«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 20. No juegues con fuego, que te puedes quemar
— ¿Entonces… cree que él podría ser el causante?
—Totalmente, joven Kaulitz. Las pruebas son más que certeras y siendo sincero, no entiendo el por qué. Cameron parecía ser alguien fiel, tal vez el dinero y la ambición por el poder pudieron con él.
—Y no lo dudaría, Cameron ha cambiado mucho en este corto tiempo —Tallé mi cabeza, despeinando un poco mi cabello.
Tenía que hacer algo. Cameron no podía seguir libre, haciendo de las suyas, y sobre todo… Cerca de Tom. El investigador y yo estábamos seguros que él era el causante de la muerte de Sebastian, pero no sabía si decírselo a Tom; a lo mejor no me creería. Entonces tenía que pensar en algo mucho mejor, algo para que cayera redondito justo en donde lo quería.
El investigador se fue después de haber platicado un largo rato con él. La noche era fría, las estrellas titilaban en el cielo, los grillos se escuchaban a lo lejos y yo, bueno, me encontraba solo en el balcón de la habitación de hotel.
Me sentía indeciso, confundido… ¿Qué sentía precisamente en estos momentos hacia Tomy? No sabía.
Mi teléfono celular comenzó a sonar insistentemente. Presioné el icono de «Responder» y pegué el aparato a mi oído, sin ver el remitente.
— ¡Bill! Que bueno que contestas, ¿estás en tu habitación? Estoy abajo, en el looby del hotel —La voz de Georg sonaba bastante alarmada, como si le urgiera que yo bajara y me encontrara con él, incluso como si su vida dependiera de ello.
— ¿Ocurre algo? Suenas bastante preocupado —informé, girando sobre mis talones para comenzar a salir de mi habitación.
—No te preocupes, sólo quisiera hablar contigo —dijo, pero algo gritaba en mi corazón que no confiara en él y me quedara en la habitación, diciéndole que no estaba, que podríamos hablar al día siguiente en la empresa, pero claro, como siempre, ignoré esa corazonada y seguí mi camino, abriendo la puerta y bajando por el elevador para encontrarme con Georg.
Unos pisos más abajo, salí finalmente del ascensor, buscando con la mirada a mi compañero.
Encontré a Georg sentado en uno de los sofás de tan elegante recibidor y caminé hasta su figura, sentándome enfrente de él.
— ¿Sucede algo? —cuestioné, cruzando mis piernas, recargando mi espalda y ambos brazos en el respaldo del sillón.
—Tengo que decirte algo muy importante, Bill —Su voz sonaba seria, incluso algo perturbada. Tenía el presentimiento que algo no acabaría bien en esta plática—. Pero no aquí. ¿Podemos ir a algún lugar privado?
—Preferiría que fuera aquí —dije, mirando a Georg con una ceja levantada.
Su nerviosismo me ponía más nervioso a mí, pero no podía darme el lujo de dejar que se me notara.
—Hay mucha gente —susurró, más para sí mismo, pero pude alcanzar a escuchar lo que dijo—. ¿No quieres…?
— ¿Por qué no subimos? —sugerí, levantando mi cuerpo del sofá.
Georg actuaba demasiado extraño. Algo me decía que no estaba aquí por decisión propia, que más bien se había sentido obligado a venir, o que tenía miedo de que alguien supiera que estaba aquí, hablando conmigo.
—Está bien, Bill, subamos —aceptó, levantándose del asiento y caminando hasta el elevador que nos llevaría al piso correcto.
Al llegar a mi habitación, entramos y Georg rápidamente se dirigió a la barra. Tomó una copa de vidrio y comenzó a servirse vino. Luego de eso, dejó la copa vacía a un lado y ahora se sirvió hielos en un vaso –igual de vidrio– para llenarlo con Whisky, Johnny Walker. Yo sólo me senté en un banco frente a él, esperando pacientemente a que terminara.
—Necesito valor para decirte lo que debo decirte —hizo énfasis en la palabra «debo» y terminó de un sorbo la bebida alcohólica que se había servido.
—No entiendo, Listing. ¿Podrías ser más concreto? —pedí, mientras me acomodaba en el asiento, apoyando mis codos en la barra.
— ¿Recuerdas cuando te dije que tenía una sorpresa preparada para todos? —interrogó, tragando saliva, moviendo su corto cabello hacia un lado. Yo asentí, dejando que continuara— Bien, pues… Creo que esa «sorpresa» —Hizo comillas con los dedos— no tardará mucho en llegar.
— ¿Y eso es malo? —pregunté, un poco más serio. La conversación comenzaba a tornarse algo confuso, y debo admitir, tenía un poco de temor acerca de lo que Georg iba a confesar.
—Depende —Alzó sus hombros—. Si estás de nuestro lado, no. Pero si no… Las cosas podrían no gustarte tanto, Kaulitz —Me miró directamente a los ojos. Su mirada verde era penetrante. Nunca Georg me había mirado como lo hacía ahora.
— ¿Crees que estoy del lado equivocado? Nosotros tenemos un plan, ¿no es así?
—Plan que te estás encargando de cambiar —anunció, cruzándose de brazos, sin despegar su mirada de la mía—. ¿¡Por qué no sólo firmaste el maldito papel en ese maldito momento, Bill!? ¡Ahora Cameron cree que nos darás la espalda y traicionarás! ¿Sabes lo que tuve que hacer para que no te diera un buen escarmiento? —Negó con la cabeza, tallando fuertemente su cabeza.
Algo no iba bien aquí. ¿Dijo escarmiento?
— ¿A qué te refieres? Sólo quise quedar bien con Tom. Recuerda que debo fingir que lo sigo queriendo, ¡así todo será más fácil! —Estampé una de mis manos sobre el duro mármol de la barra, haciendo que Georg pegara un salto, espantado— ¿Y a qué te refieres precisamente con escarmiento? —Apreté mis dientes, sintiendo cólera. ¿Acaso el idiota de Cameron se atrevería a ponerme una sola mano encima?— Recuerda quién es el que manda aquí, Listing, y recuérdaselo al estúpido de Cameron, también. No saben con quién se están metiendo —amenacé y Georg alzó su mirada, cerrando luego sus ojos para dejar soltar un suspiro.
—Ten cuidado, Bill — informó, abriendo sus ojos—. Cameron no es lo que aparenta. Te recomiendo que firmes el papel, y en cuanto a la sorpresa que te tenía preparada… Creo que también te darás cuenta cuando firmes —Se levantó del banco, y emprendió camino en dirección a la puerta, al parecer cambiando de opinión. Tal vez se había pensado mejor las cosas y decidió no decirme en ese momento.
Agarró el pomo, haciéndolo girar y salió, azotando la puerta al salir, sin siquiera despedirse.
¿Qué demonios había sido eso? Estaba seguro ahora más que nunca que Cameron era el culpable de la muerte de Sebastian. ¿Eran mis alucinaciones o Georg había venido a advertirme? Después de todo, seguía siendo ese modelo barato, con miedo a fracasar.
Por Tom.
Justo ahora, me encontraba en un punto de mi vida que prefería llamarlo: Tranquilidad.
Tal vez las situaciones con la empresa, el testamento, Andreas, las noticias acerca de mi origen, las mentiras, las verdades, y Bill, eran suficientes para mantenerme decaído todo el tiempo, para hacer que me preocupara, me estresara, me deprimiera… Pero no era así. Prefería mirar todo desde otra perspectiva. Justo ahora no me importaba si todo se venía abajo, ya había perdido lo más preciado que un ser humano podría tener: Sus padres. Y eso me había confirmado que no solamente era más fuerte de lo que pensaba, sino también que mi felicidad no se basaba en una persona, o en dos, o en tres. Mi felicidad se basa en mí mismo, en las acciones que hago o dejo de hacer, en mi comportamiento, en mis sentimientos, en mi poder de enfrentamiento hacia situaciones adversas, de peligro, o de tristeza.
Justo ahora podía decir que era feliz, y que quería seguir siéndolo por mucho tiempo más.
El día pintaba bien. Las nubes estaban un poco arremolinadas, dejando solamente ver un mínimo rayo de sol colarse por uno de los huecos. Parecía que pronto el sol vencería a las nubes y luego entonces éstas se alejarían, dejando ver brillar el sol de manera resplandeciente.
Salí de mi cama, abriendo más las cortinas, y tal como lo había supuesto, los rayos brillantes de luz comenzaron a colarse por el cristal de la ventana de mi cuarto. Escuché un sonido de toques en la puerta y emití un bajo, pero claro «adelante». Andreas entró a mi habitación. Se encontraba completamente guapo (como siempre) y me saludó con un tierno beso en los labios.
— ¿Irás a la empresa? Es día de descanso, amor —dije, delineando sus pómulos y mejillas.
—Tengo qué. Hay muchas cosas pendientes —Chasqueó la lengua, pasando sus brazos a mi cuello—. Tú quédate; necesitas descansar.
—Puedo ir y…
—No, Tom. Quédate, por favor. Es más… ¿Por qué no sales con alguien? Un amigo, compañero…
—En realidad no…
—Vamos, necesitas divertirte sin mí —dijo con tono de burla, golpeando suavemente mi hombro con su puño.
Asentí, besando fugazmente sus labios. Andy correspondió el beso, cerrando por un momento sus ojos. Los volvió a abrir luego de un mínimo rato y me miró sonriente. No dijo nada más. Dio media vuelta y salió por la puerta por la cual, anteriormente había entrado.
Solté un largo suspiro y pensé en quién podría invitar a salir, pero el único que se me vino a la cabeza fue mi hermano. Últimamente pensaba mucho en Bill, pero ya no con el rencor o el resentimiento de antes. Esta vez era diferente. Ahora podía decir abiertamente que lo quería, como a un hermano. Y es que también es cierto que sigo teniendo fuertes sentimientos hacia él de manera amorosa, pero siento que el cariño de hermano puede llegar a matar eso para siempre.
Bill tenía que NO firmar los papeles para dejarme en libertad, para comenzar a ser verdaderos hermanos, justamente como me lo dijo Sebastian días antes de su muerte. Sabía que dejaría alguna clausula para ponerme a prueba, pero jamás pensé que volteara los papeles y decidiera poner a prueba a mi hermano. Porque eso había sido, ¿no? No creo que haya dejado esa clausula, hablando totalmente en serio. Lo hizo para probar a Bill, obviamente (o al menos eso quería creer).
Bien, regresando al tema William… ¿Por qué no hablarle y decirle que saliera conmigo a algún lado? Podría ser un buen comienzo para nuestra relación hermano-hermano.
Pensando de esa manera, saqué mi móvil y comencé a marcar un teléfono que me sabía de memoria.
— ¿Aló? —contestó mi hermano, todavía adormilado. Bueno, tampoco era tan temprano, pero era su día descanso. Entendible— ¿Tom? —Al parecer supo que yo le llamaba. Entonces decidí hablar para que no colgara.
—Sí, soy yo —dije, echando mis trenzas hacia atrás—. Emh… Me preguntaba si hoy… Amh, Bill… —No encontraba las palabras exactas para invitarlo a salir— ¿Estás muy ocupado hoy?
—Es mi día de descanso, así que no. Ay no, no me digas que llamas para hacerme ir a la empresa, por favor… —Usó un tono bastante divertido. Como si fuera un niño suplicándole a su mamá no hacer la tarea.
—Tranquilo, que no es nada de eso.
— ¿Entonces?
—No sé, me gustaría pasar tiempo contigo, es todo —contesté, alzando mis hombros. Comencé a caminar alrededor de mi habitación, cruzando mis dedos mentalmente para que él aceptara—. ¿Qué dices?
Escuché un profundo suspiro del otro lado de la línea, seguido de una risita.
—Tom, si esto es una broma, mejor vete guardando tus…
—Coño, ¡que no! Te estoy hablando muy en serio. ¿No puedes creerme? —pregunté, un tanto ofendido por sus comentarios. En todo caso, el que no debería de confiar en él, era yo, y no al revés, y en cambio, yo sí le tenía confianza, aunque no fuera una de las ideas más inteligentes en mi repertorio.
—Lo siento —se disculpó, dejando escapar un bufido—. Es sólo que se me hace demasiado —recalcó la palabra— extraño que precisamente tú me estés buscando.
—Hey —corté—, no malpienses las cosas. Quiero que salgamos como lo que en realidad somos… —dije, dejando que el cerebro de Bill procesara mis palabras. Por lo visto, se estaba imaginando cosas que ni al caso, mejor aclarar antes de formar conjeturas erróneas.
—Oh, entiendo — ¡Bingo!—. Tú quieres que tengamos una reunión como… ¿Hermanos? —cuestionó, totalmente extrañado. ¿Por qué coño era tan difícil asimilar y aceptar un hecho que era una realidad? —Tomy, entiende que yo JAMÁS te veré como mi hermano —aseveró. Sentí mi piel erizada, con un escalofrío subir por toda mi espina dorsal—. Eres algo más. Eres el niño sexy y tierno al que me follaba todas las noches y que disfrutaba, haciéndolo gritar. Eres el niño de trece años que me decía que me amaba y al cual yo besaba con tanta pasión que… —Soltó un muy fuerte suspiro— Me enamoraba día a día sin darme cuenta. Fuiste, eres y seguirás siendo ese Tomy del que me…
—No lo digas —interrumpí, con lágrimas en los ojos.
¡Mierda, Bill! ¡Mierda! ¿Cómo se atrevía a decirme esas cosas?
¿Por qué tienes que decirme todas esas cosas cuando no son ciertas? ¿Qué pretendes ahora?
Apreté mis labios, para que el llanto no saliera por mi garganta, y me tragué todas y cada una de las lágrimas, próximas a estallar.
—Entonces no me pidas que te trate como a un hermano, porque nunca serás un hermano para mí, que te quede claro. Yo voy a luchar por tu amor, aunque te niegues a creerme y a aceptar que me sigues amando —dijo muy seguro de sí mismo. Tomó aire, seguido de un silencio de mi parte. ¿Qué podría decir yo?
—Quiero intentarlo —modulé apenas, tratando de no desbordarme, mientras hablaba con él—. Quiero ser tu hermano, vivir y compartir esos momentos que se nos fueron negados, quiero tantas cosas a tu lado, Bill, es sólo que tú no me dejas —sinceré, sintiendo la desesperación e impotencia, trepar por mi cuerpo.
—Estoy en la misma situación. La única diferencia es que queremos cosas distintas.
¡Joder con éste hijo de… Simone!
—Hagamos un trato —indagué, bajando mi tono de voz, para notarme más calmado; no podía dejar que mis emociones me llenaran—. Ambos trataremos de hacer lo mismo, en este tiempo que estaremos juntos. Alguien ganará, ¿no?
— ¿A qué te refieres?
—Tú tratarás de enamorarme otra vez, y yo trataré de hacer que me quieras como hermano —dije finalmente. No podía decirme que no al ver semejante oportunidad de hacerme caer de nuevo, pero esta vez, yo le daría una lección.
—Mmh… Bien, entonces… ¿Me darás una oportunidad? —chanceó, usando un tono bastante seductor.
Las ganas de llorar que tenía anteriormente, se habían desvanecido y sido sustituidas por una sonrisa y deseos de enseñarle a Bill que estaba equivocado.
—Yo no lo llamaría así. Tómalo mas bien como un… reto.
Mi hermano soltó una estruendosa carcajada, seguida de un «está bien, Tomy».
Quedamos de acuerdo que nos veríamos esta misma tarde en la mansión. Nadaríamos un rato en la alberca, y luego iríamos a comer a algún fino restaurante, todo por invitación mía, la próxima salida le tocaría pagar a él.
Bill llegó un par de horas después, con una pequeña maleta ceñida a su hombro, lentes de sol tapando sus ojos y vestido muy elegante. Supongo que la maleta es para guardar su ropa cuando se meta a la alberca.
Me sonrió pícaramente, delineando cada milímetro de su boca y siguió caminando hasta donde me encontraba, sentado –casi acostado– en la silla para tomar el sol, bebiendo una piña colada sin alcohol, con el traje de baño puesto, dejando notar mi abdomen un poco más bronceado y marcado de cuando era niño. Bill me miró detenidamente, ¡joder, que me estaba comiendo con la mirada! Avanzó hasta mí y dejó caer su maleta en el azulejo, quitándose los lentes.
—Debo decir que… Has mejorado bastante, Tomy. Me pregunto… ¿En qué otra cosa habrás mejorado también? —Alzó una ceja, curvando sus labios en una sonrisa.
Mierda, tienes que aguantar, Tom, vamos, tú puedes.
—Ni te lo imaginas —mencioné, dejando mi bebida de lado. Me levanté, y caminé hasta la orilla de la alberca, sentándome en ella, haciendo que mis pies se mojaran cuando los metí. Bill rió un poco ante mi comentario y luego se paró a mi lado, comenzando a quitarse su camisa—. Hay un baño ahí delante para hagas eso, no tienes necesariamente que hacerlo aquí —Apunté el cambiador, mirando a Bill desde abajo.
—Oh, vamos Tomy… No tengo nada que no hayas visto, lamido, besado y deseado ya —Dejó escapar otra risa, mirándome mientras seguía quitándose la ropa frente a mí. Parece que se tomó lo del trato muy en serio.
Yo sólo reí también, tratando de no mirarlo fijamente. Y es que tener a Bill semi-desnudo frente a mí era una gran tentación. Por todos los cielos, tenerlo vestido era una tentación, ahora imagínense así.
— ¿Te importa mucho si nado desnudo? No traje un traje de baño, lo siento, creí haberlo echado, pero… Al parecer, no.
¿¡DESNUDO!?
Volteé en dirección hacia donde estaba y ¡joderrrrr! Bill se encontraba completamente desnudo, de pies a cabeza, justamente como Dios lo había traído al mundo. No hacía esfuerzo por taparse, al contrario, parecía como si quisiera incluso, dejarse ver más, aunque claro, eso ya no se podía.
Debo de admitir que verlo así, me recordó cosas del pasado, cuando veía a Bill desnudo era por algo especial. No solamente para hacer el amor, sino para inspirarme, relajarme, entre otras cosas, y ahora que así lo tenía aquí, no sabía cómo reaccionar.
—Bill… —musité, sintiéndome tembloroso, con mi corazón palpitando a mil por hora.
—Tranquilo, estaré debajo del agua —Y en cuanto dijo eso, se echó un clavado en la gran alberca, salpicando algunas gotitas, las cuales mojaron parte de mi cuerpo—. ¿Ves? —dijo, una vez salió del agua, haciendo uso de sus clases de nado en la primaria.
Asentí, sin decir nada más. Y es que ¡no podía!
Metí el resto de mi cuerpo en el agua, dejándome llevar. Bill nadó hasta mí, posando su quijada en mi hombro, respiró tranquilamente antes de decir:
— ¿Qué pasa si firmo el papel? —preguntó, pegando mas nuestros cuerpos, mientras flotábamos.
—Sería un golpe bajo —aseguré, dejando que Bill siguiera acariciando mi torso, espalda y brazos; se sentía muy relajante.
— ¿Debo entonces no hacerlo?
—No quiero hablar de eso —dije serio, haciendo que me mirara a los ojos—. Viniste para disfrutar de un día con tu hermano, fuera de la empresa, fuera de todo lo demás.
—Tienes razón —aceptó, besando la comisura de mis labios. Acto que me hizo sonreír estúpidamente.
—Eres demasiado dócil —me burlé, alejándome de él, nadando rápidamente hasta el otro lado de la piscina.
—Tal vez tú me estás cambiando —dijo, sin tratar de venir hasta mí—. ¿No lo crees?
—No lo sé —Alcé mis hombros, sonriéndole.
Tal vez una tarde con Bill no sería mala después de todo.
El tiempo que estuvimos en la alberca fue bonito. Jugamos a aventarnos agua con la boca, perseguirnos por toda la longitud y anchura de la piscina, e incluso encontramos una pelota, para aventarla como si estuviésemos jugando Voleyball.
Nunca había pasado tiempo así con Bill, y se sentía bien. Él ahora era el hermano que nunca tuve, pero siempre quise. Ahora era una buena oportunidad par enmendar las cosas y recuperar al hermano que perdí hace años, cuando me enamoré.
Salimos de la alberca luego de que el sol comenzaba a descender y nosotros teníamos hambre.
Nos pusimos nuevamente la ropa, luego de darnos un baño rápido, para quitarnos el cloro. Yo tratando de no verlo mucho y él haciendo todo lo contrario, obviamente. Sabía que no sería nada fácil ganarle a Bill este trato, pero tampoco era imposible.
Subimos a mi automóvil, siendo manejado por mí, y emprendimos camino hasta el restaurante. Llegamos poco tiempo después y bajamos, mientras el Valet Parking acomodaba mi coche. Entramos en tan lujoso restaurante. Los violines se escuchaban apenas cruzabas la puerta, el ambiente ameno se sentía flotar en el aire, y la tranquilidad, sin gritos, o incluso voces fuertes, te llenaba los poros de la piel.
Un mesero muy amable nos guió hasta una mesa para dos, con una hermosa vista hacia la ciudad. Estaba anocheciendo ya, las estrellas comenzaban a hacer acto de presencia y la luna dejaba verse poco a poco.
Nos sentamos uno enfrente del otro, acomodándonos, mientras el mesero nos proporcionaba las cartas, esperando pacientemente a que viéramos el menú, para luego anotar nuestra orden.
— ¿La especialidad de la casa? —pregunté al mesero.
Éste me miró sonriente, diciéndome el platillo especial. Bill y yo optamos porque nos sirvieran el mismo; se veía muy rico, además de incluir dos Martinis y un pequeño cupcake en forma de corazón.
—Piensa que somos novios —comenté, soltando una ligera risa.
— ¿Crees? —Bill miró al mesero, el cual se perdió en una curva. Regresó su mirada a la mía, riendo también— ¿Lo ves? Mi amor por ti puede verse a kilómetros, sólo que tú no lo quieres ver.
—Bill… —Solté fuertemente el aire acumulado, negando repetidas veces— No te engañes.
—No lo hago.
—Bien, bien —Alcé mis manos y luego las bajé y volví a subir, haciendo un gesto para que entendiera que debía calmarse y dejar el tema de lado; seguía siendo incómodo para mí, hablar de precisamente esto con él.
La cena estuvo lista en unos cuantos minutos. El mismo mesero nos trajo los platillos ordenados, los Martinis, y el cupcake de corazón, partido por la mitad y con dos cucharas a cada lado. Bill y yo nos miramos unos segundos, para sonreír al mismo tiempo después. El mesero se retiró, dejándonos solos, bajo la luz de la luna, que ahora, brillaba con más intensidad.
—Entonces… ¿Puedes catalogar esto como una cena romántica? —preguntó, tomando un sorbo de su Martini, mirándome fijamente.
Le regresé la mirada, recargando mis codos en la mesa, haciendo que nuestros rostros quedaran a pocos centímetros de distancia.
—Yo preferiría catalogarlo como… Un comienzo a algo nuevo.
— ¿Un noviazgo formal entre tú y yo, tal vez? —Dejó la copa de lado, respirando muy cerca de mis labios. Sus ojos se posaban en esa parte, alternando con los míos.
—Yo ya tengo novio, no podría tener otro.
—Los noviazgos no son para siempre, hermano —Cerró uno de sus ojos, sonriendo autosuficiente—. Yo siempre consigo lo que quiero, ten cuidado.
—Lo mismo digo, Billy —anuncié, separándome completamente de su cara, dejándolo un poco anonadado por el apodo que utilicé al final.
Sí, tal vez estaba jugando fuego, pero tenía un extintor de mi lado, así que no podía quemarme, ¿verdad?
—Ten cuidado, Tomy —dijo, ladeando ligeramente su cabeza, mordiendo su labio inferior—. No juegues con fuego, que te puedes quemar.
Continúa…
Gracias por la visita.