«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 28. Confusiones y Soluciones
— ¿Una fiesta? —preguntaron a unísono Mia, Tomy y Andreas cuando Gustav y yo les dimos la noticia.
—Y de disfraces…
— ¿Con qué propósito? —inquirió Andreas, cruzándose de brazos. Le molestaba sobremanera que la fiesta de disfraces arruinara su planeación de boda. Lástima.
Reí brevemente imaginándome la rabieta que estaría haciendo en la mente. Carraspeé para no dar explicaciones de mi risa y proseguí:
— ¿No es obvio?
—La verdad no —fue Tom el que respondió esta vez. No se veía tan feliz y sonriente como el otro novio (aunque ahora estuviese disgustado por mis planes), pero tampoco se veía tan frío y distante como yo. Estaba en un punto medio, compartiendo las emociones de sus dos amores, quizá.
No me importó adentrarme más en esos asuntos y seguí mi diálogo.
—Gustav ajustó todo para que fuera en uno de los salones de Noise —Amplié mi sonrisa, autosuficiente. Moría por contarles la siguiente parte del plan. Todos me miraron un poco sorprendidos y luego pasaron su mirada a Gustav, quien continuó con parte del relato.
—Todos iremos. Sin excusa —dijo severamente, dirigido a Andreas. El aludido bufó derrotado, sentándose nuevamente en el sofá.
Reí entre dientes, cosa que no le hizo mucha gracia a él.
—Disfrazados —interrumpí a Gustav, dando un pequeño paso al frente—. Es lo esencial. Tenemos que tratar todos de meter nuestras narices en cualquier conversación que escuchen interesante. Obviamente disfrazados nadie podrá reconocernos; es un punto a favor.
Mia y Tom sonrieron, comprendiendo finalmente a qué iba eso del disfraz y la fiesta. Se miraron cómplices y por un momento pude sentir de hecho simpatía entre ellos.
Tragué saliva sonoramente y quise continuar.
—Mia, será tu gran oportunidad. Habrá alcohol, humo, luces fluorescentes, drogas… Todo a tu favor para hacer que Georg caiga derechito a tus pies.
Ella asintió, mordiéndose débilmente un labio. Mierda, no hagas eso…
Volví a tragar saliva sonoramente y Tom me interrumpió:
— ¿Andreas, Gustav, tú y yo para qué…?
—Gustav se encargará de hacer el trabajo sucio —dije con una risa después—. Mientras que nosotros seremos los puntos de distracción. Tenemos que llamar la atención lo más que podamos. Por diferentes lados, claro está. Principalmente no debemos de perder de vista a Cameron, es nuestro objetivo. Mantenerlo alejado del último piso, donde Gustav —apunté a mi compañero— estará buscando evidencia, documentos, registros y todo lo que pueda perjudicar a ese par —Terminé con una amplia sonrisa pintada en mi cara y supe que mi plan no tenía fallas. Teníamos todo plenamente controlado.
— ¿No crees que tengan cámaras de vigilancia? —preguntó Mia y todos la miramos.
—Mierda, Bill. La cámaras…
—Estamos disfrazados. Es obvio que Cameron sabrá que fuimos nosotros, pero no tendrá manera de culparnos. Además, cuando se entere, nosotros tendremos en material necesario para culparlo por todo lo que ha hecho. Sencillo, práctico…
— ¿Cómo lograron hacer que Cameron aceptara una fiesta…?
—Drake —respondí como si ese simple nombre aclarara sus dudas—. Le propuso a Cameron que hicieran alianzas.
— ¿¡Qué!? —gritaron al mismo tiempo Andreas y Tom.
Tomy se enderezó en su sitio, mirándome con cara de pocos amigos.
— ¿Estás consciente de lo que eso conlleva, Bill? ¿¡Estás consciente de lo que hiciste!? ¡Esos dos pueden destruirnos completamente! ¡No sabes la influencia de palabras que tiene Cameron para convencer…!
—Hey, tranquilo —Puse mala cara también. ¿Acaso me creía completamente estúpido como para lanzarle a Drake a los brazos de Cameron?—. Lo tengo todo controlado, ¿de acuerdo? Drake lo sabe todo. Hablé con él esta tarde y está dispuesto a ayudar.
Las facciones de Tom y Andreas no se suavizaron; todo lo contrario. Me miraban como si acabara de decir una grosería en plena misa.
— ¿Que hiciste qué? —volvieron a exclamar al mismo tiempo y yo comenzaba a hartarme de eso. De verdad comenzaban a parecer un matrimonio…
Tragué saliva por tercera vez en el día.
—Drake era y sigue siendo tu amigo, Tom. ¿Tan poca fe le tienes? ¡Además! —Subí una octava el tono de mi voz—. Él lamenta tanto como nosotros la pérdida de Sebastian y está completamente dispuesto a ayudar con lo que pueda. Las empresas se fusionaran y…
— ¿De eso se trata la fiesta? ¿De fusionar las empresas? —cuestionó Andreas, mirándome más suave—. ¿Para qué exactamente? —Alzó una de sus cejas.
— ¿No lo ven? Cuando todo esto acabe, cuando hayamos sacado a Georg y Cameron y todo vuelva a normalidad, cuando obtengamos la empresa de regreso…
—Seremos socios de Drake —concluyó Tom, leyendo mis pensamientos.
Al parecer Andreas y él no eran los únicos en parecer matrimonio…
Me golpeé mentalmente y asentí, feliz de que hubiesen entendido finalmente.
—Es un gran plan —aceptó casi a regañadientes el zorrillo. No me miró, pero supe que así era.
— ¿Cuándo es la fiesta? —preguntó Tom, con una creciente sonrisa asomándose por sus comisuras.
—Ésta misma noche…
Las cartas estaban sobre la mesa. El plan había comenzado y sólo nos quedaba pensar que todo resultaría completamente bien.
Gustav vestía muy simplón, la verdad; a comparación de nosotros. Era más bien como el inspector Gadget*. Quería jugar con su disfraz, y a juzgar por su principal tarea en la fiesta, le quedaba completamente bien.
Mia tenía un disfraz hermoso. Yo mismo lo había escogido y estaba seguro de que no sólo Georg caería ante sus encantos esta noche.
¿Conocen a las conejitas de Playboy*? Bueno, ella podría hacerse pasar exactamente bien por una. La mini-colita de conejo se movía cada vez que ella contoneaba sus pronunciadas caderas, su cabello rubio volaba y desprendía un olor hermoso al mismo tiempo, su sonrisa brillaba con esos perfectos y blancos dientes que tenía y el resto del atuendo era extremadamente perfecto. No había necesitado mucho maquillaje ni nada por el estilo porque Cameron y Georg no la conocían, así que el disfraz era más bien para impresionar, y no ocultar sus bellísimas proporciones.
Yo por el contrario, era todo lo opuesto. En otro momento habría elegido un atuendo completamente diferente, pero al tener que pasar desapercibido para ese par tuve que ponerme algo que me cubriera parte de la cara y el cuerpo. Mis tatuajes obviamente no podían verse y había decidido algo radical: Mi cabello volvió a ser negro. Lo peiné perfectamente estilizado, echado hacia atrás. ¿Conocen el Fantasma de la Ópera* o alguna vez han visto la película o el musical? Bien, pues mi disfraz era precisamente ese. ¿Perfecto, no? La máscara blanca y perfectamente amoldada que cubría parte de mi cara dejaba solamente notar la mitad de ésta, incluso menos. Mi ojo izquierdo, parte de mi pómulo y mi boca salía a la luz, pero no me preocupé para nada; el cambio de color en mi cabello, ayudaba a camuflarme perfectamente. Nadie pensaría que fuera yo. Incluso Mia jadeó cuando me miró, estupefacta. La capa caía armoniosamente sobre mi espalda, hasta llegar a mis pies. El perfecto traje, parecido a un esmoquin, pero mucho más chapado a la antigua me hacía parecer un completo rompecorazones. Los guantes y el moño anudado en el cuello ayudaban a esconder mis tatuajes y las botas pulidas a disimular mi altura. Era simplemente el disfraz perfecto.
Sonreí mirándome al espejo, contento con lo que había hecho y Mia se posicionó a mi lado, tomándome del brazo.
—Será una gran noche —comentó, sonriendo a mi reflejo en el espejo. Correspondí la sonrisa y ambos volteamos en dirección a la puerta, saliendo por la misma.
La fiesta sería todo un éxito…
Y no me imaginaba de cuántas maneras podría serlo.
& Por Tom &
Me miré al espejo una vez más. ¿De verdad era yo? Andreas tenía demasiada imaginación y además había hecho un estupendo trabajo. Había logrado disimular mis trenzas en el hermoso sombrero de fiesta que llevaba. No era un disfraz en sí, era más bien un atuendo muy elegante de fiesta. Los guantes ocultaban mis manos y una máscara negra perfectamente adornada con cristales transparentes se amoldaba a mis ojos. La ropa no era menos ostentosa, me resulta un poco difícil describirla, pero era más bien antigua, como de gala. No tenía mucho color y eso me hacía ver más sobrio y elegante. Andreas había ido al límite en el camuflaje y había comprado además pupilentes para ambos, justificándose con que así sería mucho más difícil reconocernos. Además, se había pintado el cabello de un negro azabache, cosa que no me pareció muy bien del todo: Me hacía recordar a cierto hermano mayor en tiempos pasados. Mis ojos eran grises, y me combinaban perfectamente, apenas se notaba que usaba pupilentes. Los de él por el contrario, eran marrones. Mierda, sólo esperaba que no tratara de imitar a alguien en particular. Había decidio el color porque era el opuesto al suyo, así que discutí más con él, no le quedaba mal del todo.
Pasando a su disfraz, era simplemente sensacional. Decir que era extravagante se quedaba corto. Era nada más y nada menos que el Fantasma de la Ópera. Han visto la obra, ¿cierto?
La máscara cubría parte de su rostro, dejando solamente libre su boca, su ojo izquierdo y parte del pómulo. Su perfecto cabello (ahora negro) se encontraba perfectamente peinado hacia atrás y la capa y el resto del conjunto se amoldaba perfectamente a su figura. Estaba guapísimo, la verdad.
Mordí mi labio inferior y me acerqué a pasos cortos hacia él, decidio a tener un rapidín justo antes de irnos.
—Tom… —se quejó Andy, cuando estampé mis labios en su cuello.
— ¿Si…?
—No tenemos tiempo —murmuró, apartándome tiernamente—. Recuerda que no podemos arruinar esto —señaló nuestros disfraces y yo asentí con tristeza, tratando de que la erección de mis pantalones bajara súbitamente. Andreas volteó en esa dirección y rió entre dientes, arrodillándose. Mierda—. Aunque… un par de minutos no le hará mal a nadie.
Y entonces me bajó la cremallera y comenzó a darme el mejor sexo oral que había recibido en mucho tiempo.
Llegamos a la fiesta un poco tarde; el asuntito había tomado más tiempo de lo esperado. Por suerte, Bill nos había mandado mensajes de texto a todos para indicarnos que no nos veríamos dentro de la fiesta y que cada quien haría lo que le tocaba, sin excepción. Había declarado rotundamente que Andreas y yo no podíamos estar juntos, aunque tuviéramos los mejores disfraces del mundo y que “sería mejor que nos concentráramos en el plan y no en buscar un lugar para follar”. En serio, así lo había citado. Literal.
Escuché a Andreas bufar detrás de mí y decidí no voltear a verlo ni decirle nada sólo por si alguien nos estaba mirando. Pasó a mi lado dejando un tierno “te amo” en el aire y salió en dirección opuesta, buscando distraer a una parte de la fiesta. A mí me tocaba ir a hacer lo mismo, aunque en diferente dirección. Suponía que Bill nos había dicho eso para estar concentrado él, y no preocuparse de que nosotros dos estuviésemos follando en algún lado.
Comencé a caminar, tratando de maquinar un plan en mi mente para llamar la atención de algunas personas y servir como distractor para que Gustav pudiera hacer su trabajo, pero entonces recordé que Bill también había dicho que tendríamos que esperar un poco, porque comenzar a llamar la atención todos al mismo tiempo, sería demasiado obvio, así que seguí caminando, pero esta vez con la idea de encontrar a Cameron y tenerlo en la mira, mientras lograba formular otro plan para comenzar mi tarea. Sería una noche larga, de eso estaba seguro…
Aunque aún no sabía exactamente cómo.
& Por Mia &
Me sentía bastante estúpida caminando en tacones altos y con el mini-traje-enseña-todo que Bill me había conseguido. Tenía que impresionar a Georg, sí, pero no contaba con que casi todos los hombres de la fiesta, jóvenes y viejos voltearan a verme. ¿Tan tonta me veía que se burlaban internamente de mí? ¿O era tal vez que en realidad me veía sexy?
Seguí caminando por el lugar lleno de hombres lobo, brujas, enfermeras, calabazas, doctores, y vampiros, hasta que me encontré con uno en particular. Lo había distinguido por su larga y castaña melena la cual caía por sus hombros, perfectamente lacia. Sonreí para mis adentros y continué con mi paso firme hasta llegar a él. Sus ojos verdes destellaban con esa perfecta sonrisa y no pude evitar sentir escalofríos por todo mi cuerpo. Era guapo… Muuuuy guapo.
Sacudí lentamente mi cabeza para sacar ese pensamiento de ella, y seguir con mi plan, así que decidí inclinarme un poco sobre la barra, casi pegada a su lado y pedí un Martini, con la voz más sensual y seductora que salió de mi garganta. Magníficamente, mi presa volteó a verme y yo le sonreí de lado, tomando mi Martini después y di media vuelta, contoneando mis caderas, rogando porque los estúpidos tacones no me traicionaran y así mi cabeza no fuera a dar directamente hasta el piso.
Sentí unos pasos detrás de mí y giré ligeramente la cabeza, percibiendo una melena castaña. Bingo. Había sido más fácil de lo que pensaba.
Reí brevemente, sin que él pudiera escucharme a causa de la música y seguí caminando, ignorándolo por completo. Llegué hasta el otro extremo de la barra y me senté en un banco alto, echando mi cabello de lado, dejando que el escote de mi espalda deslumbrara ante la luz. Joder, era más buena en esto de lo que había imaginado. Volví a reír y le di un sorbo a mi Martini cuando esos ojos verdes conectaron con los míos. Entonces supe que todo sería mucho más fácil desde aquí.
— ¿Estás huyendo de mí? —preguntó el vampiro, sonriendo, dejando mostrar sus falsos y graciosos colmillos.
Reí por lo tonto que eso sonaba; de hecho hacía todo lo contrario y negué con la cabeza, tomando otro sorbo.
— ¿Por qué lo haría? —inquirí, ladeando mi cabeza, lamiendo con sutileza el filo de la copa en donde había dejado una fina capa de labial, casi imperceptible.
Georg sonrió, pidiéndole al barman una copa de vino (del más caro, cabe mencionar) y luego regresó su mirada a mí.
—No te había visto en la empresa de Drake. ¿Trabajas ahí, o alguien te invitó?
Mierda, esperaba cualquier pregunta menos esa. Comencé a ponerme nerviosa mentalmente, pero traté de controlarme. Sonreí, inclinándome más hacia él, con la copa de Martini haciendo lo mismo.
—En realidad yo… —Deslicé las palabras, mirándolo a los ojos. Sonreí un poco y me incliné más, dejando mostrar mi escote y dejando que el líquido de la copa se desbordara y fuera a dar directamente contra sus pantalones.
Dejé la copa sobre la barra y automáticamente me llevé las manos a la boca, abriendo desmesuradamente los ojos.
—Oh, lo siento tanto. Yo…
—No te preocupes —contestó, parándose rápidamente del asiento, tratando de limpiarse y esconderse de las miradas que ahora estaban dirigidas hacia él.
—Ven conmigo… —Lo jalé de la camisa hacia los baños. No era como lo había planeado desde un principio, pero era una distracción, ¿no? Esa pregunta me había dejado completamente fuera de juego y yo no iba a permitirlo.
Georg me siguió sin chistar y cuando llegamos al baño, comencé a bajarle la cremallera y desabotonar el único botón de su pantalón.
—Ahm, ¿en serio crees que es un lugar para…?
—Estás empapado —me defendí, sonriéndole todavía—. Trataré de secarlos —mis ojos se dirigieron hacia el secador de manos que había empotrado contra la pared y sonreí, sonrojándome un poco. Eso no lo había planeado.
—Oh, si, entiendo —Se mordió su labio, repentinamente apenado por su suposición.
—Mia —Reí por lo bajo, quitándole los pantalones—. Lo siento mucho de verdad. Por lo del Martini… —quise aclarar, volviendo a sonreír.
Él se quedó un poco embelesado conmigo y luego se dio cuenta que no tenía pantalones, así que enrojeció notablemente y buscó taparse sin mayor éxito con la capa atada a su espalda.
—Georg —dijo, refiriéndose a su nombre como yo lo había hecho anteriormente y me sonrió también, tragando saliva.
—Mucho gusto, Georg —Pude notar que mi voz no era normal, era más bien certera, sexy. Y eso le gustaba, a juzgar por sus reacciones.
Georg me miró sin decir nada más, como si todas las preguntas o comentarios se hubiese esfumado de su cabeza, entonces comprendí que nunca había conocido a alguien como yo y mucho menos de esta manera y eso era algo favorable, bastante favorable. Lo tenía en la palma de mi mano, el tiempo que yo quisiera… Y él me confesaría todo, mucho antes de lo que todos imaginábamos.
Sonreí con autosuficiencia para mis adentros, terminando de secar los pantalones negros del castaño. Esta noche el vampiro se había convertido en la asustada conejita y yo, me había convertido en el sediento vampiro.
& Por Bill &
Traté en enfocar mis pensamientos en el plan. En hacer que todo saliera a la perfección y poder finalmente tener de regreso la empresa para Tom, pero precisamente ese nombre no dejaba de dar vueltas por ahí. ¿Era tan difícil sacármelo de la cabeza?
Suspiré profundamente, dispuesto a seguir animando a la gente con mis bailes y bromas cuando miré a alguien en una esquina, divisando algo con cierta vehemencia. Nadie estaría tan enfocado en algo sino fuera parte del plan, así que supuse que por la forma del cuerpo, el porte y ese culito que reconocería entre 100, era Tom escondido en ese elegante traje de gala. Mmh… Se veía sexy.
Sonreí, luego de tomar un gran trago de tequila y caminé hasta su posición, sonriéndole con chulería. Él me sonrió de la misma manera y mordió su labio, acercando sus labios hasta mi oído. Mierda, era yo o… ¿Tomy estaba coqueteando conmigo?
—Andy, Bill nos matará si se entera de que estamos juntos. Debemos de mezclarnos, ¿recuerdas?
¡¡¡¡¡Jodeeeer!!!!!
¿Acaso Tom me había confundido con el zorrillo? Pero sí el parecido era absolutamente ilógico. ¿Cómo…?
—Vamos, Andy. No quiero problemas, ya tuve bastante con pintarte el cabello y usar estos estúpidos y molestos pupilentes al igual que tú.
Y entonces lo noté. Conecté mis grandes ojos con los suyos y noté un cierto cambio. Mierda, en verdad estaba usando pupilentes.
El zorrillo me había facilitado taaaanto las cosas. Sonreí de lado y alcé una de mis cejas, esperando que él no me descubriera.
—Por cierto, ¿a ti no te molestan los pupilentes? —No lo hizo.
Reí un poco, negando con la cabeza.
Le rogué a los Dioses del Olimpo que me ayudaran un poco, porque obviamente había algo que me podía delatar en un dos por tres: la voz. Así que me estiré hasta su oído y elegí susurrar:
—Me importa una mierda lo que Bill diga. Eres mío esta noche, Tom… Tom —aclaré la palabra, evitando decir “Tomy” y me golpeé mentalmente, rogando nuevamente que no me hubiese descubierto ni por la voz, no por la estúpida casi equivocación.
Él rió, enterrando su cabeza en el hueco de mi cuello, besando esa parte.
Oh, sí. Era completamente mío.
Mordí su oreja, metiendo mis manos por debajo de su camisa, él soltó un respingo y se despegó un poco de mí.
La fuerte música ayudaba a camuflar el tono de las voces, así que me animé a hablar un poco más fuerte, tratando de hacer la mejor imitación de voz del zorrillo. Pero él interrumpió mis sordas palabras y habló primero.
—Tenemos un plan. Tú mismo lo dijiste, no podemos echarlo a perder.
Joder, claro. El plan. Sabía que teníamos que continuarlo, pero también sabía exactamente cómo hacerlo, sacando ventaja de eso.
—Y lo haremos —imité, con la música ayudándome. Tom no pudo notar la diferencia de voz y sonrió apenas, entrelazando nuestras manos enguantadas. Agradecí eso.
— ¿Y cómo? Bill podría…
—Ya te dije que me importa una mierda Bill.
Volvió a reír y lo imité, jalándolo hasta la otra esquina de la pista de baile. Si los invitados querían show, eso tendrían.
Tomé a Tom de las caderas, comenzando a moverme al ritmo de la música. Muchos de los que estaban a nuestro alrededor nos veían con cierta incredulidad y lujuria. No sabía especificar exactamente cuál ganaba.
Sonreí, sin enseñar demasiado mis dientes y lo giré, evitando que nuestros ojos hicieran contacto; no era muy bueno en este momento.
Tomy tomó mis manos entre las suyas, restregándose contra mí. Cerré los ojos, dejándome llevar por la situación. Nada podría salir mal, a menos que él descubriera que no bailaba precisamente con su prometido. Aunque una parte de mí deseaba que supiera que lo estaba haciendo conmigo, y que también fingía, pretendía que yo era Andreas para no sentirse culpable.
Besé todo lo largo de su cuello, deleitándome con su aroma embriagador y sabor perfecto. Él soltó un gemido tan bajo que sólo yo pude escuchar y continuó con sus finos movimientos de caderas.
Deseaba tanto llevármelo a otro lugar para poder hacerle el amor, que gritara y disfrutara y se diera cuenta de que en realidad me amaba más a mí y no al estúpido zorrillo, pero entonces clisé mi mirada con la de Cameron.
Sí, Cameron nos observaba desde una esquina, al igual que muchos invitados, casi sorprendidos de nuestro baile erótico. Por suerte, no noté ni un atisbo de sospecha en su mirada y la desconecté.
Quería seguir de esa manera con Tomy, pero por otro lado sabía que el plan era otro y que ahora que habíamos llamado bastante la atención, era turno de alguien más, como por ejemplo Andreas.
Supe que estaba buscando a Tom (al contrario de mis advertencias) cuando lo miré desde lejos, poniendo cierta atención entre la gente. Decidí alejarme un poco de Tom para que Andreas se encontrara ahora con él. Ya tendría mi momento esta noche.
—Tengo que ir al baño… —susurré en el oído de Tom y él sólo asintió y siguió bailando.
La noche apenas comenzaba y yo particularmente iba a encargarme de que Tom jamás la olvidara.
& Por Tom &
Sentí unas manos amoldarse perfectamente en mis ojos enmascarados y entonces reí, sabiendo que Andreas había regresado del baño. No había demorado mucho, de hecho; pero eso me agradó.
—Entonces, señor elegancia, ¿se supone que debemos de hacerle caso a Bill? —preguntó cerca de mis labios, sonriendo ampliamente.
Negué con la cabeza, mordiéndome los labios.
—A la mierda, ¿no? —Reímos al mismo tiempo y estampé mis labios contra los suyos.
Andreas besaba tan bien…
Sonreí cuando rompí el beso, dejando una mordida en su labio inferior y lo abracé por la cintura, bailando un poco con él.
—Creo que tengo que dejarte un rato, amor —susurró contra mi oído, haciéndome estremecer.
—Pero… —Deslicé mis manos por su moño perfectamente atado y le hice ojitos de perro faldero para que no me dejara.
—Bill me acaba de mandar un mensaje; quiere que tenga en la mira a Cameron —dijo con mala cara, besando mis labios nuevamente—. Más al rato te busco —Sonrió con picardía y dio media vuelta para perderse nuevamente entre la gente.
Reí, deseando que regresara muy pronto y seguí caminando por el lugar, cerciorándome de que no estuviera pasando nada anormal ni fuera de lo cotidiano. Divisé a Cameron recostado en uno de los sillones rojos del fondo con un fuerte y guapo muchacho en sus muslos, moviendo sus caderas al ritmo de la música. Bueno, al menos alguien ya se estaba encargando de distraerlo; aunque no fuera parte especialmente de nuestro plan.
Sonreí, relajándome nuevamente y volví a sentir un aliento caliente chocar en mi nuca. Mierda, este hombre nunca me dejaría.
—Creí que habías dicho que…
—Bill se puede joder. No aguanté mucho lejos de ti —susurró, metiendo sus manos por debajo de la elegante camisa.
—Andy… —me quejé por lo frío de sus manos y él rió contra mi cabello, sofocando su sonido.
Tomé sus manos frías por debajo de mi camisa y se me hizo demasiado extraño sentirlas a esa temperatura… Andreas siempre tenía una temperatura corporal perfecta, y ahora estaba tan frío… Era raro, porque llevaba los guantes puestos, pero… tal vez había estado tomando bebidas con mucho hielo. No le di mayor importancia y acaricié sus manos enguantadas. Me volteé ligeramente para depositar un beso en sus labios y sentí nuestras bocas encajar a la perfección. Demasiado perfecto, de hecho.
Me removí un poco, frunciendo el ceño. Sus labios… sabían diferente. Lo miré directamente a los ojos de un color falso gracias a los pupilentes y pude sentir como se tensaba en el abrazo que nos seguíamos dando.
— ¿Qué estuviste tomando? —pregunté un tanto extrañado, acariciando su delicada cara.
Él pareció tragar saliva y sonrió de lado luego, dando otro beso en mis labios.
—Piña colada —dijo, sonriendo nuevamente.
Me sentí mareado. No sabía si era porque también estuve bebiendo un par de copas o por otra cosa… Era Andreas, pero… definitivamente había muy extraño con él. Se estaba comportando diferente, o tal vez era yo el que lo hacía bajo los efectos del alcohol.
—Creo que yo también —comenté riendo, besándolo una vez más.
Me encantaba besarlo, en verdad me encantaba, como nunca antes. Sentía sus labios tan finos, tan hermosos debajo de los míos que no quería dejar de besarlo nunca. Tal vez el alcohol me ayudaba bastante a desenvolverme en el ámbito sexual, o tal vez era otra cosa…
Sacudí un par de veces mi cabeza cuando rompimos el beso y traté de enfocar mejor. ¡Vamos, Tom, concéntrate! No puedes estar borracho ahora.
Andreas me miró, acariciando lentamente mis pómulos y luego se inclinó un poco, para besar mi frente.
—Creo que estás un poquito pasado, Tom. ¿Seguro que tomaste sólo piña colada?
Alcé mis hombros.
—No estoy seguro.
No me sentía verdaderamente perdido por el alcohol, pero tampoco podía decir que estaba completamente cuerdo.
Andy me sonrió, pegando nuevamente nuestros cuerpos y seguimos bailando, pero ahora más lento, sintiendo nuestro cuerpo perfectamente amoldado uno con otro.
—Quiero irme… —dijo, delineando el contorno de mi lóbulo con su lengua.
—Mierda, Andy, no hagas eso. No aquí —advertí, machacándome el labio inferior con los dientes—. Estamos llevando a cabo un plan, ¿recuerdas? No podemos…
—Ya te dije que me vale una mier…
—Bill confía en nosotros —solté, tratando de evadir el deseo desenfrenado que tenía de que me llevara a la parte trasera del salón y me hiciera el amor toda la noche.
—Cameron está seguramente follando en su casa con el moreno fuerte y guapo que tenía encima. Georg probablemente también esté follando con Mia en su departamento y Gustav está de incógnito, robando todo el material posible en la parte superior. Bill no nos necesita más, Tomm… Tom —volvió a querer tratar de dejar mi nombre así y no pronunciar el “Tomy”. Él nunca me decía así. Sabía que sólo Bill tenía esa costumbre.
Levanté mi ceja derecha, tratando de comprender por qué justo esta noche quería decirme así. Se había estado comportando demasiado raro. Primero el cabello negro, los pupilentes marrones y ahora esto… ¿Andreas tenía miedo de que yo cambiara mi opinión acerca de la boda y quería asegurarse buscando parecerse más a Bill? No lo sé, no podía saberlo, pero tal vez sí era eso.
Traté de no darle demasiada importancia, tal vez sólo quería meterse muy bien en su papel del fantasma de la ópera o sólo quería un cambio antes de comenzar su vida conmigo.
— ¿Estás seguro de que no hay problema por…? —Sus labios me callaron, besándome profundamente. Su lengua se deslizó dentro mi boca, acariciando fervientemente cada centímetro de ella y sus manos danzaban rítmicamente por todo mi cuerpo, tocando cara poro, haciendo que se erizara.
—Andy… —gemí, sin poder resistirme demasiado y entonces rompió una vez más nuestro beso. Entrelazó nuestras manos y me jaló fuera del salón, llevándome escaleras arriba—. Andy, espera… ¿aquí?
Él no respondió nada, pero yo decidí no quejarme más. La verdad era que yo tampoco podía aguantar mucho con la erección que ya se formaba en mi parte baja y creía que él tenía el mismo problema que yo.
Llegamos hasta la sala de modelos, cosa que me sorprendió bastante porque Andreas la cruzó sin ningún titubeo, como si se la supiera de memoria. Qué raro… Él no había pasado mucho tiempo aquí.
Decidí no pensar en cosas estúpidas. Y me concentré en moverme lo suficientemente ágil para no tropezar con las mesas, maniquíes y bancos que había esparcidos por todo el lugar. Llegamos hasta una pequeña sala, afuera de todos los camerinos de los modelos estrella de cada número de revista. Andy me soltó la mano por un momento y luego se sacó un pasador de la cabeza, metiéndolo en una de las cerraduras de los camerinos. Se me hizo muy extraño que estuviese cerrado, pero nuevamente omití preguntas e ideas estúpidas y lo seguí hasta dentro. Prendí la luz al entrar y miré todas las cosas que ahí había.
La ropa, el maquillaje, los marcos, la decoración, las fotografías…
Joder, era el camerino de Bill.
— ¿Cómo sabías…?
—Bill dejó aquí algunas cosas, ahm… —carraspeó, aclarando su voz. Ahora sin la música y las luces opacando mi vista y oído, se veía mucho más raro. Su voz no sobaba igual y su piel… Sus labios, sus pómulos, se veían muy diferentes. Joder, sí que estaba borracho…
Cerré fuertemente mis ojos, tratando de enfocar mejor. Decidí inspeccionar mejor su rostro, pero sus labios nuevamente me atraparon. Su cuerpo fue empujando débilmente el mío hasta caer en un sofá bastante amplio y cómodo y aprisionó mis manos detrás de mi cabeza, alzándose un poco. Comenzó a quitarme la camisa junto con el pantalón y metió sus manos desesperadas en mi bóxer, friccionando mi miembro ya erguido con la tela del guante.
Mordí mi labio fuertemente, reprimiendo unos cuantos gemidos, que después salieron sin remedio y moví mis caderas, necesitando más de su contacto. Abrí mis ojos, y él se inclinó rápidamente para volver a besarme, haciendo que yo los cerrara otra vez.
Sentí sus manos entre nuestros cuerpos y decidí bajar las mías para ayudarlo a quitarse también la camisa y el pantalón, pero él me detuvo y optó por dejarme solamente bajar su bragueta y deslizar parte de sus pantalones y boxers por sus piernas.
—Mmh, Andy… —jadeé cuando sentí su miembro erecto rozar mi entrada. Deseaba tanto que me la metiera de una vez, aunque doliera. Quería sentirlo ya dentro de mí, ¡quería que lo hiciera!— Vamos, amor. Hace tanto que no lo hacemos… Andy, hazlo ya.
Sentí su lengua acariciar mi abdomen, y succionar parte de la piel que ahí se encontraba. Su aliento caliente chocaba cerca de mi pene, haciéndome estremecer. Se había apartado de mi entrada, pero sus manos seguían acariciando mis piernas, y esa zona tan delicada.
Se incorporó encima de mí, dejando algunos besos esparcidos sobre mi pecho y volvió a rozar su dura punta contra mi entrada. Sentí un cosquilleo característico y me preparé mentalmente para tratar de no gritar demasiado y lograr que alguien nos descubriera. Apreté los cojines que tenía cerca de mí y ladeé mi cabeza, alzando un poco mis piernas. Su pene entró un poco, haciéndome gemir de puro placer. Quería que entrara más, que me llenara por completo, pero yo no estaba nada dilatado y por consecuente lo hacía más difícil.
— ¡Ah, Andy! —grité, cuando sus manos comenzaron a moverse rápidamente contra mi miembro, tratando de distraerme un poco. Arqueé mi espalda y Andy salió de mi cuerpo, aunque no hubiese entrado casi nada. Sus largos dedos comenzaron a escarbar dentro de ella, buscando que se dilatara más para dar espacio a algo más grande, mucho más grande.
Seguí deshaciéndome en gemidos sonoros, ahora sin importarme realmente que alguien nos escuchara. Tenía mucho tiempo sin tener sexo con alguien y ahora que estaba a punto de hacerlo con Andreas, ya nada me importaba más que eso.
—Mmhh, ahí, ¡más, amor! —Moví mis caderas en dirección a sus fríos dedos, ya liberados de los guantes y me aferré a sus caderas, todavía cubiertas por la tela.
— ¿Te gusta? —preguntó en un susurro, besando fugazmente mis labios.
Asentí varias veces, abriendo paso a que siguiera sus movimientos. Estaba tan excitado…
— ¿Te gusta…? ¿Te gusta, Tomy? —Y de repente, la excitación desapareció y un hueco profundo y vacío, como tratándose de un hoyo negro la sustituyó rápidamente.
Detuve mis movimientos, y abrí de golpe mis ojos, encontrándome con las luces directamente contra mi cara. Él detuvo sus movimientos dentro de mí y yo me alcé un poco, frunciendo el ceño, con el labio temblándome. Miré sus ojos, miré sus ojos tan profundamente que los míos comenzaron a emanar agua salada en un par de segundos, mientras mi cuerpo perdía todo el calor anteriormente obtenido y comenzaba a temblar, por diferentes razones. Tragué saliva, tratando de borrar el grueso nudo que se había formado en mi garganta, pero me fue imposible.
— ¿Cómo me dijiste? —logré articular, con mis labios todavía temblando a causa de los sollozos.
Los labios de Bill se abrían y cerraban casi al mismo tiempo, buscando palabras que no salían. Sus manos se deslizaron por la máscara que cubría parte de su rostro y entonces se la quitó.
Lloré con más intensidad, llevándome ambas manos a la boca. Nos miramos por unos cuantos segundos y entonces lo empujé lejos de mí, cerrando mis piernas, sintiéndome traicionado… ultrajado, violado… Recordando nuevamente esa primera vez… Esa noche en la que Bill me había quitado la virginidad a la fuerza, diciéndome que me iba a gustar, que me iba a encantar, preguntándome si me gustaba… utilizando ese maldito diminutivo que tanto odié por tanto tiempo.
Me levanté del sillón, tomando mi ropa, comenzando a ponérmela a velocidad de la luz. Seguía llorando, pero también de la rabia hacia mí, hacia mis reacciones y emociones, hacia lo que había sentido con su cuerpo contra el mío. Me sentía traicionado, sí… Pero me sentía más traidor. ¿Cómo mierda pude haber confundido a Andreas con Bill? Mierda, ¡era algo completamente imposible! ¡IMPOSIBLE! Yo los conocía perfectamente a los dos… Conocía sus besos, sus caricias, conocía sus palabras… ¿¡Cómo jodidos no me di cuenta antes de llegar tan lejos con Bill!?
—Tom… —murmuró Bill, tomándome ligeramente del rostro. Hizo que lo mirara a los ojos llorosos. Él también estaba llorando— Mírame… —pidió cuando me rehusé a mirarlo a los ojos y volteó delicadamente mi cara, conectando finalmente nuestras miradas—. Perdóname, Tomy, yo… —Suspiró, apretando sus labios, cerrando con dolor sus ojos por un momento, haciendo que más lágrimas brotaran luego de que los abrió— No… no puedes negar que aquí, ahora, sentiste algo… Querías estar conmigo, querías…
— ¡Porque pensé que eras Andreas, mierda! Yo quería estar con él… Quería que…
—No —dijo tajante, riendo con sarcasmo, sorbiendo su nariz al mismo tiempo. Quise zafarme de su agarre, pero él me sostuvo por los brazos, obligándome a quedarme—. Acepta que querías estar conmigo, Tom. Acepta que te mueres de ganas por seguir aunque sepas que soy yo. ¡Acepta que me amas, joder! Tienes tanto deseos como yo de hacer el amor ahora. Lo sé, lo puedo sentir, tú, tu piel, cada célula de su cuerpo me lo grita, Tom. No lo evites. Por favor, ya no más…
Y lo peor del caso era que tenía razón. Apreté mis labios con brusquedad por el coraje que sentía contra mí mismo. ¡Lo deseaba, maldita sea! A pesar de la frustración y enojo que sentía por él en este momento por haberme mentido, también sentía unas ganas inmensas de besarlo, acariciarlo, de dejar que me hiciera el amor ahí mismo. Dios, ¡quería que lo hiciera! En verdad lo quería.
Luché con todas mis fuerzas. Lo miré a los ojos, gritándole con estos que era verdad, que lo amaba, que nunca dejaría de amarlo, que quería sentirlo contra mí, dentro de mí.
—Dime algo —dijo en voz baja, mientras seguía apretando mis brazos con tanta fuerza, que seguramente al día siguiente aparecerían moretones y hematomas adornándolos.
—Te amo —dije, dejando que el agua siguiera descendiendo por mis mejillas. Noté su sonrisa intensificarse al escuchar eso y me tomó nuevamente del rostro, acariciándolo con vehemencia—. Te amo, Bill —Me abrazó con extremo cuidado, dejando varios besos cortos distribuidos por mi cabello. Sus brazos me envolvieron en un abrazo caliente y lleno de emoción.
Mi cabeza daba vueltas. Mi corazón estaba desbocado. Mi mente no sabía a ciencia cierta qué pensar, qué decir o cómo actuar. Mi cuerpo pedía a gritos jamás despegarse de él y al mismo tiempo me pedía alejarme. ¿Cómo luchar con el amor y el odio cuando los sientes al mismo tiempo tan intensamente hacia una sola persona?
—Pero también lo amas a él —finalizó contra mi cuello, dejando la frase en un susurro que el viento se llevó, haciendo que las mismas palabras resonaran una y otra vez en nuestros cerebros—. Dame una noche, Tom. Una noche para demostrarte que me amas más a mí —Se alejó un poco de mi figura para volver a conectar nuestras miradas y yo lo escuché, aunque sin entender realmente—. Sólo una noche… y después tomarás tu decisión —pronunció entrecortadamente—. Si decides casarte luego de eso, te juro que jamás volveré a meterme en tu vida, jamás. Tom, por favor, sólo… —Tapé sus labios, cortando sus palabras con mi dedo índice y sonreí con debilidad. Hice que apartara sus brazos de mi cuerpo y terminé de colocarme la ropa.
Él se quedó esperando por un momento mi respuesta. Me enjugué las lágrimas y lo miré directo.
—Le hice una promesa y no puedo…
— ¡A la mierda las promesas…!
—Déjame terminar, Bill —declaré, con la voz un poco más seria, sin llorar más. Él se calló, mordiéndose la lengua, dejándome proseguir—. No puedo traicionarlo de esa manera —tragué saliva. Él trató de decir algo más, pero levanté un dedo para hacerlo callar—. Me caso en una semana, Bill. Tienes una semana para hacerme cambiar de opinión —dije, mirando hacia todos lados, para no mirarlo directamente a él—. Sin engaños, sin mentiras, sin disfraces —Tiré la máscara blanca del sofá y lo miré finalmente—. Y Andreas tendrá también una semana para reafirmar mi decisión.
Él alzó una ceja, incrédulo. —Pero… ¿de qué hablas, Tom? ¿Tú le dirás lo que acaba de…?
—No voy a mentirle —sinceré, mirando hacia abajo, sintiéndome la peor persona del mundo—. Una semana, no más —finalicé, saliendo rápidamente del camerino sin querer mirar atrás.
Llegué hasta el departamento, encontrándome con Andy acostado en el sofá, con la boca media abierta y una fina hebra escurriendo por la comisura de sus labios. Me hizo reír un poco verlo así, tan vulnerable, tan sumido en su sueño y decidí no despertarlo. El sillón era bastante amplio, así que opté por acurrucarme junto a él y tratar de dormir un poco, aunque después de lo que había pasado esta noche no creía poder conciliar el sueño rápidamente.
Bill había actuado mal, pero una parte de mí no podía evitar sentir alegría. Alegría de saber que era capaz de hacer hasta lo imposible por conseguir una noche conmigo para hacerme cambiar de opinión. Pensaba que estaba seguro acerca de querer unir mi vida con Andreas para siempre, pero ahora… no estaba completamente seguro. Justo ahora me costaba trabajo tomar un decisión, y si lo poníamos sobre una balanza… Tal vez Andy no sería el ganador.
Después de todo, Bill y él siempre habían estado para mí en los momentos más importantes de mi vida, y sabía que mi decisión, sea cual sea la que tomara, no alejaría al otro de mi vida. Siempre los tendría a los dos, aunque no de la misma manera en que los quería. ¿Qué terminaría teniendo al final? ¿Un hermano despechado, pero dispuesto a verme feliz, o un mejor amigo dolido pero feliz porque yo también lo era?
Cerré mis ojos, abrazando a Andreas. Sus cabellos negros chocaban en mi cara y me hacían cosquillas, pero sin llegar a molestarme. Suspiré largo y tendido y decidí dormir, no preocuparme más y darle a ambos esa única semana de oportunidad.
Había sido una noche larga… demasiado, a mí parecer. Y aunque no hubiera sido como esperaba, si había estado llena de confusiones y soluciones.
Continúa…
Gracias por la visita.