«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 18
Por Bill
Decidí que era el momento de decírselo, no creo fuésemos a tener muchas oportunidades de estar a solas en el Bus. Cogí aire y me armé de valor.
-Tom, para el coche.
-¿Qué? ¿para que? ¿te sientes mal?
-Páralo, ahí mismo –Divisé una curva en la que había acceso a un camino que se adentraba a una zona con muchos árboles.
Tom obedeció sin más y metió el coche en ese camino, quedando de culo a la carretera. Paró el motor y noté como se volvía enseguida hacia mí, preocupado.
-Bill ¿Qué pasa? – Yo estaba como encogido, y jugueteaba con mis dedos sobre las rodillas. Esto no iba a ser nada fácil.
-Quería decirte una cosa…
-¿Quieres hacerlo aquí? –Le miré con cara rara, ya está, ya se lo ha supuesto él que es muy listo. Negué con la cabeza despacio, su expresión cada vez dejaba ver más desconcierto.
-A ver Tom… – me puse ambas manos tapándome la boca y la nariz y las descendí hacia abajo, no sabia como decírselo – … es que he estado pensando, y han sido muchas cosas, yo ya no puedo más…
Noté como su expresión se escandalizaba.
-Bill… no…
-¡Que no Tom, que no es eso, escúchame! – le corté agarrándole ambas manos, él respiraba un poco irregular. Acababa de empezar y ya me había malinterpretado. – Tom yo te quiero ¿de acuerdo? Y yo se que tu a mi también. Pero no podemos seguir siendo tan egoístas… no estamos teniendo nada de cuidado.
-¿Te… te refieres a lo del ascensor..? – dijo con voz débil.
-Ese es el principal motivo, si. Tom nos han pillado por no saber aguantarnos las ganas de follar en ningún momento. Hoy en el cine ha pasado igual. Somos unos putos sinvergüenzas coño.
-¿Y es por mi culpa…?
-No Tom, no, es culpa de los dos, porque yo también lo deseo. El caso es que no podemos seguir así, ya nos han pillado una vez y hemos tenido que vendernos para que no saliese a la luz. – Él agachó la cabeza, yo le agarré de la cara y se la volví a levantar. – Tom, tenemos que ser un poco más maduros y conscientes, no puedo evitar pensar en como joderíamos a todos nuestros amigos si nos pillasen por no saber controlar un puto deseo sexual.
Nos quedamos en silencio unos momentos. Tom agarró la mano que tenía sobre su mejilla y la acarició.
-Lo entiendo Bill, tienes razón, lo siento no lo había pensado.
Yo suspiré aliviado pero ahora es cuando venía la peor parte.
-Tom quiero que hagamos una cosa… – me mordí el labio inferior y él me miró desconcertado. – … quiero que dejemos de tener relaciones por un tiempo.
Vale ya está, ya lo había dicho.
Miré a mi hermano que estaba con la boca semi abierta y parpadeaba sin parar.
-O sea que… me… ¿me estás diciendo que nada de sexo?
-Nada, cero.
-Imposible Bill yo… yo no puedo. – negó con la cabeza varias veces.
-Tom ¿tu me quieres?
-Estoy loco por ti – dijo casi instantáneamente. Yo sonreí de lado.
-Entonces no hay problema, seguiremos estando juntos en secreto, pero no nos vamos a exponer más.
-¿Y por que tiene que ser con el sexo?
-¿Como que por qué? Por que es el centro de todos nuestros problemas, en el Tour Bus igual, lo hicimos mientras Georg y Gustav estaban abajo, nos podrían haber pillado perfectamente. O en el hotel, cuando vino Gustav a por nosotros, le tuviste que contar una trola. No se Tom, y un sinfín más, no son más que problemas y mentiras.
Él suspiró y desvió la mirada. Después la posó en mis ojos otra vez.
-¿Por cuánto tiempo?
Esa pregunta me dejó descolocado, no lo había pensado la verdad.
-Eh… pues no lo sé, hasta que nos calmemos un poco y…
-Calmarme no es exactamente lo que me va a pasar Bill – me cortó algo brusco. – no se si sabes que yo sin ti no puedo estar, a si que estaré cada vez más impaciente y más desesperado.
Fruncí en entrecejo y me eché hacia atrás.
-No me vas a hacer cambiar de idea de ese modo, no me presiones porque va a ser peor.
-¡Pero es que es verdad coño! Si me dejas sin sexo me voy a subir por las paredes… ¡voy a estar insoportable!
-Ese no es mi problema, relájate un poco que estás obsesionado con el puto sexo. – él abrió la boca desmesuradamente.
-¿Cómo dices…?
-Tom, que me da igual, yo no quiero seguir teniendo este sexo tan descarado, no me encuentro bien conmigo mismo, es algo que me bajonea y a veces incluso me siento humillado. –Vi como mi hermano cada vez estaba más perplejo. – Nunca te he negado nada Tom, nunca, siempre he estado dispuesto a hacer de todo contigo, precisamente porque te quiero y haría lo que fuese por ti. Pero ya me he cansado, necesito que paremos, necesito que me des una tregua. Tom, no tienes derecho a negármelo.
El coche se quedó en total silencio.
Mi hermano miraba por el cristal del parabrisas totalmente clisado. Yo no dejaba de mirarle a él. Pero siguió sin decirme nada. Observé como ponía la mano en la llave y arrancaba el motor. Puso marcha atrás y se giró en el asiento maniobrando para volver a la carretera.
Yo me puse el cinturón y agaché la cabeza.
En realidad no esperaba que se lo tomase muy bien… pero ahora me sentía realmente mal. Le había privado de intimar conmigo. De tocarme… tocarme más allá de la ropa. Yo también le deseaba desesperadamente. Es más, yo fui quien empezó a desearle, yo fui quien le embaucó… y ahora le digo esto. Ni yo me entiendo a mi mismo. Precisamente lo que deseé con todas mis fuerzas en un principio, y por lo cual estaba dispuesto a hacer cualquier cosa… ahora voy y se lo prohíbo, se lo prohíbo yo a él.
No me lo explico…
¿De verdad era algo tan importante? ¿era tan necesario? ¿era un pilar en nuestra relación?… Espero sinceramente que no sea así, me dolería que fuese así.
Era mi eterna pregunta…
Pero no me quedaba otra, era necesario, era lo correcto, tanto como para nosotros como para los chicos.
Y si realmente Tom me quería, ahora era el momento de demostrármelo.
&
Legamos al hotel muy entrada la noche. Tom aparcó en un callejón que había cerca.
Antes de bajarse se giró para mírame, hice lo mismo.
-Bill… por lo menos dame una noche más… la última hasta que tu quieras, hasta que tu me lo digas. Solo una más, déjame tenerte una noche más… por favor…
Noté como los ojos se me aguaban. Parpadeé varias veces y cogí su mano llevándomela a los labios, la besé y después le miré a los ojos.
-Claro que si mi amor…
Él agachó la cabeza y sin dejarme ver su cara salió del coche. Le seguí.
Entremos en el hotel. Lo único iluminado era la recepción. Al identificarnos el recepcionista nos dio nuestras respectivas llaves. Tom cogió las dos y se las guardó en el bolsillo de su sudadera, era la costumbre, al llegar al ascensor le tendí la mano.
-Dámela Tom… – él me miró primero sorprendido, después pude percibir una mueca de dolor, sin más me la dio.
Andamos por los pasillos hasta identificar nuestras habitaciones, una al lado de la otra.
Tom abrió la suya y me miró sujetando la puerta. Yo bajé la mirada y tras unos segundos le seguí.
Era una Suitte, a Tom siempre le daban la mejor habitación, nunca he sabido por qué. Pero no era ni muy grande ni muy lujosa, era normal, acogedora.
Tom caminó hasta el sofá y se dejó caer allí.
Yo me quedé parado en medio de la habitación, mirándole.
-Tom… voy a darme un baño, lo necesito… -él asintió ligeramente sin mirarme. Yo me mordí el labio inferior y retorcí ambas manos delante de mí.- … ¿quieres… quieres bañarte conmigo?
Alzó la cara y me miró algo sorprendido. Después pude ver como sus labios se curvaban levemente en una media sonrisa.
-Claro.
Yo le respondí con una sonrisa. Dejé todas mis cosas encima de la mesa y me dirigí al cuarto de baño. Era grande y bonito, de un blanco inmaculado.
La bañera era espaciosa.
Me puse de rodillas en el suelo y abrí el grifo del agua caliente. Me arremangué el gersey y puse la mano debajo del chorro, cuando estaba empezando a quemar la aparté y abrí la fría, y así estuve un rato midiendo la temperatura hasta que estuvo perfecta y la dejé caer.
Apoyé ambas manos en el borde de la bañera y recosté mi cabeza, estaba cansado, exhausto, agotado… cerré los ojos sin querer.
Entonces noté algo suave en la piel de mi cuello. Sonreí y ladeé la cabeza exponiéndolo más. Alcé una de mis manos y la elevé hacia atrás introduciéndola en el pelo de mi hermano que ahora me rodeaba con sus brazos la cintura acariciándome por encima de la ropa suavemente.
-Te quiero Bill… – me susurró al oído, se me erizó todo el vello del cuerpo y el corazón se me desbocó. Giré la cara y busqué sus labios. Él me los ofreció de buena gana, con suaves roces, los abría y humedecía los míos acariciándolos con ligeros movimientos.
Yo seguía con mi mano perdida entre sus rastas mientras él no dejaba de acariciar mi cuerpo. En un momento deseé más, pues mi hermano no pasó de los suaves roces.
Giré más la cabeza e introduje mi lengua acariciándole el cielo de la boca con ella. Tom suspiró y echó un poco la cabeza hacia delante para que me fuese más fácil llegar a él. Mientras que ahora sus manos se perdían debajo de mi gersey.
Noté como me lo subió hasta arriba y empezó a tirar. Me despegué de sus labios y alcé los brazos. Tom tiró de él y me lo sacó, mi cabello volvió a caer en cascada por mi cuello y hombros.
Ví como él se quitaba la gorra y la dejaba por ahí.
Enseguida volvió a poner sus manos en mi torso desnudo, yo seguía de rodillas, él detrás de mí, pude notar como me besaba los hombros e iba bajando poco a poco. Muy suavemente y muy despacio.
Yo simplemente lo disfrutaba.
En un momento noté su caliente cuerpo pegado a mí completamente. Se había quitado la camiseta mientras me besaba la espalda.
-Bill… – susurró mi nombre en mi oído. Eso era algo que me volvía loco, me hacía sentir que realmente estaba conmigo, que me quería, que yo era el único para él…
Me giré y por fin pude ver su cara. Era tan hermoso… tanto. Era mío, mi hermano, mi amor. Mi Tom, simplemente mío, y de nadie más.
Le acaricié los hombros hasta los huesos de su clavícula, perfectamente marcados. Ascendí por su cuello y elevé mis manos a su pelo. Le desaté la goma que le agarraba las rastas con cuidado para no tirarle. Cuando lo conseguí observé como caían por sus hombros, no me había fijado, pero cada día las tenía más largas, le llegaban por la cintura.
Él sonrió al verme tan clisado mientras acariciaba su pelo, esas rastas que odiaba tanto, que tan poco me gustaban… ahora me parecían preciosas, increíblemente preciosas.
-¿Qué pasa..? –preguntó.
-Me gustan…
-Mentira, nunca te han gustado. – Le miré sin dejar de tocarlas.
-No, me gustan Tom, son muy bonitas, nunca me había fijado bien.
-No sabes como me alegro.
Se acercó a mí rompiendo la distancia que nos separaba y me besó en la mejilla acariciando con sus labios toda esa parte y perdiéndose en mi boca después.
Suspiré y le rodeé con mis brazos el cuello.
Cuando se separó de mis labios se levantó, yo le imité y pude ver como miraba a la bañera.
-¡Hostia! Apágala que nos inundamos – se precipitó y cerró el grifo, yo le miré perplejo, un poco más y el agua desbordaba, se me había olvidado.
-Ju… jujuju – empecé a reírme sin remedio, Tom me siguió. Ambos reíamos, se acercó a mí, entrelazó nuestras manos y depositó un suave beso en mi frente.
-Desnúdate… – me dijo.
-Desnúdame tú…
No me hizo falta repetirlo. Bajó ambas manos a mis pantalones y empezó a desabrochármelos despacio, muy despacio, sin prisa, queriendo alargar el momento y disfrutarlo al máximo, a mí me pasaba lo mismo.
Me los bajó poco a poco, conforme iba tirando de ellos hacia abajo él se agachaba más y más. Empecé a temblar, yo ya estaba excitado, y se vio enseguida cuando mis pantalones se quedaron en mis tobillos.
Tom estaba de cuclillas, yo alcé primero un pie y después el otro para ayudarle a sacármelos completamente.
Mi respiración era un poco irregular. Solamente de ver a mi hermano ahí abajo…
-Tom…. – le susurré, él alzó la vista mientras tiraba los vaqueros a un rincón del cuarto.
-Dime.
Tragué saliva y me mordí el labio inferior.
-Haz… házmelo. – él alzó una ceja mientras notaba como su mano ascendía por mi pierna hasta mi muslo y la dejaba ahí acariciándolo con el pulgar.
-Lo pensaba hacer de todos modos. – y seguidamente llevó esa mano a mi entrepierna acariciándome por encima del boxer – pero me gusta que me lo pidas.
-Hmmm… -gemí al contacto de su boca por encima de la tela.
Sus manos acariciaban mis muslos por los laterales e iban ascendiendo a mi trasero.
Seguía lamiendo y mordiendo mi excitación por encima de los calzoncillos. Yo creí volverme loco si no le tenía en contacto directo contra mi piel.
Apoyé una mano en el lavabo para no perder el equilibrio. Pues en un momento los agarró de la coma y tiró de ellos hacia abajo dejando toda mi virilidad al descubierto.
Me mordí el labio inferior le agarré la cabeza con ganas.
-Tom… – supliqué.
-Ya voy… – sus labios ya húmedos impactaron contra la punta y me temblaron las piernas.
No se recreó mucho más, Tom era muy directo en el sexo oral, abrió la boca y me envolvió completamente haciendo que yo pusiese los ojos en blanco del placer. Se empezó a mover lenta pero insistentemente. Humedeciendo mi miembro, haciéndome retorcer de gusto.
-Me… me encanta – le hice saber, él se la sacó y acarició de nuevo con sus labios la punta, apretando y sacando la lengua de vez en cuando.
Era… increíble, él ya sabía como hacerme disfrutar, sabía exactamente que era lo que me gustaba.
Se levantó dejándome totalmente descolocado y me abrazó besando la piel de mi cuello y mis hombros. Yo llevé mis manos a su cadera y le desabroché sus anchos pantalones. Él me ayudó.
Cuando estuvimos totalmente desnudos nos volvimos a abrazar, sintiendo nuestros cuerpos arder al contacto. Nuestras erecciones estaban juntas y se daban placer cada vez que se tocaban. Mientras nos besábamos nos frotábamos suavemente, dejando escapar un suspiro que otro de nuestros labios.
Tom se separó y tiró de mí hacia la bañera. Él se metió primero yo inmediatamente detrás de él. Se agachó y se sentó haciendo que el agua se desbordase.
Ambos reímos. Yo seguía de pie. Observándole, él no apartaba los ojos de mí.
Yo ya no tenía vergüenza de que me mirase totalmente desnudo, es más, me encantaba que lo hiciese. Me ponía a cien.
Me giré y cogí unos botecitos que había de gel y champú por cortesía del hotel. Fue entonces cuando me agaché, aun dándole la espalda y me acomodé entre sus piernas.
-Voy a hacer espuma – dije.
-Oh, estupendo, hacia años que no me daba un baño con espuma.
-En casa si que lo hacíamos.
-¿Bañarnos juntos?
-Bañarnos con espuma – y era cierto, mi madre era experta en baños con espuma y siempre que le preparaba uno a alguno de los dos el otro por pura envidia acababa metiéndose también. Sonreí al recordarlo.
Mientras derramaba el gel en el agua y le daba con el chorro a presión de la alcachofa, la espuma se iba creando poco a poco.
Tom detrás de mí me acariciaba suavemente por debajo del agua. De la espalda a la cintura y bajó hasta mi pene. Gemí y me apoyé en su pecho soltando el aparato de la ducha. Su mano se movía frenéticamente sobre mi erección mientras yo me retorcía contra su cuerpo.
El agua se movía también, pero no tanto como la mano de Tom, el placer cada vez era más intenso y mis gemidos más ruidosos…
Yo solo, solo mi voz se oía, hacia eco en el baño. Eso y el ruido del agua chocar contra las paredes de la bañera. Tom estaba tan callado…
Puse mi mano sobre la suya y le hice parar.
-Tom ¿estas bien? – pregunté con mi cabeza apoyada en su pecho.
– Estoy perfecto, no te preocupes, solo disfruta. – y volvió a mover su mano, esta vez con la mía sobre la suya.
Estuvo bastante rato dándome placer, hasta que yo le detuve totalmente, no me quería correr yo solo, no sin que me hubiese penetrado. Me quedé apuntito, pero le paré y quise calmarme un poco besándole despacio. El intentó volver a poner la manó ahí pero se la aparté.
Quería con él, quería que disfrutásemos los dos.
-Tom… hazlo ya – le susurré dulcemente.
Él enseguida se incorporó un poco y me agarró de la cintura alzándome hacia arriba. Yo le ayudé apoyando ambas manos en los laterales de la bañera.
Aun estaba dándole la espalda así que giré la cara para mirarle. Él miraba hacia abajo con una mano debajo del agua, entonces le noté, noté su pene haciendo presión en mi trasero. Fue entonces cuando alzó la mirada encontrándose con la mía y sonrió pícaramente mientras me penetraba.
Yo no pude evitar girar la cara de nuevo, pues mi cara se torvó en una mueca que me dio vergüenza mostrarle.
No tardé nada en comenzar a moverme ayudado de sus manos en mi cadera.
Casi todo el agua de la bañera quedó desbordada.
Iba a ser nuestra última vez… nuestra última vez en mucho tiempo. Quizá era por eso que se me estaba haciendo tan intensa. No creí recordar haber experimentado placer mayor que cuando Tom me había penetrado en la bañera mirándome de ese modo.
Esto iba ser difícil… muy, muy difícil.
Continúa…