«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 9. Nadie nunca podrá igualarte

El funeral había sido horrible para mí. Las lágrimas no dejaban de salir de las cuencas de mis ojos, y mis manos estaban totalmente temblorosas. A mi lado se encontraba Bill, sin emitir siquiera un sonido, con los lentes obscuros puestos en su lugar, y las manos cruzadas.

No le había avisado a nadie, ni siquiera a Sebastian o a Andreas. En esos precisos momentos lo único que quería era estar solo. Pensar en todas las cosas que pude haber disfrutado con mi madre, y no lo había hecho, me ponía mal ahora. Tuve en muchas ocasiones la oportunidad de ir a buscarla, de tratar de arreglar las cosas, pero nunca lo hice, nunca quise en realidad. Ahora me arrepentía notablemente.

—Enano —me habló mi hermano, apretando ligeramente mi hombro—, tenemos que regresar a Nueva York.

Sólo asentí, y limpié el resto de lágrimas secas que todavía reposaban en mis mejillas.

 

Horas después, habíamos llegado finalmente a Nueva York, después de haberle agradecido a Gordon, y tomado nuestras maletas. Con Jörg ni siquiera habíamos cruzado palabra, en cuanto salimos de la casa para arreglar las cosas con la funeraria, no volvimos a dirigirnos ni la mirada, sólo habíamos estado relativamente cerca en el cementerio, y nada más. Así estaba mejor. Ahora tenía en claro que nada me unía a él, ni siquiera el apellido, que pronto me quitaría definitivamente para ser un Miller con todas las de la ley.

—Bill —Dirigí mi mirada hacia mi medio hermano, haciendo que nuestros ojos se encontraran, él se encontraba mirándome desde hacia un par de minutos—, ¿qué crees que Simone haya querido decir con respecto a Sebastian? —pregunté con curiosidad. Era un tema del cual todavía no habíamos hablado, desde que pasó, y ahora no sabía ni qué pensar realmente.

Estábamos en mi oficina, sentados en el sofá que ahí había. Andreas y Sebastian estaban en una junta muy importante con empresarios al parecer, dispuestos a asociarse con la revista. Cameron nos había explicado, y decidimos esperar a que salieran de la junta, para contarles la noticia.

—Pues… —dudó un poco, rascándose el mentón en el acto— No lo sé, Tomy. Todo esto me tiene muy confundido. Pero estoy seguro de que Sebastian podrá explicarte las cosas, ¿no? —Alzó sus hombros, y ladeó un poco su cabeza, observándome con atención.

— ¿Qué pasa? —pregunté extrañado, dejando un poco de lado el tema de la supuesta noticia que Simone me daría acerca de Sebastian.

—Te conozco —contestó mi hermano, acercando su rostro hacia el mío—, y sé qué estás pensando.

— ¿De qué hablas, Bill? —interrogué, sintiéndome repentinamente incómodo. Bill lograba que todas las emociones habidas y por haber emanaran a borbotones de mi cuerpo.

¿Por qué me ponía así con su sola respiración chocando contra mis labios?

— ¿No es obvio, Tomy? Sé que piensas que Simone podría haberte dicho algo muy importante acerca de Sebastian, algo que te beneficiaría y te sacaría de todas las dudas que ya traías. ¿O me equivoco?

—Bueno… —Me lo pensé por un instante. Y sí, la verdad era que me encontraba en medio de una terrible confusión, una confusión que ahora nadie podía iluminar. La única que lo pudo haber hecho, era mi mamá— Sí, pero… ¿Entonces qué debo hacer? Estoy seguro de que Sebastian nunca me lo contará. No hasta que… —Callé por unos segundos, mientras tragaba saliva; la sola idea de pronunciar aquello hacia que un hueco de dolor se instalara en una parte muy grande de mi interior.

—Se muera —finalizó Bill. Asentí con pesar—. Entiendo. ¿Crees que haga lo mismo que ella? ¿Decírtelo en el último minuto?

—Es lo más probable —sinceré, frunciendo con delicadeza mis labios.

Ya había pasado por la muerte de mi madre, no sabía con exactitud si podía aguantar una más. Es decir, si algo similar le pasara a Jörg, estoy seguro de que no me dolería, es mas, siquiera me importaría. Pero era diferente con Sebastian. ¿Irónico? Ya lo sé.

Suspiré cansado, sacudiendo los remotos pensamientos que todavía chocaban en mi mente; ya no quería seguir pensando en cosas tristes. Estaba seguro de que si seguía así, me derrumbaría por completo, me desmoronaría, y no quería que eso pasara, por nada del mundo iba a permitir que me vieran caer.

—Bill, ¿puedo hacerte una pregunta? —Lo miré con el ceño tenuemente fruncido. Quería cambiar de tema— ¿Qué hay exactamente entre Cameron y tú? —Me crucé de brazos, enarcando una ceja. Era un tema que de igual manera había pasado repetidas veces por mi cabeza, a lo largo de esos días, y no podía esperar más. Sí, había rumores, pero quería escucharlo de la propia boca de mi hermano.

Rió brevemente, haciendo amago de ignorar mi pregunta, pero cuando vio que yo no reía, y mucho menos dejaba el tema de lado, me miró serio y encorvó ligeramente sus labios en una sonrisa.

—No me digas que estás sintiendo celos… Tomy —respondió, pegando su mejilla contra la mía, haciendo que sus labios rozaran mi lóbulo— Me lo follé —soltó sin más, pasando una de sus manos libres por el comienzo de mi entrepierna. ¡Joder, aquí no, por favor! —. Y debo de admitir que es buenísimo en la cama, pero… —Sentí su lengua recorrer esa zona, dejando pequeñas mordidas de vez en cuando— Ya te lo dije, y te lo vuelvo a repetir —Inclinó más su cuerpo hasta mí, rozando sus dedos resbalosos por encima de mis pantalones en un área en particular—, nadie nunca podrá igualarte, Tomy.

¡Fóllame ya!

Mi cabeza lo pedía a gritos, mi corazón, mi mente nublada, mis deseos, decían que me dejara llevar, que dejara que las cosas se dieran, que disfrutara ante las caricias que Bill me estaba dando en ese preciso momento. Pero… Mi mente racional, mi cabeza, mi cerebro, y una parte de mi corazón, gritaban que me alejara de él, que huyera de ahí, sin mirar atrás, y que lo mandara a la mismísima mierda de una vez.

¿Qué jodidos se supone que haría?

—Mmh… —gemí, mientras apretaba mis ojos, y sentía como Bill desabrochaba la cremallera, inmiscuyendo algunos dedos dentro de ella.

Vamos, Tom, ¡no caigas, no caigas!

Necesitaba tanto su calor, quería sentirme nuevamente rodeado de su cuerpo aprisionándome contra la cama, quería sus labios a lo largo de mi cuello, dejando escasos y excitantes rastros de saliva, quería sentirme lleno de él, quería que me hiciera gritar su nombre como tanto lo había hecho, quería tenerlo, sólo para mí.

— ¿Te gusta Tomy? —Rió apenas, contra mi oído, haciendo que los vellos de todo mi cuerpo se enchinaran en un milisegundo.

—Bill… —susurré, dejándome caer completamente en el sillón. Ya no iba a luchar, quería tenerlo dentro de mí, quería… Que me hiciera el amor como tantas veces había pensado que lo hacía.

Escuché unos pasos acercándose hasta la puerta, seguidos de murmullos, y fue entonces cuando se abrió de repente, dejando ver la figura de Andreas.

Nos miró con el ceño fruncido, las manos cruzadas sobre su pecho, y unos ojos afilados. Obviamente no se creería el cuento de que estábamos jugando a las cosquillas, ¿verdad?

— ¿Interrumpo algo? Porque si están muy ocupados, puedo regresar luego —mencionó sarcásticamente, con la mandíbula apretada.

Bill se volteó muy tranquilamente hacia esa dirección, y se levantó del sillón, dejándome ahí tirado, con la bragueta a medio bajar. Acomodó su camisa de manga larga, y arregló su cabello rubio hacia atrás.

—Para nada, quizás tú lo puedas ayudar mejor que yo —respondió y sonrió, para después dirigirme una felina mirada, relamió sus labios, y salió de la oficina.

Andreas bufó, y cerró fuertemente la puerta, después de que Bill se marchó.

Estaba en serios problemas…

— ¿Qué se supone que estaban haciendo, Thomas? ¡Porque no me vas a decir que…!

—Antes de que sigas con tus regaños de padres, tengo que decirte algo muy importante —Subí mi cremallera, reincorporándome, y revoloteé mis trenzas, para que pudieran volver a quedar en el mismo lugar— Es sobre Simone.

— ¡Tom, pero…!

—Por favor —le pedí, palmando el lugar libre del sofá, en el cual antes estaba mi hermano.

Andy suspiró, dejándose caer sobre el asiento y me miró, con una ceja alzada.

—Está bien, ¿qué pasó con tu mamá? No me llamaste, ni me dijiste nada, y la verdad, no creí que regresarían tan pronto.

Miré a mi amigo con los ojos cristalinos, y suspiré largo y tendido.

—Murió —respondí, e inmediatamente vi como la figura de mi mejor amigo se abalanzaba contra mí, estrechándome en sus brazos, brindándome con ese simple gesto, el apoyo que yo necesitaba justamente en ese momento.

—No lo puedo creer —susurró, apretándome contra él—. ¿Cómo es eso posible, Tom? ¿Tú…?

—La vi antes de que sucediera, platicamos por un rato, le dije que… —Una lágrima resbaló por mi mejilla y cayó en el sillón mientras me alejaba unos cuantos milímetros de mi amigo— No sentía ningún rencor hacia ella, que la perdonaba —Sonreí, mientras Andreas limpiaba las otras gotas de agua salada que salían de mis ojos, y me miraba atento— ¿Y sabes qué hizo Bill? Ni se inmutó Andy, además… —La voz se me quebró, y luché internamente porque el llanto no me ganara— Le dijo que para él no todo estaba olvidado, prácticamente le dijo que no era su madre, que no la perdonaba, y ella se estaba muriendo, ella…

— ¿De verdad todavía te sorprende? —Andy acarició mi rostro, ladeando levemente su cabeza. Fruncí el ceño, mirándolo extrañado.

— ¿Sorprenderme qué? —pregunté, enderezándome en mi lugar, alejando nuestra cercanía.

—Bill —dijo muy seguro, y tomó una de mis manos entre las suyas—. Tom, ¿no lo has entendido? Bill no tiene sentimientos, es un ser incapaz de amar, de preocuparse verdaderamente por alguien. ¿Por qué sigues pensando que algún día cambiará? ¿No te das cuenta en realidad? —Andreas me miró con los ojos muy abiertos, tratando de que yo por fin entendiera.

—Pero…

—Él, no, va, a cambiar —contestó, haciendo una pequeña pausa entre cada palabra, y luego suspiró, soltando mi mano—. ¿Por qué dejas que haga de ti lo que él quiere? ¿Vas a volver a caer en su juego? Tom… ¿Qué coño estaban haciendo hace unos instantes? Porque estoy seguro de que si yo no hubiese llegado, ustedes… —Formó una breve pausa, y tragó saliva— ¿De verdad te hubieras enredado otra vez con él?

—Yo… —dudé, y bajé mi cabeza, mirando hacia otro lado, giré el cuerpo y me recosté sobre el sofá— No lo sé.

—Pues yo sí —Se paró del lugar y cruzó sus brazos—. Sé que lo sigues amando, sé que nunca lo vas a olvidar por más que te trate mal, por más cosas horribles que te haga pasar, yo sé que nunca podrás querer a alguien más que no sea él, y… —Calló por un segundo y luego volteé mi mirada hacia él, viéndolo desde abajo.

— ¿Y? —cuestioné, enarcando ambas cejas.

—Me duele —musitó, y logré ver como una lágrima casi invisible descendía hasta su mentón. La limpió rápidamente—. No sabes cuanto, Tom. Me duele verte así por él, me duele que te haga sufrir, me duele que lo ames, ¡porque él no se lo merece, joder!  —Talló sus ojos, haciendo que el escaso maquillaje que ahí tenía, se esparciera alrededor— ¿Por qué no puedes simplemente olvidarlo? ¿Por qué no…?

—Porque no puedo —Me levanté de mi asiento, y miré a Andreas directamente a los ojos—. ¿No lo entiendes? Bill es… Siempre ha sido el amor de mi vida, él siempre lo será, Andy.

—Pero tú no el de él —Y dicho eso, dio media vuelta, y salió rápidamente de la oficina.

Al parecer le había valido que le dijera que mi madre estaba muerta, que la había visto morir, y el enojo que tenía por haberme visto con Bill había sido mucho más fuerte.

Me golpeé internamente, y salí igualmente de la oficina; tenía que hablar con Sebastian.

Ya se le pasaría el enojo luego.

 

—Hijo, ¿cómo te fue en Alemania? No me llamaste, y pensé que a lo mejor estabas muy ocupado, por eso no quise interrumpirte —Sebastian se volvió a sentar en la silla giratoria después de haberme abierto la puerta de su oficina.

—Pasaron cosas, papá y… —Me callé ante la mirada incrédula de Sebastian, se había quedado atónito, mirándome con los ojos y la boca muy abiertos— ¿Pasa algo? —pregunté, alzando una de mis cejas.

—Me llamaste… Papá —murmuró, y soltó una risita, seguida de un revoloteo de pestañas— Papá…

—Lo siento —me disculpé, inclinándome hacia el escritorio, notando la gran tontería que había dicho, obviamente sin pensar, sólo había salido— No quise…

—Tom, ¿pero por qué te disculpas? No sabes lo feliz que me has hecho, hijo —mencionó, y ensanchó más su sonrisa. Pude ver como sus ojos brillaban de un momento a otro.

—Entonces, ¿no te molesta?

— ¿Molestarme? —Rió brevemente— ¡Por supuesto que no! Al contrario, esperé muchos años para que por fin me dijeras así.

¿Quéeeeee?

Lo miré con ambas cejas alzadas, y ladeé mi cabeza hacia la izquierda.

— ¿Muchos años? ¿De qué hablas Sebastian?

Pareció entender lo que había pronunciado y rápidamente negó con la cabeza.

—Desde que te conocí, me refiero. Hace varios años que te tengo en la empresa, hijo, a eso me refería.

Fruncí levemente mis labios, y asentí.

— ¿Estás seguro de que no me escondes nada? —Quería que de él mismo salieran las palabras, no quería que se viera obligado a decírmelas— Hablé con Simone.

Observé como se erguía sobre la silla, y cruzaba sus manos, prestándome el cien porciento de atención.

—Te escucho.

—Ella quiso decirme algo, pero… —Suspiré— Lamentablemente no pudo, ella… —Sentí como el nudo se volvía a instalar en mi garganta. Aunque trataba de contenerme, de olvidarme un poco de lo que había pasado, no podía conseguirlo, todo estaba tan resiente, e inevitablemente, seguía doliendo— Murió —confesé, tragando saliva, no quería derrumbarme frente a él. Logré ver como Sebastian asentía, al parecer sin poder creérselo todavía.

—Simone era tu madre, ¿cierto?

—Sebastian, ella me iba a decir algo sobre ti, una verdad que no pudo terminar por falta de tiempo, por cosas del destino, no hagas como si no la conocieras por favor —dije, mirándolo serio—. ¿Qué cosa iba a decirme? Sé que la sabes, por favor, ¿podrías decírmelo tú?

Su expresión cambió radicalmente, carraspeó, y se levantó de su asiento, ante mi mirada consternada.

—No es el momento, Tom.

— ¿Que no es el momento? ¿¡Entonces cuando lo será!? —Me paré también, y lo miré, extendiendo mis brazos— ¿Cuándo estés en tu lecho de muerte igual que ella?

Sebastian bajó su cabeza. Nunca lo había visto empequeñecerse frente a alguien. De repente me sentí miserable, me sentí una mierda junto a él.

—Tal vez.

—Lo-lo siento, papá. Yo… —Suspiré pesado, y abracé fuertemente a mi padre postizo, luego de caminar hasta su posición— Lo siento en verdad, no quise decir eso… Soy un estúpido, estás pasando por muchos problemas, y luego vengo yo a…

—Lo sé, hijo —Me abrazó de igual manera y luego se sentó cansadamente en la silla. Él no era de demostrar sus sentimientos muy a menudo—. Lo dijiste sin pensar, no te disculpes, por favor. Entiendo que tú también estás con muchos problemas ahora, y es muy normal que reacciones así, tu madre acaba de morir, no es para menos. ¿Cómo te sientes al respecto? ¿Pudiste decirle algo? ¿Cómo van las cosas con Bill?

—Sí —Asentí, y me recargué de espaldas en el escritorio—, alcancé a decirle algunas cosas, lo más importante por así decirlo, creo que me siento bien, todavía duele, pero no quiero que eso evite que yo siga con mi vida, y Bill… Ahí estuvo también, fue un gran apoyo.

—Ya veo… —Me miró sonriendo, sosteniendo su barbilla con una mano hecha puño— Entonces ya no lo odias —afirmó, sin despegar su mirada de la mía.

—Es diferente, muy diferente. Mis sentimientos de rencor no creo que hayan cambiado del todo, pero acepto que una parte de mi corazón sigue pensando que Bill es bueno. En parte. Durante estos días pude ver al Bill con el que estuve dos años en Alemania, el cariñoso, el tierno, el que siempre estaba ahí para mí, estoy…

—Confundido —finalizó Sebastian.

Sólo asentí, y noté como mi padre sonreía, mirando hacia algún lugar perdido, y después se sacaba los lentes que tenía.

—Eres joven, Tom, creo que tendrás tiempo para dejar bien claros tus sentimientos hacia él.

—Eso espero.

— ¿Y tú cómo estás? ¿Te sientes preparado para ocupar la presidencia? —Me miró, tratando de guardar la compostura para no reír, y yo solté una risilla, levantándome del escritorio, y regresé hasta mi antiguo lugar.

—Estoy muy estresado con todo lo que está pasando, la verdad. No sé si pueda seguir con todo esto, papá.

—Yo sé que lo harás, Tom —aseguró, y sonrió ampliamente, mientras sacaba un montón de papeles—. Tengo pensado darme unas buenas vacaciones, mi enfermedad avanza a pasos agigantados día con día, y no quiero que me tome por sorpresa, si sabes a lo que me refiero…

—Entiendo perfectamente, y me parece una excelente idea que te hayas inclinado hacia tu salud.

—Solamente quiero asegurarme de algo, hijo —mencionó, y extendió los papeles hacia mi dirección—. En tu ausencia, me encargué de que todo estuviera listo en lo que a tu apellido concierne, sólo tienes que firmar aquí, y ya.

— ¡Perfecto! —exclamé, y tomé rápidamente un bolígrafo que se encontraba a mi lado— Exactamente ¿en dónde firmo? —pregunté ansioso, quería deshacerme del apellido Kaulitz lo más rápido posible.

Sebastian sonrió, y apuntó la línea en la que debía de trazar para firmar, para poder ser un Miller.

¡Estaba verdaderamente contento!

—Cada día me sorprendes más, hijo —Le brindé una cálida sonrisa a Sebastian y me levanté, dirigiéndome hacia la puerta— Tom…

— ¿Si? —pregunté, al mismo tiempo que giraba el pomo.

—Sé que el testamento dice que tendrás que vivir en la mansión cuando yo… Bueno, tú sabes —Ladeó su cabeza de un lado a otro, dando por sentado que lo estaba comprendiendo.

—Ajá…

—Pero sin embargo, me gustaría que Andreas y tú, vivieran conmigo a partir de ahora, como ya te dije, me daré unas vacaciones, en casa para ser más exactos, y no me agrada la idea de estar solo ahí —Ensanchó su sonrisa ante mi emoción.

—Wow, papá, ¿de verdad? ¡Claro que sí! —Brinqué varias veces en mi lugar y luego abrí la puerta rápidamente— Se lo iré a decir a Andy —Y dicho eso, salí corriendo de la oficina, cerrando obviamente la puerta.

¡Joder, viviría en la mansión! ¡Sería un Miller! ¡Y a partir de unos cuantos días, el nuevo presidente de la revista más importante de Nueva York!

Sí, las cosas estaban saliendo bien, a pesar de todo, creo que el destino te recompensa, ¿no?

Hace unas horas, quería morirme junto con mi mamá, hace unas horas, creía que el mundo se me estaba viniendo abajo, pero… A lo mejor me tenía preparado algo mejor.

Suspiré, más calmado que antes, y entré en la oficina de Andreas. Le iba a dar la noticia para alegrarle un poco el día.

 .

Por Bill.

—Hola —saludé, al mismo tiempo que abría de par en par la puerta de la habitación de hotel.

— ¿Puedo hablar contigo? —preguntó mi hermano, internándose cuando me hice a un lado, liberándole el espacio.

Se sentó en el sillón, cruzando un pie sobre el otro en el piso, y me miró serio.

—Es algo serio, ¿cierto? —Cuestioné, mientras cerraba la puerta que daba hacia el pasillo— Me encanta tu carita de serio —murmuré, dejando un toque seductor en la frase. Caminé lentamente hasta su posición, y me senté a horcadas sobre él— Te escucho, Tomy —Me incliné hacia su figura, dando pequeños besos de gatito sobre su cuello.

—Bill, por favor… —susurró en mi oído, y sentí sus manos empujándome por el pecho, alejándome de él.

Lo miré con una ceja alzada, y enchiné mis ojos.

—Tomy… —pedí en un tono de súplica, mirándole los labios— No sabes cuantas ganas tengo de…

—Follarme, ya lo sé —Me empujó completamente, separándose de mí, y fue a sentarse en otro sillón—. No vine a follar contigo, Billy, vine a hablar.

— ¿Cómo me dijiste? —pregunté realmente extrañado. No pensé que alguna vez  Tom me llamara así de nuevo. Sonreí ampliamente cruzando mis brazos, y lo observé desde arriba.

—Bill, te dije Bill… —Se dio cuenta de la metida de pata que había hecho, y se levantó, comenzando a caminar por el lugar, mordiéndose las uñas, mirando hacia abajo.

—Me dijiste…

—Escucha —Se acercó a pasos agigantados hasta mí, y clisó su mirada con la mía.

—No, Tomy, escúchame tú —Apunté hacia su pecho— a mí. ¿Por qué haces las cosas tan difíciles? Joder, he intentado de una y mil maneras que confíes en mí, que podamos llevar una relación más cercana, pero te empeñas en alejarte cada vez que busco acercarme. Yo sé que me sigues amando, sé que me deseas tanto como yo te deseo a ti, ¿por qué no simplemente te dejas llevar? —expliqué, respirando entrecortadamente muy cerca de su rostro. Acaricié su mejilla y se apartó unos cuantos centímetros.

—Por Dios, Bill, ¡escúchate! ¿De verdad crees que yo volveré a confiar en ti? ¿De verdad crees que te creo todo lo que me dices? Ya te dije que no soy el mismo mocoso de antes, entiéndelo —musitó en mi cara, dándome pequeños empujones hasta que me acorraló contra la pared, y aprisionó mis manos, a la altura de mi cadera.

¿Qué coño estaba haciendo?

Sonreí, mirándolo, y lamí sus labios, para después jugar con el hermoso y excitante piercing que tenía entre estos.

—Fóllame —Solté, y friccioné mi miembro ya duro contra el suyo, pude notar como se levantaba casi al roce del mío, y Tom me miró con los ojos muy abiertos. Apretó el agarre que mantenía en mis muñecas, mientras sentía como su respiración se intensificaba a cada momento—. Fóllame —repetí muy seguro de mí mismo.

Sabía que lo había dejado totalmente descolocado; Tom siempre había sido el pasivo. Durante todas las noches que pasamos juntos, durante todos esos años de sexo, nunca le di siquiera la oportunidad de que fuera activo. Y ahora más que nunca, me moría de ganas de que así fuera.

—Tú nunca…

—Lo sé —admití, y volví a friccionarme contra su miembro—, sé que lo deseaste por mucho tiempo, Tomy, y ahora te lo estoy ofreciendo, sólo tienes que tomarlo —Sonreí lascivamente, y Tom me empotró más contra la pared, haciendo que nuestras respiraciones se mezclaran, y nuestros sexos chocaran uno contra el otro.

— ¿Y por qué el cambio, hermanito? —susurró, acariciando sus labios contra los míos. Dios, como deseaba besárselos. Hice amago de fundir nuestras bocas, pero él se apartó con un ligero tirón hacia atrás— No has contestado mi pregunta.

—Tú mismo lo has dicho. Las cosas cambian, Tomy —contesté, y jalé la orilla de su labio inferior.

—No te creo —aseguró, sonriendo de lado a lado—. ¿Por qué has de cambiar precisamente tú? —Enarcó una de sus cejas, sin dejar atrás los ligeros movimientos que propinaba con mi entrepierna.

—No me interesa —Reí—. ¿De qué querías hablar? —cuestioné, ignorando su anterior pregunta, tratando de zafarme del agarre que todavía mantenía en mis muñecas. Fallé.

—Intuyo que tú no quieres hablar… —musitó contra mi oído, haciendo que su aliento caliente chocara contra mi lóbulo.

—Estás en lo correcto —Asentí, para luego mirarlo directamente a los ojos— Y pienso que tú tampoco —canturreé.

— ¿Eso crees?

—Estoy seguro, sé que viniste para que termináramos lo que empezamos en tu oficina, ¿no es así? Aunque… —lo pensé, y volteé mis ojos hacia todas partes, para luego regresar mi mirada a la suya— Tengo una duda que me está matando, Tomy —Sonreí divertido—. ¿Te has follado a Andreas? Porque si es así, podría ser que en realidad sí terminaste algo en tu oficina, aunque no haya sido precisamente conmigo.

Rió brevemente, y enchinó un poquito los ojos.

—Vaya que eres curioso, hermanito —dijo—. No me digas que estás celoso de Andreas.

—Para nada, es simple curiosidad, nada más. La misma curiosidad que tú tenías cuando me preguntaste por Cam —Mordí su mentón, dejando rastros de saliva en el acto, y me pegué totalmente a él, succionando la piel de su cuello.

— ¿Te digo la verdad? —Asentí, mientras sentía como su cuerpo recibía perfectamente bien mis caricias— Me ha follado muchísimas veces —Solté una sonora carcajada, y entonces Tom se alejó centímetros de mi cuerpo, para verme— ¿No me crees? —preguntó, riendo bajo también.

—Claro que no, Tomy; tú no dejarías que nadie te follara más que yo, ¿o me equivoco? —Alcé una ceja, sonriendo en todo su esplendor.

—Tal vez tengas algo de razón… —admitió, sonriendo ampliamente, y comenzó a restregarse contra mi cuerpo, pegándose lo más que pudo a mí, e inició a besarme el cuello, mientras que con otra mano, bajó hasta mis nalgas, y aplastó una con delicadeza. Desabrochó mis pantalones, y los bajó un poco, dejando al aire libre mis bóxers— Es raro, ¿no? —interrogó, mientras se despegaba de mi cuello, y me miraba. Repentinamente, me tomó fuertemente de la cintura, y me volteó en un movimiento casi perfecto, estampándome nuevamente con la pared, pero ahora de frente, y no de espaldas.

— ¿Qué es raro? —Sonreí, mordiéndome el labio, cuando movió su duro miembro en mi trasero, dando pequeños golpecitos en la zona, haciendo que me empujara contra él, al ritmo de mis caderas.

—Esto, aquí, ahora —susurró, mordiéndome la oreja, mientras propinaba más bruscos movimientos en mis nalgas, ahora descubiertas—. Es raro como las cosas cambian —dijo, y noté como metía una de sus manos en mis bóxers, inmiscuyendo uno de sus dedos entre mis nalgas, abriéndolas poco a poco. Solté un gemido, lamiéndome los labios, deseando que fuera otra cosa la que entrara ahí.

—Ahh, Tom…

— ¿Te gusta, Billy? —repitió el apodo que tanto me había dicho hace tiempo, y que yo comenzaba a extrañar, y metió de golpe un dedo, moviéndolo en mi interior.

—Joder, sí, Tom —aseguré, haciendo un vaivén con mis piernas, deseando más, queriendo que terminara de una vez con el preparamiento y me la metiera de un solo jalón.

Rió bajito contra mi oído, y sin siquiera tratar con delicadeza, lo sacó bruscamente de mi interior, y se alejó rápidamente de mi cuerpo.

—Pues a mí no —dijo, y me quedé casi pasmado, con la boca abierta a todo lo que daba—. ¿Cómo se siente, eh? —preguntó, y me volteé, mirándolo incrédulo, estupefacto— ¿Qué se siente que te rechacen, Billy?

—No pensarás dejarme así, imbécil —Mi pene se erguía completamente enfrente de él, con los bóxers ya bajados, y mi respiración casi cortada. Volvió a reír, y se abrochó sus pantalones, limpiándose la boca, para después girar sobre sus talones— ¡Tom! —grité, cuando vi lo que estaba a punto de hacer. El maldito cabrón se largaba. ¡Se largaba y me dejaba así! Completamente excitado. ¡Joder! — ¡Tom!

Con mi puño, le di un fuerte golpe a la pared que tenía detrás de mí, cuando escuché el sonido de la puerta cerrarse.

¡Maldita sea!

 

El cuarto estaba obscuro, las luces de afuera apenas lo iluminaban, dejando escapar unos tenues rayos de luz entre las cortinas.

Estaba boca arriba, con los ojos perdidos en algún lugar del techo, y mi mente divagando en varios recuerdos.

Tom. Tom. Tom.

¿Por qué últimamente pensaba tanto en él? ¿Por qué comenzaba a interesarme más de lo habitual?

Joder, me había tenido como una perra a su antojo, y luego me había rechazado, me había dejado completamente excitado, y después se había ido, se había marchado, sin más. Ya me las pagaría.

Tenía que volver a ser ese niño de trece años que tanto me había cautivado, yo me encargaría de eso.

Recorrí mi cuerpo con las yemas de mis dedos, bajando lentamente hasta llegar a mi miembro. Cerré mis ojos y comencé a tocarme, comencé a deshacerme en suspiros y jadeos, pensando en él.

—Bill, ve despacio, por favor, no quiero que me lastimes —pidió mi hermanito pequeño.

—Te prometo que no lo haré, enano —aseguré, pasando delicadamente mis manos por sus rastas, besando luego su frente.

Me erguí sobre mis rodillas, apoyándolas en la cama, y bajé poco a poco sus pantalones, llevándome junto con ellos los bóxers.

Esta vez quería hacerlo bien, no quería que llorara, ni que me pidiera que parara. Quería hacerlo disfrutar de mi contacto, quería que me pidiera más, que pidiera que no parara.

Sonreí para brindarle confianza, y jalé la ancha playera blanca con estampado en gris que llevaba puesta. Observé por unos momentos su torso desnudo, no tenía el cuerpo de un hombre, pero me encantaba, era tan delicado, se encontraba tan frágil debajo de mí, que temía hacerle daño. La vez pasada, me había olvidado por completo de eso, no me había importado, y había pensado solamente en mi placer, pero si quería continuar con mi estupendo plan, no podía darme el lujo de cometer ese tipo de errores con él.

Me saqué igualmente la camisa, y jalé mis pantalones negros hacia abajo, dejando que Tomy me mirara completamente desnudo.

— ¿Estás seguro de lo que quieres hacer, Tomy? —pregunté, al mismo tiempo que acariciaba sus costados, de arriba hacia abajo.

—Completamente —contestó, asintiendo, mientras mordía con nerviosismo el interior de su labio inferior.

No dije nada más, y me incliné hacia su débil y hermoso cuerpo, depositando un dulce beso en sus labios.

—Te amo —me dijo, mirándome con los ojos aguados, acariciando parte de mi mejilla y oreja.

—Hey, no se supone que debas de llorar —advertí, besando su nariz, para después mirarlo sonriendo—. Te amo —dije y me abalancé a besarlo con desesperación.

Sus labios temblaban ligeramente, mientras mi lengua se inmiscuía en su interior, saboreando el delicioso paladar. Le daba pequeñas mordidas en el acto, sin dejar huella, y pronto nos vimos totalmente desnudos de pies a cabeza, friccionando nuestros cuerpos, envolviéndolos en tan esplendoroso calor.

Me volví a levantar, y me senté en la cama, abriendo sus piernas, mientras las acariciaba.

—Bill…

—Tranquilo, no quiero hacerte daño, por eso necesito prepararte primero, ¿vale? —Sonreí, y guié uno de mis dedos hasta su entrada, creando pequeños círculos alrededor de ella.

—Mmm… —Tomy cerró sus ojos, mientras que su lengua delineaba sus labios.

Joder, se veía tan excitante.

Presioné la zona, y logré meter el primer dedo dentro de él, obteniendo un pequeño saltito de su parte. Ensalivé mi otro dedo, y luego volví a tratar de inmiscuirlo, abriéndome camino poco a poco. Miré nuevamente a mi hermano menor, y sus ojos seguían cerrados, con su boca entreabierta, suspirando repetidas veces.

Metí rápidamente otro dedo, y fue entonces cuando Tom abrió los ojos, y me miró, fue descendiendo lentamente su mano derecha, y tomó mi muñeca, apretándola ligeramente. Acto seguido, comenzó a moverla, haciendo que mis dedos entraran y salieran, creando que su entrada se dilatara rápidamente, estaba casi listo.

Sonreímos al mismo tiempo, mirándonos cómplices, y abrí más mis dedos, haciendo que soltara un gemido de placer. Soltó mi mano y entonces saqué mis dedos, acariciando su agujero, y me dirigí hasta este, para ensalivarlo un poco, y dejarlo húmedo.

Tom gimió más alto cuando lo hice, y supe que ya estaba listo, supe que le gustaban mis caricias y movimientos y entonces me despegué de él, y ante su atenta mirada, tomé mi miembro entre mis manos, dirigiéndolo hacia él. Volvió a gemir, con la cabeza echada hacia atrás, cuando rocé mi pene entre sus nalgas, comenzando a formar una leve presión en la zona, me estaba muriendo de ganas de entrar en su tan apretada cavidad, y hacerlo mío de una vez y para siempre.

El enano siempre lograba sacarme de mis casillas, lograba llevarme hasta la cima del mundo con sólo tocarme, con sólo dejarme tocarlo.

Tomé mi miembro, y finalmente, después de un ligero empujón, logré ir entrando poco a poco en su interior, haciendo que encogiera levemente su cuerpo, apretando el agarre que mantenía en mi cintura.

— ¿Voy bien? ¿No te estoy lastimando? —pregunté al ver su carita fruncida, mordiéndose fuertemente los labios. Miré un tenue hilo de sangre correr hasta su mentón, y me incliné los centímetros que me faltaban, para lamerlo, y quitar cualquier rastro de sangre de él.

—S-sí —contestó, mirándome a los ojos, estaban empañados.

—Puedo parar, enano —aseguré, haciendo amago de salirme de su interior, pero Tomy dobló sus piernas, y las enredó en mi cadera, haciendo que me metiera más— Tomy…

—No, sigue —dijo completamente convencido, sonriéndome, al mismo tiempo que soltaba el agarre de sus manos a mi cintura, y comenzaba a acariciar mi abdomen—, por favor.

Asentí, con una enorme sonrisa pintada en mi rostro, y besé su cuello, dejando saliva por todos lados, me sostuve con mis manos a cada lado de su cabeza, en las almohadas, y moví una vez más mi cadera, propinando una ligera embestida contra él. Tomy soltó un suspiro, y sentí como su cuerpo se destensaba notablemente. Parecía más relajado.

Sonreí para mis adentros y embestí nuevamente, más duro esta vez.

—Ahh… Billy —jadeó, apretándose más alrededor de mí, y encorvó su espalda, ladeando su cabeza, dejando más piel para deleitarme.

—Me encantas, enano, me vuelves loco —musité, empezando el vaivén dentro de él, estocando repetidas veces, entrando y saliendo, mientras veía su cara contraída, escurriéndose en sudor.

—Mmmm —Me ayudó a internarme más con sus piernas, y solté un gemido, echando mi cabeza hacia atrás, haciendo que los cabellos arriba de mi nuca, se pegaran contra esta.

Tomé fuertemente su miembro entre mis manos, acariciándolo de arriba hacia abajo, produciendo que salieran repetidos gemidos de la boca de mi hermano. Arrugué luego las sábanas de las almohadas con mis manos, mientras incrementaba las embestidas que daba dentro de su cuerpo.

Pronto nos encontramos envueltos en sudor, y jadeos que seguramente se escucharían por toda la casa. Gracias a Dios que Simone y Jörg no estaban.

— ¡Aahh, Bill! —gritó cuando di por fin en una zona en especial, una zona con mucha sensibilidad, y estrujé su miembro entre mis manos al mismo tiempo.

— ¿Te gusta Tomy? —Di una vez más hasta el fondo, provocando pequeños espasmos en su cuerpo, y pinchazos de excitación en el mío, a causa de su piel envolviendo mi miembro. Cerré mis ojos, disfrutando del cuerpo de mi hermano, sin dejar de friccionarme contra él.

—Sí, sí, me encanta, Billy, ¡así! —gimió, jugueteando con su piercing, y por un momento creí que me correría en su interior nada más de mirar su hermosa silueta debajo de mí, retorciéndose del placer— Aaahh…

— ¡Joder, Tom! —grité nuevamente, tomando firmemente su pene, masturbándolo rápido. Quería que se corriera de una vez, quería que terminara primero que yo.

—Ah, ah, ¡ahí! Bill, más fuerte, más… —susurró, estrujando las rastas rubias que caían por sus hombros. Soltó el agarre de sus piernas en mi cintura y las dejó descansar en la cama, abriéndolas en todo su esplendor.

Era maravilloso como Tomy hacía sin intención, algunos expertos movimientos, como lograba llenarme de placer a cada segundo, a pesar de no estar nada experimentado.

Embestí una vez más su cuerpo, haciendo que levantara sus caderas, dejándome más espacio, y me corrí dentro de él, lo llené con toda mi esencia, y pocos segundos después, luego de apretar fuertemente su miembro, se corrió en mi mano, y parte de nuestros abdómenes.

— ¡Aaaaah!

—Mmmmgh —gruñí contra sus labios, para luego sellarlos con los míos, haciendo que nuestros gemidos se mezclaran junto con la saliva y la excitación que corría por nuestras venas.

—Prométeme… —murmuró cuando despegamos nuestros labios, y lo miré con los ojos muy atentos a cada uno de sus gestos— Que estarás conmigo siempre, mi amor.

—Te lo juro, Tomy —dije y lo volví a besar, sin salir de su interior.

Me corrí encima de las mantas de mi cama, y respiré agitadamente, abriendo a todo lo ancho que daban mis ojos.

—Tom… —susurré, y terminé por sacudir rápidamente mi mano que se encontraba llena de mi esencia.

Tenía que ser mío, tenía que lograr que estuviera de nuevo en mi cama, ya no podía aguantar más, mi cuerpo, mi instinto lo pedía, lo suplicaba, y no podía resistirme, no después de tantos años. Porque a pesar de todo el tiempo que había transcurrido, a pesar de que había tenido a modelos, a diseñadores, incluso algunos famosos en mi cama, nadie nunca podría igualarlo.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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