«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 24: Amarme otra vez

Me sentía confiado. Sabía que de un momento a otro Tomy se decidiría por mí. Llevaba las de ganar. Andreas lo ignoraba cada vez más a tal grado de no querer siquiera compartir habitación, no darle besos ni caricias cuando Tom se lo pedía y realmente eso me dejaba en total desconcierto; ¿cómo era posible que el zorrillo celoso y enamorado no quisiera ni hablarle a su amor? Estaba loco de remate, totalmente fuera de lugar… Y eso me encantaba. Me lo estaba sirviendo prácticamente en bandeja de plata, con todo y moño. ¿No era simplemente genial?

Sacudí un poco mis pensamientos cuando escuché la voz de Cameron en el fondo de mi cerebro. Esbocé una fingida sonrisa y lo miré detenidamente.

—Estás hermoso —mentí para disimular el que no había escuchado una sílaba de lo que dijo y él pareció tragarse todo el cuento. Sonrió de manera lasciva y besó apasionadamente mis labios, tratando de apegarme más hacia él.

Lo separé de mí unos instantes después y sonreí, acariciando sus mejillas. Me daba repulsión estar así de cerca con Cameron por todo lo que había hecho con anterioridad. Sentía que le estaba fallando a Tom, pero no tenía otra opción si es que quería ayudarlo y descubrir finalmente lo que había pasado.

Cameron me dirigió otra sonrisa apasionada y dio media vuelta para salir de la sala de modelos. Suspiré cansinamente, deseando que todo terminara pronto, que las cosas pudiesen solucionarse… que Tom decidiera dejar a Andreas finalmente para poder estar conmigo.

Marqué nuevamente el número de celular del detective, pero el buzón seguía apareciendo y yo comenzaba a alarmarme en verdad. Guardé el aparato y decidí salir a buscarlo personalmente. Tal vez fuera probable que su móvil se había descompuesto o lo había perdido, así que la única opción que me quedaba para despejar dudas era irlo a buscar directamente a su casa.

Llegué pocos minutos después, luego de haberle dicho a Cam que iría a comprar y ver algunas cosas necesarias para la revista; ya luego resolvería eso. El edificio en el que vivía el detective se erguía frente a mí y yo apresuré el paso hasta su departamento. Subí prácticamente corriendo las escaleras y propiné algunos toques en la puerta, esperando encontrarme con él.

No fue así.

— ¿Buscas a alguien? —preguntó una voz procedente a mis espaldas, cosa que hizo que me exaltara un poco y girara en esa dirección, encontrándome con una muchacha rubia, alta, poseedora de largos cabellos platinados y unos ojos color cielo envidiables. Por un momento dudé de mi homosexualidad. Aclaré mi garganta, regresando mis ojos hasta su fino rostro y sonreí, tratando de mostrarme cortés.

— Jeff Hummer… ¿sabes si…? —No terminé ni de pronunciar la pregunta cuando la chica suspiró, negando con la cabeza. Me miró, haciendo una mueca de tristeza y carraspeó.

—Él murió… —Soltó lo más lento y claro posible, curvando ligeramente sus labios hacia abajo—. Cuanto lo siento… ¿Era amigo tuyo?

No respondí. La noticia me había dejado consternado y con una preocupación y miedo palpables. ¿Cameron podría haber sido capaz de…?

Tragué gruesamente saliva y traté de calmarme, o al menos no parecer demasiado ridículo.

—Entiendo cómo te debes de sentir —comentó la chica, apoyando una de sus cálidas y blancas manos en mi hombro—. No lo conocía mucho, pero si hay algo en lo que te pueda ayudar, no dudes en decírmelo —ofreció tiernamente, ahora curvando sus labios hacia arriba.

Asentí en muestra de agradecimiento y dirigí una última mirada a la puerta del apartamento que una vez había albergado los secretos y respuestas que yo tanto anhelaba.

 

Todo lo que tenía planeado estaba derrumbado. El detective muerto, las pruebas perdidas, Cameron libre y siendo presidente de Noise… Todo estaba de la jodida mierda. Mia (la chava que resultó ser la vecina de Jeff y además fan de la revista) me ofreció ayudarme a investigar todo lo que pudiese acerca de el investigador; datos, familiares, autopsia, etc. Sabía que no sería tarea fácil, pero por ahora sólo contaba con la información que Mia y yo pudiéramos encontrar.

Pero justo ahora no quería pensar en nada de eso. El viaje tan esperado a Alemania por fin se daría y yo estaba más que emocionado y extasiado por todo lo que eso conllevaría. Estar solo con Tomy mientras Andreas lo tenía en abstinencia era más de lo que pudiera pedir.

El vuelo llegaría aproximadamente a las 11 de la mañana y Gordon nos estaría esperando con la primer sorpresa del día. No me quería decir absolutamente nada, ni siquiera dar una mínima y remota pista, así que por consiguiente, yo me encontraba más nervioso que un preadolescente dando su primer beso.

— ¿Estarás cómodo en casa de Gordon, o prefieres que vayamos a un hotel? —Pregunté de la manera más seductora-sexy que pudo salir de mi garganta. Enarqué una ceja mordiendo mi labio e inmediatamente, las mejillas de Tom se tornaron color carmesí.

Reí ante el hecho y regresé mi mirada a la revista que hojeaba desde hace un par de minutos. Recibí un ligero codazo por parte de Tom y… volví a reír.

 

El avión llegó a la hora destinada y nosotros llegamos igual, puntualmente a casa de mi padre. Tenía muchas ganas de verlo, de saber como estaba, de abrazarlo. Abrió la puerta segundos después de que anuncié mi llegada a causa del timbre y me eché rápidamente a sus brazos, respirando con tranquilidad y apoyando mi mejilla contra su hombro.

—A mí también me da mucho gusto verte, hijo —pronunció, acariciando delicadamente mi espalda.

—Te extrañé —sinceré, abrazándolo por otro instante hasta que finalmente despegué nuestros cuerpos, para dejar que pasáramos y que mi hermano pudiese saludarlo también.

Obviamente su abrazo no fue de la misma manera, pero se notaba que Tom apreciaba a mi papá tanto como él.

—Me alegra que estés de vuelta, Tom —Palmeó su hombro, sacándole una sonrisa a mi hermano.

—Me alegra estar de vuelta —afirmó, esbozando una sonrisa mucho más grande mientras me miraba.

Sonreí de igual manera, sentándome en el sofá de la izquierda, mientras que Gordon se sentaba en el individual del centro y Tom cerraba la puerta principal, dejando descansar las maletas en el suelo. Enseguida caminó hacia mí y se sentó en el otro lado del sillón, quedando a escasos milímetros de distancia de mí. Sonreí por milésima vez en el día.

—Papá —interrumpí el silencio que comenzaba a formarse—, ¿cuál era la urgencia de venir?

Gordon carraspeó y cambió el semblante de su rostro a uno más serio.

—Primero que nada, tengo que darles algo. —Sacó dos sobres con nuestros nombres escritos de su pantalón y los tendió sobre la mesa—. Es de parte de Simone —comentó, y Tom y yo conectamos nuestras miradas rápidamente—. Tuve muchos problemas con Jörg, pero pude recuperar esto. El abogado de su madre me habló y comentó todo este asunto, es complicado, pero déjenlo en mis manos.

—No entiendo una palabra de lo que dices, papá —Negué con la cabeza, mirándolo inquisidor.

—Sólo abre el sobre —dijo riendo, asintiendo mientras Tom le preguntaba con la mirada si él también podía agarrar el suyo.

Abrí el mío y leí lo que parecía una carta escrita por mi madre. Decía muchas cosas bonitas, como las que me había dicho en un pasado. Cosas que hacían que mi corazón palpitara con más fuerza a causa de la alegría y que mi sonrisa se ensanchara a tal punto que llegaba hasta a ser sincera.

Cómo deseaba que Simone estuviera aquí. Deseaba que me abrazara, besara, dijera que me amaba, que era su orgullo y que nada podía pasarme mientras ella estuviera aquí para protegerme. Quería a mi mamá. Pero no la tenía, entonces las lágrimas comenzaron a desbordarse de mis cuencas y a mojar el papel que sostenía con tanto amor sobre mis manos.

Miré de soslayo a Tom, el cual permanecía en su sitio, mordiendo su labio por dentro, evitando las ganas de llorar. Dobló la hoja como estaba en un principio y sonrió para si mismo, mirando luego a Gordon.

—Gracias. —Gordon asintió, sonriendo también—. Jamás imaginé que Simone tuviera la fuerza para hacer esto.

Y en realidad, yo tampoco. Supongo que en la carta de Tom decía lo mismo que en la mía, pero con otras palabras; Simone había declarado que todos sus bienes y pertenencias fueran para nosotros. En la lectura de su pequeño testamento, obviamente no habíamos estado nosotros gracias a que Jörg se encargó de no hacernos llegar el papel en el que solicitaban nuestra presencia. Así que todo pasó directamente a manos de Jörg, ya que ninguno de los nombrados (nosotros) se encontraba. Gordon por supuesto sabía de esto y se había encargado de hacer que el testamento se cumpliera al igual que los deseos de Simone. Movió cielo, mar y tierra para poder recuperar los sobres con las cartas y además, los cheques con el dinero de la venta de la casa, el coche, algunas pertenencias, muebles y demás.

— ¿Vendieron la casa? —Preguntó Tom desconcertado, tallándose los ojos una y otra vez.

—Esa es otra cosa de la que les quería hablar. —Gordon se paró, abriendo la puerta de la cocina y miró dentro, para después decir—: Puedes venir, ya están aquí.

Tom y yo nos miramos interrogativamente, frunciendo ambos el ceño. ¿Quién podría ser? Desconectamos nuestras miradas y ambos volteamos hacia la puerta que se abría más, dejando pasar a un joven de estatura media, un poco robusto, ojos adornados por lentes cuadrados con marco negro, cabello rubio y con ropas normales: una playera deslavada de Metallica, pantalones un poco anchos y tenis blancos con líneas negras.

— ¿Gustav? —Preguntó mi hermano, abriendo sus enormes ojos avellana en todo su esplendor—. ¿Gustav Schäfer?

El nombre me sonaba bastante, pero no lograba recordar exactamente quien era. Se veía más joven que yo, pero no tanto como Tom. Tal vez era un conocido de la escuela, un vecino, o algo así. Pero no recordaba.

—El mismo que viste y calza —bromeó, aproximándose hacia mi hermano, estrechando su mano—. Cuanto tiempo, Tom Kaulitz.

—Miller —interrumpí, carraspeando un poco. Me molestaba que Gustav estuviera acariciando la mano de Tom de esa manera—. Ahora es Tom Miller.

—Ya veo.

Tom me sonrió, como dándome las gracias por la aclaración y separó finalmente la mano de Gustav de la suya.

—Gustav compró la casa de Simone —comentó Gordon, descruzando sus brazos y yendo hasta el marco que separaba el pasillo hacia las escaleras de la sala—. Los dejo platicar; seguramente estarán con muchas dudas en la cabeza ahora mismo. —Y subió hasta su habitación, cerrando la puerta después.

—En realidad fueron mis padres los que compraron la casa —Caminó unos cuantos pasos hasta la barra de bebidas y se sentó cerca de ahí sobre un banco alto.

Gordon acababa de poner esa barra ahí. Apenas lo notaba.

—Sé que tienen muchas preguntas y quisiera aclararlo todo.

— ¿Cuánto quieres por la casa? —Pregunté sin más, relamiendo mis labios.

—Bill… —Tom comenzaría a regañarme, así que suspiré y traté de tranquilizarme lo más que pude.

—Simone confiaba mucho en mis padres. Tal vez ustedes no lo sepan, pero eran muy amigos. Cuando su madre murió y pasó todo este problema con Jörg… bueno, mis padres decidieron comprar la casa para que nadie más lo hiciera. Con una simple razón: La casa sería para ustedes.

Tom y yo nos quedamos pasmados por un buen rato, captando y procesando las palabras de Gustav en nuestro cerebro.

—No es necesario, Gus —dijo Tom, quebrándosele repentinamente la voz—. Bill y yo les regresaremos cada centavo a tus padres si nos dejan conservarla. Es lo único que me queda de mi madre. —Entonces su voz se vino para abajo por completo.

Supe que Tomy estaba muy sensible todavía a este tema y decidí ir hacia él y abrazarlo como un hermano mayor lo hace con el menor.

—Por supuesto que no. Son hijos de Simone, ella significó mucho para nosotros y es lo menos que podemos hacer por ella —Gustav sonrió enternecido por el acto que se estaba suscitando.

Abracé más fuerte a Tom contra mi cuerpo, sintiendo su calor confundirse con el mío.

—Gracias, Gus —exclamó Tomy, enjugándose las lágrimas que se deslizaban dolorosamente por sus mejillas.

—De nada, Tom —Gustav sonrió, jugando con sus dedos y luego me miró—. No te acuerdas de mí, ¿cierto? —interrogó, alzando con ligereza una de sus cejas.

—Eras compañero de Tom en la escuela, ¿no? —inquirí, mirándolo mejor, tratando de recordar exactamente qué había tenido que ver con Tom en ese entonces.

—Sí —respondió ligeramente, mostrando una sonrisa que no supe clasificar—. Bien, yo… Creo que tengo que irme —dijo finalmente, levantándose del asiento.

—Muchas gracias por todo, Gus —dijo mi hermano, deshaciendo nuestro abrazo y apretando la mano del susodicho.

—Estamos en contacto —Gustav sonrió, mirándome de soslayo y luego enfiló hasta la puerta, haciendo un ruido sordo al salir.

—Gustav Schäfer —dijo Tom, conectando su mirada con la mía—. Fue mi admirador en la secundaria —Rió, negando con la cabeza, borrando cualquier rastro de tristeza—. Nunca te dije nada porque sabía que te pondrías celoso —Suspiró, acariciando mis mejillas—. Y no dejaba de acosarme, así que hice como si yo también lo quisiera y bueno… Se lo comenté todo a Andreas —Quitó sus manos de mis mejillas y sonrió—. Recuerdo muy bien esa noche… ¿Por qué no simplemente le dices a Simone? —imitó la voz de Andreas, lo cual le salió bastante bien y ambos reímos—. Porque sería más complicado, incluso no me creería, ya te lo dije. Prefiero hacerlo a mi modo. Fingir por un momento y luego sacarlo de mi vida para siempre. Es lo mejor para todos. Es lo mejor para Bill y para mí —dijo, volviendo a acariciar mis mejillas, deleitándose en el acto.

—Espera… —corté, demasiado confundido como para asimilar lo que me estaba diciendo; recordaba esas palabras más claras que ninguna otra. Tom hablaba de mí, ¿no es así? Hablaba de que quería seguir conmigo para luego sacarme de su vida, que era lo mejor porque éramos hermanos, ¿no? Pero, pero…— ¿Tú decías eso por Gustav? ¿Tenías ese plan para que dejara de molestarte? Tom, ¿qué mierda? —Me levanté rápidamente del sofá, quitando sus manos de mi cara. La tallé frenéticamente, sacudiendo las ideas, los recuerdos… Todo se fue acumulando, el vaso se iba llenando cada vez más y quise darme de cabezazos contra la pared.

—Pero claro que lo decía por él, ¿qué creías que…? —Calló por un momento, y me miró con los ojos orbitados—. Espera Bill, creías que… ¿lo decía por ti? —Frunció el ceño, mirándome directamente a los ojos. Caminó hasta mí y su cara se tornó seria, triste y pensativa a la vez.

—Soy un estúpido —acepté, tomando fuertemente sus manos—. Tom, todo se fue a la mierda con esa plática. Todo esto pasó porque malinterpreté ¡esa maldita plática! ¡Joder! —El agua salada comenzó a salir a borbotones de mis ojos. Mis manos se hallaban temblorosas entre las de Tom y mis labios titilaban gracias a todas las palabras estúpidas que querían salir de mi boca.

—Bill, ¿todo, todo fue por eso? ¿Por eso hiciste todo eso? ¿Por eso nosotros…?

—Cállate, cállate. —Lo abracé con fuerza, depositando muchos besos en su sien, cabellos, hombro. Sentía que los recuerdos, las intenciones que había tenido me llenaban hasta causarme dolor.

Podía recordar el sufrimiento, el dolor, los ojos llorosos y las palabras suplicantes de Tom esa noche que lo dejé solo, lo dejé sin nada…

¡No! ¡Bill, no, por favor! No me puedes hacer esto, ¡por favor, tú no! ¡Yo te amo!

Sus palabras traspasaban mi corazón, lo acribillaban como puntas afiladas de muchos cuchillos. Lo sentía sangrar dentro de mí, sentía que en cualquier momento me iba a desangrar por dentro.

—Hey, tranquilo, no pasa nada, Bill…

— ¡No! ¡No me digas eso! Si pasa Tom —Tomé firmemente su rostro entre mis manos temblorosas. Sus ojos se encontraban rojos como los míos a causa del llanto—. ¡Todo es mi culpa! Soy una mierda, una… —Bajé la mirada, llorando todavía más.

Yo había tenido la culpa de todo. Pudimos haber vivido un amor eterno, un amor sin baches, sin complicaciones, un amor puro, casto, un amor infinito que se complementara, un amor sin Andreas, sin Cameron, sin Noise, sin problemas, sin rechazo, sin miedo… Y todo se había ido al caño por mi culpa.

— ¿Por qué no lo hablaste conmigo? ¿Por qué…?

—Te amaba tanto, estaba tan ciego, tan vulnerable, tan dolido… —Pegué nuestras frentes, jalando ligeramente sus finas trenzas. Cerré mis ojos, respirando calmadamente, tratando de recobrar la compostura.

—Y yo te amaba a ti, quería estar contigo para siempre, quería…

—Querías —dije, abriendo nuevamente mis ojos, mirándolo con tristeza, con remordimiento.

—Bill…

—Tom, por favor… —Acaricié su rostro, deslizando mis dedos largos por sus labios, sus mejillas, su mentón. Lo besé por toda la cara, saltándome sus labios—. Por favor, perdóname. No sabía, yo…

—Te perdono, claro que sí —Sonrió débilmente, acariciando también mi cara—. Eres mi hermano y…

—No, Tom. No quiero ser tu hermano, nunca —Negué con la cabeza, suplicándole con la mirada—. Quiero empezar de cero, quiero que estés conmigo. Tom… deja a Andreas, déjalo por favor. Te amo —dije con sinceridad, sacándole un fuerte sollozo.

—Bill, no hagas esto. No… No puedo —Su voz se quebró, abrazándome por el cuello—. No me pidas eso Bill, no lo hagas por favor. No puedo dejarlo, yo…

— ¿Me amas? —corté, mirándolo con intensidad. Aferré mis manos a su cintura, pegándolo a mí.

—Yo…

— ¿Me amas o no? Sólo tienes que contestar —dije seriamente.

—Te amo —declaró sollozando, besando mi nariz—. Pero también lo amo a él.

—Tienes que decidirte, tienes que…

Y entonces sentí sus labios muy cerca de los míos, me besó la mitad de la boca, cerrando sus ojos. No quise hacer más movimientos, me detuve al sentir todas las emociones envolver mi corazón y me quedé quieto, esperando que se detuviera él.

—Ahora no puedo. Sé que es injusto pedirte que me compartas con él… Pero no puedo ser tuyo completamente. Yo tengo que estar con él… Andreas no…

—Cállate —dictaminé, tomándolo de la mano, jalándolo hasta afuera.

Tomé las llaves del coche de Gordon y emprendí camino hasta la casa de Simone. Por suerte, Gustav dejó unas llaves en la repisa de la entrada y así podía entrar sin complicaciones. Supuse que sus padres ni él estarían, así que sería la ocasión perfecta. Tom estaría conmigo, se decidiría a estarlo por completo. No podía ser de otra manera. Esa casa que tantos recuerdos tenía, tantas promesas incumplidas, tantas palabras de amor… Todo eso lo tenía que hacer querer estar conmigo de nuevo.

Tom me siguió sin titubeos, sin preguntar, y cuando estacioné enfrente de la casa, me miró extrañado, frunciendo el ceño.

Bajé del coche y lo tomé de la mano, llevándolo conmigo hasta dentro de la casa. Todo seguía intacto, justamente como lo recordaba desde la última vez que estuve aquí, con la única excepción de que Jörg ya no estaba para joder.

Llevé a Tom hasta el cuarto en el cual nos habíamos dado tanto amor, en el cual nuestros sentimientos habían florecido como margaritas en una noche de invierno.

— ¿Qué hacemos aquí? —preguntó, mirando todo lo que había alrededor. Los pósters, adornos y demás seguían igual. Incluso la cama que si pudiese hablar, diría cuanto nos habíamos amado, seguía intacta. Todo parecía estar como hace años, y de pronto… Tom tenía rastas, catorce años, vestía ropa ancha y una sexy gorra se hallaba en su cabeza.

Miré el espejo, y entonces la cabellera negra con destellos amarillos se dejaba ver en mi cabeza otra vez. Una sonrisa sincera estaba plasmada en mi rostro, las ropas pegadas y negras resaltaban mi figura delgada. Regresé mi mirada hacia Tomy, y él me tendía la mano, sonriendo ampliamente.

Todo se borró de mi mente, como si en realidad nada de lo anterior hubiese pasado, como si nunca nos hubieran corrido de la casa, como si nunca nos hubiéramos separado. Y todo se sentía tan real…

Tomé la mano de Tom, entrelazándola con la mía y él pegó rápidamente sus labios con los míos, haciéndome sentir que flotaba en al aire, que no tenía fuerzas siquiera para rechazar ese beso. Pero, ¿qué importaba? Él estaba aquí conmigo. Besándome.

Hice que el beso se volviera mucho más apasionado, tomando sus caderas, haciendo que chocaran contra mi cuerpo. Nuestros miembros hicieron fricción, sacándonos jadeos a ambos. Nos miramos por breves segundos y regresamos a besarnos, a comernos la boca como sólo nosotros podíamos hacer.

Sus manos comenzaron a quitarme la ropa, pasando por mis muslos hasta mi cintura, subiendo hasta mi pecho. Nuestras respiraciones pasaron de ser acompasadas a ser completamente desastrosas.

Nuestros cuerpos estuvieron desnudos, reclamando el calor del otro a cada segundo. Su miembro erecto me pedía a gritos ser acariciado y sus labios ser besados y mordidos como tanto lo había hecho.

Justo ahora nada existía. Ni Andreas, ni Sebastian, ni Simone, ni Gordon, ni mucho menos Jörg, Cameron o Georg, ni la empresa, ni los insultos, ni el sufrimiento… Nada, nada existía. Sólo Tom y yo. Sólo nosotros haciendo el amor.

Bajé mis manos hasta su pene, apretándolo entre mis dedos. Mi lengua recorrió su cuello, deslizándose hasta su pecho. Succioné sus pezones con la misma, mientras seguía masturbándolo y él sacaba gemidos desde el fondo de su garganta.

—Mmh, Bill…

Abrí sus piernas, y él rápidamente las enredó en mi cadera, pegándome a él, causando que mi miembro erguido pegara contra su entrada, haciéndome jadear ante el roce.

—Te amo, Tomy…

—Yo también, mi amor… —Cerró fuertemente sus ojos, apretando sus manos en mi cuello, besándome profundamente.

Tomé mi miembro y comencé a hacer presión contra él, entrando poco a poco. Tom soltó un grito cuando hube entrado completamente y me quedé así por un momento, disfrutando de su maravillosa y caliente estrechez. Besé delicadamente su hombro derecho mientras él aferraba sus uñas en mi espalda y sus piernas guiaban los movimientos que yo hacía en su interior.

Era la gloria, la jodida gloria…

Las embestidas fueron incrementadas conforme él movía sus piernas y su pelvis. Toqué repetidas veces su próstata, sacándole más gemidos y jadeos, haciéndolo pedir por más.

Sentía que nada podía estar mejor en este momento. Nada podía ser más perfecto que esto. Nada.

Tomé sus piernas, elevándolas hasta mis hombros. Tom me dedicó una cara de excitación y una sonrisa igual, arrugando los dedos de sus pies. Saqué y metí nuevamente mi pene de su cavidad con fuerza, apretando también el suyo, haciendo que el líquido pre-seminal recorriera su abdomen hasta perderse en las sábanas.

No podía aguantar mucho más, el orgasmo amenazaba con azotarme y yo no lo impediría. Seguí dándole estocadas, hasta que sentí el semen de Tom saltar hasta mi abdomen, pringando también mi mano. Cerré fuertemente mis ojos al escuchar si gemido de placer y entonces me corrí con la misma intensidad que la de él.

Dejé mi cuerpo descansar en la cama junto con el de él. Lo abracé contra mi pecho, dando varios besos castos contra su cabello y cerré otra vez mis ojos, al igual que él.

—Te amo, Bill.

No pude contestar porque el sueño me venció. No quería dormir, pero mi cuerpo me lo pedía, me lo exigía. Sólo pude sonreír al escucharlo y lo abracé más fuerte contra mí, deseando que no se fuera nunca.

—Bill, Bill, despierta… —escuché en un pequeño susurro, resonar en lo profundo de mi mente.

Abrí lentamente mis ojos y me encontré con la mirada de Tom, sonriente, alegre. Una de sus manos acariciaba mi cabello rubio y sus trenzas caían ligeramente en mi frente. Entonces lo supe… No éramos de nuevo aquellos adolescentes que se amaban con ímpetu, no éramos más esos chiquillos tontos que creían que el mundo era color rosa. La realidad era esta.

— ¿Qué pasó ayer? —pregunté con añoranza, esperando que me dijera que todo había pasado realmente y que no me había imaginado nada.

—Llegamos aquí y te quedaste dormido cuando empezamos a recordar viejos tiempos. Supongo que estabas muy cansado por el viaje —Alzó sus hombros, sin dejar de acariciar cada fina hebra de mi cabello.

 

Entonces sí, todo lo había soñado. La dura realidad se encontraba ahora, chocaba nuevamente contra mí y me hacía querer estar nuevamente sumido en esos pensamientos, en ese sueño en donde Tom y yo éramos felices en nuestro propio mundo, sin ataduras, sin reproches, sin tapujos, sólo nosotros dos, dándonos amor, queriéndonos más que a cualquier cosa. Deseaba que ese sueño se pudiera cumplir en un momento no muy lejano y deseaba que él pudiera amarme otra vez.

Continúa…

Chan chaaaan, era sólo un sueño de Bill :c ¿Creen que algún día se vuelva realidad? Ah, sé que me odiarán las del TeamBill, así que acepto tomatazos:c y apuesto que las de TeamAndy estuvieron comiéndose las uñas y odiándome por un momento:c  Me gustaría saber de qué equipo son: TeamBill o TeamAndy :3 Sus opiniones me ayudarían demasiado a saber con quién dejaré a Tomy en el final 😀

Gus hizo por fin aparición*-* y muchas cosas se arreglaron gracias a eso. ¿Creen que todo vaya solucionándose poco a poco entre los hermanitos o creen que seguirán complicándose las cosas?

Y Mia… nuevo personaje. ¿Los ayudará con el caso?

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por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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