Obsesión sexual 19

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Capítulo 19

Por Tom.

Un ruido me hizo despertar, no se que fue exactamente pero juraría que era una puerta cerrándose.
Entorné los ojos aun medio adormilado y me giré en la enorme cama de matrimonio. Había un hueco a mi lado, un hueco que todavía mantenía el calor, como si se acabase de ir.
Estaba solo…
Bill no estaba a mi lado.
Me hociqué en la almohada, en el lado donde él se acostó anoche, podía percibir el olor de su pelo.
Me acurruqué elevando las rodillas y me tapé con la manta hasta arriba.
Anoche le disfruté como nunca lo había hecho, quizá por saber que era la última vez en mucho tiempo. Me concentré en él 100 por 100. No dejé ni un centímetro de su piel sin recorrer.
Suspiré y cambié de postura.
Supongo que me lo merezco, ya lo veía venir, las últimas veces Bill estuvo un poco raro, percibía que había algo que no le gustaba. Pero no pensé que lo estuviese pasando mal de verdad… ¡Joder! Pensar esto me dejaba todavía más por los suelos. No he sabido controlar, se me ha ido todo de las manos y ahora Bill se ha alejado de mí.
Escondí la cabeza debajo de las sábanas, aspiré profundamente… si es que toda la cama olía a él.
Saqué la cabeza y miré al techo tapado hasta la boca.
No se que hacer.
No hemos roto. Pero me siento como sí así fuese. ¿Por qué se ha ido? ¿por qué no se ha quedado aquí?… Claro, ya lo sé. Quizá pensó que cuando me despertase se lo quería hacer otra vez y los dos desnudos en la cama y eso…
-Bill eres muy listo y muy precavido. Me gusta que seas tan firme en tus decisiones, pero en este caso me estás dejando bien jodido cariño…
Volví a suspirar, ahora encima hablo solo. Definitivamente necesito que me vea un loquero. Estoy loco por mi hermano y cuando me deja solo empiezo a desvariar.

Alargué la mano y palpé encima de la mesita. Mi móvil no estaba, me incorporé un poco y lo busqué con la mirada. Los pantalones. ¿Dónde dejé los pantalones?
Me levanté y me encaminé al baño. Estaba en pelotas, pero me daba igual.
Los vi tirados de cualquier modo en el suelo del baño, me agaché y rebusqué en los bolsillos. Palpé algo desconocido en el bolsillo trasero. Lo saqué.
Era el CD que me dio el depravado del hotel. Buah…
Cogí mi móvil también y salí del baño apagando la luz, miré la hora. Las 4:46 de la madrugada. Coño, pensaba que ya eran por lo menos las 7.
Abrí mi maleta y busqué cualquier pantalón de chándal y me lo puse sin ropa interior ni nada. Ahora mismo tenía de todo menos sueño.
Me senté en la cama y jugueteé con el CD entre mis dedos, me tentaba, tenía curiosidad… Bah, que más da, no creo que pueda ser más maricón de lo que ya soy.
Me levanté y busqué mi portátil en la otra maleta. Me senté en la cama apoyado en la pared y con el ordenador apoyado en las rodillas.
Cuando finalmente se encendió le metí el disco.
Pegué mi nariz a la pantalla al ver otro archivo de video al lado del que era, y debajo ponía claramente:
Se me ocurrió que queríais tenerlo, que lo disfrutéis
O sea que era…
Tragué saliva y pinché el icono. El video cargó y nos vi a Bill y a mí juntos en el ascensor. Abrí los ojos desmesuradamente. Yo le estaba como acosando, él estaba empotrado contra los espejos. Le di un poco de voz y escuché levemente y de nuevo la breve conversación que tuvimos seguida de escandalosos jadeos y gemidos por parte de mi hermano.
Estaba con la boca abierta, cuando me di cuenta la cerré, era tan explicito que me daba corte mirarlo. A Bill se le veía tremendamente sensual y provocador, así es justamente como me gustaba.
Sonreí inconscientemente sin perderme detalle.
Ahí es cuando le hice quedar de cara a los espejo. Su cara era espectacular, daba un morbo increíble.
Sin apenas darme cuenta un calor me recorría el cuerpo.
Ahí le penetré y él se puso a gemir como un loco de cara al espejo dejándolo empañado.
Me mordí el labio inferior y suspiré entrecortadamente. Esa cara, ese cuerpo, esos grititos…
Sin apenas darme cuenta mi mano se estaba moviendo debajo de ese pantalón de chándal. Me tiré de la goma hacia abajo con la otra mano y dejé mi polla al aire. Totalmente tiesa.
-Uhm… – Volví a frotarme mientras dejaba el portátil en la cama, entre mis piernas, y sin dejar de mirar como me follaba a mi hermano en el video.

Estoy loco, estoy enfermo, estoy obsesionado…

-¡Ah!… –empotré mi cabeza en el cabecero mirando hacia arriba. Abrí los ojos y la boca dejando que el aire entrase en mis pulmones… me ahogaba. – Bill… – le llamé.
Mi mano áspera y tosca no se comparaba en nada a la suya, suave y fina. Me sacudía de una forma casi desesperaba mientras mis piernas temblaban.

Te necesito, sin ti me muero, sin ti me ahogo…

Le oía gemir en el video, le oía pronunciar mi nombre, me llamaba, a mí…
-Bill… Bill… aah… – Me retorcí en la cama al notar una sacudida de placer. Sin embargo por mucho que yo me masturbase no lo conseguiría, lo que yo tenía era una necesidad interior que solo él podía calmar. Yo solo no tenía sentido, si no era juntos esto no servía para nada.

No me dejes, vuelve a mi cama, vuelve y seamos uno…

-No puedo… no… Bill… – acabé totalmente tumbado en la cama mientras sentía como llegaba el final, la liberación, el fin de la agonía, la explosión… para después sumergirme de nuevo en la soledad.
Arqueé la espalda apretando los dientes con fuerza. Todo el vello del cuerpo de me erizó mientras pensaba en su cuerpo contra el mío.
Sollocé, y lo hice varias veces después de haberme corrido. Me puse el brazo sobre los ojos y seguí convulsionándome una y otra vez mientras salía quejidos de mi garganta.
Estaba llorando…
Llorando escandalosamente como nunca lo había hecho.

¿Qué me has hecho? ¿Qué me has dado? ¿Por qué tú hermano…? ¿Por qué esta agonía? ¿Por qué no puedo estar sin ti?

Me incorporé despacio mientras me limpiaba con la palma de la mano la humedad que descendía por mis mejillas.
Me quedé de nuevo sentado mirando un punto en la pared… la pared que daba a su habitación. Sería tan fácil cruzar la puerta e ir en su busca. Pero no… ¿para qué? Era inútil.
No era necesidad sexual… no era abstinencia. Anoche me quedé más que satisfecho, no estaba frustrado sexualmente, no era ninguna de esas malditas cosas. ¿Por qué me lo he hecho entonces? Esto no es algo que se me pase haciéndome una paja… Era él. Solo él. Si no era con él no tenía sentido saciar nada. No era necesario.

¡No necesitaba descargarme maldita sea! ¡Le necesitaba a él!

Di un sonoro puñetazo al cabecero de la cama. Acababa de dejarme y ya estaba buscando un sustituto a sus caricias, si no he podido aguantar unas horas… ¿cómo diablos voy aguatar días? ¿semanas? ¿quizá meses?…

-¡Joder..! – Apagué el portátil y lo dejé sobre la mesita. Me tumbé de lado, dando la espalda a la pared que daba a la habitación donde dormía mi hermano.
Cerré los ojos e intenté dormir…

&

TOC! TOC! TOC!

-¡Tom! ¡Vamos, arriba Tom! – Abrí los ojos de repente y alcé un poco la cabeza.
-¿Qué… quien es..? – me escandalicé al oírme, estaba totalmente afónico.
-¡Vamos hay que irse! ¡En media hora todos en la recepción! – rodé los ojos y me volví a echar en la cama, era el pesado de Saki, que susto me ha dado coño, odio la poca delicadeza que tiene para llamarnos. Supongo que estará hasta las pelotas también.

-¡Bill! ¡Ve despertándote que nos vamos! ¿Me has oído? – Me incorporé violentamente y agudicé el oído, se oía todo lo que Saki decía desde el pasillo. – ¡Bill! ¿Me has oído?
-¡Siiiiii coño! Ya está con las voces ¿no Saki?
-Pfffff jujuju – me reí sin poder evitarlo, se le oía, muy bajito, pero la voz de mi hermano calaba desde el otro lado de la pared. Que borde que era recién levantado.
-Vaya por Dios, perdóneme usted señorito, si quiere le traigo el desayuno a la cama.
-Juju… – me volví a reír. Hostia, Saki eres la puta polla. No pude evitarlo y me levanté poniendo la oreja en la pared… patético, sí.
-Oh si por favor, crepes con chocolate si puede ser señor plebeyo.
-¡Jajajaja! – Bill so tonto… pero, espérate… mis carcajadas también eran afónicas… me estoy empezando a asustar.
-¡Ya te estás levantando que en media hora te quiero abajo! – gruñó Saki en el pasillo, pobrecillo él.
-Vaaaaale – oí por última vez la dulce voz de Bill.

Despegué la oreja de la pared y me rasqué la cabeza.
Parezco estúpido.
Me encaminé al baño arrastrando los pies. Al colocarme delante del espejo me miré poniendo morritos, después achiné la mirada y sonreí. Finalmente me alboroté las rastas sueltas y agaché la cabeza.
Tenía una pinta horrible, careto de yonki como cada mañana, pero mucho más desmejorado que otras veces. La falta de sueño, la puta falta de sueño.
Me saqué los pantalones y abrí el agua de la ducha, no quería acordarme… pero inevitablemente venían esas imágenes a mi cabeza. La sacudí y me metí en la bañera regulando la temperatura.
Templadita tirando a muy caliente es como me gusta a mí. Recuerdo que Bill me decía que como podía aguantar tal temperatura sin quemarme…
Sonreí otra vez al acordarme mientras dejaba que el agua casi ardiendo me recorría de la cabeza a los pies. Fue esa vez que nos bañamos juntos y después…
Cerré los ojos y me di con la palma de la mano en la frete. Otra vez Bill, siempre Bill… que obsesión coño.
-Ya está bien Tom Kaulitz, tienes que ocupar tu mente en algo que no sea Bill y…- me puse una mano en la garganta abriendo mucho los ojos -… y estoy totalmente afónico…
No quedaba ni rastro de mi potente voz ruda y grave, solo me salían unos ridículos suspiros con gallitos entremedias.
Oh… estupendo. Lo que me faltaba.

Salí del baño con la enorme toalla que dejaba el hotel puesta sobre los hombros y acurrucándome dentro de ella, a lo mejor he cogido frió y mi voz se ha resentido.
¿O será de berrear…? Fruncí el entrecejo y negué con la cabeza mientras buscaba ropa interior en mi maleta.
No… yo no berreo, es Bill quien lo hace cuando le estoy…
¡Coño! Otra vez con Bill en la boca.

Alcé la cabeza mirando al techo al mismo tiempo que suspiraba. Ya está bien, tengo que olvidarme un poquito de mi hermano, si no… creo que me voy a volver completamente loco.
Me puse unos boxers rojos, no me gustaba mucho llevar ropa interior de ese color… pero bueno, ya que los tengo me los tendré que poner algún día.
Seguidamente me metí en mis anchos vaqueros oscuros y me los agarré con un cinturón negro.
Quizá si….
Es una estupidez pero no se…
Giré mi cara a la mesita en cuanto termine de abrocharme los pantalones. Mi móvil. Estaba ahí, sobre la madera. Anoche lo oí vibrar pero alargué la mano y lo apagué, no estaba para chicas la verdad.
Caminé hacia la mesita y lo encendí. Esperé, puse el pin y vi de nuevo la cantidad de mensajes y llamadas perdidas que había. Todos, absolutamente todos de número desconocido.
Claro… recuerdo que los borré, borré todos los números de las chicas. A ver no, espera, este no era desconocido.
-Alice… – susurré. Tenía 2 llamadas perdidas suyas, ella no era una groupie, era una amiga del instituto, no borré su número, no sé por qué, en realidad ella nunca me había llamado, yo le daba toques muy de vez en cuando pero nunca me los respondió.
2 llamada perdidas, que raro, ¿Qué quiere ahora?

Dejé el móvil sobre la mesa y continué vistiéndome tranquilamente.
Quizá podría llamarla después, ella era una más en mi pandilla del instituto, era medio hip hopera como yo, me acuerdo que juntos rapeabamos en los recreos y que risas nos echábamos y… ¡hostia si! También recuerdo que se le daba genial pintar graffitis. Yo era un negado.
Sonreí inconscientemente.
Será estupendo recordar viejos tiempos con ella, ha sido realmente oportuna, ahora que necesito alejar un poco mi mente y sobre todo mi cuerpo de la tentación hecha hombre, de mi hermano Bill.
Sería una buena forma de no volverme loco con su presencia, de distraerme y no darle mucho el coñazo para que él se tome su tiempo tranquilo…
Sí, definitivamente llamaría a Alice más tarde.

Continúa…

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