Obsesión sexual 11

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Capítulo 11

Por Bill

Estaba acojonado, se le notaba.
Le observé atentamente desde mi posición. Puse ambas manos en sus hombros y presioné un poco. Él hizo una mueca con la cara pues le clavé las uñas, fue intencionadamente, si.
Estaba furioso, quería vengarme.
-¿Estás bien..? – pregunté teatrero al ver su expresión.
-No, no quiero Bill… lo retiro ¿vale?… Vamos a hacerlo como siempre… – Le tapé la boca con la mano mientras le miraba autosuficiente desde arriba, él frunció en entrecejo ante mí gesto insolente.
-Cierra el pico Tom, bastante te has divertido manejando tú la situación, ¿por qué tengo yo que hacer siempre de tía? Ahora me toca a mí joderte a ti. – Él ahora alzó las cejas sorprendido.
Aparté la mano y le dejé respirar.
Me quedé así un momento a ver que decía, tras desviar la mirada se puso un brazo cubriéndose los ojos y me giró la cara.
-…Haz lo que quieras… – musitó.
Yo achiné la mirada, él sabía que me lo debía, Tom podrá ser muchas cosas malas, pero lo que jamás va a hacer es faltar a su palabra. Me lo ha demostrado muchas veces a lo largo de nuestra vida.
Si Tom Kaulitz promete algo, tarde o temprano lo acaba cumpliendo y eso a mi me venía estupendamente bien.
Será orgullo de rapero o algo así… vete tú a saber.

Paseé mis manos por su pecho rascando con las uñas suavemente, él suspiró fuertemente sin abandonar su posición.
Bajé mi boca y saqué la lengua posando la fría bolita de mi piercing sobre su piel desnuda, deleitándome con su sabor. Se le erizó la piel.
Puede parecer una tontería pero Tom sabe exactamente igual a como huele. A fresco… a hombre.
Personalmente yo prefiero el aroma dulce de las chicas, pero es que Tom me volvía loco en sí, todo él era una combinación explosiva, mi cuerpo y mis sentidos reaccionaban solamente con mi hermano, con ningún otro hombre… solo con él. No sabría explicarlo. Como ya dije una vez se deberá a un asunto de hormonas, supongo yo.
Bajé hasta su cintura y le desabroché el cinturón despacio mientras jugueteaba con mi lengua en su ombligo, esa parte de su cuerpo era realmente bonita…
-Tom…- le llamé, él tragó saliva pero no me miró. Yo bajé la cabeza mordiéndome el labio y volví a observar todo el potencial de mi hermano expuesto a mí.
Quería hacerle disfrutar, de verdad que quería, y haría cualquier cosa para que así fuese.
Me incorporé y busqué con la mirada el bote de lubricante que mi hermano había traído. Lo encontré en el suelo a un lado de la cama. Al abrirlo el aroma a fresa invadió mi nariz.
Así quizá era mucho más placentero para ambos.
Tom no se movía, ni siquiera me miraba. Yo abrí el bote y me eché una cantidad considerable en la mano, después la extendí a lo largo del miembro de mi hermano.
Pude oírle jadear suavemente.
Abrí la boca y rodeé su glande. Él ahogó un gemido que se quedó en lo más profundo de su garganta.
Después bajé hasta llegar a mi tope.
Sabía a fresa, me gustaba.
Empecé a devorarle con un ritmo desenfrenado, el sonido húmedo de mi boca y su respiración agitada era lo único que se escuchaba en esa enorme Suite.
Salí y me incorporé para mirarle. Su pecho subía y bajaba con cada respiración entrecortada, su boca estaba ligeramente abierta, pero seguía sin dejarme ver sus ojos.
Me quité la camiseta tirándola al suelo y volví a bajar agarrándole con mi mano y masturbándole con sacudidas muy rápidas, pegándole lametones en la punta de vez en cuando. Por fin oí un gemido ronco surgir de sus labios.
Yo, sonrojado y con mi respiración también un poco irregular… y ni que decir de los pelos que llevaría, sonreí. Estaba haciéndole disfrutar y eso era algo que me enorgullecía.
Ahora venía la parte delicada.
Le bajé completamente los pantalones y los boxers y se los saqué, él flexionó las rodillas y puso los pies sobre el colchón.
Me puse de rodillas en la cama y posé mis dos manos sobre las suyas, ahora alzadas. Despacio fui ejerciendo fuerza con intención de separárselas y que abriera las piernas.
Él se resistía. Cerrándolas
-Tom… por favor – él volvió a suspirar, después dejó de apretar. Yo pude sin ninguna dificultad abrírselas. Y por primera vez, pude verle.
Era algo tan íntimo que me daba vergüenza mirarle, sentía como estaba invadiendo algo muy privado y personal. Pero él me había mirado a mí en esta misma postura muchas veces, ahora me dio corte por mí, al ver yo ahora lo que mi hermano me miraba a mí siempre.
Tragué saliva algo intimidado y volví a requerir la ayuda del lubricante. Una vez me empapé la mano llevé despacio mis dedos índice y corazón hacia el único lugar virgen que quedaba en el cuerpo de mi hermano. Tanteé con ambos dedos, buscando.
Me agaché un poco girando la cabeza para ver bien por donde era y al observar que sí los había puesto en el lugar correcto empecé a hacer presión, pude percibir que Tom daba un respingo ante semejante invasión.
Seguí empujando y logre introducir un poquito de un solo dedo.
-Joder Bill… joder – por primera vez mi hermano se quejó.
Yo me alcé y le miré.
Todavía con sus ojos cubiertos por su brazo. Los dientes apretados y las mejillas ligeramente rosadas… estaba pasando vergüenza de verdad, lo estaba pasando mal. Creo que nunca en la vida le había vista tan vulnerable.
Paré.
Gateé entre sus piernas hasta llegar a su cara.
-Tom.. – le llamé mientras que agarré su brazo para que lo apartase – Tom mírame – él finalmente lo quitó y me miró.
Sus ojos estaban húmedos y enrojecidos de aguantarse las lágrimas y su expresión era como la de un niño pequeño del que estaban abusando.
Me sentí fatal. Fatal.
Bajé y le abracé fuertemente enterrando mi cabeza en el hueco de su cuello.
-Puedo esperar ¿vale? Puedo esperar…. –le dije tiernamente mientras le daba suaves besos en la cara. Noté como me rodeaba con sus brazos y un alivio se apoderó de ambos.
Había demasiada tensión, ninguno estaba preparado para hacerlo de esa forma. Si Tom lo pasaba mal yo tampoco disfrutaría, así que hasta que él no me diese su consentimiento formal, yo no le haría nada.
Que yo le hiciese el amor a mi hermano quedaba pospuesto.
Me conformaba con me le lo hiciese él a mí. Así estaba bien, a mí sí me gustaba, no había ningún problema entonces.
Cogí su cara con mis manos y le besé en los labios, pausadamente, despacio, varios besos cortos y después otros más profundos.
-Ummmh… Bill sabes a fresa.. – sonrió Tom. Yo le imité.
Me incorporé quedando sentado en su estómago. Me extendió los brazos y yo tiré de él hacia arriba, quedando sentado en la cama y yo sobre él.
Ambos medio gemimos al notar nuestras erecciones chocar.
Había otras muchas formas de hacer el amor, así que ahora íbamos a poner en práctica una que nos gustaba a ambos.
Y fuera tensiones y malos rollos.

&

Tom se había quedado dormido.
Ya era muy entrada la noche. Habíamos hecho el amor dos veces. Tras la segunda Tom cayó rendido. Dormía boca abajo, con ambas manos debajo de la almohada y la cara girada hacia donde yo estaba. Las sábanas le cubrían hasta la cintura dejando ver su imponente y bronceada espalda. Sus rastas cogidas en una cola alta yacían esparcidas por su cuello y hombros.
Hinqué un codo en la almohada sujetando mi cabeza en mi mano y le observé.
Recuerdo que pensé en lo hermoso que era.
Era delgado sí, pero estaba fuerte, potente, marcado. Era sensual, todo él, era como una obra de arte, como si hubiese sido creado para ser deseado.
Sus lindas fracciones y su imponente cuerpo. Como una estatua griega. Era un pecado ser tan perfecto…
Me concentré en su rostro. Su expresión estaba llena de paz, como si nada en el mundo le preocupase. Le miré atentamente deteniéndome en sus labios.
En cierto modo eran iguales que los míos, pero, como lo diría… eran totalmente diferentes, no sabría explicarlo. Me gustaban, me encantaban, tenían una forma preciosa, el piercing era como parte de ellos, los labios de Tom no serían lo mismo sin esas bolitas metálicas.

Abrí mucho los ojos y sacudí la cabeza, estaba mirando a mi hermano embobado… y lo peor es que no era capaz de pensar nada malo de él.
Me atrevería a decir que yo era la única persona en el mundo que le veía defectos a Tom. Precisamente porque llevo toda la vida con él. No le podía ver como el perfecto guitarrista de Tokio Hotel, simplemente era el inútil de mi hermano y ahora no soy capaz de encontrarle nada feo. Nada.

Suspiré y me dejé caer boca arriba en la cama. Yo se muy bien que está pasando. Soy completamente consciente de cual es mi situación.
Empecé todo esto como un asunto superficialmente carnal y ahora estoy completamente enamorado de mi hermano.
Y no soy estúpido… aunque a veces lo parezca o me lo haga muy bien, no lo soy.
Se que Tom no siente lo mismo, para él esto no es más que sexo. Una forma nueva y apasionante de mantener relaciones. Se que le gusta estar conmigo, se que me necesita, a mí me pasaba lo mismo antes de enamorarme de él. Somos gemelos, si nos separan nos morimos.
Vale, lo del sexo se sale de lo normal, pero nosotros dos éramos los gemelos más raros del planeta. Totalmente opuesto e increíblemente descarados… somos descarados hasta el punto de follar entre nosotros y quedarnos tan panchos.
Lo que yo ahora me pregunto es si acabaré sufriendo con todo esto…. Seguramente si, Tom acabará cansándose de mí. Tarde o temprano vendrá a decirme que lo dejemos, que es muy arriesgado.

Empecé a notar como la habitación se inundaba de agua, parpadeé y todo volvió a la normalidad solo que dos lágrimas se resbalaban por mis mejillas lateralmente. Apreté los dientes y me llevé ambas manos a los ojos presionando con fuerza.
Me daba rabia llorar, así solo demostraba lo débil que soy y lo perdido que estoy.
Le tengo durmiendo a mi lado pero en el fondo siento que es inalcanzable para mí. Porque su cuerpo es mío… pero yo quiero lo que no tengo.

Oí como Tom se movía. Aparté las manos de mis ojos inundados en lágrimas y le miré. Se estaba cambiando de postura. Se puso de lado hacia mí y abrió un poco los ojos.
-Bill… – dijo con voz rasposa – ¿Qué te pasa? – alzó un poco la cabeza al darse cuenta de mis lágrimas.
-Nada.. – respondí limpiándomelas, pero no dejaban de salir.
Él parpadeó varias veces, intentando volver a la realidad al notar que algo no iba bien. Se acercó a mí y me rodeó con sus brazos. Nos quedamos frente a frente con nuestras narices rozándose.
Alzó un brazo y me empezó a secar las lágrimas con el reverso de su mano.
-¿Por qué lloras? – me preguntó. Yo cerré los ojos y puse mi mano también en su mejilla, rascando suavemente con mis uñas.
-Una pesadilla… – mentí.
Tom se acercó dándome un suave y prolongado beso en la frente.
-No temas… yo estoy a tu lado. – dijo quedándose ahí, con sus labios pegados a mi frente. Yo apreté los dientes y los ojos y sin querer exploté en sonoros llantos. Él al oírme me empezó a dar besos por donde alcanzaba, mi cabeza, mi cara, mi hombro, intentando reconfortarme y consolarme.
Si era tan dulce conmigo es por que podía haber algo más ¿no? ¿Existía la más mínima posibilidad de que yo esté equivocado y mi hermano me corresponda?
-Tom… – susurré con mi cara enterrada en su pecho.
-Dime – su voz… esa voz tan única, ese tono en el que me contestó, algo tan estúpido como un simple “dime” me pareció de lo más íntimo.
Tragué saliva y se lo dije.
-Te quiero.
No respondió. Nada. Se quedó callado mientras sus dedos masajeaban mi pelo suavemente. Después oí como suspiraba.
-Enano… – me susurró besándome de nuevo donde alcanzaba.
-¿Tu… tu me quieres a mí?
-Más que a mi vida.
Las lágrimas se volvieron a desbordar sin remedio.
No quise saber más, no se si lo dijo con sentido fraternal o eran palabras de amor.
Yo también le quería más que a mi vida. Y para mí, era más que suficiente.

Continúa…

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!