«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 3. ¿Él me perdonaría?

—Simone, él no quiere verte. ¿No lo puedes entender?

Gordon había regresado sorpresivamente de su viaje y yo había ido corriendo a visitarlo, quería verlo y que me contara de todas las cosas que había vivido en Italia. Yo obviamente conocía Italia, pero me emocionaba el escuchar los relatos de mi padre, siempre le añadía un toque chistoso y a veces dramático. No estuvo en la pasarela de la noche anterior, pero no importaba, estaba ahora conmigo.

—Tengo que verlo, es algo importante. Gordon, por favor…

Y la estúpida de mi madre, había llegado de improviso a arruinar el momento. Estaba parada en el recibidor, tratando de convencer a mi papá de que me persuadiera para aceptar hablar con ella.

¿Quién se creía para venir a MÍ casa? ¿Quién cojones se creía para irrumpir así y exigir verme para hablar conmigo?

Apreté mis puños, conteniendo todo el enojo que se había acumulado durante todos esos años. Quería salir y golpearla, matarla con mis propias manos. Ella no era mi madre, era una maldita arpía egoísta que sólo pensaba en ella y en nadie más.

¿Ahora entienden cuando digo que las personas sólo se aman ellas mismas? Es la ley de la vida.

Me quedé apoyando mi oreja en la madera de la puerta, escuchando la pelea que tenían mis dos progenitores afuera.

¿Cómo es posible que Gordon la tenga ahí, parada y sólo le diga unas cuantas cosas? Si yo estuviera en su lugar, le reclamaría, le echaría en cara todo lo que nos hizo sufrir hace tiempo. Pero mi padre era muy estúpido, la verdad. Era demasiado paciente, demasiado inútil.

—Él no está.

— ¡No me vengas con eso, Gordon! No lo escondas, ¡yo sé que aquí está!

—Simone, no hagas las cosas más grandes, déjalo así.

— ¡Entiende! ¡Tengo que hablar con Bill! Es mi hijo también, ¡hazte a un lado! ¡Bill, Bill!

Y fue entonces cuando exploté. ¿¡Cómo coño se atrevía a decir que era su hijo también!? ¿Ahora venía a exigir sus derechos como madre? ¿¡Quién diablos creía que era!? ¡Maldita, maldita!

Casi me arranco los cabellos rubios de mi cabeza, cuando los jalé, haciéndome daño, pero nada me importaba en ese momento.

Pateé la puerta que me separaba de ambos adultos y salí hecho una fiera, enfurecido hasta la raíz del pelo.

—Si no mal recuerdo, fuiste tú —apunté con un dedo acusador, lleno de odio hacia ella— la que me dijo, la que me escupió en la cara que ya no quería verme más, que estaba muerto, ¿¡no es así, Simone!? ¿¡No es así!? ¿Eh?

Me planté delante de ella, mirándola superior, había crecido unos cuantos centímetros desde la última vez que la vi y ahora me sentía mucho más grande que ella, muy superior.

Soy superior.

Contuve las inmensas ganas que tenía de escupirle en la cara, romperle la perfecta nariz que me había heredado y estrujarle con fuerza el cuello hasta que dejara de respirar y sus ojos se fueran cerrando poco a poco, haciendo que los latidos de su corazón fueran disminuyendo hasta no bombear más.

—Hijo, yo…

— ¡Cállate! Tú no tienes derecho de venir aquí a gritar, ¡no tienes derecho de estar aquí! ¿Quién te crees que eres? No eres nadie, Simone, nadie.

—Bill…

— ¿A qué diablos vienes, eh? ¿Quieres dinero? —Saqué rápidamente mi cartera de piel, extrayendo unos cuantos billetes verdes— ¡Pues aquí lo tienes! —Le aventé a la cara todo el paquete de billetes que tenía en la mano. Observé como ella los dejaba caer y hacía amago de avanzar los escasos pasos que la separaban de mí—. Ni te atrevas —amenacé.

—Sólo vengo a hablar contigo, Bill. No pienso discutir, no quiero dinero, quiero nada más que me escuches —pronunció ya un poco más calmada.

Yo por el contrario, estaba hiperventilando, con las venas marcándose en mis sienes y brazos, mis puños cerrados, haciendo que mis uñas largas provocaran leves cortes en las palmas de mis manos.

—Lár-gate —dije apenas, todo el coraje se encontraba atorado en mi garganta.

—Bill —Gordon me tomó del hombro, dándome su apoyo, como siempre—. Creo que tienes que tranquilizarte primero. Simone —dijo dirigiéndose a ella—, ¿podrías esperar un momento?

Simone asintió y se sentó en el sofá, cruzada de piernas. Ojalá así se hubiera quedado antes de procrearme.

Gordon me tomó por el brazo, jalándome hacia el vestíbulo, varios pasos lejos de mi madre.

—Bill…

—No quiero escuchar nada que esa señora tenga que decirme, además se me hace tarde; hoy en la noche tengo una junta muy importante —contesté cruzándome de brazos. No estaba tranquilo, nada tranquilo—. ¿No te das cuenta? Ella siempre nos ha manipulado, siempre ha conseguido todo lo que ha querido, Gordon, ¿¡por qué estás tan ciego!?

—Es tu madre.

— ¿Y? ¿Ya se te olvidó toda la mierda que nos hizo vivir? ¡Nos dejó por irse con su amante! ¿Y ahora la ves de nuevo y estás así, tan tranquilo? No sé cómo le haces…

—Hablas de ella con tanto odio…

—Porque lo tengo, tengo un odio horrible hacia ella —dije completamente seguro—. Yo nunca tuve un madre, y ahora menos.

—Tal vez tenga que decirte algo importante.

¡Gordon estaba empezando a tocarme lo huevos! ¿A mí qué coño me importaba eso? ¡No quería oírlaaaaaa!

Viré los ojos, buscando una salida, cualquier excusa que me librara rápidamente de eso.

Fallé.

—No.

—Bill, por favor. ¿No quieres saber nada de Tom?

Tom…

Volví mis ojos hacia él, frunciendo levemente el ceño.

— ¿Qué tiene que ver Tom con esto?

— ¿No has pensado que a lo mejor venga a hablar contigo de tu hermano? ¿Y si le pasó algo? ¿Y si…?

Tom…

— ¿Qué? No, no creo. No me importa —dije no muy seguro.

Tom…

La verdad sentía algo de curiosidad por saber qué era del enano. Pero hablar con Simone era algo que me provocaba vómito. ¿Me iba a arriesgar?

— ¿En serio? —preguntó mi padre, enarcando una ceja, con un tono sarcástico. Me conocía muy bien.

—Creo que… —Me calmé un poco, respirando hasta diez— Vale, lo haré.

Gordon 1. Bill 0.

Mi padre ensanchó su sonrisa, enseñando sus dientes perfectamente blancos, pero algo deformes. Herencia hacia mí. Gracias, Gordon.

Salí del vestíbulo a pasos pequeños, no quería llegar hasta a ella, pero la curiosidad me comía. No soy chismoso, y mucho menos me importa lo que tenga que ver con Tomy, simplemente tenía curiosidad.

Me senté al frente de ella, cruzando también mis piernas, mirándola fijamente desde mi posición. Simone sonrió falsa, como siempre, y se incorporó, inclinándose levemente hacia mí.

— ¿Qué tienes que decir? Hazlo rápido, no tengo mucho tiempo.

—Me gustaría hablar contigo calmadamente, hijo.

—No me llames así —sentencié con voz dura, gruesa.

Ella tragó saliva y carraspeó un poco.

—Bill —Asentí ante su mirada y ella decidió continuar—. No es muy simple lo que vengo a decirte…

— ¿No puedes ser concisa? Estoy seguro de que encontrarás la forma —Sonreí amplio, recordando exactamente sus palabras: Es simple Bill, quiero que te largues, tú no eres más mi hijo, estás muerto para mí.

—Esta vez no.

— ¿Esta vez? —Reí irónicamente— Vale, habla ya, tarda lo que quieras, al fin y al cabo no escucharé nada.

Tronó algunos de sus dedos y se acomodó en su asiento.

—No sé cómo empezar… —Volvió a carraspear— Lo siento.

¿Que lo sentía? ¿¡Que lo sentía!? JÁ.

— ¿Ahora lo sientes? A ver, déjame preguntarte algo: ¿Por qué hasta ahora?

—Estoy arrepentida, Bill.

Reí estruendosamente, estirando mis piernas mientras me enderezaba, mirándola a los ojos.

— ¿Arrepentida tú? Tú no sabes qué es el arrepentimiento, Simone.

Bajó la mirada. Sabía que tenía razón. Había venido por algo más, no tan sólo porque estaba arrepentida y quería mi perdón.

—Estoy siendo sincera contigo —Me miró. ¿Cómo se atreve a mirarme la desgraciada? —. Jörg…

—A él mejor ni lo menciones —Apreté la mandíbula, haciendo que unos cuantos dientes crujieran en el acto.

—Él no quería que viniera.

—Le hubieras hecho caso Simone —Reí—. Siempre le haces caso, ¿no es así?

—Bill yo —Dejó salir una pequeña lágrima, casi invisible. Hipócrita— estoy muy mal.

— ¿Mal? —pregunté con desdén; me importaba un bledo cómo estuviera.

—Me estoy muriendo…

Oh.

Silencio.

Silencio.

La miré con el ceño fruncido, tratando de analizar cada expresión de su rostro. No encontré nada más que tristeza, incluso algo de miedo. No mentía, al menos no con la confesión que acababa de hacerme.

¿Muriéndose? Tampoco es como si me importara mucho. Mi madre nunca había estado para mí, la necesité mucho pero en realidad nunca tuve su completo cariño y su completa atención, siempre había puesto en primer plano a Tom, incluso a Jörg. Ahora que me había dicho eso, no era muy diferente. Se iba a morir, ¿y qué? Todos morimos algún día.

— ¿Qué tienes? —Fue lo único que pudo salir de mis labios en ese momento.

—Prefiero no hablar de eso —Negó, suspirando después—. Quiero enmendar lo que hice, Bill.

— ¿Y qué pretendes hacer? Ya no tiene arreglo, Simone. Y si vienes aquí a pretender que yo te perdone y olvide todo, a que disfrute de tus últimos meses o años de vida, estás muy equivocada, porque no lo haré —solté sin más. No tenía la intención de hacerme el hipócrita con ella, y mucho menos de perdonarla.

—Sé que cometí errores, ¡pero no soy perfecta, Bill! —Se paró del sofá y comenzó a caminar por la sala, dando vueltas.

—Eso lo tengo claro —contesté, rascándome el mentón—. Y es obvio que yo tampoco lo soy. El incesto es una imperfección, ¿o me equivoco? Es una aberración, de alguien enfermo, ¿no?

Ella tapó su cabeza, haciendo presión en sus sienes, cerrando débilmente los ojos. Era obvio que el tema le incomodaba de sobremanera y yo lo sabía.

Había encontrado el pretexto adecuado para que se fuera de una vez: Hablar de mi antigua relación con mi hermano.

—No quiero hablar de eso.

— ¡Pues yo sí! —dije parándome de mi lugar rápidamente, plantando mis pies fuertemente sobre el mármol— Tuve relaciones con mi hermano menor, tuve sexo puro y duro con él, lo besé, lo toqué, se la metí por atrás…

— ¡Bill, cállate! —Cerró aún más fuerte sus ojos, sacudiendo su cabeza en forma de negación— ¡Cállate!

—Y a él le encantaba, Simone. Siempre me pedía más, siempre quería más —seguí, sonriendo de lado, cruzando mis brazos.

—Él era un niño inocente, ¡y tú…!

— ¿¡Yo qué!? ¿Crees que lo violé? ¿Crees que yo abusé de tu hermoso y tierno hijo?

— ¡Bill, tú…!

— ¡No es verdad! —Grité, alzando mis brazos, para después darle una fuerte patada a la mesa de centro que se encontraba ahí— ¡A Tom le gustaba que lo hiciera! Él era el que me lo pedía, ¡él era el que estaba enamorado de mí!

— ¡Tú lo has dicho! —Gritó igual, mirándome por fin a la cara— ¡Él te amaba! Él estaba de verdad enamorado de ti… —Sollozó, tapando su boca, produciendo sonidos que chocaban contra la piel de su mano.

— ¿Eso crees? ¿Crees entonces que yo tengo la culpa total de lo que pasó? —La miré estupefacto. ¿Entonces por qué coño corrió al enano de la casa también? No entendía una mierda.

—Sí —soltó.

Vaya. El malo soy yo. Claro.

—Pues te equivocas una vez más, mamá —dije, haciendo énfasis de una forma irónica en la última palabra. Ella me miró con una ceja alzada, sus ojos estaban mojados, llenos de lágrimas a punto de escurrirse por sus pómulos—. ¿Quieres en verdad saber por qué lo hice? ¿Quieres saber por qué me dediqué a enamorarlo? —Sí, estaba a apunto de escupir todo el veneno que poco a poco estaba comiéndome. Estaba a nada de decirle toda la verdad. Lo haría. Lo haría— Porque…

— ¡Bill, basta! —Gordon interrumpió.

¡Jodeeeeeeer!

Lo fulminé con la mirada, estaba seguro de que si mis ojos fueran pistolas, ya lo hubiese matado.

— ¿¡Quieres callarte!?

—Bill… —Me miró con los ojos muy abiertos, haciendo un leve movimiento con la cabeza para que me calmara.

Gordon lo sabía. Sabía prácticamente todo. Lo esencial por así decirlo. Lo supo desde un principio, pero no hizo nada para detenerme. Él sabía mis motivos y razones para irme a vivir con la familia Kaulitz. Él había incluso aceptado que me cambiara el apellido, para ser un Kaulitz también, para encajar con ellos. Además, mi apellido original no me gustaba del todo. Trümper. No sonaba bien. Kaulitz era un apellido más elegante, a pesar de odiar esa familia, el apellido me gustaba. Me definía. De todos modos, era igual a ellos, ¿no? Falso, convenenciero, sólo pensaba en mí.

Creo que el destino nos cambió los papeles. Yo tuve que haber sido un Kaulitz desde el principio, y por el contrario, Tom tuvo que haber sido un Trümper.

Pero como he dicho antes, la vida sería aburrida si fuera fácil.

— ¿Estás seguro de lo que quieres hacer, Bill? Lo lastimarás. Es apenas un niño…

— ¿Crees que eso me importa? Lo odio y quiero hacerlo sufrir, papá. Se lo merece.

—Él no tiene la culpa de nada. Ni siquiera lo conoces.

— ¡Me quitó a mi mamá! —grité ahogando un sollozo, mordiendo ligeramente mi labio. Mis ojos estaban empañándose, amenazando con comenzar a soltar agua.

Gordon suspiró, bajando la mirada.

Yo sabía que no estaba del todo de acuerdo, pero era su hijo y me apoyaría.

—Sólo espero que no te arrepientas luego.

—No lo haré —Sorbí mi nariz, limpiando con mi antebrazo algunos fluidos que residían en mi cara.

Me mordí la lengua para acallar mis deseos de gritarle todo en la cara a Simone. No era el momento, todavía no. Tenía que esperar…

Simone volteó hacia Gordon y luego devolvió su mirada todavía cristalina hacia mí.

—Dilo —Tragó saliva, acomodando su saco—. Dilo, anda. Quiero saberlo.

Negué frenéticamente, apretando nuevamente mis puños y Gordon tomó del brazo a Simone.

—Quiero que salgas —le dijo, jalándola suevamente hacia la puerta—. Bill necesita procesar todo lo que le has dicho, Simone. No está bien…

—Pero…

—Por favor —Gordon le susurró algo al oído, inaudible para mí, y ella me miró, asintió—. Vuelvo otro día —dijo para después salir por la puerta, cerrando suavemente.

¡Joder!

.

Por Tom.

El modelo que había pedido para el nuevo número de la revista, era perfecto. Se parecía mucho a él, tengo que admitirlo.

—Tom, él no es Bill… —Andreas observaba al chico en cuestión, tocándose levemente el mentón— ¿Por qué si tanto lo odias buscas a alguien tan parecido a él para ser el siguiente modelo de lanzamiento?

— ¿Te interesa el por qué?

—La verdad sí.

Jajajaja, lo sabía.

—Andy, fue inspiración, nada más. Lo recordé y dibujé su ropa y su tatuaje en el boceto. Nuestra revista es de moda, ¿no?

—Pero…

—Nada. En éste ejemplar quiero que salga la moda gótica, algo de punk y por supuesto quiero plasmar las diferentes modas de ellos, los tatuajes, los piercings…

—Tom, es algo totalmente diferente a lo que hacemos. ¿Crees que en verdad funcione? —Cruzó sus brazos sin dejar de ver al modelo.

—Estoy seguro, confío en que así será.

La revista no tenía nada que ver con lo que yo quería sacar, pero una renovación era algo necesario, algo que podría ser un empujón hacia otras modas más raras.

Ya había hablado con Sebastian y él estaba completamente de acuerdo, me había dicho que era una oportunidad para conquistar otros horizontes y que debía de confiar en mi instinto.

Sonreí al mirar la escenografía y suspiré ligeramente. Esperaba con ansias ver la revolución que haría este número. Era algo diferente.

Giré sobre mis talones y me dirigí hacia la sala de moda, donde estaba la ropa, los zapatos, accesorios, y todo lo que pudiéramos necesitar. Observé a mí alrededor y como lo presentía, no teníamos el equipo suficiente para lo que yo quería, debía encargarme de eso.

—Cameron —me dirigí hacia el diseñador—, necesito que me ayudes a conseguir el material que necesitamos.

—Claro, Tom, estoy en eso. De hecho, acabo de hablar con Blake Füller, un diseñador de Europa. Platicamos del tema que quieres sacar en la revista y está muy emocionado, este es su estilo principal y aceptó ser mi mano derecha para vestir a los modelos —Sonrió ampliamente, con sus manos puestas en su cintura.

—Oh, vaya, veo que estás un paso delante de mí.

—Ése es mi trabajo, jefe —Rió por lo bajo y asintió—. Aparte, Blake dice que me tiene una enorme sorpresa: Un modelo muy famoso de allá, que es de éste estilo. Y estaba pensando… —arrastró la última sílaba y prosiguió— Él podría ser un buen inicio para el número, Tom; es famoso en Europa y estoy seguro de que puede traspasar las fronteras que queremos. ¿Te imaginas llevar la revista hasta Europa? —Preguntó algo emocionado— Sería genial.

— ¿Y cómo conoces a ése diseñador?

—Cuando estudié allá. Él estaba también en mis clases y nos hicimos amigos. Luego yo decidí regresar a Nueva York y él prefirió quedarse para probar suerte allá. Por lo que me ha contado —Suspiró—, no le ha ido del todo bien, por eso quiere venir, tal vez así pueda tener éxito aquí.

—Me parece muy bien —Asentí con una sonrisa de oreja a oreja—. Si dices que es de tu confianza, entonces está perfecto, Cam.

—Gracias, Tom. En verdad gracias. Te prometo que haremos lo mejor para que el próximo número sea todo un éxito.

—Eso espero —Miré a mí alrededor, sonriendo todavía.

Cameron dio media vuelta y siguió con su trabajo.

Algo me decía que todo estaría bien.

Salí de la misma manera en la que entré y me interné en el despacho de Sebastian luego. Quería hablar con él de temas personales, la revista podía esperar, teníamos tiempo y todo estaba resultando como yo lo planeaba.

Era imposible que algo saliera mal.

.

Por Bill.

Estacioné mi Audi Q7 afuera de la empresa de modelos en donde trabajaba Blake. Después de tener la odiosa plática con Simone había decidido ir, tenía que despejarme, pensar en otras cosas. Trabajar en una revista de Nueva York era algo importante para mi carrera y tenía muchas ganas de hacerlo.

Me bajé y caminé a paso lento hasta el recinto, me interné y finalmente después de unos minutos, me encontraba sentado en una de las sillas giratorias de la sala de juntas. A mi lado estaba Georg, se le notaba la emoción en el rostro a kilómetros de distancia. Enfrente teníamos al jefe de Blake y a su lado izquierdo se encontraba el mencionado anteriormente.

—Bien, chicos. Ayer por la tarde hablé con un amigo mío, diseñador de modas de la revista más famosa en Nueva York —Carraspeó un poco y dirigió su mirada hacia nosotros—, me dijo que estaría complacido de que yo trabajara junto con él, al parecer la revista está sugiriendo un cambio de imagen y necesitan de mi colaboración —Ensanchó su sonrisa. ¿Y ahora por eso ya comenzaba a alardear? Já—. Les llamé porque quiero que vayan conmigo.

Georg y yo nos miramos uno al otro, formulando miles de preguntas sin respuesta con esa simple mirada cómplice.

— ¿Nosotros? ¿Te refieres a los dos? —preguntó finalmente Georg, acomodándose en su asiento.

—Sí, Georg. Los quiero a los dos. Sé que es algo repentino, pero creo en verdad que serán de gran ayuda para la revista.

— ¿Y por qué lo crees?

—Le platiqué a mi amigo sobre ti, Bill —Pasó su mirada hacia mí—. Y me dijo que eres justo lo que necesita. Le quedas como anillo al dedo.

— ¿Y yo qué tengo que ver con eso? —cuestionó entonces mi amigo, o más bien dicho, compañero de trabajo.

—Bueno Georg, creo que es una oportunidad también para ti. Estás comenzando y como les dije ayer, pienso que un empujoncito te servirá de mucho —El jefe de Blake no decía nada, parecía incluso que no estaba presente—. Y necesito a un ayudante, no puedo llegar solo y con mis cosas a esa revista, necesito obviamente una mano derecha —Sonrió.

Lo sabía. Él no quería a Georg como modelo, le estaba lavando el cerebro para que aceptara irse y allá terminaría siendo su achichincle, su gato, su mandadero en pocas palabras. Astuto.

No quise meterme, Georg era un compañero, pero la verdad, no me importaba. Si aceptaba, estaba bajo su propio riesgo, y se merecería todo por soñador y no saber distinguir bien las cosas. Pobre.

El susodicho se limitó a asentir y supe entonces que Blake tenía las de ganar.

—Bien, no esperaba menos de ti. Ahora, Bill, ¿tú qué dices?

Lo pensé por un momento. Era una oportunidad de oro, no podía negarme, iba a ir por todo.

—Está bien, Blake. Acepto.

— ¡Perfecto! ¡Partimos mañana mismo hacia Nueva York para comenzar con todos los preparativos! —Se levantó de su asiento, con la felicidad desbordándose por sus poros y palmeó el hombro de su jefe, el cual sólo sonrió y me miró fijamente. Lo ignoré olímpicamente e imité el gesto de Blake.

—Si no hay nada más que decir, me retiro —dije mirándolos a todos—. Con permiso —Y salí, sin despedirme cordialmente de nadie. No lo necesitaba.

Cuando volví a casa, mi padre ya se encontraba dormido.

Tenía muchas ganas de contarle todo lo que había pasado, iba a irme y estaba emocionado, ¡por fin iba a salir de Alemania!

Decidí dejarlo descansar y me acomodé en la que antes era mi recámara. Podía vivir cómodamente con él, pero no me apetecía el hecho de tener que estar dándole cuentas a alguien. Prefería vivir solo y así hacer lo que yo quisiera sin estar soportando caras de alguien. Además, la suite que tenía en el hotel cinco estrellas, era perfecta.

Entré a mi antiguo cuarto, y miré a mí alrededor. Algunos pósters de Placebo y otros de Green Day, incluso uno viejo de Nena, seguían pegados. Gordon no había tirado nada, todo continuaba intacto, como si todavía estuviera viviendo ahí.

Recuerdo que me sentí un poco triste cuando me fui de la casa, Gordon lloraba y me abrazaba fuertemente y yo sólo correspondía el abrazo, pero sin soltar una sola lágrima. A él le había dolido más que a mí, definitivamente.

Me recosté en la cama, vestida con sábanas naranjas, mi color favorito. Cerré mis ojos, estaba cansado y necesitaba dormir. Tenía muchos pensamientos dando vueltas en mi cabeza y no quería seguir pensando, quería simplemente desconectarme.

Simone se iba a morir… Mi madre estaba dando las últimas. Quería decirme algo más, pero no había terminado la conversación. ¿Qué sería? A lo mejor tenía noticias de Tomy.

¿Y si algo malo le pasaba? ¿Qué tal que estaba gravemente herido y por eso ahora ella se arrepentía? A lo mejor era drogadicto o estaba internado en algún psiquiátrico. A lo mejor… Estaba muerto.

Sacudí levemente mi cabeza.

¿Pero qué cosas dices, William? ¿Tomy muerto? ¿Acaso perdiste la razón? Es algo imposible. Simone me lo habría dicho, ¿verdad? No estaría tan tranquila. No. NO. La que se iba a morir era ella, no Tom.

Suspiré y me senté en la cama, sacando el mechero y la cajetilla de cigarros de mi bolsillo trasero. Lo prendí y me perdí en el aroma del tabaco, embriagándome de su olor. Un olor a bueno, puro, un olor entre amargo y dulce, un olor que me recordaba tanto a él… A su piel cálida y tersa, a sus labios fríos y rojos, a sus ojos marrones… Era como estar con él en ese momento, recordando lo que había vivido en un pasado.

Pero el pasado es pasado, y nada se puede hacer para volver a vivirlo, el presente es el que cuenta. No puedes reprocharte ni arrepentirte por tus errores, ni mucho menos culpar a alguien más. Las cosas que hacemos, definen nuestro destino, nuestro futuro y nadie nos obliga a hacer cosas que no queremos hacer, es simple. Tanto Tom, como Simone, Jörg y yo, habíamos cometido errores, unos peores que otros, pero errores finalmente. Yo no creo en el arrepentimiento y mucho menos en el perdón. Para mí, el perdón no existe. No sé perdonar y no me importa, porque sé también que no merezco el perdón de nadie, y está bien, no me preocupa eso.

—Bill, ¿me vas a amar siempre, verdad? ¿Nunca te separarás de mí?

—Nunca, enano. Yo te voy a amar siempre, no lo dudes ni un segundo.

Tomy suspiró en mi pecho, abrazándose más a mí. Deposité un casto beso en su frente y cerré mis ojos.

Y sin querer, tenía una simple pregunta nadando entre mis pensamientos. ¿Él… me perdonaría?

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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