«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 19. Testamento
—Tom, entiéndeme, es muy importante.
—Papá, por favor —Negué con la cabeza, cruzándome de brazos—. No me hagas esto.
—Hijo, ¿alguna vez te he decepcionado?
—Claro que no, nunca, pero esto es demasiado… —Suspiré, tratando de hacer reaccionar a Sebastian.
¿Cómo coño pretendía que yo decidiera algo así? Y peor aún, si sabía perfectamente lo que yo sentía, ¿por qué me ponía entre la espada y la pared?
Dos días antes de la pasarela, mi padre y yo platicamos acerca de lo que estaba sucediendo con las clausulas del testamento que aún no conocía. Y me había sorprendido bastante cuando Sebastian me había confirmado que precisamente lo que más temía, estaba por cumplirse una vez él muriese.
Se preguntarán… ¿Qué fue exactamente lo que me dijo? Ya verán, paciencia, paciencia por favor.
Después de haber platicado largo y tendido con Gordon acerca de mi pasado, pude entender mejor las cosas, y definitivamente no me sentía enojado, mal o molesto por las decisiones de mis progenitores, al contrario, lo agradecía de sobremanera. Había salido de un mundo de fantasía al lado de mi hermano y me había enfrentado al verdadero mundo junto con Andreas, pero gracias a mi padre, al que ahora sabía que era el biológico, habíamos salido adelante. Y bien, creo que nunca he contado esta historia y creo también que ustedes se merecen saberla después de tanto tiempo…
Mi llegada a Nueva York no fue coincidencia, aunque al principio así lo creía. Mi madre se comunicó con Gordon para que él pudiera hablar con Sebastian y la familia de Andreas y nos pusieran las piedras sobre el camino para que nosotros lográramos pisarlas y saltar el gran lago desde Alemania hasta NY.
Recuerdo que ése día, después de haber sido destrozado por Bill, había corrido junto con Andreas hasta su casa, esperando y rogando a los Dioses que sus padres estuvieran y más aún, que nos recibieran (aunque era esperar un milagro la verdad). Llegamos luego de unas dos horas, aproximadamente; el camino era un tanto largo al ir a pie y no teníamos nada de dinero para tomar el bendito camión que tomaba Andy para ir de su casa a la mía y viceversa. Al llegar, tocamos ambos la puerta de entrada, pero notamos que estaba ligeramente abierta, así que después de pensarlo un poco, decidimos empujarla y esperar unos cuantos segundos para entrar. Finalmente entramos y nos sorprendimos demasiado cuando encontramos solamente una mesa de madera enfrente de nosotros. Encima de la mesa se encontraban todas las cosas personales de Andy, sus juguetes, su ropa, su celular, incluso sus pósters y demás decoraciones que tenía en su habitación. Se encontraba también una nota. Sí, una nota. No una carta, una nota, así nada más.
Andy, esperamos que encuentres un mejor futuro al lado de Tom. Sé fuerte, por ti y por él. Sabemos que eres lo suficientemente maduro para entendernos. Nunca fuimos muy unidos, y ahora simplemente esperamos que tanto tú como nosotros, podamos encontrar algo mejor para nuestras vidas. Suerte,
Camilla y Franco Hudec, tus padres.
¿Cómo era posible que unas personas que dicen llamarse padres puedan escribir algo así?
Siempre presentí que ellos no se preocupaban una pizca por Andy y mucho menos que sentían amor o al menos cariño por él, pero al ver esa nota con palabras tan frías, al ver todas sus pequeñas y escasas cosas reunidas en esa mesa de madera llena de polvo, había recalcado mis suposiciones.
—Andy… —exclamé, apretando su hombro firmemente, ahora brindándole yo mi apoyo, así como hace apenas unas horas él me lo había brindado a mí.
—No importa —dijo con firmeza, negando repetidas veces. Limpió fugazmente una lágrima que resbalaba por su mejilla y me sonrió, tragándose las demás que estaban a punto de brotar—. Siempre supe que era una carga y que en cualquier momento lo harían. Es mejor así —Asintió, tomando la nota para después echarla a un recóndito lugar y luego tomó una mochila, llenándola de algunas cosas esenciales.
Luego de tomar sus cosas, nos dimos cuenta que además de la nota, había un gran sobre tirado al pie de la puerta, como si alguien hubiese deslizado el sobre por debajo, pero en ese momento no lo notamos, sólo pensamos que se les había caído por error, ya que, dicho sobre, contenía una enorme cantidad de dinero. Aunque había algo que nos extrañaba… Eran dólares. ¿Por qué sus padres usarían dólares si siempre gastaban en euros? Pensamos que tal vez debía ser porque planeaban irse a Estados Unidos, y por eso habían cambiado los euros por dólares, así que no le dimos más vuelta al asunto y guardamos igualmente el dinero en la mochila de Andreas, un poco más animados, ya que estar solos con dinero era mejor que estar solos sin dinero.
Ahora comprendía mejor todo eso. El dinero venía de parte de Sebastian, obviamente, y precisamente por eso eran dólares, no euros. En aquél tiempo también nos preguntábamos como es que sus padres habían logrado dejar la casa tan rápido y hoy finalmente comprendía. Simone había hablado con Gordon apenas nos fuimos y éste había arreglado todo tan rápido como pudo para que Camilla y Franco dejaran la casa antes de que nosotros llegáramos. ¿Cómo había mandado el dinero tan rápido? ¿Cómo había ido Gordon en menos de dos horas y haber podido sacarlos de la casa? No lo sé, simplemente lo hicieron.
Fue entonces cuando pensamos un lugar al que irnos. Ninguno de los dos quería quedarse en Alemania, así que pensamos irnos a otro lado de Europa. Francia, Italia, España tal vez, pero ninguno sabía absolutamente nada de francés, italiano o español, así que esa idea quedó rápidamente descartada. Lo segundo que pensamos fue irnos a Estados Unidos, ya que como teníamos dólares, obviamente nos servirían y rendirían mucho más en ese país y además, ambos sabíamos el inglés a la perfección, gracias a las clases intensivas que recibíamos en la escuela. Así que sí, Estados Unidos fue nuestra decisión. Estar alejados de todo lo que nos había hecho mal era totalmente lo mejor para nosotros. Pero aún falta un detalle, ¿no es así? ¿Cómo llegamos a Nueva York precisamente? Bueno, no lo hicimos. Nuestra primera parada fue Utah.
Después de unos cuantos días en estar en Utah, ambos comenzamos a trabajar en una cafetería recién inaugurada. Por suerte, nos habían dado trabajo sin ser mayores de edad y agradecíamos muchísimo eso. Andreas se encargaba de la barra, de preparar los cafés y servir los pasteles y yo me encargaba de recoger los pedidos de las mesas y llevárselos. No era un trabajo complicado, solo un poco cansado, ya que solamente nosotros dos atendíamos dicho lugar y a pesar de estar recién abierto, estaba ya lleno de gente. Pero fue un día, un día en el que todo cambió repentinamente. Y de haber sabido que ese mismo día conocería a mi verdadero padre, habría tachado de loco a quien sea que me lo hubiese dicho.
—Buen día, ¿qué desea ordenar? —pregunté, tomando mi pequeña libreta, enfocando mi mirada en un señor maduro. No pasaba los 45 años, su cabello no tenía señas de canas y unos lentes adornaban sus brillantes ojos marrones. Esos ojos me recordaban a alguien… ¿Pero a quién?
—Un café solo, por favor —pidió sin fijar su mirada en la mía, sosteniendo un periódico entre sus manos.
—Claro —Asentí sintiéndome un tanto extraño de repente. ¿Era por ese señor? Tal vez. Sentía que lo conocía de algún lado, que ya lo había visto antes, pero al menos que fuese originario de Alemania, era prácticamente imposible.
Minutos después, le llevé su café, y al momento que giró su mirada, encontrándose con la mía, sonrió hasta con cierta… ¿ternura? Podría decirse que sí. Instintivamente, me hizo sonreír también.
—Muchas gracias —agradeció mi servicio y luego de unos minutos de haberme retirado, volteé nuevamente hacia la dirección en la que estaba situado, pero no lo vi. Me sentí un poco mal y no supe exactamente el por qué, pero necesitaba volver a verlo.
Los días pasaron como agua y antes de que me diera cuenta, ya sabía el nombre de ese sujeto que había llamado bastante mi atención: Sebastian.
Ambos nos hicimos amigos, él iba casi todos los días a la cafetería y algunas veces, se quedaba hasta tarde, esperando a que Andreas y yo saliéramos del trabajo y entonces los tres íbamos a cenar a otro lugar un poco más formal o incluso a caminar por el centro de la ciudad. Sebastian había logrado ganarse nuestra confianza en tan solo unos días y eso me extrañaba, no era muy común que gente de otro país te atendiera tan generosamente y menos frecuente era que un señor como él estuviese tan interesado en mocosos como nosotros. Al principio, obviamente dudamos, pero todo se quedó en el olvido cuando Sebastian nos contó quién era, que tenía una empresa de la famosa revista Noise y por último, que quería que nosotros trabajáramos con él. Andreas y yo estábamos muy entusiasmados con la propuesta y sin pensarlo dos veces, aceptamos.
Sebastian se encargó de llevarnos a NY, de conseguirnos un piso en donde vivir y mejor aún, se encargó de conseguirnos trabajos menores en la empresa mientras estudiábamos distintas carreras en la Universidad. Era como un sueño. Y a pesar de estar un poco confundidos por toda la hospitalidad y el apoyo que nos brindaba Sebastian, no hicimos preguntas y nos limitamos a agradecerle lo que había hecho por nosotros y a apoyarlo en todo lo que pudimos en la revista, hasta convertirnos en los principales jefes de la misma, junto con Cameron y Sebastian.
Y ahora entendía todo, ahora por fin lograba dar respuesta a todas las preguntas que alguna vez en el pasado, me había cuestionado. Y ahora más que nunca, lo agradecía eternamente, agradecía que Sebastian nos hubiese rescatado, agradecía que mi madre nos hubiera mandado con él, librándonos de la furia de Jörg y los desprecios de Camilla y Franco, agradecía que me hubiera separado de Bill, porque sí, a pesar de que lo amaba con toda el alma, a pesar de que justo ahora seguía sintiendo algo por él, sabía que era lo mejor para mí y para él. Gracias papá, gracias mamá, gracias.
Por Bill.
El regreso a Nueva York había sido mejor que el que esperaba. Tom y yo platicamos casi todo el vuelo, de cosas sin sentido, contando chistes algunas veces, rememorando algunas cosas chistosas que nos habían pasado hace años y hablando también de temas serios como el hecho de que Simone, Gordon y Sebastian nos habían ocultado algo tan importante, y finalmente, después de tanto platicar, se había quedado dormido entre mis brazos, apoyando su cabeza llena de trenzas perfectas sobre mi regazo. Acaricié cada una de ellas, sintiendo su suave y extraña textura entre mis dedos.
Era extraño cómo las cosas podían cambiar por una simple carta, o más bien por muchas simples cartas. ¿Podría ser que Tom y yo finalmente pudiéramos estar juntos? Aunque no estar juntos como pareja, me refiero… ¿A estar juntos como hermanos? ¿Podríamos hacerlo a pesar de todo? No lo sé, no sé si yo pueda perdonar y olvidar tan fácil como él puede. Pero sí quería. Quería tratar al menos.
La lectura del testamento sería en un par de horas. Por causas que ya todos conocemos (el viaje a Alemania y nuestra estadía para platicar mejor con Gordon), se postergó para el siguiente día, a primera hora, así que ya no faltaba mucho para que eso se cumpliera.
Entré a la oficina de Cameron, con los nervios a flor de piel, tallándome frenéticamente las manos. Lo que me había dicho el investigador todavía rondaba mi cabeza, y aunque hubiese querido verlo antes de la lectura del testamento, no había sido posible, ya que no contestaba mis llamadas, por alguna extraña razón.
— ¿Listo para la sorpresa, Kaulitz? —preguntó Cameron, con una sonrisa de suficiencia plasmada en su rostro.
¿Estaba listo? No, no lo estaba. Quería que el maldito testamento fuera el original, no el que Cameron había puesto, quería que las cosas siguieran su curso, quería que Tom estuviera bien, no obligarlo a hacer algo que no quería. Pero tampoco podía verme débil frente a Cameron y Georg, no podía por ningún motivo mostrarme vulnerable o en contra de ellos y mucho menos después de tener una ligera sospecha acerca de la muerte del padre de Tom. Pero entonces, ¿qué jodidos haría?
¡Bill, piensa! Maldita sea, maldita sea.
—Sí, claro —Asentí, forzando una sonrisa—. Emh… ¿Georg?
—Está con los abogados, arreglando los últimos ajustes —contestó Cameron—. ¿Lo necesitas para algo?
—No en realidad —Negué, forzando nuevamente otra sonrisa y me dispuse a salir de la oficina de Cam.
Pocos minutos después, entré ahora a la oficina de mi hermano. Estaba sentado en el marco de la ventana, mirando embelesado los pajarillos que por ahí volaban. Se me hizo muy tierna la escena. Recordé básicamente a un Tomy de trece años, sentado en la ventana, con rastas rubias cayendo de sus hombros, totalmente desnudo y volteando a verme mientras se mordía el labio. Mierda.
Carraspeé.
—Emh… —Acomodé mi cabello rubio hacia atrás, dirigiendo mi mirada hacia la suya— ¿Nervioso? —interrogué, con un dejo de burla en la voz. Quería decirle todo, absolutamente todo, pero… Simplemente no encontraba la manera.
—Un poco —Alzó sus hombros, regresando la mirada hacia los pájaros—. Me gustaría ser como ellos —indicó a los pajaritos, señalándolos con un dedo—. Libre.
Mi corazón dio un vuelco. La liberad era algo que Tom había anhelado desde siempre y ahora que Sebastian estaba a punto de dársela, yo se la volvía a quitar. Doble mierda. ¿Por qué siempre actuaba conforme a mis impulsos, dejándome llevar y no pensaba mejor las consecuencias?
—Tom —exclamé muy serio. Le diría todo, sí, era el momento. Sólo tenía que aceptar sin rechistar lo que dijera el testamento y listo, haríamos como estuviéramos en una “relación”, aunque en realidad no fuese así y entonces todos estaríamos contentos. Él siendo feliz con Andreas, y yo solo… Aunque, tal vez el cambio del testamento pudiera ser una oportunidad para mí. Carajo— Yo… —Quise comenzar, pero el molesto sonido de una estúpida voz me interrumpió.
—Amor, es… —Andreas había entrado sin pedir permiso, y se quedó callado cuando me vio ahí adentro. Bufó ligeramente y me ignoró por completo, prestando su entera atención en mi hermano— Es hora de la lectura, ¿puedes venir? —preguntó, extendiendo su mano hacia la de él, sonriendo ampliamente.
—Si, ahora voy, ¿puedes adelantarte? Tengo que hablar con Bill —dijo, ignorando la mano extendida de su novio. Já.
—Amh, claro —Asintió, regresando su mano hacia donde se encontraba anteriormente, tragándose el maldito orgullo para después salir por donde había entrado.
—Tom… —quise volver a comenzar, pero esta vez, fue él quien me interrumpió.
—No, Bill, déjame hablar, por favor —pidió, acercándose más hacia mí, tomando mis manos, apretándolas contra las suyas—. Sebastian, digamos que era un poco extraño —comenzó, mirándome fijamente a los ojos—, siempre logró ocultarme muchas cosas, pero también logró protegerme y hacerme crecer en todos los sentidos. Y creo definitivamente que con el testamento hizo lo mismo —Vamos, Bill, ¡dile, dile que lo cambiaron, no lo decepciones! Pero aún así lo decepcionaría al saber que yo había tenido que ver con el cambio, joder—. No me extrañaría que pusiera cosas raras en éste que nos involucraran a ambos. Hablé con él antes de su muerte y me dijo algo que bueno, no estoy muy seguro de poder cumplir — ¿A qué se refería? —. Lo sabrás en unos momentos, pero Bill… —Cerró sus ojos, luego de suspirar largamente— Quiero que sepas que te quiero. Que siempre que querré, aunque ahora sea de una manera diferente, siempre sentiré esto por ti —Susurró, pegando sus labios contra los míos, dejándome completamente descolocado. ¿Era Tomy en verdad haciendo eso? Me dejé llevar por su beso, cerrando igualmente mis ojos, tomando suavemente su delicado rostro entre mis manos. Por alguna razón, sentía que ese beso sería el último en mucho tiempo…
Y al contrario de mis deseos, acabó. Separó nuestras bocas que encajaban a la perfección y sonrió, para después abrazarme fuertemente. Musitó un ligero pero claro “te amo, hermano”, y salió de la oficina, dejándome solo, hundido en mis pensamientos.
Los abogados estaban ya aglomerados, sentados en la mesa de la sala de juntas, junto a Tom, Cameron y Georg. Cuando llegué, prácticamente ya habían dado la bienvenida y hablado de las cosas menos importantes acerca de la reunión ahí convocada, así que ahora solamente quedaba leer las clausulas más importantes del testamento. Comencé a sentirme nervioso, muy nervioso, así que decidí sentarme, muy alejado de todos los demás. Esperaba que las cosas salieran bien, en lo que cabía…
El abogado principal se encargó de leer las clausulas letra por letra, dejando en claro todo lo que Sebastian había estipulado, todo iba bien, al parecer Cam y Georg no habían hecho mayores cambios como lo pensé, así que el testamento iba leyéndose conforme Sebastian quería, sólo esperaba que la última clausula no dejara estupefacto a mi hermanito menor. En las primeras, se estipulaba que Tom tenía que vivir en la mansión, o al menos estar al pendiente de ella siempre, para poder conservar el apellido y la herencia, así que no podía irse a ningún otro lado, además de tener que estar al pendiente también de la empresa, siendo obviamente el presidente. Cosa que mi hermano aceptó. Otra clausula decía que tenía que hacer un viaje a Alemania conmigo, para averiguar su pasado, pero como esa ya lo habíamos hecho y habíamos dado como pruebas las cartas de Simone y el testimonio de Gordon, la clausula no fue tema de discusión, algo que ocurrió de igual manera con la siguiente, que era acerca del apellido, cosa que como ya sabíamos todos en la habitación, ya se había cumplido. Todos estábamos bastante calmados con lo que el abogado decía, hasta que mencionó algo que nos dejó completamente boquiabiertos. La última y posiblemente la clausula más importante, explicaba que Tom debía de tener una relación…
—…Amorosa con William Kaulitz —Todos, sin excepción, voltearon a verme. Yo sólo me quedé mirando fijamente al abogado que pronunciaba esas palabras—. El incumplimiento de una o varias clausulas de este testamento, deja a Thomas Miller sin el derecho de la herencia, la presidencia de la empresa y todo lo demás que sea relacionado a Sebastian Miller.
Tom me miraba atónito. Andreas me miraba atónito. ¿Pero qué coño? ¡Si yo no tenía la culpa de nada! Vale, sí, tenía la culpa de todo, pero eso ellos no lo sabían, entonces… ¿Por qué me miraban así?
— ¿Una relación amorosa con… Bill? —preguntó Tom, pasando su brillante mirada color marrón hacia el abogado principal— ¿Está loco? ¡Mi padre nunca hubiera puesto eso! Él…
—Joven Miller, por favor, no hay que perder el control —comentó el abogado, acomodando sus lentes sobre su nariz—. El señor Sebastian cambió el testamento un día antes de su muerte —aclaró el abogado—. ¿Cierto, joven Cameron? —Miró ahora a mi compañero, el cual sonreía ampliamente, aguantando un poco la risa.
—Así es —contestó, tragándose la carcajada que estoy seguro, estaba a punto de soltar—. Tu padre quería lo mejor para ti, Tomy —dijo en tono sarcástico. Vaya que sí, ya me tenía harto con todo esto, ¡Bill has algo, joder!
—No, eso es imposible, es… —Tom se paró de la silla en la que estaba sentado, comenzando a caminar por toda la sala. Andreas por su parte, tragó saliva pesadamente, y se dirigió hasta la puerta, sin exclamar siquiera una palabra. Cameron y Georg seguían sonriendo, mirando todo el espectáculo que habían armado y finalmente, yo… Bueno, yo continuaba callado, mirando a Tomy mientras éste caminaba en círculos, murmurando algunas cosas para sí mismo.
—Por último —interrumpió el silencio el abogado encargado de hacer la lectura—, joven William —exclamó, dirigiéndose a mi persona—, usted debe firmar la última clausula para que ésta tenga valor ante el testamento. En caso de que no lo haga, la clausula quedaría absolutamente disuelta.
Instintivamente, Tom volteó a verme con los ojos llenos de lágrimas, casi suplicándome que no firmara el testamento, suplicándome que le diera esa libertad que hace apenas unos cuantos minutos habían comentado que deseaba más que a nada.
Mierda, mierda, mierda, ¿qué debía hacer?
Piensa Bill, piensa.
—Puedo, ¿puedo pensarlo? —interrogué al abogado, mordiendo nerviosamente mis labios, intentando no mirar a Cam o Georg, ya que obviamente, sus miradas me harían firmar por simple orgullo ante ellos.
—Claro que sí —El abogado asintió, cerrando finalmente los papeles después de haberlos leído—. Les recuerdo que en una semana será la firma, de ambos —Nos miró alternativamente, sonriendo. Al parecer él no tenía la menor idea de que Tom y yo éramos hermanos y mucho menos de nuestro pasado. Y por lo que había entendido anteriormente, él y su comité de abogados, tampoco sabían que el testamento había sido cambiado por Cameron, Georg y yo, ya que el encargado de ver las cosas principales de éste, era Cam, y como lo había dicho anteriormente, él mismo había atrasado los trámites para que los abogados no leyeran el testamento hasta este día—. Tengan buen día —Reunió los papeles en un gran fólder y a la par de sus abogados, salió de la sala, dejándonos ahí.
Cameron y Georg se miraron cómplices y luego me miraron a mí, cuestionándose el por qué de mi decisión, pero finalmente, al no ver indicios de que yo pudiera contestarles precisamente en ése momento, se dieron por vencidos y salieron al igual que todos los demás.
Tomy seguía ahí, aunque ya no caminaba en círculos, ahora solamente estaba sentado, con la cabeza gacha, apoyando su frente en sus manos vueltas puño.
—Tom… —susurré, acercándome a su figura. Me incliné hacia él, flexionando mis piernas para poder estar a su altura— Sé que te parece extraño, pero si intentamos…
—No firmes, Bill —cortó, levantando su mirada hacia mí. Tenía los ojos completamente rojos, las lágrimas empañando su visión y los cachetes un poco inflados, tratando de reprimir más agua salada, sin éxito—. Por favor, no firmes, sólo tienes que negarte y todo estará como ahora —pidió, tomando mis manos, acunándolas en las suyas—. Por favor, por favor… —repitió, cerrando sus ojos, sollozando dolorosamente.
Mierda, en un momento así, me habría puesto más que feliz, viendo como sufría, como me suplicaba no firmar, viendo que su futuro y felicidad dependían totalmente de mí, pero ahora… Ahora era todo diferente. Lejos de sentirme feliz, me sentía devastado, me sentía triste y desesperado al igual que él.
¿Qué debía de hacer? ¿Qué tenía que hacer?
Suspiré cansadamente, soltando sus manos para luego tomar su rostro entre las mías.
—Tomy… Escúchame, yo… No sé si pueda hacer eso —dije con sinceridad, mirándolo directamente a los hermosos ojos marrones que tenía—. ¿Por qué…? ¿Por qué no me das una oportunidad? Sebastian puso esa clausula por alguna razón, él quería lo mejor para ti, y lo mejor es que estés conmigo —Sonreí, ante su fruncimiento de ceño y labios—. Tom… —Ignoré completamente todas las voces en mi cabeza que decían que tenía que ser sincero con él. Que tenía que decirle que yo había tenido que ver con el cambio. Tal vez era lo mejor, tal vez tratar de convencerlo de que estar conmigo era la mejor la opción era lo mejor en ese momento. Tal vez el “obligarlo” a estar a mi lado saldría mucho mejor.
— ¿¡Pero qué dices!? —Explotó, haciendo que mis manos dejaran de acariciar su cara, parándose con rapidez del asiento— ¿¡Qué coño dices, Bill!? ¡Estás loco! —Negó varias veces con la cabeza, llorando mucho más.
— ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? ¿Qué…?
— ¿Olvidas que estoy en una relación con Andreas? —Cuestionó, alzando su ceja derecha, en tono bastante molesto— Andreas… —pareció recordar que su novio había abandonado la sala sin decir absolutamente nada y entonces reaccionó. Se encaminó hasta la puerta, haciendo amago de querer salir, cosa que yo detuve por completo, interponiéndome en su camino.
—Tom, tenemos que hablar, por favor, no hagas esto.
—Necesito ver a Andy, Bill, dame permiso —dijo, con las lágrimas escurriendo por sus mejillas, haciendo presión en mi hombro con todo su cuerpo para poder moverme, pero yo puse mucha más fuerza y gracias a mi mayoría de edad y altura, logré mi cometido—. ¡Bill, joder!
— ¡Tenemos que hablar, mierda! ¡Tenemos que dejar todo en claro de una puta vez! Por favor.
Tom me miró desconfiado, limpiándose las lágrimas con su antebrazo.
—No ahora, no puedo. Sólo quiero verlo.
Me dolía. Me dolía mucho que prefiera irse a ver al zorrillo que quedarse conmigo a pesar de mis súplicas. ¿Cómo diablos le haría para poder hablar con él de todo si él no quería?
— ¿Lo amas? ¿Por eso no quieres que firme, cierto? —pregunté con temor a que su respuesta no me gustara en absoluto.
Tomy se quedó callado, suspirando una y otra vez. Bajó su mirada y luego la volvió a subir, clisándola con la mía.
—Sí.
—Bien —Asentí, retirándome de la puerta, dejándole libre el paso para que fuera finalmente a buscar al maldito idiota del zorrillo.
Tom abrió la puerta, saliendo rápidamente, sin darse el tiempo de cerrarla. Corrió hasta el pasillo de la izquierda, donde se encontraba la oficina de Andreas. Maldita sea.
Mi cabeza daba giros extraordinarios. No sabía exactamente qué jodidos hacer. Si le decía toda la verdad a Tom, y hablo de TODA la verdad, tal vez me odiaría y adiós a mis esperanzas de estar “bien” con él. Y por otro lado, si no le decía nada y dejaba que las cosas se quedaban como estaban, me sentiría mal conmigo mismo por no ser sincero con él, además de que Tom seguiría con la decepción de pensar que Sebastian había cambiado de último momento su decisión sobre nosotros, sabiendo que Tom no quería nada conmigo y que además estaba en una relación formal con Andreas. Y además por una parte, tampoco quería cambiarlo, así quedaría con la total confianza de Cam y Georg y podía seguir con la investigación del asesinato de Sebastian, incluso pudiendo sacarles la verdad a esos, haciendo creerles que odiaba tanto a Tom como a Sebastian. Pero… Haría sufrir a mi hermano. ¿Entonces cómo le haría para que nadie saliera lastimado?
—Entonces, papá, ¿crees que haya sido un error? Me refiero a la conversación…
— ¿Por qué no hablas con Tom al respecto? Creo que es el único que puede darte explicaciones. Pero si quieres escuchar mi opinión… —Se rascó el mentón, pensando mejor en como decirme las cosas— Sinceramente creo que estás equivocado. Hablé con Tom esta mañana y no creo que sea el tipo de persona que engaña y busca las cosas a su conveniencia. Pero también creo que debes confiar en tus sentimientos.
—No sé ni que pensar, papá —comenté, suspirando largamente—. Lo quiero. Y creo que siempre lo hice, pero también lo odiaba y creo que ese sentimiento, aunque en menor proporción… Sigue existiendo en mi interior —acepté, sintiendo un poco avergonzado al respecto.
—Lo sé, hijo, lo sé —Pegó sus brazos a mi espalda, abrazándome con mucho amor y ternura.
Cerré mis ojos, pensando mejor en las cosas. ¿Sería cierto? Ahora sólo podía pensar en la maldita clausula del maldito testamento. ¿Debería de firmarla, debería de darle esa libertad a Tom? ¿O debería de ser egoísta como siempre y pensar en mí como siempre lo hice? No lo sé, no sé que haría. Me sentía tan pequeño, sentía que el mundo se me venía encima y que las cosas se me escapaban de las manos como el agua. Y eso me incomodaba de sobremanera, porque me incomodaba no tener el control de las cosas. Quería solucionar todo de una buena vez.
Saqué mi celular del bolsillo trasero, y marqué el teléfono del investigador. No podías más con la duda. Al fin contestó, después del tercer toque.
— ¿Joven Kaulitz?
—Sí, soy yo. ¿Podemos vernos esta misma noche? Es urgente.
—Por supuesto. ¿Desea que nos veamos en un lugar público, o prefiere que vaya al hotel?
—Al hotel está perfecto. Aquí lo espero.
Colgué.
Minutos después, llegó finalmente el investigador. Lo hice pasar y ambos nos sentamos en los sillones de la sala.
Comenzamos a platicar acerca de sus sospechas y yo le conté que sospechaba claramente de alguien en especial: Cameron.
Sí, tal vez suene un poco ilógico, incluso demente, pero mis sospechas estaban puestas en él totalmente. Haciendo memoria, esa noche, había visto a Cameron dejar la copa de vino en la mesita de a lado y juraría, que por lo que dijo el investigador, la copa de vino se la había dado él. Además, no sé exactamente el por qué, pero también sospechaba que Georg tenía mucho que ver, ya que últimamente se habían vuelto muy amigos y sentía que de un tiempo a acá, me ocultaban cosas. La verdad, pensaba más sorpresas en el testamento, y esperaba que “la sorpresa” de la una vez me habló Georg, no estuviera esperándome todavía a mí o a mi hermano. Esos dos escondían y tenían algo preparado, estaba seguro, pero aún no podía atar cabos sueltos. Y aunque ellos dos también tuvieran que ver con la muerte de Sebastian, ¿cómo lo probaría? No había huellas, señas, indicios o pruebas de alguno de ellos. Así que… Estaba totalmente obscuro. Aunque probablemente podría encontrar una manera para descubrirlos y acabar con todo. Podría culparlos de la muerte, del cambio del testamento y finalmente, Tom estaría tranquilo, al igual que yo. Sí, eso, tenía que buscar la manera de que la verdad se supiera de una vez por todas, y que Tom supiera la verdadera voluntad de su padre. Tal vez así podría hacer que nada afectara a mi hermano. Volviendo a cambiar el maldito testamento.
Continúa…
Gracias por la visita.