«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 16
Por Bill
-¿A dónde quieres ir?
Tom interrumpió mis pensamientos. Dejé de mirar por la ventanilla y giré la cara, vi como le daba volumen a la música mientras cantaba o más bien parloteaba o rapeaba, como se llame.
-Eh, eh, no abuses que todavía la quito. – repliqué y la bajé.
-Perdona que te diga pero es mi coche con lo cual se oye lo que… – se cayó e hizo una mueca de estar aguantándose la risa en cuanto me quité las gafas y le miré con los ojos entornados y las cejas alzadas. – …vaaaaaale, como la señorita quiera.
-¿Señorita? – repetí indignado. Ahora se va a cagar. Bajé la ventanilla y grité – ¡TOM KAULITZ ES UN PERVERTIDO Y LE GUSTA DAR POR EL… – Tom dio un volantazo y tiró de mí hacia dentro, después cerró mi ventanilla desde su lado del coche.
-¿Tu eres gilipollas o te entrenas? – dijo parando el coche a un lado de la carretera.
-Oh vamos Tom, estamos en medio de la autopista nadie se ha enterado, no seas paranoico. – Me eché hacia atrás en el asiento cruzando los brazos.
El suspiró y paró el motor dejando caer los brazos a ambos lados de su cuerpo.
-Estoy de los nervios, en serio – me confesó.
-¿Crees que enseñará el video a alguien?
-Creo que ya lo han visto varias personas… pero bueno, más le vale tener controlada la situación, más le vale.
Me incliné hacia él y le puse una mano en el muslo apoyándome. Después acerqué mi cara a la suya y le di un suave beso en la mejilla.
-Tranquilo Tom… yo me fío de él. No tenía cara de mala persona. Cerdo y asqueroso si era pero no creo que tenga tanta mala leche como para… ya sabes. – Mi hermano me rodeó con su brazo la cintura pegándome más a él.
-Ojala tengas razón. – Giró la cara y rozó sus suaves labios con los míos. – ¿sabes que has estado increíble hoy? – susurró. Yo sonreí un poco avergonzado. Me da la vena cuando estamos en mitad de la faena pero en serio… después me muero de la vergüenza.
-Tu también – saqué la lengua dibujando el contorno de sus labios con ella. El se los relamió y abrió la boca para abarcar la mía completamente.
-Hmmm… – me entregué al beso. Tom alzó su otra mano y la posó en mi cara, la movió hacia atrás introduciéndola en mi pelo y cerrándola una vez lo había agarrado. Me dio un suave tirón haciendo que girase la cabeza para cambiar de posición, yo obedecí notando como su experta legua acariciaba la mía con suaves roces mientras sus labios se movían llevando ese beso a su antojo.
Nos separamos haciendo un sonido húmedo y nos quedamos mirándonos muy cerca.
-Me vuelves loco cariño… – susurró jadeando suavemente.
Noté como me ruborizaba. Le ha dado por llamarme que si “cariño” que si “mi vida”… En serio, ¿Qué ha pasado con mi hermano? Nunca jamás oí a Tom decir semejantes cursiladas. Se me hace tan extraño que parece otra persona, parece otro chico que no es mi gemelo, un chico del que me he enamorado locamente.
-Esa fue siempre mi intención mi amor… – dije en plan diva con algo de verdad y algo de jugueteo en mis palabras.
Él se quedó pensativo unos instantes mirando hacia delante y después fue cerrando los ojos lentamente y suspiró.
-No puedo creer que haya caído en tus redes… con lo que yo era antes…
Abrí la boca indignado y me eché en mi asiento alejándome de él.
-Oye que si eras más feliz antes con tu media de tres tías por noche nadie te está obligando a seguir con esto. – Me miró con cara de incredulidad, yo dije eso pero en realidad pensaba todo lo contrario, se veía a la legua.
-Hmmm quizá tengas razón, las tías se van a extrañar y van a empezar a sospechar y…
-Arranca. – le corté.
-¡Jajajajajaja! ¡Picajoso! – se echó hacia mí e intentó besarme pero yo me aparté.
-No, vete con tus chicas que son mejores que yo.
-Nadie es mejor que tú – me susurró al oído, yo me derretí como un polo bajo el sol. Como me sabía camelar. Pero aún así tengo que mantener el poco orgullo que me queda con él, ya que en la cama lo pierdo todo…
-Dime que soy mejor que cualquier chica con la que hayas estado. – dije mirándole con los ojos entornados, el hizo media sonrisita y sin separarse mucho de mí habló:
-Eres mil veces más increíble, guapo y adorable que cualquier chica con la que haya estado. Te quiero como no he querido nunca a una tía. Cuando hacemos el amor siento que me teletransporto al mismísimo paraíso. Adoro todo tu ser… desde cuando te ríes a carcajadas a cuando me mandas a la mierda… me encantas, y por supuesto ni que decir cuando te pones modosito en la cama. Bill algún día de estos voy a comerte y no quedará nada de ti.
…….
Mi boca era una perfecta “O”
Ya en serio ¿Quién era este tío?
Mi hermano… “mi Tom” nunca jamás habría dicho todas esas cosas. Se me hacía tan raro oírle ahora. Me supongo que este es el comportamiento de Tom cuando se pilla por una tía, cuando salimos con alguien nos ponemos tontos con la pareja y chulo con los amigos.
Pues ahí estaba la cosa.
Yo antes era “ese amigo” al que Tom contaba sus movidas con las tías y ahora soy “la tia”
“Bill ayer me follé a una rubia de escándalo tenía unas tetas que lo flipas, mañana he quedado con ella otra vez y la voy a matar a polvos”
Y después con la tía seguro que era algo así:
“Oh, preciosa ha sido espectacular hacer el amor contigo, creo que me estoy pillando por ti, ¿te apetece que quedemos mañana? No se si podré esperar para hacerte mía de nuevo”
O algo así.
Hmmmm…. Como si lo hubiese parido, coño que es mi gemelo le conozco a él mejor que a mi mismo.
Será por eso que he pasado de ser su hermano-colega confidente al que le cuenta sus rollos a ser su… novio.
Todavía no me acostumbro a esas palabras.
Abrí los ojos y me separé de sus labios.
Casi sin darme cuenta me había abalanzado sobre ellos después de haber soltado todo aquello.
-Ahora entiendo por qué las tías están todas locas por ti. – dije frotando mi nariz con la suya.
-Lo mismo digo.
Sonreímos a la vez abrazos como dos tortolitos.
Desde luego… este enchochamiento que teníamos el uno por el otro no era normal, y estoy seguro que nos vamos a llevar otro susto como no nos comportemos de aquí en adelante. Coño que somos lo más descarado que pisa el planeta
…Es que cada vez que me acuerdo de lo del ascensor…
-Tom vámonos ya de aquí anda – me separé de él y me abroché el cinturón.
-¿Y bien? ¿A dónde te llevo? – dijo poniendo ambas manos en el volante una vez arrancó.
-¿Una cita? – dije con los ojos centelleantes
-En toda regla, tu decides
Di un par de botecitos en el asiento mientras daba palmas. ¡Chachi! Nuestra primera cita.
-Pueeeees primero vamos a comer un helado.
-Hmmm venga vale, vamos a por un helado. – puso el intermitente mientras miraba por el espejo retrovisor esperando que ni viniese ningún coche.
Yo desvié los ojos de él, otra vez me había quedado pasmado mirándole, no era posible que Tom cada día me gustase más y más… no era posible.
&
Tom aparcó lo más cerca que pudo de una heladería que divisamos.
Nos bajamos los dos y caminamos hasta allí charlando animadamente. Corríamos el riesgo de que nos reconociesen ya que no íbamos disfrazados en absoluto. Solo con las gafas de sol.
La ciudad estaba concurrida y habíamos dado un concierto aquí hacia tres días.
Era una autentica locura.
Pero las locuras hacen que vivir sea más excitante…
Tom entró delante de mí. Había varias personas comiendo que se giraron a mirarnos, yo sonreí al darme cuenta. La chica que atendía se quedó con la boca abierta.
-Ho… hola ¿Qué te pongo Tom? – saludó a mi hermano, él miraba los sabores con una mano en la barbilla.
-Eh Bill, mira, ese tiene muy buena pinta ¿de que es? – preguntó a la chica señalando con el dedo en el cristal.
-Eh.. ¿cu… cual dices? – yo sonreí otra vez, tartamudeaba y todo, que mona.
-Ese, el que parece de chocolate que tiene trocitos. – señaló Tom más insistente pegando la visera de la gorra en el cristal.
Empecé a oír una risita detrás de mí, había un par de chicas que cuchicheaban y sonreían, una con las manos en la boca y otra rebuscando algo en su bolso. Las miré y sonreí. Ellas dieron un pequeño chillido.
Ya la estábamos liando y todavía no habíamos pedido
-Tom ¿te quieres decidir de una vez? – dije acercándome y mirando yo también los sabores.
-Ya me he decidido – dijo con un tonito de burla.
-A.. Aquí tienes, muchas gracias – La chica le tendió con manos temblorosas un cucurucho con una enorme bola de chocolate. Tom la agarró sonriendo.
No pudo esperarse y empezó a comer, yo miré a la chica sonriendo. Ella se mordió el labio inferior, los ojitos le brillaban.
-¿Se pueden mezclar sabores? – pregunté.
-Si, claro que sí Bill… – parecía que se iba a poner a llorar o algo. Me pedí un combinado de fresa y natachoc.
-Tom paga – le dije cogiendo el mío.
-Paga tú – fui a replicar pero noté como nos llamaban a las espaldas.
-Perdonad… ¿podríamos haceros una foto por favor? – Nos volvimos y eran las dos chicas de antes.
Yo miré a Tom, el se encogió de hombros sonriendo.
-Claro – dije. Mientras se ponía primero una y después la otra nos parloteaban de lo increíble que estuvo el concierto, que ambas fueron, que son fans desde no se cuando… Toda la heladería nos miraba, ya se estaban levantado un par de personas más, torcí los labios y tiré de Tom. O nos íbamos o marabunta.
-¡Adiós, gracias! – dijo la chica del mostrador inclinándose hacia delante. Yo ya en la puerta me bajé un poco las gafas y le guiñe un ojo.
Pude ver como agachaba la cabeza y se ponía ambas manos en la cara.
Ayyyy… que me las como, que monas que son coño.
-Tu, ya está ¿no? – me dijo Tom de camino al coche.
-¿Qué dices?
-Que pares ya de tontear con las tías, primero la del concierto y luego esta, no me puedo descuidar.
Le miré con la boca abierta.
-¿Estas celoso? –le empujé suavemente con mi hombro en el suyo.
-No.
-¡Mira, son Bill y Tom!
-¿Qué dices tía? Eso es imposible.
-¡Que no! ¡¡Mirales allí!!
Me giré y vi a otro grupo de chicas… ¡coño eso no era grupo eran una clase entera! Vi que algunas llevaban complementos nuestros, una llevaba un bolso y otra una camiseta ni más ni menos.
-Tom… – dije con voz temblorosa. Él sonrió y me cogió de la mano echando a correr de repente.
Pegó tal tirón de mí que casi me caigo.
Se metió por un callejón y siguió corriendo, dejamos el coche atrás. ¿¡Que demonios hacía!?
-Oh, cojonudo… – le oí decir. – ¿te apetece ir al cine?
Miré y vi como Tom se dirigía a un enorme centro comercial.
-¡Estas flipao Tom! ¿¡Que nos van a comer!? ¡Volvamos al coche…!
Tom paró de correr pero siguió andando a paso liguero arrastrándome con él.
Entramos en el centro comercial jadeando y entonces me soltó. Como siempre algunas personas se giraron para mirarnos. Tom me miró y me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiese, echó a andar con una mano en el bolsillo y en la otra sujetaba el helado dándole grandes bocados.
Yo caminé detrás de él y fui a decirle algo pero me quedé embobado mirando el escaparate de la tienda de bolsos de la firma Louis Vuitton.
-La leche…. – me acerqué al cristal y pegué la nariz. Se me caía la baba.
Noté un rostro pegado al mío en la misma posición que yo, empecé a reírme.
-Estos son bolsos de tía. – dijo mi hermano sin despegar la nariz del escaparate.
-¿Por qué? ¿Dónde dice eso? – dije entre carcajadas, cada vez se nos quedaba mirando más gente, ya la estábamos liando otra vez.
-¿Quieres entrar? – Yo asentí con la cabeza varias veces. Él suspiró y me dio un leve empujón haciéndome entrar.
-Hola, buenas tardes, ¿Qué desean? – nos saludó la dependiente con una expresión rara. Era una mujer mayor y nos miraba alternativamente a mi hermano y a mí.
Tom con cara de chulo pollas dándole bocados a su cucurucho de chocolate, un tío con ropas anchas y gorra en una tienda de bolsos de firma, no pegaba ni con cola.
Y yo, todavía jadeante, con mis pintas de soso que llevaba hoy, ni que decir de los pelos que tenía y el helado de fresa derritiéndose y manchándome la mano derecha.
-Eh.. Ah… -Balbuceé. Le tendí mi cucurucho a Tom que lo cogió sin entender y saqué un pañuelo para limpiarme la mano, la mujer me seguía mirando con cara de “niño ¿sabes donde te has metido?”
-Ese de ahí está guapo ¿no? – señaló Tom con el cucurucho en la mano un bolso negro con hebillas plateadas. No estaba nada mal.
-Ese tiene un precio de 495 euros. – dijo la mujer desde el mostrador. A Tom se le desencajó la mandíbula.
-¿Qué me estás contando..? – yo le di un empujón para que cerrase el pico.
-Jaja, no, verá estaba pensando en un modelo más casual, y algo más pequeño que ese. – dije yo acercándome al mostrador y dejando a Tom cuartillando con mi helado.
-Oh, pues… – la señora se dirigió a una estantería y se puso a enseñarme modelos.
Después de cruzar unas cuantas palabras ella se dio cuenta de que yo, obviamente, entendía del tema, empezamos a discutir con que ropa pegaba más llevar este bolso o aquel.
Me giré con uno en color blanco en las manos.
-Mira Tom, este es precioso – él hace rato que estaba sentado en un sofá que había allí en su típica postura de vacilón, con las manos encima del cabecero y tamborileaba los dedos. Con lo que pude entender que se había comido su helado y el mío…
Me miró y esbozó media sonrisa, después se bajó un poco las gafas de sol.
-Si, es perfecto para ti, cariño. – Me dio un vuelco el corazón. La mujer alzó las cejas y nos volvió a mirar alternativamente algo sorprendida.
-Eh… pu.. Pues me lo llevo – se lo tendí enseguida, totalmente cortado, será idiota…
-Oh claro… – la tía me miraba con una cara rarísima, que corte coño.
Salimos de allí, yo sonreía de oreja a oreja mientras Tom se guardaba su monedero en el bolsillo de atrás de los pantalones con cara de mala hostia.
-Me vas a arruinar.
-Pero este era más barato – yo puse morritos.
-¿Por qué coño te lo tengo que comprar yo?
-Por que el novio siempre paga. – me crucé de brazos encarándome a él.
-Tu también eres mi novio – él imitó mi postura.
-Pero tu eres el que domina, tu me das a mi en la cama, si quieres cambiamos las tornas y yo hago de tío – bajé la voz y acerqué mi rostro al suyo. El se quedó con la boca abierta para responderme pero no pudo articular palabra.
Ja. Gané, Bill 1 Tom 0
Me dio la espalda y echó a andar de nuevo. Me reí poniéndome a su altura.
-¿Y ahora que hacemos? – dije animadamente.
-Yo quiero ir a ver una película de miedo que estrenaron hace poco.
Mi rostro se ensombreció.
-De… ¿de miedo..? – Vale, ODIO las películas de miedo, son horribles y yo soy muy sensible. – Paso.
-Ah, no no no, te aguantas que me has hecho soltar doscientos euros en un bolso, no tienes derecho a negarte, me acompañas y punto.
Le miré con terror, pero él no lo pudo percibir porque las gafas de sol me tapaban medio rostro.
-No… Tom no.. – Me agarró de la camiseta por el hombro tirando de mí.
-Calla y tira.
Llegamos a las taquillas y sacó las entradas mientras a mí me acosaban un grupo de tías con grandes escotes, cuando mi hermano llegó las miró a todas con cara de perro.
-Piraos – les dijo en tono firme. Ellas como respuesta chillaron como estúpidas y le rodearon a él. Yo rodé los ojos.
Cuando nos libramos de ellas a fuerza de autógrafos y fotos entramos al cine.
Como no podía negarme le hice comprarme todo tipo de chucherias, palomitas y refresco.
-Ya está ¿no? Que el dinero no es infinito.
-Pero a ti te sale por las orejas – le dije con toda la montaña de cosas entre mis brazos.
Al llegar a la sala que era miré el cartel del film.
Me puse blanco.
La foto daba un cague inmenso. Una tía de estas de pelo largo en plan alma en pena saliendo de un espejo y los protagonistas con la cara desencajada.
Tragué saliva.
-Que miedo.. –me giré a Tom intentando darle penita y que nos fuésemos.
Me rodeó con su brazo la cintura y cogió la coca cola dándole un sorbo. Después me dio un lametón en la oreja. Se me cayó la bolsa de chuchearías al suelo.
-No te preocupes, yo me encargaré de que no lo pases mal – me dijo en tono insinuante, seguidamente se separó agachándose a coger lo que se me había caído.
Ya estaba otra vez poniéndome tonto. Me empujó con un dedo en la espalda instándome a entrar en la sala oscura, yo sin más obedecí.
Mientras entraba noté como su dedo bajaba por mi espalda y se detenía en mi culo que agarró fuertemente con la palma abierta.
Yo ahogué un gritito al sentir eso y después a Tom totalmente pegado a mi espalda rozándose conmigo, sus labios acariciando mi oreja.
-¿Alguna vez lo has hecho en el cine? – me susurró para luego despegarse.
Se me adelantó subiendo las escaleras de dos en dos mirando a ver donde nos había tocado. Yo todavía estaba paralizado en la entrada.
¿De verdad pretendía hacer guarradas aquí? Me llevé la caja de palomitas a la entrepierna intentando disimular que se me había levantado.
Después pude ver a Tom encorvado hablando con alguien de las últimas filas. La sala no estaba llena, es más, estaba medio vacía.
Me dirigí allí y pude escuchar.
-A ver tío que estos son nuestros asientos, ¿lo ves?- Dijo mi hermano señalando los papelitos. El grupo de chicos se miraron entre sí.
-¿Vosotros no sois los del grupo ese? – dijo uno.
-Tokio Hotel – dijo otro.
Yo volví a resoplar cansinamente, nada, no había manera de tener intimidad.
-Que no tío, el de gorra si se parece pero el otro no.. ¿no lleva siempre los pelos que parece que le ha dao la corriente?
-Si es verdad, el que parece maricón del culo.
-Ah ¿pero no era una tía?
-¿El que se pinta los ojos decís? Ese le gusta a mi hermana.
-No, es un tío pero es totalmente ambiguo, a mi me da cosa mirarle es siniestrísimo.
¿¡Qu.. Qu… qu…QUE!? ¿Cómo se atreven a…?
Tom me miró con cara de estar aguantando la risa, yo estaba que echaba humo… maricón… que si me ha dao la corriente.. ¿ambiguo?… ¿SINIESTRO?
-Mirad niñatos… – empecé yo avanzando un paso pero noté la mano de Tom agarrarme.
-A ver, os largáis o llamo al segurata ¿vale? Que mi novia se está mosqueando – dijo mi hermano. Yo giré la cara con la boca abierta de la indignación.
-Vale, vale tío – La fila entera se levantó y se sentaron un poco más adelante.
-Bill ya está…relájate -Tom se reía en mi oreja. Me sacudí. Estaba indignado…
-Vete a tomar porculo tu también ¿has escuchado todo lo que me han llamado?
-Si, pero ¿desde cuando te importa a ti lo que diga la gente?
Yo torcí la boca, ahí tenía razón no se porque me he picado tanto. Pero es que coño, me han avasallado, me han dejado por los suelos.
Suspiré intentando calmarme, entonces miré a mí alrededor.
Estábamos en penúltima fila, nadie detrás, nadie a los lados, nadie en la fila de adelante.
Miré a mi hermano que se había sentado espatarrándose en uno de los asientos del medio y dio un par de palmaditas en el asiento de al lado.
-Ven aquí ambiguo mío. –me dijo quitándose las gafas.
-Cierra el pico.
En cuanto me senté noté su mano presionando con ganas en mi pierna. Tom que te veo venir…
Noté como su mano subía hasta mi ingle. Apagaron las luces y empezó la película.
Tragué saliva de nuevo y recé porque nadie se diese cuenta…
Continúa…