«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 23. No mirar atrás
Las luces de su departamento eran bastante tenues, no como las recordaba la última vez que estuve ahí. El olor a cigarrillo, menta e incienso de vainilla inundaban el lugar y una oleada de escalofríos y nerviosismo recorría tortuosamente mi columna vertebral.
Miré a Cameron segundos después de haber contemplado el lugar y descubrí que sonreía con sinceridad. ¿Quién diría que un rostro y mirada tan bonitos podrían llegar a esconder tanta maldad y egoísmo? Intenté sonreírle de igual manera, poniéndome en mi papel para hacerlo creer que estaba de nuevo de su lado. Comenzó a quitarse la camisa blanca, seguida de su pantalón de vestir y sus labios hicieron contacto con los míos luego de haber quitado el resto de mi ropa. La fragancia que recorría su cuerpo era dulce, pero sin llegar a empalagar y tan fresca que me hacía recordar a Tom; cosa que fue bastante buena, ya que así se me facilitaría tener sexo con él.
El orgasmo llegó luego de susurrar un casi inaudible <<¡Tom!>> y me recosté jadeante en la cama, tratando de tapar mi desnudez y la de Cameron. Él suspiró y se acurrucó en el arco de mi cuello, acariciando débilmente mi clavícula, sin notar lo que mis labios habían pronunciado con anterioridad.
—Eres un idiota —musitó, soltando una leve risita en el aire.
— ¿Por qué? —pregunté totalmente sin interés, casi por inercia.
—Por todo —Besó mi hombro, subiendo por la línea de mi cuello hasta llegar al mentón—. Por hacerme creer que estabas de su lado —soltó con reclamo, rasguñando posesivamente mis brazos. Me quejé con ligereza, causando que sus caricias se deshicieran—. Incluso me golpeaste. ¿De verdad tenías que haberlo hecho?
—Lo siento —mentí, besando con repulsión su cabello rubio—. Tenía que ser demasiado convincente.
—Aunque aún no termino de entender algo… —Se levantó unos cuantos centímetros, mirándome desde su posición. Sus ojos estaban enchinados y sus labios formaban una ligera curvatura—. ¿Era necesario el investigador? —Alzó una ceja, buscando algún atisbo de nerviosismo o preocupación en mi voz o mirada, pero sólo encontró una estupenda actuación.
—No conoces a Tom. ¿Crees que luego de haberle mentido como lo hice en un pasado se iba a conformar con palabras vanas de mi parte? Tenía que mostrar hechos y así lo hice —declaré, sonriendo como lo hacía antes. Tenía miedo de que notara mis mentiras, pero al parecer deberían de darme un premio al Óscar.
—Debiste habérmelo dicho antes —aseguró, recostándose nuevamente en mi cuello, aspirando el olor que de este emanaba.
— ¿De qué hablas? —pregunté inquisitoriamente, sintiendo de pronto un escalofrío por mi cuerpo. Su voz había sonado trastornada, como si hubiera hecho algo malo, pero aún así no se arrepentía.
—De nada, amor —Volvió a besar mi clavícula y comenzó a respirar tranquilamente.
Cameron guardaba muchos más secretos de los que creía, y yo tenía, debía de averiguar cuales eran. Tal vez me llevara tiempo, pero lo haría por Tom, para que todo esto acabara de una vez por todas.
Retiré su brazo de mi cintura lentamente y me senté en la cama, despeinando mi cabello alborotado y tallando con avidez mis facciones. Sentía una presión en el pecho y sospechaba que se debía a todo esto que estaba pasando. Boté el aire fuera de mis pulmones y sistema y deslicé mis piernas fuera de las sábanas, con mucho cuidado para que Cameron no se despertara. Salí de la cama y caminé hasta la puerta, abriéndola con extrema lentitud y luego la cerré de la misma manera. Casi corrí escaleras abajo, sabiéndome de memoria el camino. Entré en el despacho que antes era de Sebastian y ahora se encontraba todo remodelado, con diferente color en las paredes, sillones nuevos, equipo de música mucho más moderno y una gran televisión de plasma amoldada en la pared. Comencé a buscar en las repisas, cajones e incluso en la caja fuerte abierta. Se preguntaran: ¿Qué diablos estás buscando? Bueno, la respuesta es: Algo lo suficientemente comprometedor para meter a Cameron y a Georg de por vida en la cárcel o al menos lograr que salgan de las vidas de Andreas, Tom y mía para siempre.
Ahora que lo pensaba mejor, estaba totalmente convencido de que Cam también había logrado deshacerse del detective, y la sola idea de pensarlo me aterraba; ¿hasta qué punto sería capaz de llegar Cameron para lograr su cometido? ¿Podría incluso llegar a matarme si se enteraba de la verdad? ¿O podría matar a Tom…? Sacudí mi cabeza, desechando cualquier figuración respecto al tema y seguí escudriñando por todos los rincones de la habitación. No había nada. Claro, no sería tan tonto como para tener sus cosas aquí, ¿verdad? Pero entonces… ¿en dónde más podrían estar?
Suspiré nuevamente, saliendo del despacho y me dirigí hasta la cocina, encontrándome con mi teléfono celular encima del desayunador. Lo tomé y miré la pantalla.
Siete nuevas notificaciones.
Desbloqueé el aparato y revisé las notificaciones que tenía. Algunos mensajes de propaganda, algunos otros de revistas importantes pidiendo una entrevista conmigo para que comentara acerca de la recién retirada de Tom de Noise, y un nuevo mensaje de voz del investigador. Me sobresalté notoriamente y pulsé con rapidez el ícono de escuchar mensaje. Llevé el móvil a mi oreja, concentrándome en las rápidas palabras que salían del mismo.
Joven Kaulitz, espero no molestarlo. Me fue imposible llegar a la junta de la otra ocasión, lo siento mucho. Tengo las pruebas necesarias para que todo se resuelva pero ha surgido un nuevo problema, es urgente que me contacte para poder hablar con usted, presiento que algo anda muy mal; unos hombres vigilan el edificio en donde vivo y una camioneta blindada lleva estacionada enfrente desde hace un par de días. ¿Está seguro de qué nadie más sabe de mí? Me siento un poco intimidado. Llámeme en cuanto pueda.
Revisé la fecha del mensaje y había sido del día anterior. ¿Cómo no me di cuenta que tenía el mensaje en la bandeja? Colgué y volví a marcar el número, esperando que finalmente el detective respondiera y me pudiera explicar la situación, pero el buzón entró y entendí que no hablaría todavía con él.
¿Dijo que había una camioneta y varios hombres vigilándolo? Sólo esperaba que se encontrara bien…
Por Tom.
El primer día de trabajo en Glow fue mejor de lo que esperaba. Todos nos recibieron con gozo y alegría y yo estaba más que feliz por ello. Sabía que todavía quedaba un gran trecho que recorrer, pero estaba seguro que sería mucho más fácil hacerlo en un ambiente ameno y sin egoísmos o miradas reprobatorias. Nuestros compañeros de trabajo nos enseñaron nuestras oficinas; ambas estaban pegadas, separadas nada más por una fina tela transparente. Nuestros escritorios se encontraban frente a frente y todo lo demás parecía lucir bastante ostentoso e increíblemente creativo.
Andreas no lucía radiante ni feliz como yo, pero al menos ya no me miraba con demasiado enojo y frustración.
—No es a lo que estábamos acostumbrados, pero por algo se empieza —mencioné tomando sus mejillas cuando estuvimos ocultos de las miradas curiosas; dentro de la oficina.
—Esto ya lo viví hace años en Noise —comentó, haciendo un movimiento rápido con su rostro para liberarse de mi agarre.
—Entonces no veo por qué no lo puedes hacer ahora —reclamé repentinamente molesto, decidio a dejarlo en paz y concentrarme principalmente en lo que tenía que hacer.
—Ayer fuiste a verlo, ¿no es así? —Juntó sus brazos en el pecho, mirándome inquisidor, mientras enarcaba peligrosamente una ceja.
—Su ayuda es necesaria.
— ¿Te acostaste con él? —Su voz sonaba débil, cansada. Sus ojos destellaban tristeza y preocupación y mi corazón palpitaba con trabajo, sintiéndome impotente ante él.
— ¿Cuándo entenderás que no me interesa estar con Bill de ese modo? —pregunté cansino, negando frenéticamente—. ¿¡Por qué no lo entiendes de una vez, Andreas!?
Él simplemente suspiró, volvió su mirada a sus papeles y se sentó en la silla enfrente de su escritorio, dándome la espalda.
Todo esto resultaría mucho más difícil de lo que esperaba.
Por la noche, regresamos al departamento sin exclamar una sola cosa. Andreas miraba por la ventana, dubitativo. Yo conducía con lentitud, tratando de encontrar las palabras adecuadas para hablar con él, para pedirle que me perdonara, para decirle que lo amaba y escuchar que él también lo hacía, o simplemente para platicar como lo hacíamos antes, pero simplemente no me salía. Quería dejar mi orgullo y decirle un te amo sincero, un simple te amo y que él dijera lo mismo, pero… Veía lejana esa posibilidad. Ambos estábamos enojados y resentidos, aunque por diferentes motivos. Yo trataba de entenderlo, de ponerme en su lugar y de sentir lo que mis acciones repercutían en él, el problema era que él no lo hacía. Estaba cegado por los celos y el rencor que sentía hacia Bill. Pensaba que yo lo seguía amando y aunque algo de veracidad había en esa afirmación, Andreas no tenía que comportarse de esa manera, evitando cualquier contacto físico conmigo, incluso evitaba hablarme o siquiera mirarme y esa situación comenzaba a molestarme de sobremanera.
Llegamos finalmente al departamento. Escuché que mi novio soltaba un suspiro y bajaba del coche, cerrando fuertemente la puerta después. Salí un par de minutos después, analizando lo que estaría por hacer y cuando estuve decidido me acerqué a él lentamente. Ambos entramos en el departamento. Cerré la puerta detrás de mí y rodeé su cintura con mis brazos, recargando mi quijada en su hombro. Cerré mis ojos, respirando su aroma característico, ese que tanto extrañaba cuando envolvía mis fosas nasales.
—Soy un estúpido —acepté, besando su cuello. Él seguía sin decir nada. Sus manos se encontraban flácidas a cada lado de su cuerpo y su respiración seguía con el ritmo regular.
— ¿Qué quieres que te diga? —dijo finalmente, pero sin hacer ningún movimiento más que el de su pecho subiendo y bajando con regularidad a causa de su respiración acompasada.
—Lo que sea, Andy. Por favor, no soporto esta situación —contesté, abrazándolo más fuerte si se podía. Solté un suspiro de frustración al percibir que no decía nada—. No soporto tenerte tan lejos y tan cerca al mismo tiempo.
—Yo me acostumbré a eso durante tantos años. ¿No puedes hacerlo ni por dos días?
—Te amo —corté, dejando otro beso en su nuca. Lo giré rápidamente, dejándolo un poco sorprendido y fundí nuestros labios, tomándolo con fiereza de las mejillas. No podía resistir estar a esa distancia de él y no besarlo, no tocarlo. Todo esto me estaba matando y por las palabras recién pronunciadas de él comenzaba a sospechar que lo hacía intencionalmente, haciendo que lo extrañara, que añorara todo lo que había vivido con él. ¿Podría estar haciéndolo apropósito para hacerme sentir miedo de perderlo? ¿Para hacerme recapacitar?
El beso no fue correspondido como yo hubiera querido. Sus labios se movieron en un principio mientras sus manos delineaban el filo de mi camisa, pero luego cayeron nuevamente y sus labios se detuvieron. Abrí mis ojos encontrándome con los suyos chispeantes. Quería llorar, lo pude notar al mirarlo directamente. Entonces sólo lo abracé, dándole a entender que por el momento estaba bien si no decía nada, que no lo iba a dejar solo. Acaricié su espalda con ternura, al tiempo que él besaba mi mejilla, retirándose del abrazo acogedor que yo le brindaba. Limpió sus mejillas mojadas y besó la mía, dejando un atisbo de agua en esta.
—Buenas noches, Tom —Su voz sonó aguda, quebrada. Giró sobre sus talones y avanzó hasta la que ahora, era su habitación y no la de huéspedes.
Los siguientes días no fueron mejores en el tema Andreas, pero sí en el tema recuperar mi vida. Bill me mantenía bastante bien informado de los avances en la revista, en su búsqueda de cualquier cosa que podría incriminar a Cameron, de su relación falsa con él y de lo mal que se sentía por no estar a mi lado en estos momentos tan duros. La verdad yo también lo extrañaba, y ahora mucho más que Andreas parecía evitarme como si yo tuviera una enfermedad extremadamente contagiosa y asquerosa. Ya me había acostumbrado a trabajar con él, y aunque la mayoría de las veces peleábamos y discutíamos porque a él no le gustaban algunos de mis diseños y a mí no me gustaba que no me obedeciera, lo extrañaba mucho. Al fin y al cabo era mi hermano, la única familia que me quedaba y era muy doloroso tenerlo lejos de mí. A veces nos reuníamos en su departamento para platicar, reír, mirar algunas películas y seguir averiguando y tramando el plan que teníamos en mente, claro sin que Cameron o Andreas se enteraran. Sabía que no tenía por qué ocultarle a Andreas mis encuentros con Bill porque no tenían nada de malo, pero no quería arruinar mucho más nuestra ya escasa relación, aparte claro de que sólo me dirigía la palabra para darme los buenos días, las buenas noches y para hacerme preguntas y sugerencias si es que el trabajo así lo requería. Sentía que estaba viviendo con un completo desconocido y era mucho peor de lo que había imaginado.
El nuevo ejemplar de Noise había salido el día anterior, pero yo no había querido siquiera mirar las críticas que habían dicho. Tenía dos opciones: 1; Caer en decepción y deprimirme porque las críticas habían sido espantosas y la mitad de las personas que amaban la revista, comenzaban a pensar sinceramente a dejar de comprarla. 2; Darme cuenta de que Cameron podía llevar las riendas de la empresa sin que mi padre o yo estuviéramos al frente. Y no sabía cuál de las dos era más deprimente y le pegaba más a mi orgullo. Prefería que fueran críticas normales, como: El diseñador, ahora presidente Cameron Henderson ha demostrado que el puesto no le va del todo mal. La revista sufrió un cambio, sigue tambaleándose en la cuerda floja, pero estamos seguros de que mantendrá su posición, aunque no sea lo mismo sin Sebastian y Thomas Miller. Sí, definitivamente sería mucho mejor algo como eso.
— ¿Se puede? —Andreas asomó la cabeza por la fina tela que separaba nuestras oficinas.
—Claro —Asentí con una ligera emoción en la voz. ¿Se dignaría a hablarme o sólo vendría a informarme algo acerca del trabajo? Esperaba que fuera la primera.
—Intuí que no querías ver el nuevo ejemplar de Noise, pero… —Sacó una revista de atrás de su cuerpo y la abrazó contra su pecho para que yo no viera la portada— No está del todo mal. Ya la hojeé un poco, aunque no con mucho interés, pero parece… —titubeó un poco, para finalmente decir—: Normal. —Alzó sus hombros, extendiendo la revista hacia mí, dejando que mirara la portada al revés.
Sonreí en forma de agradecimiento y tomé el ejemplar. Andreas correspondió con una débil sonrisa y dio media vuelta, perdiéndose nuevamente entre la tela blanca. Suspiré, decepcionándome un poco de que él no quisiera hablar todavía conmigo, pero traté de ignorar ese sentimiento e inspeccioné la portada.
En realidad no era algo fuera de lo común. Podría incluso decir que era bueno. Cameron no había arruinado nada, pero tampoco había sobrepasado nuestra creatividad e ingenio, así que me sentí repentinamente aliviado. El nudo que yacía en mi estómago desde el día anterior al enterarme de que la revista había salido como cada quince días, había desaparecido totalmente. Una sensación de tranquilidad recorrió mi cuerpo y por fin, luego de varios días, logré respirar con extrema calma.
En la portada estaba mi hermano, luciendo un atuendo bastante bonito; lo reconocí porque lo había diseñado yo, pero obviamente mi nombre no destacaba en ninguna parte. En la otra mitad de la portada se encontraba Georg, con un atuendo muy parecido, pero mucho menos bonito. Las sonrisas de ambos (falsas por supuesto) se dejaban ver en sus caras y los demás artículos escritos con letras que llamaban bastante la atención a cualquiera que las viera, hablaban acerca de los desfiles próximos en Pasadena, Italia, incluso uno aquí mismo en Nueva York. Tal vez Cameron no era tan malo después de todo.
El regreso a casa fue mejor. Mi corazón palpitaba con normalidad y mi estómago ya no se encontraba revuelto. El saber que la empresa no había decaído pero tampoco sobrepasado me tranquilizó bastante.
Mi celular sonó antes de entrar por la puerta y decidí contestar afuera, dejando que Andreas pasara y se volviera a encerrar en su cuarto luego de modular un Buenas noches, Tom.
— ¿Diga?
— ¡Tomy! —La voz emocionada de Bill hizo que me alegrar nada más por escucharla, al parecer él también se sentía feliz por el nuevo ejemplar en la revista—. ¿Viste la revista? Dime que sí. Salí en la portada, aunque Georg arruinó la mitad, pero no puedes negar que luzco de puta madre con el conjunto que me diseñaste. Logré convencer a Cameron, argumentando que lo había diseñado yo. Perdón si te quité crédito… pero quería que al menos algo tuyo saliera. Ya sabes, sigues estando en Noise aunque no sea físicamente. —Tomó un poco de aire gracias a que había hablado demasiado rápido y continuó—: Pero vamos, ¡di algo! ¿Sigues ahí? —bromeó, soltando una risa divertida del otro lado de la línea.
—Pues…
— ¡Espera! —interrumpió cuando finalmente me había atrevido a hablar—. Antes de que se me olvide… Gordon llamó anoche. ¡Menuda sorpresa la que tiene ese hombre! Nos quiere en Alemania cuanto antes. Dice que es importante, pero no me quiso contar más detalles —concluyó, bajando un poco el tono de voz.
— ¿Gordon quiere que yo vaya a Alemania? —Olvidé por completo el tema de Noise y me concentré en Gordon y Alemania. Entonces, por primera vez en mucho tiempo, no sentí un estremecimiento ni miedo al pronunciar Alemania. Sólo tal vez un poco de emoción y nostalgia; podía ir a visitar la tumba de Simone.
—Lo sé, suena un poco extraño. Pero ¿qué decir? El hombre se encariñó contigo —comentó con tono burlesco, para suspirar después—. Creo que no te he dejado hablar, ¿verdad? Lo siento, tengo muchas cosas en la cabeza y estar hablando contigo hace que me sienta un poco menos miserable.
— ¿Quieres vaya un rato? No tengo nada que hacer y creo que también necesito platicar con alguien, dado el hecho de que Andreas sigue ignorándome.
— ¿Andreas ignorándote? ¡Me gustaría ver eso! Jajaja —Ambos reímos.
—Pues aunque suene un poco ilógico…
—Bastante ilógico —corrigió.
—… bastante ilógico —repetí—. Así es.
—Bien, entonces si tu novio no te presta la atención necesaria, en el Hotel Palace hay alguien que estaría dispuesto a hacerlo sin rechistar —dijo en tono seductor, soltando una carcajada luego—. Necesito a mi hermano, no tardes. —Y colgó.
Guardé el teléfono luego de sonreír al aire. Reí entre dientes y volteé mi mirada hacia dentro. Andreas me miraba con los labios fruncidos al igual que el ceño.
— ¿Era Bill, no?
—Andy… —traté de explicarme, pero una señal con su mano hizo que me callara.
—No tienes que decir nada, Tom —Negó, sonriendo débilmente—. Que la pases bien. —Tomó el vaso de agua que descansaba en la repisa de la cocineta y volvió a cerrar la puerta de la habitación, echándole el pestillo después.
Suspiré, jalándome mentalmente las trenzas de la cabeza, pero no dudé. Tomé nuevamente mis llaves del Audi R8 (Cameron había dejado que me lo quedara también) y aceleré hasta el hotel en el que Bill estaba hospedado.
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La puerta se abrió luego de mandarle un mensaje de texto anunciando mi llegada. Bill me recibió con un gran abrazo, y un beso cerca de mis labios (ya era costumbre, pero no me molestaba) y yo le sonreí, cuando nos separamos.
—Te ves muy guapo —halagó, abriéndome camino para que entrara en su habitación.
Las luces estaban bajas, olía bastante bien, olía a él y algunas velas adornaban el espacio. Esperaba que Bill no tratara de hacer algo más o hubiera malinterpretado mis palabras. Sentí un repentino mareo e incomodidad cuando divisé todo aquello, pero luego sus palabras de hace unos minutos me tranquilizaron: Necesito a mi hermano, no tardes. Había dicho “Necesito a mi hermano” así que no había mayor problema, ¿o sí?
— ¿Tendrás una cita romántica con alguien? Si quieres puedo venir más tarde —bromeé, rompiendo el hielo, tratando de sonar desinteresado.
— ¿Te parece romántico esto? Bah, esto no se compara a mis ataques de romanticismo —Rió, aventándome un poco cuando pasó a mi lado.
— ¿Conoces el romanticismo? —contraataqué, soltando una risa burlona.
— ¿Seguiremos con preguntas para esquivar respuestas? —Sonrió de lado, cruzando sus brazos, mirándome con chulería. Maldito perfecto.
— ¿Te parece correcto hacerlo? —No dejaría que me venciera.
—No sé, tú dime —Mordió su labio, dirigiéndose hacia mí. Respiró demasiado cerca de mis labios y rió después, alejándose una distancia considerable, cosa que agradecí. A pesar de llevarme mejor con él, seguía sintiendo ansiedad y unas terribles ganas de abalanzármele encima cuando se comportaba de esa manera. Traté de reprimir mis reacciones; mi entrepierna me lo agradecería también.
—Debo de admitir que me sorprendes —dije, mirando a mí alrededor. Además de cambiar el tono de las luces y poner velas, había adornado con cuadros italianos bastante hermosos y elegantes. Las cortinas eran más casuales, pero modernas y algunos otros adornos resaltaban cada centímetro de la habitación—. Es una habitación de hotel, pero parece tu hogar en verdad. ¿Siempre dejas huella?
—Tú dime —soltó, sonriendo con superioridad. Mis piernas temblaron y él volvió a reír.
Mierda, tenía el presentimiento de que mis encuentros con él no serían siempre tranquilos como hasta ahora.
Tragué saliva, tallando nerviosamente mis manos. Bill me miraba sonriente y luego volvió a romper el silencio.
— ¿Qué tal te pareció la revista? Sé que Cameron es una mierda comparado contigo, pero debo de aceptar que no lo hizo tan mal, al menos el prestigio que dejaron Sebastian y tú seguirá —aseguró, sentándose en un banco cerca de la barra—. ¿Gustas algo de tomar?
—No gracias —Negué, quitándome la chaqueta, dejándola sobre el reposabrazos del sofá—. Y creo que tienes razón, Cameron no es tan estúpido como parece —Sonreí finalmente, siendo correspondido por él—. Me sentí tranquilo. Me siento tranquilo —corregí.
—Se te nota —Sonrió con ternura, vertiendo un líquido verde sobre una copa transparente: Alcohol de menta—. Luces muy feliz, ¿en serio el zorrillo no te habla? No te creo, no te ves deprimido —se burló, bebiendo un sorbo del alcohol. Sentía su lejanía palpar el aire, así que decidí acercarme y sentarme en un banco muy cerca de él.
—No lo estoy. Es sólo que todo me tiene muy confundido —admití, bajando la mirada.
— ¿De qué hablas? —preguntó interesado, alzando mi mentón. Mis ojos se conectaron inmediatamente con los suyos color avellana y sentí una descarga eléctrica agolparse en mi pecho y corazón.
—Cuando estoy con él y me ignora, siento como si no tuviera nada, como si todo mi mundo se desvaneciera entre mis manos. Me siento infeliz y con muchas ganas de besarlo y… —Carraspeó, como diciendo que no necesitaba tantos detalles— Ah, bueno… —Rasqué mi cabeza, prosiguiendo después— Pero cuando no estoy con él, es decir cuando…
— ¿Vienes conmigo? —susurró, indagando si esa era la respuesta. Acertó.
—Cuando estoy contigo… —Mis ojos lograron captar la emoción de los suyos. Sus labios comenzaron a curvarse hacia arriba y su mano dejó la copa transparente con el líquido verde en el interior—. Se me olvida todo —acepté, suspirando—. Es como si estuviera en otro mundo. Mi mundo.
—Nuestro mundo. —Sonrió, acercándose más a mí. Nuestros labios quedaron peligrosamente cerca. Sentía su respiración calmada chocar con la mía acelerada y mis manos siendo rodeadas por las suyas.
Mierda, ¿qué le diría ahora? Ya le había dicho bastante para dejarme en evidencia y ahora no me podía echar para atrás. Bien hecho, Tom.
Lentamente, sus labios fueron acercándose a los míos, pero sin hacer pérdida de contacto visual. Una gota invisible de sudor resbaló por mi cuello hasta perderse en mi piel y cerré mis ojos, suspirando, esperando que finalmente llegara lo que estuve deseando por tanto tiempo: Sentir los labios de Bill contra los míos. Volver a sentir su calor.
Pero el besó nunca llegó.
Los abrí un poco sorprendido. Le había dado espacio abierto para que me besara y… no lo había hecho. Su rostro seguía cerca del mío y sus ojos me miraban con ternura y tranquilidad. Acarició mis labios con su pulgar y luego besó mi mentón, rozándolos apenas.
— ¿Por qué…? —Quise preguntar por qué no me había besado, pero detuve la pregunta; sonaría demasiado desesperado.
—Te amo, Tomy —pronunció, escondiendo su cabeza en mi cuello. Sentí el pálpito de su corazón contra el mío y me estremecí. Lo abracé con delicadeza, recargando mi mentón recién besado en su cabello rubio—. Y me muero de ganas de besarte, no sabes cuantas ganas he tenido de hacerte tantas cosas… —murmuró contra mi cuello y sentí la piel de ahí erizarse por completo—. Pero no lo haré mientras tengas novio —Despegó su cabeza de mi cuerpo, pero sin soltar el abrazo que teníamos. Sonrió nuevamente—. Cuando quieras besarme… simplemente lo harás. Entonces sabré que no estás más con Andreas y que podré hacerte mío, comerme esos labios y no mirar atrás.
Sonreí asintiendo, besando sus mejillas, cerca de sus labios. Cerca…
¿Eso podría significar algo? Cerca…
¿Estaba cerca de cumplir con lo que Bill me había pedido? Tal vez sí podía… Tal vez sí podía llegar a tomar la decisión de terminar con todo de una vez y estar con él, besarlo y… no mirar atrás.
Continúa…
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