«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 25. Olvidarme de Tom

El sueño se había sentido tan real que el darme cuenta de que no lo había sido me dolía. Quería estar así con Tom, quería tenerlo sólo para mí y poder amarlo y cuidarlo por el resto de mi vida. Pero a veces así pasa… Lo que más quieres y deseas con todo tu corazón se va alejando poco a poco de ti, lastimándote como nunca creíste que algo lo haría. Tenía la certeza de sólo una cosa: No me rendiría.

 —Bill, ¿estás bien? —Preguntó, acariciando mi mejilla—. Te quedaste pensativo…

 —Estoy bien —mentí, tratando de sonar convincente—. No has comido nada de tu plato. ¿No tienes hambre?

 —No mucha —Retiré el plato que se encontraba enfrente de mí. Miré a Tom con nostalgia. Cómo me gustaría poder hacer ese sueño realidad… Me encantaría que así fuera.

 —Debes comer algo, no es bueno que…

 —Dije que no —solté cortante, y eso pareció turbarlo un poco. Suspiré cansinamente y lo miré arrepentido—. Lo siento… Yo… tuve mala noche.

 Tomy cambió su cara de repente, brindándome una enorme sonrisa de oreja a oreja.

 —No te disculpes… Creo que todos tenemos malos días —Sonrió tiernamente y besó cálidamente mi mejilla derecha, muy cerca de mis labios.

 —El problema conmigo es que desde hace años, mis días dejaron de ser buenos.

 Soltó una risita, muy baja, pero que alcancé a escuchar perfectamente. ¿Se estaba burlando de mí, en mi propia cara?

 Fruncí el ceño, tratando de ignorarlo y seguir con… mi pequeño dilema mental por mi cuenta.

 — ¿Sigues pensando en mí? —preguntó luego de un buen rato.

 Yo callé sin mirarlo, pero segundos después contesté:

 — ¿Te importa? —Mis ojos viajaron hasta posarse sobre los suyos. Ambos conectaron e hicieron una intensidad que incluso podía sentirse en el aire.

 —Más de lo que te imaginas…

 Reí ante su respuesta, negando repetidas veces con la cabeza.

 —No lo parece —Sonreí fingidamente y me levanté de la silla, dejando mi plato sin tocar y mi bebida por la mitad. Me molestaba estar enfrente de él ahora mismo.

 

 Estar en Alemania era un martirio. La peor etapa la había vivido aquí y ahora sucedía exactamente lo mismo. Tal vez Alemania era mi maldición. Estar aquí me ponía enfermo.

 Subí las escaleras para dirigirme a mi dormitorio y escuché la puerta de entrada abrirse y volver a cerrarse luego. Era Tom, por supuesto, y yo no iba a dejar que siguiera arruinando mi día.

 Entré en mi habitación y lo primero que hice fue mirar mi celular.

  5 llamadas perdidas de Mia…

 ¡Rayos!

 Apreté el icono de llamar contacto, y en seguida se puso el nombre de Mia en toda la pantalla, seguido de unos tonos avisando que la llamada procesaba.

 Escuché su voz bastante feliz al recibirla y dije:

 —Mierda, me habías espantado. Creí que algo te había pasado… ¿Estás bien, verdad?

 —Perfecta —contestó del otro lado de la línea. Mi corazón comenzó a calmarse y me recosté en mi cama, con un brazo metido debajo de mi cabeza, mientras que el otro sostenía el teléfono celular.

 — ¿Entonces…?

 —Tenemos un problema.

 —Pero dijiste…

 —Sí, yo estoy bien… Pero tal vez tu hermano y tú no corran con la misma suerte.

 Sus palabras me dejaron helado. Sentí una oleada fría recorrer mi espina dorsal e instalarse en mi cabeza. Comencé a sudar frío.

 — ¿D-de qué estás hablando? —pedí saber, tragando duro.

 —Los que le hicieron eso al detective… Pues no te va a gustar lo que averigüé. Y esta vez no son simples suposiciones Bill; son pruebas.

 De pronto sentí que todo se me venía encima. Que las cosas con Tom, la empresa, y el resto se derrumbaba cada vez más. Aunque… Si Cameron y Georg resultaban culpables… todavía existía la posibilidad de que la empresa le perteneciera a Tom de nuevo.

 —Te escucho…

 —Además… descubrí otra cosa más. La muerte de Sebastian y la muerte del detective se relacionan.

 — ¡Mia, habla ya!

 —Fueron planeadas. Ambas. El detective tenía todas las pruebas y por eso lo mataron.

 — ¿Quieres decir que los que están atrás de todo esto fueron los mismos que mataron a Sebastian Miller?

 —Los mismos. O más bien… el mismo.

 —Cameron.

 —Cameron —repitió ella—. Cameron Henderson. El actual presidente de Noise.

 

 —Tenemos que regresar a Nueva York esta misma noche —dije mirando a Tom con cautela. No quería que me sacara la verdad justo ahora. No podía escuchar las palabras contundentes. No debía saber que Cameron había matado al detective; no por el momento al menos.

 — ¿Qué sucede? Creí que…

 —Nos vamos, Tom —dije tajante, encaminándome hacia mi cuarto para empezar a rehacer la maleta; la cual no necesitaba mucho orden, recién la había abierto.

 — ¿No te gusta mucho estar aquí, cierto?

 — ¿Por qué la pregunta? —contesté con otra pregunta, tal como lo hacía antes. Antes…

 —Simple curiosidad…

 —No. No me gusta. Estar en Alemania me aturde. Me trae recuerdos que preferiría no recordar… —Deje la frase en el aire, mirándolo por el rabillo del ojo. Su expresión fue consternación más que nada.

 —Ya veo… —Asintió, cruzando sus brazos. Me observó por un minuto y luego salió disparada hacia su habitación.

 

 — ¿En realidad tienes que irte ya?

 —Gordon, volveré… No es un adiós para siempre —Reí brevemente, ocasionando que mi padre me mirara serio. ¿Qué había dicho?

 —Bill… Tengo un mal presentimiento. No… no deberías de regresar a Nueva York. No todavía… Por favor…

 —Está decidido, papá —Suspiré pesadamente. Despedirme de él era más doloroso de lo que me había imaginado. Y más porque tal vez tenía razón… tal vez no regresaría nunca más.

 Logré mirar una pequeña lágrima que descendía por su mejilla y me lancé a abrazarlo en cuanto ésta aterrizó en un recóndito lugar.

 —Todo estará bien, papá. Tranquilo… —Sobé su espalda con mi mano, apretándolo contra mí—. Todo estará bien…

 —Cuídate, Bill —exclamó cuando nuestros cuerpos se separaron.

 Me dolía. Me dolía verle así, pero era lo mejor. Lo mejor para todos.

 

 — ¿Puedes al menos darme una ligera explicación de nuestro regreso?

 —Mia… Mia me necesita —mentí, arrugando un poco mis labios al darme cuenta de como sonaba la frase. Obviamente Tom no pudo ver esa reacción, ya que se encontraba detrás de mí, tratando de sacarme la verdad. Podía ser muy fastidioso a veces.

 —Oh, Mia… —dijo con tono de burla—. ¿Ahora ella es tu nueva conquista, Bill?

 —No digas estupideces —dictaminé serio, mirándolo finalmente. Me crucé de brazos y avancé unos centímetros hasta encontrarme con su rostro justo enfrente del mío—. A mí me gustan los hombres. ¿Recuerdas? —Sonreí lascivamente, dejando un rápido lametón en sus labios, lo cual lo tomó desprevenido y paró con sus estúpidas preguntas y exigencias.

 Bill 1-0 Tom.

 Sonreí plenamente para mis adentros. Era un genio.

 

 Unas horas después nos encontrábamos finalmente llegando a Nueva York. No era mucho de mi gracia estar ahí tampoco, pero tenía algo muy importante que hacer, como ya sabrán.

 —Yo, eh… Tengo algunos asuntos pendientes. ¿Por qué no te adelantas al departamento y te veo ahí más tarde?

 Tom elevó una ceja.

 —Necesito hablar contigo y con Andreas. Todo queda solucionado hoy, Tom —Traté de sonreír pero simplemente no pude. La preocupación era mayor.

 Él sólo asintió y entonces me despedí con un largo abrazo.

 Vi como se alejaba y perdía entre la gente del aeropuerto. Llevaba sus maletas bien sujetas por sus manos y sus delicadas trenzas hacían un hermoso recorrido por su extensa espalda.

 Mi celular comenzó a sonar nuevamente y ahora sí lo cogí, esperando que Mia tuviera más buenas noticias.

 —Malas noticias —mencionó cuando contesté.

 Mierda.

 —Dime que sigues teniendo pruebas que pueden incriminar a Cameron —supliqué, comenzando a caminar dificultosamente entre toda la gente, con ambas maletas jaladas por mi brazo.

 —Claro que las tengo, Bill. No soy tan estúpida como para perderlas de un día para otro. —Sonaba algo divertida, pero realmente no le veía el por qué.

 —Entonces, ¿cuáles son tus malas noticias? ¿Te bajó la regla? —Traté de sonar lo bastante serio, pero la risa me ganó al final.

 Mia rió también por un minuto y bufó del otro lado de la línea.

 —Esto es serio, Bill.

 —Dime entonces —Corté la risa y traté de seguir caminando, pero el paso se me hacía muy difícil sosteniendo el celular, concentrándome en lo que decía Mia, tratando de esquivar gente que pasaba por mi lado y además de todo sosteniendo dos enormes maletas con un solo brazo. Me detuve.

 —Dije que tengo pruebas contra Cameron, pero nos olvidamos de alguien, ¿no? ¿Qué pasa con Georg?

 —Mia, no te entiendo… Es obvio que Cameron al verse hundido va a hundir a Georg con él. No son precisamente amigos del alma.

 Me senté en la banca vacía más próxima que encontré. Dejé las maletas a un lado y pude concentrarme totalmente en la conversación.

 — ¿Y qué tal que no, Bill? ¿Qué tal que Cameron deja fuera de todo eso a Georg?

 — ¿Por qué carajo querría…?

 —Piensa —soltó tajante—. Es el plan perfecto. Con Georg fuera de todo crimen, Cameron puede manejarlo a su antojo aún incluso dentro la cárcel. Puede hacer que Georg se quede con la empresa, amenazándote. Puede hacer que Georg mueva cielo, mar y tierra para sacarlo de ahí.

 Mia tenía razón. Mierda. Y yo que creí que ya todo se había solucionado…

 — ¿Entonces qué haremos Mia? No podemos dejar que Cameron se salga con la suya. ¡No puede estar en libertad después de lo que hizo!

 —Por el momento… no veo otra solución, Bill —Suspiró pesadamente—. Lo siento.

 — ¡Maldita sea! —Casi me jalo el cabello del coraje.

 ¿¡Por qué mierda siempre tenía que ganar ese malnacido?

 —Tenemos que conseguir pruebas que también incriminen a Georg. O pensar en otra cosa para tenerlo de nuestro lado. Sobornarlo tal vez… No lo sé, algo.

 Asentí aunque ella no pudiera verme. Una gran idea se estaba arremolinando en mi cabeza.

 —Te veo en el departamento de Tom y Andreas en una hora. Cuatro cabezas piensan mejor que una, ¿no?

 —Me mandas la dirección por mensaje. No sé en dónde carajo se encuentre el departamento de tu hermano-novio y el zorrillo-enemigo.

 Solté una estruendosa carcajada, logrando que varias personas voltearan a verme.

 Sí, Mia lo sabía todo. Tal vez no la conocía lo suficiente, pero necesitaba desahogarme con alguien que no fuera mi padre y confiaba bastante en ella.

 —Te veo al rato.

 —Ciao —Utilizó un perfecto acento francés y colgó la llamada.

 

 Una hora más tarde. Tom, Andreas, Mia y yo nos encontrábamos en el departamento de los primeros, sentados en los amplios sillones, cada quien con su bebida y diferentes pensamientos en mente.

 — ¿Pueden explicarme qué es lo que está sucediendo? —pidió Tom, cruzando sus brazos. Su mirada hacia Mia no era precisamente amigable. Me pregunto el por qué. Jajajaja.

 —Tom… es complicado. Pero… necesitamos que escuches, que escuchen —corregí, mirando al zorrillo también.

 Andreas lucía cansado, triste, decaído. Pero eso no me importaba, así que proseguí.

 —Cameron mató al detective para evitar que nosotros tuviéramos pruebas contra él.

 La expresión de Tom fue bastante sorprendida. Me miraba con los ojos extremadamente abiertos y las lágrimas amenazaban con salir.

 — ¡Esa maldito hijo de puta! ¡Todo lo que está pasando es su culpa, Bill! ¡Todo lo que…!

 —Hey, cálmate —Sin importarme lo que Andreas pensara, corrí a abrazar a Tom. Lo sostuve entre mis brazos hasta que sus sollozos se tranquilizaron.

 — ¿Cómo lo saben? ¿Cómo…?

 Esta vez fue el turno de hablar para Mia.

 —Jeff era mi amigo —declaró Mia, refiriéndose al detective—. Obviamente no me contó nada por secretos laborales y todo eso… Pero el día que lo mataron me llamó varias veces. No contesté porque estaba de fiesta, emborrachándome… Y bueno —Soltó un gran suspiro—. No iba a dejar que esto se quedara así. Entonces me puse a investigar. Yo tenía un duplicado de las llaves para entrar a su departamento, así que tuve el tiempo suficiente para buscar pistas, algún indicio… Y encontré el sobre que estaba a punto de darles a ustedes. El sobre en el que están las pruebas suficientes para encerrar a Cameron Henderson por el resto de sus días —finalizó triunfante, sonriendo de lado.

 —Pero todavía tenemos un problema —dije, mirando a Tom. Él se deshizo ligeramente de mi abrazo y fue a sentarse de nuevo junto a Andreas—. Georg.

 Mia y yo les explicamos todo el asunto. Andreas se mostraba reacio y sin mucho que aportar, cosa que me sorprendió porque era Sebastian de quien estábamos hablando, del asesino de su casi padre, de la persona que lo había cuidado durante tanto tiempo… pero al parecer eso no le importó mucho.

 Tom estaba mucho más atento, como es obvio. Yo sabía que no descansaría hasta ver a Cameron entre las rejas.

 —Y bien, Bill, ¿cuál es tu brillante idea? —inquirió Mia, mirándome pensativa, como tratando de sacarme las palabras por la cabeza.

 —Tú —dije seguro, sonriendo con autosuficiencia.

 Mia me miró incrédula al igual que los otros dos.

 — ¿Yo?

 —Tú —repetí, ensanchando mi sonrisa—. Tienes que entrar a trabajar a Noise.

 El plan que se conjuntaba en mi mente era hermosamente perfecto.

 Mia tenía que entrar a Noise. Enamorar a Georg. Sacarle toda la verdad. Grabarlo. Y así el final feliz para todos por fin se daría.

 — ¿Estás loco, Bill? —Saltó Andreas, negando con la cabeza—. Georg podría sospechar. Además no le va a sacar la verdad de un día para otro.

 — ¿Tienes un mejor plan, zorrillo? —Me crucé de brazos, fulminándolo con la mirada. Andreas me respondió de la misma forma, casi abalanzándose sobre mí.

 —Hey, hey, tranquilos —Mia se levantó y se puso entre nosotros al igual que Tom—. Lo haré —Sonrió mirándome, echándose el cabello hacia atrás.

 Sonreí de igual manera.

 Todo estaba listo y era perfecto. Mia lo lograría, estaba seguro.

 — ¿Estás segura? —preguntó Tom, mordiéndose el labio inferior.

 —Completamente.

 —Eres la mejor, Mia —agradecí tiernamente brindándole un abrazo.

 Miré a Tom de soslayo y parecía un poco incómodo y molesto porque yo estuviera abrazando a Mia. ¿Acaso estaba celoso de una mujer? ¿Era en serio? ¿Después de haberle demostrado no una, sino mil veces que me encantaban los hombres?

 —Me debes muchas —susurró en tono cantarín contra mi oreja, lo que hizo que mi piel se enchinara de inmediato y de mi garganta saliera una risita estúpida.

 Tom se dio cuenta de eso y volteó hacia otro lado.

 ¡Mierda, estaba celosísimo!

 —Ahm… Tom —lo llamé cuando me separé de Mia—. ¿Podemos hablar?

 — ¿No estabas ocupado? —preguntó con una ceja alzada, aparentemente molesto.

 —Vamos, no seas infantil —exclamé y lo jalé fuera del departamento en contra de su voluntad.

 —Bill, yo no… No creo que a Andreas le guste mucho que tú y yo estemos aquí… —dijo cuando nuestros pechos quedaron extremadamente juntos.

 Sentía su respiración chocar contra la mía y su pecho subir y bajar rápidamente, como si hubiese corrido una maratón anteriormente.

 — ¿Y crees que a mi me importa lo que quiera él? —insinué, acariciando sus trenzas.

 No podía seguir resistiéndome a tenerlo tan cerca y no poder ni siquiera besarlo. Lo haría ahora. Ahora y aquí mismo.

 Me acerqué lentamente hacia sus carnosos labios. Él estaba extremadamente nervioso. Una de sus manos se aferraba sin notarlo en mi cadera y se relamía los labios cada dos segundos.

 —No lo hagas, Bill. Por favor…

 — ¿Por qué? —susurré ahora contra su boca, metiendo mi mano dentro de su playera ancha.

 Mis dedos fríos hicieron contacto con su piel y él dio un pequeño brinco en su lugar, pero sin alejarse ni un centímetro, ni tratar de romper el contacto entre mis dedos y su piel. Masoquista.

 —Porque no sé si podré parar. No sé si…

 —Entonces no lo hagas, Tom. No pares, no te contengas… —Y lo besé.

 Sus labios entreabiertos hicieron presión contra los míos. Mis manos rodearon su cintura, jalándolo más hacia mí y nuestras cabezas se ladearon, haciendo un beso perfecto, digno de película.

 Mi lengua se deslizó victoriosa entre sus labios, abriéndose paso hasta el interior de su boca.

 ¡Dios, como extrañaba esta sensación!

 Tom enredó sus manos en mi nuca, atrayéndome más hacia él. Mis manos comenzaron a subir, arrastrando su playera, hasta que toqué sus pezones erizados y los acaricié cálidamente.

 Mi boca siguió jugueteando con la suya y cuando supe que necesitábamos aire para respirar la alejé un segundo para luego volverla a regresar a su lugar.

 Escuché la puerta del departamento abrirse, pero poco me importó, y por el beso correspondido de Tom, aseguré que él pensaba igual que yo.

 ¿Qué más daba si nos vieran ahí de esa manera?

 Mia lo sabía. Andreas lo sabía. Todos sabíamos que Tom y yo nos amábamos. Sin importar el tiempo, la lejanía, los insultos, los engaños… Sin importar nada de eso, sabíamos que el amor siempre había estado ahí. Siempre.

 —Bill… —murmuró cuando finalmente rompió el beso.

 Aunque nuestros labios no estuvieran juntos; sellados, nuestras respiraciones nos delataban.

 Mia apareció en la esquina del pasillo y nos miró un tanto divertida, con las manos escondidas en sus bolsillos traseros.

 —Pedí pizza. ¿Alguien quiere?

 Tom sólo logró asentir, mientras yo exclamé un “Gracias, Mia. Vamos en un minuto” seguido de una sonrisa cómplice.

 Ella asintió y sonrió de la misma manera y dio media vuelta, perdiéndose nuevamente en la esquina de aquel lugar.

 Miré a Tom sin saber exactamente qué decir.

 Él acarició mis mejillas, apretando delicadamente sus labios rojizos. Besó fugazmente mis labios, y me abrazó, escondiendo su cabeza en mi pecho.

 — ¿Recuerdas que me dijiste que la próxima vez que te besara sería porque estaría decido a quedarme contigo y mandar al carajo todo lo demás?

 Y caí en cuenta.

 Era cierto. Yo le había pedido eso. Esa era la razón por la cual no lo había besado en mucho tiempo…

 Mierda.

 —Creo que no me pude resistir. Aunque… —Reí brevemente, apartándolo de mi figura, mirándolo inquisidor— Tú tampoco hiciste mucho esfuerzo para apartarme. ¿Eso quiere decir que…?

 —Shh —Puso un dedo en mis labios, haciéndome callar—. Rompiste tu propia regla. No fui yo quien lo inició y si… Me moría de ganas por besarte, Bill.

 Mi corazón comenzó a acelerar su ritmo. Mi cabeza me retumbada y no veía nada más que a Tom. Nada más.

 — ¿Entonces…?

 —No me pidas nada ahora, por favor —suplicó, volviendo a abrazarme. Depositó otro beso en mi mentón y suspiró largo y tendido—. No puedo darte nada más ahora. No ahora, Bill. Entiéndeme. Quiero tomar una decisión cuando esté bien. Cuando todo se haya resuelto y esté estable emocionalmente.

 Comprendí sus emociones a la perfección y asentí, abrazándolo más contra mí.

 —Tú… ¿lo sigues amando, no es así?

 —Sí…

 Me alejé de su figura ante sus ojos llorosos.

 Tom podía estar dolido, confundido, aterrado por todo este asunto, pero yo no era precisamente el que podía darle consuelo; me sentía igual o peor que él.

 —Lo sé —acepté, apretando fuertemente mis labios.

 No quería llorar. No precisamente ahora.

 Giré sobre mis talones y caminé hasta el departamento. Me asomé por la puerta y miré a Mia platicando y riendo con Andreas. Bueno, al menos alguien se la pasaba bien.

 Mia notó mi presencia y me miró incrédula. Sabía que algo no estaba bien conmigo.

 — ¿Podemos irnos? —pregunté, tratando de que la voz no se me quebrara.

 Mia asintió y se despidió amablemente de Andreas. Le dio un beso en la mejilla y caminó hasta mi posición.

 — ¿Te encuentras bien?

 —Vámonos.

 Tomé su mano y ambos salimos hacia el ascensor, dispuestos a marcharnos de ese lugar.

 Logré mirar a Tom de reojo mientras entraba en el departamento, secándose las lágrimas con la manga de su playera.

 Hice un esfuerzo sobrehumano para no ponerme a chillar ahí y entré junto con Mia en el ascensor cuando este abría por completo sus puertas metálicas.

 Tenía que encontrar una manera de olvidarme de él. Al menos por el momento.

 Tenía razón. No estaba en su mejor momento como pensar con quién debería de quedarse, y yo no lo iba a presionar para que lo hiciera.

 Mia sostuvo fuertemente mi mano mientras mis lágrimas descendían por mis mejillas.

 Era lo mejor.

 Olvidarme de Tom.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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