«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 27. De disfraces

 —Bien, sé que no es la manera de pedírtelo, pero… —Andy se arrodilló, causando que mis lágrimas comenzaran a salir. Me limpié con el antebrazo y lo miré a los ojos, mientras él tomaba con fuerza mi mano— Tom, ¿te quieres casar conmigo?

 Me mordí el labio interiormente, apretando con entusiasmo sus manos. Asentí, dejando que el agua cayera por mis pómulos y pronuncié un débil, pero audible “Sí”.

 Andreas se levantó rápidamente y se lanzó a mis brazos, alzándome por los aires. Ambos reímos un poco, cuando nos quedamos parados en la azotea, meditando un poco la situación.

 ¡Joder, que nos íbamos a casar!

 ¿Casar? ¿De verdad? Mierda, ¿qué estaba pensando? ¿¡Era de verdad!?

 —Andy… —Suspiré, llevándome las manos a la cara. La tenía caliente— ¿Estás seguro? ¿Completamente seguro?

 —Sí, Tom. Te quiero para mí, y sólo para mí. ¿Tú no? —Acarició mis mejillas con sus suaves manos, sonriendo con calidez.

 —Nos casaremos entonces —Sonreí ampliamente, tratando de procesar mi respuesta.

 ¿Cómo se lo diría a Bill? ¿Cómo le haría para mirarlo a los ojos y decirle que nunca más podríamos besarnos, tocarnos o hacernos el amor? ¿Cómo le diría que a partir de ahora le pertenecía completamente a alguien que no era él?

 No lo sé, no sé cómo lo haría, pero tenía que hacerlo cuanto antes.

 

 Jamás había visto a Andreas tan feliz y emocionado y al mismo tiempo a Bill tan triste y deprimido.

 Las cosas no habían salido exactamente como yo había planeado, pero al menos ahora mi hermano sabía la verdad.

Play: Un ángel enamorado.

 Me acerqué un poco hacia él, con la mirada baja. Él me sonrió y levantó mi mentón para hacer que lo mirara a los ojos.

 —Hey, ¿estás bien? —preguntó, frunciendo un poco el ceño.

 —Sí, lo estoy —Asentí, sonriendo forzadamente, cosa que él notó; me conocía perfectamente.

 — ¿Qué pasa Tom? —Cruzó sus brazos, mirándome sospechoso. Sabía perfectamente que algo no andaba nada bien.

 —Tengo que hablar contigo.

 —Claro. Ven… —Tomó mi mano y me llevó hasta la terraza de la habitación de hotel.

 —Quiero decírtelo antes de que te enteres por alguien más… —Comencé, y sentí varios temblores por todo mi cuerpo. Los escalofríos y al mismo tiempo los calores me entraban en la espina dorsal de vez en cuando.

 —Dime —Se recargó  en la herrería de ahí y prestó mucha atención.

 —No podemos seguir con esto, Bill —dije cortante, tratando de no quebrarme. A pesar de haber decidido algo, me dolía bastante tener que decírselo a Bill.

 —No entiendo —Frunció todavía más el ceño, enderezándose en su lugar.

 —Andreas y yo… Nos vamos a casar —finalicé, decidiendo no darle más vueltas al asunto.

 La cara de Bill era incrédula, demasiado sorprendida como para poder expresar algo.

 Se quedó callado por un momento, viéndome directamente a los ojos, buscando que estuviese bromeando o mintiendo, pero yo busqué que él comprendiera en realidad mi decisión, quería pedirle disculpas con mi mirada y decirle que siempre lo iba a amar, pero que ahora nuestra historia se quedarían nada más en eso, en nuestra hermandad.

 No dijo nada y pude ver una lágrima resbalar por su mejilla para ser limpiada rápidamente. ¡Dios, como me partía el corazón mirarlo así!

 —Creo que es demasiado tarde para nosotros, ¿eh? —Rió apenas, sarcásticamente.

 —Bill…

 —Dime que ya no me amas, sólo dímelo y te juro que me iré para siempre. Te juro que no me volverás a ver en tu vida.

 —No. Yo no quiero que te vayas, Bill. Yo…

 — ¿Me amas?

 —Bill…

 — ¿Me amas?

 — ¡Sí, con un demonio! ¡Sí! ¡Te amo, joder! ¡Te amo! —grité, jalándome el cabello, desesperado.

 — ¿Entonces por qué mierda vienes a decirme todo esto, eh? ¿¡Por qué mierda te vas a casar con é!?

 — ¡Porque a él lo amo más! —grité, haciendo que mis palabras se clavaran como espinas muy en el interior de su corazón.

 Bill derramó un par de lágrimas más, riéndose por lo bajo.

 —No te engañes. ¡Sabes que no es así!

 — ¡Es así, joder! Por eso estoy decidiendo eso. Porque quiero que tú y yo seamos sólo…

 — ¿Hermanos? —Rió, secando sus lágrimas—. ¡Dilo!

 —Sí. ¿Es tan difícil entenderlo? —La desesperación comenzaba a abrumarme.

 —Tom, te amo… —Tomó mis mejillas, acercándome a su cara. Yo volteé mi rostro para evitar que me besara y él me abrazó, aferrándose a mi cintura, escondiendo su cabeza en mi cuello—. Por favor, no te cases. No te cases, Tom… —suplicó, haciendo que mi camisa se mojara.

 —No me pidas eso. No puedo, no…

 —Tom… —Lloró por unos minutos más, abrazándose a mí. Luego se despegó de mi cuerpo y me miró, sin soltar mis mejillas.

 —Espero verte en la boda —comenté, sorbiendo mi nariz, despegándome de su cuerpo. Sentía que en cualquier momento podría rendirme ante él y aventarlo todo al carajo para huir con él. Solo nosotros dos—. Por favor, entiende que…

 —Vete —dictaminó, apretando con fiereza sus labios—. Por favor, Tom. Vete.

 Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas cuando él se volteó y escuché los sollozos provenir de su garganta. ¡Mierda!

 —Lo siento, Bill —dije, dando la vuelta, tallándome el rostro y comencé a caminar hasta la salida.

 Nunca en mi vida me había sentido tan mierda como ahora, al verlo a los ojos y decirle que amaba más a otra persona.

 Bill y Mia estaban platicando junto con Gustav. Andreas y yo nos encontrábamos en la barra, preparando unos cuantos tragos. Recordé lo que había pasado el día anterior y ahora me sentía un poco más tranquilo, pero no dejaba de dolerme mirar así a Bill. Parecía que Mia lo tenía aferrado a la tierra, tratando de distraerlo con el plan hacia Georg y Cameron, pero aún así, cada vez que sus ojos se encontraban con los míos, un cierto dejo de dolor e incomprensión se instalaban en ellos.

 Lo había dejado destrozado, de eso no tenía la menor idea, pero también sabía que Mia juntaría los pedazos de su corazón y lo reconstruiría, o al menos eso esperaba.

 

 Por Bill.

 —Vas a tener la mejor noche de tu vida. Mia Biersack.

 Miré sus labios curvados en una sonrisa y entonces quise besarlos. Quería desahogarme, olvidarme de todo por al menos un momento y sabía que ella también lo quería, quería tenerme, besarme, tocarme… Y aunque yo tenía claro que mis tendencias eran homosexuales, no podía negar que ella causaba algo muy diferente en mí, me hacía desearla.

 Me incliné unos pocos centímetros hacia ella y no se apartó. Cerró sus ojos esperando el beso y yo accedí, juntándolos de una vez. Eran húmedos y suaves. Carnosos y apetecibles. Nunca antes había besado a una mujer y debo de admitir que se sentía bien, muy bien. Tampoco nunca antes había tenido sexo con una. ¿Cómo sería? ¿Igual que con un hombre?

 Me aparté un poco y acaricié su cuello y mejillas, mirándola a los ojos.

 — ¿Estás segura de esto, Mia? No quiero decepcionarte o romperte el corazón.

 —Sé que no me amas, Bill. Pero eso no me importa —Sonrió, tomando mis manos, entrelazándolas con las suyas.

 —Bueno, creo que los dos somos vírgenes en este momento —Solté una ligera risita.

 — ¿Tú? Pero creí que…

 —Me refiero a que nunca he tenido relaciones con una mujer. No sé exactamente cómo hacerlo o dónde ponerlo, cómo excitarte… —Reí más, haciendo que ella también se riera.

 —Confío en que encontrarás la forma —Asintió, besándome nuevamente.

 La llevé lentamente hacia la cama, acariciando su cintura. Levanté un poco su blusa y se la fui quitando poco a poco mientras caminábamos hacia la cama. La recosté con cuidado sobre el colchón, posicionándome sobre ella, sin llegar a aplastarla.

 Comencé por besarle el cuello libre de tela y luego bajé hasta su pecho, despegando mis labios, para poder mirarla mejor. Me quité mi playera, aventándola hacia atrás y bajé sus pantalones, al mismo tiempo que ella me ayudaba a quitarme los míos.

 Nuestras pieles hacían fricción, reclamándose y entonces fui directo hacia la tela que cubría su parte íntima inferior, quitándosela por completo. Era extraño no ver un pene erguido ante mí, pero tampoco me desagradaba la idea de estar viendo una vagina.

 Sonreí por lo estúpido que sonaba la frase y ella me miró arqueando las cejas.

 — ¿No te gusta?

 Negué, riendo de nuevo. —No es eso. Es un poco extraño, nada más —Alcé mis hombros, provocando que ella también riera y luego se mordió el labio, inconsciente de lo sensual que se veía al hacerlo.

 Quité su brassier y me sorprendió ver sus pechos al aire libre, directos hacia mí. Eran suculentos. Con los pezones erectos, libres de cualquier marca o imperfección, suaves y lisos como piel de bebé. Me permití acariciarlos y más aún me sorprendí cuando descubrí que me gustaba hacerlo. Me gustaba sentirlos tan cálidos y tersos sobre mis manos.

 —Ah, Bill… —Mia gimió, abriendo sus piernas, invitándome a entrar en ella y así lo hice.

 Poco a poco deslicé mi miembro (con el condón ya puesto) dentro de ella, tratando de ir lentamente para no lastimarla. Ella se aferró a mis hombros, echando su cabeza hacia atrás, deshaciéndose en gemidos de dolor y placer a la vez.

 Sabía que le dolía. A todas les dolía la primera vez. Pero también sabía que le gustaba y que de un momento a otro estaría disfrutando del momento.

 No tardo en incorporarse y dejar de sentir dolor. Pronto nuestros cuerpos estuvieron sudorosos, sedientos del contrario y todo se sentía tan bien.

 Mia había tenido su gran y especial noche y yo había cumplido, y comenzaba a darme cuenta de que tal vez y sólo tal vez, las cosas no podían ser tan espantosas como había imaginado anteriormente.

 

 Y que equivocado estaba. Sí que lo podían ser. Tom se iba a casar con Andreas. Mi Tomy iba a ser completamente de él. Sólo para él…

 — ¡Mia, Mia! —llegué gritando a su departamento, tocando fuertemente con ambos puños.

 Sentía la sangre hervir en mis venas y el dolor con la rabia mezclarse hasta hacerme sangrar. ¿¡Por qué Tom!? ¿¡POR QUÉ!? ¿Por qué el zorrillo y no yo?

 Ya no lloraba, ya no temblaba, sólo estaba enojado. Mi corazón palpitaba a mil por hora y mi cabeza explotaría en cualquier momento.

 Mia abrió un par de minutos después y me miró sorprendida.

 —Bill, ¿qué pasa?

 Me lancé a abrazarla. Quería llorar, pero estaba seco; ya no tenía lágrimas que sacar.

 —Tom. Tom se va a casar —logré murmurar, evitando caerme ahí mismo.

 Mia se quedó pasmada por unos segundos para después mirarme, y acariciar mis mejillas.

 — ¿Casar? ¿Escuché bien? —Su cara reflejaba desconcierto y un poco de duda, pero cuando miró mi expresión comprendió todo—. Bill, cuanto lo siento…

 — ¿Qué voy a hacer, Mia? No quiero vivir, no quiero nada.

 —Hey, ¡no digas eso! —Regañó, estampando su tierno puño contra mi hombro—. No puedes dejarme, y a Gordon… Bill, no te pongas así, por favor.

 La miré, tratando de tranquilizarme, entonces sus ojos lograron calmarme y hacerme saber que sí había personas que me extrañarían si llegaba a cometer una locura.

 —Ven, te voy a dar algo de tomar… —Tomó fuertemente mi mano, arrastrándome hasta dentro de su departamento.

 Yo me dejé llevar y me senté en su sillón cuando ella fue hacia su refrigerador para sacar un poco de agua con hielos.

 —Lo odio, Mia. Odio tanto a Andreas —confesé, apretando mis manos—. Siempre lo he odiado, pero ahora lo odio más que nunca. Siempre fue el perfecto amigo de Tom, el único que nunca lo traicionaría. Y ahora… Logró que Tom aceptara casarse con él. Me lo quitó para siempre —Estampé una de mis manos hecha puño contra un cojín del sofá.

 Mia extendió la bebida hasta mí y yo la tomé con la otra mano, con la mirada perdida.

 — ¿Te vas a rendir así como así?

 —No tengo de otra. Además, dije que iba a olvidarme de él, ¿no? Pues lo voy a cumplir —Suspiré, sintiendo un nudo en mi garganta. Tragué duramente saliva, para no llorar enfrente de ella.

 —Mírame —dijo, tomando mi mejilla derecha, sonriendo cálida—. Todo va a estar bien. No te preocupes. Tú vas a estar bien, Bill —me aseguró y yo creí en sus palabras. Por primera vez en mucho tiempo, confiaba en las palabras emitidas por alguien.

 —Sólo quiero olvidar.

 —Y yo te voy a ayudar —Besó fugazmente mis labios, para abrazarme después.

 Mi vida no podía venirse abajo en este momento. No por ahora al menos.

 

 Me reuní con Gustav luego de que mi drama hubo terminado temporalmente. Sabía que necesitaba distraerme y mantenerme ocupado con algo, así que decidí empezar de una vez con el plan para destruir a Cameron y Georg. Malditos nombres, como los odiaba.

 — ¿Qué has podido averiguar, Gus?

 —No mucho, en realidad —Frunció la boca, negando con la cabeza—. Esos no confían en nadie. Absolutamente nadie. Y es difícil sacar información así —Botó todo el aire de sus pulmones, en un gran suspiro.

 —Genial. Las cosas cada vez mejoran —Solté en sarcasmo, con una sonrisa completamente fingida.

 Gustav notó mi ironía (obviamente) y frunció el ceño.

 —Presiento que pasó algo de lo que no estoy enterado.

  Presientes bien.

 —Tom se va a casar.

 — ¿¡Quéeeee!? —Casi escupe el bocado de ensalada que se acababa de meter a la boca; por suerte la comida logró su cometido y bajó sin ningún percance por su garganta.

 —Con Andreas, no conmigo, claro está —Solté con coraje, sintié sintiéndome la peor mierda del mundo.

 Gustav también estaba enterado de nuestra rara relación de “hermanos”. Si queríamos su ayuda, teníamos que ser sinceros y decirle todo, y entonces así lo hicimos.

 —Bill, ¡con una mierda! ¿Es en serio? Viejo, está más loco que una cabra —Volvió a suspirar y movió la cabeza de un lado a otro, en forma de negación.

 —Y que lo digas… —Sentí el coraje fluir por mis venas, pero por primera vez en mi vida, supe tragármelo e impedir que la Tercera Guerra Mundial se desatara.

 —Bill, cuanto lo siento… —sinceró, palmando mi mano en gesto de conmoción—. Tal vez podamos impedir la boda. ¡Oh sí! Tengo unos cuantos amigos que podrían hacerse pasar por travestis e ir a su hotel y, y…

 —Gustav, para —dije, riendo por lo estúpido que sonaba eso.

 ¿Yo impidiendo una boda? ¡Sí como no!

 —Pero Bill…

 —Tenemos cosas más importantes que hacer. ¿Has pensado cómo le haremos para que Mia y Georg se conozcan?

 —Una fiesta. Es obvio —Alzó sus hombros, como si la respuesta flotara en el aire.

 Una fiesta… Mmh, sería interesante.

 — ¿De disfraces? —inquirí, ladeando mi sonrisa, mirándolo cómplice.

 —De disfraces.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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