«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 2. Ahí seguía
Desperté con la respiración entrecortada, las manos temblorosas y el cabello pegado a la nuca y frente a causa del sudor. Llevé una de mis manos hasta mi pecho, haciendo una ligera presión y cerré mis ojos, tratando de tranquilizarme, esperando que mi respiración volviera a ser acompasada.
Por alguna extraña razón, había tenido un sueño que no me agradaba del todo. Era la segunda vez, la primera había sido hace años y aunque no volviera a soñar con eso, quedó grabado en mi memoria como un reproductor que se activaba cada vez que pensaba en él.
Después de cerrar con cinco candados, dos llaves y una cadena esos recuerdos, ahora venían a mí. ¿Por qué?
Había algo en mi mente, algo que no lograba ver con lucidez, pero de unos meses a acá, había algo que me tenía con la cabeza hecha vueltas todo el día.
Puse mis pies en el frío piso de la habitación de hotel y me dispuse a levantarme para ir al baño. Cuando entré, me eché agua a la cara, tratando de refrescarme un poco. Tomé una toalla y la deslicé por todo mi rostro, borrando todas las gotitas de agua y sudor mezcladas. Me miré fijamente al espejo, con la cara lavada, sin rastro de maquillaje, mi mohicano rubio despeinado, y unas ojeras inmensas por debajo de mis ojos.
— ¿Estás seguro de lo que quieres hacer, Bill? Lo lastimarás. Es apenas un niño…
Sí, un niño adorable, tan inocente y frágil que daba miedo tenerlo cerca, su ternura te calaba hasta los huesos. Sus rastas rubias cayendo por sus hombros; revueltas, su cuerpo pequeño pero bien formado, sus labios… ¡dios esos labios que tanto había mordido y besado! Su sonrisa siempre tan sincera, sus ojos cargados de amor, sus besos y caricias llenas de pasión, cada palabra que salía de él era pura, limpia, y sin embargo, nunca me importó, nunca sentí nada por él.
Los sentimientos no van conmigo, esa cosa que todos los seres humanos llaman amor, no existe para mí, y nunca existirá; es sólo un cuento que se inventa la sociedad para no comportarse como animales, pero en realidad, nadie lo siente, nadie en este mundo ama verdaderamente a alguien más que no sea la persona misma. Yo lo sabía, yo sólo me amaba a mí, siempre fue y seguirá siendo así.
Sonreí a mi reflejo, viendo en lo que me había convertido: Un exitoso modelo. Tenía mi propia marca de ropa, una línea de perfumes, y todo lo que quisiera, todo lo tenía al alcance de la palma de mi mano, con sólo mover un dedo, podía hacer que la mismísima reina de Inglaterra me lavara los pies. Era lo que quería ser, lo que siempre quise ser. Y aún así, no tenía vida. No tenía a nadie, estaba solo.
Sonreí ampliamente, soltando incluso una pequeña risa, sin dejar de ver mi figura en ese espejo.
Nos parecíamos, teníamos la misma boca, los mismos ojos, con excepción de la nariz, la de él era un poco más ancha y respingada; como la de Jörg, la mía era larga y estilizada; como la de Simone.
Toqué levemente mi mejilla, justo en el lugar en el que él tenía su lunar. Eso era otra cosa, Tomy tenía un lunar en la mejilla; yo lo tenía debajo del labio. Tomy. Sólo dejaba que yo le dijera así, nadie más.
Simone siempre decía que a pesar de llevarnos casi seis años de diferencia, éramos muy parecidos y al mismo tiempo, éramos muy diferentes, como si fuéramos polos opuestos destinados a estar juntos. Que irónico; Simone no sabía la relación incestuosa que llevaba con mi hermano menor, no lo sabía, y ojalá así se hubiese quedado, sin saberlo. Pero bueno, la vida sería tan aburrida si fuera fácil. Supongo.
Negué ligeramente con la cabeza. ¿Por qué diablos pensaba en eso ahora? Lo hecho, hecho estaba y no podía hacer nada para cambiarlo. Simone nos había descubierto y ahora yo estaba muerto para ella y para Jörg. Gordon fue el único que me apoyó, el único que se preocupó en verdad por mí.
Mi vida había cambiado drásticamente desde esa noche, y sabía perfectamente que la de Tom también. El enano la había pasado peor que yo; al menos tenía a mi padre biológico: Gordon, a pesar de saber exactamente lo que había pasado, nunca me dejó solo. Con Tomy las cosas fueron muy, muy distintas. A veces me pregunto: ¿Qué será de él ahora? ¿Con quién vivirá? ¿Tendrá familia? ¿Estará enamorado? Lo último que sabía de él era que se había ido de Alemania. Tal vez así estaba mejor, alejado de todo lo que le había destruido la vida: Yo.
¿Para qué negarlo? Le destruí la vida a mi propio hermano, pero aunque suene cruel o despiadado, no me causaba el menor remordimiento, al contrario, hasta me hacía gracia.
Desde el primer momento en que lo vi, cuando toqué por primera vez la puerta de la casa Kaulitz, había sido como un reto para mí: Enamorar a mi hermanito pequeño.
Fue también como una especie de venganza hacia Simone. Me había dejado a mí y a mi padre por haberse ido con el mamón de Jörg. ¡Me dejó completamente solo! Crecí sin el cariño de una madre, sin que me arropara por las noches y me diera el beso de las buenas noches. Los diez de mayo, siempre la pasaba solo, con un jodido arreglo o carta que me habían obligado a hacer en la escuela, ¿para qué? Para dársela a una madre que no existía, una madre que disfrutaba a lo grande su vida con otro hombre y con otro hijo, un hijo que odié desde que supe de su existencia. ¿Por qué él si podía tener a mi mamá y yo no? ¿Por qué diablos él si recibía su amor y ternura y yo tenía que quedarme con apenas las sobras de una llamada telefónica cada cumpleaños? No era justo. Y en cierto modo, ahora me sentía contento por ello; ahora él tampoco tenía el cariño de mi mamá. Estábamos a mano, ¿no?
—Bill, necesitas un muy buen contrato. Ahora. Tu línea de ropa y el perfume no se venderán si no sale tu imagen.
— ¿Y qué demonios quieres que haga? ¿Qué me venda para conseguir uno?
—No es mala idea…
— ¡No jodas!
Georg río fuertemente. Estúpido.
—Tampoco es como si fuera algo a la fuerza, ¿no? ¿Qué no lo has hecho antes, eh?
—Cállate.
— ¿Te queda el saco, Billy?
— ¡Que te calles! —Seguí sin mucho sentido, con mi recorrido por aquella estúpida pasarela.
Después de haber estado dándole vueltas a la cabeza con todas las idioteces que había recordado, estaba de muy mal humor. Casi siempre estaba de mal humor, pero ese día era diferente, simplemente todo me tocaba las pelotas.
—Vamos, Bill. Sabemos que harías hasta lo imposible por el dinero y la fama, conmigo no tienes que fingir tu interés. Por algo estás en donde estás.
— ¿Te crees que me conoces mucho?
—La verdad… Sí.
—Pues te equivocas. Nunca me follaría a nadie para conseguir un puesto más alto, o para conseguir un jodido contrato. Tengo muchas propuestas. No caería tan bajo.
—Pero ninguna tan importante como la pasada. ¿Estás seguro de que no hiciste nada para conseguirla?
— ¿¡Te quieres callar de una puta vez!?
—Jajajaja.
Lo miré, fulminándolo con la mirada. Georg siempre encontraba la forma de joderme, pero ahora no pensaba soportarlo.
—Vete a la mierda.
— ¿Te vienes conmigo?
— ¡Que te den!
—¿Me harías el favor?
— ¡Bill, Georg! —gritó el salvador de Georg. Y digo salvador, porque si no nos hubiera llamado, seguro lo habría violado, descuartizado, y todo lo que me pasara por la cabeza en ese mismo momento.
—Piénsalo —Me guiñó un maldito ojo y salió disparado en dirección a la voz que anteriormente habíamos escuchado.
¡Maldito imbécil!
Bufé realmente molesto, ¡que día de mierda estaba teniendo!
—Que cara traes, chaval… —comentó Blake, el diseñador de toda la ropa que íbamos a modelar esa noche.
—Es la única que tengo.
—Vale que hoy estás peor que nunca.
— ¿Te molesta? ¿Qué nos querías decir? Tengo que seguir ensayando para el evento de esta noche —solté cortante, no quería escuchar sermones de ningún tipo, mi ánimo estaba por los suelos y no podía permitir que idiotas como estos me echaran a perder el día.
—Tómate las cosas con calma, Bill. Lo tienes dominado, sólo tienes que salir, mostrar tus mejores poses y listo, no es nada del otro mundo. Es una simple pasarela más —Blake se cruzó de brazos y enarcó ligeramente una ceja.
Como jodía, en serio.
—Estoy calmado. ¿Puedes decirme qué…?
—Necesito —me interrumpió— que Georg y tú estén en la junta de mañana, es muy importante.
— ¿Yo? —preguntó Georg, pude hasta ver cómo se le iluminaba la cara cuando escuchó su nombre salir de los labios de Blake.
Georg era un nuevo modelo, recién salidito del horno. Cualquier cosa le hacía ilusión, eso obviamente no pasaba conmigo. Era un tipo guapo, tengo que admitirlo. Alto, fornido, unos labios hermosos que a cualquiera le gustaría besar, ojos verdes, y un corte de cabello bastante particular, lo llevaba más corto de los costados y resaltando apenas un tupé, no se veía mal, se parecía un poco al corte que llevaba yo, con la única diferencia de que yo era rubio y él no.
Lo conocía desde hace poco, pero a diferencia de todos los modelitos inadaptados, él tenía algo que me llamaba la atención.
—Sí, Georg, llevas poco tiempo en este mundo, pero te haces notar de entre los demás y creo que Bill puede ser un empujón para ti.
— ¿Yo un empujón? —cuestioné cruzando mis brazos. ¿Por quién carajos me tomaba?
—No te lo tomes a mal, William. Es un halago.
—Vaya, ¿tengo que agradecerte entonces?
Blake soltó una risotada, agarrándose el estómago.
—Vale, como les decía: Quiero que estén en la junta de mañana por la noche. Así que no hagan citas, ni compromisos —Ambos asentimos, Georg estaba muy emocionado, saltó un par de veces en su lugar y se mordió el labio. Yo en cambio, me quedé estático, cruzado de brazos, todavía—. Georg, ¿puedes dejarme a solas con Bill, por favor?
—Claro —el castaño asintió una vez más y giró sobre sus talones para salir de escena.
—Bill, hay algo más que quiero que sepas.
— ¿Qué pasó? —pregunté algo intrigado. ¿Algo más? ¿Qué podría ser?
—Hay un contrato muy jugoso para ti.
— ¿De verdad? —La noticia me había dejado un poco contento, sólo un poco. Era algo que ansiaba con escuchar desde que el último contrato terminó. No podía darme el lujo de estar participando en pasarelas de quinta, tenía que seguir con lo que estaba acostumbrado: Desfilar para altos diseñadores, irme de gira con mi propio equipo, y esas cosas.
—Sí. Sé que acabas de salir de una gira algo cansada, pero también sé que eres ambicioso y siempre aspiras a más…
—Estás en lo correcto. Bien, ¿de qué trata? ¿Qué tengo que hacer?
—Calma, calma. Tienes que hablar personalmente con el dueño de la revista que quiere tu imagen.
— ¿Revista? —Las cosas estaban un poco raras. Nunca antes me habían llamado de una revista. Digo, en Alemania no hay muchas revistas famosas y además, ¿para qué me querían?
—Sí, tal vez no la conozcas; es una revista de Nueva York.
¡Vaya! ¿Una revista en Nueva York? ¿Me querían a mí para una revista en Nueva York?
— ¿Nueva York? ¿Estados Unidos?
—Sí.
Asentí sin entender mucho, todavía. Era una oportunidad que obviamente no podía desaprovechar. Hacerme famoso en Estados Unidos era parte de mis metas a futuro y estaba seguro de que iba a lograrlo pronto, nada es imposible para Bill Kaulitz.
— ¿Cuándo tengo que responder?
— ¿Vas a negarte?
—Necesito pensarlo.
— ¿Pensar qué, William? ¡Es una oportunidad de oro! ¡No puedes negarte! ¡Te quieren a ti!
— ¿Por qué precisamente a mí?
—Porque eres el modelo más famoso de Alemania —contestó irónicamente, como si la respuesta fuera obvia para todo el mundo.
—Es que…
—Bill, ¿qué tienes que pensar?
—No lo sé, hay algo que no me gusta, tengo que revisar mi agenda —Chasqueé la lengua, rascándome ligeramente el mentón.
—No seas ridículo. Tienes hasta mañana por la noche para pensarlo.
Y dicho esto, dio media vuelta y se perdió entre la gente que montaba el evento para esa noche.
Obviamente no tenía nada que pensar. Iba a aceptar sí o sí, nada lo impediría. Pero me gustaba hacerme del rogar, no quería verme desesperado.
.
Subí las escaleras que me llevaban hacia la azotea del edificio, necesitaba fumarme un cigarro en ese instante y adentro no estaba permitido. Como si el jodido humo les fuera a disparar el cáncer.
Suspiré cuando me encontré en la cima, estaba realmente alto, podía ver la ciudad entera desde mi posición, me sentía el amo del universo, el Dios de todo.
Saqué la cajetilla y me dispuse a prender un cigarro, para después darle una pequeña calada con mi boca, absorbiendo el tabaco que emanaba de él.
Cerré brevemente mis ojos y otro recuerdo llegó a mi cabeza, casi como un pinchazo. Parecía que cada vez que los cerraba, los recuerdos llenaban mi mente como si de una tormenta de nieve de tratase. Y por alguna extraña razón, no los abrí, me sentía a gusto.
—Bill, no quiero hacer esto… —Pude ver como cerraba sus ojos con fuerza, se le notaba el miedo por cada uno de sus poros, estaba realmente asustado y cohibido. Claro era su primera vez.
—Shhh, Tom. Todo estará bien…
Lo abracé fuertemente mientras él lloraba, se veía tan tierno, tan frágil…
Recuerdo que esa vez, me sentí un poco culpable cuando noté las sábanas manchadas de algo rojo, no era normal que un hombre sangrara, tal vez había sido demasiado rudo, demasiado bruto para su edad. Pero la mínima culpabilidad se esfumó después, al fin y al cabo, tenía que sufrir, ¿no? Estaba comenzando bien.
— ¿Alguna vez has amado a alguien?
—Ahora lo hago —Le sonreí tiernamente. Pude ver como sus mejillas cambiaban de color y sus manos comenzaban a sudar. Siempre tenía ese tipo de reacciones cuando se ponía nervioso.
— ¿E-en serio?
— ¿No me crees?
— ¿A quién?
—Si te lo digo, ¿prometes decirme tú de quién estás enamorado?
—Yo no estoy enamorado.
— ¿Estás seguro?
Nos quedamos así por un momento. Estábamos acostados en el césped del patio trasero de la casa, Simone y Jörg no se encontraban y nosotros aprovechamos para salir un poco, a tomar aire.
Volví a sonreírle y me incliné hacia él, mirándolo desde arriba.
—Bill…
Y entonces lo besé, lentamente, casi rozándole los labios con dulzura. Estaba seguro de que Tomy no tenía nada de experiencia en el ámbito sexual y mucho menos con alguien del mismo sexo que además, era su hermano mayor. Y tal como esperaba, no se negó.
Continuó el beso de una manera romántica, como si los labios se dejaran llevar por sí solos. Acaricié su mejilla, para darle seguridad, para que supiera que era real y traté de profundizar, pero luego me arrepentí, dejé mis labios tal y como estaban y me dediqué a darle pequeños lengüetazos después de besarlos.
—A ti —contesté a su antigua pregunta, mientras separaba levemente mis labios de los suyos, creando un ruidito algo gracioso. Ambos nos miramos fijamente y sonreímos.
Su cara estaba totalmente roja, con los labios aún más rojos y su respiración parecía entrecortada, incluso algo agitada.
Me paré de donde me encontraba acostado y caminé hasta la casa. Minutos después, un niño de trece años, me seguía las espaldas. Sabía que había comenzado, sabía con exactitud que mi plan funcionaba tal y como yo quería y no iba a dejar que algo lo arruinara, tenía que ser cuidadoso con todos y cada uno de mis movimientos. Tenía que saber con certeza cómo manejarlo, cómo hacer que todo resultara lo mejor posible.
Abrí finalmente los ojos y miré hacia las luces que irradiaban en la ciudad debajo de mí.
Di otra calada a mi cigarro, tratando de relajarme, quería que mi mente se vaciara por completo, pero no podía.
Tenía que dejar de pensar en él. Tal vez aceptar el contrato con la revista de Nueva York haría que mi cabeza se despejara un poco y así podría sacármelo de una buena vez de mi sistema. Tenía que alejarme de todo lo que tuviera que ver con él, a cualquier precio.
Escuché el sonido de mi celular y contesté rápidamente; podría ser algo importante.
— ¿Diga?
— ¡Hijo! ¿Cómo estás? Ya no he sabido nada de ti.
—Hola.
—Te noto algo extraño.
—Estoy bien, papá. Algo cansado, pero también emocionado; es probable que firme para una revista en Nueva York.
— ¡Wow, Bill! Entonces te debe estar yendo muy bien, ¿eh?
—Sí, algo —contesté con desdén mientras jalaba nuevamente el humo del cigarro—. ¿Cuándo vuelves?
—Ya sabes que esto se complica a veces, pero trataré de estar ahí lo más pronto posible.
—Claro —Exhalé todo el humo que había contenido y comencé a caminar por la azotea.
—Habló tu madre… —mencionó como si temiera de mi reacción.
Detuve mi andar y apreté los dientes por unos segundos; hablar de ella me enfermaba.
—Que se joda.
—Bill…
— ¡Que se joda!
—Está arrepentida.
—Claro, de seguro quiere dinero, ¿no? Y como sabe que soy un modelo exitoso, pretende hacerse la arrepentida y venir como si nada hubiera pasado. ¡¡Que se vaya a la reverenda mierda!! —grité aventando lejos el cigarro, sabía que no le haría daño a nadie, pero no tenía nada más a mi alcance.
—Sólo…
—Tengo que colgar —Apreté el botón rojo del touch, y lo silencié; estaba seguro de que Gordon no pararía de marcarme hasta llegar a un acuerdo, cosa que por nada del mundo pasaría.
Ella estaba muerta para mí, punto.
Metí nuevamente el celular a mi bolsillo trasero y tapé mi cara con mis manos.
Adivinen quién fue el primero en alojarse en mi cabeza en ese momento…
Tom.
¿Por qué me había dejado marcado? No sentía nada por él. Bueno sí, sentía asco, coraje, enojo, resentimiento y desprecio, sobre todo eso último.
Pero, ¿entonces por qué pensaba en él? No se merecía estar en mis pensamientos. No se merecía estar en mi mente. No merecía nada de mí, nada.
Y en cambio, estaba ahí todo el tiempo. A pesar de los años, ahí seguía.
Continúa…
Gracias por la visita.