
«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 30. Difícil decisión
Luego de una mágica noche a lado de Bill, tenía que regresar con Andreas. No nos habíamos besado, ni tocado más allá de pequeños roces con las manos y arrumacos mientras estábamos abrazados; cosa que valoré mucho ya que Bill sabía perfectamente cómo me sentía al respecto.
Abrí la cerradura de la puerta del apartamento que mi hermano me prestaba a mí y a mi prometido y me interné, dejando la chaqueta y llaves sobre la mesa más cercana. Encendí las luces y Andreas yacía acostado en el sillón, con la boca entreabierta, ojos cerrados y su pecha bajando y subiendo con regularidad: estaba dormido. Respiré tranquilamente al saber que esta noche no pelearía con él y me aproximé hasta su figura, pasando algunos mechones de su cabello detrás de su oreja. Apenas pude darme cuenta que la cima de esta volvía a ser rubia, y su cabello volvía a la normalidad, para ganarse nuevamente el apodo que Bill le había dado: zorrillo.
Debo de admitir que al principio me enojaba, pero poco a poco le fui agarrando cierta diversión al apodo y es que si te pones a pensarlo detalladamente, en realidad sí parece zorrillo jajaja.
Besé su nariz tiernamente y le traje una cobija para resguardarlo del frío. Él se acurrucó con ella y sonreí. Me dirigí a la habitación; en realidad no quería dormir con él, así que preferí hacer eso.
A la mañana siguiente, Andreas no se encontraba por ningún lugar del departamento. Tal vez todavía se encontraba un poco molesto y había preferido irse desde temprano a la empresa.
Suspiré para mí mismo y miré mi celular. La pantalla estaba prendida y varias notificaciones la adornaban. Unos cuantos mensajes de Facebook y Twitter y además tenía un correo de voz. ¿De quién podría ser? Desbloqueé el aparato y le di click al ícono de llamada de voz, para así escucharlo.
Era Andreas, diciéndome que en cuanto despertara fuera al parque más cercano, el que ambos conocíamos, que no necesitaba llevar más que mi presencia y que fuera rápido; él me estaría esperando.
Entonces no estaba en la empresa. ¿Para qué quería que fuera al parque? ¿Tramaba algo?
Fruncí un poco el ceño luego de escuchar el mensaje, alcé mis hombros y obedecí. No podía ser nada malo, ¿cierto?
Llegué al parque acordado y miré a Andreas sentado en una banca muy cerca de la única fuente. Seguí caminando hasta llegar a su posición y le ofrecí una sincera sonrisa, él devolvió el gesto, invitándome a sentar a su lado.
—Buenos días —saludó, besando mi mejilla. Me extrañó muchísimo que lo hiciera, ya que siempre me besaba en los labios, pero podía entender que también estaba dolido y confundido, mucho más que yo.
—Hola, Andy —dije, tratando de no llorar. Sentía que la brecha que nos separaba cada vez se iba haciendo más y más ancha y no podía hacer nada para impedirlo. Suspiré por un momento y luego lo miré otra vez—. ¿Quieres decirme algo en especial o solo…? —dejé la pregunta en el aire, esperando ser interrumpido por sus palabras. Él me tomó la mano y la besó, sonriendo en el acto.
—Sé que me pediste esa semana para aclarar tus sentimientos, y sé también que ayer saliste con Bill —pronunció, con un dejo de malestar en cuanto salió el nombre de mi hermano. Yo asentí, mordiéndome los labios por dentro—. Entonces hoy es mi oportunidad, ¿no? —Rió, acariciando mis manos y no pude evitar tranquilizarme. Esperaba que me mandara a la mierda, gritándome todo lo que me merecía, pero no había sido así y eso me quitó un gran peso de encima.
—Sí, Andy —Besé yo ahora su mejilla, sonriendo, sintiéndome mucho más aliviado—. ¿Qué quieres que hagamos?
—Bueno, primero que nada… Hablé con Drake —enfatizó, cambiando un poco su semblante a uno más serio—. Sabe que estamos a nada de descubrir a Cameron y me dijo que tenemos su apoyo incondicional. Sabe que recuperaremos la empresa en muy poco tiempo y me dijo que no es necesario que sigamos yendo a Glow como empleados. Relativamente ya somos sus socios, así que, bueno…
— ¡Eso es genial, Andreas! —Solté, abrazándolo con fuerza—. Con todo lo que tengo en la cabeza, unos días de descanso no me vendrán mal… —comenté y él asintió, estando completamente de acuerdo conmigo.
—Bueno, y ahora sí a lo que venías. Te tengo una sorpresa —anunció, sonriendo ampliamente. Se veía tan lindo sonriendo así…
—Dime —Lo miré directamente a los ojos y él suspiró, para luego tomar mis manos con una de las suyas y levantar la otra, como en señal hacia alguien. Miré a mí alrededor y pude ver a unas figuras moviéndose hacia nosotros.
Traté en enfocar mejor para ver si reconocía a alguno de ellos… Y… ¡oh por Dios!
Me llevé ambas manos a la boca, completamente emocionado. ¡Pero si eran los chicos de Bang 71! ¡Mi banda favorita! Los amaba desde que tenía catorce años y uno de mis más grandes sueños era conocerlos. Desafortunadamente se habían separado mucho antes de que yo llegara a vivir a NY, así que nunca tuve la oportunidad de verlos tocar en vivo ni de conocerlos en persona. Miré a Andy con el agradecimiento latente y lo abracé con todas mis fuerzas, emitiendo débiles “gracias, gracias” a cada segundo.
—Sé que uno de tus sueños siempre ha sido poder conocerlos y bueno… aquí están —Sonrió al igual que yo y antes de que me soltara para que yo fuera con los chicos me dijo—: Quiero pasar toda mi vida a tu lado Tom, para que así como este, pueda seguir cumpliendo todos tus sueños…
Lo miré con los ojos acuosos. Andreas de verdad sabía cómo y dónde darme (sin malpensar) para dejarme desarmado. Y es que… ¿qué podía responderle yo? ¿Cómo iba a compensar todo esto en un futuro? Asentí, ahora sí besando sus labios y limpiándome los ojos y casi corrí hasta llegar con los chicos de Bang.
El día transcurría con normalidad. Luego de haber conocido a mi banda favorita gracias a Andreas y haber acordado citas con ellos; para que promocionaran su reencuentro, en la revista, mi prometido y yo nos habíamos ido a comprar algunas chucherías y rentar algunas películas.
Justo ahora nos encontrábamos tirados en el piso de la mini-sala, con sábanas por todos lados, en bóxers, y palomitas, papas y refrescos rodeándonos. La película que habíamos puesto se llamaba “Votos de amor”. Sí, algo demasiado cursi, pero que nos tenía embobados en la trama. Era una pareja muy feliz, hasta que un día, la chica sufrió un accidente que la dejó con pérdida de memoria. No recordaba haberse casado con el que era su esposo y entonces decidió regresar a su vida de antes, dejándolo. Era bastante triste la verdad, pero como toda película de Hollywood e historia de amor, tenía que acabar en algo bueno y feliz. No recuperó la memoria, pero tomó las mismas decisiones que había tomado años antes y así ella y su marido volvieron a estar juntos. Al final pasaron la foto de la pareja real, porque según esto, todo estaba basado en ellos…
Me pregunto si alguien escribiría una película basada en mi historia de “amor” con Andreas y Bill… Reí por lo estúpido que eso sonaba. No creo que a alguien le gustara ver tanto drama, sexo, muerte e incesto juntos. ¿O si?
— ¿Sabes qué? Eso fue demasiado cursi incluso para ti —Rió Andreas, pegándome con un cojín. También reí, pegándole con uno y pronto comenzamos una guerra de almohadas. Esto me recordaba tanto a ese día en el que nos besamos por primera vez…
Caí encima de él y él me abrazó por la cintura. Nuestros miembros se rozaban por la escasa tela que llevábamos puesta y jadeé cuando enredó sus piernas en mi cadera.
—Andy… —comenzó a besarme con ímpetu, moviendo más cada vez sus piernas, haciendo que mi miembro creciera y creciera debajo de mi bóxer.
Nuestras bocas se movían a un ritmo desesperado, nuestras manos viajaban por el cuerpo del otro y nuestras lenguas de acariciaban con salvajismo. Comencé a mover mi pelvis contra él, causando que nuestros miembros se friccionaran más, apretándose contra ellos.
Nuestras respiraciones alocadas comenzaron a llenar la sala y las sábanas nos ayudaron a no sentirnos incómodos en el piso. Él jalaba mis trenzas de vez en cuando y yo enredaba sus finas hebras de cabellos rubios y negros en mis dedos.
Bajé hasta su cuello, succionando esa parte. Andy arañó débilmente mi espalda, y embestí esta vez más fuerte. Nunca habíamos hecho esto: tener sexo con ropa. Y se sentía estupendamente bien. Los deseos de tenernos así, pero también el contenernos de la penetración creaban algo verdaderamente excitante. Como si estuvieras al abismo del placer y al mismo tiempo te privaras de ello. Era algo completamente masoquista, pero nos gustaba. Se sentía muy bien…
—Mmmh, ¡Tom! —gimió cuando mis dedos delinearon sus nalgas y se metieron entre ellas, buscando su entrada. Se aferró más a mí, alzando las piernas, dejando que lo hiciera con más profundidad—. ¡Ahh! —gritó cuando metí de golpe tres dedos en él. Joder, estaba tan apretado…
Mordí su cuello, al mismo tiempo que movía mis dedos en su interior y me balanceaba contra él, juntando nuestros miembros. Se sentía tan bien… Demasiado bien.
Busqué nuevamente sus labios para besarlo, y así seguir haciendo mis movimientos de cadera y dedos dentro de él. Andreas gemía y se retorcía, pidiéndome más cada vez que sacaba mis dedos y los volvía a meter. Pronto, su bóxer se manchó de un líquido bastante conocido para nosotros y ambos sonreímos y soltamos suspiros.
Entonces Andy se incorporó, ahora quedando sobre mí. Beso desde mi boca hasta mi abdomen, bajando por mi pecho, cuello y pezones y siguió bajando hasta el borde de mi bóxer, el cual me apretaba demasiado. Masajeó mi miembro por encima de la tela, excitándome todavía más, torturándome así. Lo masajeó y luego lamió la tela de ahí, apretando mi pene entre sus labios, pero sin ejercer contacto totalmente el uno con el otro.
Cerré los ojos, apretando las sábanas cuando sentí ahora sus dedos inmiscuirse entre mis nalgas. Apreté también mis dientes, pero por más que quise reprimirlo, un gemido salió desde el fondo de mi garganta. Encorvé mi espalda, sintiendo el orgasmo venir y segundos después, así lo hizo.
Andreas masajeó por más tiempo mi pene y solté un grito ahogado, sintiendo los espasmos en mi vientre. Sentí también mi miembro mojado a causa de estar todavía dentro del bóxer y Andy sacó lentamente su mano, lamiéndose los dedos con los cuales me había penetrado.
Sonreí al mirarlo así, tan excitante y tierno a la vez y me incorporé para besar sus labios, todavía pringados con mi semen.
Nos acostamos luego de un rato de estar besándonos y me abrazó contra su pecho, acariciando mis trenzas deshechas.
—Se sintió tan estupendo… —comentó, sin dejar de llevar a cabo sus movimientos.
—Nunca lo había probado.
—Yo tampoco —Rió, besando mi cabeza.
—Fue increíble —admití, besando ahora yo sus manos. Cerré mis ojos. No era tan tarde, pero me encontraba muy agotado. Habían sido muchas sorpresas por hoy.
—Tom…
— ¿Si? —contesté, dejando escapar un bostezo.
— ¿Tendrás sexo con Bill de algún modo en esta semana?
Su pregunta logró sonrojarme por completo.
—No lo sé —sinceré. No quería mentirle diciéndole que no, pero la realidad era que tampoco sabía si sería capaz de hacerlo con Bill.
La confianza entre Andreas y yo para este tipo de cosas era mucho más estrecha que con Bill.
Con Bill todavía sentía nervios, mariposas en mi estómago incluso de imaginármelo y no sabía si me sentiría bien haciéndolo, sabiendo que luego volvería a dormir con Andy, aunque estuviéramos en esa semana de prueba.
—Descansa, Tom —dijo, besando fugazmente mi frente y me abrazó más.
Asentí, suspirando y me dispuse a dormir. Este día era de Andreas, así que no pensaría en Bill, o sexo, o Bill y el sexo, o yo teniendo sexo, con Bill…
& Por Mia &
Georg era alguien realmente especial. Todo el día anduvimos de aquí para allá, subiendo y bajando. Me había llevado diferentes lugares, a comprar ropa, accesorios, a comer en restaurantes bastante caros y a pasear por las hermosísimas calles de Nueva York. Casi logró que mi plan se me olvidara por completo, pero entonces aquí estaba yo, besando su cuello y masajeando dulcemente su miembro, pensando una manera para hacer que me dijera la verdad.
Apenas me había conocido y es casi obvio que no me soltaría algo tan fuerte como que había tenido que ver con la muerte de alguien, pero tal vez si yo lo incitaba y le contaba algo del mismo calibre, él terminaría por contármelo. ¡Si, Mia! ¡Eres un genio!
Dejé de besar su cuello y masajear su hombría sorpresivamente y lo miré a los ojos. Él regresó su mirada a los míos, preguntándome con ellos por qué había parado tan repentinamente.
—Hay algo que debo decirte antes de que pase algo más entre nosotros —dije, metiéndome en mi papel. De verdad, merecía un Óscar al terminar esto—. No soy lo que tú crees que soy… —terminé con un suspiro y bajé la mirada, cerrando brevemente mis ojos.
—Mia, ¿qué pasa? ¿De qué estás hablando?
Volví a subir mi mirada y abrí mis labios, quedándome así por unos momentos. —Tengo un secreto muy oscuro en mi pasado…
Georg se me quedó viendo un poco extrañado. Frunció las cejas y se acercó un poco más a mí. Acarició mis mejillas y suspiró.
—Todos tenemos secretos oscuros, Mia. Créeme, no eres la única.
¡BINGO!
Suspiré nuevamente y negué con la cabeza.
—No creo que como el mío. Y yo… necesito decirlo antes de que me siga enamorando de ti —Una lágrima falsa se desbordó por mi mejilla y él la limpió. Rayos, de verdad me costaba hacer esto. Georg era tan diferente de como me lo había imaginado… Tal vez él no era completamente culpable. Tal vez yo pudiera ayudarlo…
—Oh, nena —Me abrazó por la cintura, dejando varios besos regados por mis hombros y cabello—. No llores por favor. Estoy seguro de que es algo que se puede solucionar. Que nosotros, estando juntos, podemos solucionar.
Me aparté de su figura, con los ojos todavía llorosos y tragué saliva, limpiando mis mejillas.
— ¿Puedes solucionar una muerte?
Georg se quedó pasmado por un largo rato. Me miró con el ceño fruncido y los labios apretados. Desvió la vista de mi figura y apartó sus manos de mi cara.
— ¿Lo ves? Ni siquiera tú puedes mirarme. Dios, sabía que esto no iba a terminar bien. Lo siento, yo… No volveré a aparecer en tu vida. Perdóname Georg yo… —Me levanté del sillón con las lágrimas cayendo como cascadas. Lloriqueé sonoramente y me di la media vuelta para salir dramáticamente del departamento, cuando él me tomó del brazo con fuerza.
—No te vayas —pidió con la voz entrecortada. Me miró suplicante y yo lo miré con un signo de interrogación pintado en la cara—. No eres la única con un fantasma en su pasado, Mia.
Ahora la que se quedó en blanco fui yo. ¿Eso quería decir que estaba aceptando haber sido cómplice en la muerte del señor Sebastian?
Traté de calmarme y me dejé guiar por él de nuevo hasta el sillón. Ambos nos sentamos con nuestras manos entrelazadas y nos miramos profundamente.
—Es extraño, ¿no? Matamos a personas hace tiempo y ahora el destino nos junta. —Traté de sonreír, pero ni siquiera un atisbo pasó por mi boca. Él trató de hacer lo mismo, pero igual falló.
— ¿Quieres contarme? —preguntó—. Es decir, cómo fue…
—Tenía diecisiete años —Mierda, tenía que idear algo rápido—. Mi mejor amiga había quedado embarazada de su novio y se iban a casar —Debía inventar algo que se asimilara con su caso—. Estaban muy felices y todo iba bien, pero un día… Ella llegó devastada a mi casa, diciéndome que él la había golpeado y a causa de eso perdió el bebé… —Sollocé, para hacer más creíble la historia— Me enojé demasiado. Ella era tan joven, y su bebé… —Limpié las pocas lágrimas que había dejado salir y continué— Pero ella estaba enfurecida, lo odiaba tanto por lo que le había hecho y quiso vengarse…
—Lo quería matar —Asentí.
—Quería que sufriera lo mismo que ella y su bebé habían sufrido, así que… Yo la ayudé. No cometí asesinato en sí, pero… fui cómplice —recalqué esa palabra, mirándolo a los ojos y pude ver un cierto brillo, sabiendo que me comprendía—. Pero a pesar de eso… No hay día en el que no recuerde lo que hice. Ayudé a quitar la vida de un ser humano y eso jamás me lo perdonaré. Aunque ya haya pagado por eso… —Bajé la cabeza, tallando mi brazo derecho.
Georg me levantó el mentón y su ceño se frunció más. — ¿Pagado por eso? ¿A qué te refieres?
Y aquí iba la gota que derramaría el vaso y él por fin soltaría todo y lo haría recapacitar. —Me entregué.
— ¿¡Qué!?
—Y aunque era mi mejor amiga, también la acusé a ella. Conté toda la verdad, di explicaciones, motivos y ayudé a la policía a hacer justicia. Y aunque no haya aliviado por completo la culpa que sentía… Ahora me siento mucho mejor sabiendo que sus familiares tienen lo que merecen: La verdad.
Georg se quedó como hielo. Sus movimientos se hicieron torpes y no encontraba qué decir, así que proseguí.
—No me dieron muchos años por lo mismo. Era cómplice y por haberme entregado la pena fue reducida. Además de que por buen comportamiento, servicio, y una apelación de mi abogado, quedé en libertad muy pronto. Los dos primeros años estuve en libertad condicional, pero ya me fue retirada y ahora soy libre y me siento mucho mejor por lo que hice, porque valió la pena haber pasado ese tiempo en prisión. —Terminé segura, con las palabras certeras y por fin pude sonreír. La verdad ni siquiera sabía cuánto tiempo te daban por ser cómplice de homicidio ni nada de eso, pero al parecer había sonado bastante convincente.
— ¿No fue duro? Entregarte…
—Lo fue —asentí, ahora yo levantando su mentón, ya que había bajado la mirada—. Pero lo valió. No quise ser una cobarde —Touché.
Georg se levantó del sillón, tragando en seco y pasando una mano desesperada por su cabello. Lo miré por un momento y luego él me miró a mí.
—Tú… ¿quieres contarme?
—No es fácil, Mia —dijo, yendo hasta la barra, destapando una botella de Bourbon—. Lo mío es mucho más complicado.
— ¿Por qué?
—Porque está en juego todo. Mi carrera, mi prestigio, una empresa. ¿Crees que si me entrego, luego de salir de prisión alguien me dé trabajo sabiendo lo que hice y a quién se lo hice? —Le dio un trago a su licor.
—Todo tiene solución. Yo… yo te puedo ayudar —dije sinceramente. De verdad comenzaba a dolerme toda esta situación. No quería ver sufrir a Georg de esa manera.
—No quiero ser un fichado, Mia. No puedo…
—Entonces podemos hacer un trato. Yo te puedo ayudar para que no tengas que entrar a prisión. Georg… —Me levanté del asiento al mismo tiempo que él tomaba grandes tragos del contenido de esa botella— Puedo ayudarte, de verdad. Tal vez las personas a las que les hiciste el mal quieran un trato contigo.
— ¿De qué hablas? —preguntó, alzando la ceja. El whisky caía por las comisuras de sus labios.
—Si tú les entregas al verdadero asesino, tal vez ellos puedan levantar los cargos contra ti.
—No funciona así, Mia. ¿Crees que no he investigado? Cameron, Cameron me va inculpar también. Si él cae, yo caigo con él, y tiene pruebas también para inculparme, y no sólo por eso, también por fraude, falsificación. Soy mucho peor de lo que te imaginas —Dio otro trago grande y luego estampó la botella en la barra.
—Entonces… te puedo ayudar a escapar.
Sus ojos se agrandaron como platos y ambos nos quedamos mirando por milésimas de segundo. Escapar… también era una opción.
& Por Tom &
El día fue demasiado largo. Los mensajes de Bill y Andreas no dejaban de llegar a mi celular. A pesar de que Drake me había dado total libertad en lo que al trabajo concernía, prefería estar en la oficina un rato, solo, tratando de pensar en mi decisión luego de esta semana.
El problema era que todavía no podía decidir algo. ¿Qué mierda tenía que pasar para que yo por fin decidiera a quién amaba más?
Mi teléfono celular volvió a sonar y apreté el touch, abriendo el mensaje.
Te quiero todo para mí. Esta noche. No me hagas rogar, por favor. Sabes lo malo que soy para eso…
Sonreí, escribiendo mi respuesta y enviándola segundos después. Traté de concentrarme en el boceto que tenía delante, puesto en mi escritorio, pero me fue imposible, ya que el sonido característico de la llegada de un mensaje volvía a sonar.
Oh, vamos. Muero por estar contigo, Tomy. Estoy seguro que el zorrillo podrá manejarlo. ¿O qué? ¿Te pega si no llegas a casa?
Solté una risa al leer el mensaje y justo después me llegó otro. De Andreas seguramente. Lo abrí para leerlo.
Te tengo una sorpresita al rato. No tardes en llegar, ¿si? El sexo con ropa es muy excitante. Muero de ganas por tenerte aquí, Tom :*
Mordí mi labio, imaginándome, e incluso comenzando a ponerme caliente con la insinuación de Andreas.
Escribí rápidamente el mensaje hacia Bill: Para tu información, Andreas no me pega. Y deja de llamarlo zorrillo, ¿quieres? El apodo está muy original y chistoso, admito que me he reído un par de veces, pero deja de hacerlo, me hace sentir mal. Además, sino llego hoy a dormir ¿qué es lo peor que podría pasar? Tampoco es como si estuviéramos casados, ¿no?
Y luego el de Andreas: Está bien. No tardaré en llegar. También muero por estar contigo. El sexo con ropa es DEMASIADO bueno 😉
Ambos me traían loco con tantos mensajes.
Otro más…
Di click en el nombre de Bill y leí el mensaje.
Creí que me harías rogar de verdad. ¿Sexo con ropa? Jamás lo he probado. Te gusta experimentar, ¿eh?
— ¿Qué? —Volví a leer el mensaje y fruncí el ceño. ¿En qué momento le había dicho que tendría sex…?
Oh, mierda…
Otro mensaje de… Andreas. Di click en el ícono y comencé a leer.
Te agradezco el que me hayas “defendido”. Aunque siendo sincero, no sé si eso resultó defensa o complicidad por mi “original y chistoso apodo”. No te molestes en llegar esta noche, la “sorpresita” no estará. Pásala bomba con Bill. Y por cierto… yo no estaría tan seguro al decir que no te pegaría…
¡MIERDA!
Estampé ambas manos en el escritorio, haciendo que algunos papeles volaran, pero poco me importó.
Del uno al cien, ¿qué tan estúpido es equivocarse de persona al mandar un mensaje? ¡MIL!
¿¡Cómo coño había confundido los mensajes!? ¿Cuáles son las posibilidades de que pase eso?
Traté de relajarme y le contesté a Andreas primero. Ahora asegurándome que era él al que le escribía ese mensaje.
Lo siento, Andy. Claramente el mensaje no era para ti. No sé que más decir. Te amo. Te veo esta noche. Por favor no me pegues.
Traté de sonar un poco divertido para menguar su furia, y luego escribí el siguiente mensaje para Bill.
Deberías de probarlo alguna vez. Aunque el mensaje no era para ti. No podré verte hoy, Bill, lo siento, ya tenía un compromiso. Nos vemos mañana, ¿está bien? Tal vez si tienes que rogar un poquito más. Nada en esta vida es fácil, ¿eh?
Abrí el nuevo mensaje de Andreas.
Tú mismo lo dijiste, no es como si estuviéramos casados. Eres libre de hacer lo que quieras, Tom. Por favor no vengas, me siento un completo estúpido en este momento.
Suspiré, arrepintiéndome terriblemente por haberme equivocado. ¿Qué más podía decirle? Traté de escribirle una respuesta pero el sonido de otro mensaje más me hizo desconcentrarme. Abrí el otro y leí.
Así que era para alguien más. Déjame adivinar ¿el zorrillo? Y tendrán sexo con ropa esta noche. Mmmh… Rompes mi corazón, Kaulitz. Te veo mañana entonces. Tal vez no tenga que rogar después de todo… Te amo.
Cerré el celular sin responderle a ninguno de los dos. ¿Qué se supone que debía de hacer ahora?
Tallé mis ojos, concentrándome nuevamente en mi trabajo. No quería pensar.
La noche llegó finalmente y decidí manejar hasta el apartamento que compartía con Andreas. Me sentía muy mal con él y quería remediar un poco las cosas. Metí la llave en la cerradura y la giré lentamente. Entré al departamento y un incrédulo Andreas me miraba desde la sala. Estaba envuelto en una sábana, comiendo helado napolitano, y con los ojos llorosos.
— ¿No tenías una cita? —me preguntó, enjugando las pocas lágrimas que existían en sus mejillas.
—En realidad no. —Sonreí de lado, cerrando la puerta a mis espaldas. Caminé hasta él y me senté en el sillón, donde me hizo un espacio, encogiendo sus piernas.
— ¿Qué quieres, Tom?
—No lo sé —contesté con sinceridad, sintiendo un fuerte nudo apretando mi garganta.
—No siempre nos tendrás a tu merced, saltando entre uno y otro, y creo que lo sabes… —Asentí, mordiendo mi labio. No quería llorar, ya no. Y menos enfrente de él, eso sólo demostraría que era débil y que mi decisión todavía seguía sin ser tomada.
—Sé que soy egoísta, ya lo he dicho miles de veces. Sólo… sólo quiero que llegue algo, una señal, algo para que yo sepa con quién debería… —Fui silenciado por los dedos de Andreas sobre mis labios. Acarició mi mejilla y sonrió débilmente.
—Ése es el problema, Tom. Estás buscando con quién deberías de estar, cuando en realidad, la respuesta es con quién quieres estar. —Posó su mano gentilmente en mi pecho, sintiendo los latidos directos de mi corazón—. Y creo que solamente te estás engañando a ti mismo. Tú eres el que conoce esa respuesta muy dentro de ti. Aquí —Volvió a palmear su mano en la zona de mi principal órgano vital y besó castamente mis labios.
—Creo que cometí un error al pedirles que se pusieran parejos esta semana, ¿no? —admití, bufando fuertemente—. Lo que necesito es estar solo. Pensar. Darme cuenta quién me hace falta en realidad. A quién extraño y necesito más. —Lo miré a los ojos, acariciando sus mejillas mientras él me sonreía.
—Creo que encontraste la respuesta.
Solamente asentí y besé su cabello bicolor. Me paré del asiento y me dirigí hasta mi recámara, sacando un par de maletas, llenándolas con ropa, zapatos, accesorios de higiene y personales y al terminar me encaminé hasta la salida.
Dejé las maletas sobre el suelo y me acerqué a Andy, tomando sus manos.
—Tendré una respuesta al terminar esta semana, te lo prometo. —Besé sus labios, en señal de despido y él correspondió, abrazándome después.
—Te amo. Nunca lo olvides, Tom —Volvió a besar mis labios y finalmente me soltó, sonriendo con ternura.
Le devolví la sonrisa y abrí la puerta para salir con mis maletas.
Estar y convivir con ellos sólo había logrado que me confundiera mucho más. Esto era lo que en realidad necesitaba. Un tiempo a solas. Un tiempo para pensar y darme cuenta a quién amaba más.
Play: https://www.youtube.com/watch?v=9DovSYz3da0&list=PL8C923C46C9E9476C
Llegué a la casa de playa que Sebastian secretamente tenía. Me había comentado un par de veces que la utilizaba para descansar, salir de la rutina del trabajo y la casa, pensar cuando tenía algún problema y ese tipo de cosas. Muy pocas personas sabían de su existencia. Ni siquiera los abogados más cercanos a él. La propiedad no tenía dueño escriturado. Simplemente la había construido cerca de la playa, a nombre de alguien falso, así que era algo que Cameron y Georg no habían podido quitarme.
Dejé las maletas sobre la gran cama y me acosté, respirando el asombroso aire que llenaba la habitación. Nada se comparaba este oxígeno con el de Nueva York. Todo era mucho más fresco, natural, sin mezclas con el humo de las fábricas, el smoke y demás cosas que contaminaban el aire de las ciudades.
Cerré mis ojos y comencé a tratar de poner orden en mi cabeza. Mientras más temprano tuviera una respuesta, todo sería mejor para todos.
¿Cómo elegiría a alguien? ¿Cómo lograría poner en una balanza a cada uno de ellos y lograr todavía que hicieran diferencia? Para mí, justo ahora todo estaba igual. Ambos me amaban, yo amaba a ambos, ambos me habían hecho sufrir, ambos me habían apoyado… Tal vez la diferencia sería que una era mi hermano de sangre y el otro de alma.
Giré en la cama. Las lágrimas comenzaban nuevamente a salir de mis ojos mientras mi cabeza se llenaba de recuerdos, de uno y del otro.
— ¿Qué somos, Bill? —pregunté expectante. En verdad tenía la necesidad de saber que éramos, o más bien, tenía la necesidad de saber qué era yo para él — ¿Qué soy para ti?
Bill me miró frunciendo el ceño, tratando de contestar esa pregunta que poco nos habíamos hecho.
—Eres… —Se quedó callado por un momento, mirándome. No sabía qué hacer, no sabía si debía decirle lo que él significaba para mí, no sabía si decirle que ahora que lo volvía a ver, lo necesitaba tanto o más que antes.
—Tú —dije interrumpiendo el silencio que repentinamente se había formado—, ¿alguna vez me quisiste sinceramente? —Tenía tantas preguntas que hacerle, tenía tantas cosas en mi cabeza sin aclaración. Lo único que quería era que Bill me explicara, que me diera sus razones, sólo eso.
—Tom… —Suspiró y se enderezó en su lugar, estirando sus piernas— No quiero hablar de eso, ¿si? No es el momento.
—Sólo quiero que me digas, quiero que me expliques por qué tú…
—Sólo lo hice —cortó, dejándome estupefacto—. No lo pensé, las cosas estaban mal, Simone y Jörg nos odiaban y fue lo único que se me ocurrió hacer: Irme.
Había renunciado a mí, me había lastimado tanto solamente por una estúpida confusión. Me reincorporé y miré el espejo delante de mí.
— ¿Por qué? ¿Por qué no eres sincero conmigo de una vez?
—No —dijo, volteando nuevamente su vista hasta mí—. Nunca te amé.
¡Crack!
Esa había sido la vez que más dolor me había causado Bill. Haberme dicho que nunca me amó y haberme dado que todo fue un juego para él, me había devastado totalmente. Parpadeé un par de veces, queriendo limpiar mi mirada de las lágrimas que la habían empañado.
— ¡No! ¡Bill, no, por favor! —supliqué, tomando ahora sus manos, mirándolo directamente a los ojos, buscando que me entendiera, que me dijera que todo estaría bien— No me puedes hacer esto, ¡por favor, tú no! ¡Yo te amo! —El agua salada caía de mis pómulos como cascada, haciendo que repentinamente, el piso debajo de mí, comenzara a mojarse rápidamente— Te amo, ¡Bill, te amo!
— ¡Pues yo no! —Contestó, deshaciendo el agarre de mis manos con las suyas— Entiéndelo de una buena vez. ¡Todo fue un juego! ¡Un jodido juego para mí! Tú no significas nada en mi vida, no eres nadie.
¡Crack!
Por primera vez en mi vida, me sentía mierda, me sentía la persona más miserable y desgraciada del mundo. Me sentía solo, completamente solo.
¿Por qué las cosas habían salido de esa manera? ¿Por qué? ¿Por qué no tuve el valor de decirle lo que realmente pasaba con Gustav? ¿Por qué él no tuvo el valor de decirme lo que había escuchado y así poder explicar las cosas? ¿Cómo es que todo pasó de ser amor y felicidad a ser decepción y odio?
— ¿Qué…? —Y me besó. Juntó fuertemente nuestros labios, acercándome a él poniendo una de sus manos en mi espalda baja. Al principio, luché un poco por soltarme de su agarre, casi empujándole con ambas manos el pecho, pero después no pude resistirme a los recuerdos de sus besos, y en vez de empujar, lo tomé de la camisa, estrujándola con mis dedos. Bill sonrió en el beso, mordiendo suavemente mis labios, metiendo sus manos por debajo de mi playera— Bill, por favor… —supliqué en un susurro contra sus labios, cuando nos separamos para tomar aire— No… No me hagas esto —Negué, cerrando fuertemente mis ojos—. No aquí.
— ¿Me amas? —Preguntó, sin soltarme todavía, acariciando mi mejilla— Tomy, dime que me amas.
—No, no puedo, yo… No puedo ahora —murmuré, abriendo nuevamente mis ojos, y lo tomé de las manos, sacándolas de debajo de mi playera.
— ¿Estás con Andreas, cierto? —Alzó su ceja derecha.
— ¿Te importa? —contesté, alejándome un paso de él.
Suspiró. —Más de lo que te imaginas —Y dicho eso, dio media vuelta, y caminó hasta la puerta de la casa para entrar por ella, dejándome atónito.
Si tan sólo esa vez me hubiese dejado llevar completamente, y él hubiera aceptado que me amaba… Todo hubiera sido diferente… Pero dejamos que las cosas se hicieran cada vez más complicadas. Llegó Andreas y cambió mi mundo, mi forma de ver las cosas, de pensar, de sentir.
— ¿Tú nunca te has enamorado? —pregunté de la nada, dejando el tema de las risas a un lado, y volteé mi mirada hacia la de él.
—Tom… —Andy clisó su mirada con la mía, y apoyó su mano libre en mi abdomen, inclinándose ligeramente hacia mí. Me sentí un poco tenso, no me incomodaba la situación, pero sí me ponía algo nervioso— Sólo de ti —mencionó, y sonrió para después inclinarse los centímetros que le faltaban para llegar a juntar nuestros labios.
Abrí completamente mis ojos, y traté de apartarlo como un acto reflejo, pero algo en mí me lo impidió, algo dentro de mí, dejó que ese roce siguiera, que sus labios se abrieran más contra los míos, y dejara pasar una dulce lengua, hasta entrelazarse contra la mía.
—Andy… —susurré en el beso, pasando una de mis manos por su nuca, haciendo que el beso se profundizara.
Se sentía bien, realmente bien. No eran los labios de Bill, no era la lengua de Bill, y definitivamente no eran las manos de Bill que acariciaban mi abdomen, pero tengo que admitir, que se sentía bien.
Empecé a sentir cosas por él que no había sentido con Bill. Me sentía amado, protegido. Cosa que con Bill me era muy difícil siquiera confiar.
— ¿Estás listo?
—No lo sé, ¿lo estoy? —interrogó algo divertido, sin abrir todavía sus ojos.
— ¿Te sientes listo?
—Mmh —Asintió, frunciendo levemente el ceño.
Saqué mis dedos, acariciando sus piernas, y tomé mi miembro, guiándolo hasta su entrada, presioné ligeramente en ella, y fue cuando Andreas finalmente abrió sus ojos, para clisar su mirada con la mía.
No puedo describir exactamente la conexión que hicimos en ese momento, pero… Fue hermoso. Nunca me había pasado, ni siquiera con Bill. Era una conexión especial, ambos sabíamos lo que estaba a punto de pasar, y no podíamos negar que nos sentíamos nerviosos. Toda la vida habíamos sido amigos, amigos nada más, y ahora, todo había cambiado, estábamos a punto de unirnos de una forma más allá, estábamos a nada de ser uno mismo en cuerpo y alma.
Nuestra primera vez había sido una noche mágica. Dejé finalmente de pensar en Bill por un momento y solamente existió Andreas para mí. Dejé de sentirme juzgado por la gente, dejé de sentir también muchas cosas que pensé jamás dejaría de hacer.
—Te amo —dije, besando fugazmente su boca, jalando conmigo el labio inferior de Andreas.
Él me brindó una cálida mirada y sonrisa, para cerrar después sus ojos, y volver a abrirlos en el acto.
—Yo también.
Ambos nos miramos por eternos segundos. Las palabras ya no hacían falta en ése momento. Sólo nos dejaríamos llevar. Lo necesitaba. Lo necesitaba tanto.
Me erguí en mi sitio, levantando un poco mis caderas, apoyándome con las rodillas sobre la cama. Tomé firmemente el pene de Andy, y me incliné hacia esa zona, tratando de abrir más mis piernas para encajar con él a la perfección. Con una mano guié su miembro completamente erecto hasta mi entrada, mientras me sostenía con las piernas, haciendo una ligera presión en mi estrecho agujero, mientras que con la otra, me sostenía de su pecho, dejando algunos rasguños a causa de la fuerza que hacía sobre éste.
Dejé que me poseyera por completo. Dejé que me llevara al cielo como sólo Bill lo había hecho.
Y luego… Todo se volvió a complicar como si el destino buscara conspirar contra mí. ¿Era un castigo?
Tallé mi cara, dejando que los recuerdos de ambos me inundaran, esos últimos días que había pasado con ellos… Sus besos, sus caricias… Sus “te amo”. Todo. Necesitaba repasar todas esas situaciones y lograr descubrir cuáles eran las que disfrutaba mucho más.
Desperté, mi sueño realmente había sido hermoso… y algo inspirador también. Había soñado con él. En cómo serían nuestras vidas si yo me decidiera por él. En lo feliz que sería a su lado, todos los días mirando su cara junto a la mía. Incluso había soñado que teníamos una familia, que a pesar de todo lo que ocurría ahora, seríamos felices al final. ¿Sería posible que mi sueño se hiciera realidad? ¿Sería una señal?
Había pasado suficientes días alejado de ellos. Ni llamadas, ni mensajes, o e-mails había compartido con ellos y eso me había hecho demasiado bien. Me había ayudado a pensar sin tenerlos a mi lado de un modo u otro. Y definitivamente extrañaba mucho más a alguien… Ahora estaba todo claro. Todas mis dudas y confusiones se habían ido al carajo. No podía perder más tiempo. No quería estar un minuto más alejado de él. Lo único que quería era verlo y decirle que lo amaba, que lo amaba más que a nada en el mundo.
Saqué mi teléfono celular para marcarles a los dos. Les tenía que dar la noticia estando juntos. Debía de tener el valor de afrontarlos y decirles de una vez y por todas… mi difícil decisión.
Continúa…
Gracias por la visita.