«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 31. Ser feliz
Por fin el día había llegado. Finalmente les daría una decisión definitiva y todo este embrollo y triángulo amoroso llegaría a su final. Tenía mis sentimientos claros. Quería de verdad estar con él y poder disfrutar de mis momentos a su lado por el resto de mi vida.
Me senté en el sillón enfrente de ellos. Los dos estaban distanciados el uno del otro, pero a la vez compartiendo el sillón delante de mí. Suspiré y le sonreí a ambos, tallando mis manos en señal de nerviosismo.
No podía negar que el volver a verlos y tenerlos ahora juntos, delante de mí, se me hacía excesivamente complicado. Me odiaría a mí mismo al final de esto, cuando le rompiera el corazón a uno de los dos.
Anteriormente estaba completamente decidido, pero también debo de admitir que ahora, mirándolos a los dos ahí, en el fondo de mi corazón habían ciertas dudas. Pero ya había tomado una decisión y ahora no me echaría para atrás.
— ¿Puedes decirnos de una vez lo que nos tengas que decir, Tom? —preguntó cordialmente Andreas, mordiéndose las uñas de su mano derecha.
Por su parte Bill también tallaba sus manos al igual que yo, y juraría que su corazón se encontraba bombeando sangre a lo loco.
—Sí. Lo siento —me disculpé y carraspeé para poder aclararme la garganta y continuar—. Esos días lejos de ustedes me hicieron pensar demasiado. En lo que en verdad quiero, en lo que necesito. Bill… —volteé a ver a mi hermano y pude mirar en sus ojos un resplandor de esperanza— Siempre te amaré. Eres mi hermano y a pesar de todos los sufrimientos y rencores, tú siempre ocuparás una gran parte de mi corazón.
William asintió, sonriendo débilmente. La esperanza en su rostro se desvaneció como el humo entre el aire.
Miré ahora a Andreas y la misma mirada que me había brindado Bill, ahora se mostraba en la suya.
—Andy… a ti también siempre te amaré. Sin importar cuánto podamos pelear, discutir o tener dudas sobre otras cosas, tú siempre estarás en mi corazón y me recordarás que hay mucho por lo que vivir.
Andreas también perdió la esperanza que albergaban sus ojos y bajó la mirada, alejándola de la mía.
Lo cierto era que parecía que no le estaba dando esperanza a ninguno y que al final decidiría quedarme solo.
—Los amo a los dos, pero tengo que tomar esta decisión por el bien de todos. Porque ya no podemos seguir en esta situación. Con más dudas, reclamos, esperanzas y demás cosas. La persona con la que yo quiero y decidí estar es con…
RING, RING, RIIIIIIIIIIIIIIIIING, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING.
El celular de Bill comenzó a sonar como desquiciado justo en ese maldito momento. Todos bufamos al unísono y Bill lo sacó de su bolsillo.
—Lo siento…
—Bill, puedes contestar después. Esto es mucho más importante… —susurré, casi asesinándolo con la mirada.
Bajó la mirada hasta la pantalla y negó con la cabeza para luego contestar.
Me sentí realmente ofendido. ¿Qué sería mucho más importante para él que saber mi decisión?
—Mia, tranquilízate por favor…
Ah.
Bufé demasiado molesto en mi asiento, cruzando mis brazos y Bill volteó su mirada hacia nosotros, intercaladamente. Su rostro cambió de expresión. Se podía notar que estaba terriblemente preocupado e incluso aterrado.
Colgó el teléfono luego de unos segundos y todos nos miramos interrogantes, esperando que él dijera algo.
—Tom, nos tenemos que ir. Las cosas se pusieron feas…
— ¿De qué hablas, William? —preguntó Andreas, enarcando ambas cejas. Yo lo miré de la misma manera y luego contestó:
—Georg y Cameron se enteraron de todo… De nuestro plan, de que Mia nos está ayudando… Tom —me miró con la preocupación latente— todo se está saliendo de control. Están en la empresa. No sé qué sucedió o cómo llegó Mia hasta ahí, pero tenemos que hablarle a Gustav e ir a ayudarla. Sabemos de lo que son capaces esos dos…
Asentí, olvidando por completo lo que tenía que decirles. La vida de Mia corría peligro y debíamos movilizarnos cuanto antes.
Salimos echando chispas del edificio y Andreas manejó lo más ágil y rápido posible para poder llegar antes de que alguna tragedia ocurriera. En el camino le marqué a Gustav y me dijo que estaba por llegar.
—Vamos, Andreas ¡apúrate! Mia está sola con esos dos —gritaba Bill cada vez que un alto se prendía en el semáforo y Andreas se detenía.
— ¡Puedo causar un accidente, mierda! ¡NO PUEDO PASARME UN PUTO ALTO!
— ¡Ya dejen de discutir los dos! Dios, Andreas, sólo acelera —le pedí y finalmente lo hizo, esquivando algunos coches de por medio.
Llegamos finalmente a la empresa. Todo estaba desierto. Ni reporteros, periodistas o mismos empleados se encontraban cerca. ¿Qué habría ocurrido? Quisimos entrar, pero obviamente las puertas principales estaban cerradas, así que nos escabullimos por la parte de atrás, en una de las tantas entradas que Andreas y yo nos sabíamos gracias a todos los años que habíamos trabajado ahí.
Nos apresuramos a subir hasta las oficinas principales y alcanzamos a escuchar algunos gritos procedentes de la sala de juntas. Definitivamente esa sala estaba maldita…
Bill fue el primero en adelantarse y entrar y cuando entramos Andreas y yo, la escena finalmente se dio a notar.
Cameron tenía un arma apuntando en todas direcciones. En primera instancia apuntaba a Georg, luego cambiaba su rumbo hacia Mia, pasando por Bill y finalmente recaía entre Andreas y yo, quienes estábamos tomados de las manos con fuerza. Todo se había salido de control. ¿Cómo es que no vimos esto venir?
Bill se adelantó un poco hacia Cameron, tratando de calmarlo y yo me sentí desfallecer. No quería que algo le pasara a mi hermano, y mucho menos que Cameron fuera el culpable de hacerme sufrir por segunda vez la pérdida de un familiar.
Sentí mi bolsillo vibrar y saqué discretamente el celular. Abrí el icono de mensaje y leí:
Estoy abajo. Entraré por atrás. ¿Dónde están?
Escribí rápidamente:
En la cima. Date prisa, Gustav. Se está poniendo feo.
Le di enviar y escuché la voz sonora y desesperada de Cameron retumbar en mis oídos.
— ¿A quién más le avisaron de esto? ¿Viene la policía? ¡Les juro que los mataré a todos antes de que alguien más cruce esa puerta!
—Hey, Cameron tranquilízate… —Bill se acercó unos cuantos pasos más, estirando su larga mano hacia él— No tienes por qué alterarte. Podemos hablar y…
— ¡Já! ¿Hablar, Kaulitz? ¿Tú crees que quiero hablar? —pronunciaba mientras blandía el arma de un lado para otro, pero sin dejar de apuntarle a mi hermano.
Mia se encontraba tomando la mano de Georg, cosa que se me hizo muy extraña, pero decidí no darle mayor importancia y apreté la de Andreas contra la mía.
—Tendrás que hacerlo, Cam —espetó finalmente Georg, haciendo que todos volteáramos la mirada hacia su figura—. O lo haré yo.
¿En verdad Georg había dicho eso?
Enseguida, Cameron cambió la mira de la pistola, ahora apuntando directamente al corazón del castaño.
— ¿Te crees muy listo, eh? ¿Piensas que hablando impresionarás a esa puta que tienes a tu lado?
— ¡No te permito…!
— ¡Tú a mí no vienes a amenazarme, Listing! ¿Crees que diciendo la verdad y entregándote vas a ganar algo?
Bill y yo los observábamos detenidamente. Ambos sabíamos que en cualquier momento llegaría Gustav y Cameron se alteraría todavía más, así que teníamos que ser rápidos antes de que eso pasara.
— ¿No lo ves Cameron? No tienes salida de esto. ¿Por qué complicas tanto las cosas?
— ¿¡No lo ves tú!? ¡Esta maldita solamente te utilizó! Desde la estúpida fiesta de disfraces supe que algo andaba mal. Y mírate ahora, Listing, ¡te tiene comiendo de su mano!
—Di la verdad de una vez —sentenció Georg, desafiando a Cameron con la mirada—. O te juro que la diré yo.
— ¡Cállate!
— ¡Dilo! Diles a Bill y a Tom que no te tocaste el corazón para asesinar a su padre. ¡Diles que a pesar del amor y el cariño que todos te brindaron, la ambición pudo más y terminaste por matarlo!
— ¡Cállate maldito imbécil! —escupió Cameron con la rabia emanando por todos y cada uno de sus poros. La mandíbula le temblaba y sus ojos se salían completamente de sus órbitas.
—Cameron… —ahora fui yo quien habló. El susodicho me miró de reojo, sin apartar el arma de Georg— Todo esto puede terminar bien si tú… si tú te entregas… La condena se puede reducir y…
Una risotada temblorosa salió de su garganta y me miró incrédulo, con la sonrisa volviéndose cada vez más tenebrosa. No lo reconocía… No podía creer que esta persona era la misma con la que trabajé por años, con la que tenía una relación más allá de lo laboral. La persona en la que mi padre alguna vez confió. No podía creer que estaba mirando al causante de la muerte de mi padre y aún así, no sentía rencor, sino lástima.
—Yo no iré a la cárcel, Tom. Ustedes no tienen pruebas contra mí. El único que podría hablar sería Georg, pero… ¿y si decidiera cerrarle la boca para siempre? —soltó sin el más mínimo ápice de culpa. Miró a Georg, situando el dedo en el gatillo y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, lo hizo detonar.
Todo pasó muy rápido, pero a la vez muy lento. La bala salió del cañón a una velocidad imparable y se estampó en el pecho de… Mia.
Por Bill.
Mis sentidos fallaron por un momento. Todo se volvió mudo, incoloro, estaba ido, sordo… Mis piernas no respondían y mis ojos sólo miraban una escena.
Cameron soltó el arma en cuanto las patrullas comenzaron a escucharse. Gustav apareció por la puerta y logró retener a Cameron con la ayuda de Andreas. Mia cayó en el piso, envuelta por los brazos de Georg y mi hermano se encontraba petrificado a un costado, al igual que yo.
¿En qué momento Mia se había interpuesto para salvar a Georg y que la bala le diera a ella en su lugar? ¿En qué maldito momento Mia había decidido tomar esa decisión? Y lo más estúpido… ¿Por qué? ¿Por qué ella y no Georg? ¿¡Por qué meterse por salvar a alguien que no valía la pena!?
Sentí una fuerte ira irradiar desde el fondo de mi alma y me abalancé contra Georg, apartándolo de mi mejor amiga, la única amiga que había tenido y que ahora estaba a punto de perder.
— ¿Por qué, por qué, por qué? —repetía, mientras acariciaba su rubia cabellera. Ella sólo me sonreía, mientras sus ojos iban perdiendo color, luz…
—Porque lo amo… —logró decir y miró por última vez a Georg, sonriéndole también. Éste tomó una de sus manos, besándola con ímpetu y comenzó a llorar más fuerte si se podía.
Mia me miró ahora a mí, y logró levantar despacio una de sus manos para acariciar mi mejilla.
—Lucha por él —fue lo último que pudo salir de su garganta y entendí perfectamente el significado de esas tres simples palabras. Sonrió con delicadeza mientras yo depositaba un beso en su frente y cerró finalmente los ojos, soltando el último suspiro de vida que le quedaba.
Mierda.
Sentí que la vida siempre trataría de esto. Querer a alguien y luego perderlo de la peor manera posible. No me había pasado una vez, sino muchas, demasiadas. Primero mi madre cuando era niño, luego Tom cuando fui adolescente, luego otra vez mi madre, Sebastian, y ahora ella. ¿Qué más podrían quitarme?
Me aparté de su cuerpo, con las lágrimas desbordándose de mis ojos. No podía verla más. No quería. Era simplemente demasiado. ¿Cuándo se acabaría todo este sufrimiento? ¿Todas estas tragedias tendrían final alguna vez?
Miré a mi hermano quien se encontraba todavía parado ahí, sin estar realmente. Me aproximé hasta él cuando estiró sus brazos y dejé que mi alma y cuerpo descansaran dentro del suyo. Sentí sus brazos envolverme, sentí una ligera paz anidarse en mi interior y cerré mis ojos, sin poder contener el llanto.
Había sido mucho por hoy. No quería seguir ahí. No sabía cómo le haría para poder superar todo esto.
Los policías se llevaron a Cameron en cuanto llegaron, añadiendo una muerte más a su lista. Gustav tenía las pruebas necesarias para hacerlo pagar por todos sus crímenes y hacer que se quedara encerrado en prisión de por vida.
El tiempo transcurrió demasiado rápido y a la vez demasiado lento. Los trámites para el velatorio, las llamadas a los familiares y demás cosas acerca de Mia, las había llevado Tom. Yo no quería pensar, no quería estar preparando el funeral y entierro de ella precisamente.
Georg se entregó. En memoria de Mia, según él. Declaró que había sido cómplice de Cameron en todo, menos la muerte de la susodicha claro está y el jurado dictaminó darle libertad condicional y servicio comunitario, gracias a que Tom y yo apelamos por él. La verdad era que no merecía pasar tiempo en la cárcel junto con Cameron. Estábamos seguros que lo mataría en el primer intento.
Por su parte, Cameron juró vengarse de todos nosotros, pero en realidad, es algo que nos tiene sin cuidado. No podrá hacer demasiado dentro de la cárcel.
—Entonces… creo que es todo —comentó Gustav una vez salimos de los tribunales. Andreas y Tom venían a lado de nosotros—. Prometí ayudarlos y he cumplido. La verdad es que extraño demasiado Alemania y…
Andreas se apartó un poco, comentando que iba a hablar con algunos abogados y entonces Tomy y yo nos acercamos más a Gustav.
—Gracias, de verdad Gustav. No sé cómo pagarte todo lo que hiciste por nosotros —le agradeció Tom, abrazándolo y palmeando ligeramente su espalda.
Gustav sonrió de lado, negando con la cabeza.
—Creo que te debemos más de una. Sin ti, todo esto no podría haberse concretado. Gracias amigo —lo abracé también. La realidad es que Gustav había marcado nuestras vidas desde que apareció. Primero la casa y ahora esto. Además me había escuchado y apoyado cuando más lo había necesitado—. Si necesitas algo, no dudes en llamarnos.
Asintió en señal de agradecimiento y nos abrazó ahora a ambos, sacándonos algunos risas de por medio.
—Lo cierto chicos es que yo les debo más de lo que ustedes me deben a mí. Cumplí una promesa y creo que estamos a mano —volvió a sonreír, ahora desconcertándonos a Tomy y a mí.
— ¿A qué te ref…?
— ¡Pero mira la hora! —Exclamó exageradamente y nos guiñó un ojo a ambos—. Nos veremos pronto. —Y dicho eso, dio media vuelta para perderse entre la multitud de gente.
Miré a mi hermano con el signo de interrogación pintado en la cara, pero debido a su expresión, comprendí que él sabía tanto como yo. Alzamos nuestros hombros a la par y suspiramos.
— ¿Te sientes tranquilo? —preguntó cuando comenzamos a caminar para salir del recinto.
Me encogí en mi posición y lo miré de reojo.
— ¿Tú?
—Me da tranquilidad saber que Cameron por fin tiene su merecido y que la muerte de Sebastian no quedó impune —comentó, sin dejar de caminar.
—Sí, creo que yo también. Esperamos mucho porque esto pasara y al fin sucedió.
Llegamos a la banqueta en la cual estaba estacionado el coche que ahora volvía a ser de él. Al parecer nos iríamos en él y Andreas nos alcanzaría más tarde.
—Lo extrañaste, ¿no? —pregunté, admirando el flamante Audi R8.
—Demasiado —exclamó, soltando una breve risa.
Lo miré un tanto enternecido. Sonreí de lado.
— ¿El funeral de Mia es hoy? —preguntó delicado, esperando mi reacción.
Asentí suspirando.
—Todo parece tan surreal, ¿no? Ha pasado tan rápido… La conocí, se volvió mi mejor amiga y ahora…
—Bill… —tomó mi mano, acariciando con la otra mi mejilla.
—Es sólo que aún no me hago a la idea.
—Lo sé —siguió acariciando mi mejilla y luego limpió una lágrima escurridiza que bajaba por la misma.
—Y tú… ¿Ya hablaste con Drake? —Traté de cambiar de tema para cortar mis emociones.
—Firmamos ya los papeles. Estás viendo al nuevo socio mayoritario de The Glow of Noise —pronunció orgulloso. Me hizo una señal para subir al coche y así lo hice.
Nos abrochamos los cinturones y encendió el carro.
—Entonces regresaste a tu vida de antes. Millonario, empresario…
Él soltó una breve risa y seguimos avanzando en el coche. La mansión no quedaba muy lejos de ahí, así que llegamos en un par de minutos.
Bajamos, y escuché como soltó un sonoro suspiro.
—Esta casa me trae tantos recuerdos… —pronunció y luego me miró. Comenzó a caminar hasta una de las bancas del césped y se sentó, admirando el lugar.
—La recuperaste. Debes sentirte muy orgulloso —dije, mirándolo. Nuestros ojos conectaron por unos segundos y luego él apartó la mirada, llevándola hasta sus manos.
Play: https://www.youtube.com/watch?v=h7NnXOMsCb0 (Repetir dos veces)
—Esto no ha acabado del todo, ¿no? —Me miró mordiéndose el labio y entonces entendí lo que quería decir— No hemos hablado realmente, Bill. No de nosotros al menos… Y siento que cada vez que quiero sacarte el tema tú lo evades… —casi susurró, ahora mirándome con más intensidad— Sé que estos días han sido duros, pero esto es importante.
Sabía a dónde quería llegar. El veredicto final de su decisión. Pero tenía miedo. Tenía miedo de que me dijera algo que yo no quería escuchar, por eso mismo me había mantenido un tanto alejado, esperando que en cualquier momento sólo llegara y me besara y dijera que todo estaría bien, que quería estar conmigo. Pero simplemente no había sucedido y eso me hacía sentir peor.
—Tal vez… tal vez no te quiera escuchar realmente —dije ahora yo desconectando nuestra mirada— Tom, creo saber cuál es tu decisión —pronuncié, sintiendo un pinchazo fuerte en mi corazón—. Y prefiero pensar que todo esto terminará como yo quiero. Que tendrás más tiempo para pensar las cosas, que esa semana sigue fluyendo y que tú…
—Bill…
—No quiero oírte —Me levanté de la banca dispuesto a irme. Este par de días había hecho lo mismo, tratando de evitar lo inevitable, de evadir el tema, de centrarme en otras cosas, pero sabía que Tom no dejaría que pasara más tiempo.
— ¿Por qué? ¿Por qué no quieres oírme? —preguntó, levantándose también del asiento, siguiendo mis pasos.
Escuché un fuerte trueno en el cielo y logré sentir un par de gotitas de lluvia caer en mis hombros. Genial, llovería.
—Porque no quiero escucharte decirme que te decidiste por él —solté y él me miró con los ojos llorosos. Trató de acercarse más hacia mí, pero lo detuve—. ¿Por qué él, Tom? ¿De verdad soy tan malo? ¿Tanto daño te hice? Puedo enmendarlo, puedo…
—Bill, por favor…
—No. ¿Sabes qué? —Asentí, con las lágrimas llenando mis ojos— Dilo, dímelo de una puta vez. —Ya estaba. La bomba dentro de mí había explotado— Necesito escucharlo, Tom. Necesito que me lo digas ya.
—Bill… —trató de tomar mis manos pero lo ignoré. Me acerqué un poco más a él, pero sin dejar que me tocara.
Una gota del cielo se mezcló con una lágrima que salía por mi mejilla. Y otra más caía en la mejilla de él.
—No me tengas lástima. Si es por lo de Mia… sí, quedé hecho mierda. Pero no te sientas con la obligación de hacerme la espera más larga solamente para menguar mi dolor, ¿quieres? —Pedí, y alcé su mentón, sosteniendo sus mejillas fuertemente entre mis manos— No me tengas lástima. No pienses en lo que será mejor para mí. Sólo dilo, sólo dime la verdad.
—No te tengo lástima… —susurró, ahora sollozando él también—. Es sólo que no quiero verte sufrir así. No quiero ser el causante…
—Dímelo —pedí como súplica. Necesitaba oírlo de sus propios labios, desde el fondo de su corazón. Quería, necesitaba esas palabras para caer en la realidad.
Se quedó un momento mirándome directamente a los ojos y luego fundió nuestros labios en un dulce beso, un dulce beso que por más que yo deseaba que sucediera y que sellara esas palabras de amor que nos habíamos jurado años atrás… Yo sabía que significaba otra cosa. Sabía lo que lo haría feliz ahora.
Por Tom.
Despegué nuestros labios, suspirando después. Abrí lentamente mis ojos al mismo tiempo que él lo hacía y entonces tomé sus manos, llevándolas a mi corazón. La lluvia incrementaba cada vez más su intensidad y amenazaba con dejarnos empapados.
—Siempre estarás aquí —dije seguro, sonriéndole, tratando que él hiciera lo mismo—. Necesito que lo sepas.
—Lo sé —contestó abrazándome como si la vida se le fuese en ello. Me apartó luego de unos segundos y besó mi frente, las lágrimas caían como cascada de sus ojos y yo no podía sentirme más miserable en ese momento—. Sólo dilo. Necesito escucharlo Tom. Por favor… —pidió, mordiéndose los labios para no llorar más.
Y entonces supe que el momento había llegado. No más mentiras, no más tapujos. Sólo la verdad.
—Quiero estar con Andreas —dije finalmente y él asintió. Un trueno más fuerte se dejó escuchar de fondo y fue suficiente para que las gotas comenzaran a llenarnos.
Talló sus ojos, tratando de limpiar fallidamente sus lágrimas que ahora se mezclaban con el agua de la lluvia. Seguía llorando, por más esfuerzos que hiciera para detener su propio llanto.
Me sentía inútil, impotente.
—Bill…
— ¿Me amas?
—Bill…
—Sólo dime eso. Necesito saber si aún existe una posibilidad. Aunque sea mínima.
La lluvia se mezclaba ahora también con mis lágrimas. ¿Cómo decirle que ya no estaba seguro de amarlo o no?
Tomó nuevamente mis mejillas, acercándome a su rostro.
—Tomy, mierda. Dame una mínima esperanza. Sólo una…
—No… —modulé, casi susurré, sin poder mirarlo. Bajé la mirada lo más que pude para no ver la suya. Me sentía débil, roto por dentro.
—Mientes —dijo, acercándome más a él. Nuestras ropas estaban completamente mojadas y su aliento frío chocaba contra mis labios—. Dime que mientes.
—No quiero que luches —dije, sintiendo que una parte de mi corazón se moría. En realidad había querido decir que aceptara la verdad, que siguiera adelante, que no me merecía, pero había sonado diferente—. No me mal entiendas, Bill. Yo…
—No tienes que decir nada más —aseguró, sonriendo. Sentí que era una sonrisa de tristeza, de nostalgia, de saber que habías perdido lo que más anhelabas, pero que estabas conforme, aceptando la realidad—. Soltó mis mejillas, alejándose de mí. Nuestras miradas no podían despegarse y eso me mataba.
Lo veía en sus ojos. Veía que nada más podía hacerlo sufrir como yo. Ni Mia, ni mi madre, nadie más. Sólo yo.
Quería llorar. Quería abalanzarme a sus brazos y rogarle que me perdonara, que quería hacerlo feliz, que quería verlo feliz a costa de todo, pero no pude, no podía mentirle, porque sí, aunque quisiera verlo feliz, aunque quisiera que estuviera bien ante todo, esa no sería mi completa felicidad, porque al darme cuenta de mi soledad en aquella isla, al darme cuenta y analizar todos los aspectos de mi vida, lo único que quería era estar con Andreas.
Lo extrañaba tanto, había tenido tanto miedo de perderlo, había sufrido tanto cuando me ignoraba y me culpaba, cuando prácticamente había decidido dejar de luchar por mí. Y ahora sabía que quería estar con él, para hacerlo feliz, para que me hiciera feliz.
Tener a Bill delante de mí, ahora, mirándome con añoranza, como se mira algo cuando se sabe perdido, me dolía en el fondo del alma, me dolía tan dentro de mi cuerpo que me hacía querer gritarle que me perdonara, que no había pensado en las consecuencias, que también quería estar con él pero sabía que todo sería mucho más complicado.
Ahora la empresa volvería a ser de nosotros. Drake sería nuestro socio y las fusionaríamos. Ahora todo se estaba acomodando nuevamente en su lugar y el hecho de que yo declarara mi amor por mi hermano echaría todo para abajo. Tal vez estaba actuando de una manera egoísta, egocéntrica, pero sabía que era lo mejor. Bill y yo teníamos que hacer nuestras vidas por separado. Con el lazo de sangre uniéndonos. Como debía ser.
Probablemente no hubiese sido la decisión que hubiera tomado años o incluso semanas atrás, pero era la que tomaba hoy, porque así lo sentía.
—Así debe de ser, ¿no? —preguntó, terminando por enjugarse las lágrimas. Serás mi hermano completo ahora —Trató de sonreír y yo asentí, también tratando de hacerlo—. Y todo a la mierda, toda nuestra historia.
Los rayos, el viento con la lluvia nos azotaban completamente, pero a ninguno de los dos nos importaba.
—No tiene que ser así. Podemos construir una nueva y…
— ¿A quién quieres engañar? —gritó, seguido de un trueno. Yo comencé a tallarme los brazos mojados a causa del frío y a sollozar cada vez más. Me partía el corazón verlo así por mí. Sabía que esto tarde o temprano sucedería, pero no imaginaba que sería así—. ¿Quieres jugar a ser el hermano modelo?
—Bill no…
—Ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir. Yo jamás te veré como un hermano —soltó, caminando hacia la salida, dando por hecho que la conversación había terminado.
—Espera… —Casi corrí hasta él, tomándolo del brazo— Bill, esto no tiene por qué terminar así. Podemos, podemos…
— ¿Qué? —preguntó cansado, soltándose de mí—. Tú estarás bien con Andreas. Y yo… no lo sé, tal vez esté mejor en la casa de Simone, en la antigua empresa, regresando a mi vida normal…
—Espera. ¿Te vas? ¿A Alemania? No es lo que en realidad quieres, Bill.
— ¿¡Y qué importa lo que quiero!? Lo que en verdad quiero está a punto de casarse con alguien más —Crack—. Mi mejor amiga acaba de morir. ¡Todo se está yendo a la mierda! Así que bueno, no me queda mucho en esta ciudad en realidad…
—Bill…
—No puedo. No puedo quedarme aquí. Espero que comprendas eso —dijo y finalmente comprendí que era cierto, que yo no era solamente egoísta, sino que quería que todo se moviera a mi antojo, quería tenerlo cerca de mí, saber que vivía enamorado y que en cualquier momento volvería a luchar por mi amor. Pero creo que eso no pasaría…
—Tengo que irme —limpió nuevamente sus mejillas. El ligero maquillaje que traía había quedado completamente borrado—. Tengo que hacer los últimos detalles para el funeral. Vienen su hermano y sus padres. Tengo que estar presente antes —comentó ido, serio, molesto.
—Comprendo —Volví a asentir y suspiré cuando él dio media vuelta y se encaminó hasta la salida, totalmente empapado.
¿En verdad podría llegar a ser feliz con él a más de 6,000 km de distancia?
Por Bill.
Todo estaba listo. Me miré por última vez en el espejo, sintiendo lástima por mí mismo. No podía negar que era el peor día de mi vida, sin contar claro los que se venían. El día de la boda de Tom, mi partida a Alemania, el tener que vivir en esa casa como maldito masoquista para tener los recuerdos de Tom y yo cuando éramos adolescentes.
¿Cuándo dejé que todo esto pasara? ¿Por qué tenían que ser las cosas así?
Mia era la única persona que me tenía con los pies clavados en la tierra y ahora, ella tampoco estaba. Me había dejado. ¿Y todo para qué? ¿Para salvar al estúpido de Georg?
Me había dicho que luchara por él, que luchara por Tom. Pero… al parecer tendría que dejar pasar ese último pedir de ella. Las cosas estaban decididas y por más que quisiera, no sería capaz de interponerme en su felicidad.
Las lágrimas comenzaron a salir por tercera vez consecutiva en el día, o tal vez cuarta, quinta, ya había perdido la cuenta.
Escuché un par de toques en la puerta y modulé un ligero “pase” mientras me enjugaba una vez más las lágrimas.
Era Andreas.
Bufé mentalmente. Él era la última persona que hubiese querido ver en estos momentos. Traté de ignorarlo, mientras arreglaba el moño de mi cuello, pero me fue imposible luego de un rato.
—Conseguiste al chico, eh —exclamé con un dejo de molestia. Lo cierto es que todavía sentía cierto rencor hacia él, aunque sabía que la culpa no era completamente suya.
—Bill, quisiera hablar contigo… bien. Como gente civilizada. ¿Crees que se pueda? —Su voz sonaba demasiado diferente. Realmente estaba serio, no quería pelear.
Asentí, girando sobre mis talones. Lo miré directamente a los ojos, cara a cara. Si bien, él se quedaría con Tom, por lo menos tenía que saber que sino lo hacía feliz, o lo llegaba a lastimar de cualquier manera, se las vería directamente conmigo.
— ¿Es un trato? —preguntó, extendiendo la mano hacia mí. La estreché en manera de aprobación y ambos asentimos al mismo tiempo que tocaban nuevamente la puerta.
Giré la mirada en esa dirección y modulé nuevamente un “pase”.
Tom entró por la puerta y me miró por el reflejo del espejo.
—La ceremonia está a punto de comenzar —exclamó, acercándose a mí.
Yo solamente hice un movimiento de cabeza, indicando que estaba listo y caminé los pasos que quedaban para salir de ahí. Andreas y él me siguieron detrás.
Veía al sacerdote, a las personas que nos hacían el honor de acompañarnos, a sus familiares y amigos, incluso vecinos. Veía a Tom a mi lado, apretando mi mano de vez en cuando, dándome apoyo de hermanos, como “debía” de ser, a Andreas a su lado, apretando su hombro, a Georg muy cerca del ataúd, llorando sin remedio. Veía todo y a la vez no veía nada. No quería estar. No quería ver ni oír. Solamente quería pasar mis últimos momentos con ella. Recordarla viva, tan viva como siempre, porque así quedaría en mi corazón, viva. Unas cuantas lágrimas más cayeron cuando el ataúd bajó, enterrándose por completo debajo de la tierra. Todos aventaron rosas y algunas otras flores. Algunos pronunciaban sus palabras de despedida y algunos otros simplemente se limitaban a llorar y mirar hacia el cielo.
Por mi parte, esperé que todos (o la gran mayoría) se fuesen. Me aproximé hasta la tierra con la que se había cubierto la tumba y me senté ahí, sin importarme realmente que se manchara mi ropa.
Tom entendió que necesitaba estar solo y me hizo entender que me esperaría en la mansión, donde despediríamos luego a los amigos y familiares más cercanos de Mia.
—Eres una tonta, ¿sabes? —Exclamé al aire, sabiendo, o más bien, queriendo que ella me escuchara, en donde sea que estuviese—. ¿De qué sirvió, Mia? Todo esto… Nadie salió ganando. Georg se entregó, sí, y Cameron finalmente está en la cárcel, pero ¿a qué costo?
Pude sentir el viento resoplar en mis mejillas, secando la humedad en ellas.
—No me dejes. Sé que estarás siempre conmigo, aunque no pueda verte, sé que aquí estarás, ¿no es cierto? —Una lágrima más—. Porque siempre vivirás aquí —apunté mi pecho, haciendo puño mi mano. Me tragué las siguientes lágrimas y sonreí—. Y tú, tienes que cuidarme desde allá, ¿oíste? Tienes que darme señales y hacerme entender cuando esté haciendo algo mal, o cuando necesite ir en algún rumbo para hacerlo bien.
La brisa comenzó a soplar más fuerte. En cualquier momento llovería de nuevo.
—Lo perdí —dije, bajando la mirada—. Lo perdí para siempre. Y ahora sí es definitivo, ¿sabes? Lo vi en sus ojos. Vi que aunque en verdad me ama, no podría estar sin Andreas… Será feliz con él. El zorrillo lo hará feliz, mejor de lo que yo podré hacerlo. Y eso me pone feliz a mí, porque entendí que el amor se trata de eso, Mia, de saber aceptar las decisiones de esa persona y ser feliz con lo que te toca, por mucho que me duela, por mucho rencor que sienta todavía hacia el destino.
Pude incluso escuchar su risa muy dentro de mí. Ella estaba ahí. Escuchándome, a mi lado, diciéndome que todo estaría bien, que yo estaría bien.
Sonreí para mí mismo y me propuse levantarme cuando sentí una mano posarse en mi hombro.
—Estoy seguro que ella siempre estará contigo. —Giré mi mirada y me encontré con unos hermosos y profundos ojos azules. ¿Esa voz tan varonil salía de esa cara? ¿De verdad?— Bill. ¿Cierto? —Asentí, con el ceño ligeramente fruncido. Su cara se me hacía realmente conocida, me recordaba tanto a… — Soy el hermano de Mia, Andrew. Mucho gusto —Extendió su mano hacia la mía y comprendí. El hermano que ella siempre había querido presentarme, y que ahora finalmente aquí estaba. Andrew Biersack.
—Mucho gusto —Estreché su mano contra la mía, sonriendo de lado, él me respondió el gesto y soltamos nuestras manos luego de unos segundos.
—Lamento que nuestra presentación se haya dado así —comentó, suspirando. Pude notar sus ojos rojos e hinchados. Probablemente así se veían también los míos—. Ella me habló mucho de ti.
—Espero que bien —bromeé, comenzando a caminar, seguido por él.
—Más que bien, diría yo. —Ambos soltamos una pequeña risa. Nuestros pasos se escuchaban fuertemente gracias a las hojas secas que pisábamos.
—De verdad lo siento. El que hayan tenido que venir por esta situación. El haberles avisado así… Es… muy doloroso para ustedes.
—Mia siempre quiso ser independiente. Es algo que me gustaba mucho de ella. Libre como un pájaro.
Asentí, sintiendo mis ojos aguados. No quería llorar así que cambié el tema.
—Mi hermano y yo organizamos una pequeña despedida para ustedes. Quiero decir, si se quieren quedar más tiempo, no hay problema, es sólo que pensamos que bueno…
—Entiendo —dijo Andrew, sonriendo ligeramente—. Han sido muy amables. Sobre todo Tom. Se portó muy cordial y servicial desde el primer día.
—Lamento no haber estado ahí. No tenía cabeza… —confesé, sintiendo un poco mal por el asunto—. Pero me alegra que se sientan a gusto.
Andrew asintió y llegamos finalmente hacia las camionetas que nos esperaban para llevarnos a la mansión.
Por lo que había escuchado, Andrew y sus padres habían establecido una relación estrecha con Tom. Él se había ofrecido a apoyarlos en todo lo concerniente a Mia y también se había ofrecido a hospedarlos por más tiempo en la mansión hasta que ellos decidieran regresar a sus vidas de antes. No era tan fácil venir desde lejos al funeral de tu hija y hermana y luego irte sin más, esperando regresar a tu trabajo y actividades diarias así nada más, así que decidieron quedarse unas cuantas semanas para poder ir a visitarla al cementerio, extraer las cosas de su departamento y espabilarse un poco de toda esta situación.
Por mi lado, la noticia me había caído muy bien. Ellos me recordaban demasiado a Mia y por una parte, sentía que algo de ella estaba cerca de mí. Andrew sobre todo. Era tan parecido a ella… Su misma risa, los dientes, la forma de hablar y los ademanes. Era solamente un año mayor que ella, pero cualquiera podría incluso jurar que podrían haber sido gemelos. El estar cerca de él en verdad me había hecho sentir mucho mejor. Me hacía sentirme cerca de ella a la vez y sentirme distraído con las demás cosas que pasaban a mí alrededor.
Sabía que todo estaba a punto de cambiar en mi vida, pero tal vez no sería un cambio tan malo. Tal vez todavía podría existir la posibilidad de ser feliz.
Continúa…
Gracias por la visita.