«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 5. El respeto se gana

Lo único que quería era morirme. Morirme y que no quedaran ni siquiera cenizas de mí. Primero había pensado que todo era una alucinación, que mis nervios y ataques de ansiedad me habían confundido y que absolutamente todo había sido una mala jugada de mi imaginación. Pero no, todo era realidad. Cruda y triste realidad.

Andreas estaba frente a mí, tratando vanamente de tranquilizarme, no lo lograría, al menos no en éste momento.

—Tom… por favor, no puedes…

—Andy, ¿¡te das cuenta de las cosas!? ¡Bill está allá afuera, joder!

Oí los sonidos de un puño tocando la puerta, y volteé aterrado hacia esa dirección. No podía dejar que nadie me viera así. ¿Y si era Bill el que tocaba?

—Voy a…

— ¡No! —Me interpuse entre la puerta de la oficina y mi mejor amigo.

—Tom —Escuché la voz de Sebastian al otro lado, se le notaba algo nervioso—, hijo, ¿qué pasa? ¿Te sientes bien?

—Todo está bien Sebastian, no te preocupes —intervino Andreas, apartándome de la puerta.

—Está bien. Tom… —pronunció— Hablamos cuando estés más tranquilo, sé que ahorita no entiendes muchas cosas, pero tarde o temprano tenía que pasar esto —Y dicho eso, se retiró de la puerta, dando grandes pasos lejos de nosotros.

¿Qué había dicho?

Me quedé perplejo mirando a Andreas.

— ¿Qué…?

—Tom, cálmate.

— ¿¡Como quieres que me calme, Andreas!? ¿Lo acabas de escuchar? —Apunté hacia la puerta, con las lágrimas brotando todavía de mis ojos.

—Tal vez lo malinterpretaste y…

— ¿¡Que lo malinterpreté!? ¡No seas absurdo! —Me senté en la silla giratoria más cercana a mí y tapé completamente mi cara, reprimiendo los gritos y sollozos de dolor que emanaban desde lo más profundo de mi ser— Tengo que hablar con Sebastian… —Me paré del asiento como un rayo y me dispuse a salir de esas cuatro paredes para enfrentar lo que más me aterraba.

— ¡Tom! —Andreas me jaló del brazo, alejándome unos cuantos centímetros del pomo de la puerta— ¿Acaso estás loco o qué? ¿Sabes lo que puede pasar si sales? —preguntó casi susurrando.

— ¡No me importa! Necesito saber, necesito explicaciones, Andy —Miré a mi amigo con los ojos llenos de agua, rojizos a más no poder y con el corazón latiendo a todo lo que daba.

— ¿Crees que sea una buena idea?

—No lo sé, pero necesito hacerlo —dije muy seguro y volví a tomar el pomo de la puerta, haciéndolo girar lentamente.

Era verdad que quería salir y escuchar todo lo que Sebastian me tuviera que decir, pero me estaba muriendo de miedo. ¿Y si Bill seguía ahí? No quería verlo otra vez,  no quería tenerlo cerca de mí.

Me detuve por un instante, respiré hondo, y abrí de par en par la puerta, al mismo tiempo que soltaba todo el aire que albergaban mis pulmones. Miré a mí alrededor y…

No había nadie.

Fruncí levemente el ceño, pestañeando repetidas veces.

¿Por qué no había nadie? ¿En qué momento se fueron todos? ¿Estaba soñando?

—Creo que todos se fueron… —Andreas se situó a mi lado, cruzando sus brazos.

— ¿Tú crees? —pregunté irónicamente y suspiré— Esto… ¿en verdad está pasando, Andy? —Volteé a verlo y él sólo se encogió de hombros.

—A menos que sea una broma de muy mal gusto, cosa que no creo que sea una posibilidad —Andreas también me miró y alzó su mano hasta mi mejilla, acariciándola suavemente—. Es mejor que nos vayamos; mañana será un día pesado.

—Sí. No quiero estar aquí. Siento que no puedo respirar —dije, mirando a mi mejor amigo—. Vámonos —Sentía cómo mis manos comenzaban a temblar y mis ojos ardían, mi alma dolía.

— ¿Quieres que te lleve a tu casa? —dijo mi amigo, tomando mi hombro, apretándolo en señal de apoyo.

—Qui-quiero estar solo, Andy —Las palabras apenas salían de mi boca, estaba totalmente shockeado, no quería saber nada, absolutamente nada.

—Pero Tom —Suspiró—, sabes que eso no es bueno.

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Tus… —Observé cómo Andreas tragaba saliva y hasta comenzaba a sudar. Aflojó el agarre de la corbata en su cuello y me miró con ojos preocupantes.

— ¿Mis…? ¿Mis ataques? ¿Eso? ¡Dilo!

—Tom, por favor, sabes muy bien que no me gusta hablar de esto como a ti, pero no puedes estar solo, no ahora.

Era verdad, no podía estar solo, no justo en este momento. Aunque fuera lo que más deseaba, sabía que no podría.

Andreas se preocupaba realmente por mí y por lo que pudiera pasarme. Él había pasado conmigo todos esos duros momentos del pasado y ahora aquí se encontraba nuevamente junto a mí, apoyándome y brindándome todo su amor y comprensión.

Sólo asentí y emprendí camino fuera de la empresa. No tenía ánimos de nada, quería desvanecerme poco a poco, quería dejar de respirar de un momento a otro.

A veces pensamos que nuestro futuro lo formamos con las cosas que hacemos en el presente, pero no es verdad, el futuro de todas las personas se forma con las cosas que se hacen en el pasado. Con esas cosas que muchas veces buscas borrar, eliminar, como si de un historial de internet se tratase, pero la vida no es una computadora en la que puedes borrar, deshacer y luego restaurar si te arrepentiste de haber quitado algo, la vida es algo que tiene sus causas y consecuencias, algo que sólo vives una vez. Todos cometemos errores, todos amamos y odiamos alguna vez, nadie es perfecto.

 

Me quedé dormido poco después de que Andreas y yo llegáramos a mi departamento. Tenía que dormir, quería dormir y que al despertar me diera cuenta de que todo era un sueño.

Desperté muy temprano por la mañana y miré a mí alrededor, mi amigo seguía dormido y yo tenía un dolor de cabeza que me estaba matando, tal vez de tanto llorar.

¿No se supone que el dolor de cabeza se quita cuando duermes?

Me levanté rápidamente de la cama, despabilándome un poco y me dirigí a la cocina para tomarme una aspirina.

Una hora después, ya estaba completamente listo, listo para dar la cara y enfrentar lo que tuviera que enfrentar.

¿En realidad estaba listo?

—Tom, ¿estás seguro de que quieres ir a la empresa? ¿Y si te encuentras con…?

—Tengo qué —corté.

—Está bien —Andreas asintió y ambos salimos de mi departamento, para luego subirnos en el auto y emprender camino hacia ese edificio que tanto miedo me daba ahora.

 

Llegamos unos cuantos minutos más tarde y esperé a que el ascensor se abriera para poder entrar. Pulsé el botón de la última planta y volví a esperar. Cuando las puertas se abrieron nuevamente, salí a paso apresurado, ignorando las preguntas y saludos de mis demás compañeros y me dirigí directamente hasta la puerta del presidente de la revista. Cuando llegué, giré el pomo de la puerta y la abrí, haciendo un fuerte ruido al entrar.

— ¿¡Se puede saber qué mierda te pasa!? ¿¡Tú lo sabías todo, no es así!? —Lograba sentir cómo la sangre me hervía mientras fluía por mis venas. La ira contenida estaba a punto de explotar y yo no iba a retenerla. Sebastian ni se inmutó y me miró tranquilamente, posando sus brazos en el escritorio.

—Toma asiento —Apuntó a la silla que estaba justo enfrente de mí, como si me estuviera esperando y así lo hice, me senté, cruzándome de brazos y fulminándolo con la mirada.

— ¿¡Me vas a responder!? —pregunté severamente, con los labios ligeramente fruncidos.

—Sí, lo sabía todo, Tom.

Perplejo.

Estupefacto.

Atónito.

Como hielo.

Así me quedé.

¿Qué iba a decirle ahora?

Esperaba con todo mi corazón que me hubiese dicho que no, que él no sabía nada y que iba a despedir a Bill en cuanto yo se lo pidiera. Pero las cosas no habían salido así.

— ¿¡Sabes en la mierda que acabas de convertir mi vida!? —Grité, estampando mis dos manos sobre el escritorio, haciendo que algunos papeles volaran y uno que otro marco se volcara— ¿Te das cuenta Sebastian? ¡Lo trajiste, lo…!

—Cálmate —dijo muy tranquilo, sin dejar de mirarme directamente a los ojos.

— ¿Calmarme? —Enchuequé un poco la boca, mirándolo sorprendido— ¿¡Cómo quieres que me calme!? ¡No tienes una puta idea de lo que él significa para mí!

—Sí, lo sé. Y es precisamente por eso que lo traje, Tom —Se incorporó un poco y tomó algunas de las hojas que no habían volado del escritorio segundos atrás—. Creo que es momento de que te explique algunas cosas…

Estaba hiperventilando, sentía que el aire comenzaba a escasearse y que la vena que pasaba al lado de mi sien, estaba a nada de reventar.

— ¿Algunas cosas? —Solté una risa irónica, mirándolo fijamente a los ojos también.

—Desde que llegaste, llamaste mucho mi atención,  y creo que lo sabes —Yo sólo asentí, tratando de tranquilizarme.

Quería escucharlo, tenía que contenerme… Por el momento.

—Lo recuerdo. Era un don nadie junto con Andreas y tú nos recibiste en esta empresa, nos apoyaste siempre y ahora estoy en este puesto gracias a ti —dije con dificultad. La verdad me costaba reconocer todo lo que Sebastian había hecho por nosotros, principalmente lo que había hecho y el empeño que había puesto en mí.

— ¿Nunca te preguntaste por qué tuve tanta atención hacia ti?

Negué con la cabeza.

En realidad nunca lo había pensado a fondo.

—No. Digo, sí tenía curiosidad de saber por qué, pero pensé que tal vez me creías un hijo, que querías tener a alguien cerca.

—Tom, yo te conozco desde mucho tiempo atrás, antes de que tú me conocieras…

¿¡Quéeeeee!?

— ¿Qué dices? —Me puse pálido rápidamente. Comencé a sentir un fuerte frío recorrer mi cuerpo y me tomé la frente, dejándome caer hacia el respaldo de la silla en la que me encontraba sentado— ¿Me conocías? Pero… ¿cómo? ¿De dónde? ¿Quién…?

—Yo siempre he querido lo mejor para ti. Y Bill está aquí por una razón.

— ¿Cuál? ¿Qué quieres de mí? Espera… —Hice una pequeña pausa, soltando un poco de aire— ¿También conocías a Bill?

Sebastian asintió, cruzándose de brazos, sin dejar de mirarme.

—Necesito que confíes en mí, Tom —dijo muy seguro.

— ¿Confiar?

— ¿Es mucho pedir? Después de todo…

—No sé si ahora pueda hacerlo —Negué, tocándome la cabeza con ambas manos, apretando la zona ligeramente—. ¿Por qué?

Sin notarlo, estaba comenzando a tranquilizarme. ¿Lo habían notado?

Sebastian lograba tranquilizarme, siempre lograba transmitirme lo que él sentía.

—Por ahora no te puedo decir más. Ya llegará el momento, hijo —Sonrió ampliamente y acomodó los papeles que antes habían caído al suelo.

— ¿Qué pretendes que haga con Bill aquí? ¡Yo no me puedo quedar, Sebastian! ¡No…!

— ¿A qué le tienes tanto miedo? —Sebastian levantó todos los papeles que se encontraban alrededor y los volvió a acomodar en el escritorio, para después mirarme desde arriba.

—A él —dije casi inaudible, tragando saliva con dificultad.

— ¿Lo sigues amando?

Abrí completamente mis ojos, mirándolo con la respiración entrecortada.

¿Cómo lo sabía? ¿Cómo sabía que yo había amado a Bill en un pasado? ¿¡Cómo!?

—No sé de qué hablas —Aparté mi vista de él—. ¿Amarlo? Yo no lo amo, lo odio.

—Pero lo amabas… —aseguró, tratando de encontrar nuevamente sus ojos con los míos.

—No —corté, mirándolo nuevamente—. Nunca.

¿Era tan obvio? Tal vez se había dado cuenta de mis reacciones al hablar de Bill y por eso había deducido que yo había sentido algo por él, ¿no?

—Entonces, ¿por qué tanto miedo hacia él, Tom? Si ya no lo amas, si no sientes nada por él…

— ¡Porque si siento! —Grité, levantándome del asiento, comenzando a caminar en círculos por toda la oficina— ¡Porque lo odio, por eso! ¡Eso siento por él! ¡Odio y nada más!

Mis ojos volvían a aguarse. ¿Por qué lloraba tanto últimamente?

—Tom… —Suspiró, acercándose a mí y me dio un fuerte abrazo, estrechándome en sus brazos, dándome el consuelo que tanto necesitaba en ése momento.

— ¿Por qué lo trajiste? ¿Por qué? —pregunté con la voz entrecortada, ya no tenía caso acallar mis sollozos. Comencé a llorar, nuevamente.

—Tranquilo —Acarició mi espalda, dejando que yo posara mi cabeza en su hombro—. Todo estará bien…

Asentí aunque no muy convencido de que eso fuera cierto.

¿Qué tendría que hacer ahora? ¿Cómo iba a afrontar las cosas? ¿¡Qué coño iba a hacer con Bill a mi lado todo el maldito día!?

Después de unos momentos, me separé de mi padre postizo y lo miré; estaba sonriendo. No pude devolverle la sonrisa y enjugué mis lágrimas, sorbiendo mi nariz al mismo tiempo.

— ¿Tengo que hacerlo?

— ¿Recuerdas una clausula del testamento? —Enarcó una de sus cejas.

— ¡Claro! La de irme a Alemania, ¿cierto? ¡Me voy mañana mismo si así lo quieres!

Sebastian rió brevemente, negando con la cabeza y apoyó una de sus manos en mi hombro, apretándolo suavemente.

—No, Tom, la última que te mencioné…

—La verdad no. ¿Qué era? —pregunté expectante. ¿Cómo carajo no la recordaba?

—Decía que tenías que cumplir con algo —Fruncí levemente el ceño, tratando de recordar—. Pues el momento ha llegado.

Claro…

Lo recordé.

—Es probable. ¿Podemos seguir con las demás clausulas?

—Hay una herencia que quiero dejarte, un fideicomiso, por así decirlo, para asegurar tu futuro. Pero, nada en esta vida es fácil, ¿o sí? Antes de recibirlo tienes que cumplir algo…

—No me gusta eso, ¿qué tramas?

—Lo sabrás después —Sonrió ampliamente—. No te voy a decir todo, Tom.

Bufé nuevamente, rascando mi cabeza. Estaba comenzando a enfadarme tanto misterio.

—Sí, para que me den la herencia, tengo que cumplir con algo —Lo miré y él asintió, regresando a su silla, detrás de su escritorio—. Ese algo, ¿es soportar a Bill?

—Tú te darás cuenta, Thomas.

— ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué no hablas claramente conmigo y ya?

—La vida es un juego, Tom. ¿Por qué no te dejas llevar y lo juegas?

Definitivamente estaba más confundido que antes. Quería hablar con Sebastian y que respondiera todas mis dudas, quería sentirme seguro, tranquilo, pero ahora estaba lo opuesto a eso.

Salí de su oficina y fui a encerrarme en la mía. Usualmente, solía pasearme por la empresa y hacerme cargo de todo lo que pudiera, ayudando a los demás en sus trabajos y enterándome de todo lo que pasaba, pero ahora no quería. Tenía mucho miedo de salir y encontrarme con él. Era cierto que tenía que enfrentarlo, pero mientras más tarde, mejor, ¿no?

Tenía que salir y encargarme del vestuario, de los accesorios y de todo el diseño en sí junto con Cameron, pero sabía que Blake iba a estar con Cameron y por consiguiente, Bill también estaría ahí.

— ¿Vas a estar aquí todo el día, o piensas salir a hacer tu trabajo? —Andreas apareció por la puerta, cargando dos bolsas, ambas colgadas a cada lado de sus hombros.

—Me quedaré.

— ¡Tom! Vamos, no puedes estar aquí encerrado. Algún día te lo toparás, no eres invisible, ¿sabes?

—Desearía serlo… —Dejé caer mi cabeza en el escritorio, cubriéndola con este.

—Sé que es duro, pero no hay nada que se pueda hacer. ¿Ya hablaste con Sebastian?

—Fue lo primero que hice, Andy —respondí, levantando mi cabeza.

— ¿Qué te dijo?

—Él lo planeó todo —contesté, levantándome de mi asiento y miré por primera vez a mi amigo desde que entró a la oficina.

— ¿Qué? Pero… —Andreas miró el piso, tallando levemente su mentón y luego volvió su mirada hacia la mía— Claro que lo sabía, ¡era demasiado obvio! ¿Quién más le pudo haber sugerido a Cameron que contactara a Blake? Seguro que Sebastian lo sabía todo y… —Andy calló unos segundos y tapó su boca, abriendo más lo ojos. Se destapó luego la boca y continuó— ¡Tom! Sebastian lo supo siempre… Es decir, cuando le dijiste lo de redecorar la revista, él ya lo sabía, ¿no? Es un plan o…

— ¡Andreas! —Lo callé— Ya lo sé, él lo sabía todo y hasta más, sabe cosas que nosotros no. ¿¡Quieres callarte de una vez!?

Andy me miró asintiendo. Al parecer estaba más sorprendido que yo.

— ¿Qué piensas hacer ahora? No será que Sebastian está coludido con Bill para…

— ¿Arruinarme? No lo creo, por un momento sí lo pensé, pero ponte a pensar: Él nos ayudó al principio, ¿por qué esperar tanto tiempo para hundirme? Es ilógico, ¿no crees?

—Uno nunca sabe, Tom…

—No voy a desconfiar de él. Es como si mordiera la mano que me ha dado de comer durante todo este tiempo. Sebastian lo trajo, sí, pero lo está haciendo por alguna buena razón —aseguré, ahora creyendo totalmente mis propias palabras.

Sebastian era mi padre, no biológico, pero sí lo era. Yo no podía dudar de él después de tantas cosas que me demostró y me sigue demostrando.

—Tienes razón —Andreas suspiró, mirando hacia afuera—. No debemos dudar de él.

— ¿Qué miras? —pregunté, inclinándome un poco para ver también, pero mi amigo me tapaba la visibilidad.

Observé cómo Andreas tragaba saliva, sosteniendo más fuerte las bolsas y entonces entendí. Había visto a Bill.

Comencé a sudar frío y cerré fuertemente la puerta, apoyándome en ella. Andreas me miró incrédulo y dejó las bolsas encima del escritorio.

—Creo que…

—Era él, ¿verdad? ¿Venía hacia acá?

Andy asintió y sentí justo chocar en mi espalda, unos pequeños golpecitos que habían propinado contra la puerta.

Mi corazón comenzó a latir a mil por hora y mis manos temblaban ligeramente.

— ¿Tom?

Esa voz…

Abrí la puerta lentamente y miré a la persona que estaba detrás de ella.

— ¿Qué pasó Cameron?

Sí, era Cam. Respiré más calmadamente, sacudiendo mis manos detrás de mí, sin que él pudiera verme.

—Tenemos mucho trabajo con el modelo, hay que enseñarle las salas de la empresa y en donde va a trabajar él con Blake y el otro chico… ¿Cómo se llama? Bueno, no importa, pero hoy será un día pesado, sé que a lo mejor estás cansado o atareado por tanta cosa, pero te necesito, no puedo yo solo con esto. Andreas ¿está ahí?

—Sí —respondió el rubio, asomándose para ver igualmente a Cameron.

— ¿Conseguiste lo que te pedí?

—Aquí lo tengo, ¿hoy iremos a Los Ángeles?

—Cancelé el viaje para mañana, hoy no hay tiempo, tenemos que dejar todo arreglado aquí —Cameron me miró y luego miró a Andreas—. Entonces, ¿vienen?

Mi amigo y yo asentimos y Cam dio media vuelta, para luego entrar a la sala que le correspondía.

.

Respiré profundamente, exhalando luego el aire y me dispuse a entrar. Andreas ya había entrado minutos atrás, pero yo quise tranquilizarme primero.

Abrí la puerta y miré a mí alrededor, logré divisar a Andy y a Cameron entre tanta gente que montaba el lugar y luego lo miré a él.

Bill estaba a escasos metros de mí y yo no sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Entonces giré sobre mis talones y salí rápidamente de la sala, corrí escaleras arriba, por la puerta de emergencia y salí a la azotea, dejando que el aire diera contra mi cara.

¿Por qué era tan débil? ¿Por qué no podía resistir ni siquiera verlo? ¿Qué me había hecho para dejarme así?

Me apoyé en una de las barandas y miré hacia enfrente, el paisaje era bellísimo, lograba ver todos los edificios más importantes de Nueva York. Estaba en la cima, en la cima del mundo, pero no me sentía de esa forma, no me sentía el dueño de esa cima.

—Siempre te gustó salir a tomar aire cuando te sentías sofocado o… nervioso.

¡Mierdaaaa!

Cerré fuertemente mis ojos, sosteniéndome de la baranda para no caer, repentinamente mis piernas se habían vuelto flanes.

—Y a ti siempre te gustó hacerte el interesante y seguirme para ver qué me pasaba —Abrí mis ojos y vi a Bill recargado de espaldas a un lado de mí, con los codos flexionados, mirándome fijamente, con una media sonrisa plantada en su rostro.

Realmente estaba ahí, diferente, pero estaba junto a mí. No era un sueño ni un espejismo, era mi hermano en carne y hueso.

—Me dejé de teñir para parecerme un poco más a ti, y mírate, ahora el que se tiñe eres tú… —Apuntó con la cabeza hacia mis trenzas y ensanchó su sonrisa.

—Creo que hicimos exactamente lo mismo —Nuestras miradas se conectaron y por un escaso segundo creí perderme en esos hermosos y seductores ojos marrones.

Quité mi vista de la suya y suspiré profundo, inclinándome un poco hacia enfrente.

—Has crecido mucho enano, eres todo un hombre ahora.

— ¿Por qué estás aquí, Bill? —interrumpí sus palabras.

Logré ver cómo enarcó una ceja, la cual todavía estaba adornada con un arete de bolita.

—Es una coincidencia simplemente, no creas que vengo detrás de ti, Tomy —arrastró ligeramente esa palabra, esa palabra que muchos tomarían como cariño, pero que yo tanto aborrecía.

Lo miré nuevamente, con los ojos llenos de rabia y frustración.

—No me llames así —dije muy seguro de mí mismo.

Bill soltó una pequeña risa y se incorporó, dejándose de apoyar contra la baranda.

—Recuerdo que antes te encantaba que te dijera así.

—Antes —corté—. Muchas cosas han cambiado ahora —Me di la vuelta, recargando ahora yo mi espalda contra la baranda y me crucé de brazos, jugando con mi piercing.

—Siempre me encantó que hicieras eso —Dirigió sus ojos hacia mis labios, sonriendo otra vez.

Dejé de hacerlo automáticamente.

— ¿Qué pretendes? —pregunté, mirándolo directamente a los ojos.

Sabía que no era bueno mirarlo a los ojos, siempre caía cuando lo hacía, pero ahora no estaba dispuesto a dejarme llevar por él, ya no más.

Tenía tantas cosas que decirle, tantas cosas que gritarle, pero justo en ése momento nada podía formularse en mi cabeza para salir por mis labios. Todo me daba vueltas, mis pensamientos y recuerdos chocaban contra mi cerebro, tenía la cabeza hecha un lío, un verdadero lío.

— ¿Yo? Nada, enano. ¿Recuerdas que fuiste tú el que me trajo aquí?

—Fue Sebastian, mi pa… Mi jefe, el presidente de la revista. Yo soy sólo…

—El próximo presidente. Los chismes corren rápido aquí, ¿sabes? —Bill se cruzó de brazos al igual que yo y me miró con la ceja enarcada todavía.

—Eso no te incumbe.

—Claro que no, no es mi problema —Alzó sus hombros, restándole importancia—. Mi hermano se convertirá en la persona más importante de Nueva York, pero eso no tiene por qué importarme, ¿no es así?

—Tú y yo dejamos de ser hermanos hace mucho tiempo —dije duramente.

¿Quién se creía para venir a decirme en mi cara esa palabra?

—Sí, lo recuerdo muy bien, desde esa vez que nos acostamos y dijimos que…

— ¡Cállate, Bill! ¡Cállate! —Avancé unos cuantos centímetros hacia él, pero me detuve antes de llegar hasta su posición.

— ¿Qué? No me digas que te duele… —Volvió a soltar una risa y avanzó el último paso que yo no me atreví a dar— ¿Te duele, Tomy? —Preguntó, casi en un susurro— ¿Te duele todavía que te haya dejado de esa manera? ¿Te duele todavía que ni siquiera tus padres te hayan apoyado? —Agaché mi cabeza, mirando el suelo, no podía verlo. Bill tomó mi mejilla, acariciándola apenas, mientras acercaba sus labios hasta mi oreja— Porque a mí no, a mí me gusta verte así, me gusta ver que estás todavía enamorado de mí.

Lo empujé con todas las fuerzas que salieron desde lo más profundo de mí. Mis ojos volvían a estar empañados y apreté fuertemente mis puños.

— ¡CÁLLATE! ¡Tú no tienes derecho a venir y decirme…!

— ¿Decirte qué? ¿La verdad? —Acortó la distancia entre nosotros una vez más, pude sentir su respiración chocar con la mía, mi piel se erizó y por un momento, logré respirar su aroma, su rico y embriagador aroma que hacía que mis estribos se perdieran totalmente.

Cerré los ojos, sintiendo una de sus manos acariciar mi cuello y después subir hasta mi mejilla, sentí sus labios rozar los míos, estaban húmedos. Continuó sus caricias hasta llegar a mi nuca, jalándome un poco más hacia él, nuestros labios quedaron a escasos milímetros y entonces sentí cómo su lengua los delineaba y pedía permiso para inmiscuirse dentro de mi boca. ¿Dentro de mi boca?

Abrí mis ojos repentinamente, dándome cuenta de lo que estaba sucediendo.

No estábamos en la casa de Simone, yo no tenía trece años y Bill no tenía diecinueve.

Lo empujé nuevamente, apartándolo lejos de mí. Había intentado hacerme caer otra vez para luego reírse en mi cara como lo había hecho en el pasado. Pero esta vez no se lo iba a permitir. Esa vez sería yo el que terminaría riéndome en su cara después de haberle destruido la vida. Tal vez eso quería Sebastian, tal vez ése era el motivo de haber traído a Bill de regreso.

Destruirlo.

— ¡Yo ya no te amo! Siento todo lo contrario hacia ti, me das asco Bill, ¡eres repugnante! —le grité a la cara y luego me di la vuelta, muerto de rabia. Todo estaba saliendo de mi boca, todo lo que tanto quería decirle se lo estaba escupiendo— Tú no eres nadie —Volví a mirarlo apuntándolo con mi dedo índice—, y yo ya no soy ese niñito al que manipulabas y manejabas a tu antojo, ¡ya no! ¿Piensas que ahora que nos reencontramos todo será igual? —Pregunté, hiperventilando, con mis puños apretados a cada costado de mí— ¿Crees acaso que volverás a engatusarme con tus estúpidas palabras? Pues te equivocas —sentencié, frunciendo mis labios, mordiéndomelos por dentro—. El que manda ahora soy yo, estás en mi futura empresa y eres uno más de mis empleados, el que seas mi hermano no importa —Solté una risa floja—. Nada cambia el hecho de que ahora estés aquí Bill. Te sigo odiando como hace años, sigo teniéndote ese mismo desprecio, sigo…

—Entonces veo que estamos igual, hermanito —dijo con voz cantarina, cruzándose de brazos.

— ¿A qué te refieres? —pregunté, enarcando una ceja.

—A que sentimos exactamente lo mismo —aseguró.

— ¿Quieres decir que también me odias? —Respiré hondo, destensando mi mentón— ¿Qué te hice yo? ¡Fuiste tú el que destruyó mi vida!

— ¡Deja de hacerte la víctima, Tom! —Bill se acercó unos cuantos pasos hacia mí, mirándome desde arriba; todavía era un poco más alto que yo— ¡Deja de dar lástima y de hacerle creer a los demás que eres el inocente aquí! Tú eres una vil mierda tanto o más que yo.

—Já —Reí irónicamente, mordiendo con brusquedad mi labio—. ¿En serio crees que yo soy como tú? No tienes tanta suerte, Bill. Tú buscas destruir todo lo que está a tu paso, puedes hacer que el amor se convierta en odio, que lo más dulce y hermoso se convierta en algo asqueroso y cruel. ¿Quién te crees que eres? —Lo miré nuevamente directo a los ojos, buscando un poco de culpa, de tristeza o al menos de arrepentimiento, pero no lo logré.

—Soy mucho mejor persona que tú, porque yo no finjo ante los demás, no soy hipócrita.

— ¿No? Y cuando estabas conmigo, ¿no lo fuiste? ¡Fuiste el más grande mentiroso de toda la tierra! ¡Fuiste…!

— ¿Y tú, Tom? ¿Tú fuiste sincero en realidad?

—Sí —respondí, con la voz entrecortada. Sentía unas ganas inmensas de llorar, otra vez— Fui completamente honesto en todo lo que hice y dije. Siempre.

— ¡Mentira!

—Es verdad…

—Tú no me amabas, era sólo una rebeldía de tu parte, querías ser el centro de atención, querías que Simone se diera cuenta y te defendiera, pero —Pausó y ladeó un poco la cabeza, bajando poco a poco el tono de voz—, no te salió, ¿verdad? —Y luego sonrió, sonrió con los ojos cristalinos para después respirar hondo y negar con la cabeza— Y ahora mírate: ¡Tom Kaulitz, el futuro presidente de Noise! —Extendió sus brazos a lo largo, alzando su cabeza— ¡Mira lo que eres ahora! ¿No estás orgulloso? Te deshiciste de toda tu familia, y ahora estás mejor, ¿no era eso lo que querías?

—Estás enfermo —dije mirándolo incrédulo.

¿Cómo demonios se atrevía ahora a culparme a mí de todo lo que pasó? ¿¡Cómo se atrevía a decirme todas esas cosas, haciéndose él la víctima!? ¡Maldito imbécil!

Volvió a reír, y sacó su cajetilla de cigarros. Vicio que me había pegado desde muy chico.

— ¿Tú también me lo dices? Creo honestamente que ambos somos unos enfermos, hermanito —Sacó un cigarro, para luego meter su mano libre en su bolsillo trasero y sacar un encendedor.

—Te voy a pedir que de ahora en adelante —Lo miré, apuntándolo con un dedo—, te limites a llamarme Tom —Hice hincapié en mi nombre y continué—, ó señor Miller, entre tú y yo no hay nada, Bill, que te quede claro y… —Alcé una ceja— Soy tu jefe, merezco respeto.

—El respeto se gana, Tomy —dijo y después sonrió socarronamente. Prendió su cigarro y giró sobre sus talones, se dirigió hasta la puerta de salida, y se perdió completamente de mi vista.

Suspiré profundamente, haciendo que mi cuerpo colapsara. Mierda. Los ataques.

Mi vista se volvió negra, no lograba ver nada y de pronto sentí mi cuerpo totalmente flácido chocar contra el duro asfalto.

El respeto se gana…

Esas palabras resonaban en mi cabeza, como hacen los ecos. Resonaban una y otra vez.

El respeto se gana…

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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