«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 22. Sólo confía en mí
Mi mente se debatía entre firmar o no. Por un lado, no quería que mi hermano fuera a la cárcel por el resto de su vida, era algo que no lograba caberme en la cabeza, algo que por ningún motivo quería que sucediera. Pero tampoco quería que Cameron se quedara con todo lo que me había costado a mí y a mi padre conseguir. Entonces, ¿cuál era la mejor alternativa?
—Bien, Tom. ¿Firmarás, o no? No tengo mucho tiempo —dijo Cameron, tamborileando la pluma negra que me había enseñado, encima de la mesa grande de madera.
Tomé la pluma sin rechistar y la dirigí hasta el papel. Delineé lentamente la tinta sobre la hoja, haciendo que poco a poco mis letras de la firma se hicieran aparecer. Finalmente la solté, dejando salir un suspiro y miré a Bill el cual tenía los ojos desorbitados, completamente extrañado. Cameron sonrió con satisfacción, retirando la pluma de la vista y guardó celosamente el papel que recién, le había dado el poder de absolutamente todo.
Los días próximos no fueron mejores. Todos los empleados estaban enfadados conmigo, gracia a que Cameron me había obligado a decir que yo renunciaba por cuenta propia ya que no le veía el sentido a quedarme luego de la muerte de Sebastian. Todos y cada uno me dieron sermones de aproximadamente una hora (cada uno), diciéndome que no fuera cobarde, que afrontara las cosas y las aceptara, pero yo sólo me limitaba a asentir y suspirar mientras los escuchaba. Cameron y Georg por su parte, cambiaron todo. Las oficinas principales ahora les pertenecían a ellos, mi sala tan maravillosa, en la que no dejaba que entrara nadie, se vino abajo; la convirtieron en bodega, dejando ahí todos mis bocetos, dibujos e ideas para algunas revistas próximas a salir. Y si bien, eso ya era deprimente, Andreas y yo tuvimos que empacar todas nuestras cosas (Cameron dejó que nos quedáramos al menos con los muebles y ropa, argumentando que eran demasiado feos para él) y subirlas en un camión de mudanza. ¿Adónde iríamos? Bien, ahí fue donde Bill hizo acto de presencia. Y en estos momentos es cuando agradezco tenerlo cerca. Él nos dijo que tenía bastante dinero guardado en el banco, así que nos ayudaría por unos meses a pagar renta en un pequeño departamento, mientras nosotros sopesábamos lo que estaba pasando y pudiéramos rehacer nuestras vidas, encontrar un trabajo, o decidir qué hacer realmente.
Por mi parte, sentía que todo, absolutamente todo se me había venido encima. Sentía que el mundo estaba en mi contra desde los trece años y que siempre iba a estarlo, estuviera en donde estuviera, hiciera lo que hiciera, siempre iba a obtener los mismos resultados. Tal vez fuera un castigo de Dios por haberme enamorado de mi hermano, por haber cometido incesto puro, pero… Luego de pensar todo eso, no me importó. No me importó en absoluto que fuera un castigo porque al menos por un tiempo, había logrado ser feliz junto a Bill.
Andreas no estaba molesto; estaba furioso. Su ira incrementó cuando decidí aceptar la ayuda de Bill. Y eso no era lo peor del caso, podía soportar que estuviera molesto, ya se le pasaría… Lo peor era que Cameron había obligado a Bill a quedarse en la empresa, trabajando como modelo. ¿Con cuales intenciones? No lo sé realmente. Es probable que Cameron en verdad esté enamorado de él y por eso buscó destruirme, sacarme de la jugada y obligó a Bill a quedarse con él, a su lado en la empresa, ayudándolo a dirigir tremenda responsabilidad. Cameron estaba desquiciado, de eso no había la más remota duda.
La salida de la empresa fue caótica. En todos los sentidos. Luego de haber hablado con todos, haber aceptado sus reproches y sermones, me despedí de cada uno, con un beso en la mejilla o un apretón de manos.
—Espero que no te arrepientas luego, Tom —mencionó Philip; el encargado de maquillaje.
—Espero lo mismo —contesté con sinceridad, soltando su mano. Dirigí mi mirada hacia los demás empleados y todos me miraban con lástima, decepción y algunos incluso con enojo.
—Sé que no es algo que Sebastian hubiese querido, pero respeto tu decisión amigo —secundó Lizzie; la encargada de peinado y arreglo de los modelos.
En realidad, no los conocía muy bien a todos, pero los consideraba parte de mi familia, parte de mi trabajo y de mi vida y al estar a unos cuantos pasos de alejarme de ellos para siempre era algo duro, demasiado duro.
Asentí, abrazándola por un momento. Ella correspondió el abrazo y me sonrió débilmente. Dos únicas lágrimas descendieron por mis mejillas y yo las limpié velozmente, deseando que nadie las hubiese visto.
Andreas terminó de despedirse de los demás modelos y diseñadores y salió echando chispas, sin siquiera mirarme o decirme algo. Sentía que se comportaba un tanto egoísta. Era yo el que más estaba sufriendo por todo esta situación, pero él se creía con el derecho de molestarse por haber perdido la fama, el dinero y todo lo que conllevaba con mi firma en ese papel.
Llegamos al departamento que Bill nos había conseguido y desempacamos todas nuestras pertenencias.
— ¿Qué ganaste con todo esto? —preguntó bastante osco, poniendo ambas manos en su cintura. La rabia se le notaba a kilómetros de distancia y finalmente la estaba sacando—. ¿Eh? ¡Dime! Que yo no lo veo por ningún lado.
— ¿Quieres tranquilizarte? —Pedí cansino, liberando un gran suspiro.
— ¿Cómo piensas que puedo hacerlo? —Refunfuñó, aventando la camisa azul que doblaba sobre la cama—. Tom, ¡no entiendes nada!
— ¿Qué quieres de mí? —pregunté, extendiendo mis brazos, comenzando a desesperarme.
— ¡Que no hagas nada por él! —soltó, volcando la gran maleta que contenía su ropa.
— ¡Eres un maldito egoísta! —declaré, casi jalándome las trenzas.
¿Por qué coño no podía entenderme?
— ¿¡Que soy egoísta, ego…!? ¡Aghhh! —gritó y luego sentí sus manos hechas puños chocar contra mi pecho. Hizo que retrocediera un par de centímetros en la habitación y continuó pegándome, mientras lloraba—. ¡Eres un…! ¡Un…! ¡Te odio! ¡Haces todo por él! ¡Lo sigues amando, lo sigues…! —Y finalmente cayó al suelo, tapándose la cara con las manos. Su llanto me heló los huesos.
Nunca había visto a Andreas llorar de esa forma. Y lo peor… era mi culpa total.
—Andy… —murmuré, inclinándome hacia él. Traté de tomar sus manos y alzar su mirada, pero lo único que conseguí fue otro golpe en mi pecho—. ¿Quieres hablarme? Por favor… —supliqué, sintiendo mis ojos escocer.
—Vete, Tom, vete —decía mientras negaba rápidamente con la cabeza.
—Andy, las cosas no tienen que ser así —musité, acariciando débilmente su cabellera bicolor.
—Tú lo decidiste —sollozó una vez más y me miró desde abajo, sorbiendo su nariz—. No tienes que negarlo. Yo sé lo que sientes por él. Siempre lo supe… —susurró doloroso, tapando nuevamente su cara.
—Diablos Andreas, ¡es sólo un maldito departamento! ¿Por qué crees que sigo amándolo? ¿Por haber aceptado su ayuda?
— ¡Por haberlo salvado! ¡NO TENÍAS QUE HACERLO! —explotó, levantándose rápidamente del suelo. Caminó a grandes zancadas fuera de la habitación, aventando todo lo que se encontraba a su paso—. ¡No se lo merece! Él tomó su decisión. Decidió hacerte sufrir, engañarte, manipularte a su antojo y ahora tú —determinó regresando su mirada a mí; yo había salido detrás de él, siguiéndolo—, tú sólo piensas que ustedes pueden ser hermanos un día. Tom, eso nunca pasará —aseguró triste, cerrando con brevedad sus ojos. Los abrió un par de segundos después, suspirando tendido—. Bill nunca se va a rendir. Y ahora tú le has dado las puertas abiertas para que piense que puede tenerte.
Lo pensé por un momento, y… Andreas tenía razón. Había actuado con el corazón y no con la cabeza. Una vez más había dejado que Bill me controlara, pero… no me molestaba. Tal vez estuviera haciendo mal, pero él me necesitaba y no lo iba a abandonar.
—Lo siento —sinceré, agachando la cabeza. Miré mis manos temblorosas y tomé las de él—. Quiero estar bien contigo.
—No mientas —pidió, soltando otro lastimero sollozo, soltando mis manos—. Por favor no hagas lo que Bill hizo contigo hace tiempo. —Dio un giro sobre sus talones y caminó hasta la puerta de entrada. Salió por esta, cerrando sin fuerza.
Yo quería a Andreas, de verdad lo quería. Ahora que veía la posibilidad de perderlo, me aterraba totalmente; no quería separarme de él. No ahora. Pero por otro lado estaba Bill. También lo quería. Me había dado cuenta de que mi amor por él nunca se había terminado; era verdad que ahora estaba mucho más debilitado, pero seguía existente. Tal vez sólo faltaba que algo encendiera esa chispa. ¿Se puede estar enamorado de dos personas al mismo tiempo? No sé si eso suceda conmigo, pero no podía imaginarme una vida sin Andreas o Bill a mi lado. ¿Era suficiente para decir que si podría ser posible amarlos a ambos?
Suspiré, dejándome caer en el sillón. Cerré mis ojos, tapándolos con mis manos. No iría a buscar a Andreas; necesitaba su espacio para pensar y analizar y yo no iba a interrumpir eso.
Ahora, además me preocupaba lo que iba a hacer con mi vida, con mi carrera y sobre todo con la empresa. No dejaría por nada del mundo que Cameron mandara al caño lo que mi padre había construido durante tantos años.
Decidí llamar a Drake Zegers. Él era mi única esperanza ahora. Teníamos una amistad muy aparte de la competencia, y eso me animaba notoriamente.
— ¿Tom? —preguntó del otro lado de la línea.
—Hola, Drake. ¿Cómo estás?
—Más bien debería yo de preguntar eso —respondió, soltando una débil risa. Se notaba que estaba un poco decepcionado. No se me hacía extraño escuchar que muchas de las personas a mí alrededor lo estuvieran—. ¿Cómo va todo? Escuché que Cameron es el presidente ahora. ¿Cómo está eso?
—En realidad ni siquiera yo sé —mentí, rascando mi ceja derecha.
—Ya veo… —Suspiró—. ¿Necesitas algo, Tom?
—La verdad, sí —aseguré, tratando de no sonar demasiado desesperado—. ¿Tendrás espacio para dos más en tu empresa? —Luego de decirlo pensé que había sonado muy desesperado, pero no me importó.
—Oh, Tom. Por supuesto que sí. Sabes que cuentas con mi apoyo en todos los aspectos. Además, tener a Andreas y a ti en Glow sería fantástico. ¿Tú… estás completamente seguro?
—Sí —dije sin sentirme realmente de ese modo.
Luego de haber hablado largo rato con Drake, finalmente quedamos en que Andreas y yo nos presentaríamos al día siguiente en la revista. ¿Sería buena idea trabajar ahí? No tenía otra opción, y aunque no me agradaba del todo trabajar y aportar ideas para la competencia, mucho menos me agradaba estar trabajando en otra cosa y dejar que Cameron se confiara y mandara al traste a Noise. Así que tenía un plan, y no podía fallar.
—Que bueno que llamas. ¿Está todo bien? ¿Cómo estás tomando las cosas?
—No lo sé, Bill. Creo que estoy en estado de shock, pero no permitiré que esto me entierre. Hablé con Drake Zegers —mencioné a mi hermano, caminando en círculos por la pequeña sala.
— ¿El presidente de Glow? —cuestionó muy desconcertado.
—Así es. Andreas y yo trabajaremos ahí a partir de mañana —dije con temor, esperando que William no se volviera loco por lo dicho.
— ¿¡Qué!? ¿Tú en Glow? Tom… —Sonaba bastante desesperado, como si se sintiera culpable de eso, y en parte… así lo era. Pero yo no quería que se sintiera mal por ello.
—Descuida —le resté importancia, sin dejar de caminar por la zona—. No es nada. Al contrario, pienso que todo está resultado mejor de lo que esperaba. Tengo que hablar contigo. ¿Estás libre por la noche?
—Claro. ¿En dónde…?
—Tu habitación de hotel. ¿Te parece?
—Te veo al rato, Tomy —soltó un beso tronado por la bocina, causando un rubor ligero en mis mejillas y una risa divertida.
Colgamos luego de haber quedado y sonreí para mis adentros.
Dicen que a pesar de los problemas, está en nosotros tomar decisiones y salir adelante, siempre con una sonrisa pintada en el rostro y mirando en alto, o dejarnos caer y terminar derrotados. Tal vez Cameron había ganado la batalla, pero no la guerra.
Apenas abandoné la empresa, todos los medios, revistas y programas de chismes ya estaban enterados y especulando diversas posibilidades del por qué me había retirado. La información de que yo quería dejarlo todo por la muerte de mi padre se coló entre los medios y ese mismo día por la tarde, todos se enteraron. Mi celular no dejó de sonar. Contesté un par de veces; se trataba de los periódicos y programas de televisión que pedían la entrevista exclusiva conmigo, hablando acerca del tema. Por supuesto, me negué rotundamente. A pesar de que podía sacar mucho dinero de eso, sería como un insulto a la memoria de mi padre y por nada del mundo lo permitiría.
Miré un rato la TV luego de apagar mi celular; el molesto sonido ya me tenía harto. En un noticiero, ¿adivinen cuál era la primera notica? Sí: Thomas Miller abandona la empresa de su padre. Refunfuñé, apagando el televisor y me levanté del sofá, con el enojo comenzando a agolparse en mi interior. ¿Qué mierda sucedía con esa gente? ¿Con qué derecho se creían para criticar mis decisiones?
Escuché la puerta abrirse y vi una melena bicolor cruzar el umbral. No dije nada, esperé que él mencionara en dónde había estado o si había pensado mejor todo lo dicho anteriormente, pero no fue así. Andy entró sin decir una sola palabra y se encerró en la habitación continua a la que habíamos decidido, sería la nuestra. Y ahora, ya no sería así.
Por Bill.
—Eres un maldito arrogante, egoísta y engreído —solté, luego de firmar el nuevo contrato que Cameron me había hecho firmar.
—Rompes mi corazón, Bill —dijo, relamiendo sus labios y pasando finamente un dedo por los míos.
— ¿Por qué me quieres tener aquí? —Pregunté con curiosidad, amoldando mis manos en mi cadera, poniendo pose de diva—. ¿Es que soy tan irresistible que no puedes tenerme lejos? No me digas que en el contrato está estipulado que debo follarte todas las noches… —Reí divertidamente, ladeando mi cabeza. Esperando molestarlo demasiado.
Cameron frunció el ceño, mirándome reprobatoriamente. Había logrado mi objetivo.
—No tengo que estipularlo en el contrato para que lo hagas, querido —respondió, abalanzándose hacia mis labios sin que yo pudiera reaccionar. Succionó mi labio menor, mordiéndolo después, dejándome una leve cortada en este.
Salí de su oficina con la hemoglobina en su punto máximo, a punto de darme un derrame cerebral o algo parecido.
¡Este hombre me sacaba de mis casillas!
Decidí no darle más importancia de la necesaria y caminé hasta la sala de modelos. Lizzie estaba ahí esperándome. La próxima revista sería la primera en salir sin llevar un sello de Tom, Andreas o Sebastian de aprobación, y me daban bastantes nervios. Es obvio que se notaría el gran cambio y sospechaba que no sería para nada positivo.
Quedé de reunirme con Tomy por la noche. Al parecer tenía algo muy importante que decirme y no podía esperar más.
Alisé mi cabello, peinándolo luego para que quedara en un perfecto copete sobre mi cabeza. Delineé mis ojos con un tenue color gris, y adorné mis párpados con una sombra negra, poniendo después dos capas de rímel sobre mis pestañas del mismo color. Utilicé un ligero gloss para cubrir mis labios y sonreí ante mi reflejo. Esta escena me hizo recordar meses atrás, cuando desperté de aquella pesadilla y me levanté para mirarme luego al espejo. En aquel entonces estaba contento con mi físico, con mi altanería, con todo menos lo interior, y ahora… Me sentía feliz con todo, con el exterior y el interior de mi persona. Pero seguía faltándome eso que aquella vez había faltado también: Tom.
Me encontraba en un cuarto totalmente ausente de luz solar o artificial. No podía distinguir absolutamente nada, pero los sonidos se me hacían sumamente conocidos. Tom gritaba mi nombre, tan alto que llegaba a retumbar en mis tímpanos. La piel de mi cuerpo se erizaba y comenzaba a temblequear cada dos segundos.
— ¡No me lastimes, Tom! Por favor, sólo para.
Escuchaba mi propia voz diciéndole, gritándole que se callara. Un par de golpes contra algo blando me hicieron reaccionar y poco a poco pude ir divisando a dos figuras medio borrosas. Una encima de la otra. Éramos Tom y yo.
— ¡Ya, Bill, basta! ¡Me duele! —protestaba en hermoso chico de rastas rubias, el cual se encontraba debajo de… Mí.
Me veía a mí mismo. Podía incluso sentir lo que él estaba sintiendo y entonces… volteaba y me miraba tenebrosamente, sonriendo con lascivia. Sus ojos completamente negros destellaban furia, maldad y sacaba lentamente la lengua, junto con colmillos espantosos. Podía ver cómo sometía a Tomy, haciéndolo llorar y yo no podía hacer nada, absolutamente nada ante la imagen. Mi otro yo me veía de vez en cuando, formando una mueca de socarronería y maldad combinadas. ¿Era yo realmente? Tanto daño le había hecho a Tom que hasta yo mismo me representaba como un animal, una fiera, un monstruo devorador.
Y entonces luego despertaba, bañado en sudor, con el corazón palpitándome a mil y mi respiración fluyendo rápidamente.
El timbre sonó luego de un rato. Avancé hasta la puerta y la abrí. Un olor hermoso entró por mis fosas nasales y subió hasta mi cerebro. Lo reconocí perfectamente.
—Hola, Tomy —saludé, besando la comisura de sus labios. Él sonrió tímido y entró por la puerta, sentándose luego en el sillón a escasos metros de ahí.
—Tengo un plan y tú me tienes que ayudar —determinó, enarcando una de sus cejas.
—Suéltalo —exclamé cuando cerré la puerta, echándole el seguro y me senté a su lado, sonriendo felizmente.
Tom me explicó claramente todo el plan que tenía formulado en su mente, en cual consistía en: Hacer que yo enamorara perdidamente a Cameron, convenciéndolo de que todo había sido una farsa con Tom y que en realidad había obtenido la victoria gracias a mí. Tom por su parte, trataría de generar mucho interés en Glow, haciendo que la confianza de Drake incrementara y así, pudiera tener acciones de esa empresa, para luego aliarlas con las de Noise, así, la empresa podría crecer, incluso podrían juntar las dos. Era perfecto. Tom no se daba por vencido jamás.
— ¿Estás seguro? —pregunté sonriendo, mirando fugazmente sus labios.
—Completamente. Sólo confía en mí.
Continúa…
Gracias por la visita.