«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 4. Mi hermano

—Estuve hablando con Sebastian. Quiere que me vaya a vivir a la mansión —Sonreí ampliamente, esperando la reacción de Andy.

— ¿De verdad, Tom? ¿De verdad? ¬—Abrió sus ojos, sorprendido y se acercó más hacia mí.

—Sip y… —Alcé ambas cejas, dándole un toque de emoción— Quiero que vengas a vivir conmigo.

Esperaba que se me echara encima a abrazarme, a decirme que era genial, lo mejor del mundo, a que me besara toda la cara y fuera saltando por ahí gritando que iba a vivir en la mansión Miller.

Pero no sucedió.

Por el contrario de mis predicciones, Andreas se había quedado estático, totalmente descolocado en su lugar.

¿Pero qué había dicho?

—No juegues, Tom —pronunció por fin.

—Yo no estoy jugando, estoy hablando muy en serio —Lo miré seguro de mí mismo, cruzando mis brazos repentinamente—. ¿O es que no quieres venir a hacerme compañía en la mansión?

Touché.

Andreas se lanzó a abrazarme, tal y como lo había supuesto segundos atrás. Mi amigo era un tanto predecible.

— ¿No estás jugando? ¿Esto es real? ¿Yo? ¿Vivir? ¿¡En la mansióoooon!?

—Sí, sí Andy. Tú, conmigo, en la mansión…

— ¡Joder, que eres el mejor! ¡Te lo juro hermano, el mejor! —Dejó de abrazarme y se apartó unos cuantos pasos lejos de mí.

—No es para tanto. Siempre juntos, ¿recuerdas?

Andreas sonrió ampliamente, ladeando su cabeza y me miró tiernamente, así justamente como lo hacía antes, cuando éramos niños.

 

Volví de la escuela junto con Andy, ambos llegamos muy cansados a casa y dejamos nuestras pesadas mochilas encima del sofá.

Andy prácticamente vivía conmigo; sus padres no se preocupaban por él y les daba igual si llegaba o no, a dormir a su casa, así que nosotros aprovechábamos la situación. Éramos como hermanos, siempre juntos, siempre unidos. Teníamos trece años, y habíamos sido mejores amigos desde los nueve. Podría decirse que éramos uno solo, nos conocíamos mejor que nadie.

Después de dejar las mochilas en el sillón, emprendimos camino hacia mi habitación; teníamos planeado jugar Xbox un rato y luego salir a patinar, amábamos patinar. Subimos rápidamente las escaleras y luego de abrir la puerta de mi recámara, nos internamos para después prender el videojuego y disponernos a jugar un buen rato, casi como todas las tardes.

Después de unos minutos de juego, que por cierto, le estaba ganando a mi mejor amigo, logré escuchar el molesto grito de mi madre: Simone. Siempre era tan inoportuna, interrumpiendo en todo lo que podía.

Bufé un tanto molesto y le puse pausa, le dirigí una corta mirada a Andy y bajé corriendo las escaleras.

— ¿Qué pasa?

—Tom, ¿por qué todavía no estás listo? ¡Te dije que te arreglaras, por Dios!

— ¿Arreglarme? ¿Para qué? —Crucé mis brazos, recargándome en el marco de la puerta.

— ¿¡Cómo que para qué!? ¡Hoy viene tu hermano, Tom!

Estampé una de mis manos en mi frente, cerrando un poco los ojos.

¡Cierto! Hoy llegaba un supuesto hermano que tenía. Simone no me había querido decir más, sólo eso, que tenía un hermano y que hoy iba a conocerlo. Lo había olvidado por completo.

—Lo siento mamá, lo olvidé por completo.

—Bueno, no importa, cariño —Revoloteó su mano derecha, restándole importancia y siguió acomodando la cocina, los manteles, las sillas y todo lo que según ella, pudiera dar una mala impresión a mi desconocido “hermano”.

Seguramente Simone estaría con los pelos de punta, esperándolo. No le había dado importancia a mi rebeldía y había preferido seguir limpiando antes que regañarme. Estaba estresada, se le notaba a leguas.

Subí nuevamente corriendo las escaleras y abrí la puerta de golpe. Tenía que avisarle a Andreas.

— ¡Deja eso! —Le quité el control del Xbox de las manos y lo puse sobre un estante que estaba cerca.

— ¿Qué…?

— ¡Vamos, ven!

— ¿Tom, qué pasa? ¿Por qué las prisas?

No respondí a la pregunta de mi amigo y apagué rápidamente la consola, y luego me cambié de playera. No podía presentarme ante mi hermano con el uniforme de la escuela todavía puesto.

Luego de unos minutos, bajé las escaleras, con un incrédulo Andreas a mis espaldas.

Un muchacho alto, de piel blanca, piercing en la ceja, lunar debajo del labio, ojos maquillados de negro, pelo alborotado, tanto como un erizo de mar y con luces amarillas, apareció delante de mí. Llevaba puestos unos pantalones de mezclilla, no muy pegados, pero tampoco tan aguados como los míos, unas botas de pico, una playera pegada (esa sí que estaba pegada) color rojo, y varios collares adornando su cuello. Era todo un personaje, una diva, un… Dios. Imponía mucho, muchísimo.

Me quedé ahí parado, sin saber exactamente qué decir. Tenía muchas preguntas formuladas, pero desafortunadamente, ninguna podía salir de mi boca.

¿Quién era? ¿Por qué estaba ahí? ¿Qué tenía que hacer yo?

Volteé a ver a mi mamá expectante. Quería que aclarara todas mis dudas y que me explicara las cosas.

Ella sonrió ampliamente y se dirigió al chico que se encontraba enfrente de mí.

—Él —dijo al mismo tiempo que palmeaba ligeramente su hombro y después volteaba su mirada hacia mí— es William.

¿William?

Alcé una ceja, mirándolo de nuevo, intercambiamos miradas por unos segundos, me sonrío, mordiendo ligeramente su labio, y sentí como si una corriente eléctrica recorriera todo mi cuerpo. Él causaba algo en mí. No sabía muy bien el qué, pero definitivamente era algo que nadie más podía lograr. Sentía que ya lo conocía de toda la vida, que ambos habíamos formado una fuerte conexión en esos pocos minutos de conocernos.

—Hola, Tomy —dijo luego de unos momentos y volví a sentir un escalofrío. ¿Por qué?

—Ho-hola —titubeé, guardando mis manos en los bolsillos, evitando así que mis nervios se dieran a notar.

Él río por lo bajo y miré nuevamente a mi mamá que parecía enternecida por nuestro encuentro.

—Él es tu hermano, Tom.

¿Quéeee? ¿¡Hermano!? Pero… Esperaba encontrarme con un hermano parecido a mí, o al menos más chico, pero no, él era mucho más grande, ¿cómo podría ser mi hermano? ¿Mamá lo había tenido antes y no me había dicho nada? ¿Tenía un hermano mayor y no lo había conocido hasta ahorita? ¿Era hijo de ella o de Jörg? ¿Cómo?

Vi como Andy casi se atraganta con la saliva que acababa de pasar por su garganta.

Él obviamente no sabía nada acerca de mi supuesto hermano, no me había dado tiempo de contarle nada.

— ¿Hermano? ¿Tú eres hermano de Tom? —Andy caminó unos cuantos pasos hacia delante, enchinando un poco los ojos— No se parecen en nada —finalizó y negó con la cabeza.

Simone y Bill rieron cómplices. ¿Y estos desde cuando se llevaban bien?

Fruncí mis cejas, mirando la escena. Se formó algo llamado a los celos, tengo que admitirlo. Ignoré mi pequeño sentimiento y carraspeé un poco.

—Mamá, ¿puedo subir a jugar con Andreas? —pregunté mirándola directamente, por nada del mundo quería que mi mirada se desviara hacia mi hermano y volviera a sentir esos extraños escalofríos tocar mi cuerpo.

—Claro, cariño, suban. Yo llevaré a William a…

—Bill —interrumpió mi hermano—, pueden llamarme Bill, es más fácil —Se encogió de hombros y sonrió. Tenía una hermosa sonrisa.

—Ok, Bill —Mamá soltó una risita y prosiguió—. Vamos para que te acomodes en tu cuarto.

Él asintió, tomando sus cosas, y antes de que pudieran hacer otro movimiento, Andreas y yo ya nos encontrábamos en la puerta de mi recámara. La abrí y entramos rápidamente, para seguir jugando.

—Tom… —Escuché la voz de Andreas llamarme después de unos instantes de estar jugando.

— ¿Eh? —contesté, sin despegar mi atención de la pantalla.

—Ese tal Bill… —Calló por un momento y luego volvió a hablar— ¿En verdad es tu hermano? ¿Por qué nunca me lo habías dicho?

—Andy, no me culpes; yo también me acabo de enterar.

— ¿En serio? —Miré por el rabillo del ojo cómo giraba su cabeza hacia mí, dejando el control de lado— ¿Pero, cómo? ¿Tú mamá nunca lo mencionó? Se ve que es mucho mayor que tú, ¿cómo es que Simone no te dijo nada?

—No lo sé, Andreas —Estaban comenzando a molestarme las preguntas de mi amigo. ¿Yo qué coño sabía?

—Vaya Tom… —Suspiró apenas— Que sorpresa. Supongo que debe ser cool tener un hermano mayor.

—Tal vez…

— ¿Tom?

— ¿Eh? —Yo no dejaba de mirar mi pantalla ni un segundo. Andreas lo notó y volvió a tomar su control, resignado.

— ¿Él…? —Volvió a callar. ¿Qué se traía?

— ¿Qué? —pregunté más directamente, quería que terminara la pregunta.

—Ahora que él es tu hermano… ¿Ya no vas a querer que yo venga a tu casa y esté aquí siempre?

Pausé el juego y giré mi cabeza hacia mi mejor amigo. Sólo así logró captar mi atención.

— ¿De qué hablas?

—Siempre has dicho que yo soy como tu hermano…

—Ajá.

—Ahora que ya tienes un hermano, tal vez ya no me necesites —Bajó su cabeza, dejando nuevamente el control de lado.

— ¡Hey, no digas eso, Andy! —Me acerqué hacia él, y lo abracé fuertemente. Él nunca dejaría de ser mi hermano, mi mejor amigo.

—Pero…

Me aparté escasos centímetros de su figura y lo miré directamente a los ojos.

—Siempre estaremos juntos, ¿oíste? —Sonreí, tomándolo del rostro y planté un suave beso en su frente, limpiando algunas gotitas que caían por mis pómulos—. Siempre juntos.

—Siempre juntos —repitió y asintió.

Es raro como la gente que no es de tu familia, se comporta como si lo fuera, y las personas que son tu familia, se comportan como si no lo fueran. Yo tenía varios ejemplos más claros que el agua.

Andreas, mi mejor amigo, hermano, compañero de toda la vida. Él y yo no teníamos ni una gota de sangre por error que nos uniera, pero a pesar de eso, nos queríamos y nos apoyábamos como hermanos. Y en cambio, Bill que de verdad era mi hermano, me había destruido la vida, había acabado literalmente con todos mis sueños, con mis ilusiones. Siendo mi hermano, se comportaba como un completo desconocido, como alguien que me odiaba y quería verme hundido. ¿Raro, verdad?

Sebastian era el más claro ejemplo, me dejaba todo sin compartir genes, sin compartir si quiera el color de cabello. Era mi padre postizo, como yo le decía, era mi modelo a seguir, mi apoyo incondicional. Y en cambio, mi padre, no quería saber nada de mí, había renegado que yo fuera su hijo y había sido la segunda persona que más daño me había hecho en la vida. ¿Más raro, no? Yo llevaba su sangre y él parecía haberlo olvidado.

Y por último, mi madre. De ella no hay mucho qué decir, simplemente que se había comportado muy injustamente conmigo y con Bill. Dejándose mangonear siempre por Jörg. Pero bueno, era y es su problema, yo no podía ni quería hacer nada para solucionarlo.

 

— ¿Y bien? ¿Cómo van las cosas, Cam? —preguntó Andreas, apoyando su mano en el hombro del susodicho.

— ¡Perfectas! Hoy mismo llega Blake Füller con el modelo y su asistente —Cameron sonrió, enseñando sus dientes blancos.

— ¿De verdad? —Cam asintió, mientras seguía mirando unos cuantos folletos de modas.

—He estado pensando en qué accesorios usar. Creo que debemos de ir a Los Ángeles a conseguirlos con algunos artistas de este género, sería maravilloso que nos donaran algunos y así ellos podrían tener promoción también, les conviene a ambas partes…

— ¿Te he dicho que eres el mejor diseñador que podría existir? —Sonreí mirándolo. Cameron era muy eficiente, siempre lograba sorprenderme y tenerme contento con su trabajo.

—Gracias, Tom —Bajó un poco la mirada, algo sonrojado. Era un poco tímido a veces, más cuando le soltabas un alago de ese tipo.

—Hay que ir cuanto antes —comentó Andy, soltando su hombro finalmente—. No podemos perder tiempo.

—Me parece muy bien. Arreglaré todo para conseguir las citas con los diferentes artistas y arreglaré también los vuelos —dijo Cam, dejando los folletos de lado—. Y… hay otra cosa que me gustaría comentarles…

¿Otra cosa? Parecía ser serio. Su expresión de felicidad cambió de momento.

— ¿De qué se trata? —pregunté algo ansioso, cruzando mis brazos y elevando ligeramente mi ceja.

—Es acerca del modelo…

— ¿Qué pasa con él? —Andreas imitó mis actos.

Ambos quedamos de frente a Camero, mirándolo expectantes.

—Blake me comentó que es un poco… —dudó— Amh… Prepotente, grosero, ambicioso, se cree la gran cosa y pide mucho —Mi amigo y yo intercambiamos miradas y las volvimos a regresar hacia Cam—. Pero también me dijo que es el mejor modelo que podemos conseguir. Es un poco complicado, no sé si tengan algún problema con eso…

—Pues —tomé la iniciativa para opinar— no creo que sea tan horrible como cuando trabajamos con Nicky Martin, ¿recuerdan? Esa modelo sí que era insoportable y caprichosa, no creo que ese modelo sea como ella.

Todos soltamos una risa floja. ¿Y si era peor que ella?

—Tal vez no lo sea.

—Estamos advertidos, Tom —Andy hizo un mohín y después salió de la sala; tenía varias cosas que hacer.

—A lo mejor Blake exageró un poco. Digo, es un modelo nuevo para nuestro país, no creo que se cotice demasiado, ¿no?

Me encogí de hombros, pensándolo mejor.

—No lo sé, Cam. Pero no estoy dispuesto a soportarlo. Sí, lo necesitamos, pero él nos necesita más a nosotros, a cualquier queja, se va, en serio —sentencié y él sólo asintió—. Por cierto, tengo todavía una duda… —Tallé mi mentón, mientras lo miraba.

— ¿Cuál?

— ¿Cómo se llama el modelo? No me lo has dicho.

—Yo tampoco lo sé, Tom. Blake no lo mencionó cuando se lo pregunté, al parecer quiere hacerse el emocionante.

—Mmh, ya veo…

Dimos por finalizada la conversación y nos dispusimos a hacer nuestros deberes. Yo debía tener todo listo para la noche. Blake, su asistente y el famoso modelo Europeo del cual todavía no sabía su nombre, llegarían y tenía que asignarles sus habitaciones de hotel y sus respectivos lugares de trabajo.

Me interné en mi oficina, haciendo reservaciones en el hotel previsto y luego de terminar, me dirigí hacia la oficina de Sebastian, saldríamos a comer.

 

— ¿Cómo va todo, hijo? Supe que esta misma noche llega el modelo y el nuevo diseñador que ayudará a la revista.

—Sí, Sebastian, llegan hoy mismo. Ya tengo todo listo para recibirlos, yo personalmente estaré en la entrada para darles la bienvenida. Andreas irá al aeropuerto y los traerá.

—Perfecto. Veo que tienes todo planeado, eso me gusta, que siempre estés un paso delante de todo —Mi padre postizo tomó su taza de café y se la llevó a los labios, para después tomar un pequeño sorbo.

—Es mi trabajo, lo tengo que hacer.

— ¿Y ya sabes quién es el modelo en cuestión?

—No en realidad. Blake Füller no quiso dar su nombre, y no sé por qué.

—Ya veo…

— ¿Tú sabes algo al respecto? —pregunté mirándolo directamente a los ojos.

— ¿Yo? —Volvió a tomar un sorbo de su taza y la dejó descansar en la mesa.

—Sí, tú.

— ¿Por qué piensas que yo sé algo acerca de eso? Eres tú el que está a cargo, ¿no es así?

—Todo es muy sospechoso, Sebastian. ¿Por qué esconderían a un modelo? ¿No te parece?

—Sí, pero, ¿yo qué tengo que ver?

—No lo sé, no soy tonto. Dime la verdad, por favor —Lo miré cuestionante, esperando una respuesta; algo me decía que él sabía exactamente lo que estaba pasando.

—Tom, vine a comer contigo, no ha platicar sobre el trabajo. ¿Quieres dejarlo?

Bufé algo cansado. También sabía que si él no quería, no podía hacer absolutamente nada para conseguir sacarle la verdad.

Por Bill.

Íbamos llegando a la ciudad de Nueva York. El vuelo había durado mucho y ya tenía ganas de llegar y descansar, pero Blake nos había dado la noticia de que teníamos que llegar directamente al edificio de la revista para conocer a nuestros compañeros de trabajo.

Bajamos rápidamente del avión, con algunas maletas en mano y otras siendo cargadas por los ayudantes, eran amables.

Cruzamos el pasillo de salida y logré divisar a varias personas con carteles con diferentes nombres. ¿Alguno tendría mi nombre o el de Blake escrito? No lo creo.

Miré a mí alrededor y luego me dirigí hacia Blake.

— ¿Vendrán por nosotros?

—Sí. Cameron dijo que vendría un muchacho llamado Andreas.

¿Andreas? Ese nombre…

Fruncí levemente el ceño, sin dejar de mirar a Blake.

— ¿Andreas qué?

—No lo sé, Kaulitz. Sólo dijo que Andreas.

— ¿Y cómo coño se supone que sabremos quién es, si no lo conocemos? ¿No se te ocurrió pensar en eso?

—Cálmate, William. Me lo describió, es obvio que lo reconoceré en cuanto lo vea.

Viré mis ojos, buscando por el lugar. ¿Pero qué buscaba? Yo no conocía al tal Andreas y entonces, ¿cómo podría saberlo? Pero aún sabiendo eso, seguía mirando a mi alrededor, por inercia. Miré luego a Georg y noté que se moría de sueño; no había pegado ojo en todo el viaje y sus ojos ahora se le cerraban al mismo tiempo que bostezaba.

Entonces lo vi.

Un muchacho alto, no tanto como yo, pero aún seguía siendo alto. Ojos verdes, cabello hasta los hombros, castaño, y rubio en la parte superior, vestido con un traje Dior muy elegante. Me miraba con los ojos abiertos de par en par, llevándose una de sus manos a su boca, se le veía bastante sorprendido, ya me imagino por qué.

Era Andreas Hudec: el mejor amigo, casi hermano de Tomy.

¿¡Pero qué carajo hacía el ahí!? ¿Cómo era que estaba trabajando en la revista? ¿Él? ¿¡En Nueva York!?

Tragué saliva, tal vez podía inventar que no lo conocía y así me ahorraría una escenita bastante espantosa.

Blake apuntó hacia él y nos hizo una señal de que avanzáramos hacia esa dirección junto con él. Tanto Georg como yo, hicimos caso, tomando nuevamente nuestras maletas y caminando hasta allá.

—Mucho gusto —Blake extendió su mano hacia Andreas y las estrecharon—, Blake Füller.

—G-gracias, igual —Observé como tragaba saliva y giraba su mirada hacia mí, casi podía sentir su nerviosismo chocar contra mí—. Andreas Hudec.

—Mucho gusto, Bill Kaulitz —pronuncié, estirando mi mano hacia él. Andreas la miró desconfiado, y luego la tomó, estrechándola por unos escasos segundos.

— ¿Bill Kaulitz?

—Sí —Sonreí ampliamente, mirándolo directamente a los ojos.

Sí, sabía que era yo, de eso no había duda alguna.

—Georg Listing —se presentó mi compañero, estrechando igualmente la mano del rubio.

—Mucho gusto, Georg.

Todos nos quedamos callados luego, la tensión podía incluso palparse en el ambiente.

—Bien… —Andreas acomodó su saco, poniéndose nuevamente los lentes oscuros— Vamos —Nos dio la espalda, caminando hacia la salida del aeropuerto.

Minutos después, estábamos enfrente del edificio de la revista Noise. Era verdaderamente impresionante. Caminamos, pasando las anchas puertas. Ya era muy noche, y por lo mismo, no había mucha gente alrededor. Al parecer, solamente estarían algunos trabajadores y principales esperándonos para darnos la bienvenida.

Vi cómo Andreas se ponía más nervioso cada vez que nos acercábamos. ¿Por qué? ¿Qué le pasaba? Digo, sólo me había visto, ¿con eso bastaba para que se pusiera así?

Chasqueé la lengua, dejando el tema de lado. ¿A mí qué me importaba?

Entramos los cuatro en el ascensor. Las maletas y demás cosas, se habían quedado en la limusina, tal vez después nos darían un hotel en donde quedarnos o algo parecido. El presidente de la revista seguramente lo había ordenado, había sido un gran gesto, no esperaba menos.

Esperamos a que las puertas del ascensor abrieran para salir y entonces sentí como si mi alma se me cayera hasta los pies.

— ¿Tom? —susurré para mí mismo.

Vi cómo Thomas se ponía totalmente blanco y sus ojos se abrían ampliamente, llenándose de agua. Andreas corrió hasta él y lo tomó del brazo, llevándoselo hasta una de las oficinas cercanas, cerrándola detrás de ellos.

Era Tom. Definitivamente era mi hermano…

.

Por Tom.

Todos nos encontrábamos en la recepción de la planta más alta, en donde estaban las oficinas principales. Estaba algo ansioso por conocer a los nuevos compañeros de trabajo y más por conocer al modelo. Arreglé rápidamente mi camisa y me paré recto, posando fijamente mi mirada en el ascensor.

Acto seguido, las puertas se abrieron y me dejaron ver algo que no estaba preparado emocionalmente para ver.

Sentí como una horrible presión se instaló en mi pecho y me comenzó a faltar el aire, se me fue el color de golpe y mis ojos se llenaron de lágrimas repentinamente.

¿¡Qué hacía él ahí!? ¿¡Por qué estaba parado al lado de Andreas y de los demás!? ¿¡QUÉ ESTABA PASANDO!?

Mis ojos se abrieron enormemente de golpe, mientras lo miraba de arriba a abajo.

Había cambiado totalmente. Estaba más alto, incluso más formado. Su cabello era corto ahora, tipo mohicano, dejando un tupé en la cima y se había dejado de teñir de negro. No usaba mucho maquillaje como antes, sólo se le notaba un poco alrededor de los ojos. Su vestimenta también era muy diferente, se veía más maduro, más centrado, más elegante, más… guapo.

Observé como Andy corría hasta mí, para luego tomarme del brazo y jalarme hasta su oficina, cerrando la puerta después.

No entendía nada. ¿Qué estaba pasando? ¿¡Qué diablos estaba pasando!?

—Tom…

— ¿Es una alucinación, verdad? —apenas pude pronunciar, tragándome las lágrimas, haciendo que se formara un doloroso nudo en mi garganta— Andy, ¿me estoy volviendo loco? Porque acabo de ver a Bill y…

—No —murmuró, abrazándome fuertemente—. Es real, Tom.

Apreté mis ojos, correspondiendo el abrazo que me propinaba mi mejor amigo.

Bill.

Bill estaba a unos cuantos metros lejos de mí.

Bill estaba ahí.

Bill.

Era Bill. Definitivamente era mi hermano…

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!