«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)
Capítulo 23
Por Bill
Tom me dio la espalda y fue el primero en largarse a por su ligue, me quedé un momento parado, observándole mientras él se acercaba con paso vacilón a la chica que estaba sentada en la barra, yo empecé a caminar hacia aquel muchacho pero no pude evitar girar la cara.
Tom hoy llevaba una camiseta azul marino con detalles en blanco, la gorra blanca también. Sus rastas imposiblemente largas y perfectamente acomodadas a ambos lados de sus hombros, adoptó una pose firme, apoyado en la barra con la palma de la mano mientras con la otra se llevaba el vaso a los labios.
La chica hablaba con él, parecía nerviosa…
Giré la cara y busqué con la mirada al chico moreno de pelito largo… ¿Qué? ¿Dónde estaba?
Me giré sobre mi mismo un par de veces buscando, si hace un momento estaba ahí, en esa esquina. Había desaparecido.
Me mordí el labio inferior y volví a mirar, sin poder evitarlo, a mi hermano.
Ahora estaba ligeramente inclinado a la chica, pues ella estaba sentada y jugueteaba con un mechón de su pelo, como coqueteando con él.
Podía percibir como mi hermano sonreía y sus labios no dejaban de moverse, vi como Tom hizo un movimiento son su lengua, acariciando su labio inferior y como ella lo miraba con los ojos muy abiertos mientras él sonreía de esa forma que a mi me perdía… ¿qu… que le habría dicho? ¿ya?…
Volví a mirar a mi alrededor totalmente apurado ¿Dónde estaba el puto niño?… nada, no estaba.
Me adentré entre la muchedumbre dando unos cuantos empujones.
-Perdona… ¿eres Bill de…
-No. – dije cortante, era una voz suave a mi espalda, no tenía tiempo para entretenerme con fans.
-¿A no? – dijo seguido de una risita. Yo extrañado fruncí el entrecejo, era la voz de un tío, me gire y fue entonces cuando le regalé una de mis mejores sonrisas.
Él al observar mi gesto desvió los ojos a mi amplia sonrisa sin poder evitar ruborizarse levemente.
-Bueno… si que lo soy, pero no se lo digas a nadie.. – dije coqueto mientras apoyaba mi antebrazo en la columna que tenía justo a mi lado, exhibiendo el tatuaje de mi antebrazo.
De cerca era mucho más guapillo. Era muy mono, se notaba que era joven… ¿pero cuanto..? ¿menor de edad quizá?
-Hmmm no se lo digo a nadie si tu me dejas invitarte a algo – dijo él reparando en mi vaso vacío.
-Está bien.
Nos encaminamos a la barra, momento que aproveché para echar un vistazo a mi hermano.
Tom estaba sentado en frente de ella y echado hacia delante vi como si estuviese susurrándole cosas al oído mientras su mano acariciaba insistentemente la pierna desnuda de la chica. Ella sonreía.
¡Maldita sea!
-¿Cómo te llamas? – pregunté una vez él me tendió el vaso, no se ni lo que era pero le di un gran sorbo, necesitaba alcohol para afrontar esto, mucho quizá.
-¿Acaso importa? – me dijo él mientras cogía el suyo de la barra. En realidad no, a mi no me importaba demasiado, solo quería ligármelo para después echarlo… que putada ¿no?
-Bueno al menos dime cuantos años tienes
-Dieciséis.
Abrí los ojos desorbitadamente, ¡era un crío!… Joder, ya está, ya he perdido…
-¿Tu eres activo o pasivo Bill?
Sentí como el líquido se me iba por el otro lado y empecé a toser, él se acercó rápidamente y me dio varios golpes en la espalda.
-¿Cómo dices?- dije una vez me repuse.
-Si te digo la verdad, la primera vez que te vi me gústate bastante, y no te digo de hace un rato, ya te había visto antes por la tele y en revistas, todo el mundo dice que no pero yo siempre he sabido que eres homosexual.
Dicho esto se llevó el vaso a los labios.
Volví a mirarle como si me hubiese insultado, no tenía pelos en la lengua. Yo estaba cada vez más alucinado…
-No soy homosexual – dije en tono firme.
-¿Bisexual?
-Emmm… si, podría decirse que sí.
-Oh, estupendo, mejor para ti.
Solté un gran suspiró de incredulidad, este niño era un peligro.
Volví a mirar a la barra de reojo… ¡Coño! ¡Joder, ya la estaba besando! Desvié la mirada molesto y suspiré echando el aire por la nariz totalmente irritado.
Estudié el rostro de ese niño que me miraba entre divertido y coqueto. Si no le entraba ya Tom me ganaría.
-Oye nene, vamos a dejar de andar con rodeos ¿entonces te gusto? – susurré insinuante acercándome un poco a él.
-Sí… eres realmente mi tipo. – dijo entornando los ojos. – además de increíblemente guapo, siempre he pensado que tenías que ser una fiera en la cama.
Oh…joder, ya iba al grano él por mí.
-Aaaaah, ¿o sea que te gusta que te dominen? – adiviné yo bebiendo un buen sorbo.
-Me encanta que me dominen – susurró él acariciándose el pelo.
-Casi igual que yo – le confesé… no se por qué, el alcohol supongo, porque este es un tema que yo no podía hablar con absolutamente nadie, me sentí… como lo diría… un poco más libre – yo ahora mismo estoy con un chico que… digamos que le encanta ser él el que manda.
-¿Tienes un rollo? ¿no se molestará por…?
-Nah, tranquilo, es solo un rollo, pero si te digo la verdad estoy un poco harto de ser el que recibe ¿entiendes a lo que me refiero?
-Jajajajaja si, mejor de lo que crees.
-Pues eso, él es, o se considera muy macho y no tolera que me oponga a sus deseos. – el niño se removió mordiéndose el labio inferior.
-Cuéntame, cuéntame más… – dijo con tono obsesivo, que niño tan pervertido.
Miré a mi alrededor y le hablé más bajo aún.
-A él le gusta follarme a mí… pero follarme con fuerza, bruscamente, con casi desesperación, de esas en las que luego no te puedes sentar – susurré acercándome a su oído, noté como pasaba sus dedos por la piel de mi cuello y me apartaba el pelo a un lado, jadeando en mi oído.
-¿Te gusta que te jodan bien fuerte Bill? – seguidamente y sin esperármelo me dio un bocado en un lateral del cuello, yo solté una exclamación ahogada pero después sonreí para mi mismo.
Perfecto.
-No te puedes ni imaginar cuanto… – le hablaba casi en suspiros, me tomé la libertad de bajar mi mano por su pecho y la posé en su bajo vientre.
-¿Te apetece follar? – me preguntó al instante.
Él no podía verme la cara pues estábamos hablándonos en el oído, pero seguro que si me hubiese visto mi expresión escandalizada se hubiese asustado. Todo esto me parecía muy fuerte, tranquilo Bill, dile la verdad, aunque no sea con él con quien lo vayas a llevar a cabo.
-Compruébalo tú mismo. – me pegué a él y oí como soltó una risita en mi oído. – ¿lo notas? – me restregué un poco más y me separé mirándole por fin a los ojos.
-Sí, ya veo – lo vi beber otra vez y seguidamente se volvió a acercar par hablarme al oído, yo me estremecí ante el contacto, pues noté como su mano presionaba con la palma abierta en mi entrepierna. – solo una pregunta… ¿se te ha puesto dura por mí o ha sido pensando en el tío al que te follas?
No pude evitar reírme alto. Era increíble, ¿como se podía ser tan descarado y estar tan seguro de si mismo con solo dieciséis años? Además de que era muy perspicaz.
Me gustaba este niño…
-Hmmm no sabría decirte, primero tendría que comprobar si eres bueno… ya me entiendes- le solté sin más, definitivamente el alcohol ayudaba mucho.
Ví como se reía y miraba a su alrededor de nuevo.
-Espera unos minutos y ve al cuarto de baño, te voy a demostrar lo bueno que soy.
Se dio la vuelta y desapareció entre la multitud. Yo inspiré y aspiré profundamente varias veces, realmente no me puedo creer que esto no me este dando asco, pensaba que si no era Tom yo no podría hacer este tipo de cosas con ningún otro tío.
O era el alcohol o soy maricón del culo y no lo sabía…
Me acerqué a la barra a dejar mi vaso vacío y caminé varios pasos hasta divisar la gorra blanca de mi hermano.
Alcé mucho las cejas y sonreí ampliamente, después me acerqué a paso ligero y me planté frente a él.
-¿Qué haces aquí solo? – le dije pasándome la lengua por la parte superior de mis dientes.
Tom me miró de arriba abajo y se apoyó en la barra en gesto chulesco mientras le daba una buena tragantada a su bebida.
-¿Y tu..?
-Yo estoy haciendo un poco de tiempo, él me espera en el baño. – mi hermano alzó mucho las cejas y después desvió la vista sonriendo y negando con la cabeza.
-Bill cuidadito con pasarte… -me advirtió.
-Tranquilo Tom, no creo que hagamos nada más allá de enrollarnos.
Achinó los ojos y se levantó haciéndome retroceder un poco. Estaba imponente.
-¿Enrollaros? – repitió en tono firme haciendo un gesto con la cabeza y con una sonrisita de superioridad. Yo no pude evitar tragar saliva.
Le puse una mano en el pecho y presioné intentando que dejase de avanzar hacia mí, de mantenerle lejos pero estaba demasiado aturdido, me estaba derritiendo frente a su imponente presencia.
-Tom basta… aquí no. – le recordé mirando a mi alrededor. – ¿Dónde está tu chica…?
-Ha ido a avisar a sus amigas de que se va con Tom Kaulitz a su hotel.
-¿Qué..? ¿ya?
-Te lo dije Bill, conmigo no puedes, te espero en la habitación, prepárate porque no te puedes ni imaginar las ganas que te tengo. – noté su mano agarrándome el trasero con ansia, jadeé en su cara, él se remojó los labios sin dejar de mirarme.
-Tom… – me soltó y se volvió rápidamente, yo parpadeé varias veces intentando no desviarme de la realidad. – lo siento pero no puedo irme contigo… lo siento, dame tu móvil y quizás otro día…
Yo me asomé desde detrás de Tom y vi a la chica con la que él supuestamente se iba al hotel.
-O sea ¿que me estas plantando? – dijo él notoriamente irritado.
-Eh… yo… lo siento de verdad, yo quiero pero no me dejan y…
-Bah, pues tu te lo pierdes bonita. – se giró y me cogió de la muñeca pillándome desprevenido y tiró de mi llevándome a otro lugar de la discoteca.
Me apoyó contra una pared y se me puso delante, yo todavía estaba un poco mareado y desconcertado, no supe imponerme, me estaba dejando llevar.
-Me… me tengo que ir – le dije e intenté echar a andar pero él por supuesto me paró.
-No. Te quedas conmigo.
-Pero Tom, si has perdido afróntalo… – le dije ahora como riéndome de él.
-No quiero que te la chupe ningún otro tio. – sus gesto me hizo gracia, parecía un niño enfurruñado.
-Ah, se siente, dijimos que vale todo excepto llegar al final, vas a perder Tom.
Él me miró pasando alternativamente de uno de mis ojos al otro. Yo esperé.
-No, no voy a perder. – se alejó de mí caminando unos pasos de espaldas sin dejar de mirarme, pude sentir como una agonía se apoderaba de mí al ver como me dejaba allí para ir a buscar otra tía a la que ligarse, finalmente rompió el contacto visual y se giró dirigiéndose a un grupo de tres chicas con minifaldas.
Miré hacia abajo y me recoloqué “mis cosas”, me ajusté bien los tirantes y el cinturón y me sacudí el pelo hacia delante para finalmente encaminarme al baño.
Abrí la puerta y le vi apoyado contra el lavabo y los brazos cruzados.
-Pensé que te habías acojonado Bill Kaulitz – me dijo como mosqueado. Miré a mi alrededor y no vi a nadie. El baño no estaba muy sucio, pero tampoco estaba limpio.
Caminé contoneándome hacia él mientras se oía el sonido de mis cadenas y collares hacían al chocarse.
Al llegar hasta él levanté un dedo y le delineé desde el pecho hacia abajo mientras le miraba con autosuficiencia.
-Mando yo – le dije.
-¿Y que es lo que deseas?
-Chúpamela, aquí y ahora.
Noté una pizca de sorpresa en su expresión pero desapareció al instante dando paso a una mirada lujuriosa. La verdad es que me daba mucho morbo ese niño. Tenía cara de crío y un carácter de hombre.
Me recordaba a Tom…
-Vamos – le dije firme y le empujé de los hombros hacia abajo.
-Espera… espera Bill – dijo él zafándose de mi agarre y mirando a la puerta. – nos pueden pillar aquí, metámonos ahí – dijo señalando uno de los habitáculos individuales.
-No. – le solté firme.
-Pero…
-Mira o me la chupas o me busco a otro – era arriesgado si, pero yo estaba demasiado perdido. Perdido en general, las ganas me podían, el alcohol me corría por dentro, Tom estaba fuera magreando a otra tía… – ¡Vamos!
Le grité, a lo que él cerró los ojos un momento por la impresión para después agacharse poco a poco.
Cerré los ojos y visualicé a Tom en mi mente.
-Bill… – oh perfecto, incluso podía oír su voz en mi cabeza, así quizá sería más fácil de… – ¡Bill!
Abrí los ojos y me giré inmediatamente.
-¡Tom! – le grité entre sorprendido y enfadado.
-¿Qué coño haces con ese crío? – yo abrí los ojos parpadeando sin cesar, se le notaba a quilómetros que estaba actuando
-Hostia el hermano… perdón yo.. Yo ya me iba… – dijo el chico levantándose del suelo y desapareció.
Vi como Tom se aguantaba la risa estallando en agudas carcajadas más tarde.
-Eres un gilipollas ¡tramposo! – le dije pateando el suelo.
-Ale, que tengas suerte me voy que tengo a la morena apuntito.
Me cago en su madre… bueno no que es la mía también. Será rastrero, me ha espantado al chico, ¿ahora a quien me ligo..?
Se giró y caminó hacia la puerta, se tambaleó un momento diciendo un “uy” apoyándose en el lavabo para después seguir, Tom estaba bebiendo demasiado, estaba demasiado contentillo.
De repente vi a la espalda de mi hermano demasiado cerca y mi mano derecha alzada y agarrándole la camiseta por detrás.
Tom paró y se giró.
-¿Qué quieres..? – Coño, fue un acto reflejo lo juro, yo no quería acercarme. – ¿Qué quieres Bill..? – su tono fue esta vez ansioso… pues mientras lo decía me agarro de la nuca estrujándome el pelo de toda esa parte. Yo inevitablemente hice lo mismo con su camiseta, le tenía agarrado de los costados y tiré de él hacia mí.
Las manos de Tom descendieron por mi espalda sin dejar de presionar, ansiosas… demasiado ansiosas. Yo bajé las mías hasta su trasero y le acerqué a mí en un golpe seco.
-A ti… a ti joder… – susurré jadeando contra sus labios.
-Vamos a dejar este estúpido juego. Vámonos al hotel y hagámoslo toda la noche, vamos Bill, se que tienes tantas ganas como yo. – dijo metiendo la mano por debajo de mi camiseta y rozando sus labios contra mi barbilla.
Yo ahora me sentía demasiado pequeño entre sus brazos, estudié su proposición todo lo que mi poca lucidez me permitía, se me iban los ojos, se me iban, intente mantenerlos abiertos… Tom estaba pasando a hora su boca por mi nuez ascendiendo lateralmente hasta un lado de mi cuello.
Le agarré de la camiseta más fuerte aun y le arrastre conmigo dentro de uno de los baños individuales, le empujé dentro y cerré la puerta echando el pestillo.
Me quedé de espaldas a él y suspiré con la frente pegada a la puerta.
-¿A que esperas? – susurré al no sentirle aún.
Dicho y hecho, sus masculinas manos rodearon mi cintura con ganas, mientras notaba todo su peso detrás de mí.
-¿Qué quieres hacer..? – me preguntó mientras me magreaba a su antojo, yo me dejaba.
-Quiero joderte. – le solté sin más.
-No.
-Me muero de ganas de hacértelo Tom, hace mucho que no la meto en ninguna parte.
-Cómprate una muñeca hinchable – ese comentario me hizo reír, estaba con el puntillo y tenía la risa floja. Noté algo duro presionar en mi trasero…
-Te gustará Tom, yo también la tengo grande… No tanto como tú pero..
-Se como la tienes – empezó a besarme el cuello mientras me desabrochaba el cinturón.
-Déjate Tom, déjame desvirgarte.
-He dicho que no.
-¿Qué puedo hacer para que te dejes..? – me bajó un poco los pantalones y me metió la mano por dentro del boxer yo gemí agudamente.
-Ganarme.
-No me dejas… vienes y me provocas, luego me espantas al ligue…
-Eres demasiado débil…
-No puedo contigo… no puedo… -Di una palmada en la puerta del baño al sentir la mano de Tom moviéndose sobre mi erección. Saqué el culo y me restregué contra su entrepierna, oí como gruñía con sus labios en mi cuello.
-Como echaba de menos esto – jadeó mientras pude oír el sonido de la hebilla de su cinturón siendo desabrochada, no soltó mi polla mientras lo hacía a lo que yo me retorcí contra esa puerta.
-Vamos, fóllame Tom… – gemí dándole otro golpe a la puerta.
-Voy mi putita, voy…
-Vamos – giré la cara y me bajé el boxer llevando mi mano atrás y yo mismo terminé de sacársela y dirigirla a mi trasero ahora desnudo.
-Adoro cuando te pones así… – jadeó él subiéndome la camiseta mientras agarraba todo mi talle con las dos manos por los costados. – Tu cuerpo me vuelve loco Bill… tu delgadez, tu cintura, tu culo…
Yo sonreí y volví a girar la cabeza viendo como Tom se encorvaba levemente y me escupía en la zona baja de la espalda. Me mordí el labio sin dejar de mirar como ahora lo llevaba con sus dedos a donde yo deseaba tanto que me tocase.
-Te gusta hacerme sufrir… – le dije a lo que él alzó la mirada y sonrió de lado.
-Estoy nervioso y todo.. – me confesó. – han sido dos semanas largas..
-Más… – le corregí
-Pues más a mi favor.
-Oooh – cerré ambas manos rauñando la puerta al notar como otra vez sus dedos llenaban mi interior. – ¡joder Tom! ¿Cuántos estás metiendo? – giré la cara y vi su amplia sonrisa sin dejar de mirar lo que estaba haciendo.
-Tres.
-Me cago en la…
-Cállate. – me ordenó dándome un leve tirón de pelo. Me gustó y volví a gemir agudamente. – Te gusta así, te gusta que te trate mal, reconócelo. Tu no sabes mandar, a ti lo que te va es recibir, deja de intentar cambiar las tornas.
Por fín noté como su miembro empezó a quemar detrás de mí, haciendo amago de introducirse pero sin hacerlo.
-Oh, vamos joder… métela de una vez – supliqué
-Pídemelo por favor…
Giré la cara y vi como me vacilaba con la mirada, me tenía bien agarrado para una vez meterla empezar a moverse, pero no lo hacia, ¡maldita sea no lo hacia!
-¡Tom joder! ¡¿quieres follarme de una puta vez?! – grité ya desesperado.
-Quiero oír como me lo suplicas… – cerró su agarre a mi cintura haciéndome daño.
-Como te gusta tratarme como a una zorra…
-Es lo que eres Bill, eres mi zorra… – noté como me la metía un poco.
-Uuuhnn.. Sí, vamos Tom, vamos… – dije con voz aguda.
-Puto vicioso… – susurró entre dientes mientras terminaba de metérmela por completo. – ahí la llevas.
Di otra sonora palmada a la puerta mientras abría la boca para soltar un gritito que terminó en suspiro. Noté como retrocedía y volvía a entrar, yo me encorvé todavía más por no tener fuerza para mantenerme derecho pero el caso es que así era más fácil la penetración.
-Oh, vamos Tom ¿Qué haces?… Me abuuurro… ¡jódeme en serio! – giré la cara de nuevo y le miré con vicio. Me estaba penetrando despacio pero eso no es lo que yo quería.
-¿Cómo dices? – susurró parando.
-Que me des fuerte, déjate de mariconadas, fóllame con fuerza, ¡vamos!
-Oooh… desearas no haber dicho eso.. – De repente pude notar como soltaba mi cintura y me agarraba del cuello haciendo que me incorporase un poco. –Saca más el culo.
Yo obedecí, entonces sentí un fuerte golpe en la puerta a mi lado, miré y era su zapatilla, había subido su pierna y la apoyó a mi costado mientras que con la otra mano me separaba una nalga para poder ver bien como su polla entraba y salía de mi agujero.
-A ver si puedes manejar esto…
De repente sentí como si algo fuese a reventar dentro de mí, golpes bruscos y fuertes, quemaban, desgarraban…
No pude evitar ponerme a gritar, gritos con los que intentaba desahogar esta sensación de estar a punto de desalmarte, un placer que me prohibió pues me tapó la boca con la otra mano.
-No grites zorra… – susurró entrecortadamente al ritmo de sus bestiales penetraciones.
Era bestial… jodidamente bestial…
Mis gritos se ahogaban en su mano, a cambio oía los suyos, graves, imponentes… tremendamente sensuales a mis oídos.
Tom no solía deleitarme con sus gemidos muy a menudo, por eso me ponía inmensamente escucharle. Era el Dios del sexo… ahora era un experto en joder por detrás.
Mi cabeza chocaba con la puerta haciéndola sonar, mientras mi hermano me daba guantazos de vez en cuando haciéndome retorcerme de puro morbo.
-¿Cómo vas..? – me preguntó ahogándose en respiraciones entrecortadas.
-Siento que me vas a partir en dos… – me dejó contestar apartando su mano de mi boca.
Disminuyó el ritmo hasta parar… yo sentí como me dolía el pecho de latirme tan rápido el corazón. Jadeando ruidosamente y tragando saliva para humedecer mi garganta seca, giré la cara para preguntarle porque había parado.
Le ví muy parado mirando hacia la puerta, me miró y se puso un dedo en la boca en señal de que me callase. Intenté volver a la realidad y agudicé el oído.
Alguien había entrado en el baño, pues escuché pasos y un grifo abriéndose.
Permanecimos, quietos, parados, intentando acallar nuestras respiraciones.
Dí un tremendo sobresalto al oír la música de mi móvil en el bolsillo de mi pantalón. Me agaché rápidamente como pude (pues Tom no estaba por la labor y ni siquiera la sacó) y miré el nombre en la pantalla
“Georg”
Apreté los dientes y fui a rechazarla pero de repente se cortó.
-¿Bill? ¿estás ahí?
Me puse tensó de repente incorporándome, haciendo que Tom saliese de mí en un movimiento brusco y girándome para mirarle.
Puso una mueca de dolor pues le hice daño al sacarla de esa forma, pero eso no importaba ahora.
-Emmm si… – respondí sin poder evitarlo, me había pillado.
-Coño y yo llamándote, ¿Dónde estabas? ¿estás bien?
Miré a Tom totalmente acojonado, el estaba también completamente perdido, negó con la cabeza sin saber que decirme mientras se abrochaba los pantalones.
-Eh.. No, no me encuentro muy bien… – mentí poniendo la voz tomada.
-Ya sabia yo que no te podía dejar solo, anda ábreme.
-¡No! – solté al instante. – Vete, déjame solo, se me pasará en un momento.
-No me jodas Billy, no te puedo dejar aquí solo, ábreme.
-Que no seas plasta Georg, vete, no quiero que me veas así.
-¿Estás echando la pota?
-Sí, y es muy desagradable – volví a mentir.
-¿Dónde está Tom?
-No lo sé, ve a buscarle, necesito que venga.
-Pero quizá yo pueda…
-¡Que no! ¡quiero que venga Tom! Búscalo y dile que venga – concluí, Tom me miraba atónito ante mi faceta de gran actor.
-Esta bien, no te muevas de aquí – y oí como salía.
Me desplomé sobre la puerta y suspiré aliviado.
-Que manera de cortar el rollo… – dijo Tom sentándose en le vater.
-Sal de aquí anda. – le dije.
-Pero… ¿no vamos a seguir? – yo me reí ante su ocurrencia.
-No, por supuesto que no.
-Vaya que sí, pero en el hotel.
-Si me ganas – le corté.
-¿Qué?
-La apuesta sigue en pie, esta ha sido un paréntesis. – Tom se rió.
-Ajá, con que un paréntesis.
-¿Quieres acabarme? – le dijé en tono sensual acercándome a él.
-Voy a reventar si no lo hago – me confesó.
-Pues no hagas más esperar a tu morena. Yo no me voy a rendir, voy a conseguir joderte, ya lo verás.
Tom sonrió con aires y cruzó los brazos en pose chulesca.
-Ja, ja – dijo sarcásticamente.
Me agaché y le di un sucio lametón el los labios, para después alzarme y mirarle autosuficiente desde arriba. Me volví a recolocar todo y salí de allí.
Me miré en el espejo acomodando mi melena viéndole salir a él recolocándose la camiseta.
-Muy bien, nos vemos en el hotel entonces mi zorra pervertida… – dicho esto salió y me dejó allí solo.
Parpadeé varias veces y expiré ruidosamente.
Quizá tenga razón y soy como una putita a la que le gusta que le azoten.
“Masoquista”
Sonreí al acordarme de esas palabras.
Me miré coqueto al espejo colocándome el pelo y remojando mis labios. Con un poco de suerte el chico de pelito largo todavía estaría dispuesto a hacerme un pequeño favor.
Continúa…