos no se dieran cuenta de que yo estaba ahí.

—Wow Tom, entonces… ¿Seguirás así? ¿Haciéndole creer que estás enamorado de él?—preguntó Andreas. Pude ver cómo mi hermano se inclinaba hacia atrás, apoyándose en la cama con sus codos recién flexionados.

— ¿Por qué no? Es como un juego. Él cree que estoy enamorado y eso es algo a mi favor. Me beneficia mucho, la verdad.

— ¿En qué sentido? —Andreas alzó una ceja incrédulo, mordiendo luego sus escasas uñas.

— ¿No lo entiendes? Es la única manera que tengo para sacármelo de encima.

— ¿Por qué no simplemente le dices a Simone?

—Porque sería más complicado, incluso no me creería, ya te lo dije. Prefiero hacerlo a mi modo. Fingir por un momento y luego sacarlo de mi vida para siempre. Es lo mejor para todos. Es lo mejor para Bill y para mí —aseguró, asintiendo algunas veces. Luego ensanchó su sonrisa, para echarse en la cama de espaldas, soltando un largo suspiro.

—Si así lo crees… —Andreas se encogió de hombros, levantándose de la cama— Yo te apoyo, eso lo sabes. Ahora tengo que irme, mis padres no tardan en irse y no quiero quedarme afuera como la otra vez.

—Está bien, Andy —Mi hermano le brindó una cálida mirada y sonrisa a su mejor amigo.

Me despegué rápidamente de la puerta, corriendo sin hacer ruido hacia mi cuarto.

¿Había escuchado bien? ¿Había malinterpretado la conversación o lo que Tom había dicho era sobre mí? Sí, me había nombrado… No había duda. ¿Entonces el mocoso quería jugar? Bien, juego tendría.

—Estoy seguro que malinterpretaste todo lo que escuchaste, hijo —comentó Gordon, apretándome entre sus brazos.

Repentinamente, me había puesto a llorar luego de recordar ese día. Ese día en el que todo había dado un vuelco en mis planes iniciales.

—No, papá. Estoy seguro de lo que escuché. Es por eso que le tuve tanto odio, es por eso que hasta hoy sigue habiendo algo de resentimiento hacia él. Jugó conmigo nada más y luego le salió el tiro por la culata porque se enamoró de verdad de mí. Apuesto a que no contaba con eso, ¿verdad? —Reí con sarcasmo, apretando fuertemente mis ojos.

—Hay algo que no acabo de entender, Bill —dijo, acariciando en círculos mi espalda—. Tú tenías planeado desde un principio hacerle daño, enamorarlo y luego dejarlo. ¿En qué te afectaba que Tom planeara hacer lo mismo? ¿No será que el odio que le tomaste fue porque luego de conocerlo de verdad, el que se enamoró fuiste tú, y al saber que él estaba jugando contigo, te decepcionaste? —cuestionó, tratando de sacarme la total verdad en mi momento de debilidad.

—No… —Negué, apretando más mis párpados, evitando que las lágrimas siguieran cayendo— No, no, no, no —Seguí negando, intento creerlo yo mismo.

—Tranquilo, hijo —Apoyó su mentón en mi cabeza, estrechando mi débil cuerpo contra el suyo—. Todo está bien, pequeño.

 

Flashback de Tom.

— ¿Cómo dices? ¿Gustav? ¿En serio?

—Así como lo escuchas —dije, curvando mis labios en una extraña mueca—. ¡No me lo puedo sacar de encima, Andy!

—Joder, ese tío no se detiene hasta conseguir lo que quiere —Andy bufó, moviendo algunos mechones de su rubio cabello a causa del aire expulsado.

—Pero tengo un plan, y no puede fallar —Guiñé un ojo, caminando por todo mi cuarto—. Y tú tienes que ayudarme.

—Claro, ¿qué plan es?

—Hace unos días le dije que estaba enamorado de alguien, y él creyó que era una pedrada hacia él. ¿Me explico?

—Ajham…

—Bien, obviamente le dije eso para que dejara de molestar, para darle celos. Pero al mismo tiempo dejarlo con la duda de que podría ser él. Y tú entras ahí. Le dije que si quería saber… Te preguntara a ti —Sonreí, mordiendo mi labio inferior por dentro.

— ¿A mí?

—Y tú le dirás que no sabes, pero que piensas que podría ser él, o un amigo del vecindario. Quiero que se desespere tanto al grado de que ya no pueda más y entonces acabará rechazándome él a mí, por pensar que estoy jugando con él. ¿No crees que sea un buen plan?

— ¿Crees que se lo crea?

—Tal vez. Pretendo esperar un mes, o incluso más —Alcé mis hombros, moviendo mi cabello hacia otro lado.

— ¿Por qué no le dices a Bill que te ayude?

—No quiero que sepa. Se pondría celoso y no… Si le digo a Simone sería meterme en más problemas, por eso preferí decírtelo a ti —Sonreí ampliamente, mirando cómplice a mi mejor amigo.

—Wow Tom, entonces… ¿Seguirás así? ¿Haciéndole creer que estás enamorado de él? —preguntó Andreas. Me incliné hacia atrás, apoyando mis codos sobre la cama.

— ¿Por qué no? Es como un juego. Él cree que estoy enamorado y eso es algo a mi favor. Me beneficia mucho, la verdad.

— ¿En qué sentido? —Andreas alzó una ceja incrédulo, mordiendo luego sus escasas uñas.

— ¿No lo entiendes? Es la única manera que tengo para sacármelo de encima.

— ¿Por qué no simplemente le dices a Simone?

—Porque sería más complicado, incluso no me creería, ya te lo dije —insistí—.   Prefiero hacerlo a mi modo. Fingir por un momento y luego sacarlo de mi vida para siempre. Es lo mejor para todos. Es lo mejor para Bill y para mí —aseguré, asintiendo algunas veces. Luego ensanché mi sonrisa, para echarme en la cama de espaldas, soltando un largo suspiro.

Era lo mejor. Así Bill y yo podríamos seguir con nuestra relación sin ningún inconveniente. Y Gustav era un gran inconveniente en ese momento. No iba a dejar que algo se interpusiera entre el amor que Bill y yo nos teníamos.

—Si así lo crees… —Andreas se encogió de hombros, levantándose de la cama— Yo te apoyo, eso lo sabes. Ahora tengo que irme, mis padres no tardan en irse y no quiero quedarme afuera como la otra vez.

—Está bien, Andy —Le brindé una cálida mirada y sonrisa a mi mejor amigo.

Tenía que funcionar. Hacerle creer a Gustav que me gustaba, pero que además me gustaba alguien más. Se desesperaría por mis cambios y me mandaría a la mierda. ¡Sí! Y Bill y yo viviríamos tranquilos, sin metiches metiéndose en nuestro amor.

Lo único que esperaba era mi hermano no se diera cuenta, porque así podría creer algo totalmente incorrecto: Que había sido solamente un juego todo éste tiempo.

Suspiré, recostándome en el sofá. Por alguna extraña razón había recordado esa conversación con Andreas. Pero… ¿por qué ahora? ¿Qué diablos tenía que ver con todo lo que estaba pasando? No lo sé, simplemente la había recordado y ya. Hay cosas en la vida que no tienen explicación.

Y en éste momento de mi vida, nada lo tenía. Solamente sabía que estaba todo más claro que nunca, más claro que el agua del mar más puro del planeta. Estaba descubriendo la verdad.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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