Noise. Final Alternativo

NOTANo es necesario leer este capítulo si quedaste content@ con el capítulo final. Sólo es para aquellas que están en el team Andy. ¡Muchas gracias!

«Noise» Fic Toll de Lenz Schwarz

Capítulo 33. Final alternativo 

Por Bill

—Conseguiste al chico, eh —exclamé con un dejo de molestia. Lo cierto es que todavía sentía cierto rencor hacia él, aunque sabía que la culpa no era completamente suya.

—Bill, quisiera hablar contigo… bien. Como gente civilizada. ¿Crees que se pueda? —Su voz sonaba demasiado diferente. Realmente estaba serio, no quería pelear.

Asentí, girando sobre mis talones. Lo miré directamente a los ojos, cara a cara. Si bien, él se quedaría con Tom, por lo menos tenía que saber que sino lo hacía feliz, o lo llegaba a lastimar de cualquier manera, se las vería directamente conmigo.

—Antes que nada… Te juro que si alguna vez se te ocurre lastimarlo, aunque sea mínimo, desearás no haber nacido, Hudec —Pronuncié las palabras apretando los dientes. Lo decía totalmente en serio.

Andreas asintió seriamente y me miró a los ojos, con la misma intensidad que yo.

—Lo haré el hombre más feliz del mundo, Kaulitz. Te lo aseguro.

—Lo creeré cuando lo vea —solté, tratando de arreglar nuevamente el estúpido moño de mi corbata.

—Pero necesito que tú me prometas algo también —continuó, cruzando los brazos sobre su pecho.

Enarqué una ceja, pensativo. ¿Qué demonios me haría prometer el zorrillo? ¿Mantenerme alejado de ellos en cuanto se casaran? ¿Desaparecer completamente de sus vidas?

—Que siempre estarás cerca de él.

Wow.

Su respuesta me dejó completamente descolocado. ¿Había escuchado bien? ¿Me hacía prometerle que siempre estaría cerca de Tom, con el peligro que yo pudiera causar en su relación?

No pude evitar sonreír y lo miré cautelosamente, esperando que soltara algo más (como esas letritas pequeñas que aparecen en los contratos o anuncios de televisión) pero no dijo nada, así que me dispuse a hablar:

— ¿Estás de coña, no? ¿Para qué arriesgarse tanto? ¿O es que tanto confías en tu futuro esposo? —Ahora fui yo quien cruzó los brazos, con el moño de la corbata perfectamente amarrado.

— ¿Qué si confío en él? ¿Después de todo lo que hemos pasado? —Preguntó, soltando una risa al final—. ¡Pues claro que sí Bill! ¡De eso se trata el amor! No me casaría con él si no confiara, sería una relación destinada al fracaso.

Justo en el blanco.

No supe realmente qué responder. Tenía toda la razón. Tal vez sí era demasiado cierto que él era la mejor opción para Tomy.

—A lo que quiero llegar es que él te necesita —pronunció un poco más tranquilo. Su voz se tornó calmada—. Eres su hermano al fin y al cabo y sé que estás enojado, dolido… Pero Bill —Repentinamente tomó mi brazo, conectando perfectamente nuestras miradas. Era raro que Andreas mantuviera este acercamiento conmigo. Nunca nos habíamos mirado o hablado así—, tú tampoco puedes vivir sin él. —Cierto—. Dale una oportunidad. Una oportunidad de ser una familia. Son lo único que tienen. Sé que duele, créeme que sí, pero sé también que no morirás de esto, que lo superarás y que ustedes todavía tienen una historia que contar.

Lo miré demasiado extrañado. Andreas de verdad era una persona muy diferente a como me lo imaginaba. Nunca creí que estas palabras pudieran salir precisamente de él.

Bajé la mirada y suspiré, sin saber qué decir, y es que… ¿Qué demonios podía decir contra eso? Tenía toda la razón.

—Y si me equivoco, si la decisión de Tom no fue la correcta, ahí estarás tú… —casi susurró, sonriendo de lado cuando levanté nuevamente la vista—. Siempre estarás tú.

—Si tú… estuvieras en mi lugar ¿eso harías? ¿Dejarlo ser feliz conmigo pero seguir cerca como un mejor amigo? —pregunté, deseando que me contestara que no, que desaparecería de la faz de la Tierra.

—Sí —Pero me equivoqué—. Porque sé que valdría la pena, poder verlo feliz, saber que está siendo feliz con la persona que escogió. Toma tiempo —comentó, mirando por la ventana y luego regresándola a la mía—. Pero volvería por él, para compartir su dicha, aunque estuviera con alguien más.

Sus palabras me dejaron pensando. ¿De verdad tenía la capacidad de hacer eso? ¿Podría irme por un tiempo y luego regresar para tratar de formar una bonita relación con él?

—Piénsalo Bill… —Estuvo a punto de darse la media vuelta cuando pronuncié:

—Lo haré.

Se quedó por un momento mirándome, esperando que desistiera de mis palabras, pero no lo hice, así que sonrió de lado.

— ¿Es un trato? —preguntó, extendiendo la mano hacia mí. La estreché en manera de aprobación y ambos asentimos al mismo tiempo que tocaban nuevamente la puerta.

Giré la mirada en esa dirección y modulé nuevamente un «pase».

Tom entró por la puerta y me miró por el reflejo del espejo.

—La ceremonia está a punto de comenzar —exclamó, acercándose a mí.

Yo solamente hice un movimiento de cabeza, indicando que estaba listo y caminé los pasos que quedaban para salir de ahí. Andreas y él me siguieron detrás.

Play: https://www.youtube.com/watch?v=9DovSYz3da0

Le había dicho a Andreas que lo haría. Que me quedaría cerca de Tom y sería feliz al verlo feliz a él, que aceptaría su relación y trataría de estar con él el día de la boda, pero… No podía. No podía quedarme. Simplemente dolía mucho. Odiaba romper mis promesas una vez más y dejarlo botado. La historia se repetía aunque de diferente manera. Yo lo volvía a dejar con Andreas, sabiendo que no podía estar con alguien mejor, con la diferencia de que esta vez no le gritaría ni le diría que no lo amaba. Esta vez no iba a haber despedida. Al menos no cara cara.

Terminé de escribir la carta en la que le explicaba mis razones y motivos y cerré el sobre con un poco de saliva. Suspiré, sintiendo mi corazón quebrarse una vez más y me dirigí hacia su recámara.

Habíamos pasado unas semanas algo raras. Él trataba de acercarse a mí de cualquier manera, para platicar un poco acerca de nuestra madre, acerca de sus planes, de los míos, pero yo trataba de evitarlo. Mientras más estrecháramos nuestros lazos, más difícil sería para mí alejarme.

Por el contrario, con Andrew había tenido el tiempo suficiente para conocerlo más, entablar una bonita amistad y ahora me atrevía incluso a decir que me gustaba. Me gustaba de una manera diferente a como alguien más me podría gustar. Era diferente. Confiaba en él y le había contado mi situación con Tom. Sabía que no era algo muy fácil de digerir, pero él lo había tomado muy bien, así como Mia. Hermanos tenían que ser.

Había decidido irme con él, con su familia. Regresar a Alemania, a esa casa, sería el doble martirio que quedarme aquí con Tom, así que irme con Andrew era lo mejor que podía hacer por mí en este momento. Él me ayudaba a despejarme, a olvidarme por un momento de mi triste realidad y eso era justamente lo que necesitaba. Olvidar.

Llegué hasta la recámara de Tom y abrí con cuidado la puerta para no despertarlo. Todos los demás ya estaban abajo desayunando, casi listos para irnos. Andreas nos llevaría al aeropuerto y luego todo estaría de vuelta a la normalidad para ellos.

Entré a la habitación, deslizando delicadamente mis pies en el piso. Lo miré dormido todavía; se había desvelado mucho anoche platicando con la familia de Andrew y por eso ahora el sueño le cobraba las horas. Me acerqué a él, rogando que por nada del mundo despertara, porque si me pedía que me quedara, no dudaría ni un solo segundo en hacerle caso. Acaricié superficialmente su cabello, suspirando. Me costaba demasiado alejarme cuando hace unas semanas atrás juraba que se quedaría conmigo y seríamos completamente felices.

Una lágrima cayó en las sábanas y limpié mi cara con las demás que estaban saliendo. Sentía cada segundo eterno y sagrado junto a él. No quería irme, pero al mismo tiempo es lo único que deseaba. Sorbí ligeramente mi nariz y entonces dejé la carta a su lado. Corté las caricias a su cabello y dejé un dulce beso en sus labios, cerrando brevemente mis ojos.

—Adiós mi amor… —susurré, sintiendo un fuerte nudo en la garganta. Me despegué de su figura y pude ver cómo se removía en la cama. Me alejé rápidamente de él e hice un movimiento con mi mano aunque él no pudiera verme. Caminé hasta la puerta y salí por ella sin querer mirar atrás. La cerré a mis espaldas y me recargué contra ella, soltando un par de lágrimas más.

No quería seguir. Había sido mucho más duro de lo que creía. Sentía que con cada paso que daba era una pieza de mi corazón que se desgarraba por dentro. Tal vez el alejarme miles de pasos terminaría por destrozarme ese órgano, pero… ya nada importaba, ¿verdad?

Casi corrí hasta la sala, limpiando el resto de mis lágrimas, agradeciendo al cielo que no me había maquillado esa mañana. Inconscientemente sabía que algo así pasaría. Me topé con Andrew en el pie de las escaleras y me miró con el ceño fruncido. Esquivé su mirada pero él me tomó del mentón, regresándola a la suya. Sorbí mi nariz una vez más, tratando de tranquilizarme.

—Hey, ¿todo bien? —Negué repetidas veces, apretando mis labios—. Oh, Bill… —Sentí su abrazo estrecharme entre su cuerpo y me aferré a él, deseando que me sacara de ese lugar de una maldita vez.

—Vámonos… —fue lo único que pude susurrar, escondiendo mi cabeza en el arco de su cuello. Andrew me estrechó un poco más mientras asentía y comenzaba a caminar conmigo hasta la salida.

No quise ver más que nuestros pies caminando por el marco y luego por el porche hasta llegar al auto. Tampoco quise escuchar las preguntas de Andreas.

— ¿Regresarás, no es así? Bill, lo prometiste…

—No lo presiones —decía Andrew, apretándome más contra él. Entonces subimos al coche y escuché todas las puertas cerrarse—. Gracias por la hospitalidad, Andy. Podemos llegar solos al aeropuerto. Despídenos de Tom y… dile que muchas gracias por todo —finalizó Andrew y luego su padre arrancó el coche, alejándonos de una vez y por todas de la mansión.

Por Tom.

Desperté pestañeando un poco. Había tenido una muy mala noche. Casi no había podido dormir y un dolor en mi pecho me decía que algo no andaba bien. Tenía un presentimiento feo y no soportaba estar así. Me removí un poco en la cama y abrí finalmente mis ojos mirando el techo. Acomodé mis manos en mi abdomen y suspiré, tratando de calmar ese presentimiento que sentía. Seguramente sólo era una tontería.

Me alcé sobre mis codos en la cama y vi una carta (o eso parecía) a mi lado. Estaba perfectamente acomodada y una caligrafía que no podía confundir ni en mil años resaltaba el nombre «Tom» escrito al frente.

¿Por qué Bill me habría escrito una carta?

Mi corazón intensificó sus latidos y entonces supe que el presentimiento y dolor de pecho estaban conectados a esa carta. Mis manos comenzaron a sudar a chorros y la tomé con ellas, cortando el sobre para sacar el papel que tenía adentro. Comencé a leer…

Tomy…

En realidad no sé cómo empezar, cómo decirte esto. Lo siento mucho de verdad. He hecho promesas que nunca pude cumplir, promesas que sé que jamás podré. Promesas que sé el viento se llevó hace mucho y por más que pueda, no puedo recuperarlas, así como tu amor. Te mereces ser feliz, mereces estar feliz con Andreas. Yo salgo sobrando. Le prometí a él que me quedaría por ti, para apoyarte y tratar de ser una familia, pero… No puedo. No por ahora. Perdóname. Siempre te he causado daño y sé que ahora también lo haré. Pero sabes lo egoísta que soy. Prefiero causarte este ligero daño y que luego se te pase mientras disfrutas de tu amor con él. No regresaré a Alemania, así que tampoco me esperes encontrar allá. Estaré bien. Sé feliz, ¿sí? Es lo único que me mantiene con los pies puestos en la tierra. El verte completamente feliz algún día. Espero regresar… Sólo te pido que me des el tiempo suficiente. Te amo, y siempre te amaré, enano…

Bill.

Arrugué el papel entre mis manos, derramando algunas lágrimas sobre las sábanas. Palpé mis labios con delicadeza y entonces comprendí… Había venido a despedirse de mí mientras dormía. Creí que había estado soñando, pero no. Realmente se había ido.

Miré hacia el techo, suspirando pesado. Me había abandonado una vez más, sin siquiera despedirse decentemente, sólo con una estúpida carta. Apreté mis labios y ojos para después soltar un grito y tirar el papel al piso. ¿Tanto daño le hacía el estar junto a mí?

Escuché un par de toques a la puerta y limpié mi cara, tratando de que no me viera mal. Me acurruqué nuevamente en las sábanas. No contesté nada, pero Andreas abrió la puerta de todas maneras. Entró sigilosamente y se sentó a mi lado, viendo el papel arrugado en el piso. Acarició mi mejilla con su mano izquierda y suspiró.

—Te dejó esa carta, ¿no? —Asentí.

— ¿Lo viste irse? —Él también asintió y entonces nadie dijo nada más.

Extendí mis brazos hacia él y me abrazó con fuerza, acariciando en pequeños círculos mi espalda. Recargué mi frente en su hombro, dejando que me abrazara de esa manera y seguí llorando, mojando su camisa.

Eran las últimas lágrimas que soltaría por él. Por un lado me dolía hasta el corazón, pero por otro, sabía que era algo que él necesitaba. Y lo respetaba. Él necesitaba tiempo y yo también. Continuaría con mi vida, con lo planeado, y esta vez no me dejaría caer.

Por Bill.

No había querido contestar las llamadas ni mensajes de Tom. No por grosero, sino más bien porque quería estar sin saber de él por un tiempo. Luego de una semana completa marcándome todos los días y enviándome al menos treinta mensajes diarios, decidí cancelar el número y sacarme uno nuevo.

Llevaba aproximadamente un mes en casa de los Biersack y me sentía realmente bien. Andrew me había ayudado a apaciguar el dolor que traía conmigo. Podía decirse que ahora estábamos saliendo… O algo parecido. Era muy lindo y comprensivo… Y eso me bastaba para comenzar a quererlo.

Sabía que era tiempo de regresar… Mi corazón estaba mejor y por lo que había escuchado, la boda sería en un par de días y yo había prometido estar ahí para apoyar a mi hermano. Nuestra historia de amor no se había podido, pero todavía quedaba otra historia, una historia que tuvo que haber tomado ese rumbo desde un principio. A pesar de todo, no me arrepentía de nada. Tom había sido mi primer amor, la persona que me había hecho cambiar, la persona que había amado y odiado tanto al mismo tiempo. Tom había sido el gran amor de mi vida y yo sabía que siempre lo iba a amar, pero… ahora de otro modo.

Fui a comprar los boletos de avión con Andy y luego nos regresamos a su casa para descansar un poco antes del vuelo de mañana. Sus padres estaban enterados de nuestra relación y estaban muy contentos ya que se habían dado cuenta que yo le hacía muy bien a su hijo y su hijo me hacía muy bien a mí.

— ¿Listo para mañana? —me preguntó una vez estuvimos acostados, acurrucados el uno con el otro. Acaricié su fino cabello negro entre mis dedos y sonreí, dando un dulce beso en las comisuras de sus labios.

—Listo.

—Bill, quiero que sepas algo… —dijo un poco más serio, levantándose sobre uno de sus codos para mirarme mejor. Alcé una ceja asintiendo, esperando que siguiera hablando y entonces así lo hizo— No importa lo que hay entre nosotros ahora… Si cuando veas a Tom y él te vea a ti y se dan cuenta que siguen sintiendo eso tan fuerte el uno por el otro, no pienses en mí, ¿de acuerdo? Sólo quiero que tú seas feliz.

Y fue ahí cuando comprendí que tanto él como Andreas nos amaban tanto como para poner nuestra felicidad por encima de la de ellos. Cosa que tal vez ni Tom ni yo haríamos. Yo estaba seguro de algo: No regresaría con Tom.

Había comprendido que nuestra relación era más dañina para nosotros mismos que para alguien más y lo mejor era ser sólo hermanos, como él me había pedido la última vez. La decisión ya estaba tomada.

Acaricié la mejilla de Andrew y me acerqué a él, plantando un casto beso en sus labios. Sonreí y pegué nuestras frentes, cerrando brevemente mis ojos.

—Yo también quiero que sepas algo… —Suspiré y ensanché mi sonrisa, pegando mi cuerpo más al de él— Te quiero. —Pude sentir cómo se tensaba un poco ya que nunca lo habíamos dicho en voz alta. Solté una leve risita y abrí mis ojos, clisando mi mirada con la suya—. Te quiero, Andy. Y… no, no voy a volver con Tom. Estoy seguro de eso.

Pude ver cómo sus labios se curvaban en una delicada sonrisa y entonces sentí su mano acariciar mi nuca y luego jalarme hacia él para juntar nuestros labios en un profundo y hermoso beso. Ladeé mi cabeza para poder encajar mejor con su boca y me acomodé sobre él, poniendo mis piernas a cada lado de su cadera.

Andrew me sujetó de la cadera y fue bajando sus manos por el borde de mi pantalón hasta desabrocharlo y bajarlo lentamente.

Aunque suene raro, nunca antes habíamos tenido sexo. Sólo nos besábamos y tocábamos algunas veces, pero casi siempre con ropa de por medio. Esta vez no sería así. Esta vez yo me sentía seguro y sabía que él también estaba igual que yo.

Alcé mis piernas para que pudiera quitar el pantalón y bóxer con mayor facilidad y luego me quité la camiseta rompiendo el beso mientras él se quitaba igualmente la suya, aventándola a algún rincón de la habitación. Bajé mis labios hasta su pecho y mis manos hasta su miembro, sintiéndolo ya completamente duro. Solté un leve gemido cuando sus manos rodearon el mío y le abrí lentamente las piernas, acariciando con mi dedo pulgar su entrada, haciendo una ligera presión para meterlo.

—Ah, Bill… —soltó y enterró sus dedos en mi espalda, enredando luego sus piernas en mi cadera. Quité mi mano de su entrada y guié mi miembro hasta esa zona— Hazlo… —me pidió y sentí que la excitación en mi cuerpo crecía cada vez más.

Lo penetré con delicadeza, sintiendo todo su interior apretado. ¿Sería virgen? Probablemente. Gemí sobre su oído al mismo tiempo que él lo hizo en el mío y empujé más con mi cadera para entrar completamente en él.

Se sentía tan bien… Andrew era perfecto, hermoso y ahora sólo mío.

Nos dormimos enseguida de sentir nuestros orgasmos y a la mañana siguiente nos levantamos muy temprano para dirigirnos al aeropuerto. Un largo viaje nos esperaba y ambos estábamos felices y seguros de lo que pasaría después.

Por Tom.

El día de la boda finalmente había llegado y yo estaba más nervioso que la mierda. Estaba seguro de querer casarme con Andy, pero no podía evitar sentirme completamente nervioso por tomar un paso tan grande como ese.

Drake entró por la puerta de la habitación y me vio con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Por un momento me recordó a Sebastian.

Le sonreí alzando mis hombros y soltando un suspiro. Él se aproximó hasta mí y me abrazó delicadamente, tratando de no arrugarme el traje blanco de satín que llevaba puesto. Lo estreché con mis brazos con cuidado también y volví a suspirar, cerrando por un momento mis ojos.

Me separé luego de unos segundos más y asentí cuando me dijo «es tiempo». Tragué saliva y palmeó mi espalda en señal de apoyo.

—Recuerda que todavía puedes arrepentirte —dijo en tono burlón pero a la vez serio.

Reí con él y negué con la cabeza, seguro de lo que estaba a punto de hacer.

Salí de la habitación y caminé junto con Drake por el pasillo, pasando entre todos los invitados que nos habían acompañado.

Sentí como el alma se me cayó a los pies cuando vi a Bill junto con Andrew al frente de todos, donde acomodamos a los pocos familiares y amigos cercanos. Abrí desmesuradamente mis ojos y sonreí amplio. ¡Había venido! ¡Aquí estaba para acompañarme en un día tan importante!

Traté de no verme tan alocado por haberlo visto y sólo asentí en forma de agradecimiento cuando pasé a lado de él. Suspiré sintiéndome más feliz todavía y Drake me dejó finalmente en el altar con Andreas.

Andreas se veía tan guapo… Dios. Sus cabellos completamente lacios caían por sus hombros y su expresión se relajó cuando me vio. Las comisuras de sus labios se ensancharon y extendió su mano hacia mí cuando me acerqué lo suficiente. Conectamos nuestras miradas y así nos quedamos por un segundo. El juez carraspeó y entonces todos se sentaron y nosotros giramos nuestras miradas hacia él.

Obviamente no podíamos casarnos por la iglesia, pero habíamos decidido que la boda sería en el jardín trasero de la mansión, con algunos invitados de la empresa y conocidos, además claro de amigos cercanos y familiares lejanos de Andreas que habían venido a nuestra sorpresa.

Andy tomó mi mano y repitió las palabras que hace algunos días lo había escuchado memorizarse, pensando que no me daría cuenta. Reí internamente y extendí mi mano cuando tomó el anillo de plata y lo colocó en mi dedo anular. Sonreí enormemente al sentir el aro envolver mi dedo y luego tomé yo el otro anillo, pasándolo por su dedo hasta el tope. Lo miré a los ojos y repetí igualmente las palabras que también había estado ensayando. Nos inclinamos hacia los papeles que teníamos delante para plasmar nuestras firmas ahí y luego miré a Bill y Andrew acercarse para firmar como testigos. Les sonreí y luego Drake y su esposa firmaron también. Les sonreí de igual manera y luego regresé mi mirada a la de Andreas.

Nos quedamos así por un momento. Me perdí en sus ojos grises y recordé todos los momentos que habíamos pasado juntos. Desde que éramos niños hasta el presente. Había estado conmigo toda la vida y ahora estaba seguro de que siempre lo estaría.

Andreas se había convertido en el amor de mi vida. Ahora lo entendía.

Bill había sido mi primer amor, pero muchas veces nos aferramos tanto a eso que no nos damos cuenta que podemos volver a amar y ser más felices todavía.

La primera semana le había marcado a Bill tantas veces y había enviado tantos mensajes que casi me quedo sin dedos. Pero luego de no saber nada de él durante un mes y al volverlo a ver aquí, ahora, había comprendido que formaba parte de mi pasado como romance. Ahora sólo lo podía ver como un hermano… Como era correcto verlo. Sabía que me costaría un tiempo más el enterrar completamente todo lo que había tenido, pero al ver a Andreas así de seguro y feliz enfrente de mí, sabía que lo lograría. Con su ayuda.

Acaricié las manos de Andreas y luego él se inclinó hacia mis labios para darme un profundo beso lleno de amor después de que el juez pronunciara las palabras definitivas: «Los declaro marido y marido».

Todos rompieron en aplausos y vitoreos mientras nos besábamos y sonreí cuando nos separamos para después abrazarnos.

—Te amo… —susurró contra mi oído y lo estreché más contra mi cuerpo.

—Te amo —repetí, soltando una lágrima de felicidad.

Estaba casado. Casado con el amor de mi vida.

Por Bill.

Verlo casarse con Andreas había removido algo en mí, pero también me había servido para darme cuenta que las cosas seguían su curso y que todo estaba empezando a mejorar de todas las maneras. Miré a Andrew luego de que todos se dispersaron para el banquete y él tomó mis mejillas acariciándolas.

— ¿Estás bien? —preguntó algo temeroso y yo asentí, sonriendo. Acerqué mis labios a los de él para besarlo delicadamente y luego lo abracé.

—Perfectamente bien.

Él me abrazó más contra sí y suspiramos juntos para después soltar una leve risita. Vi a mi hermano mirarme con una sonrisa pícara al ver la escena con Andrew y le guiñé un ojo. Andreas también me miró y me hizo una seña de que quería hablar conmigo.

Me separé de Andrew y dejé un tierno beso en sus labios.

—Ahora vuelvo… —Él asintió y me soltó, caminando con las personas hacia el banquete.

Me acerqué a Andreas mientras Tom me sonreía y pasaba por mi lado.

—Gracias por venir, Bill. No sabes lo que eso significa para Tom… —Sonrió y palmeó mi espalda en forma de agradecimiento.

—Sabes que haría todo por él —dije muy seguro sonriendo también, mirando a Tom saludar a algunos invitados. No podía despegar mi mirada de él, de lo perfecto que se veía con el cabello atado en una coleta y ese traje blanco ajustado que tan bien le quedaba.

Andreas notó mi mirada y soltó un suspiro para después decirme:

—Tal vez quieras ocultarlo o engañarte a ti mismo… Pero sé que lo sigues queriendo —moduló acercándose un poco más a mí para que nadie más pudiera escuchar.

Sonreí sin dejar de mirar a Tom y luego miré a Andreas de reojo con una ceja alzada.

—Sí. Lo sigo amando… —dije asintiendo, conectando finalmente mi mirada con la suya— Pero es diferente. Sólo quiero verlo feliz… Y sé que contigo lo es, y lo será.

Pude ver cómo Andreas se relajaba en su posición y cerraba brevemente sus ojos soltando una risita. Negó un par de veces y luego regresó su vista a mí.

—Te dije que lo cuidaría y lo haría feliz… Y así será —asintió muy seguro de sí mismo y luego miró a su esposo, curvando sus labios en una fina sonrisa.

—Eso espero, Hudec —reí brevemente luego de decir esa frase y también miré a Tom—. Él se lo merece.

Andreas volvió a asentir estando de acuerdo conmigo y entonces le di una pequeña hojita. — ¿Podrías entregársela? —Hice un señalamiento de cabeza hacia mi hermano—. Me gustaría hablar con él.

Andreas alzó el papelito y después se dirigió hasta donde estaba Tom. Yo di la media vuelta y caminé entre los árboles.

Por Tom.

—Así que… Ya eres el señor de Hudec —escuché una voz detrás de mí y me giré, sonriendo al notar de quién era.

Corrí hasta él y lo abracé, rodeándolo por el cuello. Cerré mis ojos, sintiéndome muy cómodo en sus brazos y Bill también me abrazó por la cintura, dando pequeñas caricias en mi espalda. Suspiré y pronuncié sin separarme: —Gracias por haber venido…

Escuché como soltó una risita y no pude evitar sonreír también.

— ¿Crees que me perdería el ver al zorrillo poniéndote un anillo en el dedo? —Bromeó y luego se separó, acariciando mi mejilla con su mano—. Me alegra haber venido. Haberte visto así… Tan feliz con él, es todo lo que necesitaba —Sonrió más amplio y dejo un dulce beso en mis labios.

—Bill… —suspiré y cerré mis ojos al recibir su beso. Quise protestar pero él puso su dedo índice sobre mis labios para hacerme callar.

Estábamos en una parte algo escondida del jardín. Yo había venido porque había encontrado un pequeño recado de que así lo hiciera y luego había aparecido él.

—Ése… —comenzó, acariciando parte de mi cuello y cabello— Fue el último beso que te doy —susurró y abrí los ojos para encontrarme con una sonrisa y sus ojos brillantes.

— ¿Qué…? —volvió a tapar mis labios con su dedo, seguido de un pequeño «shh».

—No vine para robarte, ni para armarte una escenita, Tomy. Vine para verte ser feliz con Andreas. Vine para tratar de arreglar lo que todavía podemos arreglar.

Me quedé callado por un momento y comprendí. Asentí y luego lo volví a abrazar, sonriendo amplio.

—Eres mi hermano, Bill, y eso nunca cambiará…

—Lo sé —susurró luego de dar un beso en mi cabello.

Nos quedamos un momento más abrazados y luego me separó delicadamente de su cuerpo.

—Te amo y eso tampoco nadie lo cambiará. Pero ahora te amo de diferente manera… No sé cómo explicarlo —hizo una mueca y luego se echó a reír. Lo imité—. Sólo quiero que sepas que quiero estar contigo. Eres la única familia que tengo y no pienso alejarme de ti.

Asentí completamente de acuerdo con sus palabras y me incliné hacia él para besar su mejilla delicadamente.

—Gracias. Sabes que también te amo y que siempre te amaré. Pero al igual que tú, ahora lo hago de diferente manera. Admito que sigo recordando todo lo que pasó, todo lo que sentí por ti, pero sé que con el tiempo, con Andreas a mi lado y Andrew al tuyo, los dos lo superaremos Bill, y… Sólo será un bonito recuerdo —suspiré, acariciando su mano y él asintió también de acuerdo con mis palabras.

— ¿Sabes que siento raro? —dijo comenzando a caminar por el pasillo entre los árboles, hacia donde estaban los demás invitados, con sus manos metidas en los bolsillos.

— ¿Qué?

—Que todo esto empezó tan mal… Y ahora está todo bien. Todo perfecto. ¿Crees que haya sido cosa de Simone y Sebastian? —Miró el cielo, dando a entender que tal vez ellos nos habían ayudado desde ahí, con algún tipo de magia angelical o algo parecido.

—Creo que el destino está escrito. Y que simplemente somos sólo parte de ese juego… —Alcé mis hombros caminando también, mirándolo de soslayo.

—Entonces estuvimos destinados a esto desde un principio… ¿Cómo si alguna persona hubiera escrito esta historia? —Alzó una ceja, mirándome de igual manera.

Solté una risita y asentí, curvando mis labios.

—Tal vez seamos sólo personajes de esa historia…

— ¿Y por qué crees que tuvimos que haber pasado por tanto para llegar finalmente a esto?

Ya nos habíamos acercado lo suficiente a los invitados y entonces él paró su andar, haciéndome parar a mí también. Nos miramos a los ojos y entonces respondí:

—Porque tiene que ser divertido, ¿no crees? Si todo fuera tan fácil y simple en la vida, o en esta historia, no tendría sentido. —Volví a alzar mis hombros y él rió por lo bajo.

—Tomy… —Miró a la gente y luego me miró a mí.

— ¿Sí? —ladeé mi cabeza esperando a escuchar lo que me pediría.

— ¿Me prometes que cuando estemos viejitos, contaremos todo esto y ya no dolerá, ni nos arrepentiremos, ni nada por el estilo? ¿Me prometes que nunca te separarás de mí y siempre estarás cuando te necesite?

—Lo prometo —alcé mi mano en señal de promesa y él rió al igual que yo.

—Es una promesa entonces.

—Lo es.

Ambos nos sonreímos y supimos que ahí estaba todo. Supimos que lo superaríamos, que lograríamos recordar todo como algo bonito y seríamos felices con nuestros Andy’s. Supimos entonces que todo había llegado a su fin y que tal vez nuestro «felices para siempre» sí existía, pero de diferente manera…

F I N

Gracias por la visita.

por Lenz Schwarz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!