«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 8. La necesitaba

Desperté exactamente a las ocho de la mañana.

Había pasado mala noche; desde que Bill me dijo que hoy iríamos a buscar a Simone, no pude pensar en otra cosa. Tengo que aceptar que me estaba comiendo la duda de saber cómo estaba, qué hacía, qué pensaba. Tenía unas inmensas ganas de ver a mi mamá.

 

— ¿Cómo amaneciste? —me preguntó Andy; se encontraba enfrente de mí, con los codos apoyados sobre la cama.

 

—Bien. Creo —Tallé sutilmente mis ojos, ayudando a mejorar mi visión— ¿Cómo van las cosas en la empresa, Andy?

 

—Pues… —Caviló un poco, y luego se enderezó en su lugar— Bien. Vamos un poco atrasados, pero nada que no se pueda solucionar.

 

—Cam debe de estar con mucho estrés, ¿no?

 

—Ajá…

 

Fruncí levemente el ceño, mirando a mi mejor amigo. ¿Qué había significado ese “ajá”?

 

— ¿Sabes algo que yo no sepa? —Lo miré interrogante, cruzando mis brazos.

 

—No —se apresuró a contestar—. Bueno, no del todo.

 

— ¿De qué hablas? Suéltalo, Andy; sabes que no me gustan los secretos entre nosotros —dije, tratando de enderezarme un poco.

 

—Rumores simplemente.

 

— ¿Qué clase de rumores? —cuestioné ya más seriamente. Algo me estaba escondiendo— Habla claro.

 

—Tom…

 

—Ya, sólo dilo.

 

—Es sobre Cam y…. Bill —concluyó, formando un sepulcral silencio después de terminar la frase.

 

¿Cam…, y Bill? ¿¡De qué coño estaba hablando este!?

 

Abrí enormemente mis ojos, y cuando estuve a punto de decir algo, de pedir alguna explicación o aclaración, alguien entró por la puerta que me separaba del resto del hospital.

 

—Buenos días, señor Kaulitz —exclamó el doctor que estaba encargado de mi salud.

 

—Miller —corregí— Tom Miller.

 

—Oh —El doctor revisó el expediente médico que tenía y volvió su mirada a la mía—. Creo entonces que hay un error en su expediente.

 

—No, no —dije, interrumpiéndolo nuevamente—. Es sólo que…

 

—Cambio de apellidos —terminó Andreas.

 

—Ya veo —contestó el doctor, asintiendo repetidas veces con la cabeza—. Bien… Señor Miller, ¿cómo se siente? Ha ido recuperándose bastante bien.

 

—Me siento mejor, gracias. Doctor, ¿cuándo cree que pueda salir?

 

—Precisamente a eso venía —respondió con una amplia sonrisa pintada en su rostro—. Su hermano, William Kaulitz, solicitó su dada de alta hoy mismo, y viendo sus grandes avances en la recuperación, creo adecuado que así sea.

 

— ¿Bill…?

 

— ¿¡De verdad!? —pregunté frenético, a punto de quitarme yo mismo los cables que me mantenían conectado a esas horribles y molestas máquinas.

 

—Sí, hoy mismo podrá salir del hospital. Sin embargo… Creo prudente que esté con un doctor especializado en su caso, por si llega a ocurrir un evento parecido al que tuvo.

 

—El doctor de la familia se encargará de eso —contestó Andreas.

 

—Perfecto. Yo me retiro, el deber me llama. En un rato más, vendrán unas enfermeras para ayudarlo a vestirse y demás, y posteriormente, su padre y su hermano.

 

—Gracias, doc. —dije, sonriendo de oreja a oreja.

 

—Por nada, señor Miller —Asintió y tomó fuertemente sus papeles, antes de salir.

 

— ¿Cómo es que Bill solicitó tu dada de alta? ¿Qué se cree ese…?

 

—Andy, tranquilo —traté de explicarle a mi amigo—. Tenemos un viaje a Alemania.

 

— ¿¡Qué!? —Andreas abrió su boca, casi como si me fuera a tragar y se paró rápidamente del asiento— ¿Un viaje a Alemania? ¿Tú estás loco o…? No, no me digas que él volvió a portarse como antes y ahora crees que de verdad le importas, Tom.

 

Me quedé pensándolo por un momento, y me encogí en la cama.

 

—No —respondí, aunque no con mucha seguridad—. Iremos a ver a Simone.

 

— ¿Eh?

 

—Ayer, Bill y yo hablamos con Jörg; quedamos en que iríamos a verla hoy mismo. Tal vez Bill ya arregló los boletos.

 

—Tom, ¿sabes lo que eso significa? ¿Estás consciente de lo que quieres hacer? Simone, Jörg, Bill, ¡Alemania! —soltó, como si todas esas palabras significaran algo horrible para mí, y de hecho, no se equivocaba, no del todo.

 

—Sé lo que eso significa en mi vida, Andy. Pero tengo que enfrentarlo, ¿no? Ya me cansé de estar huyendo y huyendo, tratando de enterrar todo lo que fui una vez, todo lo que pasó con mi familia. Tal vez sea el momento de agarrar al toro por los cuernos, y ponerle solución de una buena vez —manifesté, destapando completamente mis piernas.

 

—Te entiendo —dijo entonces, un poco más calmado—. Lo siento, Tom —se disculpó, tomando fuertemente una de mis manos—. Es verdad, debes de aprender a solucionar tus problemas, de enfrentar lo que tengas que enfrentar.

 

—Es lo que quiero hacer.

 

Andreas asintió sin dejar de lado mi mano y ambos sonreímos, entendiendo perfectamente lo que sentía el otro.

 

 

 

— ¿Listo, enano?

 

—Sí.

 

Por fin me habían dado de alta en el hospital, y ya nos encontrábamos de camino a Alemania; Bill había arreglado los boletos para irnos lo más rápido posible. El tiempo estimado de vuelo era de nueve horas con cuarenta minutos. Casi diez horas junto a Bill. Mierda. Llegaríamos aproximadamente a las ocho de la noche.

 

—Bill…

 

— ¿Sí? —preguntó mientras se acomodaba en su asiento, abrochándose el cinturón de seguridad.

 

— ¿Reservaste habitaciones en algún hotel?

 

—No —contestó muy seguro, como si la respuesta fuera obvia.

 

—Pero…

 

—Calma, Tomy —Sonrió espontáneamente—. ¿Recuerdas que yo tenía una vida allá? — ¿A qué diablos se refería con eso? Enarqué una ceja, cuestionante, y entonces pudo entender mi interrogativa— Me refiero, hermanito, a que nos quedaremos en mi casa, bueno, en la casa de Gordon —se corrigió. ¿Quién jodidos era Gordon? —Mi padre —dijo, como si hubiese leído mi mente, contestando a mi pregunta formulada sólo ahí.

 

— ¿Iremos con tu padre? —Repentinamente, sentí unos fuertes nervios en el estómago. Por lo poco que sabía, Gordon había estado casado con mi madre antes de que yo si quiera apareciera en este mundo. ¿Se sentiría incómodo por tenerme ahí?

 

—Claro —contestó al mismo tiempo que soltaba una pequeña risa—. ¿A dónde más?

 

Joder.

 

Me quedé dormido gran parte del camino, principalmente porque no quería hablar con Bill, acepto que me daba un poco de miedo. ¿Por qué? No lo sé. Era como estar con el Bill de antes, el Bill se decía que me amaba, que se preocupaba por mí, así que por consiguiente, tenía miedo de volver a caer, de volver a confiar. No quería hacerlo, no quería verlo y dejarme llevar por sus actos y palabras de amor, ya no. Thomas Miller, sé fuerte, ¡por favoooor!

 

 

 

— ¡Hijo, que gusto verte! —Gordon cruzó rápidamente la puerta de la entrada y se lanzó a abrazar a Bill— No pensé verte tan pronto, ¿cómo…? —dejó la pregunta en el aire en cuanto se despegó de Bill y me miró, con una ceja alzada, y una expresión un tanto sorprendida.

 

—Papá —habló mi hermano—, él es Tomy —dijo y luego esbozó una amplia sonrisa, apuntándome con su mano extendida.

 

Gordon enmudeció completamente, y pude ver que hasta le cambiaba de color la cara.

 

¿Tanto me odiaba cómo para ponerse así?

 

—Hola, mucho gusto, Thomas Miller —me presenté y extendí mi mano derecha hacia la suya. Él la estrechó y carraspeó después.

 

—Mu-mucho gusto, Tom. Gordon Trümper —mencionó, y ambos soltamos una tímida sonrisa—. Bueno, pasen, por favor —Se hizo a un lado, y dejó que Bill y yo pasáramos por la puerta—. ¿Qué tal el viaje?

 

—Papá —interrumpió Bill—, necesito que me des la dirección de Simone, por favor. No tenemos mucho tiempo —argumentó, al mismo tiempo que dejaba una de las maletas al pie de una mesa—. Venimos de rápido, sólo estaremos dos días por mucho.

 

—Ya veo —contestó Gordon, mientras sacaba una libreta de la misma mesa—. Dejé por aquí la dirección escrita, un momento —La libreta se encontraba, al parecer llena de apuntes, notas, y distintas cosas que no pude clasificar—. Debe de estar por aquí —Siguió buscando en dicha libreta, pasando de hoja en hoja—. ¡Aquí está! —informó, alzando la hoja a la altura de nuestros ojos.

 

—Gracias —musité, y miré la hoja, tratando de leer la dirección, pero Bill la quitó de mi vista rápidamente.

 

—No es nada, Tom —respondió a mi agradecimiento, y yo sólo asentí.

 

Al parecer no le caía del todo mal. ¿O eras figuraciones mías?

 

Observé como Bill sacaba su celular, y luego tecleaba algo sobre la pantalla táctil.

 

—Listo, ¿nos vamos? —preguntó, mirándome, guardando la hoja en uno de sus bolsillos delanteros.

 

—Sí.

 

—Hijo —Gordon lo tomó del hombro, haciendo que Bill detuviera sus pasos—, ¿podemos hablar cuando regreses? —Noté que su mirada viajaba escasos segundos a mi figura y luego volvía a la de Bill.

 

—No es el momento —murmuró mi hermano.

 

—Bill…

 

—Está bien, hablamos al rato —Se soltó de su agarre, y casi, casi me empujó fuera de la casa, después de meter nuestras maletas completamente en la casa.

 

Obviamente había algo que no entendía, y me moría de ganas de saber.

 

Seguí los pasos de mi hermano mayor hasta el coche, el cual, él había dejado encargado con su padre. Un hermoso Audi Q7. Qué coincidencia; yo pensaba comprarme un Audi también.

 

 

 

La casa de Simone estaba justo delante de mí. La casa en la que había pasado los mejores, pero también los peores momentos de mi vida, estaba a unos cuantos pasos lejos de mí.

 

Comenzaba a sentir miedo, a sentirme vulnerable otra vez, a sentirme como aquel niño de trece años, aquel niño al que todos manipulaban y manejaban a su antojo. Conforme me iba acercando a la puerta, con Bill a mi lado, fue inevitable acordarme de aquella vez en la que mi vida dio un giro radical, las circunstancias eran diferentes, las emociones también.

 

—Mamá —exclamé, con mis ojos llenos de lágrimas, con las manos temblorosas —, déjame explicarte, ¡por favor!

 

— ¡Cállate! —Jörg estampó su mano contra mi mejilla, haciendo que esta ardiera, e incluso me sangrara ligeramente el labio— No tienes vergüenza, ¡no tienen vergüenza!

 

Bill se encontraba a mi lado, con la cabeza gacha, y las manos metidas en sus bolsillos, sin decir si quiera una palabra.

 

—Esto no puede estar pasando, Dios mío, ¡no! —Simone sollozaba, sentada en el sillón, con las palmas de sus manos cubriendo su cara— Y tú Andreas, ¡lo sabías todo, y nunca dijiste nada! —gritó, destapando su cara, mirando a mi mejor amigo con los ojos llenos de agua.

 

—Lo siento —respondió Andreas, tallando frenéticamente sus manos en sus pantalones—. No sabía cómo decirlo, además, no me iban a creer, no por encima de la palabra de Tom —Bajó su cabeza, mordiéndose ligeramente el labio.

 

— ¿Cuándo comenzó? —preguntó ahora Jörg, mirando fijamente a mi amigo— ¡Responde!

 

—Hace…

 

— ¡Andreas!

 

—Dos años —terminé la respuesta de Andy, mirando nerviosamente a mi padre—. Poco después de que Bill llegara a vivir a la casa.

 

Todos se callaron por unos escasos segundos, y luego escuché los sollozos más fuertes de Simone, seguidos de unos cuantos golpes en la pared, de mi padre.

 

— ¿¡Y todo este tiempo nos estuvieron viendo las caras de estúpidos!? ¿¡Los tres!?

 

Andreas comenzó a mover uno de sus pies, tratando de concentrarse en algo que no fuera esa realidad, supongo que ya tenía suficiente con los gritos de sus padres. Yo miraba a mi mamá, la cual no podía sostenerme la mirada, y seguía llorando a mares. Y Bill… Bill solamente estaba ahí, escuchando, respirando, perdido en un mundo muy diferente al original.

 

¿Qué estaría pensando? ¿Por qué no había dicho una sola palabra?

 

Lo miré por breves momentos, tratando de que también me mirara, pero fue en vano.

 

— ¿¡Y tú!? ¿¡No piensas decir nada, William!? —gritó mi padre, haciendo que la mirada de Bill finalmente se levantara y clisara con la suya— Te dimos un techo, te dimos comida, te dimos nuestra confianza, ¡maldita sea! —El labio le temblaba, incluso a veces salpicaba algunas gotas de saliva— ¿Y así nos pagas? ¿¡Revolcándote con nuestro hijo!? —Su mirada estaba llena de odio, cargada de rabia y enojo.

 

—Yo…

 

—Él no me obligó a nada, papá —interrumpí la explicación de mi hermano, tragándome todas las lágrimas próximas a salir—. Yo… Lo amo —dije, encogiéndome levemente, esperando ver las reacciones de mis progenitores.

 

Jörg abrió enormemente sus ojos, con la mandíbula casi desencaja; del coraje ya no sabía ni qué decir. Simone por su parte, se levantó muy lentamente del sofá, e intercaló miradas entre Bill y yo.

 

—Que se aman, dicen —De repente Jörg comenzó a reírse, irónicamente, pero se rió al fin y al cabo— Jajajaja ¡que se aman! ¿Escuchas, Simone?

 

Mi mamá se quedó observándome, preguntando con sus ojos si lo que había dicho era cierto.

 

—Tom… —logró decir, después de limpiarse la cara y aproximarse a mí— Hijito, tú… —Iba a tocarme las mejillas, pero Jörg la detuvo, la  tomó fuertemente del brazo y la empujó nuevamente al sillón en donde se encontraba sentada segundos atrás.

 

— ¡Largo de aquí! ¡FUERA! ¡Los tres! —chilló, haciendo que toda la sangre que corría por mis venas, de pronto se quedara totalmente helada.

 

—Jörg, no… —Simone trató de defendernos, o al menos en parte, pero no lo logró. Mi padre la calló de una bofetada, y entonces ella se quedó completamente callada, con la mirada puesta sobre mí, como pidiéndome perdón por no intentar algo más, por no intentar defenderme de mi papá.

 

—No los quiero volver a ver en mi vida —sentenció, apuntándonos con el dedo índice—. ¡Nunca!

 

—Papá…

 

—Yo ya no soy tu padre —Estático, mi cuerpo quedó completamente estático al escuchar esas palabras.

 

¿Era verdad todo lo que me estaba pasando? ¿Por qué? ¿Por qué carajo las cosas habían salido de esa manera?

 

—William —Simone volvió a levantarse de su lugar, y pasando de la atenta mirada de Jörg, emprendió camino hasta posarse enfrente de mi hermano—, ¿por qué? —preguntó, con un dejo de tristeza en la voz, como si estuviera a punto de romperse en mil pedazos— ¿Por qué? —volvió a preguntar.

 

— ¿Tú piensas que también lo amo? —preguntó ahora mi hermano, cruzándose de brazos, y dejando escapar una risilla. Luego me miró— Él dijo que me amaba, yo no he dicho eso —Regresó su mirada a la de Simone y volvió a sonreír. Sonrió como pocas veces lo había visto, con una altanería y socarronería que casi nunca deslumbraba en su rostro—. Yo no lo amo —soltó, y fue cuando sentí que todo el jodido mundo se me venía abajo, fue cuando me di cuenta que la burbuja de cristal en la que vivía, que el universo color de rosa en el que creía estar, no existía.

 

— ¿Qué? —murmuré, sin despegar mi vista de Bill. ¿Qué estaba diciendo? ¿¡Qué coño estaba sucediendo!?

 

—Como lo escuchas, enano —contestó, enarcando una ceja—. ¿O qué? ¿En verdad te creíste todo lo que te dije? No me digas que en realidad caíste, Tomy —Abrió ligeramente su boca, haciendo una expresión de sorpresa.

 

—Tú…

 

Pude notar como la reacción de Simone se tornaba completamente diferente, como observaba a mi hermano de una manera que nunca había visto en ella. Lo miraba con rencor, con resentimiento, incluso con algo de rabia.

 

— ¿¡Cómo pudiste!? ¿¡Cómo pudiste venir aquí a mi casa, con mi familia y hacerme esto!? —gritó fuertemente, con las manos echas puños, estaba a punto de pegarle.

 

— ¿Qué mamita? ¿No te sientes orgullosa de mí entonces? ¡Hipócrita! ¡Tú nunca me quisiste, acéptalo! ¡Siempre fui un estorbo para ti! —le recriminó, haciendo que el coraje de Simone se intensificara y terminara por propinarle un fuerte golpe en la cara.

 

— ¡Lárgate! ¡VETE! ¡No te quiero ver! Me das asco, William —escupió, con la mirada severa, llena de frustración.

 

— ¿Te doy asco? ¡Tú me das asco a mí, Simone! —Rió nuevamente, ensanchando su sonrisa, mientras regresaba la cara hacia ella— ¿Qué quieres de mí, eh?

 

—Es simple Bill, quiero que te largues, tú no eres más mi hijo, estás muerto para mí.

 

¿En verdad mi madre había dicho esas palabras?

 

—Ya escucharon —intervino Jörg—: Váyanse, lárguense, hagan lo que quieran con su vida, y den gracias de que no los denunciemos por incesto —La voz se le notaba cansada, como si no pudiera decir más y nos aventó unos cuantos billetes al piso— Olvídense de que existimos, olvídense de que somos algo de ustedes; de ahora en adelante, están solos —Y dicho eso, se acercó hasta la puerta de salida y la abrió, dejando que la fuerte corriente de aire frío me calara los huesos.

 

Noté como Andreas veía con horror la puerta y luego me miraba expectante, queriendo que yo dijera algo para tratar de convencer a mis superiores. Pero… ¿Qué podría decir?

 

— ¡Váyanse, váyanse ya! —dijo mi mamá, para después dirigirme una última mirada de dolor, e irse corriendo escaleras arriba, con las manos apretando su blusa de tirantes.

 

Las maletas ya estaban listas. Simone y Jörg las habían preparado y depositado a un lado de la puerta, escasas horas atrás.

 

Bill fue el primero en adelantarse y tomar la suya. Le sonrió por última vez a mi padre y desfiló hasta la salida, pasando a mi lado, sin si quiera mirarme. Rápidamente corrí para tomar la mía, seguido de Andreas, el cual me ayudó con la otra, y ambos volvimos a mirar a mi padre, el cual tenía la mirada perdida.

 

—Vamos, Tom —susurró mi mejor amigo, y juntos salimos de ese lugar, de esa casa que había sido mi hogar durante años.

 

—Bill, ¡espera! —grité, al mismo tiempo que corrí, dejando la maleta y a Andreas detrás de mí, para poder alcanzar a mi hermano, al amor de mi vida— ¿Qué fue todo eso que dijiste? —pregunté al llegar a su altura, mirándolo con mis ojos cristalinos. No quería echarme a llorar como una niñita desprotegida.

 

Seguramente Bill había dicho eso para no hacer las cosas más grandes, ¿no? Porque no podía ser cierto, no, no, no, no podía decirlo en serio.

 

—La verdad, Tomy —Enarcó una ceja y acarició delicadamente mi mejilla—. ¿En serio creíste que yo estaba enamorado de ti? No seas ingenuo, enano.

 

—Es una broma, ¿no? —cuestioné, soltando una breve risa, seguida de un fruncimiento de ceño— Bill, tú…

 

—Escucha —dijo muy serio, tomando mi rostro entre sus manos—, las cosas son diferentes ahora, ¿entiendes? Se acabó, iré a vivir con mi padre nuevamente, regresaré a mi vida de antes; te recomiendo que hagas lo mismo.

 

— ¿De qué hablas, Bill? —Me alejé de él, apartando fuertemente sus manos de mi cara— ¿¡Cómo que hacer mi vida de antes!? ¡Me acaban de echar de la casa! ¡Nos acaban de echar! ¿Qué quieres que haga ahora?

 

—No lo sé.

 

—Pero, ¡me dijiste que me amabas! Todo… —Comencé a llorar otra vez, sintiendo como mi corazón se desmoronaba poco a poco— ¿Todo fue una mentira? —pregunté con miedo; en realidad no quería escuchar la respuesta.

 

—Así es.

 

— ¡No! ¡Bill, no, por favor! —supliqué, tomando ahora sus manos, mirándolo directamente a los ojos, buscando que me entendiera, que me dijera que todo estaría bien— No me puedes hacer esto, ¡por favor, tú no! ¡Yo te amo! —El agua salada caía de mis pómulos como cascada, haciendo que repentinamente, el piso debajo de mí, comenzara a mojarse rápidamente— Te amo, ¡Bill, te amo!

 

— ¡Pues yo no! —Contestó, deshaciendo el agarre de mis manos con las suyas— Entiéndelo de una buena vez. ¡Todo fue un juego! ¡Un jodido juego para mí! Tú no significas nada en mi vida, no eres nadie.

 

¡Crack!

 

Por primera vez en mi vida, me sentía mierda, me sentía la persona más miserable y desgraciada del mundo. Me sentía solo, completamente solo.

 

—Bill…

 

—Adiós, enano —murmuró, mirándome fijamente, haciendo que por fin pudiera ver su verdadera cara, su verdadero interior.

 

¿Han escuchado ese dicho famoso? El que dice: Los ojos son la ventana del alma. Pues ahora yo lo conocía perfectamente; Bill por fin me había dejado mirar su alma, su ser lleno de odio y resentimiento, su verdadera personalidad egocéntrica, altanera y ruin.

 

¿Cómo es posible que hubiese creído en sus palabras por tanto tiempo? Dos años, dos malditos años engañándome, mostrándome una cara diferente, diciéndome que me amaba, que me necesitaba, y nada había sido verdad, nada era verdad.

 

¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué dejó pasar tanto tiempo? ¿Por qué me elevó hasta el cielo, y después de dejó caer sin un soporte que amortiguara el fuerte golpe que me daría?

 

Me tiré de rodillas, tapándome la cara con mis manos, sollozando, llorando, gritando, tratando de darle aunque sea un poco de lástima para que no me dejara, pero nada funcionó, mis intentos fueron nulos, completamente indiferentes para él.

 

Mi vida había terminado, mis ilusiones y planes también, ¿qué me quedaba entonces?

 

Ahora estaba seguro de algo: Estaba roto, estaba solo.

 

—Vamos, Tom —Sentí la mano de Andreas situarse sobre mi hombro, propinando un poco de presión—. Vamos —repitió, ayudándome a levantar.

 

Desde ese día, mi vida cambió totalmente, desde ese día, me juré a mí mismo que nunca nadie me vería la cara de estúpido otra vez, desde ese día, juré no volver a enamorarme.

 

Play: http://www.youtube.com/watch?v=-Tz6ldvlUos

 

—Tom, Tierra llamando a Tom —Escuché la voz de Bill sacándome de mi ensimismamiento.

 

Volví a mi realidad, años después, parado enfrente de esa puerta que hace años había cruzado para no regresar nunca más. ¿Qué curioso, no?

 

—Lo siento —me disculpé, tallando mis manos frenéticamente una contra la otra—. Es raro estar aquí después de tanto tiempo.

 

—Lo sé —aceptó Bill, proporcionando tres toques seguidos hacia la puerta—. No te preocupes, todo estará bien, aquí estoy yo.

 

Sabía que no debía de confiar en sus palabras completamente, pero a pesar de eso, asentí, mirando después la puerta que se abría de par en par.

 

Jörg salió de la casa, y nos miró con los ojos muy abiertos.

 

— ¿Tom? —preguntó mientras me miraba, con el ceño ligeramente fruncido, y un brillo en sus ojos que no supe clasificar— ¿William? —Volteó su mirada a mi hermano, y luego las intercaló, hasta volverla a depositar en la mía— ¿Qué…?

 

—Venimos a ver a Simone —se apresuró a decir Bill, mientras hacia amago de entrar a la casa—. ¿Está aquí, cierto?

 

—Sí —musitó Jörg, haciéndonos camino, para poder entrar.

 

Mi hermano y yo, entramos finalmente. Y como una oleada, me vinieron millones de pensamientos y recuerdos a la cabeza: Bill y yo en el sofá, besándonos, Bill y yo en la cocina, preparando algo de cenar y luego besándonos, Bill y yo en el recibidor, casi subiendo las escaleras, besándonos. Cada rincón de la casa estaba plasmado de esas memorias, esas tortuosas memorias que tanto me dolían.

 

Pestañeé repetidas veces, para borrar cualquier rastro de lágrimas en mis ojos y me interné por completo, mirando a mí alrededor, buscando a mi mamá.

 

— ¿Dónde está? —pregunté casi inaudible, y Jörg dirigió su mirada escaleras arriba. Seguramente estaría en su habitación.

 

Y sin esperar a que exclamara una palabra más, subí corriendo hasta donde se encontraba ella; me sabía de memoria el recorrido, a pesar del tiempo que había transcurrido.

 

— ¡Tom! —Bill me siguió, casi pisándome los talones, y me jaló levemente del brazo— Espera…

 

—Bill, necesito verla —articulé, pidiéndole comprensión con mis ojos— ¿Mamá? —pregunté, al mismo tiempo que abría la puerta, buscándola con la mirada.

 

Ahí estaba, con los ojos medio cerrados, y la mirada perdida hasta que se posó en la mía. Tenía la cara demacrada, varias arrugas adornaban sus mejillas y su cuerpo descansaba inerte sobre la cama, sin nada de fuerza, sin casi nada de vida.

 

—¿Tomy? ¿Hijito? —Preguntó, parpadeando varias veces— ¿Eres tú? ¿Bill? —cuestionó después, mirando expectante a mi hermano.

 

Jörg entró por la puerta, situándose a nuestro lado.

 

—Como ven, Simone no se encuentra en condiciones…

 

— ¿Quieres largarte y dejarnos hablar con ella? —exclamó Bill, casi empujándolo fuera de la pieza.

 

Minutos más tarde, nos encontrábamos ambos arrodillados al pie de la cama en la cual estaba mi madre.

 

Sonreí tiernamente, y acaricié algunos de sus cabellos, limpiando mis mejillas; las lágrimas me habían ganado ya.

 

—Mi Tomy, mi bebé… —murmuró, acariciando mis manos— Estás aquí mi cielo…

 

—No hables mamá —pronuncié, sorbiendo mi nariz al mismo tiempo—, shh, aquí estoy, aquí estamos —Miré por unos cuantos segundos a mi hermano, el cual mantenía su mirada fija en la figura de Simone, pero sin decir alguna palabra.

 

—Bill, Tom —Su cara se contrajo en una mueca de dolor, al parecer su enfermedad la estaba matando poco a poco—, perdónenme, por favor, yo…

 

—Mamá, no digas nada, todo está en el pasado —aseguré, acercándome más hacia ella, buscando tenerla conmigo, y que nunca se fuera—. Todo está olvidado.

 

—Para mí no —habló finalmente el sujeto que se encontraba mi lado.

 

—Bill…

 

—Déjalo, cariño —intervino Simone—. Es razonable que pienses así, Bill —Miró a mi hermano con una cara llena de tristeza, y de arrepentimiento. Estaba seguro de que mi madre estaba arrepentida, muy, muy arrepentida—. Yo te entiendo, solamente quisiera que… —Suspiró, soltando un par de lágrimas, las cuales yo limpié con la palma de mi mano— Ustedes fueran felices, y si su felicidad es estar juntos, yo no…

 

—Simone —interrumpió Bill—, ¿en verdad crees que Tom y yo estamos juntos?

 

—Ustedes… ¿no…?

 

—No —cortó.

 

—Mamá, no quiero que hablemos mas de esto, ¿si?

 

—Tom, yo… —Volvió a contraer su cara. Me dolía verla así— Tengo que decirte algo, mi amor…

 

—Mamá…

 

—Por favor —Tomó mis manos con fuerza—, necesito hacerlo, mi cielo. Me estoy muriendo, ¿sabes? Y… No quiero que esto quede así, tú necesitas… saber la verdad, mi vida —pronunció apenas, con un inmenso remordimiento en sus palabras.

 

Bill y yo nos quedamos callados por unos momentos, y luego mi medio hermano me miró, con una ceja alzada.

 

Regresé mi vista a la de mi madre, y me acerqué para besarle la mejilla.

 

— ¿Qué pasa, mamá?

 

—Tom… Sebastian…

 

¿¡Sebastian!? ¿Cómo sabía ella de la existencia de Sebastian? ¿Qué tenía que decirme con relación a él?

 

— ¿Conoces a Sebastian? —Interrogó entonces Bill, acercándose más hacia ella— ¿Cómo sabes…?

 

—Sí, lo conozco desde hace mucho tiempo —mencionó, contrayendo nuevamente su cara en una mueca de dolor— Él…

 

—Mamá, no hagas esfuerzos, no te hace bien. Tranquila, puedes decírmelo luego.

 

—No —soltó, cerrando fuertemente sus ojos. Su cara se apagaba segundo a segundo—. Necesito hacerlo ahora…

 

—Simone, habla ya —pidió Bill—. ¿Qué tienes tú que ver con Sebastian?

 

Mi madre sonrió y me miró, haciendo un esfuerzo para alzar su brazo hasta mi rostro.

 

—Te amo —dijo, y luego miró a mi hermano—. Te amo —repitió— Sebastian es… —Sostuvo fuertemente mi mano y luego sonrió, sin terminar la frase que antes había empezado, y dejó caer su brazo sobre la cama, soltándolo completamente.

 

Poco a poco, fue cerrando sus ojos, expulsando la última exhalación que su cuerpo pudo hacer.

 

—Mamá… —La sacudí ligeramente. No podía estar muerta. No, ¡no ahora! ¡No, ahora que la volvía a encontrar! ¡NO! — Mamá, ¡no! ¡MAMÁ, por favor! No me hagas esto, no ahora que tanto te necesito, mamá, por favor, ¡¡MAMÁ!! —grité fuertemente, sacudiéndola por los hombros, tratando de que despertara, tratando de hacerla reaccionar.

 

— ¡Simone! —Bill se levantó, y luego se inclinó hacia ella, poniendo su oído en su pecho. Negó— Tom…

 

— ¡No! ¡No, no, no, no, no! Mamá, por favor, ¡no puedes hacerme esto, joder! ¡Tú no! ¿¡Por qué!? ¿Por qué?

 

Jörg entró rápidamente a la habitación. Mirando el cuerpo ahora sin vida de mi madre. Se tocó la frente y volvió a salir, después de sacar su teléfono celular.

 

Comencé a llorar, comencé a sacarlo todo, a sentirme miserable nuevamente, justo como aquella vez. Sólo que ahora no había perdido al amor de mi vida, si no que había perdido lo más preciado que tenía: Mi mamá. Había perdido a mi progenitora, a la mejor persona del mundo, a la que tanto había necesitado y extrañado por mucho tiempo. Y ahora no estaba, ya no estaba ahí. La había perdido otra vez.

 

—Tranquilo, enano —Bill me estrechó entre sus brazos, pegándome fuertemente a su cuerpo, haciéndome sentir que las cosas no podrían estar del todo mal. Pero… No podía confiar en él otra vez, ¿no? ¡No!

 

— ¿Por qué, Bill? ¿Por qué mi mamá? —Me aferré a su figura, apretando su camisa entre mis dedos. Necesitaba desahogarme.

 

Ya no tenía a mi mamá, Simone estaba a mi lado, pero al mismo tiempo ya no lo estaba.

 

¿Por qué me pasan este tipo de cosas a mí? ¿Por qué el destino se empeña en hacerme sufrir siempre que pienso que por fin las cosas están tranquilas y resueltas en mi vida?

 

Simone era mi madre, y siempre guardaría su recuerdo en lo más profundo y extenso de mi corazón. Siempre. Y a pesar de todo, ahora más que nunca, la necesitaba.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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