«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 32. Final

Por Bill

—Conseguiste al chico, eh —exclamé con un dejo de molestia. Lo cierto es que todavía sentía cierto rencor hacia él, aunque sabía que la culpa no era completamente suya.

—Bill, quisiera hablar contigo… bien. Como gente civilizada. ¿Crees que se pueda? —Su voz sonaba demasiado diferente. Realmente estaba serio, no quería pelear.

Asentí, girando sobre mis talones. Lo miré directamente a los ojos, cara a cara. Si bien, él se quedaría con Tom, por lo menos tenía que saber que sino lo hacía feliz, o lo llegaba a lastimar de cualquier manera, se las vería directamente conmigo.

—Antes que nada… Te juro que si alguna vez se te ocurre lastimarlo, aunque sea mínimo, desearás no haber nacido, Hudec —Pronuncié las palabras apretando los dientes. Lo decía totalmente en serio.

Andreas asintió seriamente y me miró a los ojos, con la misma intensidad que yo.

—Lo haré el hombre más feliz del mundo, Kaulitz. Te lo aseguro.

—Lo creeré cuando lo vea —solté, tratando de arreglar nuevamente el estúpido moño de mi corbata.

—Pero necesito que tú me prometas algo también —continuó, cruzando los brazos sobre su pecho.

Enarqué una ceja, pensativo. ¿Qué demonios me haría prometer el zorrillo? ¿Mantenerme alejado de ellos en cuanto se casaran? ¿Desaparecer completamente de sus vidas?

—Que siempre estarás cerca de él.

Wow.

Su respuesta me dejó completamente descolocado. ¿Había escuchado bien? ¿Me hacía prometerle que siempre estaría cerca de Tom, con el peligro que yo pudiera causar en su relación?

No pude evitar sonreír y lo miré cautelosamente, esperando que soltara algo más (como esas letritas pequeñas que aparecen en los contratos o anuncios de televisión) pero no dijo nada, así que me dispuse a hablar:

— ¿Estás de coña, no? ¿Para qué arriesgarse tanto? ¿O es que tanto confías en tu futuro esposo? —Ahora fui yo quien cruzó los brazos, con el moño de la corbata perfectamente amarrado.

— ¿Qué si confío en él? ¿Después de todo lo que hemos pasado? —Preguntó, soltando una risa al final—. ¡Pues claro que sí Bill! ¡De eso se trata el amor! No me casaría con él si no confiara, sería una relación destinada al fracaso.

Justo en el blanco.

No supe realmente qué responder. Tenía toda la razón. Tal vez sí era demasiado cierto que él era la mejor opción para Tomy.

—A lo que quiero llegar es que él te necesita —pronunció un poco más tranquilo. Su voz se tornó calmada—. Eres su hermano al fin y al cabo y sé que estás enojado, dolido… Pero Bill —Repentinamente tomó mi brazo, conectando perfectamente nuestras miradas. Era raro que Andreas mantuviera este acercamiento conmigo. Nunca nos habíamos mirado o hablado así—, tú tampoco puedes vivir sin él. —Cierto—. Dale una oportunidad. Una oportunidad de ser una familia. Son lo único que tienen. Sé que duele, créeme que sí, pero sé también que no morirás de esto, que lo superarás y que ustedes todavía tienen una historia que contar.

Lo miré demasiado extrañado. Andreas de verdad era una persona muy diferente a como me lo imaginaba. Nunca creí que estas palabras pudieran salir precisamente de él.

Bajé la mirada y suspiré, sin saber qué decir, y es que… ¿Qué demonios podía decir contra eso? Tenía toda la razón.

—Y si me equivoco, si la decisión de Tom no fue la correcta, ahí estarás tú… —casi susurró, sonriendo de lado cuando levanté nuevamente la vista—. Siempre estarás tú.

—Si tú… estuvieras en mi lugar ¿eso harías? ¿Dejarlo ser feliz conmigo pero seguir cerca como un mejor amigo? —pregunté, deseando que me contestara que no, que desaparecería de la faz de la Tierra.

—Sí —Pero me equivoqué—. Porque sé que valdría la pena, poder verlo feliz, saber que está siendo feliz con la persona que escogió. Toma tiempo —comentó, mirando por la ventana y luego regresándola a la mía—. Pero volvería por él, para compartir su dicha, aunque estuviera con alguien más.

Sus palabras me dejaron pensando. ¿De verdad tenía la capacidad de hacer eso? ¿Podría irme por un tiempo y luego regresar para tratar de formar una bonita relación con él?

—Piénsalo Bill… —Estuvo a punto de darse la media vuelta cuando pronuncié:

—Lo haré.

Se quedó por un momento mirándome, esperando que desistiera de mis palabras, pero no lo hice, así que sonrió de lado.

— ¿Es un trato? —preguntó, extendiendo la mano hacia mí. La estreché en manera de aprobación y ambos asentimos al mismo tiempo que tocaban nuevamente la puerta.

Giré la mirada en esa dirección y modulé nuevamente un «pase».

Tom entró por la puerta y me miró por el reflejo del espejo.

—La ceremonia está a punto de comenzar —exclamó, acercándose a mí.

Yo solamente hice un movimiento de cabeza, indicando que estaba listo y caminé los pasos que quedaban para salir de ahí. Andreas y él me siguieron detrás.

No podía dejar de pensar en la conversación que Andreas y yo habíamos tenido. Daba vueltas y vueltas en mi cama, pensando en qué haría al día siguiente. Andrew y sus padres se quedarían por un tiempo, y por más que yo quisiera salir huyendo de ahí cuanto antes, no podía. No aún.

Suspiré un par de veces y me enderecé en la cama, tratando de pensar mejor las cosas.

Tom había tomado su decisión. Me la había escupido en la cara, y aunque había dolido más que cualquier otra cosa en el mundo, tenía que aceptarla, aunque seguía sin saber cómo exactamente.

Amaneció antes de que yo siquiera durmiera unas cuantas horas y me levanté a regañadientes de la cama. Estaba más cansado que nunca, pero tampoco podía seguir durmiendo.

Me metí a la ducha y me quedé ahí por un buen rato, tratando de desperezarme. Cerré las llaves luego de unos minutos y salí a la recámara.

Para mi sorpresa, Andrew se encontraba ahí de pie, mirando la poca decoración de la habitación.

Carraspeó cuando me vio casi desnudo y no pude evitar soltar una risita de diversión.

—Lo siento yo…

—No pasa nada —le resté importancia y caminé hasta el clóset para sacar algo de ropa.

Miré por el reflejo del espejo como Andrew trataba de esquivar su vista de mi figura y sonreí. Al menos le gustaba a alguien.

—Sólo quería decirte que el desayuno está listo y Tom quiere darnos una vuelta por la ciudad. Ya sabes, para distraernos. —Alzó los hombros y se metió las manos en los bolsillos.

—Enseguida bajo —giré mi cuerpo para verlo de nuevo y le guiñé un ojo. Él sólo sonrió y giró sobre sus talones para salir de mi habitación.

Había algo en Andrew que me divertía.

Negué con la cabeza, soltando otra risita y me dispuse a terminar de arreglarme para bajar a ese desayuno.

Tal y como Andrew había dicho, luego del desayuno Tom nos llevó a todos a dar una vuelta por la ciudad. Más tarde, Andrew y sus padres entrarían a una obra en Broadway y yo había decidido no entrar al igual que Tom.

Yo también había tomado mi decisión. Me iría esa misma noche a Alemania para no dar vuelta atrás. Había tenido tiempo suficiente para pensarlo y era lo mejor que podía hacer por el momento. Por más que trataba y trataba no me imaginaba sentado, vestido de traje para ver cómo el amor de mi vida se casaba con alguien más. Simplemente no podía.

Tom y yo caminamos por un parque cerca de la mansión luego de dejar a los padres de Mia y a Andrew en la obra. Tardarían un par de horas en salir, así que decidimos aprovechar y dar un pequeño paseo. No habíamos hablado mucho desde ese día en el que me había mandado a la mierda. Solamente algunas palabras como «Buenos días» o «Gracias», nada concreto o importante, así que decidí empezar la conversación. Tenía que despedirme formalmente de él, y no salir huyendo como un cobarde. Así no era Bill Kaulitz.

Carraspeé un par de veces y me detuve debajo de un árbol, esperando que él hiciera lo mismo. Una vez que me miró detenido, imitó mi acto y alzó ligeramente una ceja, sólo lo justo para que yo me diera cuenta.

—Me iré a Alemania.

La verdad es que no pensé que fuera a sonar tan crudo hasta que lo dije. No quería darle demasiadas vueltas al asunto y no había encontrado una manera diferente de explicarlo.

Noté como Tom tragó saliva y desvió la mirada de la mía. No sabía qué decir. Lo conocía perfectamente para saber eso, así que seguí.

—No puedo quedarme. Ya sé que tuvimos ésta plática, pero ésta vez no quiero discutir Tom… Quiero que estemos bien los dos. No podemos seguir comportándonos como dos adolescentes inmaduros y pelear a cada rato. Espero que entiendas y aceptes mi decisión, porque ya está tomada.

Él levantó la mirada y pude ver sus ojos acuosos. Estaba a punto de llorar. Mierda.

—No —susurró y yo levanté una ceja. ¿Había dicho que no?— No te puedes ir… —Apretó los ojos y entonces noté las lágrimas escurrir por sus mejillas.

Hace unas semanas me había mandado a la completa mierda, ¿y ahora me decía que no? ¿Quién mierda lo entendía?

Agradecía que en ese momento no hubiera nadie en el parque porque no quería dar ninguna escenita.

—Bill…

—No puedo, ¿sabes? No puedo verte… No sabiendo que te vas a casar con alguien más. No puedo estar cerca de ti de la manera en que tú quieres, Tom. Entiéndeme por favor. Sé que te perdí… Pero me es más fácil irme y estar lejos de ti que tener que pelear con lo que siento teniéndote cerca… Es demasiado para mí.

— ¿Crees que para mí es fácil? —Sus ojos se encontraban suplicantes, las lágrimas hacían que sus mejillas brillaran y mi corazón simplemente no podía soportar más.

—Imagino que no… Pero ya tomaste tu decisión y…

Me calló la boca con un dedo y se acercó un poco más a mí. ¿Qué jodidos estaba pasando? ¿A caso…? ¿A caso él…?

—Te amo…

Esas simples palabras me dejaron completamente desconcertado. ¿Estaba hablando en serio? ¿Él había dicho que me amaba?

Tragué saliva y lo miré directamente a los ojos. Sus manos sostuvieron las mías y nos quedamos así por un momento. ¿Qué podía decir? ¿Qué yo también lo amaba? Eso ya lo sabía. ¿Qué me iba a quedar? No podía.

Por Tom.

Al momento de pronunciar esas palabras mi corazón se detuvo. Simplemente salieron así. No lo planeé, no lo pensé. Es como si mi cuerpo actuara solo y me hiciera decir las cosas que no me atrevía.

Sí, lo amaba. Y nunca iba a dejarlo de amar. Era mi alma gemela. Era la persona que más me importaba en todo el mundo. Era la persona de la que me había enamorado la primera vez, y era la persona de la que siempre iba a estar enamorado. ¿Para qué negarlo más? ¿Para qué tratar de enterrar este sentimiento que sabía siempre iba a tener? ¿Para qué ocultar lo que era evidente en mi interior?

Este hombre que tenía aquí enfrente de mí justo en este momento era el amor de mi vida.

—Te amo —repetí más seguro y sólo pude observar como él se quedaba mudo.

Sabía que las palabras no tenían sentido en ese momento, así que me incliné hacia sus labios, cerrando mis ojos. Cuando los míos estuvieron a milímetros de tocar los suyos, él me apartó.

—No… —susurró y sentí su aliento caliente chocar contra mi boca. ¿No quería que lo besara?

— ¿Qué…?

—No me hagas esto —dijo y yo mantuve mis ojos cerrados—. Te lo suplico, Tom… No me hagas esto.

— ¿Hacerte qué? —Mis labios acariciaron los suyos y lo sentí estremecerse junto a mí. Estábamos tan cerca… Tan cerca y a la vez tan lejos…

— ¡Esto, carajo! ¿¡A qué estás jugando!? —me gritó y abrí los ojos cuando sentí sus brazos apartándome por completo.

Suspiré y lo miré suplicante. Traté de acercarme, pero volvió a apartarme.

Y tenía razón. No podía primero mandarlo a la mierda y después suplicarle como un estúpido. Pero no sabía que otra cosa hacer.

Había pasado tanto tiempo odiándolo y amándolo al mismo tiempo que ya no sabía diferenciar. Había pasado los últimos meses tratando de olvidarlo, tratando de amar a Andreas tanto o más que a él y lo había conseguido en parte. Sí, amaba a Andreas, pero jamás lo amaría como amaba a Bill en este momento.

Y tal vez lo había descubierto muy tarde. Pensé que eso de irse a Alemania era nada más para ponerme a prueba, pero ahora que lo veía tan cerca, ahora que lo veía tan decidido, me había dado cuenta que tenerlo tan lejos sólo iba a terminar por destrozarme.

Le había hecho una promesa a Andreas de casarme con él, pero ahora no sabía si podía cumplirla.

Me acerqué nuevamente a él y esta vez no me despreció. Me tomó de las mejillas y dijo algo que me rompió el corazón y me hizo darme cuenta del error tan grande que había cometido.

Por Bill.

—Tú, tienes que quedarte con Andreas —dije muy seguro, acariciando sus mejillas, mientras lo miraba directamente a los ojos, sonriendo de lado.

—Bill, por favor… —Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Apretó sus manos contra las mías, todavía puestas en sus mejillas— Por favor, no te vayas, no me dejes otra vez. Yo… Bill…

—No lo digas. Tom, para —Negué, sintiendo un fuerte nudo atorado en mi garganta. No quería llorar, no así.

—No hagas lo mismo que hiciste hace tiempo, por favor, no podría soportarlo otra vez, Bill… Por favor.

— ¿Vas a dejar a Andreas? ¿Vas a dejar todo por mí? Tienes la empresa… Tom, yo no soy bueno para ti.

—No me interesa —De sus ojos empezaron a salir lágrimas que resbalaban hasta perderse en algún rincón de su cuerpo—. No me interesa nada más. Perdóname, perdóname por ser tan estúpido…

—No eres estúpido. Sólo hiciste lo que tu corazón te decía, lo que era correcto, lo que es correcto —Recalqué—. Y no pidas perdón… No es tu culpa.

—Por favor…

—Tom… Basta. Me voy a ir, tú te vas a quedar aquí, a formar la familia que le prometiste a Andreas, se van a casar, van a tener hijos, y van a ser felices, sin mí —articulé, tragando saliva pesadamente.

Me dolía. Me dolía más de lo que había imaginado.

Verlo así enfrente de mí, rogando que no me fuera, que no lo dejara por segunda vez… Era algo que había deseado ver desde hace mucho tiempo atrás, algo que hubiese disfrutado en otro momento de mi vida, en un pasado quizás, pero ahora no lo hacía, ahora sólo quería que él estuviera bien, quería amarlo, quería abrazarlo y decirle que jamás me iba a ir de su lado otra vez, que iba a estar con él para siempre, pero… No podía. Había hecho una promesa, había prometido a Sebastian que lo haría feliz, como hermano, que buscaría que él estuviese bien con alguien que en realidad lo amara, y que cuando ese momento llegara, yo me iba alejar para siempre de su vida. Y Andreas lo haría feliz, así que era mi turno de dejarlo ser feliz con él.

—Pero es que…

—Te amo —le dije y pude ver que cerraba sus ojos y me tomaba de las mejillas, acercando nuevamente sus labios a los míos.

Esta vez le correspondí. Dejé que me besara y yo lo besé a él. Ladeé ligeramente mi cabeza y nuestros labios encajaron a la perfección. Se sentía tan bien… tan correcto… Pero no podía dejar que continuara. Sabía que tarde o temprano se arrepentiría y volvería con Andreas. Ellos tenían planes… Ellos tenían que casarse.

Me aparté lentamente de sus labios, disfrutándolos por completo al saber que ese sería el último beso que jamás nos daríamos.

Suspiré contra su boca y seguí acariciando sus mejillas mientras él sonreía.

—Adiós Tom… —pronuncié con la voz completamente cortada.

Me alejé rápidamente de él, dejándolo atónito.

Di media vuelta y comencé a caminar hacia el aeropuerto. No tenía caso quedarme más tiempo ahí. Ya mandaría después por mis cosas y me despediría de Andrew y sus padres luego. No podía seguir respirando el mismo aire que él. No podía seguir en la misma ciudad, en la misma casa donde sabía que ellos estarían juntos. Simplemente no podía.

Por Tom.

Play:  https://www.youtube.com/watch?v=Re9WCyerSVc   (Repetir dos veces)

Muchas veces pensamos que lo correcto es lo más sencillo. Que lo correcto es lo que debería ser. Que lo correcto es lo bueno. Pero la mayoría de las veces nos equivocamos.

Bill acababa de irse. Acababa de dejarme por segunda vez y yo no sabía qué demonios hacer. ¿Qué le diría a Andreas? ¿Iría a buscar a Bill?

Regresé a la casa con la ilusión de encontrarlo antes de que se fuera y poder convencerlo, pero no lo logré; ya se había ido.

Me encerré en mi cuarto el resto de la noche. Le dije a Andreas que necesitaba estar solo y lo entendió.

¿Qué demonios se supone que debía de hacer?

¿Cómo podía vivir sin Bill? ¿¡Cómo iba a poder!?

La vez pasada lo había logrado por todo el odio que le tenía, pero ahora el odio me lo tenía a mí mismo y eso sólo lograba empeorar las cosas.

Siempre me sentiría vacío sin él. Él siempre había sido mi complemento, y aunque estuviéramos lejos yo sabía que él estaba ahí, pero ahora… Ahora todo era distinto. Ahora no estaría.

Me enredé en las sábanas, dejando que las lágrimas cayeran libremente de mis ojos. Ya no podía hacer nada más que eso. Todo estaba dicho y hecho. No iría a buscarlo porque él tenía razón. No podíamos estar juntos y yo tenía que cumplir mi promesa…

Todo estaba listo. El gran día había llegado. Aunque ahora sólo deseaba que pasara lo más rápido posible y sólo tener que vivir monótonamente. Era un egoísta, un estúpido, un maldito, pero así sería mi vida a partir de hoy. Amaba a Andy, pero amaba más a Bill y eso bastaba para hacerme la vida miserable por no poder estar con él.

¿En qué momento había cambiado todo? ¿En qué momento había pasado de haber elegido a Andreas a volver a elegir a Bill? No lo sabía. Tal vez simplemente me había engañado a mí mismo y ahora que veía la realidad, no quería aceptarla.

—Te noto tenso. —Las palabras de Andreas me sacaron de mi ensimismamiento.

—Estoy bien… Son sólo los nervios —Hice una pequeña mueca y alcé mis hombros.

Andy me miró con la cabeza ladeada y los labios ligeramente fruncidos.

— ¿Estás seguro? Tom… —suspiró y tomó mis manos— ¿Estás seguro de lo que quieres hacer?

Respiré profundamente y asentí, tratando de sonreír, aunque sólo me salió otra mueca.

Me di la media vuelta, soltando sus manos y me miré al espejo.

Haría que esto funcionara… Andreas se lo merecía. Tenía que hacerlo feliz.

Basta, Tom. ¡Ten valor, carajo!

Cerré mis ojos y escuché como él suspiró.

—Estaré en el altar. Recuerda que si no quieres…

—Andy, basta… —Negué, mirándolo por el reflejo del espejo.

— ¿No crees que he notado lo triste que estás desde que Bill se fue?

Justo en el clavo.

Escuchar su nombre hizo que las entrañas se me contrajeran y mi corazón comenzara a palpitar como loco.

—No lo menciones… —Pedí y Andreas acarició mis hombros, sonriéndome de lado.

—Vamos a hacer lo correcto, Tom… —dijo y pude ver un ligero atisbo de tristeza. ¿Por qué diablos estaba triste él?— Te haré feliz, ya lo verás…

—Sé que sí Andy —murmuré sin atreverme a decir nada más y me giré, abrazándolo por el cuello. Dejé un pequeño beso ahí y cerré mis ojos, disfrutando del calor de mi futuro esposo.

Sería feliz, lo sería.

Me apartó ligeramente de su cuerpo y me besó lentamente, moviendo sus labios suavemente contra los míos. Lo abracé más y luego de unos segundos nos separamos. Ambos sonreímos, mientras nuestras narices se acariciaban y luego nos separamos por completo.

—Te veo allá… —Sonrió aún más mientras hacía un movimiento de cabeza hacia la salida para el altar y asentí, sintiendo un nudo en la garganta y estómago.

Volví a mirarme al espejo y limpié una pequeña lágrima que escurría por mi mejilla. Respiré profundamente y me giré nuevamente.

Era la hora.

Acomodé mi traje y salí de donde estaba.

La boda sería en la mansión. En el jardín para ser más exactos.

Tenía los nervios a flor de piel. Me casaría. Me casaría y no sería con la persona que más amaba en el mundo.

Caminé hacia el altar y la clásica melodía comenzó a sonar justo en ese momento. Todos los invitados se levantaron y me miraron, algunos con una amplia sonrisa, otros solamente me miraban. Respiré profundamente otra vez y seguí caminando. Conforme me acercaba, sentía que mi corazón latía cada vez más rápido. Sentía que iba a desmayarme en cualquier momento.

Di el último paso y tomé la mano de Andy tan fuerte como pude. Él la acarició y me sonrió de lado, mirándome con esos ojos grises tan hermosos. Le sonreí también y pude sentir una fuerte punzada en mi corazón.

Todo en mi cabeza era Bill, Bill, y más Bill. No podía sacármelo de mis pensamientos ni en estos momentos.

Traté de relajarme y prestar atención a todo lo que decía el juez, pero la realidad era que no podía. Me sentía completamente ajeno a mi realidad, me sentía como en otro portal, como si realmente no estuviera ahí.

Parpadeé varias veces cuando el juez se quedó callado por un momento y entonces caí en la cuenta de que había preguntado las tan anheladas y terroríficas palabras en toda boda: ¿Aceptas a Andreas Hudec como tu esposo, para amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

Miré a Andy y pude notar que no sonreía, pude notar cierto fuego en su mirada como de advertencia. ¿Advertencia por qué?

Lo miré extrañado, tratando de comprenderlo, pero me fue imposible.

—Sí —dije simple, sin más entonación y el juez sonrió y luego miró a Andreas.

—Andreas Hudec, ¿aceptas a Thomas Miller como tu esposo, para amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

Noté que Andreas suspiraba pesadamente y bajaba la mirada. ¿Qué demonios le pasaba? Lo tomé de ambas manos y lo jalé un poquito hacia mí para que me mirara.

Levantó la mirada luego de unos segundos, ante todos los murmullos de las personas a nuestras espaldas.

Sentí mi corazón golpear mi pecho como loco, queriéndose salir. ¿Qué estaba pasando? Mis manos comenzaron a temblar ligeramente y entonces Andreas me miró directamente a los ojos y sonrió, y fue entonces cuando supe que todo había terminado. Fue cuando supe que nosotros nunca seríamos una pareja.

En ese preciso momento todos nuestros recuerdos se me vinieron a la cabeza. Cuando me echaron de mi casa y él estuvo ahí para mí, cuando Bill me destrozó el corazón y él fue juntando las piezas poco a poco sin que yo siquiera me diera cuenta. Aquella vez que me había besado y yo le había correspondido, cuando me confesó su amor. Esa vez que hicimos el amor por primera vez, la segunda, la tercera, la cuarta… Los besos, los abrazos, los «te amo», todo. Y ahora ya nada de eso estaba, ahora ya nada de eso importaba.

—No…

Sentí que el aire me faltaba y mis ojos se abrieron como platos al escucharlo finalmente decir eso.

Los murmullos se hicieron cada vez más insistentes y mis ojos y los suyos se quedaron conectados por un largo tiempo.

El juez dijo algo, no supe exactamente qué, pero luego de unos momentos se retiró y todo el ruido de las personas hablando se intensificó.

—Andy… ¿qué? —dije finalmente y me acerqué más a él, tratando de que me explicara, tratando de entender.

—Tú amas a Bill —fue la respuesta que me dio y pude notar como una lágrima caía por su mejilla derecha. Se la limpió rápidamente y me tomó fuertemente de una mano, arrastrándome fuera de ahí, hacia otra parte del jardín para que nadie nos viera.

Nadie se atrevió a seguirnos y agradecí intensamente eso.

— ¿Por qué lo hiciste? —le pregunté cuando llegamos cerca de un árbol y él se recargó en esa parte.

—Sabes que es lo mejor…

— ¿Mejor para quién, Andy? ¿Para mí? ¿Y tu qué? —Alcé una ceja y crucé mis brazos, mirándolo severamente. ¿Cómo podía mandar todo al caño justo ahora y no atreverse a tomar la posibilidad de poder ser feliz conmigo?

—Yo no importo, Tom…

— ¿Acaso no me amas? ¿Por eso no quisiste…?

— ¡Porque te amo es porque estoy haciendo esto, carajo! —explotó y retrocedí un paso hacia atrás instintivamente.

Mierda.

Las lágrimas comenzaron a salir como cascadas de sus cuencas y sentí como mi corazón se hacía pedazos en ese momento.

—Andy… —intenté acercarme a él, pero me detuvo.

—No pensé que me fuera a atrever… Pero joder Tom… —suspiró y me miró nuevamente— Te amo tanto, te amo tanto que no podía verte con esa cara de infeliz por el resto de mis días… Porque así ibas a ser si te casabas conmigo… Completamente infeliz…

—Eso no es cierto.

— ¡Por favor, deja de mentir! Tú y yo sabemos que siempre vas a amar a Bill, siempre será él… Siempre será Bill… —apoyó sus puños en la corteza del árbol, con las lágrimas cayendo como locas por sus pómulos y su respiración completamente agitada. Apretó los dientes al pronunciar el nombre de mi hermano y me sentí tan culpable… Tan miserable de verlo así… Yo nunca había querido que las cosas pasaran de esta manera.

—Perdóname… —No supe qué más decir y entonces las lágrimas también comenzaron a caer por mis mejillas.

Me acerqué nuevamente a él y lo abracé con todas mis fuerzas. Andreas me respondió el abrazo de la misma forma y así nos quedamos por un buen rato. Sólo abrazándonos. Yo agradeciéndole lo feliz que me había hecho durante todos esos años y él liberándome, entendiendo que mi corazón estaba con alguien más.

Me separó luego de unos minutos y secó sus lágrimas, sorbiendo su nariz. Carraspeó para aclararse la garganta y suspiró, volviendo a estar tan formal y guapo como antes. Dios, sí que era guapo.

—Te amo, Tom —dijo y me tomó de una mejilla, acercando sus labios a los míos.

—Te amo, Andy —dije desde lo profundo de mi alma y junté nuestros labios, dejando que un par de lágrimas más salieran de mis ojos. Nos besamos tiernamente por unos breves segundos y luego él volvió a separarnos.

—Sé feliz… —dijo finalmente y se dio la vuelta para alejarse de ahí, perdiéndose entre los árboles y la gran mansión.

Por Bill.

El teléfono no dejaba de sonar y por más que me tapaba la cara con la almohada seguía, seguía y seguía. Seguramente era Andreas para restregarme en la cara que por fin había conseguido lo que tanto había peleado. Bien por él. O tal vez sería Tom para decirme que ya estaba casado y que quería arreglar las cosas conmigo para quedar como hermanos. ¡Bah! Ninguna de las dos opciones sonaba mejor que la otra, así que decidí dejar que el teléfono siguiera sonando; ya se cansarían.

Me encontraba en Alemania. Sí, era tan masoquista que aquí había venido a parar. Precisamente en la casa de Simone. En la casa donde todo había empezado, en la casa donde me había enamorado y había pasado tantos momentos increíbles con Tom. En la casa donde nos habían descubierto y en la casa donde todo se había ido a la mierda cuando lo dejé.

Siempre me había preguntado qué hubiera sido de nosotros si eso no hubiese pasado. Si nuestros padres jamás nos hubieran descubierto, si yo jamás hubiera escuchado esa estúpida conversación, si hubiera tenido los huevos para aclarar todo con él y hubiera tenido también los huevos para pelear por él. ¿Dónde estaríamos en este momento? Tal vez nos hubiésemos casado hace años… Tal vez hasta hubiéramos adoptado ya. Tal vez…

Pero ahora ya nada de eso podría ser jamás. Ahora todo estaba acabado y yo solamente me había quedado con los recuerdos, abrazado a su almohada de hace años, que a pesar del tiempo, seguía conservando su olor, o tal vez solamente estaba en mi mente, pero ahí estaba, imaginándome que lo abrazaba, imaginándome que en cualquier momento llegaría y entraría por esa puerta y me diría que me amaba, que siempre lo iba a hacer.

Sentí mi corazón estremecerse y sollocé al reconocer que sólo pensaba estupideces. Tom jamás iba a volver, ¡Tom jamás iba a volver!

Aventé la estúpida almohada lo más lejos posible, logrando que pegara contra una pequeña lámpara y esta se hiciera añicos. Genial. Grité lo más fuerte que pude, lastimándome la garganta y dejando que las lágrimas salieran y salieran. Lo había perdido, lo había perdido y ésta vez era para siempre. Me había rogado y yo lo había dejado ir. Porque eso debes de hacer cuando amas a alguien, ¿no? Dejarlo ir. ¡Que estupidez! ¿Quién habrá inventado eso? ¿Y por qué las personas hacían caso? ¿¡Por qué mierda yo había hecho caso a ese estúpido mito!?

Seguí llorando hasta que el teléfono dejó de sonar y entonces escuché la puerta de la casa abrirse. ¿Qué mierda?

Me limpié las lágrimas como pude, sorbiendo mi nariz cautelosamente y caminé hasta la puerta de la habitación para abrirla y salir por ella. No se escuchaba el menor ruido en la parte baja, ni voces, ni susurros, ni mucho menos pasos. ¿Se había abierto con el aire? Claro que no.

Bajé las escaleras sigilosamente; no iba a arriesgarme a que alguien me tomara por sorpresa. Al llegar abajo caminé hacia la cocina y no había nadie, así que seguí por el pasillo y el vestíbulo hasta llegar a la sala y entonces lo vi.

Estaba de espaldas a mí, con las trenzas cayéndole por los hombros y sus manos sosteniendo un cuadro con la fotografía de nuestra madre.

Estaba soñando. Claro que estaba soñando. En primera, porque Tom no podía estar aquí, en Alemania, en la casa de Simone y en segunda, ¡porque Tom no podía estar aquí!

Sacudí mi cabeza, tratando de borrarme su imagen de la cabeza. Esto no me podía estar pasando, no podía estar imaginándome a Tom en cada rincón de la casa.

Me di media vuelta para tratar de alejarme de su imagen y entonces escuché algo que me dejó completamente helado.

—Nunca lo había notado… Pero nuestra madre era hermosa, más hermosa que cualquier otra mujer. Y tú… tú definitivamente te pareces mucho a ella.

No podía ser verdad…

Tom no podía estar ahí hablándome…

Tom estaba en Nueva York…

Tom no estaba en Alemania. No podía estar aquí…

Volteé mi cuerpo lentamente hacia donde lo había visto y sentí que el alma se me caía a los pies.

Estaba tan guapo como siempre… Las trenzas perfectamente amarradas, la pañoleta de siempre contra su frente, su ropa semi ancha abrazando su cuerpo… Ese cuerpo que tantas veces había tocado, que tantas veces había deseado tocar. El piercing adornando su precioso labio y sus ojos mirándome directamente, sonriendo amplio, con las manos en sus bolsillos.

Era un Dios. Un jodido y perfecto Dios en toda le extensión de la palabra.

Y estaba aquí. Enfrente de mí. Mirándome como si yo fuera la cosa más bella que jamás hubiera visto.

Sonreí como un estúpido y luego ambos reímos brevemente, sin dejar de mirarnos. Era algo que siempre nos había pasado; el poder leernos la mente en algunas situaciones, y esta vez así era.

Aunque él no me hubiese dicho nada, sabía perfectamente que esta vez no era un maldito sueño, sabía perfectamente que no se había casado con Andreas y había cruzado el océano para venir a verme, para estar conmigo por el resto de nuestros días.

Play: https://www.youtube.com/watch?v=OsNys5X1mEo

Estábamos en la casa donde todo había comenzado y que ahora todo iba a acabar, pero de una manera muy distinta a la que antes imaginaba.

Corrí hasta él sin poder evitarlo y lo abracé con todas las fuerzas que mis brazos podían sacar. Escondí mi cara en su cuello y lo besé repetidas veces, meciéndolo entre mis brazos. Olía tan rico. Su piel sabía tan rico…

—Tom… —susurré cuando el estampó sus labios contra los míos y enrolló sus brazos en mi cuello.

—Shh, no digas nada… —Me calló nuevamente con otro beso, pero ésta vez más profundo.

Su lengua se enredó con la mía y sus brazos me apretaban cada vez más. Ladeé ligeramente mi cabeza, acariciando superficialmente su nariz y entonces pude recordar lo que era estar feliz nuevamente.

Lo cargué, haciendo que enrollara sus piernas en mi cadera y lo sostuve del trasero, acariciándoselo sin pudor, sin detenimientos. Dios, ¡cuánto lo había extrañado! Comencé a caminar con él entre mis brazos hacia las escaleras, subiendo lo más rápido que podía, dirigiéndome directamente hasta su habitación. Esa habitación en la que tantas veces nos habíamos besado, esa habitación en la que tantas veces le había hecho el amor.

Empujé la puerta con su espalda, sin llegar a lastimarlo y lo aventé contra la cama, dejándolo completamente acostado en ella. Sus labios estaban rojos y húmedos por el beso y su pecho subía y bajaba rápidamente por la respiración agitada. Me quité la chamarra, dejándola botada en el suelo, mientras él se desabrochaba los pantalones y se los bajaba con total rapidez. Me puse duro enseguida. Mierda, tenía a Tom en la puta cama, quitándose los pantalones, a punto de quedarse desnudo. Comencé a hiperventilar por la excitación que crecía a cada segundo en mi cuerpo y en menos de un segundo terminé de quitarme también la playera, dejando al descubierto los tatuajes y perforaciones que me había hecho recientemente.

Tom los admiró todos y cada uno de ellos con una sonrisa de lado. Me acerqué lentamente a la cama y él se inclinó un poco hacia adelante para quedar sentado en ella. Me jaló de la cintura, haciendo que me moviera otro paso más hacia adelante y estampó sus labios contra mi abdomen, besándolo centímetro a centímetro, dejando pequeños rastros de saliva.

—Ahh… —llevé mi cabeza hacia atrás, acariciando sus trenzas. Le quité la bandana de la cabeza en un santiamén y después sentí la humedad de su boca subir hasta mi pecho, mientras sus manos desabrochaban el botón de mi pantalón y bajaban el cierre del mismo con una rapidez descomunal.

Metió una de sus manos entre mis bóxers y sentí mi entero cuerpo vibrar cuando me tocó el miembro. Tenía años, años que no sentía algo parecido. Tom lograba hacerme estremecer con simples roces, con simples besos y esa electricidad que sentía en este preciso momento, estaba seguro que solamente la sentiría con él.

Solté otro breve gemido al sentir como comenzaba a acariciarlo de arriba hacia abajo, sin prisas, pero fuertemente. Le jalé un par de trenzas, sacándole algunos gemidos también a él. Mierda, me encantaba como gemía. Y seguía haciéndolo como antes… Tan excitante, tan Tom.

Bajé mis manos por su espalda, hasta llegar al borde de su playera y se la alcé, arrastrándola con mis manos para quitársela por completo, haciendo que se alejara de mi piel. Dejé la playera en el suelo igualmente y lo tomé de las mejillas para volver a besarlo. Amaba sus labios. Eran la puta gloria. Metí nuevamente mi lengua en su cavidad bucal y saboreé cada centímetro de su interior.

Lo recosté en la cama, luego de que me quitara por completo el pantalón y me deshice también de sus tenis y de los míos. Comencé a besarlo desde los muslos hasta la ingle y sentí como se estremecía cada vez más ante mi contacto. Subí mis manos hasta el borde de su bóxer y se lo fui bajando lentamente, acariciando con mis dedos todo el recorrido de su piel. Miré como su miembro se erguía delante de mí y me mordí el labio con total descaro.

Me incliné hacia él y le propiné un pequeño beso en la punta, haciendo que un glorioso jadeo saliera de entre sus labios. Comencé a acariciarme el mío mientras tomaba la base del de él con mi mano libre y lo apretaba, sintiendo toda su dureza. Sin pensarlo dos veces me lo metí a la boca y pude sentir como la punta tocaba mi garganta. Sabía delicioso.

—Ah, Bill… —Me tomó del cabello para apretarlo ligeramente y encogió las piernas cuando comencé a hacer los movimientos de arriba hacia abajo, primero lentamente y luego incrementando la velocidad.

Dios mío, estaba tan excitado que sentía que en cualquier momento iba a explotar, así que dejé de acariciarme y me centré solamente en Tom.

Le abrí más las piernas y apreté el interior de mis mejillas contra su pene, sacándole otro gemido más profundo. Lo tomé del interior de las rodillas y acomodé sus piernas en mis hombros. Saqué su miembro de mi boca y bajé mi lengua por su canal hasta llegar a su entrada. Escuché como Tom soltaba gemidos cada vez más fuertes y sentí como arqueaba su espalda debido al placer. Guié uno de mis dedos hasta esa zona y comencé a hacer círculos en ella, metiendo mi dedo lentamente para no lastimarlo. Dejé un poco de saliva para lograr que resbalara mejor y así lo hizo.

Miré su carita y sonreí al saber que lo estaba disfrutando tanto como yo. Dejé que se acostumbrara a la intromisión y luego sumé un dedo más, abriéndolo poco a poco.

Deslicé mi mano por su abdomen, pasando mis finas uñas por su piel sin rasguñarlo o dejarle marcas y al momento de meter el último dedo, comencé a moverlos de adentro hacia afuera, despacio, mientras seguía acariciándolo.

Jamás imaginé que lo volvería a tener en esta posición. Completamente entregado a mí, deseándome, amándome y yo deseándolo y amándolo a él.

Me alcé y me posicioné entre sus piernas, no podía aguantar más. Deseaba tenerlo completamente para mí, deseaba entrar en él y dejarme llevar por todo lo que estaba sintiendo. Saqué mis dedos y acomodé sus piernas en mi cintura. Él las apretó en esa posición y alzó un poco más el trasero, dejándomelo a mi total disposición. Le sonreí ampliamente y él hizo lo mismo. Me incliné hacia su cuerpo y él pasó sus brazos por mis hombros, atrayéndome más hacia él. Juntó nuestros labios en un tierno beso y susurró:

—Te amo Bill… Mierda, te amo tanto…

Suspiré contra sus labios, sin dejar de besarlo ni un momento y tomé mi miembro con una mano, mientras con la otra me sostenía en la almohada, alado de su cabeza.

—Te amo… —susurré cuando presioné la punta contra su apretada entrada. Solté un fuerte jadeo contra sus labios al mismo tiempo que él apretaba las manos en mis hombros y los ojos.

Sentí sus piernas tensarse a mi alrededor y pasé un brazo debajo de su espalda para pegarlo más hacia mí. Fui entrando poco a poco en su cuerpo, sintiendo toda su estrechez envolver mi miembro y podía decir con seguridad que no había mejor lugar en la tierra para mí.

Pegué mi mejilla a la suya y sentí su respiración chocar contra mi oído. Acaricié su cadera con una de mis manos y empujé mi pelvis contra él, enterrándome más en su interior. Escuché un fuerte gemido resonar en el interior de mi cabeza y comencé a besar su cuello lentamente, dejando algunas pequeñas mordidas alrededor, para después succionar cada una de ellas.

Seguí con el ritmo en su interior, sintiendo sus paredes apretadas envolver mi pene y la punta rozar de vez en cuando ese punto tan sensible que tenía.

—Ah Bill, ¡joder! —Enterró sus uñas en mi espalda y empujé más fuerte en su interior.

Me alcé ligeramente, apoyando ambas manos a cada lado de su cabeza y pegué mi frente a la suya, admirando su hermoso semblante excitado. Tenía la boca entreabierta, con los labios todavía rojos y el ceño ligeramente fruncido, soltando uno que otro jadeo de vez en cuando.

—Dios, eres hermoso… —dije cerca de sus labios y continué con el mismo ritmo. Tom relajó las piernas, permitiéndome mejor acceso y sentí que mis piernas temblaban por el placer que este hombre lograba sacar de mí.

Sus manos se aferraron a mi espalda, apretando con fuerza mis hombros y apretó un par de veces su entrada, envolviendo todo mi miembro, haciéndome sentir un placer indescriptible. Sentí un ligero sudor recorrer mi frente y disminuí la velocidad considerablemente, haciendo las estocadas cada vez más lentas, pero más profundas.

Tom arqueó la espalda y bajo una mano por toda la longitud de su pecho y abdomen hasta llegar a su pene y comenzar a acariciarlo de arriba hacia abajo, soltando jadeos y gemidos más profundos. Su pecho subía y bajaba y yo sentía que en cualquier momento iba a explotar.

Encogió las piernas y me empujó hacia atrás, haciéndome quedar acostado de espaldas contra el colchón, dándole a mi miembro un poco de libertad. Me miró con los labios enrojecidos, mientras se los mordía y tomó mi miembro entre sus manos, apretándolo suavemente. Cerré mis ojos, llevando mis brazos hacia atrás, agarrándome de la base de la cama y entonces volví a sentir esa estrechez que tanto me encantaba.

Tom se sentó sobre mi pene, lentamente, haciéndolo parecer una tortura, hasta llegar al fondo. Soltó un gemido desde lo profundo de su garganta y apoyó sus manos extendidas sobre mi pecho, acariciándome los pezones con sus pulgares.

Explicar lo que sentía en ese momento era algo imposible. Tantas noches y días durante tantos años soñando con este instante y ahora por fin lo tenía, ahora por fin lo volvía a tener. Lo amaba tanto… Dios, no creo que exista persona en este planeta que pueda amar a alguien tanto como yo amo a Tom. Y él me ama a mí, y eso basta para hacerme el hombre más feliz sobre esta tierra.

Sus trenzas caían por sus hombros, y sus ojos irradiaban electricidad y placer al mismo tiempo. Sus manos acariciaban mi abdomen, rasguñándolo de vez en cuando y sus caderas se movían de arriba hacia abajo, dando pequeños saltitos sobre mí, emitiendo esos sonidos de su trasero contra mi pelvis que tanto me podían.

Echó su cabeza hacia atrás, incrementando el ritmo, haciéndolo cada vez más profundo y yo deseaba que nunca parara.

Por Tom.

Play: https://www.youtube.com/watch?v=8HEvF8QLoYY (Repetir hasta el final)

Estar nuevamente con Bill era algo que jamás había imaginado que volvería a pasar. Volver a sentirlo dentro de mí me traía recuerdos tan hermosos del pasado y ahora que estábamos en mi antigua habitación, en la misma posición, yo arriba de él, haciéndolo disfrutar, gimiendo tan alto que era posible que todos los vecinos nos escucharan, sabía que había valido la pena completamente. Todos esos años esperando uno por el otro, esas peleas, esos besos furtivos, esos toques… Todo, absolutamente todo había valido la pena.

Sentía la punta de su pene rozarme repetidamente el punto tan sensible que se encontraba en mi interior y no había nada más placentero que eso. Apreté sus pezones con las puntas de mis dedos pulgar e índice y él dio un breve salto, dándome una embestida más profunda.

— ¡Ahhh! —Me mordí el labio para no gritar tan alto y sentí mis piernas temblar a cada lado de él.

Acarició mis piernas de arriba hacia abajo con sus suaves y delicadas manos y después me tomó el miembro desde la base, acariciándolo fuertemente, haciéndome ver estrellas.

Seguí brincando sobre él, al mismo ritmo que habíamos marcado y luego de unos momentos la habitación se encontraba completamente llena de nuestras respiraciones agitadas y jadeos por todos lados. Unas pequeñas gotas de sudor resbalaban por mi espalda y mis trenzas y sentía que en cualquier momento me iba a desplomar. Comencé a disminuir la velocidad y Bill me tomó de las caderas, haciendo que saliera de mi cuerpo. Me dio una rápida vuelta en la cama, dejándome de espaldas hacia él, con el trasero completamente expuesto y me dio una fuerte nalgada que hizo que me inclinara más hacia adelante.

Estrujé las sábanas con mis manos y pegué mi frente en la almohada, sintiendo como entraba nuevamente en mí. Era una sensación única. Me hacía sentir en las nubes y al mismo tiempo con los pies bien puestos sobre la tierra.

Masajeó mis nalgas con sus manos, amoldándolas perfectamente en la zona y comenzó las embestidas un poco más rápidas, haciendo chocar su pelvis en mi trasero. Gemí con fuerza al sentir que lograba entrar más profundo y apreté las sábanas hasta hacer que mis puños se pusieran completamente blancos.

—Mmh, Bill, no pares por favor… —supliqué, sintiendo su líquido pre-seminal escurrirse en mi interior y escuché como soltaba un fuerte gruñido, el cual me hizo estremecer.

Llevó una mano hasta mi abdomen bajo y me apretó contra él. Abrí mi boca lo más que pude, soltando un fuerte suspiro y ladeé mi cabeza para mirarlo de reojo. Era un poema. Su cara destilaba excitación, sus labios abiertos, soltando jadeos profundos y sus ojos entornados mirándome con cierta diversión era todo lo que me hacía sentir deseado y amado al mismo tiempo. Su sonrisa perfectamente delineada y su mano aferrándose a mi cadera, dando las últimas estocadas en mi interior.

Cerré mis ojos con fuerza al sentir el orgasmo llegar a mi cuerpo y apreté mis piernas, corriéndome sobre las sábanas.

— ¡Mmh, Bill, ah! —Mordí la almohada que se encontraba a mi lado cuando sentí su semen llenarme por completo, esa esencia que mi cuerpo tanto había extrañado y que ahora tanto disfrutaba.

Gimió contra mi oído, haciendo que me terminara de correr y pegó su pecho por completo a mi espalda, haciéndome sentir más calor del que ya tenía. Gruñó cuando terminó de correrse en mi interior y su respiración comenzó a volverse regular poco a poco.

—Te amo… —Escuché esas palabras que tan feliz me hacían sentir, muy cerca de mi cuello y luego sentí sus manos acariciarme los muslos, la cadera, los costados, el abdomen, hasta abrazarme y tumbarnos en la cama, yo boca abajo y él todavía sobre mí, repartiendo besos por todo lo largo de mi espalda y parte de la nuca.

—Y tú no sabes cuánto te amo, Bill… —susurré, con los ojos cerrados, tratando de calmar igualmente mi respiración.

Se quedó callado por un momento y luego dijo:

—Demuéstramelo entonces…

¿Que se lo demostrara? ¿No lo había hecho ya millones de veces? El simple hecho de estar aquí le demostraba que lo amaba más que a nadie en todo el mundo.

—Ya te lo he demos…

—No de esa manera —cortó y se acomodó mejor en la cama para hacernos quedar uno enfrente del otro.

Apoyó el codo sobre el colchón para verme desde arriba y enarqué una ceja un tanto extrañado. No entendía… ¿Cómo…?

Fruncí el ceño mientras él sonreía y delineaba mis labios con su dedo pulgar.

— ¿Estás hablando en serio? —pregunté una vez que caí en la cuenta, sin poder creerlo todavía. ¿De verdad me estaba pidiendo eso? ¿BILL ME ESTABA PIDIENDO ESO?

—Más en serio que nunca —soltó contra mis labios, acariciando su nariz contra la mía—. ¿Sabes cuánto te extrañé, Tomy? ¿Sabes todo lo que deseé poder estar así contigo? ¿Sabes cuántas veces soñé con que llegara este momento?

Acaricié su mejilla, sonriendo como un estúpido al escucharlo decir todo eso.

—Si lo sé… Porque son las mismas veces que yo también lo quise y lo deseé… —murmuré, besándolo varias veces, y pude sentir como sus labios se curvaban en una delicada sonrisa.

—Entonces hazlo…

Esas dos simples palabras me pusieron los vellos de punta. Claro que había sido activo varias veces, pero jamás con él. Todas las veces que habíamos estado juntos él siempre había sido el activo. ¿Cómo se suponía que debía de hacerlo? ¿Y si no le gustaba?

—Bill… —bajé la mirada y él me levantó el mentón rápidamente, conectando sus ojos con los míos.

—Quiero que lo hagas… Quiero sentirte… Quiero saber cómo es… —pidió, haciendo su aliento chocar contra el mío. ¿Cómo podía decirle que no cuando me decía eso?

—Relájate, ¿de acuerdo? —pedí y pude observar cómo asentía y cerraba sus ojos, respirando profundo.

Iba a hacerlo, de verdad iba a hacerlo…

Lo recosté en la cama, alzándome sobre él, acomodando mis piernas flexionadas entre las suyas. Él dobló las rodillas, haciendo que las plantas de sus pies quedaran puestas sobre el colchón e incliné mi cabeza entre sus piernas.

Soltó un suspiro cuando mi lengua tocó su entrada y pude sentir la tensión que su cuerpo emanaba. Le acaricié el abdomen y el interior de los muslos para que se relajara y deslicé luego mis dedos desde la base de su miembro y sus testículos hasta su entrada, todavía completamente cerrada. Iba a ser su primera vez… Era de esperarse que la tuviera así y mucho más cuando se encontraba tan nervioso como ahora.

Lo acaricié con mi dedo pulgar, empujando un poco hacia el interior, sin lastimarlo y dejé un par de lamidas en la zona para lubricarlo. Bill soltaba algunos jadeos cuando hacía esas caricias en él y acariciaba mi cabello de vez en cuando, moviendo sus caderas en pequeños círculos.

Dejé un poco de más saliva en su pequeña entrada, y metí lentamente mi dedo pulgar, haciendo círculos en el interior.

—Ah, Tomy…

Mierda, ya me estaba poniendo duro nuevamente nada más de escucharlo y verlo así tendido debajo de mí, moviendo las caderas, completamente preparado para recibirme.

Logré meter otro dedo después de unos largos minutos y escuché un breve gruñido salir de su garganta. Apretó los labios y alzó un poco las piernas, haciendo que las puntas de sus pies tocaran la cama. Comencé a mover los dedos como tijeras en su interior, provocando que se fuera dilatando cada vez más rápido y cuando tuve oportunidad aumenté un tercer y último dedo en su cavidad. Lo sentía tan apretado… No imaginaba cómo lo iba a sentir cuando mi pene estuviera completamente envuelto por él.

Moví mis dedos de adentro hacia afuera, sacándole suspiros y gemidos bajos. Comencé a acariciarle también el miembro para que se relajara todavía más y saqué mis dedos cuando supe que estaba listo.

Bill abrió los ojos cuando lo hice y suspiró, llevando sus brazos nuevamente hacia atrás, agarrándose el pelo con una mano y apretando la almohada con la otra.

— ¿Listo? —pregunté cerca de sus labios cuando me incliné hacia él y sólo asintió, respirando tranquilamente—. Si te gusta, me dices… —dije un poco divertido para lograr que se sintiera más cómodo y pudiera relajarse.

Volvió a asentir, soltando una pequeña risita y me miró intensamente, suplicándome con la mirada que no lo hiciera esperar más. Le di un corto beso en la nariz y luego en los labios y tomé mi pene, presionándolo contra su húmeda entrada. Cerré mis ojos al sentir su calor invadirme por completo y pegué mi frente a la suya, escuchando un jadeo algo doloroso provenir desde su garganta.

Terminé de entrar lentamente mientras él apretaba sus rodillas contra mis caderas y sus manos se aferraban a mi cintura. Solté un jadeo de pura excitación, quedándome quieto por un momento y pude escuchar su respiración ya bastante agitada.

— ¿Te dolió? —pregunté con cierto temor, besando varias veces su frente, su sien y el puente de su nariz. No quería lastimarlo, no quería que se arrepintiera de estar haciendo esto.

—Un poco… —admitió, soltando varios suspiros y alzó un poco más las caderas, dándome una mejor posición. Relajó sus piernas a mis costados, aunque todavía enredadas en mi cintura y abrió los ojos para verme y sonreír— Pero también me gustó… Sigue…

Asentí, con una sonrisa igual de ancha que la de él y sin atreverme a decirle nada más continué mirándolo, perdiéndome en esos ojos tan hermosos color avellana que tenía. Le besé nuevamente en la nariz y alcé mi cadera, sacando mi miembro de su interior. Volví a empujar delicadamente, haciendo el movimiento exacto para meterlo con cuidado y sentí como poco a poco se iba abriendo más. Dios, era la puta gloria. ¿Esto sentía él al estar dentro de mí?

Por Bill.

¿Esto sentía Tom cuando yo estaba dentro de él? Porque si era así, ahora entendía perfectamente por qué siempre me pedía más y más.

A pesar del pequeño dolor, conforme te ibas acostumbrando, era algo tan placentero… Dios, ¿cómo nunca lo había hecho antes?

Sentí como Tomy empujaba en mi interior y como su pene raspaba con lentitud mis paredes internas, haciéndome estremecer del puro roce. Me mordí los labios cuando lo sentí llegar hasta el fondo y arqueé levemente mi espalda, tocando la almohada con la nuca.

Mis manos se dirigieron a sus hombros para aferrarse a ellos y mis dedos apretaron esa zona, sintiendo mi entrada cada vez más dilatada. El dolor poco a poco se iba olvidando y el placer iba apareciendo a cada momento con más fuerza.

Entreabrí la boca para soltar un suspiro al sentir que sus embestidas iban incrementando poco a poco y al escuchar sus testículos chocar contra mi trasero. Jamás pensé que llegaría a sentir este tipo de placer… Jamás imaginé que Tom pudiera hacerme el amor de esta manera y hacerme sentir tan especial.

Hacía movimientos algo lentos, pero bastante profundos y me hacía enloquecer con cada uno de ellos. Comencé a sentir un calor enorme recorrer todo mi cuerpo y mi pene ponerse más duro y erguido con cada toque de él.

Tanto lo había extrañado, y ahora me estaba haciendo el amor. Hace un par de horas incluso me hubiera reído de mí mismo al pensar que algo así pudiera pasar y ahora así estábamos… Yo disfrutando de su cuerpo en esta posición por primera vez y él deleitándose con el mío, también por primera vez.

Tantas veces habíamos estados en los roles invertidos, pero ahora sentía esa necesidad de sentirlo completamente mío y de yo sentirme completamente suyo, por eso había decidido esto… Llevaba mucho tiempo pensando en cómo sería y ahora nada se igualaba a mis pensamientos, todo era mil veces mejor. Sus besos, sus caricias, su piel contra la mía, su olor envolviendo mis fosas nasales, su boca recorriendo cada centímetro de mi cuerpo y su miembro entrando y saliendo de mi interior.

Me alzó un poco las piernas para tener mejor acceso a mí y bajó sus labios por mi cuello, por mi pecho hasta detenerse en uno de mis pezones. Lo delineó con su lengua, para después estrujarlo entre sus labios y lo mismo hizo con el otro. Esta vez lo lamió alrededor y jaló levemente el arillo que lo adornaba con los dientes, haciéndome gemir de la pura excitación, sin lastimarme.

Posó sus manos en mi cintura, apretándola y salió de mi interior mientras iba bajando sus labios por mi abdomen. Delineó todos los tatuajes de esa zona con la punta de su lengua y sentí mi piel erizarse cada vez que lo hacía. Su boca recorrió cada centímetro de mi abdomen y después subió nuevamente a mi pecho, dejando castos besos ahí.

Enredé nuevamente mis piernas en su cadera, jalándolo hacia mí y sentí su pene rozarse contra mi entrada. Dios mío, ¡cuánto lo deseaba! Lo deseaba como nunca en mi jodida vida había deseado a alguien.

Lo miré intensamente, mordiéndome el labio con insistencia y relajé mi cuerpo todo lo que pude cuando volvió a entrar en mi interior, haciéndome sentirme lleno otra vez.

Lo amaba tanto… Lo amaba con locura y ahora estaba seguro que siempre sería así.

Por Tom.

Apoyé una mano a la altura de su cabeza y la otra en su cintura. Apreté la zona y él abrió más sus piernas, apretándolas contra mi cuerpo. Volví a repetir la acción de salir y entrar, sintiendo sus apretadas paredes internas y su respiración cada vez iba haciéndose más irregular.

Planté mis rodillas por completo sobre la cama e hice que sus piernas quedaran apoyadas en mis hombros. Me erguí sobre él, quedando completamente recto y comencé a embestir un poco más rápido, sin llegar a ser bruto. Pude notar cómo se mordía los labios y como su cuerpo se dejaba llevar por completo con mis movimientos. ¡Dios, era tan hermoso!

Acaricié sus piernas de arriba hacia abajo, sintiendo el casi escaso vello de estas e incrementé ligeramente el ritmo, admirando como mi pene entraba y salía de su pequeña cavidad. Movía mi pelvis en un ritmo pausado, haciéndolo disfrutar al máximo, haciéndolo sentir todo.

Vi cómo apretó sus labios, sonriendo y sus manos jalaron débilmente su cabello para después bajar por su pecho y su abdomen, trazando un recorrido exquisito. Comenzó a mover sus caderas cada vez más rápido y me quedé quieto por un momento mientras él se penetraba solo, a su ritmo.

—Bill, joder… —casi grité, abriendo la boca lo más que pude cuando hizo que las embestidas fueran más fuertes. Su culo chocaba contra mi pelvis más rápido y desenfrenado a cada segundo y su pene saltaba de un lado a otro, totalmente erecto.

Arqueé ligeramente mi espalda y él me jaló con sus piernas para que volviera a estar por completo encima de él. Rodeó mi cuello con sus brazos y acarició mi nuca con sus delicadas uñas. Suspiré contra su boca y cerró sus ojos, sin dejar de mover sus caderas en la misma sintonía.

Moví mi pelvis a su ritmo, marcando profundamente dentro de él y dejé varios besos en su mentón, mordiéndolo de vez en cuando.

—Te amo tanto… —susurré sobre su piel para después bajar hasta su cuello y saborear su hermosa piel, sabía tan rico…

Me apretó más contra su cuerpo, al punto en el que nuestros pezones se rozaron constantemente y su abdomen chocaba repetidas veces contra el mío. Pude sentir los espasmos de su vientre y entonces paré un momento, evitando que se corriera. Respiré fuertemente contra la piel de su cuello y me alcé un poco para verlo.

Me sonrió de lado, y pude notar una pequeña gota de sudor resbalar por su sien hasta perderse en su cabello y parte de las sábanas. Le sonreí también y trató de controlar su excitación, moviéndose lentamente, haciéndome desfallecer con ese tortuoso vaivén.

—Mírame… —pidió cuando cerré los ojos y en menos de dos segundos los volví a abrir para encontrarme con sus ojos destellantes, llenos de lujuria—. Prométeme… Promete que nunca te irás Tomy… —susurró, con las palabras entrecortadas y acarició mis labios con sus finos dedos. Sonreí y metió un dedo a mi boca, el cual chupé y lamí lentamente.

—Te lo prometo, Bill —susurré también, aunque un poco más alto que él y solté su dedo. Lo sacó de mi boca y se enderezó un poco en la cama, aferrándose a mi espalda.

Pasé mis manos por sus piernas, alzándolo más hacia mí y le di una profunda estocada, llegando al fondo de una sola. Cerró sus ojos fuertemente y de su garganta salió un pequeño grito mientras me arañaba la espalda.

Volví a hundir mi cabeza en su cuello y él comenzó a repartir besos por mis hombros y mejilla. Mordí su piel, jalándola levemente con mis dientes mientras seguía embistiendo contra él, sacándole profundos gemidos. Sentía su pene duro y a punto de explotar en mi abdomen bajo y la humedad y calidez de su entrada envolverme por completo.

Apreté los dientes luego de soltarle la piel y traté de calmar un gemido. Me aferré con una mano a su cadera, ayudándolo a moverse con mayor intensidad sobre mí y con la otra le estrujé el cabello, sin llegar a dañarlo. Sentía su cuerpo completamente caliente y húmedo chocar contra el mío y sabía que jamás me volvería a sentir así en la tierra. Sabía que el cuerpo de Bill era solamente mío y que mi cuerpo era solamente suyo.

—Dime que me amas, mmh… —pidió, soltando un jadeo ronco y sonreí al escucharlo. Se me erizó toda la piel de mi cuerpo y sentí el líquido pre-seminal salir lentamente de mi cuerpo.

—Te amo, te amo, te amo —repetí contra su oreja para después mordérsela y entonces escuché un largo y tendido gemido desde su garganta, seguido de una esencia caliente chocar contra mi abdomen.

— ¡Ah, mi amor!

Cerré mis ojos con fuerza, tensando todos los músculos de mi espalda y mi abdomen. Mierda, me correría en cualquier momento. Bill apretó su entrada más contra mi miembro y sus piernas se amoldaron perfectamente a mi cadera. Sus manos bajaron por mi espalda, y mis costados, acariciando toda la piel a su paso y entonces no pude más.

— ¡Mmhg! —apreté los labios lo más que pude para no sonar como un perro en celo al momento de correrme en su interior y estrujé las sábanas lo más fuerte que pude, sintiendo los pinchazos del orgasmo en el vientre bajo.

Lo llené por completo con mi esencia y luego sentí que se relajó debajo de mí, suspirando varias veces. Abrí la boca para tomar una bocanada de aire y me desplomé encima de él, sin llegar a aplastarlo. Cerré mis ojos y sonreí como un estúpido, sintiendo algunas finas hebras de su cabello sobre mi nariz. Sus manos continuaron acariciando mi espalda, mientras nuestras respiraciones se volvían acompasadas.

— ¿Cumplirás tu promesa, Tomy? Dime que esto no es un sueño… D-dime que cuando despierte aquí estarás… —susurró completamente adormilado y sonreí al escucharlo decir esas palabras.

Mi corazón se estrujó al pensar que Bill todavía creyera que esto no era real. Quería que jamás volviera a dudar de mí, quería que siempre tuviera la certeza de que yo ahí iba a estar. Por siempre y para siempre.

—Siempre estaré aquí mi amor… Siempre —susurré en su oído y ya no escuché una respuesta. Seguramente se había quedado dormido.

Suspiré, con el cansancio venciéndome y entonces me quedé dormido también, entre sus brazos, sintiendo su cuerpo totalmente pegado al mío.

Había sido la mejor noche de mi vida… Y a partir de hoy, así serían todas y cada una de mis noches… Las mejores de mi vida.

F I N

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

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