«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz
Capítulo 7. Ser mío otra vez
Había tenido más sueños con Simone.
¿Por qué carajo estaba pensando tanto en ella? ¿En realidad estaba muerta o todo me lo estaba imaginando?
Mi cabeza le seguía dando vueltas y vueltas al asunto y no podía encontrar una explicación lógica. La única verdad era que la extrañaba, extrañaba a mi mamá más que a nadie en el mundo. Extrañaba que por las noches subiera hasta mi habitación y me diera un beso deseándome las buenas noches, extrañaba sus abrazos y besos en la mejilla cada vez que llegaba de la escuela con Andreas, extrañaba que me regañara cuando hacía alguna travesura, extrañaba que sonriera cuando yo hacía algún gesto de disgusto o enojo, extrañaba que fuera tan sobreprotectora, extrañaba que me dejara preparado el desayuno listo antes de irme a la escuela, extrañaba que riera a carcajadas cuando le contara un chiste aunque fuera malo, extrañaba que eligiera mi ropa para salir y que cuando yo la cambiaba sólo suspirara y negara con la cabeza en señal de derrota, extrañaba tantas cosas de ella, pero sobre todo extrañaba que siempre me mirara con esos ojos tan cargados de amor, porque sí, Simone me amaba, me amaba más que ninguna otra persona en el mundo, seguía siendo mi madre y a pesar de todo lo que había sucedido en un pasado, ya no le guardaba ningún rencor, solamente quería verla, decirle cuánto la había extrañado durante todo este tiempo y abrazarla muy fuerte, pegando mi cabeza en su pecho como solía hacer. No pensaba reclamarle por nada, no pensaba si quiera preguntarle sus motivos, sólo quería tener una oportunidad más para verla y estrecharla entre mis brazos, para que me amara y yo la amara a ella. Sólo esperaba que no fuese demasiado tarde.
Seguramente Bill pensaría totalmente diferente, seguramente él estallaría de felicidad si Simone se muriera, lo conocía muy bien. Y ahí estaba otra persona que rondaba mi cabeza sin cesar: Bill.
¿Por qué a pesar de todas las miserables cosas que me había hecho no dejaba de pensar en él?
Suspiré en mi interior, esperando que las soluciones a mis dudas llegaran pronto. Andreas se encontraba mirándome, sin decir una palabra, al parecer notó mi sumisión en mis pensamientos y decidió dejarme así, pensando y pensando. Giré mi mirada hacia la puerta y pude observar cómo el pomo giraba lentamente, como si la persona que estuviese del otro lado, dudara en si entrar o no. Fruncí ligeramente el ceño, expectante. ¿Quién sería?
— ¿Puedo pasar?
Tragué saliva cuando escuché su voz. ¿Había venido a verme? ¿Había…?
Casi salto de la emoción cuando lo vi entrar por la puerta, con los lentes oscuros colgados en el cuello de su camisa y los dedos de sus manos entrelazados entre sí.
Andreas volteó en esa dirección e hizo una cara de desagrado mientras se paraba del asiento.
— ¿Qué hac…?
—Está bien, Andy —interrumpí, haciendo que mi amigo me mirara con los ojos muy abiertos, tratando de encontrar una explicación—. ¿Nos puedes dejar solos? Por favor.
—Pero… —Andreas me miró incrédulo, negando ligeramente con la cabeza.
—Ya lo escuchaste —sentenció Bill, cruzando sus brazos al mismo tiempo que avanzaba unos cuantos pasos hacia mí.
Andreas bufó molesto y enfiló hasta la puerta, haciendo un fuerte ruido al cerrar.
Comencé a tallar mis manos por encima de las sábanas; estaba algo nervioso.
¿A qué venía?
Miré a mi hermano mayor, enarcando levemente una ceja y señalé con mi cabeza el asiento en donde antes se encontraba Andy. Bill entendió la seña y caminó hasta llegar al lugar, para después dejarse caer sobre éste, cruzando sus piernas.
— ¿Cómo estás? —preguntó, dejando el bolso que traía en el asiento de al lado.
—Bien, supongo —contesté, alzando mis hombros. En realidad no quería decirle que me encontraba de la vil mierda y que quería salir de ahí cuanto antes.
—Andreas me dijo que… —Observé cómo Bill se acomodaba en su lugar, como buscando las palabras exactas para continuar— Habías muerto por un minuto, y que… Las cosas pudieron no salir tan bien.
—Sí, pues… —Me enderecé un poco sobre la cama, metiendo mis manos por debajo de las sábanas— Creo que tuve suerte, no muchos la libran después de esto.
—Tom… —Me miró fijamente a los ojos, enchinándolos un poco— ¿Te sigue importando Simone?
Su pregunta me dejó totalmente descolocado. ¿Por qué me preguntaba esas cosas? ¿Qué quería que le dijera? ¿Que la había soñado? ¿Que la había visto en un mundo paralelo como si estuviese muerta?
— ¿Por qué me…?
—Andreas me dijo que habías preguntado por ella.
Ah, eso.
—Andreas —Suspiré, lanzando fuera todo el aire que contenían mis pulmones—. Debí suponerlo…
—Contesta —sentenció, buscando la verdad en mis ojos. ¿Qué pensaba este? ¿Que me sacaría toda la maldita verdad con sólo mirarme así?
—Solamente quiero saber cómo está, Bill. Es mi mamá, ¿sabes? —Dije, mirándolo también a los ojos, haciendo que estos se conectaran nuevamente— ¿Tú no piensas en ella de vez en cuando? ¿No te gustaría saber cómo está? ¿Qué está haciendo o en dónde estará?
—No —respondió muy seguro de sí mismo—. Ella me dejó de importar hace mucho tiempo. La única persona que me preocupa ere… Soy yo mismo —se corrigió.
¿Acaso iba a decir…?
—Claro, sólo te importas tú, ¿no? Nunca te ha importado ni te importará nadie más —aseguré, elevando ligeramente una de mis cejas.
— ¿Qué comes que adivinas, Tomy?
Suspiré, apartando mi vista de su mirada. A veces trataba de encontrar un dejo de comprensión y amor en sus ojos, pero esa idea se esfumaba repentinamente cuando decía cosas como esas.
—Bill… —Miré fijamente mis pies cubiertos por las sábanas; no quería depositar mi mirada en él— ¿Qué pasó con nosotros? ¿Por qué no pudimos ser unos hermanos normales? ¿Por qué…?
—Porque no somos hermanos —interrumpió, y yo giré rápidamente mi mirada a la de él.
— ¿Qué?
—Quiero decir que no somos hermanos de corazón, somos hermanos de sangre, hermanos que comparten una madre, pero no crecimos juntos, nunca existió el término hermandad entre nosotros, enano —dijo, mordiéndose levemente el labio, como tratando de reprimir algunas palabras por instinto—. Somos…
— ¿Qué somos, Bill? —pregunté expectante. En verdad tenía la necesidad de saber que éramos, o más bien, tenía la necesidad de saber qué era yo para él — ¿Qué soy para ti?
Bill me miró frunciendo el ceño, tratando de contestar esa pregunta que poco nos habíamos hecho.
—Eres… —Se quedó callado por un momento, mirándome. No sabía qué hacer, no sabía si debía decirle lo que él significaba para mí, no sabía si decirle que ahora que lo volvía a ver, lo necesitaba tanto o más que antes.
—Tú —dije interrumpiendo el silencio que repentinamente se había formado—, ¿alguna vez me quisiste sinceramente? —Tenía tantas preguntas que hacerle, tenía tantas cosas en mi cabeza sin aclaración. Lo único que quería era que Bill me explicara, que me diera sus razones, sólo eso.
—Tom… —Suspiró y se enderezó en su lugar, estirando sus piernas— No quiero hablar de eso, ¿si? No es el momento.
—Sólo quiero que me digas, quiero que me expliques por qué tú…
—Sólo lo hice —cortó, dejándome estupefacto—. No lo pensé, las cosas estaban mal, Simone y Jörg nos odiaban y fue lo único que se me ocurrió hacer: Irme.
— ¿Así, nada más? ¿Por qué no pensaste en lo que yo iba a sentir, por qué no pensaste…?
—Porque es mejor no pensar, Tomy —contestó muy seguro.
Esperaba que me dijera que estaba arrepentido, que yo era un crío en ese momento y por eso no había entendido, pero a lo mejor ahora pudiera explicarme mejor las cosas, ahora que yo ya estaba más maduro para entender, pero no fue así.
—Dime la verdad —dije, mirándolo a los ojos—. ¿Me amabas? ¿Sentías algo por mí?
—Creí que venía para hablar de Simone —respondió, bufando apenas—. Ya te dije que no quiero hablar de esas cosas —Se levantó de la silla, y comenzó a dar vueltas por el cuarto.
— ¿Por qué? ¿Por qué no eres sincero conmigo de una vez?
—No —dijo, volteando nuevamente su vista hasta mí—. Nunca te amé.
¡Crack!
—Creí…
—Yo creí que tú ya lo habías entendido, Tom —mencionó, enarcando ambas cejas—. Pero al parecer no, al parecer sigues siendo ese niño ingenuo que se creía todo lo que le decían. Necesitas aprender de la vida, hermanito —Algo se rompió en mí, algo que había olvidado que tenía desde que él se fue, dejándome completamente solo, sin ánimos de nada, sin… Corazón—. Lamento decepcionarte —dijo, poniéndose los lentes que colgaba del cuello de su camisa—. Hablé con Gordon, dijo que hoy mismo me dará el teléfono de Simone, trataré de venir en la noche, o se lo mando a Andreas —No supe qué decir, me quedé callado, mirando a un punto perdido de la habitación—. Descansa, Tomy —Y salió por la misma puerta por la que entró.
¿Por qué se rehusaba a decirme las cosas sin tapujos? Vale, me había dicho que no me amó, pero…
Ya, Tom. Deja de hacerte ideas en la cabeza que no te llevarán a nada bueno. Bill nunca te amó, ni te ama, ni te amará, métete bien claro eso en la cabeza.
Era verdad.
— ¿Qué pasó quéeeeeeee?
—Me besó —le dije a Andy, mientras jugábamos un rato con la patineta en el pórtico de mi casa.
—Pero… ¿No se supone que los hermanos no se besan? ¡Y menos si son hombres, Tom!
—Lo sé, pero… —Suspiré emocionado, recordando el beso dulce y húmedo que me había dado con Bill el día anterior— Me dijo que me amaba, que estaba enamorado de mí.
— ¿Lo dijo? —Andreas enrojeció notablemente, mirándome con los ojos muy abiertos; al parecer la noticia no le había sentado muy bien.
Y es que no era de esperarse menos, ¿o sí? Decirle que tenía una especie de “relación” con mi hermano mayor no era algo que pudiera asimilar y procesar rápidamente, y más si era hombre. Porque no sólo estaba cometiendo incesto en sí, si no que también le estaba confesando a mi mejor amigo que me gustaban los hombres, o al menos uno en específico.
—Sí —contesté, sentándome en el borde de una de las jardineras que habían ahí.
—Pero… —Mi amigo imitó mi acto, chocando hombro con hombro cuando se sentó junto a mí— ¿Eres gay, Tom? Creí que te gustaban las…
—Creo que sólo me gusta él. ¿Entiendes? Nunca me había fijado en otro hombre, nunca…
— ¿Y entonces por qué te fijaste en Bill? —preguntó mirándome a los ojos, jugando apenas con uno de sus pies sobre el asfalto.
—No lo sé —contesté con sinceridad, encogiéndome de hombros—. Bill es diferente, además no parece mucho un hombre, es más femenino.
Andreas asintió, dándome la razón.
— ¿Y…, qué piensan hacer? Es decir, no es muy común esto, ¿sabes?
—Lo sé, Andy. No es nada común, pero lo… quiero.
—Pues si lo quieres, supongo que no debe de ser algo malo, ¿no? —Ambos sonreíamos, mirándonos cómplices.
La plática había resultado más amena de lo que esperaba, Andy había entendido a la perfección mis sentimientos y más que nada, no me había rechazado ni mucho menos despreciado, me había apoyado por así decirlo y eso me alegraba de sobremanera, al menos sabía que contaba con una persona, con mi mejor amigo.
Recordé eso como una flashback. A pesar de todo, Andreas siempre había estado para mí, siempre me había entendido y apoyado. Definitivamente era la mejor persona que me había encontrado.
Sonreí para mis adentros, recordando más situaciones con él.
Me encontraba llorando solo en mi habitación. Estaba bocabajo, sorbiendo mi nariz repetidas veces y arrugando las sábanas con mucha fuerza.
Escuché unos toques en la puerta, y después la voz de mi madre resonar detrás de esta.
—Cariño, ¿qué sucede? Llevas ahí mucho tiempo, mi amor. Tienes que comer algo, vamos Tom…
— ¡Déjame solo! ¡No quiero hablar con nadie, mamá! —Aventé instintivamente una almohada contra la puerta, haciendo que temblara ligeramente.
— ¿Ni conmigo? —preguntó como en un susurro mi mejor amigo.
Volteé hacia esa dirección y miré a Andreas entrando por el marco de la puerta.
—Andy…
Andreas entró completamente, cerrando la puerta detrás de sí, acallando las exclamaciones de preocupación provenientes de mi madre.
— ¿Estás bien? —Andreas se sentó a mi lado, palpando mis mejillas humedecidas, limpiándolas un poco— ¿Qué pasa, Tom?
Sorbí nuevamente mi nariz, lanzándome a sus brazos, rodeé su espalda, escondiendo mi cabeza entre su hombro y el hueco de su cuello.
—Andy… —Me solté a llorar nuevamente, abrazándolo con fuerza. Andreas correspondió el efusivo abrazo y me estrechó entre sus pequeños pero fuertes brazos.
—Tranquilo, amigo, no llores, por favor —Acarició mi espalda, dando pequeños círculos.
No sabía qué decir, no sabía cómo explicarle lo que me había pasado, lo que me había hecho Bill.
—Bill… —dije apenas, tratando de reprimir mis lágrimas para poder explicarle a mi amigo— Yo no quise y él…
—A ver —Andreas se separó un poco de mi figura y me tomó del rostro, mirándome directamente a los ojos—, ¿qué pasó con Bill?
—Me obligó a… —pronuncié, bajando mi mirada; me daba mucha vergüenza que Andy me mirara— A…
— ¿Te obligó a qué? —Andreas levantó mi mentón, haciendo que mi mirada se clisara con la suya— Vamos, Tom. Sabes que puedes confiar en mí.
—A tener relaciones con él —dije, sin despegar mi vista de la suya, apretando sus manos sobre mi rostro. Me solté a llorar una vez más; me dolía decirle eso a Andreas, me dolía recordarlo.
— ¿Qué? —Se quedó totalmente descolocado, mirándome con el ceño fruncido y la boca totalmente abierta— Pero Tom… ¿Qué coño? ¿Cómo es que se atrevió? ¿Cómo…?
—Simplemente lo hizo, Andy —contesté, limpiando mis mejillas, restregándome un poco la cara—. Comenzamos con caricias y besos… Y luego… —La voz se me quebró, haciéndose un nudo muy grueso en mi garganta— Yo no quería, Andy, yo le dije que no, pero él insistió y…
— ¡Maldito enfermo! —gritó, alterándose de sobremanera. Me miró con enojo, con rabia y luego se paró rápidamente de la cama— ¡Pero me va a escuchar, me va a…!
— ¡Andreas, no! —le dije, jalándolo del brazo, luego de pararme igualmente de la cama— Por favor, no quiero más problemas —supliqué, apretando su brazo.
—Tom, ¿no entiendes? Él te obligó a hacer algo que no querías, él te…
—Sólo sé que no quiero que te pelees con él, es mucho más grande y las llevamos de perder —aseguré.
—Tienes que decirle a Simone —dijo muy seguro, sosteniendo mi mano con fuerza, haciéndome sentir completamente su apoyo.
— ¿¡Estás loco!? ¡No me creerá! Además…
— ¡Nada, Tom! ¡Tienes que decirle!
—Ya dije que no —sentencié—. Esto no lo puede saber nadie más, ¿entendido? ¡Nadie!
Andreas solamente suspiró, estrechando con cariño mi mano y me volvió a abrazar, depositando un dulce beso en mi sien.
—Está bien, prometo no decir nada.
Esa vez Andy me había apoyado más que nadie. Había sufrido una violación, algo en contra de mi voluntad, y necesitaba de alguien, necesitaba que alguien me ayudara a sobrellevarlo, y ese alguien había sido él.
— ¿Hablaste con él?
Asentí frenéticamente, llevándome una toalla a la cara, limpiando cualquier rastro de sudor.
—Se disculpó y me dijo que fue un arranque, un momento de…
— ¿¡Qué!? —Andreas me miró incrédulo, al mismo tiempo que cerraba su locker.
—Me explicó la situación y dijo que no lo haría más. Estaba drogado, ¿sabes?
—Tom…
—Mira, sé que me puse muy mal ayer, pero no fue su intención, Bill solamente…
— ¡Joder que eres idiota! ¿Cómo puedes creerle? ¿Él drogado? ¿De dónde sacaría la maldita droga, Tom?
—Dice que se la venden en la escuela; no es muy difícil conseguirla —respondí, depositando mis cosas en el locker y saqué una camiseta.
— ¿Y qué piensas hacer ahora entonces?
—Lo amo —dije seguro, esperando la reacción de Andy.
—Wow… —fue lo único que exclamó. Negó con la cabeza y soltó una risa irónica— ¿Tan cegado estás? Bill no te quiere. Él solamente te está usando, ¿no te das cuenta?
—Él también me ama, ¡tú no sabes nada!
— ¿Qué te ama? ¡Jajajaja! —soltó, agarrando su mochila, lanzándosela al hombro— Vaya que eres ingenuo.
— ¡Estúpido! —Le dije y miré cómo giraba sobre sus talones— ¡Estás celoso porque a ti no te quiere nadie! ¡Estás celoso porque no tienes a nadie! Ni si quiera tus padres te quieren.
Noté cómo Andreas se encogía levemente y seguía su camino, sin decir una palabra.
Había sido tan mierda con él, había defendido a Bill por sobre él, y cuando Bill me dio la espalda, dejándome solo, dejándome con todas mis ilusiones rotas, Andreas ahí había estado, siempre junto a mí, con un amor incondicional, un amor difícil, casi imposible de encontrar.
Volví a sonreír, pero esta vez también por fuera, haciendo que mis labios se curvaran. Sí tenía a alguien, sí tenía a alguien de quien estaba seguro me amaba a pesar de todo: Andreas.
.
Por Bill.
Acababa de hablar con Gordon. Me había dado por fin el número telefónico de Simone, y no podía negar que tenía ganas de llamarla, decirle lo que le había sucedido a Tom, y que él la necesitaba, pero decidí que no lo haría, decidí que era mejor esperar y que Tom la llamara. ¿Eso quería, no? Llamarla y asegurarse de que se encontraba bien.
Aparqué en el estacionamiento del hospital y me bajé del coche, echando el seguro después. Me interné en el recinto y subí por el ascensor hasta donde estaba la habitación de mi hermano menor.
Toqué dos veces la puerta y luego se abrió, dejándome ver la cara que menos quería ver en ese momento: La cara de Andreas. Y es que realmente me tocaba los huevos; siempre reclamando y echando en cara todo, absolutamente todo. ¿Qué no tenía vida propia?
Viré los ojos, dando unos cuantos pasos dentro de la habitación, hasta llegar a un lado de la cama de Tomy.
— ¿Nos puedes dejar solos? Es cosa de hermanos —dije, sonriente, cruzando mis brazos, dirigiéndome hacia el espécimen que tenía delante.
—Bill —interrumpió mi hermano, con un dejo de molestia—, no tienes por qué correrlo, él…
—No, está bien —contestó con seriedad Andreas, mirando a Tom. Le sonrió brevemente y salió del cuarto.
— ¿Por qué siempre tienes que ser tan grosero con las personas?
—No lo soporto —dije, sentándome a su lado, encima de la cama.
Noté como Tomy se ponía tenso en su lugar, encogiéndose levemente.
— ¿A qué vienes?
— ¿Cuánto tiempo estarás aquí? —Pregunté, sacando mi móvil del bolsillo— Tenemos un viaje pendiente.
— ¿Perdón? —Tom se inclinó levemente hacia mí— ¿Un viaje pendiente?
—Quieres ver a Simone, ¿no? Pues iremos a verla.
—Bill…
—Shh —lo callé, marcando el número de mi progenitora.
Tenía un poco de nervios. Pero era algo que Tom necesitaba hacer.
Puse el altavoz en el celular y se lo puse en las piernas a mi hermano.
— ¿Para qué me das el móvil?
— ¿Aló? —preguntó una voz, y Tom miró perplejo en móvil, quedándose completamente helado.
— ¿Jörg? —Cuestioné, acercándome más hacia la bocina— ¿Qué haces tú con el teléfono de Simone?
— ¿Quién habla?
—William —contesté, tomando ahora el celular entre mis manos—. ¿Dónde está ella?
Observé como Tomy me miraba todavía sin poder creérselo. Tragó saliva, tronándose unos cuantos dedos.
—Simone está indispuesta en este momento —dijo serio.
— ¿Se encuentra bien? —Esta vez fue Tom el que formuló la pregunta— ¿Dónde está ahora?
— ¿Tom? ¿Eres tú?
—Sí, Jörg, soy yo. ¿Dónde está mi mamá? —Su voz se quebraba poco a poco, como si temiera lo que Jörg pudiera contestarle.
— ¿Así que siguen juntos, eh? Jamás imaginé que ustedes pudieran…
— ¡No llamamos para que nos sermonees, joder! ¡Quiero saber cómo está mi mamá! —Mi hermano estaba a punto de llorar, lo sabía. Tragaba repetidas veces saliva, y sus manos temblaban, apretando fuertemente el celular entre sus manos.
—Está indispuesta.
¡Vaya con este jodido cabrón!
Le quité el móvil de las manos a mi hermano y me acerqué lo más que pude la bocina a mi boca.
— ¡Me dices ahora mismo dónde jodidos está Simone, si no quieres amanecer tirado en un barranco! —grité, apretando mis puños, encajándome un poco las uñas pintadas sobre mi piel.
Oí cómo Jörg suspiró y entonces respondió:
—Está mal, Bill.
— ¿Mal? —cuestioné, mirando la expresión de Tomy.
—Sí, ella…
—Iremos mañana mismo a verla. ¿Puedes avisarle? —interrumpió Tom, con los ojos llenos de agua.
¿Por qué se ponía así? ¿Por qué lloraba por alguien que no merecía la pena?
—No creo que sea conveniente, Thomas.
—No te preguntamos —corté—. Iremos mañana, sólo avísale, y no te atrevas a esconderla, porque te va a ir mal —sentencié, para después finalizar la llamada.
Tom suspiró pesado, tocándose las manos, tratando de tranquilizarse.
— ¿A qué hora partimos mañana?
—A primera hora —Guardé el móvil en mi bolsillo y miré a Tom, me incliné hacia él, quedando a unos cuantos centímetros de su cara—. No te preocupes, estoy seguro de que Simone está bien —Sonreí, ladeando mi cabeza. Él correspondió la sonrisa y deposité un rápido beso en sus labios, él cerró sus ojos, disfrutando del contacto.
Lo sabía: Tomy seguía perdidamente enamorado de mí, y eso me favorecía, podía sacarle provecho.
—Bill… —susurró con los ojos todavía cerrados.
—No te ilusiones, enano —exclamé, acariciando su mejilla, sin apartarme un milímetro de su rostro—. Esto solamente lo hago porque extraño tu contacto, tus besos… —Acaricié ahora sus labios, delineándolos con mis dedos— Porque extraño follarte —Gemí ligeramente contra su cuello, para luego morderlo—. Nunca he estado con alguien como tú, Tomy —acepté—. Nunca nadie ha podido igualarte. Creo que el hecho de que seas mi hermano, hace las cosas más excitantes —Sentí cómo las manos de Tom se deslizaban por mi abdomen, metiéndolas poco a poco, dentro de mi camisa—. ¿Tú me has extrañado también? ¿O has logrado que alguien pueda igualarme?
—No, Bill. Nunca —Gimió igualmente contra mi oído.
¡Joder! Me estaba poniendo caliente con tan sólo imaginármelo desnudo, lleno de sudor, ensalivando su piercing, y abriendo sus piernas para dejar que me introdujera dentro, muy dentro de él.
—Quiero follarte —dije, dejando breves besos en su cuello, jalándole la piel de esa zona de vez en cuando.
Dejé que sus manos rasguñaran mi abdomen y me incliné más hacia él, acariciando su entrepierna por sobre las sábanas. Se estaba poniendo duro, al igual que yo, estábamos tan cachondos que poco nos importaba estar en un hospital, poco nos importaba que Andreas estuviera afuera y que alguien pudiera entrar y vernos así.
—Mmmh, Bill… —Jadeó nuevamente contra mi oído y sentí toda mi piel estremecerse. Lo follaría ahí mismo, nadie me detendría, nada me importaba— Espera.
¿Y ahora qué?
—Tom… —Seguí acariciándolo, sin dejar de besar su cuello— No quiero.
—Bill, no —Detuvo mis movimientos y se levantó un poco de la cama, haciendo que me apartara de su cuerpo, casi acostado—. Nos pueden ver —dijo, con la respiración entrecortada.
—No me importa —Me incliné nuevamente hacia él y entonces escuché cómo la puerta se abrió de par en par.
¡Joder!
Deposité rápidamente un casto beso en su frente y me levanté de la cama, acomodando mi ropa. Tenía que fingir ser un buen hermano mayor, ¿no?
—Hijo… —Era Sebastian— Oh, ¿estás ocupado?
—Ehmm… —Tom rascó su cabeza, respirando más tranquilamente, o al menos tratando de hacerlo— No, Sebastian. Puedes pasar.
—Yo ya me iba —dije, y luego miré a Tomy—. Buenas noches, enano —Sonreí fingidamente y di media vuelta, para salir de la habitación.
—Bill —Sebastian se dirigió hacia mí—, gracias por venir.
—Es un placer —Volví a fingir una sonrisa, tratando de ocultar mi entrepierna—. Tom… —pronuncié, mirándolo— No olvides lo de mañana —Y dicho eso, salí apresuradamente del cuarto.
Bufé molesto; joder, estaba más caliente que aceite hirviendo en un sartén. Tenía que aliviarme pronto; mi erección apenas se notaba por debajo de mis pantalones, pero ya dolía. Le pregunta ahora era: ¿Con quién coño follaría? Podría ir a un club y ligarme a alguien, pero no, no tenía ganas de ir a ligar. Entonces, ¿qué haría?
Marqué rápidamente el número de alguien conocido, mientras salía del hospital y luego entraba en el coche, arrancándolo.
— ¿Sí?
— ¡Hola, Cam! —saludé, conduciendo por entre los coches, con la excitación corriendo por mis venas.
— ¡Hola, Bill! —respondió el saludo de la misma manera.
La verdad era que le traía ganas desde que lo había conocido. Cameron era muy guapo, y tenía un cuerpo espectacular, justo como a mí me gustaba.
—Oye, Cam —comencé, sin despegar mi vista de enfrente—, ¿qué harás hoy?
—Nada, en realidad —respondió, y pude percibir que quería decir algo más—. ¿Por qué no pasas un rato a mi departamento? Digo, si quieres y…
—Claro, voy para allá —dije, con una sonrisa de oreja a oreja.
¡Bingo!
—Te mando la dirección en un mensaje, ¿te parece?
Ahora tendría a alguien para aliviarme mientras Tom se seguía resistiendo. Algún día tenía que caer nuevamente, pero por el momento, ya había conseguido a alguien que pudiera complacerme.
Llegué al departamento de Cameron unos minutos más tarde. Toqué el timbre y no demoró nada en abrirme.
— ¡Hola! Pasa —Se apartó del camino y entré, observando detenidamente su departamento. Era bonito.
—Gracias —Sonreí por cortesía y dejé mi bolso descansar en uno de los sofás que se encontraban en la sala—. Bonito lugar.
—Oh, gracias —También sonrió y caminó hasta el minibar que estaba a unos cuantos metros lejos—. ¿Quieres algo de tomar?
—Sí, lo que quieras darme —contesté, mientras caminaba hacia él, dando pasos lentos pero seguros.
Noté como Cameron se ponía nervioso, y ensanché mi sonrisa, inclinándome por encima de la barra que nos separaba.
—Toma —Extendió una copa de vino y la tomé, haciendo que nuestras manos se rozaran. Él se estremeció un poco y le propinó un sorbo a su copa, al mismo tiempo que yo lo hacía con la mía.
Cameron rodeó la barra, sentándose luego a mi lado, en uno de los bancos. Nos miramos por unos segundos, dejamos las copas encima de la barra, y luego me lancé a besarlo; ya no podía esperar más, sentía tantas ganas de follármelo.
—Mmh… —Gimió contra mi boca, haciendo que me excitara cada vez más.
Lo tomé de la nuca, empujándolo contra mí, mientras metía mis manos en sus pantalones. No iba a ser romántico, ni mucho menos cariñoso; iba a follar, no a hacer el amor.
Cameron me siguió el juego, quitándose fugazmente la playera que cubría su cuerpo. Nos miramos y sonreímos, para luego acostarnos en el sofá, despojándonos rápidamente de nuestras prendas.
—Joder, cuantas ganas te tengo —dije, mientras besaba su cuello.
—Mmh, Bill… Fóllame ya —exclamó, alzando sus caderas, haciendo que nuestros sexos chocaran. Me erguí, apoyando mis rodillas en el sofá, posicionando mis manos por encima de su cabeza. Sonreí y saqué rápidamente un condón de mi pantalón, que se encontraba tirado en el suelo. Me lo puse y abrí las piernas de Cameron, inclinándome hacia él—. Vamos, Bill, ¡hazlo ya! —suplicó, mordiéndose el labio. Cómo me ponía.
Me introduje en su cuerpo de repente, logrando que soltara un gran gemido y tomara su pene entre sus manos, masturbándose enfrente de mí.
Era muy bueno, tenía que admitirlo, pero aún así, con todo y sus expertos movimientos, no se comparaba con Tomy, nadie podía compararse con él.
Y sin quererlo, una vez más, pensé en él, pensé en que la persona que disfrutaba de mis embestidas, mis caricias y mordidas era él: Tom.
Lo lograría, estaba seguro, lograría que volviera a caer, lograría que volviera a ser mío otra vez.
Continúa…
Gracias por la visita.