«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 6. ¿Cómo sufriría?

— ¡No respira!

— ¡Joder, Andreas quítate! ¡Necesita aire!

— ¡Pero…!

— ¡UNA AMBULANCIA! ¡ALGUIEN QUE LLAME A UNA AMBULANCIA!

No lograba abrir mis ojos, escuchaba todo lo que pasaba a mí alrededor pero no podía distinguir nada. Sentía una fuerte opresión en mi pecho, no me podía mover, sentía algo espumoso escurrir por mi boca y mi cabeza daba vueltas como loca. Conocía perfectamente esa sensación, una vez más, tenía uno de mis ataques. Los doctores decían que aparecían cada vez que me encontraba sometido a un gran estrés, o cuando vivía distintas emociones juntas, como justamente me estaba pasando ahora.

¿En qué momento habían regresado? ¿En qué momento me había pasado todo esto? ¿Por qué no pude darme cuenta antes y pararlo? 

—Tom, ¿me escuchas? ¿Tom?… —Escuchaba una voz particularmente conocida resonar en mi cabeza, una voz que se escuchaba lejos, como en eco, pero a la vez muy cerca de mí.

— ¿Mamá? —Logré abrir mis ojos y me encontré con la cara de Simone justo enfrente de mí.

¿Qué estaba haciendo ella ahí?

La miré extrañado, frunciendo ligeramente el ceño.

¿Acaso estaba soñando? ¿Dónde estaba?

— ¿Dónde estoy?

—Estás a salvo, cariño. No te preocupes por nada —dijo ella, acariciando con dulzura mi mejilla—. Ya nadie podrá lastimarte —Su voz seguía escuchándose de la misma forma.

¿Por qué la escuchaba así?

—Mamá… —Pestañeé repetidas veces, tratando de enfocar el lugar. Giré mi cabeza hacia la izquierda y pude ver una luz lejana, muy lejana pero que brillaba con gran intensidad— ¿Dónde estoy? —Volví a preguntar, mirando nuevamente a Simone.

Lucía muy diferente a como la recordaba, estaba con muchos años encima obviamente, su cabello ya no era tan voluminoso y sedoso, y en sus ojos había tristeza, mucha tristeza.

—Estás conmigo mi amor, y eso es lo único que importa.

Su voz comenzaba realmente a desesperarme. ¿Por qué coño hablaba así? Como si todo fuera tan surreal. ¿Han visto esas películas en las que el protagonista se muere, llega a un lugar lleno de luz, se encuentra a sus seres queridos y les hablan con ese tono de voz? Así me sentía. Como si estuviera…

Esperen… ¿Estoy muerto? ¿Muerto? ¿¡Cómo se te ocurre Tom!? ¿Cómo vas a estar muerto?

— ¡Desfibrilador! Uno, dos, tres…

¿Pero qué…?

—Doctor, lo estamos perdiendo…

Las voces sonaban tan claras, como si todo estuviera pasando a mí alrededor. Pero no podía estar pasando, ¿o sí? ¿Muerto por qué? ¿O acaso eso era exactamente lo que quería? ¿Estar muerto? Sí, lo había dicho horas atrás, había dicho que deseaba morirme y que no quedaran ni cenizas de mí. ¿Dios realmente te cumple tus deseos? Dicen que hay que tener cuidado con lo que deseas porque se puede convertir en realidad…

¿Eso me había pasado a mí?

— ¿Estoy muerto? —le pregunté a mi mamá. Ella seguía mirándome tiernamente, sin dejar de acariciar mi mejilla ni un instante.

Pero todavía hay algo que no entiendo: Se supone que estoy muerto, o me estoy muriendo, ¿no? ¿Cómo es posible entonces que Simone esté aquí? Ella no está muerta, no puede estar…— Mamá, ¿tú…?

—Cariño, nunca olvides que te amo —pronunció, haciendo caso omiso a mis preguntas, una sin concluir en realidad—. Perdóname, Tom, perdóname por favor, hijito.

—Doctor, ya no se puede hacer nada…

—Mamá, pero… ¿Qué haces tú aquí? ¿Por qué…? —Repentinamente sentí mis mejillas humedecidas. Estaba llorando. ¿Los muertos pueden llorar?

¿Por qué ella tenía que estar ahí? ¿O era todo producto de mi imaginación?

—Prométeme que harás lo correcto, Tom. Prométeme que pase lo que pase, harás lo correcto…

¿A qué se refería exactamente con correcto?

— ¡Una vez más! ¡Desfibrilador! Uno, dos…

—Mamá…

—Promételo…

—Sí, te lo prometo —Asentí, cerrando fuertemente mis ojos, sintiendo poco a poco como el roce de su delicada mano se intensificaba contra mi mejilla.

—Mamá… —susurré, abriendo poco a poco a mis ojos, sintiendo como la luz que emanaba del foco encima de mi cabeza chocaba contra mis pupilas.

— ¿Mamá? ¿Ahora así se les llama a los mejores amigos? Vale que he sido como tu madre por todo este tiempo, pero no es para tanto, Tom —Escuché la risa de Andreas, al mismo tiempo que dejaba de acariciar mi mejilla.

¿Pero…?

—Ya, dale un descanso, Andy. El pobre ha estado un minuto muerto, ¿merece respeto no lo crees? —dijo Cam.

¿Pero qué jodid…?

— ¡Tom, despertaste, hijo mío! —Sebastian apareció en escena, extendiendo sus fuertes brazos, mientras ensanchaba su sonrisa.

— ¿Dónde estoy? —pregunté cuando todos por fin se callaron. Giraron sus miradas hacia mí y sonrieron tiernamente.

—En el hospital —contestó Andy, quien todavía se encontraba a mi lado, mirándome fijamente, como si temiera que mis ojos volviesen a cerrarse—. Tuviste… —Carraspeó levemente, enchuecando un poco la boca— Ya sabes, otro de los ataques y…

—Fue muy fuerte, Tom —interrumpió Sebastian—, te encontramos mucho tiempo después, casi no respirabas y la ambulancia demoró mucho.

—Pero hierba mala nunca muere, ¿eh? —logré pronunciar, soltando una ligera risa, me costaba mucho hablar con claridad y sentía todo mi cuerpo pesado.

Todos rieron levemente, dirigiéndose miradas entre ellos, y luego Cameron se levantó, acomodando su corbata.

—Espero que te mejores muy pronto, Tom —Sonrió ampliamente, guiñando un ojo—. El deber me llama, alguien tiene que ocuparse de la revista —Rió apenas y enfiló hasta la puerta de salida, girando el pomo para después perderse de la vista de todos.

—Me alegra que estés bien, hijo —dijo Sebastian, acercándose a mí. Andy le dio espacio, y entonces pudo sentarse junto a mí— Creímos que… —La voz se le quebró notablemente y pude ver como tragaba saliva para no dejar salir esas lágrimas que tanto había comprimido.

—Pero ya estoy bien… —dije para tratar de tranquilizarlo.

—Sí, y eso es lo único que importa, hijo —Sonrió, carraspeando gruesamente y se paró del asiento, girando sobre sus talones—. Los dejaré un momento solos, ¿está bien? Estaré afuera por si necesitas algo, hijo —se ofreció y salió repitiendo la acción de Cameron.

Andreas volvió a su posición anterior, y suspiró largo y tendido.

—No tienes una idea del susto que nos metiste, Tom —dijo, después de tomar fuertemente mi mano—. Nunca te había visto así, tan vulnerable, tan… ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué…?

— ¿Y Bill? —Fue lo único que pudo salir de mi boca en ése momento.

— ¿Bill? —preguntó Andy en un tono confuso. Sí, le extrañaba mucho que yo precisamente preguntara por mi hermano— ¿A qué viene eso ahora, Tom?

— ¿Dónde está? Él… ¿No vino a…?

— ¿Verte? —Noté como Andy fruncía levemente el ceño, haciendo una mueca de desagrado— Tom… Bill ni siquiera se inmutó cuando te vió tirado en el suelo, sacando espuma por la boca, con los ojos totalmente volteados y el cuerpo totalmente rígido. ¿En verdad crees que le importas?

Auch…

Suspiré pesado, mirando hacia otro lado; no podía dejar que la mirada me delatara. Por un escaso segundo creí que Bill estaría allí afuera preguntando por mí, interesándose aunque sea un poco. Había sido su culpa que yo me pusiera así, ¿y no le importaba? Claro que no. A Bill nunca le he importado en absoluto.

—Disculpa —dijo Andy, tomando mi mentón para que lo mirara—. ¿En realidad lo sigues amando, verdad?

No sabía exactamente qué contestar a su pregunta.

¿Lo seguía amando?

Y es que el darte cuenta de que en cualquier momento puedes morir, te hace ver la vida desde otro punto de vista muy diferente. Mamá dijo que…

— ¡Mamá! —exclamé, exaltándome un poco. ¡Cierto! Mi mamá estaba…

—Joder, que dejes de decirme así porque…

— ¡No, imbécil! —Negué con la cabeza, volteando hacia todos lados después— Andy, mi mamá está muerta… Simone…

— ¿De qué hablas? —Andreas frunció el ceño, soltando mi mano— Tom, todavía debes estar bajo los efectos de la anestesia y…

— ¡No! —interrumpí, tratando de levantarme de la cama— Yo tengo que…

— ¿Estás loco? Vale que eres cabeza dura, pero no creo que vaya a aguantar otro golpe si te levantas y…

— ¡Andy, coño, escúchame! —grité. En realidad, hablé fuerte, no tenía fuerzas para gritar, pero así lo sentí yo, como si hubiera gritado— Tengo que hablar con Simone, tengo que encontrarla, ella…

—Tom, cálmate por favor. Ya habrá tiempo para eso, ¿sí? Ahora necesitas descansar, joder. ¡No puedes estarte moviendo así! —Andy me estampó nuevamente contra la cama, haciendo que mi cabeza rebotara suavemente contra la almohada.

Ok, no saldría de la cama por el momento.

—Tú no entiendes…

—Lo único que entiendo es que tú necesitas reposo, necesitas dormir y recuperar fuerzas para que puedas salir rápido de este jodido hospital —aseguró, cruzando sus brazos— ¿Entiendes? ¿O te lo explico con manzanitas?

Asentí, hundiéndome más en la cama si podía.

Mi mejor amigo tenía razón. Tenía que recuperarme lo antes posible para tratar de ordenar mi vida cuanto antes.

—Vale, entiendo —acepté, soltando un largo suspiro.

Buscaría a Simone, tenía que hablar con ella, tenía que verla y tratar de arreglar mi situación.  Seguramente todo había sido un sueño por el efecto de la anestesia, porque ella no podía estar muerta, ¿no? Era imposible. Las malas noticias llegan rápido y si algo malo le hubiera pasado, yo ya me hubiera enterado. Jörg me contactaría y me lo diría, ¿cierto?

No me di cuenta en qué momento me volví a quedar dormido. Estaba demasiado agotado por lo que me había pasado y necesitaba descansar. Ya despertaría después y aclararía todo de una vez por todas. 

&   Por Bill   &

Todos en la empresa se encontraban notablemente movilizados; era obvio que Tom y el señor Miller eran fundamentales para que las cosas aquí estuvieran en perfecto orden. Cameron hacía bien su trabajo, al estar a cargo trataba de agilizar todo y dejar las cosas listas para que los demás pudiéramos continuar con nuestro trabajo, pero obviamente, necesita de la ayuda de alguien. Andreas tampoco estaba, así que poco a poco, empezaba a perder la paciencia.

—Hey, Cameron —me dirigí hacia él—. ¿Necesitas ayuda con algo? —Normalmente no ofrecía mi ayuda a nadie, pero éste chaval parecía necesitarla en realidad, además no tenía nada qué hacer por el momento y me fastidiaba estar sentado mirando como todos los demás hacían algo productivo.

—Gracias, Bill —Sonrió y me extendió un fólder lleno de papeles—. ¿Podrías llamar a las celebridades que tengo anotadas aquí, y preguntar si estarían dispuestos a prestar algunas de sus prendas para la revista? Trata de ser amable y brindarles algo para que acepten —Yo asentí sin decir una palabra y tomé el fólder entre mis manos—. Es muy importante, esto traerá mucha más publicidad a la revista y por supuesto, a ti.

Fruncí ligeramente el ceño ante su afirmación.

— ¿A mí? —pregunté algo extrañado. ¿A mí por qué?

—Claro —Volvió a sonreír y me miró divertido—, tú eres el modelo principal, ¿no? ¿Quién crees que usará todas esas prendas y accesorios para presentarlas en la revista?

¿¡Cómo dijooooo!? ¿Yo?

Abrí ampliamente mis ojos, aplastando el fólder contra mi cuerpo.

— ¿Es en serio? ¿Yo…?

— ¡Por supuesto, Bill! —Palmeó mi hombro al mismo tiempo que soltaba una risa divertida y se giró para emprender camino hacia otra sala— Ah, y otra cosa —dijo, mirándome de reojo—, ¿podrías también preparar el viaje hacia Los Ángeles? Tom no viajará, es obvio, y yo me tendré que quedar para supervisar todo, pero tenemos casi el tiempo encima, así que pensé que tal vez Georg y tú podrían ir junto con Andreas. Ya sabes, para recoger los accesorios que nos lleguen a prestar y claro, para hablar personalmente con algunos famosos.

—Sí, ¡claro! Arreglaré los boletos para hoy mismo —Asentí gustoso y Cameron me dirigió una mirada aprobatoria, sonrió y volvió a enfilar hasta otro lugar.

Vaya que la noticia me había caído de las mil perlas. Viajaría a Los Ángeles y obviamente llamaría a cada uno de los famosos y trataría de ser lo más cordial y paciente para que me prestaran sus atuendos y accesorios.

Bill Kaulitz, deja un poco atrás la soberbia que te caracteriza y sé amable.

Sonreí de lado y me dirigí hacia la oficina que me habían asignado junto con Georg, seguramente él se encontraría ahí.

Giré el pomo de la puerta y me interné, dejando descansar el fólder sobre el escritorio. Volteé mi mirada hacia la derecha y justamente ahí estaba mi colega, trabajando en la computadora.

¿Qué tanto haría?

—Bill, ¡hola!

—Hola —respondí el saludo, aunque no tan efusivamente y me dejé caer en la silla acolchonada detrás de mi escritorio.

— ¿No tendrías que estar en el hospital? ¿Qué haces aquí?

Enarqué levemente una ceja, mirándolo mientras me mecía en la silla. ¿Este qué traía?

— ¿Yo, en el hospital? ¿Por qué?

—Por Tom…

—Ah, cierto, ¿la pasó mal ayer, verdad? Pobre… —Chasqueé la lengua y regresé mi mirada hacia los papeles que me había dado Cam. Abrí el fólder y saqué unos cuantos, para comenzar a revisarlos.

—Entonces, ¿no irás a verlo?

—Georg, ¿qué traes? —Pregunté, dejando los papeles nuevamente y me incliné sobre el escritorio— ¿Por qué debería yo de ir a verlo?

—Oh, no sé, tal vez porque… Es tu hermano —soltó socarronamente.

¿Qué? ¿Este individuo cómo coño sabía que Tom era mi hermano?

— ¿Cómo…?

—Todos lo saben Kaulitz —afirmó, sonriendo divertidamente— ¿O crees que somos tan ingenuos? Los chismes corren muy rápido aquí, eh. Además, es demasiada coincidencia que los dos tengan el apellido Kaulitz, no es un apellido muy común, ¿sabes?

Me quedé callado, mirándolo incrédulo.

Mierda. Ahora todos sabían que era mi hermano. Tampoco era como si me molestara del todo, pero hubiera preferido que eso quedara en el anonimato.

—Bueno, ya, ¿y eso qué? Tengo años sin verlo, ¿por qué debería de importarme lo que le pase ahora?

—Vaya, Bill —Negó ligeramente con la cabeza, regresando su mirada a la computadora portátil que tenía delante—. Sabía que eras un egoísta y narcisista, pero jamás pensé que tanto…

—Ya, déjalo Listing —Fingí molestia y revoloteé mi mano por el aire—. Me harás llorar —Georg soltó una pequeña risa, y dimos por terminada la conversación. Encendí mi laptop, para arreglar los vuelos hacia Los Ángeles y me dispuse a anotar los nombres más prestigiados de la lista que me había proporcionado Cameron—. Por cierto —comencé, sin despegar mi mirada de mis asuntos—, iremos a Los Ángeles esta tarde, arregla lo que tengas que arreglar, infórmale a Blake y prepárate, nuestro vuelo sale a las…

— ¿Qué? ¿¡A Los Ángeles!? —preguntó entusiasmado.

—Sí, Georg, a Los Ángeles —Asentí, buscando un vuelo en una de las mejores aerolíneas de los Estados Unidos— Nuestro vuelo sale a las 12:00 pm —finalicé, apartando los boletos y comprándolos por Internet, obviamente con la tarjeta de la empresa que me habían dado el día anterior.

— ¡Genial! Ahora vuelvo, iré a decirle a Blake —Georg se levantó de su lugar y avanzó hasta la salida de la oficina, casi dando brinquitos de la emoción.

Patético.

 

El viaje a L.A había sido menos interesante de lo que esperaba. Georg había dormido totalmente las seis horas y Andreas no se había quitado los auriculares ni por un segundo. Tampoco me interesaba hablar con él, pero había pensado que al menos cambiáramos algunos puntos de vista en lo que concernía a la revista o algo parecido, pero no, había decidido ignorarme olímpicamente y pasar de mí como si no me conociera. Mejor para mí. Así no tendría que escuchar sus reclamos de: “¿Por qué no has ido a ver a Tom?” “Fue tu culpa y ahora estás aquí sentado tan pancho volando hasta L.A”

Sí, definitivamente era mejor que se quedara callado, escuchando música y no comenzara a fastidiarme con sermones dignos de una madre.

La estadía en esa ciudad que muchos admiraban tampoco había sido muy grata que digamos, habíamos llegado a las seis de la tarde y solamente habíamos ido a lo necesario, a recoger algunas prendas que yo había conseguido gracias a mis estupendas y amables llamadas hacia distintos personajes de la farándula, a comer algo, y finalmente a contactar con otras revistas amigas, para que Andreas, quién se encargaba de socializar con ellos, pudiera conseguir que los próximos ejemplares de Noise, salieran ahí también, cosa que logró con mucho éxito.

Georg se encontraba maravillado con todo los que a Los Ángeles concernían. Mientras Andreas platicaba con los socios de las diferentes revistas en cuestión, Georg y yo nos habíamos tomado un tiempo libre y decimos salir a conocer un poco más el lugar, topándonos con algunos famosos en el camino. Luego de dos horas de esperar a Andreas, por fin nos volvimos a reunir y entonces nos dirigimos rápidamente hacia el aeropuerto.

 

—Bill, ¿puedo hablar contigo? —preguntó Andreas en un tono serio, en cuanto llegamos al aeropuerto y nos situamos en la sala de espera.

Giré mi mirada hacia sus ojos verdes y  asentí, esperando que continuara. Andreas se levantó de su asiento y yo lo imité. Comenzamos a caminar, alejándonos de un incrédulo Georg y nos paramos cerca de los ventanales, alejados también de la gente.

—Si es por lo de Tom…

—Sí, es precisamente por eso —dijo muy seguro, echándose el cabello bicolor hacia atrás—. Bill, creo que ya le has hecho daño suficiente, ¿no lo crees?

— ¿Daño suficiente? ¿Crees que lo que pasó ayer fue mi culpa? Yo ni siquiera…

— ¡Pero claro que fue tu culpa! —Rió irónicamente, apoyando la mitad de su cuerpo sobre uno de los cristales del ventanal— ¿No te das cuenta de lo que tu sola presencia le causa a Tom?

—Mira…

—Bill, por favor —El tono de su voz se volvió más tranquilo, casi como si me estuviera suplicando—. Aléjate de él, deja que continúe con su vida, no se la eches a perder.

—Yo no se la estoy echando a perder —aseguré—. ¿Olvidas quiénes fueron los que nos echaron a perder la vida a ti, a Tom y a mí? ¿Olvidas que…?

—No —dijo, al mismo tiempo que soltaba un cansino suspiro—. No lo olvido, pero… El que tú estés aquí, el que él te tenga cerca, le hace mal, ¿no lo ves? Esos ataques no los había tenido desde mucho tiempo atrás.

—Lo siento, Andreas —dije con sinceridad—. En verdad lo siento, pero no fue mi culpa, yo sólo dije lo que pensaba, lo que sentía, y eso no me vuelve culpable. Tom tiene que ser fuerte, tiene que aprender a salir adelante por sí solo, sin que Sebastian, o Simone o tú estén enfrente de él, cubriéndolo con un caparazón. Date cuenta que los únicos que le hacen daño, son ustedes.

Andreas se quedó callado por un momento; sabía que tenía razón, o al menos en parte.

—Tal vez —aceptó y me miró fijamente, con sus ojos verdes penetrando mis pupilas, buscando un poco de consideración en mi interior—. ¿Tú…, sabes si Simone está bien?

Enarqué una ceja sin entender mucho a qué venía esa pregunta. ¿Por qué cambiaba drásticamente de tema?

— ¿Saber si está bien? ¿A qué te refieres con eso? —pregunté, cruzando mis brazos. Repentinamente me hallaba interesado en lo que Andreas pudiera contestarme.

—Tom está algo preocupado por ella. Dice que… —Observé cómo el sujeto que tenía enfrente tragaba saliva y desabrochaba uno de los botones de su saco— Él piensa que a lo mejor algo malo pudo haberle sucedido. ¿Tú, no has hablado con ella? Es decir —Carraspeó ligeramente, aclarando su garganta—, vivías en Alemania, tal vez tú sabes…

—Deja de darle vueltas al asunto, Andreas. Quieres saber si Simone está muerta, ¿no? —Andreas asintió, abriendo mucho sus ojos, parecía querer escuchar la noticia, pero al mismo tiempo rogaba que no fueran ciertas sus suposiciones— No lo sé —contesté—, pero desearía que así fuera.

—Bill…

—La última vez que la vi —comencé a contarle de la desagradable experiencia que había pasado con Simone hace apenas unos días—, me dijo que estaba enferma, que se estaba muriendo, pero no creo que ya haya pasado, Gordon me hubiera marcado o tal vez Jörg… —Alcé mis hombros, restándole importancia— La verdad no me interesa mucho.

—Pero a Tom sí. ¿Tienes manera de contactarla?

Negué apenas, frunciendo mis labios, tratando de recordar algo que me hubiera dicho, alguna dirección o número, pero no, no recordé nada.

—No, pero creo que Gordon sí. Tal vez ella haya dejado su número o algo esa vez que fue a mi casa, no lo sé. ¿Por qué Tom se interesa tanto en ella ahora? —pregunté algo molesto.

Después de tanto tiempo sin preguntar, ¿ahora quería saber si estaba bien o mal?

—Cuando despertó fue lo primero que hizo, preguntar por ella. Me preocupa —Andreas me miró nuevamente a los ojos—. ¿Sabías que los doctores lo declararon muerto por casi un minuto?

Sentí como el corazón se me paralizó y como la bilis recorrió rápidamente mi esófago para tratar de salir por mi boca. Tenía ganas de vomitar.

— ¿Qué? —Me puse pálido de repente, tragué saliva y miré a Andreas, frunciendo el ceño notoriamente— ¿Muerto por…?

—Si hubieras estado ahí, te hubieses enterado antes —contestó con un dejo de reclamo.

—Vale, pero no estaba. ¿Qué pasó?

—Dicen que su corazón dejó de latir por la falta de oxígeno. Fue un milagro que volviera a la normalidad y sobre todo después de lo que pasó, decían que pudo haber quedado en estado de coma o algo peor.

— ¿Peor? —interrogué más por curiosidad que por interés.

—Sí. Pudo haber quedado en estado vegetal.

Sentí mi cuerpo totalmente frío, mis músculos tensarse y mis manos comenzando a tiritar.

¿Era verdad lo que me estaba diciendo o solamente buscaba hacerme sentir culpable por no haber estado con Tom cuando me necesitaba?

—Vaya… —articulé, sin poder creerlo todavía.

— ¿Es lo único que dirás?

Alcé mis hombros, soltando un largo suspiro.

—Creo que el enano es más fuerte de lo que pensaba —Sonreí, tratando de disimular mi nerviosismo, mis ansias y ganas de verlo y asegurarme que estuviera bien.

Al parecer fingí muy bien mi papel y Andreas bufó molesto, incorporándose sobre sus dos pies.

—Sólo mantente alejado de él, Bill, ya has hecho suficiente —Volvió a acomodar su cabello bicolor—. Y te agradecería infinitamente que pudieras contactar a Simone, hazle al menos un favor a tu hermano —dijo serio y me dejó con la palabra en la boca, pasando por mi lado, y caminó hasta llegar nuevamente hasta Georg, ignorando las preguntas que éste le hacía.

¿Sería posible que Simone estuviera muerta? Tal vez por eso tanta insistencia en hablar conmigo y pedirme perdón y todas esas cosas.

Andreas me había dejado con la duda.

Saqué mi teléfono celular de mi bolsillo trasero y marqué un número conocido casi por instinto.

— ¡Bill, hijo, que bueno que llamas!

—Hola papá —Sonreí tontamente. Me alegraba mucho escuchar la voz de Gordon otra vez, se le notaba animado—. ¿Cómo van las cosas por allá?

—De maravilla, hijo, ¡de maravilla! Pensaba llamarte esta tarde, pero salieron un par de compromisos que tuve que atender y se me hizo imposible.

—No importa.

— ¿Tú cómo estás? Te noto algo apagado…

—Bien, papá —Callé por un momento y luego proseguí—. ¿Sabes algo de Simone? —Decidí soltarle la pregunta sin darle muchas vueltas, no estaba de ánimos.

— ¿Simone? Emh… Bueno…

—Gordon, no tengo mucho tiempo… Tom quiere saber cómo está y…

— ¿Cómo? ¿Tom? ¿Escuché bien?

Cierto. Había olvidado un pequeño detalle: No le había contado todavía que me había reencontrado con mi hermano menor.

—Es una larga historia. ¿Sabes algo de Simone o no?

—Bien, ya habrá tiempo de hablar sobre eso, aunque me dejas sorprendido Bill, ¿de verdad está Tom ahí contigo? ¿Cómo es que…?

— ¡Gordon!

—Lo siento. No he sabido nada de tu madre, no ha llamado ni nada por el estilo.

Mierda.

— ¿Tienes su teléfono o algo para poder contactarla?

—Sí, claro. La última vez te dejó una tarjeta, ¿lo recuerdas?

Cierto.

—Ah, sí. ¿Todavía la tienes? Necesito que me des su dirección o…

— ¿Te parece si te mando su número de celular por mensaje? Tengo que buscar la dichosa tarjeta y ahora no estoy en casa.

— ¿Cuándo vuelves?

—Mañana mismo, hijo.

—Está bien, no se te olvide, es importante.

—No lo haré. Cuídate mucho, Bill, te quiero.

—Y yo a ti, papá. Adiós —Corté la llamada y volví a meter mi celular en el bolsillo.

Vale, ya había cumplido con un favor, ¿no? Mi conciencia ya no se encontraba tan mal ahora.

Quería regresar cuanto antes a Nueva York. Necesitaba saber que Tomy estaba bien. En realidad, no me importaba, pero había algo en mi interior que necesitaba saberlo. Nunca le había puesto tanto interés a una persona como a Tom. Y es que era tanto mi odio por él, que hacía preocuparme, tenía que sufrir toda su vida, o al menos vivirla, hundiéndose en los recuerdos dolorosos e incesantes, así como yo. Porque si se moría, o quedaba en estado vegetal, no estaría consciente de todos los problemas que surgían a su alrededor y entonces, ¿cómo sufriría?

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!