Obsesión sexual 35

«Obsesión sexual» (Fic de Eivy)

Capítulo 35

Pov Tom

-Tendrás que esperar aquí.
-¡QUE! ¿otra vez con lo mismo? No me jodas, yo quiero entrar, quiero ver que le haces esta vez. – me encaré al famoso tatuador de mi hermano, nunca me acuerdo de como se llama, lo único que se es que cada día tenía mas piercings y más tatuajes, vamos unas pintas de Punk que no podía con ellas.
Bill se reía sentado en la camilla.
-A ver, colega, ya lo hablamos la otra vez, mientras se lo dibujo necesito concentración, yo trabajo así, si me miran me pongo nervioso, cuando empiece a repasárselo con la aguja podrás entrar.
Achiné la mirada, la otra vez me hizo lo mismo el mariquita este, mientras le dibujaba el Freiheit 89 no me dejó entrar, pero es que el antebrazo no es lo mismo que despelotarse de cintura para arriba y dejar ese tío lo esté tocando y…
-Bill – le miré buscando su apoyo.
-Oh vamos Tom, es solo dibujarlo, déjale que lo haga a gusto, después entras, además así es una sorpresa – abrí la boca indignado.
-Vale, de acuerdo, haz lo que te dé la gana… – que te sobe a gusto si es lo que quieres… Joder, estaba super celoso, no recuerdo haberlo estado tanto en mi vida…
El mariquita punk sonrió triunfal, me dieron ganas de reventarle la boca. Se adentró en el cuarto con mi hermano y mientras vi como Bill se sacaba la camiseta me cerró la puerta en las narices.
Suspiré fuertemente hacia afuera apretando los puños y salí del local, quedándome en la puerta. Me eché la capucha y me encendí un pitillo, me habían dado los nervios y desde esta mañana no paro de fumar.
Estaba encorajado, tenía mucha rabia, necesitaba descargarme.
Mientras caminaba se me ocurrió donde ir, era un poco arriesgado pero no estaba lejos, así que iría a pie, para despejarme un poco. Me puse las gafas y recé porque nadie me reconociese. De todas formas a las cinco de la tarde no creo que hubiese mucha gente en los recreativos.

Llegué al cabo de un cuarto de hora más o menos, estaban dentro del centro comercial. Al entrar no divisé a casi nadie, aun era demasiado pronto, había un par de chavales de no más de 12 años jugando al «House of dead» coño el de pistolitas y matar zombies, si, luego jugaré a ese, ahora lo que me hace falta es hacerme unas cuantas carreras.
Me saqué la capucha y las gafas y fui a la parte donde estaban las cabinas de coches con la pantalla en frente, ese siempre ha sido mi preferido. Y como no había casi nadie no llamaría mucho la atención.
-¡¿Dos euros?! – solté alarmado al ver el puto precio, desde luego, con razón no viene nadie, cada vez lo ponen más caro, cuando éramos críos y venía aquí con Bill esto estaba tirado, era en marcos… Pero ya no recuerdo a que equivale esa moneda..

Me senté agarrando el volante con ganas y empecé la partida.
Salgo en tercera posición, bah, esto está chupado.

&

-¡Uh toma ya! Quien es el Dios ¿eh? ¿quien? – vitoreé con los brazos en alto ante mi cuata victoria consecutiva.
-Wau, increíble, yo nuca consigo pasar al primer coche. – giré la cara y vi a los dos chavales que jugaban con las pistolas antes, me miraban embobados ¿desde cuando estaban ahí?
-Y además es que lo has sacado de la carretera – dijo el otro.
Sonreí, lo que no sabían es que ese coche era en mi mente el punk mariquita que estaba tocando a mi hermano ahora mismo, me estaba descargando con él a mi manera, un poco patético, pero eficaz.
-¿Os echáis una conmigo? – los invité.
-Wow ¡yo! ¡yo primero! – levantó la mano el primer chico sentándose en la cabina de al lado.
-¡Animo Thomas! ¡tu puedes con él! – gritó el otro chico. Giré la cara de inmediato con una media sonrisa en la cara.
-¿Te llamas Thomas? – le pregunté al chico que iba a correr conmigo.
-Si, ¿tu como te llamas?
-Yo me llamo Tom.
-¡Olooooo te llamas como yo!
Sonreí, en realidad no me gustaban los niños, pero estos… No me desagradaban del todo.
-Vamos, no me voy a dejar ganar Thomas – le dije desafiante.
-Vas a ver, te voy a hacer morder el polvo Tom.

Le gané tres partidas, pero la cuarta me hice el loco…

-¡TOOOOMA YA! ¿Has visto eso Tom? ¡Te he ganado!¡Te he ganado! – se levantó de la cabina y dio un par de saltos. El otro chico aplaudía a mi lado.
-Increíble, te ha pasado en el último momento.
-Bah… Ha sido pura suerte – solté indiferente mientras me recolocaba la gorra levantándome.
-¡Tom, Tom, vente a jugar al House of dead, ya verás como mola! – el pequeño Thomas me agarró de la mano y me miró suplicante.
-Si vente, que ahora te toca jugar conmigo – dijo el otro, sonreí y miré hacia todos lados, comprobando que aun no había nadie excepto nosotros tres.
-De acuerdo ¿y tu como te llamas..?

&

-¡BAM BAM! ¡Gané! – me dí una vuelta con la pistola en la mano en gesto triunfal.
-Que suerteeeee.
-¡Ja! De eso nada, es que soy bueno y punto. – De repente mi móvil empezó a sonar, solté la pistolita y me alejé un poco de los niños, era Bill, descolgué. – Dime cariño..
-¿Donde coño estás Tom?
-Eeeh, salí a dar una vuelta y me entretuve.. ¿ya estás?
-No, claro que no, ahora viene la peor parte, vamos ven aquí que te lo quiero enseñar antes de que empiece a pinchármelo.
-Oh… Vale, voy para allá.
-Hasta ahora – y colgó, parecía un poco mosqueado…
Me encogí de hombros y me volví hacia los críos que ahora jugaban a matarse con las pistolas mutuamente.
-Enanos – los llamé, dejaron el juego y corrieron hacia mí. – me tengo que ir.
-Joooooo no, con lo bien que lo estábamos pasando… – me puso morritos uno de ellos, Thomas.
-Promete que vendrás otro día – me dijo el otro.
-¿Como era tu nombre? – le pregunté encorvándome para estar a su altura.
-William, pero mis amigos me llaman Bill. – Sonreí.
-Eso, perdona, se me había olvidado Bill… – le revolví el pelo con una mano – vendré otro día, prometido.
-¡Bien!
Alcé ambas manos a su altura y cada uno me chocó una, les hice un gesto de despedida con la mano mientras ellos agitaban la suya sin parar.
Al salir me puse de nuevo la capucha y las gafas y metiéndome las manos en los bolsillos aceleré el paso.
-Thomas y William… Mira que casualidad.. – reí un par de veces sin poder ignorar el detalle.

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Llegué enseguida pues fui casi corriendo.
Entré quitándome la capucha y las gafas de nuevo, y mientras recuperaba el aire llamé a la puerta de la sala donde estaba mi hermano. Unos segundos más tarde me abrió el mariquita punk echándome una mirada de autosuficiencia. Pasé de él devolviendole la mirada y me dirigí a Bill que seguía sentado en la camilla, con el pecho al descubierto y las piernas colgando mientras se bebía una coca cola a morro de la botella.
-Tom – me miró sonriendo, ¿pero este no estaba enfadado..? – mira, mira, ¿a que es guapísimo? – se levantó de un salto y se giró dejándome ver todo su costado izquierdo.
Fruncí en entrecejo y me encorvé para mirarle bien. Entonces giré la cabeza y es cuando entendí como estaban colocadas las letras.
Me enderecé y le miré a los ojos entornandolos despacio.
-Volvemos a nuestros orígenes… – susurré mientras le agarraba de la mano y se la acariciaba con el pulgar suavemente.
El se mordió el labio sonriendo y a mí me dieron ganas de comérmelo a besos ahí mismo, de no ser porque el mariquita nos estaba mirando con cara de pocker.
-Bill, vuelve a tumbarte que voy a empezar – nos interrumpió mientras se ponía unos guantes de látex.
Yo volví a mirar las líneas del tatuaje, eran muy barrocas, torcidas y con mucho adorno, del estilo a la caligrafía del Freiheit.
-Te va a doler mucho – le dije.
-Ya… – se encogió de hombros. – pero vale la pena.
El corazón se me aceleró, era una clara muestra de que mi hermano estaba loco por mí, se iba a tatuar en toda la longitud de su costado unas palabras dedicadas a mí… Me embargaba un sentimiento que no sabría explicar, orgullo sobre todo. Me sentía orgulloso de ello… Aunque ahora que lo pienso… El «nunca paramos de gritar» no llegué a preguntarle a que venía…

Bill se echó en la camilla y se puso de lado dejando toda la parte tatuada hacia arriba, se colocó mirando hacia a mi, que estaba de pie a su lado, el tatuador se puso al otro lado y cogió la aguja, preparándola.
Le agarré la mano con fuerza y enseguida puse cara de dolor en cuanto ví como la aguja impactaba contra su piel, con ese sonidito estridente, empezando a delinear el principio del «Wir»
Fruncí los labios al ver como la tinta se introducía en su piel, manchándola, dejando esas palabras plasmadas en su cuerpo para siempre…
Cogí un taburete y me senté a su lado, teniendo ahora la cara a la altura de la suya, que me miraba sonriendo, no parecía dolerle, es más creo que me dolía más a mi verle.
-Háblame de algo. – me dijo de repente. – aunque parezca que no, me esta doliendo a reventar, distraeme, dime algo.
Sonreí suspirando y ví que la aguja no había terminado ni siquiera con la espiral que empezaba la «W» así que supe la que le esperaba, toda la tarde aquí dentro, tendría que hacérsela más amena…

&

-¡Jajajajaja! ¡no me digas! ¿se llamaban Tom y Bill?
-Bueno no exactamente pero…
-Bill – me interrumpió el mariquita punk, le mire con cara de ir a arrancarle esa cresta de gallo si volvía a hacer eso.
-Oh perdón, perdón, no lo vuelvo a hacer, perdón. – se disculpó mi hermano.
-Es por ti, si te ríes no puedo, debes estarte quieto, como se me escape la aguja la hemos cagado ¿entiendes?

¿Entiendes? ¿entiendes..? Procura que no te pille en un callejón oscuro Punk de los cojones, porque que te tengo unas ganas…

-Si, tranquilo, tienes razón, no vuelvo a reírme lo prometo – se volvió a disculpar mi hermano.
Él tío resopló y volvió a su tarea.
Bill y yo nos quedamos mirándonos sin decir nada.
De repente inflé los mofletes y me puse vizco, Bill abrió mucho los ojos y se puso ambas manos en la boca para no empezar a partirse el culo, después me dio un guantazo en el brazo.
-Eres un pez… – susurró limpiándose las lágrimas que se le habían saltado por aguantarse la risa.
-No un pez sería así – y seguidamente puse otro careto más ridículo todavía.
-Pfffff… Jujuju…
-Vamos a ver Bill… – se volvió a aquejar el punk
-Oh, que no soy yo lo juro, es Tom que me hace reír.
Me miró y yo en respuesta me crucé de brazos, entornando la mirada y alzando las cejas, con cara de “¿que me vas a decir? ¿eh?”
Pero simplemente negó con la cabeza varias veces y volvió a su tarea, él sabia que podía tener un serio problema si se encaraba conmigo. Sabía muy bien con que gemelos estaba tratando, era consciente de que debía tener paciencia infinita… A veces amo la fama nada más que por esto.

Las horas pasaban más lentas de lo que nunca había recordado, hablé con Bill de mil cosas, mientras que de vez en cuando echaba miradas furtivas a su costado viendo en avance de la tinta sobre su piel, aún así a las nueve de la noche aun no tenía acabado ni la mitad.
-Bien, lo dejamos por hoy. – anunció el tatuador apartando la aguja de su piel rojiza por el maltrato sufrido.
-Oooh… Que alivio… – suspiró Bill y se incorporó poco a poco. Yo me levanté estirazándome mientras que Bill se miraba al espejo. – está quedando genial.
-¿Que día te viene bien para terminártelo?
-Hmmmm… No lo sé, cualquiera día, ahora estamos de vacaciones.
-Muy bien, te reservo la tarde de el viernes que viene, yo creo que podré acabártelo.
-Ok – se volvió hacia mí mientras se ponía la camiseta de nuevo. – Vámonos Tom.
Cogí mi sudadera y salí de allí sin mirar al punk siquiera y esperé en la puerta mientras Bill se despedía de él.

Era de noche y se había levantado aire. Al salir él le dio un escalofrío y se abrazó el cuerpo tiritando.
-Pero que frío hace
-Claro, no llevas apenas nada de ropa – le reñí. Y sin pensármelo le tendí mi sudadera que aun no me la había puesto, el la cogió y se la puso.
Lo aparqué unas cuantas calles más allá. Mientras caminábamos Bill se agarró un momento de mi brazo y me habló.
-Mira, así parecemos novios
-Es que lo somos.
-Ojalá pudiésemos mostrarnos así siempre
-Tenemos suerte de que no hay apenas nadie en la calle, hace un frío increíble.
-Bésame entonces..
Paré de andar y le miré desconcertado. Él seguía agarrado a mi brazo bien fuerte.
-Sabes que no voy a hacer eso. – Respondí, haciendo que me mirase.
-Estoy harto de esconder lo que siento por tí – me giré quedando cara a cara con él, pero no me soltó, ahora puso ambas manos agarrando mi camiseta por los costados.
-No queda otra y lo sabes, no me vengas con esto ahora. – me estaba empezando a acojonar, Bill era muy imprevisible, yo debía mostrarme sereno, en gran parte, yo hacía el papel de hombre en la relación.
-Dame un beso Tom, dale un beso a tu novio en la calle, todo el mundo puede hacerlo… Yo quiero hacerlo también.. – noté su voz quebrarse un momento y ví sus ojos brillar más de la cuenta.
-Aunque tu no los veas puede haber mil ojos puestos en nosotros ahora mismo, sería cavar nuestra propia tumba, sabes que no lo voy a hacer, no me mires de esa forma Bill…
-Pero es que…
-¿Crees que a mi no me jode esto? ¿Crees que no me muero por gritar a los cuatro vientos lo mucho que te quiero? ¿creés que es fácil para mí? ¿que es un juego?. – Bill empezó a llorar silenciosamente.. – ya basta, no me pongas a prueba, seguro que no tienes más ganas de besarme de las que te tengo yo a tí, estoy deseando llegar al coche para comerte entero. Esto es así, nos equivocamos y elegimos este camino, y ahora nos toca cargar con responsabilidades…
-Estoy hasta los cojones de responsabilidades ¿creés que yo elegí enamorarme de tí? ¿porque es tan terrible? La gente no sabe nada, no puede juzgarnos si no es así.
-¡Claro que puede Bill! Estamos demasiado expuestos, no elegimos querernos pero sí elegimos este tipo de vida, somos personajes públicos, debemos andar con mil ojos, y sobre todo nosotros Bill, que somos la novedad ¿te puedes hacer una idea del escándalo que sería una foto de nosotros besándonos? Te puedo apostar lo que quieras que alguien nos está fotografiando ahora mismo… Es una mierda, pero es lo que hemos elegido..
-Tom… – susurró agachando la cabeza y apoyando su frente en mi hombro. Estaba temblando de frío y de los nervios.. Mi deber era reconfortarle… Pero en esos momentos me era imposible hacer nada.
-Vámonos a casa… Voy a hacer que te sientas mejor – le susurré un momento echando a andar delante de él enseguida y a paso ligero, giré la cara sin parar de andar y vi como me seguía con la cabeza gacha.

Maldita sea… Estas cosas me hacían sentir tan impotente…

Divisé mi Escalade camuflado entre una fila de coches, dentro de una callejuela que daba a la calle principal.
Entré y puse la calefacción, Bill entró segundos después. Abrochándose el cinturón y quedándose quieto. Yo le miré varios segundos antes de suspirar y arrancar poniendo rumbo a casa.

No tardamos más de veinte minutos en llegar, Bill no me habló ni una sola vez, y yo cada vez estaba más angustiado por no poder hacer que se sintiese mejor..

Metí el coche en el garaje, en cuanto paré el motor Bill se bajó sin darme tiempo a seguirle.
-Eh, eh, espera. – le llamé bajándome y dando un portazo. Él se paró y se giró antes de abrir la puerta para entrar en casa. – Bill… No la tomes conmigo, yo no tengo la culpa..
Pero ignorando mis palabras entró en casa dejándome a oscuras dentro del garaje.
Sentía una extraña agonía en mi interior, era como si hubiese algo que yo no sabía… Bill estaba con una actitud muy contradictoria. Le pasaba algo y no me lo quería decir…

Entré y me dirigí al salón, mis padres estaban viendo una película abrazados.
-Hola.. – saludé.
-Hola Tom.
-¿Que tal la tarde cariño? -preguntó mi madre.
-Bien… Hemos dado una vuelta.. Ya sabes, pero hace mucho frío. ¿Y Bill?
-Se ha ido arriba, ni se a parado a saludar, ¿os habéis vuelto a pelear? – adivinó mi padre. Yo asentí con la cabeza y sin decir nada más subí.

La puerta estaba cerrada, suspiré y abrí, encontrando a mi hermano cambiándose de pié en mitad de la habitación.
Entré y cerré detrás de mí, quedando apoyado en la puerta. Él ignorando mi presencia, se sacó la camiseta, dejando ver todo su costado de un tono rojizo que tenía muy mala pinta, pero supongo que era normal.
Caminé hasta él con intención de abrazarle pero él se giró hacia a mí y levantó un dedo frente a mi cara.
-No. – sentenció sin más y se alejó de mí, abriendo su armario para ponerse otra camiseta.
Yo retrocedí hasta quedar sentado en mi cama sin parar de mirarle, irremediablemente dolido por su rechazo, era la falta de costumbre, Bill nunca me rechazaba, nunca, y cuando lo hacía me caía como una jarra de agua fría.

Terminó de ponerse cómodo ante mi atenta mirada que parecía no afectarle, y se tumbó en su cama boca arriba, poniéndose su Ipod, abrió un cajón de su mesita y sacó una revista que no tardó en ponerse a ojear.
Y yo… No supe que hacer…
Apoyé ambas manos en mis rodillas cerrando los puños con fuerza, y mientas miraba al suelo y me mordía el labio lo oí.
Levanté la cabeza inmediatamente, viendo como se había puesto la revista tapando su cara, veía sus hombros convulsionarse levemente, oía sus sollozos silenciosos.
No pude evitar desviar la mirada y parpadear sin parar intentando que de mis ojos no saliese absolutamente nada
Soy en hombre en la relación..
Debo mostrarme fuerte…
A Bill le a dado un bajón y mi deber es reconfortarle… No ponerme a llorar con él
Pero era inevitable y digo porqué…
Bill es parte de mí… Cuando sufre, yo siento su dolor como el mio propio, es nuestra conexión de gemelos. Era inevitable.

Me levanté y me planté frente a su cama. Agarré la revista y se la arranqué de un tirón, fue entonces cuando vi sus ojos encharcados en lágrimas, rojos y los quejidos que salía de su boca, se tapó con ambas manos la cara, ocultándose de mí y se giró dándome la espalda.
A mi me temblaba el labio de pura rabia, sin saber como hacer para que el amor de mi vida no se desgarrase de dolor frente a mis narices por no poder con la situación… Por estar enamorado de su gemelo y culparse por ello… Por no querer esconderse y no encontrar el apoyo que buscaba de mí… Por saber que lo está haciendo mal y no poder dejar de hacerlo… Por como esas palabras tatuadas en su piel le quemaban hasta el punto de no poder soportarlo…
No se si será por eso… No puedo adivinar lo que piensa… Pero así es como yo lo siento… Y si estoy equivocado por favor, dímelo…

-Bill… Bill… – le llamé poniéndome de rodillas sobre su cama e intentando que se girase y me dijese que era lo que le atormentaba..
Pero él lo único que hacía era zafarse de mis agarres bruscamente volviendo a su posición. Pero yo no me rendí, seguí intentando que se diese la vuelta. Le agarré del hombro y haciendo un poco de fuerza conseguí que se girase pero con las mismas vi su otra mano alzada y cerré los ojos fuertemente sabiendo lo que iba a hacer.
¡PLAF!
El golpe me hizo girar la cara, quedando mirando hacia el cabecero de su cama.
Abrí los ojos lentamente, sin poder evitar que mi cara se torvase en una mueca de dolor y pena mezclados, notando mis ojos húmedos de nuevo, tanto que no me dejaban ver con claridad.
-Oh dios mio Tom… Yo.. Yo no quería.. – le oí sollozar aun tumbado, pero enseguida se incorporó rápidamente para atraparme entre sus brazos de una forma ansiosa, sin dejar de acariciar mi pelo. – Perdóname… Lo siento, lo siento.. No quería hacerlo… Oh cariño.. Lo siento mucho.

Alcé mis manos y rodeé su cintura, sintiéndome terriblemente perdido. Algo le estaba haciendo perder los nervios, y ese comportamiento suyo en consecuencia de ese algo estaba haciendo que yo lo pasase mal, más mal de lo que nunca hubiese imaginado…

¿Que te está pasando Bill…?

Mientras estábamos abrazados se oyó desde algún lugar de la habitación el móvil de mi hermano sonar, pero ninguno de los dos se levantó a cogerlo, aun así… Quien quiera que fuese insistía, haciéndolo sonar una y otra vez y a cada vez que sonaba Bill me abrazaba más fuerte.
Me separé de él agarrándole por los hombros y pasé mi mano por su cara, limpiándole las lágrimas con la palma de mi mano y quitandole los mechones de pelo que caían hacia delante impidiedome verle bien.
-Cógelo… – le sugerí. Él negó frenéticamente con la cabeza mordiéndose el labio
-No… No quiero saberlo. – susurró en voz ronca. Yo puse una mueca de extrañeza.
-¿Que es lo que no quieres saber..? ¿quien es Bill? – esto último ya sonó más a una advertencia, me estaba empezando a mosquear.
Él desvió la mirada sin contestarme. Yo le solté sintiéndome más cabreado por momentos… No, Bill no es capaz de hacerme algo así.. No…
Me giré y me dirigí adonde sonaba la música insistentemente. El bolsillo de su cazadora. Lo cogí y miré la pantalla.

“Número desconocido”

Miré a Bill serio, él frunció los labios y volvieron a brotar lágrimas de sus ojos.

No… Bill no es capaz… No… Por favor no…. No podría soportarlo…

Sin pensármelo más descolgué y me lo llevé al oído.
-¿Si? – hablé en tono firme.
-Eh… ¿Bill? ¿eres tu..? – fruncí el entrecejo, un chico, era un chico.
-No, no soy Bill, soy su hermano. – para mi sorpresa oí como el chico se reía al otro lado de la línea
-Hola Tom, ¿que tal estás? – yo alcé las cejas terriblemente sorprendido para volver a adoptar mi mueca de cabreo inmediatamente.
-¿Quien eres? ¿te conozco de algo?
-Claro, ahora si no te importa querría hablar con Bill, que para eso he estado llamando todo el día.
Cerré los ojos y los puños con fuerza, mientras temblaba de rabia…

Bill, me has mentido…

-¿Quien era?
-Una fan pesada, ya sabes.
-Ah, claro.

Le miré y él me pedía perdón con la mirada, con una mueca de claro arrepentimiento, lo que no sé es si me pedía perdón por haberme mentido o… Había algo más.

-Ahora mismo no puede ponerse – susurré sin dejar de mirarle.
-Oh, de acuerdo, le llamaré mañana, por si no me lo coge, dile que al final pude conseguir que me trajesen, así que el fin de semana estoy disponible. ¿Se lo dirás?
Todo mi cuerpo temblaba de pura rabia, ¿disponible? Disponible para que… ¿para Bill?
-No creo que pueda ser.. – hablé con autoridad intentando no perder los nervios, dándole la espalda a Bill para no darle una hostia, porque unas ganas tremendas me asaltaron de repente.
-Emm ¿perdona..? ¿que tienes tu que ver con eso?
Mi sangre cada vez ardía más bajo mi piel, rabia, odio… Me sentía traicionado, ¿que coño has hecho Bill? ¿quien es este tío?
-¿Y tu? ¿quien cojones eres tu? – casi grité
-Eso no es asunto tuyo, solo quería hablar con Bill, si no está vale, ya le llamaré otro día. – y con las mismas me colgó.

Me aparté el teléfono de la oreja y me dí la vuelta poco a poco, encontrándome con Bill sentado en su cama abrazando la almohada.
Sin poder contener los impulsos de mi cuerpo me acerqué a él y agarrándole del pelo lo saqué de la cama con brusquedad dispuesto a exigirle más que una explicación, pues lo jalé dándole la vuelta y haciendo que quedase de rodillas en el suelo, para luego empujar su cuerpo contra el colchón quedando todo su tronco recostado en la cama boca abajo, totalmente a mi merced.
-Tom… Lo siento… – susurró entre quejidos y jadeos mientras yo me desabrochaba los pantalones con rabia y le pegaba un tirón hacia abajo a los suyos.

Podía soportar cualquier cosa… Cualquiera, menos una traición…

Continúa…

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