«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 17
Por Tom
En cuanto subí la mano un poco en su pierna él me la agarró y la apartó bruscamente.
-Estate quieto –me dijo en su leve susurró sin mirarme.
Yo resoplé molesto y me hundí en la butaca poniendo los pies en la de enfrente.
Vale, no tengo por qué mosquearme, al fin y al cabo no me puedo quejar, cada vez que quiero hacerlo Bill accede, que yo recuerde nunca se ha negado. Ha sido la primera vez que ha rechazado una caricia mía….
Le miré de reojo, tenía los ojos un poco entornados y el entrecejo fruncido, como esperando a que hubiese un susto para cerrarlos, de vez en cuando se llevaba una palomita a la boca y masticaba pausadamente.
Mis ojos estaban clavados en sus labios… como se movían al masticar, como se relamía una vez había tragado, como los entreabría para volver a meterse otra palomita…
Llevé mi mano a su barbilla y se la giré para que me mirase, él me miró confundido. Me acerqué lentamente para besarle pero él se echó hacia atrás. Abrí los ojos molesto.
-¿Qué cojones te pasa?
-Que me dejes en paz Tom, no me apetece.
Me volví a hundir en mi asiento con un gesto brusco, seguro que es por lo que esos le dijeron antes, estaba molesto y ahora la pagaba conmigo.
Bah… paso.
Me concentré en enterarme de la película y pasé de Bill.
&
Di un respingo en la butaca…
Coño que susto. La niña de los cojones daba un cague inmenso, me recoloqué carraspeando un poco, entonces miré a Bill.
Tenía la cabeza gacha y con ambas manos se tapaba la cara.
Me empecé a reír bajito y me incliné tal y como él estaba intentando ver su cara.
-Bill… – susurré agarrando sus manos para que las apartara. Inmediatamente se lanzó a mi cuello rodeándolo con sus brazos y enterrando la cabeza en el hueco de mi clavícula. El impulso fue tal que me estampó en el respaldo de mi asiento.
Me reí un poco más alto. Oí como la sala mandaba a callar.
-Que os den – susurré.
-¡Sssssh!
-Jujuju… -volví a reírme bajo, cuando me entra la risa tonta no paro -Billy… ¿tienes miedo? – le dije sin dejar de descojonarme por lo bajo y rodeando su cintura con mis brazos. El se movió, pasó una pierna por encima de mis rodillas y se quedó sentado a horcajadas sobre mis piernas, todavía sin separarse ni un milímetro de mí, sin romper su abrazo.
-Tom esta película es una puta mierda. – susurró con voz temblorosa en mi oído.
-¡Jajajajaja!
-¡Que se callen! – Oí a un señor desde las primeras filas.
Intentando cortar mi ataque de risa enterré la cara en el hombro de Bill. Los míos temblaban a causa de las carcajadas ahogadas que ahora dejaba en la tela de la camiseta de mi hermano.
-Tom… para ya… no tiene gracia. – noté en su voz que estaba aguantándose echarse a reír conmigo.
Cada vez que me entra el ataque de risa arrastro a Bill conmigo, siempre. Dice que mis carcajadas son muy contagiosas.
Pude percibir como Bill también temblaba. Pero ya no era de miedo, se estaba partiendo el culo en mi cuello. Ante esto mi ataque se intensificó.
-¡Ssssssh! – volvimos a oír. Ahora reíamos al compás. Lo que pasa es que Bill es mil veces más escandaloso que yo. Le agarré los brazos deshaciendo su agarré a mi cuello y le miré a la cara sin dejar de carcajearme por lo bajo. Me puse un dedo en los labios intentando decirle que se callase. Pero es que ni yo podía a sí que acabé agachando la cabeza sin dejar de reír.
Bill se calmó y aun sentado encima de mí me zarandeó los hombros.
-Tom… o paras ya o nos echan… – me susurró bajito sin dejar de sonreír.
En cuanto alcé la cabeza me encontré con sus labios aprisionando los míos. Reí un par de veces más contra su boca pero enseguida volví a la realidad perdiéndome después en el sabor dulce de la boca de mi gemelo.
Me dolía el estómago de tanto reír y ahora me dolía aun más a causa de los nervios y el morbo de la situación…
Bill estaba sentado sobre mí, giraba su cabeza dándome profundos besos con lengua. Sus brazos estaban enrollados a mi cuello y pude percibir el leve vaivén de su cadera encima de mis piernas.
Se separó de mis labios y me echó las rastas hacia un lado dejando el lado derecho de mi cuello totalmente libre.
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza cuando noté la bolita que portaba la lengua de mi hermano hacer dibujitos en la piel de mi cuello.
Entorné los ojos y suspiré, miré hacia la sala para asegurarme de que los seguratas del cine no se coscaban. No los divise, ni estaban en la sala… perfecto.
Metí ambas manos por debajo del estrecho gersey negro que llevaba Bill y acaricié su pecho y espalda.
-Eres un cretino y un idiota – me susurró Bill al oído jadeando suavemente.
-Y tu un miedica y un calienta braguetas… hmm – me dio un bocado en el cuello como venganza.
-Cerdo depravado que solo piensas en follar… ¡au!… – Ahora fui yo quien le mordió en el cuello haciendo que se retorciese en mis brazos.
-Muñeco masoca que solo piensa en que le follen… ¡Ouch! – me pegó un tirón de las rastas mientras recorría toda su boca por la parte delantera de mi cuello mordiendo mi nuez y barbilla.
Saqué mis manos de su espalda y empecé a desabrocharle los pantalones, él me seguía mordiendo la barbilla insistentemente mientras me desabrochaba los míos, me sacudí y le estampé un beso en los labios que terminó en una lucha de lenguas.
Le alcé agarrándole de las caderas y le pegué un tirón de los pantalones hacia abajo, él se escandalizó gimiendo contra mi boca.
Era brutal… lo nuestro era deseo puro. Ardíamos al contacto con la piel del otro, Bill me hacía perder el control de tal manera que no podía pensar más allá de él, ni donde estábamos ni quien nos estuviese mirando.
Ahora mismo solo podía pensar en poseerle.
Que fuese mío una vez más.
Le hice girarse quedando ahora sentado pero dándome la espalda. Sus pantalones y su ropa interior estaban bajados hasta sus rodillas. Bill se inclinó hacia delante quedando totalmente encorvado y escondido. Con ambas manos se agarraba al cabecero de la butaca de enfrente.
Me agaché y encerré entre mis labios la piel de la zona baja de su espalda, dejando besos húmedos, abriendo y cerrando la boca, haciendo un recorrido con mi lengua, dejándole pequeñas marcas rojas.
Llegué a la zona donde empezaba su precioso trasero. Almacené saliva y escupí. El líquido bajó, resbalándose entre sus nalgas.
Me mordí el labio inferior y llevé ahí mis dedos.
-Uuuhm… ah.. Tom… -podía oírle gemir. Mis dedos se movían nuevamente dentro de su cálida cavidad. No le veía la cara, tenía la cabeza totalmente agachada, con sus manos aun se apoyaba a la butaca de enfrente.
Me agaché sobre su espalda y le besé la nuca suavemente mientras con mi otra mano busqué su más que marcada excitación.
-¿Te gusta lo que te hago Billy? ¿eh? ¿te gusta?.. – le susurré insinuante en su oído. Saqué mis dedos de dentro de él y le agarré con esa mano la cadera pegándole más contra mí. -¿Lo notas..? ¿notas cuanto te deseo?
Él volvió a gemir al contacto de mi pene desnudo contra su trasero.
Mi visión era espectacular…
Esa postura tan increíblemente morbosa en la que estaba mi hermano. Su culito desnudo presionando insistentemente contra mi erección.
-Tom… creo que deberíamos parar – se sacudió el pelo hacia un lado girando la cara.
¿Qué me estás contando? Ni de coña. Seguí rozando mi polla, presionándola entre sus nalgas.
-Pues pídemelo por favor – susurré remojándome los labios, totalmente encendido.
-Que te jodan ¡Auch!… – sin poder evitarlo le pegué un sonoro guantazo.
-Oh.. Joder que culo tienes.. – cerré su nalga entorno a mi mano, apretando fuertemente. Agarré mi miembro y lo conduje hasta su agujero y presioné.
Bill empezó a temblar, vi como cerraba las manos fuertemente hincando las uñas en la tela de la butaca.
-Tom me…me duele – pude oír.
-¿Cómo te va a doler? – susurré jadeante. Lo habíamos hecho de maneras mil veces más bestias, pensé que era puro cuento.
No le di importancia y empujé su cuerpo hacía mí, tirando de su cadera, me costó pues pude notar como Bill hacia fuerza hacia delante como retractándose. ¡Que cojones! Le pegué un tirón más brusco y conseguí penetrarle totalmente.
Soltó su agarré y pude ver como sus manos se escurrían por el respaldo del asiento hacia abajo. Por unos segundos noté como mis ojos se desviaron por completo haciéndome perder toda la visión. Era un placer… que literalmente, me nublaba la vista y la razón.
Sonó un grito colectivo en la sala.
Yo di un repullo volviendo al mundo real y Bill se incorporó rápidamente
Miré a mi alrededor y vi al segurata subiendo las escaleras mirando detenidamente en cada fila que todo estuviese bien.
-Mierda… – Le agarré de la cintura saliendo de él y le quité de encima. El se medio recostó en su butaca subiéndose los pantalones apresuradamente. Yo me guardé a mi amiguito y crucé las piernas… bueno, puse mi tobillo apoyado en la rodilla de la otra pierna.
Bill se puso derecho y se sacudió ambos lados del pelo hacia delante.
Ví por el rabillo del ojo como él guarda pasaba de largo de nuestra fila, inspeccionaba la última y comenzó a bajar con parsimonia.
-Buuuuf – suspiré, el corazón se me iba a salir del pecho y la polla de los pantalones.
Miré a Bill que respiraba entrecortadamente con la mirada clavada en la enorme pantalla.
-Te odio… – susurró sin moverse. Yo sonreí y me eché de nuevo en mi asiento intentando calmarme. Esperando impaciente que acabase la puta película para hacerle el amor a mi novio en el coche.
&
Al salir de la sala Bill me habló.
-Vamos a los cuartos de baño. – yo sonreí.
-Me gusta la idea.
-¡Que no estúpido! – se rió y me dio un golpe en el hombro. – es que va a ser imposible llegar hasta el coche sin que nos reconozcan.
-Bueno ¿y que? No te sigo.
-Tú ven conmigo. – me jaló de la sudadera y nos metimos en el servicio de tíos.
No estaba vacío, había gente dentro. Bill se giró al espejo y se recogió el pelo en un moño.
-Déjame tu gorro. – yo le miré interrogante, él me hizo un gesto con la cara para que se lo diese. Sin más me quité la gorra teniendo cuidado de no tirarme del pelo y la dejé sobre el lavabo, después me saqué el gorro dejando mis rastas completamente al aire. Se lo tendí.
Observé como se lo ponía, dejando todo su pelo escondido en él. Cuando terminó hizo una mueca con la cara.
-Estoy horrible…. – yo me reí y me puse a su lado en el lavabo, vi como varios tíos se nos quedaban mirando antes de salir.
-¿Y ahora que? – pregunté.
-Tu gorra, dámela. – le miré con las cejas en alto. Esto era de exclusiva.
-¿En serio?
-Que si coño, dámela. – Se la tendí y se la puso, giró la cara a ambos lados mirándose detenidamente. – me parezco a ti.
Y efectivamente era como una copia, de no ser por los ojos maquillados y la ropa fácil sería confundirle conmigo. Sacó de su bolso una sudadera negra con capucha, coño, ¿desde cuando llevaba eso ahí?
-Es por si me daba frío – contestó a mi pregunta mental al ver como le miraba. Se la puso y se echó la capucha, seguidamente se colocó las gafas de sol. – ¿Qué tal?
-Irreconocible… – nótese mi ironía. – ahora pareces yo.
-¿Enserio? Yo pienso que así es menos descarado que antes.
-Ah claro… – yo rodé los ojos. – ¿y yo que?
-Pues tu…- se quedó un momento pensando – tu nada. Que te pongas la capucha y te escondas esas mugrosas rastas.
-Y así estoy irreconocible vaya.
-No, mira… – se acercó a mí y me colocó la capucha cerrándome mi sudadera gris hasta arriba. – dame tus gafas – yo las saqué de mi bolsilla y se las tendí, él me las colocó y se apartó para mirarme. – ya está.
Yo sonreí, nos miramos al espejo.
-Coño ahora si que pareces mi hermano – le dije, en verdad con mi gorra y la capucha y tal se parecía a mí que no veas.
Salimos de allí en dirección al coche. Ya era completamente de noche, saqué mi móvil, eran las diez y cuarto.
Algunas personas se giraban a mirarnos, pero eso es porque somos guapos de naturaleza, pero nadie nos paró.
Al entrar en el coche Bill se sacó rápidamente la capucha y las gafas, yo hice lo mismo.
-Ja, anda listo, si no llega a ser por mi genial idea…
-Que si, que si… – le corté cansinamente. Él me sacó la lengua.
Arranqué el coche y me dirigí nuevamente a la autopista, el viaje era un poco largo.
El coche estaba a oscuras, solamente iluminado por las luces de los controles del salpicadero. Bill se había quitado todo, quedando su larga melena esparcida por sus hombros otra vez, miraba por la ventanilla recostado en el asiento y con una mano en el estómago.
No le propuse hacerlo en el coche tal y como había pensado… no se, no salió el tema, Bill tampoco mencionó nada al respecto. Pero yo sentía mi erección quemar dentro de mis pantalones.
Sacudí la cabeza, no puedo estar pensando en follar con él todo el día. Parezco un maldito desviado. Bill va a acabar odiándome si no centro un poquito mi mente en algo que no sea encularlo una media de dos veces al día.
La carretera estaba algo solitaria, no había farolas, solo las luces de la ciudad se perdían a lo lejos. Yo estaba muy atento a los carteles y las indicaciones, no tenía ni idea de cómo se llegaba, era de noche y no se veía una mierda, como nos perdiéramos verás. De repente la voz se Bill se coló entre mis pensamientos.
-Tom, para el coche.
Continúa…