Obsesión sexual 14

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Capítulo 14

Por Tom.

Había algo… como algo dentro de mí que se había instalado allí sin mi permiso. Un intruso.
Iba pasando el tiempo y a mi cada vez me costaba más negármelo a mí mismo, pero aun así seguía haciéndolo.
Era algo que se me escapaba, no lograba entenderlo.

Como siento de dejo de respirar hasta que él desvía los ojos de mí.
Como noto que sería capaz renunciar a todo con tal de que él sonría.
Como siento que me están retorciendo el corazón cada vez que le veo llorar… por mi culpa…
Como tiemblo cada vez que me da un simple beso.

“Dime que me amas Tom… necesito oírlo, necesito que me lo digas de una vez…”

La barrera se rompió… mis palabras fluyeron, hablándole desde lo más profundo de mi corazón:

“Te amo…”

No había nada más que aparentar, no quería seguir engañándome a mi mismo y haciéndome el soberbio, el indiferente, el superior…
Bill estaba sufriendo…
¿De verdad me costaba tanto reconocer que me había enamorado?
¿Soy capaz de dejarle sufrir solo con tal de no tener que humillarme confesándole que yo siento lo mismo…?

…Se acabó.
Amo a mi hermano gemelo, le amo tanto que siento que soy incapaz de seguir respirando si él no está a mi lado para darme aire.
Era algo tan supremo. Antes de enamorarme de él ya le quería más que a mi propia vida. Mi hermano gemelo, mi pequeño Bill. No podía imaginar mi vida sin él… siempre le tenía caminando a mi lado, siempre juntos y ahora, era algo desesperado, necesitarle el doble, el triple, necesitarle para todo.
Era como una enfermedad… como una adicción. Bill era la más dulce de las adicciones y yo estaba enganchado.
No hay más que decir, no hay más que hacer, estamos juntos en esto, nadie más pinta nada aquí.
Él… mi Bill, mi vida, mi amor, mi todo… solo él y yo.

Jamás voy a volver a hacerle daño… si Bill vuelve a sufrir otra vez por mi culpa me corto las rastas como castigo, lo juro.
Primero Bill… y después todo lo demás.

&

Eran las tres de la tarde. Yo estaba dentro de mi coche esperando a que Bill saliese del hotel. Nos teníamos que ir. En una mano tenía un polo de chocolate que me estaba comiendo. No es que hiciese calor, pero me dio el antojo. Le daba bocados mientras que mis ojos estaban clavados en la pantalla de mi móvil.
Mientras esperaba me entretuve en borrar los números de teléfono que quedaban en mi agenda. Números de chicas con las que me había acostado… con las que había tenido algo.
Ya no las necesitaba para nada.
Tenía a Bill, y podía sentir perfectamente como él me daba absolutamente todo lo que necesitaba. Me llenaba en todos los sentidos, me daba todo lo que una persona le pide a su pareja sentimental: Amor, compañía, complicidad, buenos momentos, cariño, sexo….

Giré la cara como si un sexto sentido se hubiese apoderado de mí y miré hacia la entrada del hotel. Yo estaba aparcado en la cera de enfrente, camuflado detrás de un enorme camión.
Saki salió acompañando a Bill llevándolo agarrado del brazo, en gesto protector. Había unas ocho chicas en la puerta que se acercaron a pedirle un autógrafo. Bill se paró ante la molesta mirada de nuestro guardaespaldas y sonriendo radiantemente empezó a atenderlas una a una.
Bajé la mirada a mis pantalones viendo como un trozo de chocolate yacía en ellos. Me había quedado embobado y se me estaba derritiendo el polo.
Después de limpiarme volví a mirarle.
Unos pantalones vaqueros simples. Un cinturón negro con una hebilla de lo más normal. Un gersey negro liso, era de manga larga pero él lo llevaba arremangado hasta los codos.
Las muñecas desnudas, ni un solo complemento, solo un bolso que tenía agarrado malamente con su mano izquierda. El pelo liso, con la mitad del flequillo sobre la cara. Unas enormes gafas de sol y la más preciosa de las sonrisas dibujada en la cara.
¿Como podía antojárseme tan arrebatadoramente hermoso con ese aspecto tan demacrado?

Estaba claro, había aprendido a mirar más allá de él. Más allá de lo que mostraba al mundo entero e incluso a mí mismo. Pero yo logre verlo… y era infinitamente mejor, puedo asegurarlo.
Fue entonces cuando supe con clara certeza lo enamorado que estaba de Bill.
Y mientras se acercaba al coche guardando el permanente recuerdo que pensé que sería capaz de darlo todo por él. Todo.

Abrió la puerta y se metió. Sakí me saludó y volvió al hotel. Las chicas se quedaron mirando desde lejos y comenzaron a acercarse sigilosas, no habían reparado antes en que ese era mi coche.
Arranqué y me puse el polo en la boca maniobrando con las dos manos para salir de allí antes de que se acercasen más.

Conducía con la vista fijada en la carretera mientras Bill dejaba su bolso atrás y se abrochaba en cinturón.
Tenía una mano sobre el volante y con la otra agarraba el dichoso helado. Le di un último bocado y se lo extendí a Bill. Necesitaba cambiar de marcha.
-¿Y esto? – preguntó cogiéndolo.
-El chocolate me relaja.
Le miré y él me sonrió… fue una sonrisa de complicidad, no de felicidad. Se volvió y comenzó a darle pequeños lametones. Yo le miré de reojo con ahora la mano puesta sobre la palanca de marchas, que guapo era coño.
-Tom – me llamó al momento.
-¿Hmm?
-¿Sabes llegar?
-No.
Nos quedamos en silencio. El se giró y cogió su bolso rebuscando en él. Sacó el papelito con la dirección.
-Dice “edificio Santa Mónica”
-Pues tendremos que preguntar. – dije cogiendo la autopista.
-Si preguntamos nos reconocerán.
-Lo harán de todos modos. Hace tres días que dimos un concierto allí, estamos por todas partes. – él resopló.
-Igual nos tendríamos que haber disfrazado un poco…
-Paso. – dije cortándole. Vi por el rabillo del ojo que me miraba. Ambos llevábamos puestas las gafas de sol, no nos estábamos exponiendo al otro totalmente. Estábamos algo nerviosos y cohibidos. Cuando no me deja ver sus ojos me cuesta más adivinar si le pasa algo y en caso de que así sea, averiguar que es.

No hablamos mucho más durante el camino. Era mucha la tensión que se palpaba.
Cuando finalmente llegamos, Bill tuvo que abrir la ventanilla en más de una ocasión y preguntar por el lugar. Intentamos preguntar solo a personas mayores para no exponernos demasiado a ser descubiertos.
Finalmente nos dieron la indicación adecuada. Un edificio de grandes cristaleras azules.
Pagué para tener acceso al parking interior para más seguridad. Nos exigieron identificarnos antes de dejarnos entrar en los aparcamientos. Cuando bajé el cristal de la ventanilla y el joven segurata nos vio se puso nervioso de inmediato.
-Pasen… – dijo solamente.
Por lo visto era un enorme edificio de empresas o algo así. Parece ser que la seguridad estaba autorizada a dejarnos pasar.
Esto me gustaba cada vez menos…

Al llegar a la recepción principal la joven y guapa recepcionista cogió el teléfono antes de que pudiese decir nada. Cuando colgó nos dirigió una cálida sonrisa, se nota que nos conocía.
-Por favor, pasen, les están esperando – Hija… si supieses por que estamos aquí no me sonreirías de ese modo. – Planta 15, adiós buenas tardes.
Yo me giré dirigiéndome al ascensor. Bill caminaba a mi lado sin decir nada.
Al entrar en el ascensor cada uno se apoyó en una esquina. Totalmente separados, ya habíamos escarmentado. Nunca más en ese maldito lugar.
Al salir otra muchacha joven vino a recibirnos y sonriendo nos condujo hasta donde era. Ella entró primero.
-Pueden pasar. – Noté como Bill me agarraba de la mano al instante. Me volví para mirarle alarmado. Estaba temblando muchísimo, pero su expresión no me dejaba ver nada.
Entrelacé mis dedos con los suyos y entramos a enfrentarnos con ese hijo de puta.

Era un lujoso despacho el que se extendía ante nosotros. Enorme y en sí, acogedor, aunque a mí en ese momento me parecía el mismísimo infierno.
Nos quedamos parados en la puerta, oyendo como la joven la cerraba a nuestras espaldas. Vimos al tal jodido encargado del hotel sentado en su mesa y escribiendo algo. Nos miró unos instantes reparando enseguida que íbamos cogidos de la mano. Después volvió la vista a su tarea y por fin habló.
-Bill y Tom Kaulitz, pasad por favor, sentaos – Caminé arrastrando a Bill de la mano y nos sentamos en frente de su mesa sin soltarnos. Él se quitó las gafas de leer y nos miró entrelazando ambas manos delante de su cara. –Bueno. Soy Nicolás Banner el encargado de…
-¡Me importa una soberana mierda quien seas! – exploté cortándole – ¡dinos de una vez que es lo que quieres para que mantengas el pico cerrado y no mostrar lo que has visto!
Él se sorprendió un poco pero después sonrió. Bill estaba con la cabeza gacha y apretaba mi mano.
-Vaya, vaya, que carácter Tom Kaulitz, supongo que es una situación un tanto delicada para vosotros. Que se sepa que mantenéis relaciones sexuales seria un gran escándalo, sobre todo para vuestro grupo.
La mano de Bill tembló ahora más exageradamente que antes. Era todo lo que habíamos temido.
Mi hermano levantó la cara y habló.
-¿Cuánto pide por no mostrar ese video? – Bill siempre tan educado, ni siquiera le tuteó, yo me removí en mi asiento, de los nervios.
-Veras Bill, yo soy un hombre de negocios, claro que nunca me había encontrado en una situación así. Pero no quiero dinero.
Puf… si no quería dinero ahora si que estábamos jodidos. Esto no me estaba gustando nada.
-Pues si no es dinero lo que quiere no creo que podamos ofrecerle mucho más – dijo Bill algo desconcertado.
-Te equivocas Bill… oh, por favor, quitaos esas enormes gafas de sol por favor, es de mala educación. – Bill me miró y se las saco sujetándolas con dos dedos, dejando ver sus ojos ligeramente maquillados y enrojecidos. Había estado llorando otra vez.
Yo a regañadientes le imité.
-Mucho mejor – sonrió satisfecho. Abrió la tapa de su portátil y después de estar trasteándolo unos segundos le dio la vuelta hacia nosotros.
Vimos como se cargaba un archivo de vídeo.

-¿Qué es lo que te has creído? Estoy muy enfadado Bill, no vuelvas a tocar a una chica de ese modo en mi presencia, jamás.
-Hmmm Tom, pero es que era tan mona.
-Tú eres mió Bill solo mío…

Maldito hijo de puta…
Bill desvió la mirada. Yo no, yo seguí mirado. El video era en blanco y negro pero se nos distinguía perfectamente, tenían hasta micrófono en la cámara y estaba tomado desde una perspectiva alta pero se veía todo muy bien.

-Tom… quítate los pantalones, necesito que me folles ya…
-Date la vuelta..

Bill se puso una mano en los ojos totalmente avergonzado.
Yo me moría por partirle la cara a ese cerdo cabrón. No había nada que hacer, estábamos en sus manos. El video era claramente explicito.
Se empezaron a oír nuestros gemidos. Bill estaba inmóvil mirando hacia otro lado con los ojos tapados, sé como se sentía, además de avergonzado, humillado… en todos los sentidos.

-Ya es suficiente – dije en tono firme mirando con odio a ese tío.
El sonrió siniestramente antes de dar la vuelta al portátil y parar el video.
-Me ha gustado mucho vuestro pequeño secretito, no recuerdo cuantas veces he visto este video en estos tres días.
Me hervía la sangre, era un jodido cerdo pervertido…
-¡Déjate de gilipolleces! – me levanté de la silla y le di una patada mandándola al lado de la puerta. Bill me miró escandalizado. – ¡Que cojones quieres de nosotros!
Él sin ni siquiera inmutarse cerró la tapa del portátil y nos miró de nuevo.
-Quiero verlo en directo, quiero verlo aquí y ahora.
Bill se llevó ambas manos a la cara y empezó a llorar. Yo me volví a la puerta y apreté mis puños y mis dientes todo lo que pude intentando contener mis ganas de matarlo a puñetazos.

Nos estaba pidiendo que lo hiciésemos delante suya… vender nuestra intimad de nuevo a un cabrón depravado. Esto era infinitamente peor que pagarle con nuestro sueldo de todo un año.
Y yo…yo no podía hacer absolutamente nada…

Continúa…

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