«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 21. Doble cara

Finalmente el día había llegado. El día en el que tenía que decidir entre firmar o no. Estaba tan nervioso, y sobre todo porque a alguien no le gustaría para nada mi última decisión.

Los abogados estaban delante de nosotros, sacando los papeles necesarios para corroborar el veredicto final. Yo me encontraba sentado enfrente de Tom, el cual me miraba nervioso, mordiéndose la uñas –gesto que yo odiaba porque se veía anti-estético– y Andreas apretaba su otra mano, mirándome también. Al parecer tenía a ambos en mis manos y eso me agradaba, que estuvieran tan al pendiente de mis movimientos y poder lograr hacerlos enojar o hacer que se tranquilizaran con sólo una decisión. Es raro, ¿no? Tener los sentimientos y reacciones de alguien más en tus manos.

—Bien, señores —anunció el abogado principal, sacando el falso testamento de su carpeta—, ya hemos leído el testamento antes, pero cabe recalcar que el joven Kaulitz todavía debe de hacernos saber su decisión acerca de la clausula que tiene que ver con el joven Thomas. —El licenciado volteó su mirada hasta mí, haciendo una señal con la cabeza para que yo entendiera y me aproximara a anunciar lo que había decidido.

Suspiré profundamente, levantándome de mi asiento. Georg y Cameron también se encontraban presentes, sentados al fondo, detrás de Andreas y Tom. La expresión de Georg era más bien de miedo, arrepentimiento e incluso podría decir que algo de horror, pero al contrario, Cameron lucía demasiado confiado, alegre, sonriente y… Petulante. No soportaba mirarlo tan contento después de saber lo que había hecho, pero no me quedaba de otra. Ahora mismo iba a enfrentarme a él y sólo rezaba porque la verdad se supiera de una vez y las mentiras quedaran atrás; estaba harto de ellas.

Acomodé mi elegante corbata alrededor de mi cuello y saqué una gruesa carpeta, en la cual estaba el verdadero testamento, el testamento que el mismo Sebastian había mandado escribir, finalmente saldría a la luz. Era bueno, ¿no?

—Sé que todos ustedes están aquí esperando mi respuesta, así que se las daré ahora mismo —Sonreí apenas, bajando la mirada por un segundo. La volví a levantar y miré a Tom directamente a los ojos. Hacer esto me dolía, sobre todo porque perdería mi oportunidad de estar con él, pero sabía que esta no era la manera correcta de hacer las cosas. Dejé el papel sin firmar sobre la mesa, a la vista de todos.

Pude ver como Andreas casi gritaba de la alegría, como Tom respiraba aliviado, como a Cameron se le caía la quijada hasta el piso y comenzaba a hiperventilar del coraje y finalmente, como Georg negaba, bajando la cabeza.

Podía sentirse la tensión en el aire. Podía sentir las cuchillas de salir de los ojos de Cameron y atravesarme dolorosamente hasta herirme el corazón. En cambio, los ojos de Tom eran dulces, estaban llenos de amor y cariño, agradeciéndome lo que acababa de hacer.

—Bien, al parecer el joven William ha hecho su decisión. Ahora… —dijo el abogado principal, sacando el testamento, firmando la parte de hasta abajo e incorporando el papel sin firma que yo había dejado.

—No he terminado, licenciado —anuncié, interrumpiendo lo que acababa de decir—. Tom… Lo siento mucho —dije, tragando fuertemente saliva, tallando mi cara—, pero tienes que saber le verdad.

Lo diría, sí, diría todo de una buena vez por todas.

—Bill, ¿¡qué coño estás haciendo!? —gritó finalmente Cameron, saltándome casi a la yugular—. ¿Estás loco? ¿¡Estás pensando realmente!? —Me tomó de los hombros sacudiéndome, haciendo que mi perfecto peinado quedara en el olvido.

— ¡Suéltame, imbécil! —dije, logrando que sus manos soltaran mis hombros, haciéndolo retroceder unos cuantos pasos.

Tomy se levantó abruptamente de su asiento, soltando la mano de Andreas y prácticamente corrió hasta mí, interponiéndose entre Cameron y yo.

— ¿Qué te sucede, Cameron? —Interrogó, poniendo sus manos sobre su cintura—. Bill, ¿qué ocurre? —preguntó mi hermano, dirigiéndose a mí.

Yo lo miré, pidiéndole perdón desde el interior de mi alma, y extendí el verdadero testamento a sus manos. Él lo tomó, mirándome extrañado. Frunció el ceño, mientras comenzaba a leer las primeras palabras del testamento.

—Sé que hice mal, sé que te decepcionaré, pero… Tienes que saberlo, tienes que entenderlo todo —pronuncié, tomando sus mejillas.

Todos en la sala parecían bastante consternados. Los abogados se preguntaban entre ellos qué podría ser lo que Tom leía en ese momento, Andreas se encontraba callado, mirando a su amado y los otros dos, bueno… Nada, si pudieran matarme, lo harían, estaba seguro.

—No entiendo… ¿Es una copia del testamento? ¿Por qué quieres que lea esto, Bill? —interrogó Tomy, dejando de mirar el papel.

Miré a Cameron y éste sacaba chispas de los ojos flameantes, soltando bufidos de descontento cada vez que Georg le susurraba algo al oído.

—Sólo lee la última parte —susurré cerca de sus labios, cosa que los demás no pudieron notar demasiado porque se encontraba de espaldas a ellos.

— ¿Qué pretendes ahora, Bill?

—¡Sólo léelo! —pedí musitando por lo bajo, mirándolo directamente a los ojos—. Por favor…

Tom regresó su mirada a los papeles, pasando las hojas hasta llegar a la última. Leyó ésta, prestando mucha atención a lo que decía.

—William, ¿qué sucede? —preguntó Cameron, tomándome fuertemente del brazo. Me extrañó bastante que me llamara por mi nombre largo, ya que siempre me decía Bill.

—Estoy haciendo lo correcto —advertí, juntando un poco mis cejas, zafándome del agarre que mantenían con fuerza en mi brazo.

Cameron me miraba furioso, sospechando qué era precisamente lo que Tom leía en ese momento. Yo miré a mi hermano, cuando supuse que había terminado de leer. Él lo tomó fuertemente, arrugándolo por completo entre sus dedos. Una lágrima escurridiza cayó por su mejilla y alzó la mirada para verme, pero… No estaba enojado, no estaba fúrico ni histérico como supuse, él estaba… Triste, decepcionado, dolido…

—¿Qué significa esto? —Alzó el papel arrugado hasta la altura de mis ojos.

Yo suspiré cansado, quitando el papel de sus manos. Lo dejé hecho bola encima de la mesa y me dirigí a los abogados que se encontraban demasiado desconcertados ya.

—Quiero pedirles una disculpa, licenciados —pronuncié nerviosamente; estaba consiente de que falsificar un testamento era ilegal y por lo tanto, todos los cómplices podríamos ir a parar a la cárcel, pero todavía tenía la esperanza de que Tomy no levantara cargos en nuestra contra; en la mía al menos—. El testamento que leyeron anteriormente no es el correcto. Cameron, Georg y yo suplantamos el verdadero y pusimos otro. Éste —Volví a tomar la carpeta con los papeles dentro, dándoselo al abogado Darren, ya que me quedaba más cercano— es el verdadero.

Todos, sin excepción, me miraron atónitos, y luego murmuraron entre sí, para después mirarme con desaprobación. Por su parte, Cameron y Georg intensificaron su ira, yendo directo hacia mí.

—¡Eres un hijo de puta! —farfulló Cameron, lanzándose hacia mí. Me tomó del cuello, arrugándolo por completo, casi sacando espuma por la boca.

—Cameron, ¡basta! —gritó Tom, tomándolo por los hombros para que pudiera soltarme.

Inmediatamente, los licenciados corrieron hasta nosotros, ayudando a Tom a que Cameron finalmente me soltara. Andreas se quedó en una esquina mirando la escena, completamente inexpresivo, y Georg… Bueno, él se cruzó de brazos, enchinando un poco los ojos.

—¡El único hijo de puta aquí eres tú, maldito! —grité, tomándolo también del cuello, zarandeándolo tan fuerte como mis brazos me ayudaron, y ahora, los licenciados y mi hermano intentaban quitarme a mí de encima de él.

Ambos comenzamos a pelear, aventándonos algunos puñetazos, arañazos, patadas, entre otras cosas.

—¡Te vas a arrepentir, Bill! ¡LO HARÁS, TE LO JURO! —Hiperventilaba con el coraje saliéndose por cada uno de sus poros—. Si me hundo, ¡te hundes conmigo, estúpido!

—¿Estás completamente seguro, Cam? —interrogué, calmándome un poco. Dos abogados, los cuales no supe quienes eran, me mantenían agarrado  de los brazos, jalándome hacia atrás, mientras que otros dos –cabe mencionar, nombres tampoco conocía– agarraban fuertemente a Cameron, incluso del cuello—. Una cosa es hacer fraude con el testamento, pero otra cosa es cometer homicidio, ¿verdad? —solté sin más; ya no estaba dispuesto a seguir en su juego, ya no quería seguir jugando así, con mentiras, con falsedades, ahora quería ser claro, por primera vez en toda mi vida.

— ¿De qué estás hablando, Bill? —preguntó Tom casi en un susurro. Se tomó el cabello trenzado, jalándoselo un poco y luego se tapó la cara, comenzando a sollozar—. ¡Explica todo de una vez, maldita sea! ¡Ya no quiero más mentiras, Kaulitz! —gritó despavorido, arañándose ligeramente la cara al retirar sus manos de su cara.

Andreas se acercó finalmente a él, abrazándolo por detrás. Tom no se movió un centímetro; me miraba de una manera bestial, como si quisiera abrirme la cabeza y sacarme las verdades desde lo profundo de mi cerebro.

— ¡Te lo advierto! ¡Si hablas, te hundes conmigo, Bill, TE HUNDES! —aseveró Cameron, tratando en vano de deshacerse del agarre del abogado.

Volteé a ver a todos, dispuesto a confesar exactamente lo que sabía. El investigador me había hablado en la mañana, diciéndome que tenía los papeles necesarios para culpar a Georg y Cameron de la muerte de Sebastian y justo ahora me preguntaba a qué maldita hora llegaría; me había jurado que vendría lo más pronto posible a la empresa, pero hasta el momento su acto de presencia no se había dado a notar.

Miré a Tom con lágrimas en los ojos. Quise pedirle que me disculpara, quería decirle que estaba realmente arrepentido, pero… Eso se lo diría después; justo ahora tenía algo mucho más importante que hacer.

— ¡Habla! —espetó mi hermano, y entonces todos los pares de ojos que se encontraban en la habitación dieron contra mí, haciéndome sentir muy nervioso. ¿Me creerían aunque no tuviera pruebas contundentes (todavía) de lo que diría a continuación?

Giré mi cabeza hacia la derecha, esperando encontrarme con Georg, pero… él no estaba ahí. Miré hacia todos lados, girando la cabeza, regresándola al mismo lugar y sintiendo un pánico terrible recorrer toda mi espina dorsal.

—¿D-dónde está Georg? —pregunté a todos los individuos que me miraban expectantes—. ¿¡Dónde coño se metió!? —Despeiné completamente mi cabello rubio, haciendo añicos el copete que hace unos minutos relucía de entre mi cabeza—. ¡Mierda, no!

Escuché una risa burlona a mis espaldas, proveniente de las cuerdas vocales de Cameron. ¡Mierda, mierda, mierda!

—¿Las cosas no te están saliendo como esperabas, verdad, Bill? —Volvió a reírse, pero esta vez con más ímpetu. Por fin logró soltarse de los licenciados, y me miró fijamente, con un dejo de autosuficiencia en la mirada.

— ¡Eres un…!

—Eh, eh, eh —interrumpió Cameron, haciendo un gesto de “calma” con ambas manos—. No estás en posición de discutir aquí. Haremos un trato, todos lo haremos —anunció, mirando intercaladamente a todos los presentes.

— ¿Qué sucede aquí? ¿Qué…? —Susurró Tomy, secando las lágrimas que resbalaban por sus mejillas—. Cameron, Bill, ¿pueden explicarme? —pidió, soltando la mano de Andreas y caminó unos cuantos pasos hacia nosotros.

—Tu hermanito puede hacerlo. ¿Cierto, Bill? —Cameron me miró, cruzándose de brazos, delineando sus labios en una sonrisa socarrona.

Los abogados se miraron entre sí y asintieron después. El abogado principal me miró y carraspeó, interrumpiendo la próxima confesión de mi parte.

—Joven Kaulitz —se dirigió a mí, acomodando el falso testamento junto con el nuevo. Agarró ambos (incluso la hoja arrugada gracias a Tom) y los guardó en su gran portafolio café—. Creo que hay muchas cosas que aclarar, pero también creo que no es el momento. —Yo asentí, tragando saliva pesadamente—. Estaremos esperando su llamada para arreglar los inconvenientes y debo de decir… —Giró su mirada hacia Tom, arrugando un poco el entrecejo— Tiene decisiones muy importantes que tomar, joven Miller; la falsificación de un documento oficial es algo penado por la ley, y los tres chicos involucrados podrían parar en la cárcel si es que usted presenta cargos —Regresó su mirada hacia nosotros, y luego suspiró, negando repetidas veces con la cabeza.

Los demás abogados no dijeron nada más y todos salieron de la sala de juntas, dejándonos solos.

—Andreas, quiero que te vayas, esto no tiene nada que ver contigo —dije, mirándolo de mala manera. No podía hablar y explicarle las cosas a Tomy mientras el zorrillo entrometido se encontrara ahí.

— ¡Pero que…!

—Andy —Tom tomó su brazo, acariciándolo ligeramente. Besó fugazmente sus labios y asintió, quitando cualquier rastro de lágrimas de su rostro.

Andreas bufó, soltándose del agarre de Tom y salió rápidamente también, dejándonos ahora sí, completamente solos con Cameron.

—Quiero la verdad —aseveró Tom, mirándome serio, con los ojos clavados en los míos, y los labios fruncidos en una mueca de fastidio.

—Vamos, Billy, cuéntale —incitó Cameron, cruzando sus brazos, recargándose en la mesa detrás de él. Yo lo miré molesto, ignorando por completo sus palabras.

—Quiero que sepas que todo lo hice porque estaba molesto contigo, porque… ¡Soy estúpido, lo sé, lo sé! —Comencé a caminar, sin mirar a nadie en específico, sólo veía el suelo, tratando de arreglar todo el desastre que había armado—. Fue mi plan —dije finalmente, regresando mi mirada a la suya—, desde un principio. Cameron y Georg simplemente siguieron ordenes, pero luego… —Miré al traidor con enojo, negando— Se confabularon en mi contra e hicieron cosas que no estaban en mi plan inicial. —Mis palabras sonaban seguras, directas y concisas; quería darme a explicar sinceramente—. Contraté a un investigador. Tom, no quiero darte más largas: La muerte de Sebastian fue provocada —Lo miré directamente a los ojos, pidiéndole perdón por algo que no había sido mi culpa, pero que de una u otra manera, había incitado hasta llegar a eso.

—¿De qué estás hablando? —preguntó mi hermano, poniéndose pálido de repente. Parecía que la idea de la falsificación se hubiera esfumado de su cabeza y ahora sólo pensara en lo que había escuchado de mi boca—. ¡Bill, qué mierda, habla! —Me tomó del cuello, moviéndome abruptamente. Sus ojos amenazaban con dejar salir lágrimas nuevamente.

—Fui yo —confesó Cameron, sacándome completamente de mis cabales.

¿¡En serio había dicho eso!?

Lo miré con los ojos abiertos como platos. Sentí las manos de Tom soltar mi camisa y entonces mi hermano se giró hasta encararse contra el sujeto que finalmente había aceptado haber matado a su padre.

—¿Tú? —La voz de Tom se había quebrado totalmente. Pude notar sus manos temblar. Dio algunos pasos, pero sus piernas se doblaban, como si no respondieran a las órdenes de su cerebro—. Cameron… ¿Qué estás diciendo?

—Lo siento, Tom —dijo, alzando los hombros, chasqueando la lengua.

¡Maldito malnacido!

—¿Lo sientes? —Tom soltó una risa irónica. Una vez más, el agua salada comenzó a caer por sus pómulos—. Dice que lo siente —me dijo, sonriendo, tallando sus ojos, su cabello y su mentón después—. ¡Lo sentirás mucho más! —Acto seguido, Tom se abalanzó contra Cameron, estampando su puño derecho en la quijada del contrario, haciendo que éste cayera al suelo de bruces, incapaz de sostenerse siquiera con las palmas de sus manos—. Te voy a matar, ¡te juro que te voy a matar! —gritaba Tom, mientras seguía golpeando a Cameron en la cara, pecho, estómago y demás.

Cameron solamente reía como loco, dejándose golpear por Tom. Este sujeto estaba loco, realmente loco.

—Tom, por favor… —Yo intentaba que Tom reaccionara y dejara de pegarle, pero mi hermano estaba destrozado. Gritaba cosas e insultos hacia Cameron mientras lo pateaba fuertemente. Le escupía, lloraba y le reclamaba por haberle quitado lo mejor de su vida— No vale la pena, Tomy…

Finalmente, Tom dejó de golpearlo y se desplomó contra el suelo, llorando como un niño pequeño. Se abrazó a sí mismo, escondiendo su cara entre sus piernas, aferrándose a ellas con fuerza.

—Eres débil, así como él. De tal palo t-tal astilla, ¿no? —comentó Cameron, trabándose un poco debido al dolor, supongo. Se levantó apenas del suelo, tomando su estómago. Se retorció del dolor, doblándose un poco.

—Cállate —espeté, fulminándolo con la mirada—. Te irás a la cárcel, Cameron. ¿No lo ves?

—No lo creo. Hace unos minutos dije que haríamos un trato, ¿n-no es así, eh? —Rió, agarrándose nuevamente el estómago—. Y ustedes no ganarán.

Yo me acerqué a Tom, para abrazarlo mientras él seguía enroscado en su propio cuerpo. Segundos después, la puerta volvió a abrirse, dejando ver la figura de Georg sonriendo ampliamente. Yo resoplé, preguntando qué harían ahora.

—Llegas justo a tiempo, Geo —comentó Cameron, enderezándose un poco. Otro pinchazo de dolor le dio y volvió a tomar sus costillas, recargándose en la pared más cercana. Georg al ver esto, lo ayudó a sostenerse, mirándolo sorprendido.

—¿Estás bien, Cam?

—Nada que no se pueda solucionar —contestó el rubio, restándole importancia.

—Eres un desgraciado —articuló apenas mi hermano, levantando la mirada—. De ti Georg, bueno, la verdad es que no me importas en lo más mínimo. Pero tú —sentenció, mirando a Cameron con odio. Sus ojos irradiaban esa sensación. Pude incluso notar cómo Cam se estremecía un poco al mirar a Tom a la cara—, tú —Lo apuntó con el dedo índice—, mi padre te lo dio todo, todo lo que eres, todo lo que tienes se lo debes a él —dijo, llorando cada vez más. A mí se me partió el corazón al verlo de esa manera—. ¿Qué quieres? ¿Qué pretendías con todo esto? —interrogó desesperado; claramente quería saber de una vez y por todas los motivos de Cameron para haber hecho lo que hizo—. ¿¡POR QUÉ!? —gritó desesperado, jalándose nuevamente las trenzas de la cabeza.

—¿No es obvio? —mencionó, como si la respuesta estuviera flotando en el aire y nosotros no pudiéramos verla—. Bueno, tal vez no, tal vez no lo sea. Creo que no me he explicado claramente, es mi error —Asintió, comprendiendo la situación. Tomó aire y trató de caminar torpemente por la sala, apoyándose algunas veces en las paredes de la misma—. Muy bien Tom, ¿quieres la verdad? La tendrás —sentenció con una sonrisa en la boca—. Sebastian tiene mucho más secretos ocultos de los que tú siquiera imaginas —aseguró, moviendo su cabeza de un lado a otro—. Pero claro, si nunca se atrevió ni siquiera a decirte que eras su hijo para poder dártelo todo, mucho menos creo que te haya contado su historia, ¿no es así? —se burló, soltando una risa luego de haber pronunciado esas palabras.

—¿Tú lo sabías? ¿Cómo…, cómo es que… nunca?

Cameron siguió riendo, dando resoplidos algunas veces. —Recuerdas que yo estuve con tu padre mucho antes de que tú y el idiota de Andreas llegaran, ¿no? —Tom asintió, tomando fuertemente mi mano. Yo la acaricié tiernamente, sin decir nada—. Él y mi madre, bueno… Eran muy unidos —Pude percibir que Tom temblaba, entonces lo tomé con fuerza, haciendo que él pudiera sentirse de la misma manera.

—¿Sebastian era tu…?

—No, no, no, no me malinterpretes —Negó con la cabeza, ensanchando su sonrisa—. Para no hacerte el cuento largo… —Siguió caminando por la sala, mirando a Georg de vez en cuando— Ellos eran como los mejores amigos —utilizó un tono bastante cursi, bajando el timbre de su voz, poniendo una cara de asco—. Salían, se divertían… Pero luego llegó tu madre —Nos miró a ambos, juntando sus cejas—. Su madre —se corrigió, cambiando ahora el tono de voz a uno mucho más serio y grueso—. Esa…

—No te atrevas —amenacé con la vena de la sien palpitando. No dejaría que este hijo de puta dijera algo malo sobre Simone, ni mucho menos que la llamara de alguna manera despectiva; Tom me lo agradeció con una mirada y una sonrisa de lado, gesto que no pude corresponder.

—¿Ahora ya la quieres, Bill? —Rió Georg, dejando un bonche de papeles sobre la mesa, sentándose luego en una silla giratoria cercana.

—Geo, Geo, yo estoy hablando, no interrumpas —pidió cordialmente (nótese el sarcasmo) Cameron—. Bien, ¿en qué estaba? ¡Ah, sí! Su madre… —Soltó una risa y luego prosiguió— Simone era como un veneno para Sebastian; ella lo utilizaba a su antojo, jugaba con sus sentimientos, ponía pretextos como su familia, su padre… ¡Blah! —Hizo un gesto con la mano y una cara de pocos amigos—. Estupideces… ¡Ella nunca lo quiso! —Estampó ambas manos en la mesa, comenzando a sulfurarse de un momento a otro—. Estuve tan cerca… ¡Así de cerca! —Juntó su dedo pulgar e índice—. ¡Yo tuve que haber sido el heredero de todo esto! ¡YO! ¡No ustedes, no tú, Tom! ¡Ni tú, Bill! ¡Yo! —Volvió a reír como un loco, agarrándose con fuerza el abdomen dolorido.

—Cameron, ¿de qué estás hablando? Nosotros no… —hablé tranquilamente; sabía que Cameron estaba fuera de sus casillas, entonces hacerlo enojar de más, no estaba precisamente en el rincón de las brillantes ideas.

— ¡Ella me lo quitó todo a mí y a mi madre! ¡Ella! —Estampó una vez más sus manos en la mesa de madera, haciéndolas puños después—. Si Simone nunca hubiese existido… Si ella no… ¡Ustedes no estarían ahora aquí! Yo… —Comenzó a sollozar. El labio le temblaba y él se lo mordía— Pude haber sido su hijo adoptivo, pude haberlo sido… Pero luego tú apareciste por esa puerta, cruzaste esa puerta y todo cambió. Sebastian me dejó de lado, me hizo creer que él podría ser mi padre… Que él me quería, y luego todo se fue al caño…

Mi cabeza comenzó a dar vueltas. Mierda, ¿todo esto en realidad estaba pasando? ¿Cómo es que nunca se vio venir? ¿Cómo?

Miré a Tom por unos segundos y él tenía la expresión de desconcierto al igual que yo.

—Nunca fue mi intención…

— ¡Pero si la de él! ¿Para qué tratarme así en un principio, cuando luego me dejaría botado? ¿¡Para qué, Tom!? —Soltó un sollozo más, seguido de un tirón en su tórax. Al parecer los golpes de mi hermano habían causado gran dolor en él—. Pero ahora… Todo será diferente —Su cara cambió drásticamente.

Joder, ¡que este tío era bipolar!

— ¿Por eso tuviste que matarlo? Por…

—Iba a morir de cualquier manera —cortó el rubio, riendo por lo bajo—. Digamos, que sólo adelanté el momento. —Se encogió de hombros. Caminó hasta la mesa y recogió los documentos que Georg había depositado ahí, anteriormente.

— ¿Esa era tu sorpresa, Listing? —cuestioné, mirando a Georg a la cara. Él me esquivó, mordiendo su labio inferior.

—Eres tan ingenuo, Bill —mencionó Cameron—. Entonces, volviendo al tema principal. Creo que podemos quedar en un acuerdo, ¿no es así?

—Tú irás a la cárcel, ¿qué quieres acordar? —atacó mi hermano, sonriendo.

—No, no, te equivocas, Tom —Negó, aventando un papel hacia nosotros. Yo lo tomé, comenzando a leerlo—. No iré a la cárcel, porque sabes una cosa, si me mandas a mí, también mandarás a Billy —arrastró las palabras, regresando a su tono cursi y conmovedor—. Y no queremos que pase eso, ¿verdad? —Mi hermano lo miró con cólera, apretando la mano que seguía unida a la mía. Yo terminé de leer el papel y se lo tendí a Tom para que hiciera lo mismo.

Era un documento que Cameron me hizo firmar, en realidad no había leído de qué se trataba cuando lo hice y ahora me daba cuenta del garrafal error que había cometido. El papel tenía una confesión mía, diciendo que la muerte de Sebastian había sido plan mío, que la falsificación del testamento también y aparte… Que todos mis derechos sobre la fortuna que Sebastian había estipulado también sería para mí, había pasado directamente a las manos de Cameron. ¿Algo más?

Tom dejó salir un gemido de sorpresa al terminar de leerlo todo.

—No dejaré que hagas esto —Tom tomó firmemente el papel, haciendo añicos. Sonrió triunfante, pero esa sonrisa se esfumó cuando Cameron rió estruendosamente.

— ¿En serio crees que soy tan estúpido como para dejarte el original? Es sólo una copia, Miller. Así que —Se inclinó con dolor hacia nosotros, tomando a Tom de la barbilla— ustedes dirán y harán exactamente lo que yo diga, a menos claro que quieras que tu querido hermano vaya a prisión por el resto de su vida —Sonrió, soltando a Tom, levantándose con la ayuda de Georg.

—En realidad, esa —Georg rió débilmente, moviendo su mano— era la sorpresa, Bill.

—Claro, sólo necesitaban la excusa perfecta, ¿no es así? Son un par de malditos bastardos —mascullé, levantándome igual del piso, jalando a Tom hacia mí, logrando que él también se levantara.

—Ahora, Tomy… —Cameron se dirigió hacia mi hermano— Firmarás este papel de aquí —Aventó un papel con fólder hacia Tom, el cual lo tomó rápidamente (sus reflejos eran bastante buenos) —. Dándome el poder que absolutamente todo lo que te pertenece —Pestañeó lentamente, sonriendo y volviendo a ponerse serio—. La mansión, los coches, el dinero, la presidencia de la empresa… —Suspiró, palmeando con ligereza el hombro de Georg— TODO.

— ¿No te das cuenta que sólo te está utilizando? —le pregunté a Georg, negando mientras reía. Tenía que hacer algo, tenía que al menos intentarlo…

— ¿No te das cuenta que al que utilicé en realidad fue a ti? —Auch—. Aunque debo de admitir Bill… Eres magnífico en la cama —Relamió sus labios, echando una carcajada.

Tom me miró dolido, como si lo acababa de decir Cameron le hubiera llegado como cuchilla hasta el alma. Yo traté de no mirarlo de vuelta y volví a negar, mirando a Georg.

—Siempre fuiste un gato —le dije fuertemente—. Y siempre lo serás. Siempre siendo la sombra de alguien. ¿Para eso fuiste a mi habitación la otra noche? ¿Para hacerme creer que podía confiar en ti y luego darme un latigazo por la espalda?

— ¿No tiene sentido? —Alzó su ceja derecha, cruzándose de brazos otra vez.

—No firmaré nada —mencionó Thomas, irrumpiendo la conversación entre nosotros. Cameron lo miró con los ojos enchinados.

— ¿Estás completamente seguro? ¿Dejarás que tu querido Billy vaya a prisión?

—Tom, no tienes que perderlo todo por mí —dije lentamente. Lo tomé de las mejillas, haciendo que me mirara. Nuestros ojos se conectaron de una manera que nunca lo habían hecho. Por fin podía sentir dentro de mí algo que se encendía, un fuego que me quemaba desde dentro, algo que llameaba—. No me lo merezco, no después de lo que…

—No puedo —Tom cerró sus ojos, acariciando mis manos en su cara, suspirando cansadamente—. Lo siento Bill, no…

—Hey, no pasa nada —Junté nuestras narices, susurrando en sus labios—. Te amo Tom, te amo demasiado, créeme.

Tom abrió sus ojos y asintió, derramando más lágrimas, las cuales yo limpié, dejando un pequeño beso en su frente.

— ¿Tienes una pluma?

¿¡Quéeee!? ¿Acaso no había dicho que no podía? Esperen… ¿Que no podía qué?

—Me enorgulleces Tom —declaró Cameron, sonriendo ampliamente. Sacó una pluma de su bolsillo delantero y se la tendió a Tom, el cual la tomó y comenzó a firmar exactamente lo que Cam le decía.

Yo no pude decir nada, no quise, no pude. Tallé mi cara, desordenando por completo mi maquillaje. Miré a Georg, él me miró y no dijo ni hizo absolutamente nada.

A veces es raro cuando conoces verdaderamente a las personas que antes decías conocer. Es sorprendente como una persona puede fingir por tanto tiempo, como puede parecer tierno, confiable, y ser todo lo contrario. Podía decirse que Cameron había estado jugando muy bien su papel. Un papel de doble cara.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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